Disclaimer: Naruto y Harry Potter no son míos
Capítulo 5 – Un paso adelante.
Harry sabía que la misión al país del Rayo, una simple misión de escolta, iba a ser complicada. No difícil, pero sí pesada. No conocía a ninguno de los 3 chunin que iban con él, bajo su liderazgo, y tenía la certeza – puesto que había estado espiando a cada aldeano de Konoha desde hacía semanas – que Shikamaru era alguien que acostumbraba a tomar las riendas de la misión, al menos en lo que al equipo 10 se refería. Lástima que Asuma estuviera haciendo otra misión en ese mismo momento y lástima que Tsunade fuera tan sádica y cruel como para meterle de cabeza en una situación tan problemática. Ino y Chouji, y tampoco Shikamaru, le conocían y, por naturaleza, no confiaban en él. Era obvio que estaban desconcertados puesto que Shikamaru era siempre el líder del equipo. Hasta el momento.
Tsunade le había dicho, con cierto retintín en la voz, que iba a tener que acostumbrarse a semejantes situaciones. Sobre todo porque ya era jonin y ningún genin o chunin le había visto batirse en una lucha, lo que les hacía totalmente desconocedores de sus habilidades y, por supuesto, de su competencia. La Hokage quería que se ganase la confianza, dándole misiones pequeñas como esta, y también quería la opinión de alguien relativamente ajeno para saber si Shikamaru estaba capacitado como jonin. Desde hacía demasiado tiempo que el joven Nara, por lo visto, se había negado silenciosamente a subir de nivel. No era porque tuviera miedo de las misiones o de sus responsabilidades sino porque era la persona más pereza que Harry hubiera conocido. Y eso que conocía a Ronald Weasley.
Si Harry daba el visto bueno Tsunade, que ya había estado considerando su ascenso durante meses, convertiría a Shikamaru en jonin. Observó la vestimenta de los chunin, algo que no podía dejar de hacer puesto que era exasperante ver cómo alguien entrenado para matar tenía tan poco sentido común, y reprimió un suspiro al ver las ropas chillonas de colores que vestían Ino, Chouji e incluso Shikamaru. Por no hablar del cliente, que vestía un kimono hortera de color dorado con rayos azules. Sabía, sin mirarse, que él era el más discreto, con sus botas negras, su pantalón oscuro – es decir negro –, su chaleco verde apagado y su jersey azabache.
—¿Yoshi Tomayashi? —preguntó él, a pesar de que sabía a ciencia cierta quién era ese hombre.
—Soy yo.
—Muy bien, yo soy Turais Black, el líder de la misión. ¿Tiene alguna pregunta o algo que decirnos de importancia? —le cuestionó, su misión era llevarle sano y salvo, no quería fallar solo porque su cliente fuera mortalmente alérgico a algo y no se lo hubiera dicho.
—Por el momento no.
Harry asintió, nada sorprendido. —Estos son Shikamaru Nara, Ino Yamanaka y Chouji Akimichi. Nosotros le escoltaremos al país del Rayo durante 2 semanas y media.
—Un placer.
Harry quién ya les había comentado antes de aparecer el cliente cómo quería que lo protegiesen, echó a andar. Ino y Chouji en cabeza, a cada lado del cliente, y Shikamaru y él detrás. En un momento dado, si les sorprendían – cosa imposible puesto que ya había desplegado su magia como un sensor en varios centenares de metros a la redonda – podrían interceptar al atacante con la fuerza de Chouji o las sombras de Shikamaru. Ino cuidaría del cliente y él valoraría quién necesitaba su ayuda.
Ni siquiera habían pasado un par de minutos que Harry vio al cliente, Tomayashi, removerse en su sitio, inquieto. Al parecer era una de esas personas que no soporta estar callado por mucho tiempo y Harry sabía que Tomayashi debía estar desbordante de curiosidad, después de todo, el clan Yamanaka, Nara y Akimichi eran famosos en todos los países elementales pero el clan Black era algo nuevo. No se equivocó. Aun así, la impaciencia de su cliente le dio una idea...
—Perdone que le pregunte, Black-san, pero debe ser nuevo en Konoha, ¿no? —se giró a mirarle por el hombro, pero siguió andando, sabedor que no podía deshacer la formación por su propia seguridad.
—Sí, mi clan y yo nos hemos asentado permanentemente en Konoha —le informó, con voz cordial pero escuetamente.
Ino no pudo resistirse, miró por encima del hombro al joven tan guapo que acompañaba al equipo 10 y grabó su imagen, inspeccionándolo en la privacidad de sus pensamientos. Sin duda era igual de atractivo que Sasuke pero su comportamiento, su personalidad, era distinta. Le había pillado mirando con exasperación sus ropas moradas y se sorprendió al ver que si se había dado cuenta de ello no fue porque Turais Black fuera poco discreto sino porque a Turais Black le importaba poco si ella, o los demás, veían sus miradas reprobatorias. Después de todo, ¿qué más le daba a Black lo que ella vistiese mientras la misión se completara perfectamente? Sabía, sin embargo, que si sus ropas de colores descubrían su posición a los enemigos se las vería con él... y no sabía si quería probar su suerte. No obstante, era demasiado tarde para cambiarse de ropa y, con estupefacción, se preguntó por qué demonios había considerado ponerse algo más discreto para empezar cuando ni siquiera Asuma – diciéndoselo explícitamente – había conseguido que tan siquiera pensara en ello.
Turais Black la estaba volviendo loca con sus silencios cargados y eso que había sido de lo más cortés, presentándose ante ellos y hablando con su cliente. Asuma habría ido más al grano y eso quizás hubiera molestado al cliente, y les habría hecho el camino más pesado si cabe. No sabía cómo pero al comparar a su maestro con el jonin Black se dio cuenta de que Black parecía casi un noble, con su forma de hablar, sus posturas elegantes, su capacidad de llevar la conversación a los terrenos que él quisiera sin que Tomayashi se diera cuenta de que Black le estaba manipulando... Ino se daba cuenta de ello porque ella usaba esa táctica muchas veces, pero era algo natural para ella, una mujer ninja que había tenido que ideárselas para no ser menos sin ser tan fuerte físicamente. Estaba segura que Shikamaru se daba cuenta también, puesto que era un genio, y Chouji lo intuía quizás, ya que varias veces la había visto hacer lo mismo a ella.
Black llenaba el silencio, tal y como quería su cliente, hablando de todo pero de nada a la vez. Ni una sola palabra salida de su boca daba nueva información, ni al cliente ni a ellos, que también estaban pendientes de la conversación, y él lo sabía. Y, al contrario, Turais Black ya había sido capaz de hacer reír tontamente a Tomayashi, le había sonsacado información personal como su cumpleaños y los nombres de antiguos amantes y, lo más importante, estaba haciendo que Tomayashi le cogiera cariño. Ino no sabía qué demonios estaba haciendo, al contrario que Shikamaru, que parecía mirar fijamente de vez en cuando al jonin con cara de sorpresa y, con algo de atónito, admiración.
No fue hasta que pasaron una pequeña posada, de aspecto acogedor y bien cuidada, que Ino, y Chouji, se dieron cuenta de todo.
—¡Podríamos pasar aquí la noche, Black-san, yo invito! ¡Tiene que seguir contándome qué pasó con la rata!
Ino, con la boca abierta a más no poder, vio como Tomayashi pagaba una habitación, la más grande y con baño incluido, para los 5.
—¿Está seguro que no quiere una segunda habitación? —le preguntó por segunda vez Tomayashi, cuando Chouji dejó sus cosas en el suelo, al lado de la gran cama de matrimonio.
—No se preocupe, Tomayashi-san, en comparación con dormir al aire libre esto es perfecto. Además, estamos aquí para protegerle y hay un sofá. Nos iremos turnando esta noche, pero gracias por preguntar.
Ino dejó su maleta en el suelo, al lado del sofá, junto a la de Shikamaru, y vio todavía boquiabierta como Black recorría la habitación y el baño para vigilar que no hubiera nada peligroso. En unos pocos segundos Black había sido capaz de volver a ganarse el afecto del cliente, restándole importante a las necesidades del equipo – que estaban perfectamente acostumbrados a dormir al aire libre – y recordando a Tomayashi su misión, pareciendo considerado cuando realmente solo estaba diciendo la verdad. Increíble, ¿quién iba a pensar que alguien parecería tan atento y detallista mientras estaba haciendo un trabajo por el cual le estaban pagando? Black tenía la suficiente astucia como para ingeniárselas, pareciendo humilde al negarse a dejarle pagar una segunda habitación y dejando que Tomayashi tuviera para él solo la cama, haciendo pensar al cliente que le estaba haciendo un favor dejando que pagara una habitación para él, cuando realmente el equipo 10 podría haber dormido en sus tiendas de campaña. Aunque suponía que el baño era un favor para todos.
No le extrañaba que Shikamaru le hubiera admirado momentos antes. Ahora Ino veía que, al estar Turais hablando continuamente con el cliente éste ni siquiera se había dado cuenta de todo el camino que habían recorrido. Black sin duda les había apretado a todos para ser una simple misión de escolta. Había hecho que, distraído, Tomayashi caminara ligeramente más rápido sin notar la diferencia, se había ganado su confianza mientras tanto y, aprovechándose de su cansancio, había le había manipulado para que pagara la habitación en la posada al verla medio kilómetro antes cuando había sido él mismo quien podría haber evitado que el cliente se cansara tanto para empezar. Eso les dejaba con un par o dos de kilómetros de adelanto en su trayecto, con unas 3 horas más de sueño y con un baño con agua caliente para ducharse.
Ino se metió en la tina nada más salir Tomayashi, ahora bañado, evitando que viera su sonrisa pícara. Black le estaba empezando a caer tremendamente bien y eso que no había pasado ni un día desde que se habían conocido.
…...
George miró las jaulas y acuarios, repletos de animales mágicos y se dijo que de ese viaje su nueva familia iba a beneficiarse bastante. Mucho. Con las habilidades de Harry todas las serpientes mágicas, sus venenos, sus huevos e incluso sus órganos y pieles, iban a ser otra mina de oro. Había también, por casualidad y con algo de diversión, comprado una docena de cuervos mágicos – mucho más discretos que las lechuzas – de acuerdo con el tema oscuro de la familia Black. Todavía no sabía qué servicio 12 cuervos les proporcionarían, puesto que nadie sabía que servían como mensajeros en los países elementales, pero suponía que las caras de los extraños y visitantes, al ver a los cuervos parados sobre sus gárgolas blancas nacaradas sería suficiente para Harry y Andrómeda.
Finalmente, después de mirar durante varios minutos, decidió llevarse un par de serpientes – de cada sexo – de cada especie. Andrómeda estaba trabajando para extender un nuevo sótano, separado de los invernaderos, bajo el jardín interior y la laguna. Allí criarían a las serpientes y les extraerían el veneno y las pieles que desecharan y las que quisieran podrían campar por todo el complejo. Todas ellas, y los cuervos, iban a ser ligados con magia negra al clan Black con tal de que no fueran un peligro para ninguno de ellos, y menos para el pequeño Teddy. Era curioso lo poco afectado que se encontraba pensando en usar magia negra cuando hacía años quizás se habría molestado. Bueno, para qué mentir, a él le hubiera dado igual mientras sus seres queridos no fueran afectados por ello.
Sacó su pergamino hechizado que Andrómeda, con la ayuda de los elfos domésticos, había creado y se dirigió a la librería más cercana. Estaba comprando en Francia, en el sector mágico de París para ser exactos, y tenía varias tiendas en mente. Había sido Harry quien había sugerido que George, una vez al mes, pasara un fin de semana en el mundo exterior, tanto para ponerse al día con las noticias de su antigua vida como para comprar todo aquello que necesitaran. Los elfos domésticos eran muy útiles, comprando en el mundo exterior aquello que los países elementales no tenían (algunos alimentos, algunos tejidos y vestimenta, muebles o cualquier cosa que pudieran comprar en el mundo mágico) pero George, y sus nuevos hermanos adoptivos, prefería ir en persona a comprar los libros y aquello realmente importante. Era por eso que Andrómeda había hechizado el índice de los libros que ya tenían, con tal de no comprar repetidos, y ver cuáles eran los géneros en los que la biblioteca Black carecía de tomos.
Por el momento ya había comprado unos cuadros preciosos de paisajes que a Andrómeda le iban a encantar para su estudio y para decorar las otras casas todavía en proceso de terminarse. También había comprado unos vestidos de inspiración japonesa en una tienda muggle a las puertas del sector mágico, llamada Chanel o algo así, y se había pasado por una tienda de armas mágicas para comprarle unas dagas y un látigo a Harry encantados. Se pasó por todas las tiendas francesas que le parecieron interesantes, consciente que su próximo viaje iba a ser en Alemania, y se preguntó qué deberían estar haciendo Ron y los demás. Sin darse cuenta, se despareció al Callejón Diagón.
Se quedó mirando con algo de estupefacción como las tiendas parecían haber recobrado la vida desde que se marchó – a pesar de no haber salido a la calle durante un par de años desde la muerte de Fred – y miró donde antes residía, sobre la tienda de artículos de broma. Ahora era una licorería. Algo en su interior se agitó con ira. Ya nada le recordaba a Fred ni a lo que tuvieron antaño, simplemente donde una vez estuvo su sueño ahora había una cola de borrachos y alcohólicos. De repente el Callejón ya no le pareció tan colorido y se dio cuenta que, a pesar de intentar volver a la vida normal, Reino Unido había tenido demasiadas catástrofes en su historia como para salir indemnes. Ahora en lugar de petardos había botellas de ron mágico. Se alegró de haber abandonado semejante lugar.
Se dio la vuelta, queriendo dejar atrás su antigua vida, y se topó cara a cara con Hermione. Que no le reconoció.
—Disculpe —le dijo ella, cargada de bolsas. En una de ellas vio un vestido de color azul—. ¡Ginny, espera!
George se giró de nuevo, viendo como Hermione seguía a su hermana, quien parecía de lo más enfadada mirando vestidos de novia en un escaparate. Se dio la vuelta y caminó hasta Knockturn, al menos podía pasearse por ahí ahora que había venido. Comprando algunas cosas ilegales, sin preocuparse lo más mínimo, pensó en cómo Ginny parecía iracunda de que sus planes no hubieran sucedido como ella había esperado. George sabía que Ginny había querido casarse con Harry para tener su fortuna y se encontró pensando con rabia lo despreciable que le parecía su hermana biológica. Le era realmente fácil insultarla en su cabeza puesto que Harry nunca le había hecho mal y sin embargo Ginny había querido aprovecharse de él como si de un parásito se tratara. Le daba tanto asco pensar en Ginny, en Ron y en Molly Weasley. Deseaba que sufrieran. ¿Era mala persona por ello? No lo sabía, lo único que pensaba era en lo agradecido que estaba de no ser ya parte de esa familia.
Sin poder evitarlo George dio la vuelta después de haber comprado todo lo imaginable posible y fue en busca de su antigua hermana, a quien encontró probándose un vestido de dama de honor y se preguntó quién iba a casarse. La última boda a la que había asistido había sido a la Fleur y Bill, los únicos, salvo su hermano Charlie, y su padre, a los que no odiaba.
—Ginny, déjalo ya, alguien podría oírte —dijo Hermione, girándose a mirar de un lado a otro y George vio como Ginny parecía seguir muy enfada a pesar de la más de media hora que había pasado ya.
—¡Hermione, él debía haber sido mio! ¿Es qué no lo entiendes? ¡Todos esos años yendo tras de él como un perro, haciéndole la pelota, poniéndole celoso para nada! ¿¡Cómo se atrevió!? ¡ARGH! — gruñó alarmantemente alto Ginny, poniéndose roja de la ira y George no tenía que ser un genio para saber de quién hablaba.
—Ambas no teníamos ni idea de lo que Har- digo él pensaba hacer, Ginny, tranquilízate. Estamos aquí por la boda de Percy así que pruébate ese otro vestido.
—¡El muy desgraciado... su fortuna era mía! Ahora debe estar por ahí, riéndose de mí, después de haberme dejado, de decirme que me quería, gastándose mí dinero. ¡Yo ya había planeado nuestra boda! ¡Y los nombres de nuestros hijos, Hermione!
George no pudo soportarlo más, y habló desde el marco de la puerta, con la cara descompuesta de la ira. —Entonces no me extraña que te dejara.
Las dos chicas se dieron la vuelta, sobre saltadas, y se le quedaron mirando estupefactas. Tardó demasiado tiempo en darse cuenta que, debido a su nuevo rostro, se parecía alarmantemente a su nuevo hermano adoptivo. No lo vio venir. Pensaba que Ginny iba a abofetearle, a reconocerle al menos, pero no pensó que iba a besarle. La empujó, sin creerlo, con cara horrorizada.
—¿¡Pero qué demonios haces!? —exclamó él, con cara de asco, quitándose el sabor artificial del pintalabios de su hermana de los labios.
—¿¡Ha-Harry!? —gritó Hermione y él le envió una mirada asesina.
—Por supuesto que no, idiota. ¿Crees que Harry Potter iba a dejar lo que sea que esté haciendo solo para hablar con un par de idiotas como vosotras? —la boca de Hermione seguía descolgada pero apretaba fuertemente el brazo de Ginny, quien no parecía saber cómo sentirse o qué pensar—. Hablando en mitad de la calle, donde todos os escuchan, de robarle la fortuna a un hombre como si nada. ¡Menuda vergüenza! Sois patéticas las dos y me alegro de que Harry os haya dejado cuando tuvo la oportunidad! ¡No sois más que un par de traidoras!
—Perdone señor, ¿me podría explicar qué está pasando aquí? —preguntó la dependienta, dejando a un lado a su antigua cliente para acercarse al ver el revuelo.
—¿Qué qué pasa? Se lo diré: ¡estas dos mujeres aquí delante habían planeado hace años drogar a Harry Potter con pociones y casarse con él solo para tener su fortuna, le han traicionado durante años, espiándole y yendo tras su espalda como las despreciables ratas que son! Insultándole cuando creía que no les escuchaba, llamándole imbécil y patético cuando realmente es la persona más honorable, e inteligente, que conozco! ¿¡Y ahora hablan de él cómo si les hubiera hecho algo malo!? ¡Cuando sois vosotras, malas víboras, las que os habéis comportado como energúmenas con vuestro supuesto amigo! ¡Debería maldeciros, patéticas inútiles sin cerebro! ¡Qué asco me dais!
Sin darse cuenta George había acaparado a una audiencia, postrada frente a la tienda, escuchando atentamente, dándose cuenta, de por qué Harry Potter había desaparecido hacía tiempo sin dar explicaciones. Ninguno de ellos, exactamente nadie, hubiera pensado que Harry Potter había abandonado el país porque sus más allegados le habían traicionado de semejante manera. Si lo que estaba diciendo ese hombre era cierto... y a juzgar por los rostros avergonzados y rojos, furiosos por haber sido descubiertas, de las dos mujeres... No podían creerlo.
—¡Espero que disfrutéis de vuestra vida, y que recibáis lo que os corresponde!
George se desapareció, dejando atrás una conmoción. Sin darse cuenta en los próximos años Hermione, Ginny y por consiguiente, Ron y Molly Weasley, los únicos que intentaron defenderse, insultando sin dos dedos de sentido común a la misma persona a la que traicionaron porque sí, serían considerados parías de Reino Unido. Allí donde fueran serían mirados con odio y desconfianza, tratados con asco y desprecio, hasta que finalmente se quedarían recluidos en sus casas, perderían sus trabajos y se verían obligados a cambiar de país, y de rostro, para sobrevivir en América. Fleur, Charlie, Arthur y Bill no podían estar más contentos.
…...
Killer Bee tenía una extraña sensación en el estómago. No era la típica sensación de hambre o las ganas de ir al baño sino más bien un presentimiento. Algo se acercaba y no sabía del todo cómo tomarse que pudiera sentirlo cómo si fuera un excéntrico vidente. Incluso Darui y C se habían dado cuenta, más bien lo supieron desde que dejó de rapear. El caso es que su bijuu estaba tremendamente callado, como si algo se acercara, y eso le había sentirse extraño. A él no le gustaba el silencio, los encontraba incómodos y por eso los llenaba con interminables sandeces musicales, capaces de sacar de quicio a alguien, dispuesto a que otros le gritaran al menos para que no dejaran que el silencio creciera.
Sin saber qué hacer se acercó esa misma tarde a su hermano, el Raikage, para confesarle cómo se sentía. A le miró, con rostro obviamente serio, igual que siempre, pero igualmente confuso que él. Después de todo, ¿cómo iba a saber si eran solo gases o algo preocupante? Se encontró dando vueltas sin saber a dónde ir por la villa, echándole un ojo a todo y a nada, cada vez más nervioso hasta que lo supo. Fuera lo que fuera estaba en la puerta de la aldea. Despegó por los tejados redondos de las casas del Rayo y cayó en un lugar escondido, viendo como un equipo de Konoha escoltaba a un noble con ropas que hacían que sus ojos lloraran sangre. Simplemente ese tono de rosa no debía ser combinado con el naranja. Pasó sus ojos escondidos tras sus lentes por el equipo pero no le costó darse cuenta de quién le tenía preocupado puesto que sus ojos esmeraldas le miraban fijamente. Sintió un escalofrío de miedo recorrerle la espalda. ¿Cómo le había sentido? ¡Él era un jinchuiriki entrenado como un anbu!
—Cálmate Bee, no va a hacerte nada. Mientras le dejes en paz, él no será un peligro para nosotros.
La voz de su huésped le habló desde lo más profundo de su consciencia e, inexplicablemente, se calmó. Los ojos penetrantes y, para ser sinceros, hermosos del hombre se apartaron, como si él no fuera una amenaza y recorrieron la entrada de la aldea antes de acercarse a los dos chunin charlando con un jonin de patrulla en un costado. Le observó entregar unos papeles y, aprovechando el momento, le estudió. Sin duda alguna se parecía a los Uchiha, ahora que más calmado le observó, pero había algo en él menos arrogante. Ese hombre no se presentaba como un Uchiha sino... no sabía cómo descifrarlo. Tenía confianza en sus habilidades pero de forma tranquila, como alguien sabedor de sus habilidades, y debilidades, o la inexistencia de éstas. Sin pensarlo salió de su escondite, apareciendo junto al jonin que se había ofrecido a buscarles una escolta por la aldea hasta la torre del Raikage.
—Yo lo haré, Motoi.
—¿¡Bee!?
Él no dijo nada, estaba demasiado ocupado mirando frente a frente al hombre, de su misma estatura, cuyos ojos estaban de nuevo en él con una mirada curiosa. Había algo en ellos que le daba la impresión como si el desconocido se hubiera dado cuenta de algo; ¿podría ser qué... hubiera sentido al bijuu? Desconcertado, se dio la vuelta y les guió por la aldea. Algunos se giraron a mirarle, sin duda preguntándose qué demonios hacía paseando a un equipo de Konoha junto a ese ridículo noble – que le daba vergüenza admitir que era de su aldea – y actuando como un ninja cualquiera.
Ni siquiera se dio cuenta de que el noble había estado todo el rato hablando, de lo distraído que estaba, hablando con el equipo – el equipo entero – como si fueran viejos conocidos. Parecía realmente entretenido y contento. Antes de darse cuenta ya estaban frente a su hermano A, quien había levantado la mirada de sus papeles nada más sentir su presencia – algo inédito – acompañando a un equipo desconocido. Le mandó una mirada de reojo antes de centrarse en el equipo y en su cliente.
—Raikage, soy el jonin de esta misión, Turais Black. Como acordado aquí está Yoshi Tomayashi, sano y salvo.
—Mmm... —el Raikage miró al alegre hijo del líder de la nobleza de su país y se encontró pensando en cómo lo habría hecho Black para que el normalmente distante Tomayashi se encontrara, como decirlo, entusiasmado—. Bueno trabajo Konoha.
Black asintió con la cortesía perfectamente medida y con el rostro neutral. A sintió un atisbo de admiración por ese shinobi que, a pesar de ser un asesino, era capaz de comportarse como un caballero con solo un par de gestos. Tendría que vigilarlo de cerca. Esos solían ser los más peligrosos, capaces de infiltrarse y manipular a cualquiera. Había algo más en Black, no obstante, era la peligrosa inteligencia y astucia que veía en sus ojos brillando. Ese hombre era, por encima de todo, un superviviente y eso requería conocimientos y astucia. Algo que era, en un individuo físicamente poderoso, muy peligroso. Un hombre podía ser fuerte pero, sin inteligencia, sin saber cómo usar su fuerza era alguien fácil de manipular, y desechable, carne de cañón. Él conocía a varios hombres así, los manipulaba continuamente. Era por eso que varias veces se hace pasar por alguien poco inteligente, como si solo su fuerza le hubiera puesto en el lugar que ocupaba, y no su inteligencia.
Black tenía algo más, no obstante, tenía un aire de encanto. Capaz de dejar prendados a los demás, algo que él no poseía por su aspecto tosco. Era de esos que podían enamorar a alguien con una sonrisa, si es que quería, y capaces de convencer con meras palabras. Era todo lo que un líder necesitaba. Algo en él le decía que era, quizás, una de las personas más intimidantes y peligrosas que había conocido. La mayoría de shinobis estaban entrenados en solo unos pocos campos y muchos de ellos, sino todos, preferían las acciones que las palabras. Preferían no perder el tiempo entrenando su imagen, sus modales, prefiriendo las habilidades bélicas como el taijutsu y el ninjutsu. Sin embargo, alguien capaz de hacer eso y más, como sospechaba de Black, era incluso una mayor amenaza que un anbu corriente.
Minutos más tarde, cuando ya no podía retenerle más y observarle, dejó que se fueran al hotel que les había preparado para un par de noches. Sin duda alguna, si les ponía vigilancia lo sabrían en seguida. No solamente Black era inteligente, sino también ese Nara. El noble, no obstante, parecía encantado de regalarle un sinfín de historias divertidas pero sin sentido alguno sobre Turais Black. Esa noche, cuando se quedó a solas con Bee en su oficina, se encontró pensando en lo acertadas que habían sido sus deducciones para con Black.
—¿Qué piensas de él, hermano? —preguntó Bee, en un alarde de seriedad.
—Hay varias cosas obvias pero, al fin y al cabo, no sabemos nada de Black o de su supuesto clan —dijo él, mirando a la lejanía el hotel en el que en ese momento se hospedaba—. Tendremos que investigar más a fondo este asunto.
—¿Mandarías a alguien después de lo de Gashira? —preguntó de nuevo Bee, algo incrédulo, acordándose del hombre que la Nube envió hacía años a secuestrar a la primogénita de los Hyuga.
—Debo mantenerme informado, no puedo permitir que cualquier amenaza pase por nuestros controles.
—... No sé si eso sería acertado, hermano.
El Raikage, sorprendido, se giró a mirarle. —¿Qué te hace pensar eso?
—Hachibi me dijo antes que él no sería una amenaza para nosotros mientras le dejemos en paz. Antes... antes me miró a través del escondite del edificio norte, sabía que estaba allí a pesar de estar mirando por un agujero a través de 2 paredes. Me miró a los ojos.
A miró fijamente a su hermano adoptivo, pensativo, y se encontró pensando si podía confiar en las palabras, meras palabras, de un demonio. Por mucho que el Hachibi fuera capaz de seguir las órdenes de su hermano, fuera su aliado, ¿qué seguridad había para la aldea? Sin embargo, era cierto que Black le había parecido una amenaza y, al mismo tiempo, no podía arriesgarse a hacerle cosquillas a un dragón dormido. Quizás sería mejor enviar a una sola persona, observarle de lejos, para empezar. Después ya vería.
…...
Kabuto estaba desconcertado. Francamente lo estaba. Orochimaru le había enviado a Konoha, a infiltrarse como en los viejos tiempos, para recopilar información y mantenerse al día sobre las andadas de su antigua compañera de equipo y ahora Hokage. Había llegado a Konoha, se había infiltrado con éxito, y se había dado cuenta de un cambio muy importante. Konoha tenía ahora otro clan residiendo entre sus paredes.
Al principio había sentido curiosidad, como cualquier otra persona, y había escuchado los rumores sobre el clan Black. Un clan desconocido, proveniente de un lugar desconocido entre la frontera del país del Viento y del Fuego, capaz de pasar desapercibido durante años con unas habilidades desconocidas que tenían a todos los jonin vibrando en su lugar de excitación – puesto que las habilidades de un clan eran siempre algo favorecedor para todos los shinobis de la aldea – y de miedo – puesto que nadie había visto, al parecer, algo igual. Si antes había sentido curiosidad ahora Kabuto se encontraba casi mordiéndose las uñas, dispuesto a resolver el misterio.
Lo segundo que hizo, obviamente, fue inspeccionar la propiedad de los Black. Primero de lejos. La mera visión del muro negro, las casas perfectamente colocadas de forma simétrica, el precioso lago interior con ese enorme jardín de ensueño y las estatuas blancas que brillaban de forma amenazadora le dejaron sin aliento. Había algo, incluso desde lejos, en lo alto de la colina, que le advertía que no se acercara. Era como tener los pelos de punta frente a un peligro inminente. Cuando oscureció la propiedad de los Black parecía algo sacado de una pesadilla, lo que antes había parecido un estado intimidante pero elegante en su esplendor ahora parecía parte de un cuento de terror. Los cuervos negros se posaron, con sus ojos rojos, sobre las estatuas de criaturas magníficas con cabezas de mujeres y cuerpos de animales o híbridos de animales con sus alas extendidas sobre unas patas de león. Parecían estar vigilando el perímetro. Comunicándose con graznidos de vez en cuando, mirando a las gárgolas que juraba se habían movido. No sabía por qué pero le daba la sensación que se estaban riendo. Batiendo sus alas, sobrevolando la propiedad, parándose en el dragón enorme, espectacular y siniestro en medio del lago que parecía tener ojos con vida propia.
Cuando recuperó su aliento y se armó de valor, bajó por la colina y se adentró en los bosques que pertenecían al clan. Desde que pisó la frontera que separaba la propiedad de las demás supo que algo no iba bien. Se sentía completamente observado, pequeño, y débil. Odiaba sentirse débil así que prosiguió como si nada hasta que la fachada y el muro le dieron la bienvenida a menos de 100 metros de distancia desde la línea de árboles. De repente escuchó varios siseos y vio, algo que no había visto desde la colina, como varias serpientes se colgaban de lo alto del muro, mirándole fijamente a los ojos, y siseando entre ellas. Kabuto se tuvo que dejar de engañar y reconocer que esas serpientes, y los cuervos, así como quizás las estatuas, parecían proteger al clan advirtiéndose entre ellos mismos de su presencia.
Había algo en los ojos amarillos, antinaturales, de la serpiente colgada desde el arco de la puerta principal que le recordaba a Orochimaru. Con sus escamas de un venenoso color verde y una cresta de espinas rojo sangre en la parte posterior de la cabeza. La serpiente de solo 2 metros le puso, de nuevo, los pelos de punta. Sin duda alguna debía ser venenosa, así como las otras de colores rojos vivos, u otra con anillos intercalados negro, amarillo, rojo y amarillo. Un graznido le hizo votar en su sitio y se dio cuenta que algunos cuervos habían bajado hasta el muro a mirarle, a estudiarle. Se retiró lo más despacio que pudo, hasta subir a un árbol frente a la propiedad.
Durante horas estuvo contemplando el misterio que se le acababa de presentar. Cuando entonces se abrió la puerta y apareció un hombre alto, con el cabello negro noche y los ojos de un almendrado verdoso. A él le acompañaba una mujer, igualmente bella, con el cabello negro y los ojos grises como la luna. Les escuchó hablar, despedirse, pero Kabuto estaba más interesado en otra cosa. Estaba mucho más interesado en el hombre, seguramente hermano de los otros dos, con un bebé en brazos cuyo cabello cambiaba de color. Los ojos esmeraldas del hombre que le sujetaban se clavaron en los suyos y Kabuto sintió su corazón dejar de latir. En ellos había una clara amenaza y supo que, si no se iba en ese mismo instante, el hombre le mataría. Silencioso, dejó su escondite y, sin que le vieran, se fue corriendo. Cada paso que daba era como una punzada en su cuerpo, dolorosa, hasta que finalmente salió de la propiedad de los Black con una sensación de ardor por todo el cuerpo, como si le hubieran bañado en agua hirviendo.
No paró de correr hasta llegar a su escondite, donde cogió sus cosas y se marchó de Konoha, con el miedo metido en el cuerpo. Sin darse cuenta que ahora estaba marcado de por vida, que habían sido sus intenciones malignas contra el clan Black lo que le había condenado.
Kilómetros más allá, en la tierra de los Black, Andrómeda cogió a Teddy de los brazos de su padrino, al que todos pensaban como su tío.
—¿Qué ha sido eso?
—Alguien nos estaba espiando.
El rostro de Andrómeda se endureció perceptiblemente, tanto que Teddy la miró con curiosidad, y los ojos grises se volvieron como mercurio líquido. —¿Qué piensas hacer?
—Tranquila, ya le he marcado. Si se acerca a vosotros lo sabré.
Harry, no obstante, se encontró preocupado. Si no le había matado era porque todavía no habían pasado los 6 meses de prueba que la Hokage les había dado, claro que podría haberlo hecho y hecho desaparecer el cuerpo pero tampoco sabía qué persona era la que les había espiado. ¿Qué hubiera pasado si hubiera sido un espía de la Hokage? Lo dudaba pero no quería arriesgarse a un enfrentamiento temprano. Cuando pasaran los 6 meses podría matar a todo aquel que fuera una amenaza para su clan de forma legal o, al menos, mantenerlo bajo custodia – y hacer con la persona lo que quisiera – mientras la Hokage no le ordenase lo contrario. No era extraño que los clanes se tomaran la justicia por su mano, era por eso que los extraños y aquellos que les querían mal no actuaban nunca sin saber que podrían salirse con la suya o sin que nadie les descubriría.
Aun así era suficientemente inteligente como para saber que quizás el que los espiaba no trabajaba solo y, si mandara a otro en su lugar, él no tendría manera de saberlo a no ser que su familia estuviera dentro de su casa o que les atacaran directamente. Con eso en mente se dispuso a preocuparse más que nunca los últimos 3 meses del período de prueba. Esa misma noche caminó, preocupado pero sin parecerlo, hasta el lugar donde Hinata le esperaba. Este último mes Hinata había mejorado muchísimo su taijutsu, sobre todo porque él no se echaba atrás cuando luchaban cuerpo a cuerpo – al contrario que su equipo – y, a la vez, su taijutsu – una combinación de lo que había aprendido en Konoha y en el mundo exterior – suponía un nuevo reto para ella.
—Hoy tengo otra cosa para ti —le dijo él, cuando Hinata le saludó con una sonrisa, una reverencia típica de ella, y unas mejillas ligeramente sonrojadas—. Ten, ponte esto.
Hinata cogió al vuelo el antifaz negro que le lanzaba, mirándolo con rostro sorprendido.
—¿Sabes para qué es?
—¿Para taparme los ojos? —preguntó Hinata, quien desde hacía semanas se había acostumbrado a los entrenamientos de Turais y sabía que todo lo que hacía tenía una razón de ser.
—Obviamente. Todos los ninjas apuestan fuerte por su vista, porque es necesaria para nuestro trabajo, y más aun los Hyuga cuyos ojos son especialistas en el rastreo debido al alcance del ojo blanco —le comentó, viendo como Hinata asentía sin sorpresa—. Pero, ¿qué harías si tu enemigo es capaz no solo de cegar tu Byakugan sino también tus ojos?
Hinata miró el antifaz para que Turais no viera el miedo en sus ojos, de hecho ya lo había pensado varias veces porque Hinata no sabía otra cosa que aquello que su clan, y en menor medida su maestra Kurenai, le habían enseñado. Si perdía sus ojos estaba acabada, no serviría mucho tiempo más como ninja a no ser que fuera como sacrificio, carne de cañón. Otra vez las emociones negativas la invadieron y, de nuevo, Turais lo vio. A él no se le escapaba nada, pensó con envidia.
—Deja de sentir lástima de ti misma, para eso estoy aquí. Hasta ahora he entrenado contigo en el taijutsu, aquello que más sabes, y ahora entrenaré tus otros sentidos para que puedas incluirlos mientras luchas además de tu visión. Tus ojos son tu debilidad, acuérdate siempre de eso porque alguien podría utilizarlo. Ahora, ponte el antifaz y yo me moveré en círculos cada 5 segundos, quiero que me señales con el dedo hasta que diga que pares.
Hinata asintió, sintiéndose mucho mejor a pesar de que Turais la había regañado apenas un par de segundos antes. Si algo en él le gustaba era que le decía las cosas sin importarle como se sintiera, nunca insultándola pero sin ocultarle la verdad. Después de tanto tiempo en los silencios odiosos de su casa y con su equipo protegiéndola era como un viento fresco. Se puso la máscara en seguida y esperó a que Turais le diera permiso para empezar. No supo cuánto tiempo estuvo intentando escuchar al elusivo jonin, que bien podría ser un anbu por todas sus habilidades, hasta que se dio cuenta que además de su oído tendría que agudizar su nariz y su habilidad para detectar el chakra.
Poco a poco empezó a escuchar la hierba moverse suavemente, imperceptiblemente, y pudo olerle. No sabía si era un perfume, cosa que podía descartar ya que Turais le parecía alguien muy práctico e inteligente como para delatarse de semejante manera, o si realmente Turais olía así él mismo. Era un olor característico, como a cedro y canela, como una noche oscura de invierno, como la nieve, fría y blanca. El contraste de caliente y frío, de su percepción de olores, le recordó un día que llegaba a su casa en invierno, cuando su madre estaba viva, y el fuego estaba encendido en la chimenea. Suprimió las lágrimas, no de tristeza, sino de alivio por haberse acordado de algo tan importante y que nunca pensó que volvería a tener.
—Para.
Se levantó el antifaz y vio delante de sí a Turais, mirando con unos ojos esmeraldas, tan diferentes a los de Sakura, que la dejaron sin aliento. Irremediablemente le recordaron a un par de ojos zafiro, igual de preciosos que los de Turais Black, y su estómago se encogió. Fue como si la hubieran abofeteado. De repente se acordó de Naruto y se preguntó por qué no había pensado en él ni una sola vez desde que se despertó esa misma mañana, pensando en el momento en que se encontrase con Turais para su entrenamiento.
—Has acertado bastantes veces, sobre todo después de las 5 primeras veces. Espero que sepas que no todos tus enemigos serán igual de descuidados como he sido yo ahora; es probable que no los escuches ni los huelas, o que notes su chakra.
—¿Entonces cómo voy a detectarlos sin mis ojos? —preguntó preocupada, sabía que Turais había bajado mucho su nivel para ese entrenamiento.
—Fácil, te enseñaré cómo detectarlos con tu chakra sin que te detecten a ti. Esto que te voy a enseñar ahora... no quiero que se lo enseñes a nadie, ni que lo cuentes a nadie —Hinata miró estupefacta a Turais Black, preguntándose qué pensaba enseñarle. Asintió con expresión decidida—. Bien. Los sentidos son fáciles de engañar así que entrenaremos tu chakra primero: lo enviarás bajo tierra como un detector, en una fina red de chakra como si de una telaraña se tratara, con esto detectarás las vibraciones de la superficie y, midiéndolas, podrás saber cuan grande es el cuerpo. Al final, cuando crea que lo hayas aprendido totalmente, podrás usar esta habilidad continuamente y en un rango circular de al menos 50 metros, ¿me entiendes?
Hinata miró atónita a Turais Black, preguntándose qué tipo de habilidades tenía y cómo las había aprendido. Si creía que ella podía aprenderlo, ¿qué más sabría? Empezó a verlo con otros ojos, ese hombre era un genio. Un verdadero prodigio. Sintió tal agradecimiento porque la estuviera entrenando que se juró que le prepararía cada día una cesta de comida para recompensarle. No fue sino hasta ese momento en que sus preocupaciones y sus miedos se esfumaron totalmente. Había dado otro paso adelante, ahora sabía que no importara si le costaba más o menos – a pesar de haber decidido cambiar a mejor – Turais no la dejaría rendirse.
—Primero, siéntate y extiende tu chakra lo más lejos que puedas, en forma de círculo. Imagina, en tu mente, cómo lo estiras, no como una esfera, sino como un plano horizontal sobre la hierba.
Hinata se sentó, poniéndose el antifaz como le indicaba Turais y dejó salir su chakra, algo que ya había entrenado con anterioridad para el Hakkeshou Kaiten. Cuando no pudo más sacudió la cabeza, sin saber hasta donde había llegado, pero muy satisfecha y con la frente perlada de sudor. Su cabello en una coleta alta y trenzada, puesto que Turais ya se lo había cogido varias veces mientras luchaban para demostrarle lo nefasto que podía ser dejarlo suelto, se removió con el viento que estaba produciendo su chakra.
—Bien, ahora quiero que lo empujes al suelo. Cuando te diga que pares, paras, y entonces quiero que notes la diferencia de tener el chakra en el aire a tenerlo bajo la superficie.
Cogió un par de alientos antes de empujar su chakra hacia abajo, algo mucho más costoso que simplemente dejarlo libre en todas direcciones. De repente notó una fricción, como si se hubiera topado con algo, y supo que ya debía haber tocado tierra.
—Para. ¿Qué notas?
Hinata pensó para sus adentros en la sensación tan extraña que sentía hasta que se dio cuenta de porqué era más difícil mantener el chakra en la tierra. —La tierra es más densa y compacta.
—Muy bien —notó la sonrisa en la voz de Turais y no pudo reprimir su propia sonrisa—. Ahora vuelve a recoger tu chakra, manteniéndolo bajo tierra, hasta que este a un metro de tu persona.
Hinata así lo hizo. Callada, esperó instrucciones. Se estaba cansando bastante rápido y se maldijo por tener tan poco aguante en cuanto al uso de chakra se refería. Tendría que pedirle consejo a Turais sobre cómo mejorar en eso también.
—Ahora quiero que hagas tu capa de chakra lo más fina posible, quiero que se mantenga sola sin quebrarse pero que nadie pueda notarla. Tienen que ser hilos de chakra, interconectados, que un solo golpe en tu lado izquierdo pueda notarlo incluso tu lado derecho.
Hinata pasó toda la tarde practicando su chakra, primero intentando hacerlo lo más fino posible y, cuando quebraba, reforzándolo un poco. Cuando supo su límite empezó a refinar su técnica, primero aguantándola durante minutos lo más lejos que osaba hasta que se dejó caer jadeante. Se quitó el antifaz para mirar a Turais, que estaba sentado frente a ella, mirándola con ojos calculadores y en su pose, que reconoció después de 2 meses entrenando, como pensativa. Siempre acaba teniendo un plan cuando se ponía las manos cruzadas sobre la boca. Algo que nunca le había visto hacer delante de nadie las pocas veces que sus caminos se habían cruzado por la aldea.
—Mmm... Vas bien pero me gustaría que tuvieras algo más de reserva de chakra. Necesitarás hacer unos ejercicios y tengo el ejercicio perfecto. Esto es lo que harás.
Hinata, cuando regresó a su casa esa noche, tan cansada que apenas mantuvo los ojos abiertos mientras comía, se duchaba y se preparaba para la cama, vio un cofre negro con la cerradura plateada y, grabada en ella, el símbolo del clan Black. Lo abrió, sin poder contener su sorpresa y su alegría, y vio allí dentro unos 6 rollos medianos de pergamino. Turais había cumplido, de nuevo, su palabra. Mirando por encima los rollos llenos de técnicas médicas y recetas para crear mejunjes, como a ella le gustaba, notó sus ojos humedecerse. Nadie se había interesado tanto y había ido tan lejos para ayudarla, y complacerla, puesto que bien podría haberse ahorrado las recetas del clan Black que Turais, a pesar de no haberlo dicho explícitamente, confiaba en que Hinata mantuviera en secreto. Tener su confianza la hizo tremendamente feliz.
Por la mañana, tal y como le había prometido a Turais y como se había jurado a sí misma, creó su quinto clon de sombra, el quinto desde que empezó a usar la técnica de clones de sombra que Turais le había enseñado. Su clon, con órdenes de estudiar los pergaminos médicos que Turais le había dado, se deshizo a las 2 horas, devolviéndole la información para su sorpresa. Con el ceño fruncido, pero todavía encantada por la sorpresa de la técnica, se dijo que al día siguiente iban a ser unos 5 minutos más. Sin darse cuenta, poco a poco fue trabajando su chakra y aumentando sus reservas bajo los atentos ojos esmeraldas de Turais.
Un nuevo capítulo. Perdonad el retraso, solo diré unas palabras: semana de exámenes. Simplemente no he tenido tiempo para nada, ha sido increíble. Ahora que tengo algo de tiempo, a pesar de los trabajos, voy a intentar avanzarla un poco. Espero que os guste.
Blackcirce
