Disclaimer: Y aunque HP-Lexicon y JK sigan en guerra... los personajes le siguen perteneciendo xD


Cáp. 7: Hogsmeade

Hermione se apoyó en la pared, en un rincón oscuro mientras veía a una Hufflepuff de tercero entrar al salón sin si quiera mirarle.

Sentía como la rabia recorría su cuerpo mediante sus venas. ¿Cómo se le había ocurrido a Malfoy acercarle una araña?

Se estremeció con solo recordarlo. Pocos sabían de su fobia a las arañas, que era igual o peor a la de Ron… por suerte ella no había tenido que ir a ver a Aragog en segundo curso. De seguro no lo habría soportado. Se le hacía tan terrorífico como reprobar un examen, pero tenerle miedo a las arañas si que era irracional… porque¿Quién no le tendría terror a reprobar un examen?. Harry y Ron probablemente ni lo pensaban, pues cada vez que veían un insignificante arácnido – o a veces no tan insignificante – Ron se encargaba de alejarlos rápido, y ella lo agradecía.

Se alejó un poco del muro, asustada aún, sintiendo picazón en todo su cuerpo por solo pensar en arañas. Lanzó un resoplido, no tenía ánimos para estar ahí. Miró la puerta cerrada unos segundos. Se giró sobre sus talones y salió del pasillo.

"No creo que me necesiten realmente" pensó molesta y se fue, más molesta aún. No tenía deseos de ver a Malfoy ni de hacerle favores en ese momento.

Cenó con sus amigos y luego se fue a dormir. Tres horas la habían dejado tan cansada como una maratón.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Esa mañana gris del día sábado, Hermione despertó con el ruido del revuelo que siempre producía una salida a Hogsmeade. Todos iban de aquí para allá, buscando la ropa adecuada, pasándose listas con encargos entre ellos, mientras todos los alumnos de primero y segundo año les miraban con envidia.

Bajó a desayunar al encontrarse con Harry y Ron en la sala común.

-Necesito comprar alimento para Pig – decía el pelirrojo despreocupado.

-Yo también para Hedwig, no le gusta mucho la que hay en la lechucería y aquí no siempre hay ratones – comentó Harry.

-Yo necesito una pluma, pergamino y más tinta – agregó Hermione ya en la mesa, mientras se servía un poco de huevo y tocinos.

El desayuno pasó rápido y pronto estuvieron en las filas de revisión del celador. Era la costumbre antes de permitir salir a cada uno, para verificar que no llevaran nada que pudiera causar estragos. Aunque realmente nunca había servido, siempre se habían colado todo tipo de cosas ante las mismas narices de Filch.

-¡Deje mi dinero en la sala común! – exclamó Hermione dándose un leve golpe en la frente. – Adelántense, yo voy por él y nos vemos allá.

Asintieron y la Gryffindor partió su carrera, escaleras arriba, intentando apurarse para lograr alcanzar a sus amigos o a Ginny que siempre iba tarde.

Al doblar el pasillo en el que estaba el retrato de la dama gorda, algo – o alguien – la atrajo hacia las sombras de pronto. La castaña logró ahogar un grito cuando se dio cuenta de quien la tomaba.

Draco Malfoy.

-¿Qué demonios haces aquí y… y que demonios haces? – dijo ella sorprendida y asustada.

-Vengo a cobrar parte de tu deuda – respondió él.

-Oh, no, hoy no puedo cuidar la maldita puerta, debo ir a Hogsmeade a comprar cosas – exclamó Hermione desganada.

-No quiero que cuides la puerta, es precisamente eso lo que quiero que hagas… que me acompañes a Hogsmeade. – dijo él, indiferente.

Ambos se quedaron en silencio unos segundos, sosteniéndose la mirada. Aunque Malfoy mantenía una expresión indiferente y Hermione estaba desfigurada ante lo oído.

-¿Qué? – logró articular la castaña luego de percatarse que nada tenía sentido.

-No quiero que Pansy vaya tras de mi todo el día. Solo te necesito dos horas. Seré amable, lo prometo – dijo el rubio en voz baja y Hermione pudo notar un dejo de desesperación en su fría voz.

-¿Estás loco? Aunque fueras un amor de persona, cosa que sé que no ocurrirá¿Qué crees que pensarían todos al vernos juntos en el pueblo? – preguntó ella, intentando imaginar que Malfoy no era tan estúpido como para olvidar ese detalle.

El slytherin, escudriñó entre los pliegues de su túnica hasta encontrar un pequeño frasquito, que contenía un líquido bastante espeso y de mal aspecto. Hermione lo miró unos segundos, antes de descubrir lo que era. Poción Multijugos.

-¿Por qué no le pediste a la chica en la que tendría que transformarme entonces? – preguntó confusa.

-No es de Hogwarts, es de mi vecina, que va a Beauxbatons. Tiene mi edad. – explicó él.

-No, Malfoy, en realidad no…

-Te lo estoy pidiendo por favor – forzó Draco y un brillo suplicante destelló en sus ojos. Realmente debía estar desesperado. – prometo ser más agradable y no tendrás que cuidar la puerta. Nunca más.

Hermione inspiró y espiró un par de veces. Aceptaría de todas formas, simplemente intentaba hacerse de rogar un poco más. Solo para hacerlo sufrir.

-Voy a buscar mi dinero a la sala común, espera aquí – dijo como toda respuesta.

-No es necesario, tengo dinero, compraré lo que quieras si me ayudas esta vez.

-No es necesario – repuso incomoda.

-Es que debemos irnos ya, antes que Pansy comience con su estúpida búsqueda. – exclamó Draco molesto.

Caminaron de vuelta hacia el vestíbulo, a un par de metros de distancia, por si alguien pasaba cerca. Hermione se detuvo en un baño de chicas y entró para tomarse la poción. Un minuto más tarde salía una chica de cabello negro azulado, largo y liso; de ojos color miel un tanto más oscuros que los de la propia Hermione y tan pálida como el rubio.

-Vamos – dijo Malfoy empujándola levemente por la espalda – tendremos que ir corriendo, no eres del colegio, no puedes ir en los coches.

-Si… genial – murmuró, hastiada.

Corrieron y avanzaron rápido en silencio, intermitentemente hasta llegar al pueblo donde una multitud de jóvenes de distintas edades iban de aquí para allá.

Muchas de las chicas que Hermione había visto entrar al salón con Malfoy se volteaban para lanzarle miradas hostiles. Ella simplemente las ignoraba.

-Así que Pansy puede llegar a ser molesta¿verdad? – se burló Hermione en voz baja. Aún estaba molesta por lo del día anterior, pero le molestaban los prolongados silencios con él. Los músculos del rostro de Draco se tensaron por unos momentos, pero luego recordó su promesa de ser más agradable. Realmente podía serlo cuando estaba en plan de conquista, pero le costaba olvidar que hablaba con Granger.

-La verdad que si, incluso más que una Gryffindor que conozco yo, y eso ya es decir demasiado – se burló él a su vez con esa sonrisa despampanante que tenía.

-Ja, ja – dijo sarcásticamente la chica.

-¿Qué ocurre Briseida? – replicó Malfoy poniendo énfasis en el nombre.

-¿Briseida? – preguntó la, ahora, morena. Draco asintió sonriéndole.

-¿Qué es lo que necesitabas? – preguntó mirando las vitrinas junto a las que pasaban.

-No te preocupes, luego iré a buscar mi dinero y lo compraré yo.

-No, ya te he dicho, que yo lo compraré – espetó Malfoy más brusco de lo que pretendía. – Di de una vez lo que necesitabas.

-Una pluma, tinta y pergaminos – suspiró resignada mirando el suelo para evitar que notara su pequeño rubor. ¿Porqué se lo tenía que comprar él¿Por qué tenía que pasarle esto a ella?

-¿Que más podría ser? –Preguntó sarcásticamente y luego de un segundo agregó - no mires al suelo, no salgo con gente así – le reprendió el chico – vamos ahí esta la tienda.

-¡¡DRACO!! – se escuchó entre la multitud de jóvenes. Era Pansy, que se quedó con expresión horrorizada, igual que la que Hermione se apuró en cambiar, cuando Draco apoyó suavemente su mano en su cintura para entrar en la tienda.

-Suéltame ya – susurró cuando ya estaban dentro y el chico sonrió.

-¿Te pongo nerviosa? – preguntó mientras la media sonrisa se acentuaba en su rostro.

-Si, pero no por los motivos que te gustaría – exclamó ella. Draco rió.

Miraron en silencio un par de minutos entre las estanterías y vitrinas del lugar.

Malfoy se acercó al mostrador, donde una mujer bastante mayor y de pelo blanco, se encontraba.

-Quiero esa pluma – pidió el chico apuntando una hermosa pluma de fénix dorada que estaba en exhibición. Hermione le miró sorprendida. "Seguro se la está comprando para él, es muy cara" pensó para tranquilizarse mientras buscaba alguna tinta. – Para regalo – puntualizó el chico.

-Claro, señor – respondió la mujer, bastante contenta por la compra.

-También quiero ese paquete con tintas de varios colores – apuntó el chico una cajita que estaba sobre un estante, en la que se veían cuatro tinteros. Verde, Rojo, Azul y Negro, de secado rápido. – Y dos metros de pergamino – dijo, luego se volteó a mirar a la chica – no, mejor déme cinco metros, no sabe como es ella. – y una sonrisa maliciosa se dibujo en su rostro.

La mujer le empaquetó todo con papel de un lindo tono verde esmeralda y Malfoy pagó como si nada, todo el dinero que había gastado en esas tres cosas.

Se volteó hacia Hermione.

-Aquí tienes tus compras – dijo extendiéndole la bolsa que contenía sus regalos.

-No tenías para que comprar todo lo caro, ahora me quedaré sin dinero cuando te lo devuelva – refunfuñó la chica.

-Oh, no tienes que devolverlo, es un… regalo – exclamó a falta de mejor termino y se encogió de hombros. – Ahora debes acompañarme al salón de té.

-¿QUÉ? – gritó Hermione abriendo exageradamente los ojos. No podía ser el salón de té que creía

-Es que Pansy debe vernos ahí, así no nos seguirá todo el día y podrás irte cuando pase el efecto de la poción – comentó aburrido el chico.

-¿Al salón de Madame Tudipié? – preguntó mientras tragaba saliva sonoramente. Draco asintió y la empujó hacia el exterior de la tienda.

-Toma – dijo de pronto tendiéndole su capa de viaje.

-No tengo frío – mintió la chica.

-No es eso. Llevas puesta esa ropa, y cuando vuelvas a ser tú, todos, o al menos las personas que no deben, se darán cuenta de que estuviste conmigo. Cúbrete la ropa con esto. – Hermione entendió y se colocó la capa.

En el momento en que la tela tocó su hombro, el olor que aún recordaba – aunque le costara admitirlo - la llenó completamente. Ese olor tan varonil, fresco y… apetecible. Sacudió su cabeza y sintió un leve calor en sus mejillas al pensar eso, era como traicionarse a si misma con solo pensarlo. Hermione caminaba por inercia inserta en sus pensamientos, hasta que de pronto, sintió una mano apoyada en su cadera y el cuerpo del rubio pegado al suyo.

¿Le estaba llevando por la calle tomada de la cadera¿Qué tipo de coherencia podía tener eso? La situación se estaba tornando tan irreal, y lo que más le molestaba era el ponerse colorada ante el contacto del chico.

-¿Qué haces? – preguntó Hermione ahogadamente, intentando alejarse, pero con otro movimiento, Malfoy la apegó a él firmemente.

-Zabini esta cerca, si no piensa que estoy en una cita real – recalcó el chico – podría venir y comenzar a hablarnos.

La castaña asintió en silencio. ¿Hasta que punto sería capaz de llegar Malfoy por hacer que esa pareciera un cita real? Se estremeció como toda respuesta a su pregunta, y Malfoy sonrió al sentirla así.

Entraron en un pequeño salón, lleno de mesas para dos, de las que colgaban encintados color rosa adornando el blanco mantel y todo cuanto había sobre ellas tenía forma de corazón.

Hermione miró horrorizada como la mayoría de las parejas se tomaban de la mano y las que no, estaban ocupadas besándose - o más bien dicho - comiéndose en publico.

Ella jamás podría hacer eso. "Me muero si alguien me viera besándome con alguien así" pensó la castaña avergonzada de solo imaginarlo.

Madame Tudipié llegó hasta ellos, con una sonrisa y los guió – por suerte – a la mesa más apartada de la multitud que ahí se aglomeraba. Estaban junto a la pared donde un enorme cuadro de cupido de botas rosas saludaba a la gente y lanzaba flechitas de corazón.

-Dos cappuccinos – dijo Malfoy hacia la señora.

-¿Con galletitas? – preguntó ella sonriendo. Draco miró a Hermione que aún parecía horrorizada con el espectáculo que daban las parejas.

-Ehhh… este… si, esta bien – respondió finalmente.

Hermione reaccionó finalmente, aunque no estaba segura de si fuese mejor o peor. Estaba sentada junto a Malfoy en el salón de té de Madame Tudipié. Tal vez era mejor seguir en shok mirando a los jóvenes en sus amoríos. ¿Qué se supone que harían ahora?

-¿Cuánto tiempo estaremos aquí? – preguntó mirándole insegura.

-Vaya, a penas y nos sentamos y ya te quieres ir, que educación la tuya, Briseida – exclamó Draco en tono burlón – estaremos menos de dos horas… - finalizó con una sonrisa.

-Oh – fue lo único que se le vino a la mente.

En ese instante llegó la mujer regordeta con dos cafés, un plato con galletitas y una rosa.

-Para su novia – le dijo entregándole la flor a Malfoy y luego retirarse satisfecha por su acción.

Draco se quedó con la rosa en las manos, mirándola como si fuese un bicho raro o algo a punto de explotar.

-Toma – dijo posando la rosa junto a la mano de la supuesta Briseida – supongo que es para ti, no creo que me haya regalado a mi una flor – dijo de mala gana. Hermione asintió en silencio, pero no tomó la flor. – Come algunas galletas, te harán bien – murmuró Draco después de unos minutos en silencio. Hermione volvió a asentir, mientras tomaba una galleta y se la llevaba a la boca automáticamente.

Draco alzó una ceja impaciente.

-Es ahora cuando deberías querer hablar, aunque fuesen tonterías como el otro día en el salón.

-El otro día iba a estar tres horas contigo, y fue porque yo lo decidí. Esto lo hago simplemente para no tener que hacerte mas favores, no tengo porque buscar temas de conversación – dijo muy seria ella.

-Y además, y sabemos que eres un asco buscándolos – espetó el rubio, mientras se recordaba a si mismo ser amable. – estoy intentando ser paciente y cortés, no me hagas esto más difícil, que perfectamente puedo lanzarte un imperius y todo sería más fácil.

Hermione abrió los ojos desmesuradamente a la vez que su boca también se abría.

-No serías capaz, es una maldición imperdonable… el ministerio no lo permite – alegó ella.

-No me desafíes, que no hay nada mejor que demostrar que si puedo hacerlo.

-Yo le contaría a Dumbledore, o al ministro. – amenazó.

-¿Y como explicarías que llegaste hasta aquí por propia voluntad? Además, me tiene sin cuidado lo que piensen ellos. – Malfoy se encogió de hombros, mientras una sonrisa seductora se dibujaba en sus labios. Hermione sabía que lo hacía para disimular la conversación – algo tensa – a ojos de los demás, pero no pudo evitar parpadear un par de veces ante el deslumbre de esos dientes blancos que enseñaba el chico.

-Esta bien – murmuró a regañadientes, luego de pensárselo un momento.- no estas siendo muy amable¿lo sabías?

-No me lo estás permitiendo – dijo Malfoy indiferente.

-Te lo permito ahora – replicó la castaña alzando el rostro altiva.

-Oh, muchas gracias, creo que ahora podré ser feliz – respondió sarcástico el rubio.

-Sigues sin serlo – le recordó.

-Vale… ¿te han gustado las galletas? – preguntó sorbiendo un poco de su café.

-Están muy buenas, te han quedado deliciosas, cocinas de maravilla – se burló Hermione. Draco la miró unos segundos con una sonrisa torcida en el rostro y luego una leve risa se escapó de entre sus labios. Deslumbrante. No había más palabras.

-Ya sabes, receta familiar – dijo él continuando la broma. Se quedaron en silencio unos minutos más y luego agregó - ¿Qué demonios pensarían al adornar este lugar? Ese cuadro es horrible… - murmuró.

Hermione alzó la vista para mirarle detenidamente. Concordaba con Malfoy, toda la decoración del lugar era demasiado… amorosa. Muy pomposa y cargada, sin agregar lo ridícula que le parecía.

-La verdad es que si lo es… es tan… po…- comenzó Hermione.

-Pomposa – terminó Draco, y ella se sorprendió. Habían pensado en la misma extraña palabra para describir eso… Pero no le dio más importancia, probablemente él no hubiese reparado en eso.

-No se como es que a todas las chicas les gusta venir aquí.

-A mi no me parece un lugar agradable, y soy chica – comentó Hermione alzando una ceja.

-Tú prefieres una cita romántica en la biblioteca a la luz de una vela hecha de la hoja de un libro¿no? – se burló Draco

-Al menos es mejor que esto. – respondió señalando el lugar con el índice.

-No estoy tan seguro.

-Al menos no dan ese espectáculo a tu alrededor – dijo en voz baja apuntando levemente con la cabeza hacia el resto de las parejas presentes.

-Oh, es eso lo que te asusta, mucha pasión para la santurrona de Gr… Briseida – se corrigió antes de pronunciar el apellido de la castaña.

-No soy una santurrona, solo que prefiero hacer ese tipo de cosas en privado – mintió para no quedar en evidencia.

-Vaya, entonces disfrutas de lo bueno – se rió Malfoy con una sonrisa picara en el rostro.

-No seas grosero – respondió Hermione ruborizándose notoriamente – no me refería a eso. - miró unos segundos hacia otro lugar y su cara se tensó - Pansy… - murmuró al ver por la ventana.

Draco siguió la dirección en que la chica miraba y pudo reconocer a Parkinson arrastrando a Zabini hacia el salón de té. Estaban a punto de entrar. Apretó la mandíbula, no contaba con que Pansy fuese a espiarlos al mismísimo salón de té, y se insultó a si mismo por no haberlo pensado. Esa loca era capaz de cualquier cosa.

-Bien – dijo como aceptando un reto y con un movimiento rápido tomó entre sus frías manos, la pálida mano de Hermione que dio un respingo asustada. – es hora de comenzar a actuar – sonrió.

Pudo sentir como la mano de Hermione temblaba levemente ante su contacto y lo disfrutó – a su pesar – y decidió que también eso podría ser divertido. Entrelazó sus dedos con los de la chica, aprisionando así su mano.

-¿Es necesario tanto…contacto? – preguntó ella, con voz estrangulada.

-Claro que si¿crees que a mis citas las tomo con pinzas o qué? – respondió alzando una ceja incrédulo.

-Vale, vale… - respondió mientras ese rostro tan pálido se ruborizaba.

-Podrías intentar ser menos obvia – comentó el chico mirando la mano de Hermione – podrías al menos dejar de tener los dedos estirados como piedra ¿no?

Y suavemente los dedos de la chica se posaron sobre la fría del rubio. En ese momento una pequeña campanilla indicó que la puerta de la tienda se abría y una furiosa Pansy arrastró a Zabini hasta la mesa desocupada más cercana hecha una fiera.

Malfoy acercó su rostro al de Hermione, que se quedó de piedra en un segundo mirándole con inseguridad.

-No te espantes, solo estoy coqueteándote, no pretendo besarte – le dijo con una sonrisa sexy en los labios. La chica sintió como le volvía el alma al cuerpo antes de esbozar una tímida mueca, que simulaba una sonrisa.

Draco se debatía en su fuero interno. Nunca había "salido", por llamarlo así, con una chica tan inocente y tímida. Le sorprendía darse cuenta de lo agradable que le parecía el pequeño temblor constante y nervioso de la mano de la chica. También le producía algo que no sabía describir el hecho de que la aparente Briseida se ruborizara cada dos por tres por cosas tan simples – aunque eficaces – como una de sus sonrisas. Y lo más extraño era que aunque en aspecto físico era alguien completamente distinto, podía reconocer a la Hermione Granger en cada movimiento, en cada gesto, en cada palabra y cada actitud.

Al menos no se lo estaba pasando tan mal, al menos se divertía.

Se escuchó un bufido, que perfectamente podría haber provenido de un toro furioso, pero era de algo peor… Pansy celosa. Hermione se acomodó en su asiento incomoda por la situación. La slytherin miraba descaradamente a Draco y éste parecía no notarle.

-No te pongas nerviosa, siempre hace lo mismo, intentará hablarte, pero no si quiera le tomes en cuenta – susurró Draco con la mirada fija y penetrante en los de Hermione, mientras se acercaba un poco más a su rostro y ella tragaba saliva.

-¡Draco¡Que sorpresa que estés aquí con… esta simpática chica! – dijo Pansy de pronto en un tono que hasta un sordo habría notado la falsedad y el odio del que estaban cargados. El rubio se giró sin alejarse un centímetro del rostro de "su cita", fulminó a la chica con la mirada y sin decir palabra volvió a girarse hacia Hermione.

-Ya te dije que intentará hablarte, simplemente ignórala – le indicó el rubio en voz muy baja y con otra de sus sonrisas arrebatadoras, disimulando a la perfección, mientras otro bufido se escuchaba unas mesas más allá.

-¿Quién eres tu? No eres de Hogwarts¿en que colegio vas, porque vas aun al colegio, verdad? – murmuró Pansy inclinándose hacia la mesa de ellos en un tono falsamente agradable.

Hermione que le sostenía la mirada a Malfoy nerviosa y expectante, con una sonrisa nerviosa mal disimulada, decidió que tenía que hacer bien su trabajo. No iba a pasarse toda nerviosa la estancia en el estúpido salón de té, ella no era así. Y suponía que la persona que aparentaba ser tampoco.

Parpadeó un par de veces y luego giró la vista hacia Pansy, mientras alzaba una ceja. Su rostro altivo y la mueca de desprecio no tenían nada que envidiarle a la del propio Draco Malfoy. Sostuvo la mirada fija en los ojos oscuros de Parkinson y luego, con la misma mueca de superioridad se giró otra vez hacia Malfoy, que la miraba impactado sin poder esconder su sorpresa ante la actitud de la sabelotodo.

Y es que a pesar de que su visión mostraba a una chica completamente diferente, él no podía dejar de ver a Hermione plasmada en cada milímetro de su cuerpo. Ella sonrió, complacida por el asombro del chico.

-¿Quién es esa? – preguntó un poco más alto que un susurro, solo para que Pansy pudiera oírla, con voz dulce y provocativa que era poco usual en ella.

-Es… ehh, Pansy – tartamudeó Draco para sorpresa de todos, tosió levemente para aclararse la garganta y luego agregó en tono más seguro – no te preocupes por ella, es solo una compañera.

-¿Es que no me escuchas? – insistió Pansy, ahora sin disimular su enfado.

Hermione nuevamente, haciendo acopio de todos sus dotes de actriz hasta ahora desconocidos, giró la cabeza hacia la serpiente que le faltaba poco para echar humo por sus oídos.

-¿No sabes donde estamos¿O eres muy tonta como para notarlo¿No sabes que aquí vienen parejas – dijo poniendo énfasis en la última palabra – a pasar un rato a solas sin ser interrumpidos por gente imprudente como tu?

Pansy abrió la boca para responder, pero a su cerebro no llegó nada digno de ser dicho, incluso en su opinión. Hermione alzó una ceja frunciendo los labios, lo que daba a su expresión un matiz que asustaría a cualquiera. Por suerte Briseida tenía un rostro así, porque de seguro a ella no le resultaba.

-Ahora lo sabes – dijo y para finalizar agregó – anótalo, así no se te olvida.

Se giró hacia Draco con una sonrisa que pretendía ser encantadora, pero más que eso, era tan deslumbrante como la del chico. Malfoy sonrió con satisfacción al sentir nuevamente sus ojos fijos en los miel oscuro de la chica que parecía satisfecha de si misma.

-Perfecto – murmuró el rubio en silencio con una sonrisa torcida – creo que es hora de ir a un lugar más privado.

Ambos escucharon un gritito ahogado por parte de Pansy, mientras Draco dejaba dinero de sobra sobre la mesa y tomaba la mano de Hermione para salir del lugar, que agarró la bolsa con sus regalos rápidamente, pero antes de salir ella quería cerrar su actuación con broche de oro. Detuvo con un pequeño tirón al rubio, que se volteó confundido. Hermione miraba con falsa dulzura a la slytherin.

-Bueno, nos vemos… ehh… ¿Cómo dijiste que te llamabas?... – hizo gesto de pensar, pero luego agregó - …como si eso importara, adiós – saludó con la mano en la que sostenía los regalos y después se volteó hacia el rubio sonriendo maliciosamente, mientras él aguantaba la risa al ver el rostro furioso de Pansy.

Salieron del lugar tomados de la mano, y ambos con la frente en alto, acaparando varias de las miradas de las personas que había en el lugar. Dejando a un Zabini aburrido y a una Pansy al borde del colapso nervioso.

Se alejaron rápidamente del lugar, y a penas perdieron de vista el salón de té, se soltaron como si sus manos se repelieran como imanes de igual carga. Ambos evitaron mirarse por unos momentos, pero Draco volvió en si.

-Vaya Granger, tenías escondida esa faceta, no eres tan santurrona como lo imaginé – exclamó divertido.

-Yo tampoco lo sabía, para ser honesta – rió ella, olvidando por un momento con quien hablaba.

Luego una expresión de desconcierto apareció en el rostro del Draco.

-Tu cabello… se vuelve… castaño – dijo mirando hacia todos lados. Tomó la mano de la chica y comenzó a correr en dirección al bosque, pasando rápidamente junto a muchos de los alumnos de Hogwarts, mientras Hermione se cubría como podía.

-No llegamos hace más de dos horas¿Por qué duró tan poco? – preguntó ella confundida, ya a salvo de las miradas curiosas resguardada en un claro del pequeño bosque que había junto al pueblo.

-Tal ves desde que te tomaste la poción hasta ahora si transcurrieron dos horas – comentó Malfoy con la mirada perdida entre los árboles, vigilando que nadie se acercara.

Unos minutos más tarde Hermione ya había vuelto a su forma normal. Su pelo castaño, no tan largo como el de la verdadera Briseida, unos centímetros más baja y con los ojos brillantes y más claros.

-Bueno, ya cumpliste con tu parte, creo que no te pediré nada más – dijo Draco evitando su mirada. Hermione sintió una extraña sensación en el estomago, pero no quiso pensar en eso.

-¿Creo? – preguntó escéptica.

-Bueno, alguno que otro favor puede ser, yo solo prometí que no cuidarías más la puerta – argumentó el chico, con aires de suficiencia.

-Pues para mi esto ya es deuda saldada, así que ahora me voy al castillo – dijo ella desabotonando la capa.

-Yo también voy, no quiero encontrarme con Pansy ahora… - comentó molesto de solo imaginarlo.

Hermione asintió y le pasó la capa. Al ponérsela se sintió invadido por el olor a caramelo y miel de la chica que había quedado impregnado en la prenda y aunque fue casi imperceptible un escalofrío recorrió su cuerpo.

Caminaron en silencio, y teniendo cuidado de mantener una distancia apropiada por si se encontraban con alguien en el camino, pero no fue así.

Al llegar a la puerta del castillo, se miraron en silencio.

-Al menos ya no tengo que aparentar ser amable contigo – dijo Malfoy aliviado. Y el ceño de Hermione se frunció.

-Por suerte resulté mejor actriz que tu, porque siendo amable… dejas mucho que desear – espetó ácidamente Hermione antes de voltearse y subir por las escaleras que conducían hacia su torre.


Hola mi gente! Bueno, lamento la tardanza, pero es que he estado muriendo toda la semana, tengo heridas en los pies por el zapateo americano, y los musculos hechos piedra por el Jazz y las elongaciones xD y llego a mi casa simplemente a dormir.

Aunque cada día he intentado avanzar un poquito, pero hoy despues de una gran siesta ya he llegado al final de este cap. :)
¿Que les ha parecido¿ah?

Bueno, primero que todo, quiero aclarar que lo de la aracnofobia de Hermione, es simplemente una caracteristica de mi cosecha que quise darle, (que esta basada al 100 en mi, porque les tengo terror a esos bichitos) y bueno, sirve de pretexto para acercarse a Draco, no? asi que aunque yo no sufriera de mi fobia, aparentaria tenerla solo para acercarme a él xD. ¿ustedes no?
Es que además, son taaaaaaan horribles las arañas, que cualquier ser humano puede tenerles miedo xD. Tengo que defenderme.

Ahora: Saludos!

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Ya saben! Un cap con reviews es un cap feliz :D

Rominitap Moon