Disclaimer: Naruto y Harry Potter no son míos
Capítulo 7 - El regreso
Hinata miró el techo de su habitación con la mente en blanco, pergamino en mano. Todavía recordaba la tortura que sus ojos blancos vieron hacía solo un par de días. El viaje de vuelta, con un Eridanus dormido en brazos pero sin signos de violencia, fue silencioso. Kurenai tenía el rostro enfermizo, a pesar de haber visto incontables muertes, y Kiba parecía más abrumado de lo normal. Era curioso que solo Shino y ella hubieran podido mantener un semblante firme, aunque por motivos distintos. Para Hinata, que conocía a Shino, comprendía que él era más racional que emotivo – a pesar de que Shino era alguien muy sentimental en el fondo – así que podía comprender porqué Turais se había vengado ya que él mismo hubiera hecho igual de haber sido secuestrado un miembro de su clan. Hinata, por otro lado, se sentía conmocionada porque incluso cuando vio la tortura su primer pensamiento fue que deseaba que Kabuto sintiera el dolor que pensaba hacer sentir a Eridanus, y al clan Black.
La ponía nerviosa darse cuenta que estaba cambiado, mucho, y que incluso su padre – el que no le prestaba a penas atención – se encontraba mirándola como sorprendido de vez en cuando. Primero cesó totalmente su tartamudeo, ya ni siquiera tartamudeaba cuando su padre la regañaba; para empezar porque sabía que dijera lo que dijera su padre encontraría una falta en sus palabras y porque, sinceramente, ya le daba igual. Estaba harta de ser una mártir. Ella, que había querido luchar contra su destino, se había amedrentado frente a su propio padre. ¿Cómo iba a conseguir nada si ni en su propia casa se sentía a gusto? Después, empezó a levantar la cabeza, mirando a los ojos a aquellos que la hablaban, sin miedo, sus dedos ya no se encontraban en un tic nervioso y su espalda ya no estaba encogida.
Era curioso que, mientras antes medía cada gesto y cada palabra, ahora ya no le importaba cómo se sintieran los demás. Estaba cansada de perder el tiempo en intentar cambiar cómo los demás la veían. Ella quería verse a sí misma tal y como era, como una persona fuerte. Ahora ya no se tapaba con los abrigos grandes y pesados que la hacían sentirse segura, esos que le daban esa falsa seguridad y que siempre la decepcionaban cuando se sentía dolida. Ahora llevaba sus piratas a juego con un jersey oscuro apretado pero flexible de malla, de manga larga, bajo el cual llevaba su top blanco de siempre que sujetaba con firmeza sus pechos, y un chaleco azul marino con capucha – que podría servirle para esconder su rostro, y sus característicos ojos, en caso de necesidad. Incluso sus sandalias ninja se habían visto reemplazadas por unas botas femeninas como las que Turais llevaba, después de hacerle ver de cuántas formas podía cortarle los dedos y desangrarla lentamente en una lucha sin descanso.
Neji, con quien entrenaba cada mañana nada más despertarse y desayunar, había notado las diferencias en sus peleas. Si antes Neji conseguía ganarla 10 veces de 10, o empatar 7 veces de 10 peleas, ahora Hinata era capaz de ganar 4 de cada 10 combates luchados. Algo insólito que hizo que muchos pararan a verlos por los pasillos, mientras peleaban en el centro del patio. Para ella, una chunin, pelear con un jonin y ganar aunque fuera un combate era todo un éxito. Si quería ascender de rango tendría que empatar con su primo y luchar con su padre hasta hacer que retrocediera. Y todo se lo debía a Turais.
De hecho su taijutsu no era lo único que había mejorado. Las recetas que Turais le había dado para que para que practicara habían sido una bendición. Afortunadamente, a Hinata le encantaba hacer cosas con las manos, y si aquello que hacía podía beneficiarla en una misión mejor que mejor. El hecho de que pudiera hacer cremas cicatrizantes o antisépticas era un sueño hecho realidad ya que ocupaban poco espacio y eran fáciles de hacer; algo que pocos ninjas se rebajaban a aprender. Hinata nunca se habría imaginado que pudiera usar las plantas de su propio jardín para hacer una pomada – casi milagrosamente efectiva – contra las quemaduras, incluso con las de segundo y tercer grado.
Lo mejor que Turais le había dado, sin duda alguna, era el cuarto pergamino, después de examinar la efectividad de sus primeras cremas y lociones y declararla con un don para hacer mejunjes. La receta en cuestión era un colirio que, después de plantearse por qué le había dado semejante receta, se dio cuenta que era expresamente para ella. O más bien, para sus ojos. Con un sonrojo en el rostro y un sentimiento profundo de agradecimiento mezclado con algo que no supo identificar, se puso una gota en cada ojo tal y como le indicaban las instrucciones. Impresionada, se encontró viéndolo todo de forma más nítida y, al mirarse al espejo, sus ojos blancos estaban refulgentes. Después de usarlo en una de sus misiones, con el Byakugan cansado y los ojos irritados, solo ponerse el colirio en sus ojos notó una sensación refrescante que calmó sus ojos notablemente, tanto como para poder usarlos de nuevo durante un par de horas. La única contra indicación era que no podía usarlo más de una vez cada 2 horas, algo que le parecía perfecto.
Como Hinata sabía que a Turais le parecía mejor dejar que averiguara sus instrucciones por sí misma, dejar que pensara y racionalizara sus, a veces, incomprensibles decisiones, supo que la loción y el champú-gel de olor debían ser algo también especial para ella. Nada más ver a Kiba entendió realmente qué le pasaba por la cabeza a Turais. ¿La habría olido? ¿Sabría Turais cuál era su aroma corporal? Con un sonrojo aun más furioso, se dio cuenta de que no era solo vergüenza lo que sentía sino... excitación. Se encontró temblando en su silla, el solo hecho de que un hombre supiera su olor la dejó estupefacta. Pero eso no era todo, lo que más le importaba era que Turais era quien había estado tan cerca de ella como para reconocerla por su aroma simplemente. El hombre no era un genio por nada.
Solo tuvo que probar su nuevo jabón y rociarse con la loción para averiguar que ni siquiera Akamaru había sido capaz de detectarla la mañana siguiente antes del entrenamiento. El hecho de que su compañero, quien se regía por el olfato, no pudiera seguirla ya que no olía a nada – según Turais la receta lo que hacía era contrarestar el olor de la persona mediante una inhibición de hormonas y otras moléculas que producían el aroma, incluso los mismos microorganismos del cuerpo – había sido una gran ventaja para Hinata, cuya flexibilidad y velocidad le permitía cambiar de posición en un instante y atacar a Kiba sin que él descubriera su escondite. Había sido divertido distraer a Kiba para que no le preguntara cómo lo había hecho para superar a su genial nariz. Lo cierto era que Hinata no podía traicionar la confianza de Turais, que estaba haciendo tanto para ayudarla, y tampoco quería decir cómo lo había hecho.
Intranquila, dejó el pergamino que estaba leyendo sobre una loción capaz de teñir el cabello durante unas cuantas semanas, algo que Hinata no pensaba que hubiera sido posible con meras plantas del bosque, y se dedicó a mirar por la ventana de su cuarto, que daba al patio exterior del complejo. Lo cierto es que durante todo ese tiempo que había estado pensando en cómo recolectar las plantas había estado pensando en Turais Black. Ese hombre la tenía consumida, había hecho tanto por ella y, sin embargo, ella había hecho tan poco por él. Se levantó de un salto cuando se dio cuenta que ni siquiera había ido a preguntar si Eridanus Black estaba bien. Enterró las manos en la cabeza y respiró profundamente.
Algo dentro de sí había cambiado. Ya no se sentía una niña pequeña y no sabía porqué, y eso la asustaba. Tenía sentimientos muy adultos y a penas tenía 15 años. Quizás hasta ahora se había aferrado a una infancia que había perdido de un día para otro, con la muerte de su madre, la de su tío y el odio creciente de su primo... ¿Había estado engañándose a sí misma por qué quería que las cosas fueran como antaño? En parte, ahora que lo pensaba sí que era cierto. Incluso su enamoramiento de Naruto había empezado antes de la muerte de su madre. ¿Será que... no había osado que sus sentimientos cambiaran, aceptar la realidad, por miedo a lo desconocido?
Se puso el chaleco, se ató la banda en su cuello como siempre, y se hizo su ahora típica coleta alta trenzada. Sin pensarlo más salió de su casa sin dar explicaciones a nadie, algo que había estado haciendo desde hacía semanas para encontrarse con Turais por las noches, y recorrió a paso ligero el camino fiel hasta la casa de los Black. Al contrario de lo que mucha gente parecía pensar del complejo de los Black, Hinata no lo veía como un lugar lúgubre y espeluznante, quizás porque ella era bienvenida entre sus paredes. Algo que Turais se había negado a explicarle con una sonrisa siniestra. Sin duda alguna las habilidades de los Black estaban presentes en la creación del complejo.
Curiosamente, los colores negros y marrones, mezclados la hierba verde y las gárgolas – como Andrómeda-san le había informado que se llamaban – le daban una sensación de bienvenida, como si estuvieran protegiendo su espalda. Las flores que recorrían las paredes, y que todos parecían pasar por alto, eran la guinda del pastel. Sobre todo para ella, cuyo complejo blanco estaba falto de cualquier tipo de vegetación y aquella que crecía era cuidada y recortada para que no ocupara mucho espacio. A Hinata le encantaba ver la hiedra crecer libremente por el muro de los Black, o las rosas rojas ocupar una fachada entera y enredarse en los ventanales del clan. Tal descontrol, tal libertad... Ella la quería.
Las puertas negras se abrieron ante ella, sin tan solo tocar la madera, y las serpientes la dejaron pasar con un siseo que le pareció una salutación. Debía estar volviéndose loca. Quien la recibió fue Leo Black, con quien solo había hablado un par de veces. Esta vez, la sonrisa de Leo fue pícara y, aunque quiso pretender que no sabía por qué la miraba así, se acercó y le preguntó si podía ver a su hermano, con un leve sonrojo en las mejillas que ahora podía controlar mejor. Otra cosa que le debía a Turais.
—Claro, pasa. Turais está sacándole el veneno a las serpientes.
Hinata asintió, abriéndose paso por la casa con una familiaridad que había adoptado después de que sus miembros la invitaran a pasar y a aceptar su cordialidad como si fuera parte de la familia. Era curioso sentirse tan aceptada como para que alguien como ella, cuyos modales eran impecables, aceptara comportarse de semejante manera: quitándose y poniéndose los zapatos de la entrada para invitados sin que nadie se lo dijera, caminando por los pasillos y parándose a decirle hola a Andrómeda, a charlar con ella y preguntarle por Eridanus, sentándose en el sofá sin que tuvieran que decírselo – como las primeras veces había pasado...
—Turais está en el patio, ordeñando las serpientes —dijo Andrómeda, dando de comer al joven Eridanus que parecía totalmente distraído con su banana—. ¿No sabrás dónde está Sakura, no?
Hinata pestañeó pero negó con la cabeza. ¿Sakura? ¿Qué tenía que ver Sakura con los Black? Algo dentro de sí se encogió cuando pensó en por qué podría estar Sakura visitando a los Black. De repente se enfadó con Turais, y consigo misma, sintiéndose celosa. Sus sentimientos la pillaron desprevenida, tanto que no se dio ni cuenta de cómo se levantaba del sofá frente la pasmada mirada de Andrómeda, saliendo por la puerta de forma grosera, sin decir adiós, y yendo en busca de Turais.
Le encontró rodeado de serpientes, cada cual pareciendo más venenosa y vio como las serpientes mordían sin tan siquiera tener que sujetarlas los viales etiquetados que Turais les ofrecía. Cuando se acercó a él ya no supo qué hacer, ¿qué demonios iba a decirle? ¿Qué se había sentido más celosa que nunca y que había ido a pedirle explicaciones cuando realmente no sabía qué eran Turais y ella? ¿Camaradas? Claro. ¿Amigos? Seguro. ¿Compañeros de entrenamiento? Sin duda alguna. Pero... ¿amantes? ¿Desde cuándo a ella le importaba alguien más que Naruto? Es más, ¿por qué le había gustado tanto Naruto desde el principio? Le había encontrado atractivo, con su rebeldía, porque ella quería ser igual de feliz y capaz de desafiar las reglas. Le admiraba. ¡Admiraba! ¡ADMIRABA! La bomba calló de golpe.
—Hinata, ¿estás bien? —la voz aterciopelada y oscura de Turais le llamó la atención y de repente se encontró llorando. Turais se levantó, con el rostro compasivo, y la abrazó, cosa que la hizo llorar aun más—. Oh, querida, ven.
A pesar de que él no sabía qué le pasaba su mera presencia logró reconfortarla como ninguna otra persona había podido hacer y se dio cuenta, en ese preciso momento, que se había enamorado de Turais Black perdidamente. Ni siquiera había conocido a Naruto, cuando decidió que lo que sentía por él era amor, y ahora que sabía realmente lo que era amar a alguien la pilló tan desprevenida... tan poco capaz de enfrentarse a la magnitud de sus sentimientos... Era capaz de aceptar que para Naruto no era nada más que una desconocida, al menos al principio, y que solo la había reconocido poco antes de los exámenes de chunin. Le daba igual que Sakura se acercara tan familiarmente a Naruto, porque estaba decidida, en lo más profunda de su ser, a aceptar que Naruto no la amaría nunca y no le dolía tanto como creía o había creído. No se sentía celosa porque así eran las cosas: Sakura era su compañera de equipo y también la persona que tenía los afectos de Naruto. No había peleado por él, por su amor, porque no lo quería. No realmente.
Menuda idiota estaba hecha. Y ahora se daba cuenta de que realmente no amaba a Naruto porque no le conocía, solo sabía aquello que él les mostraba a todos. No sabía su recuerdo más feliz, o su plato favorito después del ramen... Incluso uno de sus enemigos sabría que a Naruto le apasionaba el ramen o que su color favorito era el naranja pero, ¿realmente qué sabía ella de él? Siendo su amiga, no sabía nada... Lo que más le había atraído de Naruto no era él mismo, sino su carisma arrollador pero no porque le gustara en él, sino porque lo quería para ella. Su personalidad, su lealtad y su voluntad eran admirables. Admirables, y punto.
Turais, sin embargo... La había aceptado conociendo primero sus debilidades, luego sus fortalezas, la había ayudado en sus peores momentos cuando nadie había movido un dedo, había confiado en ella con los secretos de su clan, le había presentado a su familia, le había invitado a su casa, le había enseñado cosas que dejarían todos sorprendidos y llenos de envidia, le había regalado libros de su colección y había enfrentado a miembros de su clan por su honor – sin que supiera que ella se había enterado de todo gracias a Neji – cuando los escuchó hablando de ella. Había sido capaz de ayudarle a enfrentar a su padre, y al consejo, la había mejorado como ninja y también como persona, forzándola a enfrentarse a sus propios defectos enterrados lo más profundo de su mente. Había sido también el mismo que le compraba sus dulces favoritos cuando se enteraba que había sido herida en una misión o parecía más cansada de lo normal. El mismo que le dio semillas de su clan para que las plantara en su trozo de jardín... Menuda idiota había sido, ahora que se daba cuenta... Estaba dispuesta a todo, dispuesta a ofrecer su corazón y sentir dolor si podía tenerle. Algo que no había sido capaz de hacer con Naruto, con nadie antes.
Sin saberlo, Hinata había caído rendida frente a las atenciones de Turais. A pesar de su apariencia y de la fama creciente de su clan, Hinata había descubierto quién era de verdad Turais Black. Y lo que había descubierto le había gustado. Le había gustado saber que era una de las pocas personas que le conocía de verdad, era como tener un secreto entre ambos al que nadie era bienvenido a conocer. Se sentía especial siendo una de esas pocas personas capaces de decir que conocía a Turais. Y ahora se encontraba en casa de los Black, llorando porque su corazón se estremecía de miedo, de miedo de perder al hombre que verdaderamente amaba por otra mujer; una que no era ella. Celosa y enfadada consigo misma por haberle dejado escapar y no haberse dado cuenta antes. Por haberse dado cuenta de que Turais era maravilloso demasiado tarde.
Sus brazos, que en sus anteriores abrazos habían estado encajados entre sus cuerpos, casi tímidamente sin saber dónde ponerlos, rodearon el cuello de Turais, y su cara se enterró en su masculino cuello. No sabía cómo decirle lo que sentía pero Hinata ya estaba harta de complacerlos a todos menos a sí misma. Ahora ya tenía claro lo que quería, sus prioridades, e iba a ir a por todas. Las manos fuertes de Turais se cernieron entorno a sus caderas y, anhelante, dejó que la sentara en su regazo, una pierna en cada lado de su cuerpo. Hinata cerró los ojos, sin poder calmar su agitado pecho, pegado al de Turais, y se apretó más contra él, sin importarle lo que pudieran pensar Andrómeda y Leo, de estar mirándoles.
Sus manos se enredaron con el cabello negro de Turais, con tal de no dejar ninguna duda de sus intenciones, y sintió con el corazón desbocado como las manos de Turais la abrazaban fuertemente, una en su baja espalda y otra rodeando su espalda posándose en la cadera contraria. Sintió una energía rodearla y de repente se encontraron sentados en unas cómodas sillas, bajo la preciosa glorieta de los Black, cuyos pilares estaban rodeados de olorosas flores enredaderas. Una mano se posó en su barbilla y, sin darse cuenta, unos labios cubrieron los suyos. Sintió su corazón estallar de felicidad.
…...
Harry miró a Hinata dormir en su cama, vestida con un pijama que Harry había conjurado para ella cuando se había negado a apartarse de su lado. Él, que no quería que Hinata se fuera, solo le había dado el pijama. Nada retendría o haría que Hinata se fuera si no quería. Se encontró pensando en esa misma tarde, cuando Hinata había aparecido por la puerta, dolida y buscándole. Si bien no era adivino sí que podía, deduciendo varias cosas, imaginarse qué pasaba por la cabeza de Hinata. Harry sabía que ella había tenido sentimientos por Naruto, después de sus tantas charlas, pero Harry se había dado cuenta nada más escuchar a Hinata que sus sentimientos no eran precisamente amorosos. No había nadie tan poco egoísta como Hinata y el hecho de que no sintiera celos de Sakura era delatador. O bien Hinata era más masoquista de lo que él había creído desde un principio o bien Naruto no le gustaba de esa forma, razón por la cual no había motivo para sentir celos de nadie.
Hinata le había parecido alguien curioso desde el primer momento, mientras la mayoría de chicos de su edad estaban en la aldea con sus amigos, ella se iba al bosque a entrenar sin rendirse a pesar de que sus habilidades – sin alguien capaz de mostrarle el camino – no parecían evolucionar. Había sido su talento, algo que nadie parecía ver, lo que le había llamado la atención. Hinata no solamente tenía madera de ninja sino que era una gran persona y Harry, cuando veía algo bueno, solía quererlo. Para él, siendo más bien racional, el amor no era algo espontáneo pero Hinata le había atraído desde el inicio. Era por eso, y por todo lo demás, que se había acercado a ella. Resultó que la persona que escondía Hinata en su interior había sido capaz de enamorarle de verdad.
Una parte de su mente, dividida gracias a sus barreras mentales, estaba siempre pensando en ella. Primero en cómo ayudarla, luego en cómo conocerla, después en cómo complacerla. Era Hinata esto e Hinata lo otro. Andrómeda fue la primera que le caló, sobre todo porque George estaba de viaje cuando decidió copiar esos libros de cosméticos en pergaminos para Hinata. No podía dejar de pensar en ella y de cómo se encontrarían por las tardes bien entradas en las noches, primero entrenando duramente y luego hablando hasta que uno de los dos decidía que era el momento de decir adiós, casi sin quererlo. Él se había dado cuenta primero de que sus sentimientos eran correspondidos. No era precisamente tonto e Hinata era muy abierta cuando estaba con alguien de confianza, aun sin saber lo delatadores que eran sus gestos y miradas.
Teniendo, claro, 20 años era normal que no solamente fuera su personalidad lo que le atrajera sino también su físico. Hinata, a pesar de tener 5 años menos que él, estaba muy desarrollada y, según la ley ninja, era legal. Sin ningún tipo de impedimento, su mente creaba por las noches todo tipos de sueños, cada cual más sensual y placentero. Se encontraba pensando en el momento en que Hinata se diera cuenta de sus sentimientos, en todo lo que iba a enseñarle, para complacerla y sorprenderla, para hacerla feliz. Cuando apareció por la puerta, con el corazón figurativamente en un puño, supo qué había pasado.
Las siguientes horas las pasaron en los brazos del otro, bajo la glorieta, sin importar cuánto oscureciera. Hinata había llegado finalmente a la madurez. Curioso, como a veces pasaba en un mero instante. Ya no era la misma persona, tímida e insegura; por fin había dejado que su verdadero yo saliera a la luz y la personalidad escondida de Hinata era fuerte, ligeramente osada, y demandante con él. Habían sido sus manos las que se enredaron en su cabello, como si a él besarle le supusiera un gran esfuerzo, para que no dejara ir sus labios. Con una sonrisa muda, Harry había mordido sus labios, escuchando su gemido de satisfacción.
Horas más tarde, cuando regresaron para cenar solos, gracias a la consideración de su familia, se sentaron cerca el uno del otro acostumbrándose a su nueva relación. Para Harry, que no había tenido una relación estable seria, Hinata era algo desconocido y para ella, que hasta ahora había estado emocionalmente confundida, él era su primer amor. El primero correspondido. Y él no pensaba defraudarla. Los primeros platos pasaron sin incidente, enviándose miradas cómplices, y hablando en voz baja. Cuando comieron el postre, una deliciosa copa de helado, Harry no pudo evitar que sus manos cogieran a Hinata y la pusieran en su regazo.
Hinata, por otro lado, solo pudo enterrar su rostro en su cuello, rodeándolo con sus brazos, todavía algo cohibida porque su sueño se había convertido realidad. Su cabello negro, libre de ataduras, fue acariciado por Turais y suspiró, sin contenerse. No supo cuánto tiempo se quedaron sentados, el helado deshaciéndose, pero Hinata no quería que acabara jamás. ¿Era posible desear parar el tiempo? Poco a poco fue comprendiendo porqué las personas accedían a casarse, a pesar de tener un tiempo limitado – más aun los ninjas – solo para poder estar juntos todo el tiempo posible. ¿Era así cómo se había sentido su madre, al casarse con su padre? ¿Había amado su padre a su madre tanto que su mera pérdida le había transformado en alguien completamente distinto? De solo pensar en perder a Turais... el corazón se le hizo un nudo en la garganta y se le humedecieron los ojos al instante. De repente se compadeció de su padre, como nunca antes había hecho. Amar tenía sus ventajas, y sus desventajas...
No quiso volver a su casa esa noche. No después de pensar en las múltiples maneras que podía perder a Turais. Cuando se cambió la ropa, cogiendo el pijama que Turais había hecho aparecer con sus habilidades, se miró el gran espejo del enorme baño de Turais. Parecía otra persona. Una persona adulta. Cuando salió del baño se tumbó sin dudar al lado de Turais, abrazándose mutuamente al momento, deseó poder despertarse en sus brazos cada día.
—Sabes que hay cosas que te contaré, ¿no? —le dijo él, y ella asintió. Turais tenía muchos secretos pero no era alguien que mintiera por placer. Cuando llegara el momento él se lo contaría todo.
—Lo sé.
—Te amo.
Hinata cerró los ojos, sintiéndose una vez más emocional. ¿Cuántas veces no se habría echado a llorar hoy? Levantando su rostro, mirando con adoración al hombre que correspondía sus sentimientos, solo pudo sonreír y llorar.
—Yo también te amo.
Los labios de Turais esbozaron una sonrisa traviesa, una que pocas veces había visto, expresando abiertamente sus sentimientos. —¿Quiere decir eso que aceptas ser mi novia? ¿Mi otra mitad? ¿Mi media naranja? ¿El amor de mi vida?
Hinata río, sin poder contener su inmensa felicidad, dando un beso corto a los labios estirados de su novio.
—¡Claro que sí!
…...
Neji respiró hondamente, mirando con sus ojos blancos cómo Hinata no estaba en el complejo Hyuga. Sin duda alguna, Neji, un prodigio, supo dónde estaba su prima. El hecho de que hubiera pasado la noche en casa del nuevo clan de Konoha, los Black, sabedor de que los sentimientos de Hinata no eran precisamente puros respecto a Turais Black y, sabedor también de que Turais estaba al tanto de ese preciso detalle y que, con atónito, la correspondía... Sin embargo... algo dentro de sí no estaba inquieto, no del todo, porque Black le había parecido alguien de honor. No haría nada que Hinata no quisiera pero el problema es que Hinata no era la misma chica que hacía apenas un par de meses. Había cambiado. Ahora ya no se dejaba pisotear por nadie, ni siquiera por su padre – a quien Hinata incomprensiblemente quería – y eso se lo debía a Black.
Había visto desde lejos cómo él la entrenaba, apretándola hasta que superaba sus límites pero siempre teniendo en cuenta el momento en que Hinata no podía seguir adelante. Ayudándola, guiándola, mimándola. Las flores del jardín, tan extrañas pero hermosas, solo estaban plantadas en un lugar de Konoha y ese era en el clan Black. No había que ser un genio para saber quién le había dado a su prima las semillas, era por eso que el consejo, parte de él, se había acercado a Black y había ofendido a Hinata, pensando que ella no era más que un estorbo para Black. Menuda sorpresa se habían llevado cuando vieron los ojos iracundos de Turais y su labio rizado, asqueado, porque tuvieran la osadía de insultarla delante de él tan fácilmente. Para Turais Black Hinata no era un estorbo, sino todo lo contrario. Hinata era bienvenida en casa de los Black. Para la incomprensible sorpresa del consejo.
Caminando hasta la torre de la Hokage, sumido en sus pensamientos, continuó rumiando el rompecabezas que era Turais Black. No obstante, algo en él le daba confianza, mientras estuviera en su lado bueno, claro. Levantó su cabeza de golpe, sintiendo la presencia de su prima, y la vio al otro lado de la calle, saludándole con la cabeza en la entrada de la floristería. Con ella iba Sakura y también sus compañeros de equipo.
—Hinata-sama —empezó él y vio con algo de alegría como Hinata no se arrepentía y bajaba su cabeza por su reprimenda. Su sonrisa exasperada le hizo sentir orgulloso—. ¿Dónde ha estado?
Neji, por supuesto, no iba a avergonzarla pero tampoco iba a dejar pasar la oportunidad de bromear con ella. Hinata suprimió un sonrojo y sus mejillas se colorearon de un pálido color rosa que la hizo parecer angelical. Los otros la miraron como si la vieran por primera vez. Hinata estaba radiante. Como una embarazada o una mujer enamorada.
—No preguntes cosas que ya sabes, primo —rió ella, y la mandíbula de Kiba se descolgó mientras que Sakura la miró con expresión estupefacta—. ¿Es que no puedo estar con mi novio?
Neji soltó una carcajada poco característica de él cuando vio que Hinata no se estaba avergonzando sino que estaba encantada, feliz, de bromear con él. Sin importarle lo que los demás pensaran. Neji nunca se había sentido más aliviado por la llegada de los Black a Konoha.
—¿N-n-no-novio? —tartamudeó con los ojos como platos Sakura, que parecía incapaz de relacionar la palabra novio con su prima. Neji sonrió y, para su sorpresa, también Shino y Kiba—. ¡No me digas! ¿No será... Shino?
Kiba rompió a reír, apoyándose en Akamaru cuando vio como Shino parecía nervioso al ver las miradas de todos, incluyendo a la cotilla Ino que había salido de la tienda al verlos a todos y estaba acompañada por Chouji. De repente sintió una presencia, muy leve, advertirle de que estaba allí.
—Espero que no.
La voz masculina, y cultivada, de Turais Black les hizo girarse. Llevaba su típico traje jonin y parecía más contento de lo habitual. Neji, no obstante, miró de reojo a Hinata, que parecía estar apunto de saltar en sus brazos pero se contenía en su sitio para no hacer un espectáculo. Turais, que parecía importarle poco todo, se le acercó y, delante de todos, la abrazó plantándole un beso con lengua en pleno centro de la villa. Algunos se pararon a mirar antes de seguir a lo suyo, riendo, otros cuchichearon y apuntaron pero ni su prima ni su novio parecían dispuestos a separarse.
—Tengo algo para ti —le dijo él, ignorando a los demás, sonrojados y totalmente sorprendidos, y se llevó a Hinata a una esquina solitaria. Neji vio como sacaba algo de su bolsillo y cogía con cariño la mano de su prima.
Y tan pronto como apareció, desapareció. Ni siquiera esperaron un par de segundos cuando Sakura e Ino, la primera más reticente que la última, se le acercaron a cogerla del brazo para seguidamente irse corriendo a la tienda de los Yamanaka, seguramente a cuchichear. Neji, hacía meses, hubiera intervenido sabiendo que su prima podría acabar desmayándose de la vergüenza. No obstante, Neji, hacía meses no tendría que haber intervenido ya que Hinata nunca hubiera tenido novio. Era extraño pensar en cómo cambiaban, en cuánto, las cosas.
—¡NEJI! —la voz escandalosa de su compañero de equipo le llamó a lo lejos y él alzó la cabeza, exasperado. Había otras cosas que no cambiaban.
—¡Oh, Kami! ¿¡Era esa Hinata!? —gritó en un cuchicheo Tenten, poco característico en ella, y luego rompió a reír como una niña pequeña acompañada por Lee.
Neji supo que no iban a entrenar mucho esa mañana.
—¿No era ese Turais Black? —preguntó Gai, luego extendió el pulgar—. ¡YOSH! ¡LA LLAMA DE LA JUVENTUD BRILLA EN LOS BLACK! ¿¡QUIÉN IBA A PENSARLO!? ¡OTRO RIVAL EN EL AMOR!
Neji siguió caminando, suprimiendo un sonrojo de vergüenza cuando algunos se giraban a mirarlos. La mañana fue comprensiblemente lenta, tardó casi una hora en hacer que su equipo dejara de llorar, gritar y cotillear y cuando empezaron a entrenar solo pudieron hacer un par de duelos antes de retirarse de nuevo a por otra misión. Caminando de vuelta por la villa, hacia la torre de la Hokage, notó una presencia que lo dejó clavado en su lugar. No podía ser... ¡Después de tanto tiempo tenía que ser justamente ahora! Gai-sensei abrió la puerta y allí estaban Kakashi, Sakura, Shikamaru y él... Naruto.
…...
Naruto refunfuñó en voz baja, alegre pero cansado, viendo como su sensei no había cambiado nada. Era curioso como las cosas parecían seguir siendo extrañamente las mismas. Sakura seguía teniendo ese mal carácter, seguía siendo igual de plana y tenía la misma frente y el mismo corte de cabello. Lo que no había previsto era que su fuerza parecía haberse multiplicado. Todavía le latía el puñetazo que le había dado en la cabeza hacía horas. Aun así seguía pareciéndole una de las chicas más bonitas de Konoha.
—¿Y qué hay de los demás? —preguntó él a Sakura, cuando ya había salido el sol totalmente y se dirigían a Ichiraku, a comer un plato de ramen.
Sakura sacudió la cabeza con una sonrisa. —Neji y Shikamaru son ahora jonin. Los demás nos graduamos a chunin 6 meses después de tu partida.
—¡QUÉ! ¿Es que soy el único genin? —preguntó él, nervioso por quedarse atrás—. ¿Y Gaara? ¿Qué pasó con él y sus hermanos?
—Temari y Kankuro son jonins... Gaara, bueno Naruto... Gaara es ahora el Kazekage.
Sakura observó cómo Naruto parecía estar en shock. Suponía que regresar y darse cuenta de que muchas cosas habían cambiado debía ser agotador y Naruto, quien siempre se había sentido inseguro y solo, que ahora fuera el único genin... Debía ser una patada en todo el estómago. Sus pensamientos se fueron irremediablemente a Hinata y su nuevo novio... ¿Quién iba a decirlo? Hinata, la más tímida de todas, echándose su primer novio y encima 5 años mayor que ella... Sakura estaba muerta de envidia. ¿Por qué Hinata parecía tener tanta suerte? Había nacido en un clan prestigioso, poseía el Byakugan, era una de las chicas más guapas de la villa, tenía 4 veces su talla de pecho y, para rematarlo, había cazado al misterioso Turais Black.
Se preguntaba si Naruto notaría la diferencia entre la Hinata que había conocido y la nueva Hinata. Resultó que no tuvo que pensarlo demasiado, tan solo pasaron un par de minutos cuando apareció Temari, con el rostro desencajado.
—¡Naruto! ¡Naruto! Tsunade-sama te llama, es urgente, Gaara... —y casi pareció apunto de llorar.
—¿¡Temari-san!? —exclamó ella pero Naruto ya había salido pitando, a Sakura no le dio tiempo de zafarse de Temari, quien le explicó con clara ansiedad que su hermano, el Kazekage, había sido secuestrado, que apareció Naruto con un pergamino de misión.
—¡Vamos, Sakura! ¡La vieja nos ha dado permiso para reclutar un equipo!
Primero se encontraron con el equipo 10 pero ellos ya tenían una misión, luego, con los genin Konohamaru y compañía. De repente, Sakura notó la presencia del equipo 8 y allí, apoyada sobre una verja de madera, estaba posada Hinata, mirando sin expresión a Naruto. Sakura no supo qué debía estar pasando por su cabeza, ¿serían sus antiguos sentimientos? ¿Estaría Hinata todavía prendada de Naruto?
—¿Hi-Hinata? —preguntó conmocionado Naruto, una vez se dio cuenta que el perro enorme era Akamaru, que Shino estaba aun más escondido tras su nuevo abrigo y que Hinata, la tímida Hinata, se había librado de su abrigo por un fino chaleco y que su cabello había crecido tanto como el de Ino.
—Hola Naruto, un placer volver a verte —le sonrió ella, y Sakura se sintió algo orgullosa de ver que Hinata mantenía la compostura, fueran cuales fueran sus sentimientos.
—¿Podéis venir con nosotros a Suna? ¡Han secuestrado a Gaara y necesitamos un equipo!
—Lo sentimos Naruto pero nosotros ya tenemos una misión —informó Kiba, que claramente prefería ir a Suna en lugar de ir de misión a otro sitio.
—¡Ya sé! ¿Por qué no se lo pedís a Turais? Estaba apunto de ir a la torre de la Hokage hace poco —informó con una radiante sonrisa Hinata y Naruto se la quedó mirando como si no la hubiera visto nunca. Un sonrojo apareció en sus mejillas y Sakura se sintió curiosamente celosa.
—¿Turais? —el rostro de Naruto era cauteloso y a la vez curioso.
—Vamos Naruto —cogió ella su brazo, tirando de él hacia la torre de la Hokage. No sabía porqué pero no quería quedarse allí un segundo más—. Yo sé quién es Turais Black.
Lo último que vieron al girar la esquina fue la silueta de Shino en las sombras, Kiba sobre Akamaru mirándoles con reproche y a Hinata mirándola como quien había resuelto un puzle. Sakura solo esperaba que Hinata no hubiera detectado sus sentimientos con su maravillosa percepción y empatía. La Hinata de antes quizás hubiera dejado que Sakura amenazara con robarle al novio pero ésta... Los ojos entrecerrados de Hinata fueron suficientes como para que le recorriera un escalofrío la espalda.
—¿Estás bien Sakura-chan? —preguntó Naruto, quien no se había dado cuenta de las miradas entre ambas mujeres.
—Sí, vamos, no tenemos tiempo que perder.
Cuando llegaron de nuevo a la oficina de la Hokage allí les esperaban Neji, Tenten y Lee y, con algo de sorpresa, su maestro con un pie enyesado.
—¿Habéis tenido suerte? —preguntó Tsunade nada más dejarles entrar.
—No, todos tienen una misión —le recriminó Naruto, lanzándole una mirada de reproche.
—Bueno, os he encontrado un equipo —señaló al equipo de Gai-sensei y ellos, al menos Tenten, sonrieron. Lee parecía demasiado triste por la herida de Gai y Neji era Neji—. Como Gai no puede ir con su equipo he encontrado otro reemplazo. ¡Adelante!
La puerta se abrió y Sakura y Naruto se giraron a mirar. Allí apareció un hombre, acompañado de Kakashi-sensei, que Naruto se quedó mirando durante varios minutos. Rostro serio y en silencio.
—Ese hombre...
—¿Qué pasa?
—Ten cuidado.
—¿Una amenaza? —preguntó Naruto, casi preparándose para atacar al hombre que tenía un extraño parecido entre Itachi y Sasuke Uchiha.
—No para nosotros. Él será un buen aliado pero ten cuidado de no cagarla. No quiero que me pateen el culo y me enjaulen en un lugar peor a este —la voz cargada de desden, tanto hacia Naruto como hacia aquel que le enjauló dentro de su estúpida y precaria cárcel habló en su fuero interno.
—Cállate, estúpido zorro.
Naruto, mientras tanto, se relajó pensando en las palabras de su anfitrión. ¿Cómo había Kyubi notado la presencia del ninja? Él ni siquiera podía notarle, solo sabía que estaba allí porque lo tenía delante. ¿Qué clase de poder era ese? Incluso podía percibir a Kakashi, un conocido anbu, como quien sabe que no está solo a pesar de no ver nada. Sin embargo, ese hombre... Si cerrara los ojos hubiera dicho que él no estaba allí. Y las palabras de Kyubi... ¿patearle el culo? No podría ser más explícito. ¿Quién era? ¿Quién era ese hombre y qué habilidades tiene como para que un bijuu se sintiera temeroso, sintiera respeto? Naruto podría haberlo negado pero las palabras de Kyubi eran claras: ese hombre tenía poder para someterlo. Y Naruto no tenía ni idea de quién era.
¡Nuevo capítulo! Como suponéis ha ganado Hinata así que ahora entre el regreso de Naruto y la relación la historia ya va cobrando algo más de ritmo. Muchos de los personajes cambiarán poco a poco de personalidad, como ya veis, para acomodar el hecho de que Harry está en esta historia. Imagino que si a Hinata le hubieran prestado atención constantemente, de forma positiva y sin motivos secundarios, parte de su timidez hubiera mejorado muchísimo, ¿no?
Blackcirce.
