Disclaimer: Naruto y Harry Potter no son míos


NOTA: MENCIÓN DE TORTURA


Capítulo 6 – Tempestad.

Sakura caminó hasta las puertas del clan Black, mirándolas con un nudo en la garganta. La serpiente verde sobre el arco de la puerta la hizo palidecer, sobre todo al ver los ojos extrañamente cegados de la serpiente y la lengua partida negra, llena de veneno que la olía. De caérsele encima estaría muerta.

—Tranquila, no te hará nada —le dijo una voz femenina y se sobre saltó. A pesar de que llevaba entrenando casi 3 años con una sanin Andrómeda Black había sido capaz de pillarla desprevenida, para su vergüenza—. Pasa.

¿Sería ella una kunoichi también? Esa era la única respuesta, esa o bien sus habilidades como clan que poseían solo 4 personas, una de ellas todavía siendo un bebé. Pasó el arco lo más deprisa posible sin parecer asustada aunque por la mirada divertida de la líder de los Black no consiguió engañarla, sobre todo después de que sus mejillas se encendieran. Por suerte la mujer no dijo nada, simplemente se limitó a sonreír amablemente e invitarla a seguirla por la sinuosa vereda de piedra que conducía a la casa principal, rodeada de perfecta hierba cortada verde y flores y hiedra por todos lados. Sakura lo miró todo boquiabierta, comparándolo sin cesar con su piso que compartía con sus padres de a penas 2 habitaciones. No tenía suficientes ojos para verlo todo.

—Tsunade me ha dicho que tienes una propuesta para mí. Bien, adelante —dijo Andrómeda, sirviéndole el té en una preciosa mesa forjada de cristal con patas retorcidas y grabados en forma de flor.

Sakura tomó su té para calmarse —Mi maestra me ha dicho que usted es capaz de enseñarme más sobre las técnicas médicas y se preguntaba si me podría dar algún tipo de clase sin poner en un aprieto los secretos del clan Black.

Andrómeda miró a la chica frente a sí y la contempló con cautela. Podía enseñarle varias cosas pero tampoco quería que el conocimiento que les enseñaba fuera en detrimento de su clan, como muy bien sabía Sakura y, por supuesto, Tsunade. Andrómeda no daría su brazo a torcer si su familia estaba en peligro. Aun así podía enseñarle a hacer algunos mejunjes, como sabía que Harry tenía haciendo a la chica Hyuga, y con materiales que bien podrían encontrar en todos sitios. Nada de cosas mágicas. Eso pensaban reservarlo para sus futuros maridos y esposas, de tenerlos. Aun así, sin contar aquello mágico, la biblioteca Black había amasado una cuantiosa y enorme cantidad de libros, pergaminos y recetas de pociones muggle como cosméticos y remedios. El mundo exterior era amplio y rico. Por eso Andrómeda no estaba preocupada. Con eso en mente, aceptó.

—Acepto enseñarte todo lo que yo quiera, lo tomas o lo dejas —le dijo ella, comiéndose uno de los rollos de canela que Hinata, muy amablemente, le había hecho a Harry y que él les había traído la noche anterior.

Sakura sonrió, olvidándose de las serpientes en las ventanas y los cuervos posados en lo alto del techo, durmiendo. Aceptó, sabiendo que era mejor eso que nada, y dejó que Andrómeda cuestionara sus conocimientos. Durante media hora estuvo explicándole sus habilidades y sus dificultades para hacer cualquier cosa con las manos que no fuera sanar; ni siquiera sus pastillas eran efectivas y eso que seguía todo tipo de instrucciones.

Escuchó unos ruidos y vio como la puerta doble cristalera que daba al magnífico jardín se abría. Sakura sintió su boca descolgarse cuando vio al elusivo Turais Black, al que solo había visto de reojo hasta ahora, entrar en la casa sin camiseta, con unos arrapados pantalones piratas negros, descalzo, y con unos guantes sin dedos en las manos – guantes de arquero – y el pelo alborotado y el pecho reluciente de sudor. Notó sus piernas temblar cuando los ojos verdes se posaron en los suyos, una ceja alzada con poca sorpresa, antes de mandarle una cortés sonrisa.

—Ten.

La voz de Andrómeda la sacó de su ensoñación y se encontró que su temblor no era por miedo sino por excitación. Nunca, ni siquiera ver a Sasuke entrenar, le había hecho sentirse tan... anhelante. La boca se le había hecho agua de solo ver los pectorales, el fino vello desde su ombligo perdiéndose en sus pantalones, el cabello cayendo casi mojado por su frente, pegado a su cuello como un amante, ensombreciendo sus facciones. No cabía duda alguna que ese hombre era devastadoramente atractivo. Le vio marchar con la respiración cortada y, cuando se dio cuenta de dónde estaba, sintió su rostro enrojecer. Andrómeda alzó una ceja, viendo la espalda fuerte y ancha, masculina, de Harry caminar pasillo abajo.

—Mi hermano es un buen espécimen, ¿verdad? —preguntó ella, estaba vez incapaz de dejarle pasar la vergüenza, con una sonrisa.

Sakura se atragantó y tardó casi 5 minutos en volver en sí, tomando una gran bocanada de aire. Cuando Andrómeda la dejó sola unos minutos, dispuesta a entregarle unos pergaminos de lectura, Sakura cerró los ojos pero la imagen de Turais Black seguía grabada en ellos.

—¡No seas idiota! —se gritó en un susurro a sí misma.

—¿Estás bien?

Una voz masculina, grave y deliciosa, la hizo saltar de su asiento en el cómodo diván blanco y negro. Abrió los ojos y vio a Leo Black, el otro hermano, que la miraba confundido, vestido con unos pantalones negros y una camisa gris, que dejaba poco para su imaginación. ¿¡Qué demonios tenían los hombres Black!?

—Aquí tienes Sakura —dijo Andrómeda, apareciendo y mirando a Leo, primero desconcertada y luego con una sonrisa pícara.

Sakura dijo gracias apresuradamente y salió disparada de la propiedad de los Black. No podía creer la vergüenza que acababa de pasar después de excitarse al ver medio desnudo a uno de los hermanos y escuchar la voz serena y masculina del otro.

…...

Kakashi se sentó en la cama con pocas ganas. Tsunade, como no, les estaba obligando a todos a pasar la típica visita médica trimestral y, obviamente, Kakashi había sido el primero en ser llamado, al menos de la primera tanda. Sintió unos elegantes pasos por el pasillo, unos que no conocía, y olió un perfume femenino que le dejó con la boca abierta y los ojos cerrados del placer. Nunca había olido a alguien que oliera tan bien. El sonido de la puerta abrirse le sacó de su ensoñación y, en menos de un segundo, sus ojos se abrieron perezosamente y su boca se cerró antes de sacar su libro naranja para parecer lo más normal posible.

Por el marco de la puerta apareció una mujer, a la que no había visto hasta el momento, y su mente concluyó que debía ser Andrómeda Black. Tsunade, nada más regresar de su larga misión, le había puesto al corriente pero no le había dicho lo letal que era la belleza de los Black. Su cabello negro y sus ojos gris luna le dejaron embobado durante segundos, tanto que le dio tiempo a Andrómeda a acercarse silenciosamente, como paso felino, hasta su cama. Los rizos abiertos, colgando perezosamente de sus hombros por su pecho, cubierto con el uniforme del hospital sobre un vestido verde esmeralda con un cinturón negro y tacones altos a juego, le dejaron prendado al instante. Nunca había visto a una mujer tan bella.

—¿Kakashi Hatake? —preguntó una voz melodiosa pero demandante, era maternal y dulce.

Él asintió, sin comprenderlo. Lo que algunas veces le había parecido un suplicio se le pasó en un instante. Con sorpresa, se dio cuenta de que no quería dejar el hospital cuando hacía solo 3 meses se había ido nada más darle el visto bueno en un remolino de hojas.

—Permítame que la acompañe —dijo él, sin pensarlo, y sus mejillas se sonrojaron ligeramente cuando Andrómeda le sonrió encantadoramente—. ¿Tiene mucho que hacer hoy?

—La verdad es que no. Le prometí a Tsunade que me pasaría por el hospital solo un par de horas, usted es mi cuarto paciente hoy así que me voy ya a casa.

Kakashi se encontró caminando bastante cerca de ella, oliendo el precioso perfume natural de la líder de los Black. Era como mezclar un sinuoso ramo de flores, un día de primavera matinal, y el olor de la brisa pura y radiante de las montañas con la calidez brillante del sol. Solo quería enterrar su nariz en el valle de sus pechos, en su cuello, donde su piel desprendía ese magnífico aroma. Nunca se había sentido tan bien de oler algo. En cuanto salieron del vestíbulo, una vez Andrómeda dejó la bata y se aseó, Kakashi pudo notar las miradas atónitas de algunos, que le veían caminar y charlar con la mujer sin su famoso libro en mano.

—Tengo que ir a recoger a mi hijo, espero que no le importe —dijo Andrómeda, que podía sentir el interés del hombre a su lado. Si la mención de Teddy no le asustaba de buenas a primeras podría ser un buen candidato para calentar su cama.

—Claro que no. ¿Lo ha dejado en la guardería del hospital?

—Sí.

A medida que se acercaban a la ala contraria del hospital, no obstante, ambos notaron que algo iba mal. No solamente entraban y salían de la guardería un sinfín de enfermeras sino que otras mujeres, y algunos hombres, llevaban en brazos a sus hijos, asustados. Kakashi observó como las zancadas de Andrómeda se agrandaban, todavía elegantes pero preocupadas. Cuando llegó a la puerta la mirada de la mujer se paseó por todo el lugar, como un halcón, pero no encontró lo que buscaba. Kakashi se dio cuenta de que acababan de secuestrar al hijo de la líder de un nuevo clan. El rostro furioso, iracundo, de Andrómeda le sorprendió. Al contrario de otras mujeres que lloraban aun con sus hijos en brazos en los laterales Andrómeda parecía... como una mamá osa.

—¡Tú! ¡Dile a la Hokage lo que ha pasado ahora mismo! —le mandó a uno de los genin que estaban allí, mirando con curiosidad y algo de pánico la situación. El genin asintió, atónito, y se fue corriendo. De repente Andrómeda agitó su mano y apareció un humo de un brillante color blanco que se transformó en una pantera—. Eridanus ha sido secuestrado. Llévale el mensaje a mis hermanos.

En menos de 5 minutos se personaron allí la Hokage, su asistente, y los hermanos Black, cada cual más enfadado. Si a Kakashi le había asustado perder de semejante manera un combate con Turais Black la expresión asesina de su rostro le erizó el bello del cuerpo. Durante otros 5 minutos Tsunade interrogó a todos los presentes y a aquellos que habían estado en las cercanías antes de llamar a un grupo de rastreo. Por la puerta aparecieron el equipo 8 y Kakashi reconoció al instante que Hinata y Turais parecían conocerse, a juzgar por el rostro sorprendido de ella.

—Quiero ir yo también.

La voz masculina y crispada, como el crepitar de un fuego salvaje, habló y Tsunade no tuvo duda alguna que, de negárselo, se habría marchado por su cuenta. La guardería que ahora estaba extrañamente vacía retumbó sus palabras y Kiba y Shino dejaron de oler y buscar rastros para mirarle. Tsunade asintió, viendo como Hinata parecía abiertamente preocupada por Turais Black, a quien cogió de la manga en un acto poco propio de ella que dejó boquiabierta a Kurenai, y a Kiba.

—Turais... —Andrómeda se acercó, con el rostro lleno de ira y los ojos refulgentes de sed de venganza—. Haz que su sangre llueva de los cielos.

Turais Black asintió, con una certeza total que dejó a Kakashi impresionado antes de escuchar sus palabras. —Sentirán la ira de los Black.

Y sin más, dejándoles a todos helados al escuchar sus palabras llenas de odio, se dio la vuelta.

…...

Hinata corrió lo más rápido que pudo, siguiendo el rastro de su amigo y compañero de entrenamiento clandestino. Sentía dentro de su pecho un nudo incontrolable, ella también había sido secuestrado hacía años aunque su secuestro apenas duró 10 minutos. Aun así, que secuestraran a un bebé de apenas 2 años, para hacerle sin duda todo tipo de maldades... Incluso ella se sentía llena de ira. Quizás antes se habría sentido preocupada, compasiva de los otros y de sí misma, pero Turais le había cambiado. Ahora se sentía llena de determinación y enfadada. Muy enfadada de que alguien osara secuestrar a alguien por maldad. ¿Por qué sino iban a hacerlo?

—¿Cómo sabes a dónde vamos? —le preguntó Kiba, casi jadeando de lo rápido que Turais les hacía correr.

—Tengo a toda mi familia fichada, como Shino con sus insectos. Una vez que tocamos a alguien con nuestras habilidades, sobre todo con la intención de marcar, podemos encontrarlos en cualquier lugar.

La voz helada de Turais les contestó y giró de repente hacía la izquierda, casi volando de árbol en árbol. No tardaron mucho en llegar al lugar donde le mantenían cautivo, con su paso, pero Kurenai les paró delante de la entrada bien escondida de los captores.

—¡Este olor! ¡Es Orochimaru! —exclamó Kiba, que recordaba bien el olor de Orochimaru en los esbirros con los que tuvo que luchar hacía años.

El rostro de Kurenai se transformó, preocupado, y miró de reojo a Turais. —No podemos seguir con la misión, es demasiado peligroso sin refuerzos.

Turais la miró con ojos incrédulos antes de que sus labios se rizaran en una mueca de asco. Hinata sabía bien que Turais no iba a dejar atrás a su sobrino, ella tampoco lo habría hecho aunque le hubieran dicho que aquella era la base de Akatsuki. Así pues, no le extrañó cuando le lanzó una mirada despectiva a Kurenai antes de mirarles a ellos.

—Vosotros haced lo que queráis, yo voy a matarlos a todos.

—¡Espera un momento Turais! ¡No puedes entrar ahí sin un-!

Turais hizo oídos sordos antes de crear un clon de sombras negras, al que rápidamente convirtió en una serpiente. Luego, mientras ellos miraban como pasmarotes, la envió a la cueva después de que moviera las manos por encima de la serpiente, como si hubiera hecho algo. Hinata tenía la impresión que estaba usando una de las técnicas de su clan puesto que la serpiente entró en la cueva sin que saltaran las alarmas.

—Si no vais a hacer nada sentaos y escondeos, no quiero que estéis por el medio.

Los siguientes minutos parecieron eternos hasta que finalmente notaron una presencia y vieron al clon aparecer con el bebé en brazos que, parecía estar llorando en silencio. Hinata lo miró, ladeando la cabeza sin entenderlo, antes de encogerse de hombros. Cogió al bebé cuando vio que el clon se lo tendía y se escondió en lo alto de un árbol, dispuesta a estar lo más lejos posible pero cerca de sus camaradas. El clon, como no, la siguió.

De repente, Turais se inclinó y de su boca salió una llamarada gigantesca de fuego, en forma de dragón, que rugió colándose por la entrada de la cueva, alertándolos a todos. Kurenai, Kiba y Shino dieron un salto atrás, poniéndose en sus poses defensivas. No tardaron mucho tiempo en escuchar los chillidos agonizantes de algunos y el sonido de la roca quebrando. Una gran roca salió volando por los aires y, en su sombra, salieron los más fuertes y veloces. A Hinata le dio el corazón un vuelco. Sasuke Uchiha. Seguido de Orochimaru y Kabuto.

—Estás aquí, pequeño espía, eh... —la voz normalmente cortés y educada de Turais le puso los pelos de punta. Vio como miraba iracundo a Kabuto y supo qué había pasado—. A ti te mataré el último de la forma más dolorosa que se me ocurra.

El rostro de Kabuto era un poema. Al parecer se había dado cuenta del peligro que corría. Orochimaru, mientras tanto, miraba con admiración y deseo a Turais. Sasuke, por otro lado, estaba conmocionado. Ese hombre tenía un parecido indiscutible con Shisui y su hermano Itachi pero sus ojos esmeraldas le diferenciaban del clan Uchiha, y ahora brillaban con malicia en un color verde venenoso que llegó a paralizarle un segundo. Así que él era el tío del pequeño bebé que el indeseable Kabuto había robado. Parecía que se había equivocado de clan, pensó con una diversión perversa. Sasuke se sentó en una rama, apartado, dispuesto a no interferir pero sin querer perderse la pelea. Orochimaru, no obstante, se quedó al lado de su asistente.

—Y dime, chico, ¿cómo piensas matarnos? —los ojos dorados de Orochimaru bailaron con sorna.

En ese mismo instante supo que había sido un error de su parte, querer humillarle. Los ojos verdes preciosos del hombre se ennegrecieron tanto como el cielo. Unas nubes de un gris depresivo aparecieron, cubriéndolo todo, y el sol las tiñó de rojo sangre. El mundo parecía ahora de un color amarillento rojizo. Sasuke vio el viento mover las copas de los árboles y escuchó a la lejanía los truenos con el corazón acelerado, levantándose y agarrándose al árbol. ¿Qué clase de poder era este? Todos los esbirros supervivientes, unos 70 de ellos, los que habían sido experimentados y los que habían escapado de sus jaulas de laboratorio, salieron poco a poco por los agujeros de la cueva. Cuando de repente, uno a uno, parecían ser elevados por el aire, gritando aterrorizados, moviéndose e intentando zafarse.

El Sharingan despierto de sus ojos vio como se perdían en las oscuras nubes y poco a poco se fueron tiñendo de un negro tormenta. Otros, los que pensaban escapar, eran alcanzados por rayos, muriendo de forma dolorosa, su sangre chorreando por el suelo saliendo de sus perforados pulmones. Orochimaru no pudo más que mirar de lado a lado, viendo como su cueva quedaba destruida, como sus experimentos morían al intentar huir y como los que deseaban luchar a su lado eran absorbidos por el viento torrencial que sacudía ahora el claro. Empezó a llover, en mitad de los sonidos agonizantes de sus esbirros, y los llantos suplicantes provenientes del cielo. Una gota le alcanzó el párpado, salpicándole la cara y se la secó.

Cuando su Sharingan se desactivó las nubes que le parecieron negras se volvieron de color escarlata. Llovía sangre. Vio como Orochimaru, aterrorizado, miraba el cielo rojo y las nubes oscuras, llenas del líquido vital, observó los rayos blancos y miró el suelo manchado de rojo antes de darse media vuelta y dejar atrás a Kabuto, y a él. Sabía que debía irse, debía marcharse de ahí antes de que los ojos negros cargados de odio se posaran en los suyos pero no podía moverse. Resultó ser buena idea porque un rayo alcanzó a Orochimaru, atravesando su espalda y saliendo por su estómago, dejándole mal herido, y volviendo su cabello de color blanco. Se quedó quieto, observando como Orochimaru se iba, corriendo y cojeando a la vez, cubierto por una espesa capa de sangre, antes de ver como el último esbirro caía.

—Te he prometido una muerte dolorosa —empezó él, avanzando hacia el hombre que estaba postrado de rodillas, mirando tras sus gafas, con rostro horrorizado, aquel que pensaba matarle—. ¿Sabes lo que les hago a aquellos que tocan lo que es mío? ¿No? ¡Estás apunto de saberlo!

Escupió él, en un siseó, y de repente apuntó su mano a Kabuto que gritó como nunca había sentido gritar a nadie. Gritó y chilló y se revolvió en el suelo, entre la sangre, arqueando su espalda bajo el rayo de luz roja, amenazante, que le cubría el cuerpo. Y tan rápido como empezó, acabó. Kabuto lloraba como un bebé, con las cuerdas vocales rasgadas del uso, pero todavía consciente. El hombre misterioso dejó que se recuperara, en silencio, contemplando sin duda su siguiente movimiento. Kabuto intentó gatear, arrastrarse, cuando los pies caminaron lentamente cerca de él.

—¿Crees que voy a dejarte vivir? —la voz humillante del hombre se regodeó con sus gemidos y lloros—. Vamos, vamos, todavía no te he explicado cómo se comporta un verdadero Black cuando le amenazan.

Y meneó su mano encima de Kabuto, que empezó a chillar de nuevo pero esta vez con las cuencas de los ojos muy abiertas. Sasuke comprendió segundos después porqué: su piel se desprendía, como si fueran vendas, hasta que solo quedaba músculo.

—¿Querías hacerle daño a mi familia? ¿Querías hacerte con nuestros poderes? ¡Pues los estás sintiendo ahora! ¿Cómo te sientes?

Sasuke vio con admiración, y algo de asco, como se acercaba a Kabuto, cogiendo un trozo de piel entre los dedos como si fuera una mera hoja caída. Cuando vio que estaba apunto de perder la consciencia lo que fuera que estuviera pasando se paró. Alzó una mano y el cuerpo de Kabuto se movió como si de una marioneta se tratara, poniéndose recto sin tocar el suelo. Los ojos de Sasuke, de nuevo rojos, lo observaron en silencio. Ni siquiera se dio cuenta de como Kurenai apartaba la cabeza, mareada, ni de como Shino y Kiba, sus antiguos camaradas, miraban con expresión seria y con una horrorizada fascinación como el nuevo jonin de Konoha se tomaba la justicia por su mano y vengaba a su clan.

—Esto te va a doler —le dijo a Kabuto que ya no parecía una persona sino más bien un cuerpo viviente, sostenido por una chispa desconocida. Sasuke supo que era cosa suya.

Y sin más, los intestinos le salieron por la boca al mismo tiempo que Kurenai daba un pequeño chillido de sorpresa y vomitaba en los pies de un árbol cercano. Sasuke observó al cadáver, colgando de un árbol, ahorcado con sus propios intestinos. Cuando los ojos verdes, otra vez en calma, le miraron él no se movió. Era imposible escapar.

—Dile a tu amo que cuando le encuentre, y le encontraré, esta tortura será poca y su muerte será tardía.

El hombre se giró, cogiendo en brazos al bebé dormido que le tenda su antigua compañera Hinata, con sus manos totalmente limpias como si no hubiera matado y torturado cruelmente a su secuestrador. Sasuke no pudo contenerse.

—¿Cuál es tu nombre?

Se giró a mirarle unos segundos. —Mi nombre es Turais y pertenezco al clan Black de Konoha.

…...

Itachi Uchiha miró sin expresión el cadáver de Kabuto. A él también le habría gustado matarlo pero quizás no tan salvajemente y de forma viciosa, puesto que no había otra forma de describirlo. Kabuto era el que había espiado a su hermano para Orochimaru y el que le había ayudado a dejar Konoha, su preciada aldea, cuando Itachi se había sacrificado tanto porque su hermano estuviera a salvo entre las paredes protectoras de la villa. Contempló el cadáver y supo que era la obra de un maestro asesino, no había forma de que hubiera hecho algo así sin experiencia.

—Así que eras tú el que nos seguía...

Itachi se giró de un salto, lanzando un kunai sin previo aviso pero el desconocido simplemente ladeó la cabeza, dejando que impactara contra el tronco del árbol al que estaba apoyado. Itachi miró al hombre con una gran sorpresa interior. Ese hombre... se parecía a Shisui. Observó la mirada de desprecio que dirigió al muerto y supo que había sido él.

—¿Qué quieres? —le preguntó pero Itachi no supo que responder.

¿Qué iba a querer? El hecho de que supiera que los había seguido y que aun así no había atacado era delatador. No podía permitirse que su coartada quedara hecha añicos. Algo en los ojos del extraño le hizo darse cuenta que él pareció comprender su silencio. Sin embargo mantuvo su postura defensiva cuando se acercó, sin miedo alguno, a un conocido y peligroso criminal. Como si él no fuera una amenaza, eso le hizo gracia momentáneamente pero el hombre no paró hasta quedar a apenas un par de pies de él. Le miró a los ojos, fijamente, e Itachi no pudo evitar sentir un atisbo de admiración por el coraje de ese hombre, que miraba a sus ojos rojos fijamente.

—Mi nombre es Turais Black, del clan Black. Tu debes de ser Itachi Uchiha, del clan Uchiha —empezó el ahora llamado Black, mirándole como quien contempla un puzle. Había algo en su mirada que le dejó inquieto—. Mis habilidades me permiten muchas cosas y ahora me están diciendo que no eres quien dices ser. Puedo notar la bondad dentro de ti. Entonces... ¿por qué vistes como un criminal?

Los ojos de Itachi miraron de reojo a Kabuto. —¿Puedes notar la bondad?

Su voz, libre de sentimientos y emociones, le sobre saltó incluso a él. Pocas veces acostumbraba a hablar incluso con Kisame y ahora estaba hablando con un desconocido jonin de Konoha que, al contrario del típico jonin, parecía más contento en descifrarle que en intentar llevar su cabeza de vuelta. ¿Sería una peculiaridad del clan Black? Podía ver en su postura, y en sus ojos, una rebeldía latente. Le extrañaba si quiera que los Black hubieran dejado de vivir como les diera la gana para hacerse un clan militar pero... estaba claro que había algo más que se le escapaba.

Los ojos esmeraldas miraron también a Kabuto, como quien contempla una montaña de excremento, y luego le miraron a él. Con sorpresa, tuvo que morderse las mejillas para no sonreír. Sin duda alguna, Turais Black podía ser muchas cosas pero tenía personalidad.

—Puedo notar muchas cosas como que has sido envenenado y que tus ojos tienen una ceguera de al menos un 70%.

Itachi alzó sin poder retenerse una ceja, asombrado. Vio como Black le tendía una pequeña pastilla blanca, reluciente, y alzaba una ceja a su vez.

—Esto te curará el envenenamiento.

Itachi volvió a mirar la pastilla, sin comprender nada. —¿Por qué ibas a ayudarme?

—Porque soy lo suficientemente inteligente como para darme cuenta de que incluso ahora mismo estás de misión para Konoha, ¿no es cierto? Mi clan investigó a Konoha, como supondrás, y cuando llegamos a ti saltaron las alarmas. ¿Qué tipo de asesino mata a su clan, deja vivo a su hermano y se une a una organización criminal al día siguiente? Un clan, para ser específicos, que planeaba un golpe de estado, un hermano al que amabas y una organización que suponía un peligro para Konoha pero ningún beneficio para ti.

Itachi miró a ambos lados discretamente pero la negación de cabeza de Black le informó que nadie les podía escuchar, a juzgar por el brillo en algunas zonas que se estremecía con el viento. ¿Una barrera de sonido? Solo sus ojos rojos podrían verla y aun así hasta hacía un instante no se había dado cuenta. Sus orbes se posaron en el extraño, entrecerrados, y se preguntó cómo demonios lo había hecho sin que se diera cuenta. ¡Él, que con 13 años ya era un capitán de los anbu!

—Y podría seguir pero lo más obvio de todos es que estás aquí, donde tu hermano ha estado apenas una hora, para comprobar si está vivo o no. Tranquilo, no le he matado. Ni siquiera le hice un pequeño rasguño.

Itachi cogió la pastilla y se la tomó cuando sintió el veneno expandirse, superando su agarre de chakra. Era obvio que Black no le deseaba mal y que tenía la posibilidad de curarle por razones que salían de su entendimiento. Nada más llegar la pastilla a su estómago notó como se liberaban las sustancias, recorriendo las paredes de su maltrecho estómago. Con cada segundo que pasaba podía notar la eficacia de la pastilla y se preguntó qué tipo de cosas no sabría ese hombre.

—Siéntate, voy a curarte esos ojos permanentemente.

Itachi miró fijamente los ojos serios y verdes de aquel que parecía tanto a su mejor amigo y primo y algo dentro de sí se desencadenó. Tanto tiempo había pasado pensando en Shisui que ahora no podía desconfiar de Black. Además, ¿qué podía perder? Para él su vida ya tenía una fecha de caducidad, ¿qué más importaba ahora que después? Se sentó en una roca y observó como Black acercaba sus manos a sus ojos, lentamente, como si fuera un conejo asustado. Su comisura se alzó. Cerró los ojos, desactivando su doujutsu, y pudo sentir una energía tan vasta como la naturaleza entrarle por las cuencas, calmando su dolor como un océano de poder. Esa energía... no era chakra. Así que ese era el secreto de los Black. Una segunda energía, seguramente hereditaria. El consejo de Konoha debía tener la boca hecha agua.

Solo pasaron 5 minutos cuando las manos se apartaron y sus ojos, igual de cegados que antes, miraron con preguntas a Black; quien simplemente sacó un vial cristalino con una sustancia que parecía brillar con luz propia. Cogiéndole un párpado, Black dejó caer una gota en cada ojo. Cuando los abrió, Itachi vio el mundo a la perfección por primera vez en mucho tiempo. No podía creerlo. Miró interrogante los ojos de su salvador pero él negó con la cabeza.

—Y ahora escucha con atención. Yo sé lo que te propones, ¿dejar que tu hermano te mate? Una estupidez, creo yo. El caso es que Tsunade me ha mandado una misión, una que nadie más sabe, por supuesto.

—Llevar a Sasuke a Konoha —Itachi cerró los ojos, sabedor que Black tenía el poder y, si quería, lo haría.

—Muy astuto.

—Sasuke no parará hasta matarme, lo sabes.

—Lo sé, por eso le he dejado ir, pero, ¿te has preguntado que hará si te mata y luego se entera de la verdad?

—No tiene porque enterarse —casi suplicó él en voz alta, a quien fuera que le estuviera escuchando, sintiéndose terriblemente joven. Los ojos esmeralda se tornaron compasivos.

—No te engañes. Habrá alguien ahí fuera que querrá a Sasuke, sobre todo cuando mueras, por ser el último Uchiha. Manipularle será fácil con la verdad y cuando se entere de cómo estuviste obligado a hacerlo...

Itachi cerró los ojos, puesto que no le era difícil imaginar la situación que Black le pintaba. Si Sasuke le mataba y luego descubría cómo el consejo, como Danzo, le engañó para matar al clan... Querría venganza. Ya no bastaría un hermano traidor muerto, sobre todo si resultaba que dicho hermano no lo había hecho por voluntad propia y que se había sacrificado por él. Itachi comprendía cómo funcionaba la mente de Sasuke. La culpa sería de los ancianos, y con razón, pero Sasuke estaba ya demasiado dolido y su muerte, asesinado por él mismo, sería la gota que colmaría el vaso. Sasuke no buscaría venganza solo contra el consejo... sino con todos aquellos que disfrutaron de la paz cuando Sasuke ni él la tuvieron. Contra Konoha.

Cuando Itachi se puso de pie de un salto, acompañado más sosegadamente por Black, él habló. —Solo queda una forma de acabar con esto: tienes que decirle la verdad a Sasuke.

Itachi lo sabía pero, mirando a la nada, no sabía si sería suficientemente fuerte como para ir contra todos sus rigurosos protocolos, saltarse la misión e informar a su hermano de asuntos personales. Él, que había sido siempre el mejor en asuntos ninja, no sabía como comportarse como persona.

—Ten, te dejaré uno de mis cuervos para que contactes conmigo. Simplemente háblale y, cuando lo vuelvas a recibir, mírale a los ojos con tu Sharingan para ver mi mensaje.

Itachi aceptó el precioso cuervo negro con ojos rojos y una anilla plateada en la pata derecha. Cuando dejó de mirarlo, Black ya había desaparecido.

…...

Dumbledore aceptó el plato de Molly Weasley, ahora Margaret Wiley, y escuchó solamente con un oído sus quejas. Habían pasado ya casi 3 años desde el fin de la guerra mágica pero Dumbledore tenía planes, los había tenido siempre. Su mano ennegrecida había sido amputada nada más enterarse de que no podía ser curada y, años más tarde, Severus le había puesto una prótesis muggle, poco tiempo antes de su necesaria muerte. Severus había sido útil pero sin Voldemort un espía odiado por todos no era útil para él. Al contrario que Molly, o al menos lo había sido hasta hacía poco, que tendría que haber enjaulado a Harry Potter con sus pociones.

Aun así, sus planes no habían salido como él había querido. Molly, meses antes de la inminente y previsible batalla, se le había acercado al desván, donde Dumbledore se veía con la matriarca Weasley sin que los demás, salvo Ron y Ginny, lo supieran.

—¡Albus, mi Ron y mi Ginny no pisaran un pie de esa guerra!

—Molly, ¿qué crees que pensaría Harry si no los ve luchando con él, a sus fieles amigos? —preguntó Albus, persuasivo, puesto que tarde o temprano los niños Weasley debían morir.

—¡Ya puedes estar pensando en una alternativa! —Molly salió dando un fuerte portazo, normal en ella, y dejándole solo en el desván con el ghul.

Con el rostro enfurecido, puesto que no le gustaba que le dijesen lo que tenía que hacer, Albus se sentó allí entre los recuerdos de los Weasley para pensar. De hecho, él había querido deshacer de Ron varias veces a lo largo de los años, sobre todo porque si Ginny se hacía con la fortuna de los Potter se verían obligados a compartirla con el benjamín de los Weasley. Un cretino ambicioso y la persona más perezosa y menos merecedora de algo que hubiera conocido jamás. Sin embargo, Ron era importante para mantener a Harry a raya junto con Granger. También había sido importante Percy, quien a sus órdenes había conseguido el trabajo perfecto en el Ministerio del cual Albus obtenía información de Cornelius. Sin embargo Percy tenía una debilidad y esa era Penelope Clearwater, su novia.

Cuando llegó el momento de la batalla final, incluso un par de días antes de lo esperado, Dumbledore ya tenía preparado el mismo cóctel que había usado para falsificar su muerte. Una víctima de imperius y la poción multijugos. Todo se lo debía a Voldemort, por haberle dado la magnífica idea con Bartemius Crouch Jr. Fue una suerte, darles la poción a los Weasley y a Granger, porque Lavander Brown y Lee Jordan resultaron ser asesinados mientras se hacían pasar por Ginny – alguien imprescindible en su plan – y por Percy. Fue tan fácil, usar el momento de la muerte de Fred Weasley para borrarle la memoria a Percy e implantarle otras memorias, para que se negara a cobrar su parte y pedirle matrimonio a su novia, como si estuviera verdaderamente dolido por la muerte de su hermano, que nadie dudó la veracidad de sus deseos.

También fue fácil deshacerse de Granger, sobre todo porque había sido él quien le envió la localización en Australia a los mortífagos para que mataran a sus padres. La herencia y la pena de la muerte de sus padres fue suficiente para apartarla y, por si acaso, Dumbledore la obsequió con unas copias de libros extraños y mágicos para calmarla. Ronald, al igual que a su hermano Fred, fue fácil matarlo, sobre todo porque llevaba semanas envenenándolo, mandándole comidas a Granger y a él en su misión al aire libre – que solamente se comía él, negándose a dejar que Granger la tocara – y, por lo tanto, muriendo a las pocas semanas de la batalla en Hogwarts.

Cuando ya creía que solo quedaban unos pocos días para hacerse con la fortuna Potter, cuando creía que Harry regresaría loco de amor a por Ginny – a quien había pensado hacer que reviviera, de un coma ficticio causado por una extraña maldición – bueno... todo se deshizo entre sus dedos. No solamente Potter no regresó a verlos sino que les envió una carta final, juntamente con una orden judicial, para que todas las cosas que Dumbledore, y otros, habían tomado prestado de la Mansión Potter y de las ruinas de Godric's Hollow fuera regresado y con intereses. ¡Maldito Potter! Durante todo ese tiempo matando a sus contrincantes, también futuros poseedores de su fortuna, y ahora resultaba que lo había descubierto todo desde hacía años.

—¿¡CÓMO, ALBUS!? ¡ESA FORTUNA DEBÍA SER NUESTRA! ¡Y AHORA MIRA: FRED Y RON, MUERTOS, GEORGE DESAPARECIDO Y PERCY NO QUIERE SABER NADA DE NOSOTROS! ¡POR NO HABLAR DE CHARLIE Y BILL CON ESA...ESA FRANCESA DE POCA MONTA!

Albus se negó a hablar puesto que la muerte de los hermanos la había orquestado él y, de haber salido las cosas como él pensaba, Molly habría muerto pocos días después del banquete de bodas y Ginny a los nueve meses, en el parto de un embarazo con pociones que ya tenía preparado. La fortuna habría quedado en manos de Percy, el único que se hablaba con Ginny y los demás, y quien todavía estaba bajo su influjo. Finalmente, la fortuna de los Potter, y por lo tanto de los Black, habría sido suya. Podría cambiar de rostro, retrasar su muerte, y aparecer en otro lugar como un magnánimo mago con todavía largos años de vida y gloria. Pero no...

Sin embargo... todo cambió una tarde en el Callejón Diagón. Hermione y Ginny no habían visto a Harry, como habían pensado, sino a George bajo una poción de adopción. Revisando sus memorias, Albus llegó a varias conclusiones. La primera era que George y Harry vivían juntos allí donde fuera. La segunda era que George estaba enterado de todas sus manipulaciones, y las de Ginny y su familia. Y la tercera y la más importante... todavía podía recuperar su fortuna.

Cuando volvió a recibir una carta de Molly Weasley, quejándose y preguntándole cuales eran sus planes, supo que debía tomar una decisión. Nada más que la fortuna completa de los Potter apaciguaría a Molly y él no estaba dispuesto a que tuviera ni un solo galeón. Así pues, se sentó en su sillón, planeando cómo deshacerse de ella y también de Percy. Quizás tendría que haberlo hecho hacía años, matarlos a todos y manipular únicamente a Ginny Weasley. Estaba tan centrado en sus planes de asesinato que ni siquiera vio como Fawkes, el fénix que había estado tantos años con él para ayudarle a salir de su caos oscuro de deseos lujuriosos de poder, se marchaba en una bola de fuego. Dejándole solo para siempre, dándole por perdido.

Días después Penélope y Percy Weasley morirían en un accidente mágico con un traslador defectuoso, dejando a sus familiares con una tremenda pérdida emocional. Aprovechándose del caos del momento, en el funeral, Dumbledore usaría un hechizo oscuro, uno de su propia invención, indetectable, que provocaría un ataque al corazón a Molly Weasley. Fulminándola en el acto. Tal y como había previsto, la muerte de Molly causaría la ruptura definitiva de la familia.

Bill se mudaría permanentemente a Francia con su nueva familia, Fleur y su par de hijos rubios. Charlie, quien solo había viajado a Reino Unido para ir al funeral de su hermano, regresaría a Romania y no volvería jamás, horrorizado por las pesadillas que su país natal le producía. Arthur dejaría su trabajo y renunciaría a su magia, mudándose a Francia para estar con su primogénito y sus nietos mientras que Ginny, la única Weasley a quien no le importaban los fallecimientos de sus hermanos y su madre, heredaría lo poco que le habían dejado y aceptaría un empleo como profesora de vuelo en Hogwarts.

Albus, viendo la oportunidad perfecta, borró las memorias de Hermione Granger, mandándola lo más lejos posible de su país, y usó el dinero robado de otras tantas personas a las que había manipulado para hacerse con un empleo, con otro rostro y otro nombre, en su querida escuela. Poco a poco Ginny Weasley le fue perteneciendo, con pociones y hechizos, jugando en su tablero de ajedrez, esperando el inminente momento en que Harry Potter apareciera por Reino Unido y uno de sus hechizos oscuros de magia negra detectaran su presencia.


¡Otro capítulo! Solo decir que obviamente Dumbledore, Ginny y los demás no iban a morir tan fácilmente. Harry es inteligente pero NO es omnipotente; él solo sabe lo que experimenta. Para él, que se fue de Reino Unido nada más acabar la batalla, Ginny y los demás que vio morir están muertos; lo mismo le pasa a Andrómeda, que se quedó en casa solamente enterarse de la muerte de su marido ANTES de la batalla de Hogwarts, cuidando del recién nacido Teddy. Para George, que fue al entierro de Fred, y vio que Ginny y Percy se recuperaron de una "maldición", no le sorprende encontrárselos vivos. Andrómeda y Harry NO saben que Ginny, Percy y Dumbledore están vivos porque George cerró el capítulo de su anterior vida sin tan siquiera hablar de ellos.

Por todo lo demás, me gusta dejar algo de hilo a las tramas para sorprender pero Dumbledore es uno de los antagonistas de esta historia, al menos en el mundo exterior.

Blackcirce