Disclaimer: Naruto y Harry Potter no me pertenecen.


Capítulo 10 – Punto muerto

Tsunade suspiró de nuevo al ver a Naruto lleno de magulladuras y quemado por doquier. A pesar de que había regresado a la aldea seguía entrenando con Kakashi el poder del Kyubi después de que Sakura casi resultara herida en una de las misiones. Había sido una simple misión de recolección de información pero, por desgracia, Naruto se había topado con uno de los experimentos liberados de Orochimaru. Uno que había convivido en el mismo escondrijo que Sasuke. Decía llamarse Suigetsu y afirmaba que Sasuke había matado a Orochimaru y que estaba buscando un nuevo equipo, uno que estuviera a su altura.

Naruto, obviamente, no había podido reprimir sus sentimientos. Se había enfadado. Tanto que el chakra maligno del Kyubi se había apoderado de él y de sus actos, lanzando a Sakura, que intentaba retenerlo, por los aires y haciéndola chocar estrepitosamente contra unas rocas. A pesar de que no había sufrido más que arañazos – de hecho había sufrido más heridas y huesos rotos entrenando con ella – Sakura no había podido reprimir su miedo al ver tan de cerca, por primera vez, a Naruto descontrolado y poseído por el demonio en su interior. Decir que Naruto estaba deprimido hubiera sido un eufemismo. Por suerte, Kakashi tenía pensado entrenarle con tal de poder controlar su poder. Para Tsunade era normal que Naruto se entrenada para controlar ese poder, simplemente hubiera preferido que no tuviera que hacerlo con tal de no herir a nadie querido.

—Así que no ha habido manera... —dijo ella, curándole las heridas en su misma oficina—. Parece que no has avanzado nada.

El rostro frustrado de Naruto le contestó. —No entiendo porqué no puedo controlarlo.

Tsunade suspiró. —Tengo a alguien que quizás pueda ayudarte.

—¿Black? —preguntó de repente Naruto y ella le miró sorprendida.

—No, se llama Yamato. Iba a asignarlo al nuevo equipo 7 —le contestó. Lo que no quería decirle a Naruto era que no pensaba poner en el mismo equipo a Sai y a Yamato, siendo Yamato un antiguo experimento de Orochimaru y teniendo Sai las órdenes que tenía de Danzo—. Supongo que no habrá más remedio.

Naruto se encogió de hombros. —¿Qué tiene de especial este Yamato?

—Orochimaru experimentó con él de muy pequeño, de todos los que fueron experimentados, solo él sobrevivió —Tsunade frunció el ceño al recordar que su antiguo compañero había experimentado con la herencia robada de su clan—. El Mokuton era lo único capaz de retener al Kyubi, con él estarás a salvo.

Tsunade se sentó de nuevo en su silla, cansada, y sus pensamientos se dirigieron hacia Black. Recordó la expresión de Naruto y supo que había algo que no le estaba contando.

Naruto vio el rostro pensativo de Tsunade y alzó una ceja. —¿Algo más?

—¿Por qué creías que iba a asignar al equipo 7 a Black para lidiar con el Kyubi?

—No lo sé —se encogió de hombros—. ¿Intuición?

—¿Intuición? ¿De qué?

—La primera vez que le vi Kyubi me advirtió con tal de que no me metiera en su camino.

Tsunade se inclinó de golpe, atenta de nuevo. ¿Un demonio que no quería cooperar con su anfitrión... advirtiéndole?

—¡Por qué no me lo has dicho antes, Naruto! —propinó un golpe en la mesa para expresar su frustración—. Esto es importante: imagina que el demonio hubiera preferido hacer otra cosa en lugar de advertirte. ¿Y bien, qué fue lo que te dijo?

—Básicamente que no me metiera con Black, que podía ser un buen aliado pero que también podría meterle en un lugar peor que en mi estómago.

Tsunade quedó paralizada en su asiento al escuchar que un demonio, el más poderoso de los demonios con cola, temía a Black. O lo que podía hacerle. ¿Por qué sino iba a hablar activamente con Naruto en lugar de mantener su silencio? Hizo una señal y el anbu Neko bajó del techo.

—Tráeme a Turais Black en seguida.

El anbu desapareció en un remolino de hojas y, mientras tanto, preguntó todo lo que se le ocurrió sobre el asunto a Naruto. En menos de un minuto apareció Turais Black con su aspecto habitual. Miró primero a Naruto y ella, que estaba observando la interacción atentamente, vio como no parecía sorprendido o inquieto. Simplemente no sabía lo que Black sentía. Este era uno de los muchos momentos que desearía ser un Yamanaka y leer su mente.

—¡Black! ¿Por qué no me has dicho que puedes notar a los bijuus?

Turais pestañeó un par de veces, neutral. —¿Acaso no pueden hacerlo los otros?

El rostro de Naruto, y el suyo seguramente, pareció incrédulo. Evitó golpearse la cabeza de la irritación contra la mesa. ¿Uno de sus shinobi tenía una habilidad extra que ni él mismo sabía? Ya no podía esperar más sorpresas de los Black. O al menos, no podía sorprenderse de sorprenderse continuamente. Eran un clan extraño, dotado y ridículamente misterioso.

—Ya veo —dijo finalmente, intentando no mostrar su desazón—. Entonces, ¿te importaría ayudar en el entrenamiento de Naruto?

Turais miró a Naruto unos segundos antes de encogerse de hombros. —Supongo que espera poder controlar al Kyubi o, al menos, usar su poder.

—Exactamente.

Naruto se mantuvo en silencio mientras contemplaba como la Hokage y Turais Black se debatían sobre cuánto tiempo duraría el entrenamiento, dónde se realizaría, qué tendrían que hacer para ayudarle, lo que iban a necesitar, etc. Lo cierto es que solo estaba escuchando a medias porque le parecía más curioso sentir como, aunque callado, el Kyubi parecía estar escuchando también la conversación.

—¡Está decidido! Tú, Naruto, Kakashi y Yamato os iréis durante unas cuatro semanas a entrenar. La aldea más cercana estará a 30 kilómetros, ¡espero que no destrocéis nada!

Salieron despacio, en silencio, y Naruto se preguntó si debería abrir la boca y entablar una conversación cuando de repente habló el otro hombre.

—¿Y por qué quieres controlar al Kyubi?

—No quiero controlar al Kyubi —refutó él de inmediato y se giró a ver el rostro sereno de Turais Black—. Simplemente quiero evitar que me controle él a mí.

—¿Cómo iba a hacerlo? Tengo entendido que está sellado en tu interior y que no puede influenciarte directamente.

Naruto miró hacia otro lado, recordando cómo se sentía ser controlado por el poder maligno del Kyubi. —Es su poder lo que quiero controlar, quiero que mis acciones sean mis acciones. No quiero herir a nadie.

Black caminó a su lado en un silencio pensativo. —Controlar al Kyubi o controlar su poder... Digas lo que digas, o como lo digas, sigue siendo lo mismo. Quieres controlar algo que está fuera de tu alcance.

—¿¡Y cómo lo sabes!? —preguntó él, ya saliendo del edificio de la Hokage, en mitad de la noche—. ¿¡Cómo sabes lo que se siente!?

—Sé perfectamente lo que se siente —dijo Black frígidamente y eso lo paró en seco.

Su ira se desvaneció como un globo deshinchado al ver el rostro severo y frío de Black.

—¿Cómo sabes que no podré controlarlo?

Black suspiró y se sentó en el banco más cercano, invitándole a sentarse a su lado con un movimiento de mano. Ambos contemplaron en silencio el río delante de sus ojos, iluminados por una farola.

—Tú no sabes nada de mi y, en realidad, yo tampoco sé nada de ti —empezó el otro hombre y Naruto se mantuvo en silencio—. Lo que sé es que tienes un demonio dentro y cuando se comparte el cuerpo, el alma y la mente con otro ser ambos suelen influenciarse el uno al otro. Aunque no lo quieran.

—Fue ese poder... el que hizo que hiriera a mis compañeros —apretó los puños Naruto, frustrado y enfadado desde hacía días.

—¿Estás seguro? —Black alzó una mano cuando abrió la boca—. Has tenido este demonio dentro casi desde tu nacimiento y, sin embargo, pocas veces has sido... digamos poseído por su poder. Me pregunto si lo que realmente hace que pierdas el control no es el poder del Kyubi sino que pierdas tú el control de tus sentimientos y emociones.

—Eso es porque no me has visto transformado en esa criatura, envuelto de su chakra...

—No pero, por lo que he leído en los informes, sé que cada vez que eso pasa es porque te has enfurecido o has sentido una gran emoción, como la pérdida. Creo sinceramente que lo que deberías hacer es aprender a controlarte a ti primero, antes de fijar tu mirada en el Kyubi. Si no puedes controlarte a ti mismo, cómo vas a controlar a otro ser —Black suspiró antes de reír amargamente—. La gente realmente no sabe lo cruel, ignorante y estúpida que puede llegar a ser...

Naruto rumió sus palabras, ahora mucho más calmado y se preguntó qué pasaría por la cabeza de Black. —¿Por qué lo dices?

Black le miró de reojo. —Hablamos de controlar al Kyubi, de usar su poder... Muchas personas creen que aquello que es diferente es malo o está por debajo de ellas, o lo teme, como este demonio. Nunca nos preguntamos o pensamos si los otros seres, no importa que no sean humanos, tienen sentimientos o si piensan como nosotros. Porque son distintos ya creemos que son inferiores o que deben ser controlados, o peor, eliminados. Tu demonio te ha hablado alguna vez, sabes que es capaz de pensar y de relacionarse, y aun así no te has planteado nunca tratarle como un igual; y mucho menos sacarle de la prisión que tú supones.

Naruto no supo qué decir porque, en realidad, nunca se había planteado este dilema pero ahora que otro se lo hacía ver era imposible hacerlo desaparecer. A pesar de que el Kyubi le había hablado por primera vez hacía años siempre había despreciado sus palabras como si fuera un "zorro idiota". Era cierto lo que Black decía: él era cruel, ignorante y estúpido. Todos lo eran. Lo más amargo de todo era que... bueno... Black siguió como si le leyera la mente, sin medir una pizca sus palabras y sin ocultar la oscura, dolorosa y terrible verdad.

—Y lo peor de todo, tú lo debes tener más difícil que los demás porque no solamente eras un bebé cuando te introdujeron al demonio sino que sufriste en esta aldea como si tú fueras este llamado "mal" y luego, para rematarlo, tratas al zorro como eras tratado tú: como un incordio, un estorbo, una carga... —el rostro de Black era una mueca de asco mezclada con amargura e incredulidad—. Como algo que no debe existir, como si tú y los demás tuvierais el derecho de decidir quién vive y quién muere; lo que está "bien" y lo que está "mal". Cuando él, ni tú, no pidió ser encerrado en ti. La gente no es remotamente consciente, y muchas veces tampoco quiere, darse cuenta del daño que hacen algunas acciones o las meras palabras... Además, ¿cómo te sentirías si tú fueras el Kyubi y un idiota te encerrara en un cuerpo humano, solo por el temor a tu poder, y luego intentara usarte y desecharte como si fueras un simple pañuelo usado? Así es como estás tratando tú y los demás a este ser.

Sí, básicamente eso era. Sintió nauseas porque había estado tratando a otro ser como le habían tratado a él, como él había odiado ser tratado, y ni se había dado cuenta o quizás no quería darse cuenta de que estaba descargando su negatividad en el zorro para hacerse sentir mejor a sí mismo. Sin poder reprimirse se inclinó hacia un lado y vomitó. ¿Cómo era que ver huesos, intestinos y sangre no eran capaces de hacerle pestañear y las palabras de Black le habían abierto una enorme cicatriz emocional capaz de hacerle vomitar? Una mano se posó en su espalda y otra le tendió frente a sus ojos un vaso de agua – no quería saber de dónde había salido – y un pañuelo. Todavía inclinado sobre el respaldo del banco de piedra sintió sus ojos humedecerse y no pudo contener las lágrimas al recordar el odio y el desprecio que había sufrido y que él tan libremente había devuelto como el cruel, ignorante y estúpido chico que era.

Increíble que un hombre que apenas lleva medio año viviendo en la aldea sea capaz de comprender lo que otros no han entendido en generaciones...

La voz del Kyubi sonó en su cabeza, tan resignada y serena, tan carente de malicia que le provocó un nudo en la garganta del tamaño de Suna. Black, quien de repente no parecía tan frío y distante sino una persona incomprendida por su genialidad, le abrazó como a un niño y dejó que llorara en su chaleco como si tuviera 5 años.

…...

Danzo contempló su as en la manga. Tsunade había sido muy descuidada... Ni siquiera se había planteado la posibilidad de que pudiera tener a Sai implantado con uno de los insectos microscópicos de Torune. Era por eso que sus anbu no sabían de las identidades de los otros, ni la suya propia, así podía esconder a indeseables como la Hokage el hecho de que tenía ojos y oídos en todos sitios. Sin duda Tsunade tenía agallas. Pensar que quería asesinarle, liberar a sus anbu y encarcelar a los consejeros... Chica mala.

—Misión cumplida, Danzo-sama —le dijo la voz estoica y sin sentimientos de Torune, el mismo que había mandado a matar a los consejeros.

—Bien hecho Torune —habló al apreciar la rapidez de sus actos—. Envía al número 1032.

Mientras Torune le traía a uno de sus anbu más reemplazables meditó sobre sus acciones. Si bien Sai había revelado la información – no sabía como – a Black también se había enterado de cosas bastante interesantes, capaces de hacerle la vida imposible a Tsunade y de atraer la atención de mucha gente poderosa. Itachi Uchiha había regresado, y para quedarse como ninja de Konoha. Se preguntaba cuántas personas se atreverían a atacar la aldea por su cabeza. Era justamente su presencia lo que le había hecho asesinar a los consejeros tan rápido; así, cuando irremediablemente su vuelta a Konoha saliera a la luz, podría asentar la duda sobre sus acciones pasadas debido a la muerte de ambos consejeros – que no podrían negar ni afirmar su implicación en el asesinato de los Uchiha – y, por supuesto, él ya debería haber podido hacerse con el cargo de Hokage. Siempre y cuando alguien se deshiciera de Tsunade sin ensuciar su nombre... Tenía al candidato perfecto.

—Coge este pergamino y llévaselo al líder de Akatsuki.

El anbu cogió el pergamino que le tendía y se fue, tan silencioso como había aparecido. Akatsuki tendría casi un mes para atacar Konoha mientras Uzumaki fuera escoltado a las afueras junto con Hatake, Tenzou y Black. Había sido él también quién había puesto el precio a las cabezas de varios ninja de Konoha, como Asuma Sarutobi o Chiriku, con tal de atraer la atención de Akatsuki y otros grupos terroristas y, de paso, debilitar al país mientras se iba haciendo con éste desde las sombras. De un solo plumazo se había quitado a la mayor amenaza contra su futura próxima invasión. Su Raíz sería capaz de contrarestar a Akatsuki y hacerles ver a todos que su presencia había sido vital para derrotarlos. Con Tsunade fuera de la ecuación, sin el jinchuriki y con el ánimo por los suelos sería fácil hacerse Hokage.

Pero por si quedaba duda alguna sacó de su escondrijo secreto toda la información que había recopilado sobre el Daimyõ del País del Fuego y todos aquellos relacionados con él y sus intereses. Tendría que enviarle una advertencia previa a la invasión, anónimamente, claro. Cuando llegara el momento estaba seguro que el señor feudal comprendería quién le había enviado las amenazas pero, sin la Hokage, sería igual de vulnerable a ser asesinado... a no ser que hiciera lo que él quería.

Torune contempló en silencio a su líder. Después de tanto tiempo ya no tenía sentimientos o emociones con los que opinar pero sí recordaba un tiempo en el que las acciones de Danzo-sama hubieran sido condenadas por el Tercero. ¿Estaría haciendo lo correcto? ¿Estaba entorpeciendo la merecida paz de Konoha? No lo sabía ni le importaba. Ya no era más que una marioneta vacía, un asesino a sueldo sin escrúpulos ni moral. Y, sin embargo... aún quedaba algo intacto en él. Le habían quitado a su familia, habían eliminado los sentimientos y los miedos, le habían adiestrado e inculcado valores pero su mente seguía siendo suya. Libre de emociones y lazos sociales Torune solo era un buen asesino, racional y frío, entrenado para arriesgar su vida por la Raíz y protegerla al mismo tiempo de enemigos.

Lo que nadie había calculado era la probabilidad de que su personalidad distante y lógica original hubiera entrado en conflicto con su nuevo adiestramiento dando como resultado a un shinobi defectuoso. Mientras que otros darían su vida por el líder, pues así habían sido programados, Torune carecía de total lazo a la autoridad. Su obligación era la causa del líder, y ésta era mejorar Konoha militarmente y eliminar a las amenazas que pudieran debilitar al país. Así pues, libre de sentimientos su mente racional era capaz de determinar que Danzo-sama era una amenaza para la causa y para él, así como los otros anbu de la raíz y algunos de los ninjas de Konoha.

Por su propia su supervivencia, plantó un par de insectos en su líder. Uno macho y uno hembra. Llegado el momento, si su vida corría peligro, podría usarlos para asesinar a Danzo-sama.

…...

Nagato observó con interés el pergamino que uno de los secuaces, ahora muerto, de Danzo le había enviado. Realmente Danzo era una clase distinta de monstruo. No mataba por matar sino porque la muerte de los demás le dejaba un paso más cerca de lo que quería; y lo peor es que mataba a su propia gente por conseguirlo. Al contrario de lo que se decía a sí mismo para consolarse, para justificarse, Danzo no era más que una sabandija ambiciosa. Un oportunista, un viejo deseoso de poder y, en fin, un corrupto. Todo lo que odiaba Nagato. Él mismo era un terrorista, lo sabía, pero su sueño era uno menos personal. No quería el poder para sí mismo, quería el poder para alcanzar el sueño que había compartido con Yahiko y Konan. El sueño que fundó Akatsuki y que no resistió a la tiranía de este mundo. Acabar con la guerra y traer la paz. Qué ilusos habían sido...

Ahora lo pensaba y se daba cuenta de algo fundamental. ¿Cómo iban a acabar con las guerras si era justamente lo que le daba vida a los shinobi? En un mundo sin guerras, lleno de paz, quedarían sin trabajo incontables ninjas. Muchos de ellos veteranos, con más de media vida asesinando y llevando a cabo los sucios trabajos de su nación. Otros, los más jóvenes, serían quizás más fácilmente reformables; con siete o quince años podrían aprender un nuevo oficio, si es que accedían a hacerlo. Los mayores, aquellos que solo conocían el empleo de ninja, ¿podrían adaptarse? ¿Qué pasaría si la adaptación no fuera posible? En el mejor de los casos la mayoría de ninjas podrían emplearse en profesiones de alto riesgo o con mayores requerimientos físicos, o incluso mentales, pero siempre quedaría una minoría que no podría reintroducirse en la sociedad por los motivos que fueran. ¿Qué pasaría con ellos? ¿De qué trabajarían? Las incógnitas eran miles. Pero ese era el mejor de los casos.

En el peor de los casos tendrían un mundo lleno de ninjas cuyo trabajo había sido derramar sangre. Personas que habían entrenado en innumerables formas de matar a alguien, de causar daño; personas que, con el paso del tiempo, habían desarrollado hábitos no muy normales para lidiar con la culpa y, en algunos casos, la sed de sangre. Algunos serían reinsertados en la sociedad, de eso no cabía duda, algunos no. A todo ese embrollo deberían añadir el crimen que seguiría existiendo y que, seguramente, aumentaría sin el control de los shinobi. Algunos de los shinobi, sin trabajo, aceptarían trabajar para criminales porque eso era lo que habían hecho – aunque legalmente para el Kage – y lo único que sabían hacer.

Tendrían entonces un mundo sin shinobi pero con criminales especializados que mataban sin sentido, ahora no para preservar fronteras o terrenos agrícolas, sino porque les pagaban bien y podían saciar su sed de sangre. Sin nadie que pudiera controlar a estos nuevos criminales las injusticias aumentarían exponencialmente hasta que tuvieran que reaparecer los antiguos y reinsertados ninja para lidiar con el estropicio. Era un ciclo vicioso. Para erradicar las guerras no solamente tendrían que luchar contra la existencia ninja sino con el crimen en general. Era imposible. Si quería ver con sus propios ojos un mundo lleno de paz no valían hazañas progresivas, necesitaba algo radical.

Entonces conoció a Madara y el resto, como se suele decir, es historia. Akatsuki tenía un nuevo propósito. Uno menos ingenuo e inocente pero un propósito mucho más factible que el deseo de Yahiko. Acabar con la guerra usando un genjutsu mundial. Para ello iban a necesitar mucho chakra y qué mejor que los demonios con cola. Nadie los echaría en falta; es más, es posible que incluso algunos celebren su desaparición. La muerte de sus huéspedes no era más que daño colateral pero comparado con los millones de muertes que podía haber de lo contrario sería una minucia.

—Konan —saludó cuando notó la presencia de su antigua amiga—. Veo que traes al jinchuriki del seis colas. Por lo visto no te ha dado mucha guerra.

—Estaba demasiado concentrado protegiendo a una chiquilla —se encogió de hombros ella, o al menos eso le pareció debajo de la gran túnica—. Antes de que pudiera liberar al bijuu ya le había sellado con mis papeles de chakra.

Nagato asintió. Konan, después de todo, había entrenado con un sannin, como él, y claramente había usado la debilidad emocional del jinchuriki. Una pena, se dijo. Le gustaría haber visto una gran batalla pero al menos Konan no había sufrido daños y lo había capturado relativamente rápido.

—¿Qué piensas hacer con el cinco colas?

—Pensaba mandárselo a Kisame, después de todo el Gobi es poco más que fuerza bruta.

—Pero está muerto.

—Se lo he dejado a Deidara y a Zetsu.

El silencio se volvió contemplativo y Konan le miró. —Contando el cinco colas como capturado, solo quedan el siete, ocho y nueve colas por sellar en la estatua.

Nagato echó un vistazo a la estatua por encima de su hombro. Cuatro de sus ojos estaban abiertos y esa misma tarde se abriría otro más. Poco a poco estaban consiguiendo su objetivo. Lo que tenía que hacer ahora era preguntarse qué hacer con la información que Danzo tan libre y felizmente le había regalado. Lo que estaba claro era que no podía ir a batallar en ese preciso instante; tenían que sellar al seis colas y también esperaba el regreso de Deidara y Zetsu con el cinco colas. No, esperaría hasta el regreso de sus subordinados y luego partiría con Konan a Konoha. Atacarían para destruir a la aldea y, cuando las noticias llegaran a oídos del jinchuriki del Kyubi – alguien fácil de provocar – le capturarían en su vuelta a salvar su preciada aldea. Si no lograban capturarle al menos habrían destruido Konoha; y si lograban capturarle solo quedaría el ocho colas, suponiendo que Tobi, Deidara y Zetsu, a quienes pensaba volver a mandar en una misión para capturar el siete colas, pudieran hacer cumplir su objetivo.

—En cuanto sepamos de Hidan y Kakuzu recuérdame que los mande a por el ocho colas; diles también que dejen a Konoha en paz por el momento, que yo me encargaré de ella.

Konan asintió. —Estarán cobrando la cabeza de Chiriku... Seguramente Konoha mandará refuerzos en cuanto se enteren.

—Entonces diles también que maten a todos los jonin que puedan. Cuanto menos protegida esté Konoha para el momento del ataque, menor resistencia opondrán —Nagato reprimió un suspiro e inclinó en el asiento su maltrecho cuerpo—. Si todo va acorde a mis planes, en poco menos de un mes la estatua habrá abierto todos sus ojos.

…...

A Asuma le costaba respirar, tanta sangre en sus pulmones no debía ser buena. Notaba la vida deslizarse por sus dedos como agua, imposible de contener. Quizás fuera la lluvia, quizás fuera la sangre que brotaba de sus heridas.

—No puedes hacernos esto —lloró Shikamaru y él sonrió como pudo.

Shikamaru no entendía la gravedad del asunto, se dijo. Estaba demasiado herido emocionalmente con su prematura muerte para verlo. Tenía dos opciones. La primera era intentar explicarle lo que sabía para que la información llegara a oídos de la Hokage. La segunda era pasar los últimos minutos de vida rodeado de sus alumnos y no poner más peso y preocupaciones en sus jóvenes hombros. Como el hombre sentimental que era eligió la segunda opción. Después de todo Shikamaru era inteligente. Le daba una semana antes de que fuera a ver a la Hokage. Además, no sabía si tendría tiempo suficiente y aliento para hablarles de la verdad.

En sus últimos segundos de vida Asuma Sarutobi contempló el hecho de que Akatsuki parecía saber que algunos de sus mejores jonin no estaban en Konoha. Desde el momento en que él había aparecido con refuerzos los dos criminales parecían haberse centrado en él. Primero había pensado que era por la recompensa que tenía su cabeza – y en parte así era – pero luego se había dado cuenta que la recompensa era un beneficio añadido. Lo que querían era matarle, a secas. Se preguntó por qué no luchaban tan violentamente contra los chunin que le acompañaban y luego se dio cuenta que, a pesar de que no sabían sus identidades, el hecho de que siguieran sus órdenes debió haberles informado de que Izumo y Kotestu eran solo chunin.

¿Por qué querría Akatsuki deshacerse de sus altos cargos sino por una inminente invasión? Sin Kakashi, Tenzo y Black, guardando al jinchuriki en las afueras, la aldea tenía muchas menos posibilidades de resistir un ataque. Sobre todo porque depende del calibre del ataque únicamente los jonin y Naruto podrían hacer frente a la invasión, además de la Hokage y Jiraiya; éste último de quién todavía no tenían noticias de su última misión contra Akatsuki. Algunos chunin, dependiendo de su experiencia, serían enviados al hospital o a ayudar a los civiles a moverse al refugio. Eso dejaba a la Hokage con muchos menos individuos para hacer frente a la lucha.

Lo mirara como lo mirara Konoha sufriría una grave herida. Solo esperaba que Shikamaru, Ino y Chouji estuvieran preparados para ello... Y así, preocupado por sus alumnos, Asuma murió.

—Ha muerto —anunció Ino, con la voz quebrada, y Chouji lanzó un gemido ahogado.

No necesitó mirar a Shikamaru para darse cuenta que era el más afectado por la muerte de su maestro. En Asuma había encontrado un mentor menos "problemático" de lo normal, uno parecido a su padre. Asuma, al contrario que el ocupado Comandante Jonin Shikaku, era una presencia constante en el día a día del equipo 10. Su pérdida sería una que recordarían toda la vida pero Ino era una kunoichi y, al contrario que otras kunoichi de su edad, era pragmática y se había adaptado a cada circunstancia que le lanzaba la vida. Era por eso que era la más dura del equipo 10, no Asuma o Shikamaru. Solo tenían que verle llorar sobre el cuerpo mojado y sangriento de su antiguo y ahora difunto maestro para darse cuenta. Por eso cogió las riendas.

—Vamos, debemos llevarle al hospital.

Aguantó las lágrimas cuando cogieron el cuerpo sin vida de Asuma Sarutobi y lo llevaron a cuestas hasta la aldea.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó finalmente, cuando Shikamaru y Chouji empezaron a caminar a su lado.

—Vengar su muerte.

Ino no se sobre saltó porque, aunque esperaba sorprenderse, las palabras de Shikamaru no le pillaron desprevenida. Una vez más pensaban lo mismo. Era increíble que muchas veces la rubia y el genio pensaran de igual forma cuando sabía que muchos la consideraban vanidosa y despreocupada y en parte lo era.

Los siguientes días fueron una pesadilla. Lo peor de todo no era las miradas de lástima que le enviaban los demás sino las miradas de lástima que le dirigían a Kurenai, embarazada del hijo o hija de Asuma que jamás conocería a su padre. Eso era lo peor de las guerras y de la vida ninja, la gente a la que se quiere y que, irremediablemente, se deja atrás. Ino tenía suerte de que su padre tuviera un trabajo estable, aunque no menos peligroso, en la aldea. Podía verle a diario, un lujo que otros no tenían.

—¿Has hablado con Shikamaru? —le preguntó a Chouji, que era uña y carne con el mencionado, frente al complejo Nara.

—No —suspiró él con preocupación—. No sale de su casa. Su madre dice que se pasa las horas frente al tablero o meditando.

—Debe estar pensando un plan —se dijo a sí misma Ino y Chouji asintió.

—Lo he pensado —les interrumpió una voz y ambos dieron un pequeño bote y vieron a Shikamaru en el marco de la puerta. Su rostro era más serio de lo habitual—. Pasad, os tengo que contar mi plan.

Ino escuchó, tomando el té que tan gentilmente les había preparado Yoshino, cómo Shikamaru pensaba rastrear a los Akatsuki y dividirlos en dos zonas alejadas del complejo Nara. De hecho, además de pensar y meditar, también había preparado una de las dos zonas para el inmortal. La otra zona sería suficientemente alejada para no dañar el bosque de los Nara.

—Aun así... Creo que hay algo que se me escapa —musitó Shikamaru, poniendo las manos en su mentón como hacía al pensar profundamente—. Volveré a hablar con Izumo y Kotetsu.

—¡Shikamaru! —llamó la madre del mencionado a gritos—. ¡Ven aquí ahora!

Shikamaru suspiró y su rostro pasó de serio a aburrido. —Nos veremos luego.

Ino y Chouji le dejaron estar. Cuando algo quería Yoshino Nara era imposible de evitar. Por suerte para Ino su madre le había dejado a cargo de la tienda mientras ella hacía las tareas domésticas que tan poco le gustaban. Si alguna vez había pensado en independizarse con tan solo pensar en barrer, fregar, quitar el polvo, hacer de comer, fregar los platos y hacer la colada se le habían quitado las ganas. Ya tendría tiempo para ser "mayor" dentro de unos años.

…...

Naruto jadeó y miró a Kakashi-sensei y a Black con los ojos entrecerrados del esfuerzo. Llevaba casi dos horas luchando contra ambos mientras Yamato le controlaba desde su altar de madera. Lo malo no era pelear contra Kakashi sino contra Black; él era impredecible y lo peor de todo era que no conocía su forma de luchar. Cuando creía que le tenía a tiro de repente desaparecía sin dejar rastro. No había forma de saber dónde se encontraba o dónde aparecería y mientras intentaba buscarle para evitar una posible paliza aparecía Kakashi y le distraía, lo que acababa con Black reapareciendo y dándole una paliza. Era un círculo vicioso pero poco a poco iba mejorando. Combatir contra dos enemigos más experimentados y listos que tú es peligroso pero al menos le estaba pillando el truco. No podía centrarse en uno pero tampoco tenía la capacidad de batallar contra los dos a la vez, y uno de ellos Black. Tenía que pensar en algo.

—¡Kage bunshin no jutsu!

Pero tan pronto como aparecieron los 20 clones se esfumaron en una bola de humo al ser electrocutados.

—¿No te dije que no usaras tanto esa técnica? —le dijo Black desde lo alto de un árbol—. Eres demasiado dependiente de tus clones. ¿Qué pasará cuando necesites ese chakra y no puedas malgastarlo en clonarte?

—Tenía que intentarlo. ¿¡Cómo si no voy a centrarme en ambos!?

—Vas a tener que mejorar tus sentidos Naruto —le reprobó Kakashi acercándose—. Como Black, habrá otros enemigos que no podrás combatir con tus clones. Piensa, ¿no puedes usar el chakra natural?

—Sí, pero solo cuando estoy quieto —se rascó la cabeza Naruto y pensó en voz alta—, pero si no puedo usar los clones entonces no puedo usar el senjutsu.

—Y eso es exactamente lo que queremos que aprendas —la voz de Black sonó en su espalda y se sobre saltó. Ni siquiera le había notado aparecer—. Si aprendes a captar energía natural mientras te mueves... aprender a cortar una cascada será pan comido, ¿no crees?

—¡Pero eso es imposible!

—No, no lo es.

—Además, el modo sabio en movimiento te permitiría aumentar el poder de tus técnicas actuales y reduciría tus debilidades de percepción —zanjó Kakashi, indicándole que empezara de nuevo a reunir chakra natural.

Naruto apretó los puños, determinado. Si Black tenía la certeza de que era posible era porque debía serlo. Solo tenía que encontrar la forma de hacerlo. Los siguientes días pasaron de la misma forma. Las veces que perdía el control, si Yamato no podía pararlo, la mera presencia de Black o el contacto físico era suficiente para disipar el chakra del Kyubi. Poco a poco fue mejorando su taijutsu, aprendió a canalizar una infinitésima parte del chakra natural y, lo mejor de todo, entre Kakashi y Black le habían ayudado a mejorar su Rasengan usando su afinidad de viento.

—Esto es lo que estaba intentado el Cuarto, ¿lo sabías? —le dijo Kakashi una noche mientras cenaban al aire libre—. Él no pudo completar esta etapa del Rasengan, es por eso que al Rasengan se le considera un jutsu incompleto.

—Sin embargo tiene repercusiones —le reprendió Yamato en voz alta, viendo el brazo que Black había tenido que curar después de crear el Rasenshuriken—. No deberías usarla hasta que no encontraras una forma de no dañarte a ti mismo.

—El daño es a nivel celular —le informó Black haciendo un ademán de cabeza a su brazo—. Si lo utilizas muchas más veces es posible que te quedes sin tu brazo derecho.

Naruto frunció el ceño. Casi 3 semanas entrenando para mejorar justamente el Rasengan y ahora no podía usar su técnica. Aun así prefería tener un as en la manga y conservar su brazo que acabar rápido con sus enemigos y quedarse manco. Así pues asintió, con mala cara.

—No lo usaré a menos que sea totalmente necesario.

Black le dio una colleja que les pilló a todos desprevenidos. —¿Acaso he dicho yo eso? Idiota, solo tienes que encontrar la manera de proteger tu brazo cuando vayas a usar la técnica.

—¿Y cómo sugieres que haga algo así?

Naruto miró de Kakashi a Black de forma intermitente. Yamato parecía no querer inmiscuirse en una posible pelea verbal así que se inclinó hacia atrás entre medio de ambos hombres cuya presencia era abrumadora a veces.

Black se encogió de hombros. —Los Hyuga utilizan el chakra en una técnica llamada Hakkesho Kaiten, básicamente consiste en expulsar chakra de todos los puntos de chakra de su cuerpo mientras rotan formando una esfera para protegerse. Lo mismo podrías hacer tú con tu brazo pero sin usar la rotación.

Naruto sintió algo encenderse en su interior mientras contemplaba las posibilidades. Yamato y Kakashi parecían algo sorprendidos de una solución tan simple. Durante unos segundos musitaron la idea en silencio.

—Sería posible —dijo finalmente Yamato—. Si cubres tu brazo en chakra es posible que las agujas del Rasengan no logren alcanzar la piel.

—Y si mezclas este chakra con tu naturaleza de viento es posible que, de no funcionar el chakra por si solo, el viento ayude a repeler las agujas —se volvió a encoger de hombros Black.

—¡Eres un genio! —gritó él cuando se dio cuenta que, el hecho de proteger únicamente su brazo derecho sin rotar no impediría que pudiera usar el Rasengan mejorado, por no hablar de que protegiendo su brazo las posibilidades de que se lo lograran cortar caían en picado.

El mencionado le alzó una ceja, sin decir nada de su cumplido, cuando le vio dejar su comida de lado. Antes de que pudiera saltar y empezar con su nuevo entrenamiento la mano de Black le cogió la muñeca y, forzosamente, le volvió a sentar en la hierba donde cayó de culo.

—Cómete eso antes. Solo nos faltaría que te desmayaras.

Naruto obedeció, sintiéndose extrañamanente cohibido. Kakashi y Yamato no dijeron nada al ver a Black forzarle a comerse la codorniz que habían cazado, desplumado y asado. Ahora que lo pensaba Naruto no recordaba una vez que Kakashi se hubiera preocupado por si comía o no o por si se cuidaba antes de salir y entrenar durante horas. Kakashi era sin duda su maestro pero Black parecía preocuparse por él a nivel personal además, algo que pocas veces hacía Kakashi – el cual había tardado meses en acortar las distancias con sus alumnos y leer menos por su libro porno. Se avergonzó de sí mismo al pensar que le gustaba que se preocuparan por él, a pesar de que había vivido durante años solo y no había muerto. Aunque alguna intoxicación alimentaria sí que había tenido... Quizás Black tenía razón en preocuparse.

Esa noche, cuando se fueron a dormir y Yamato empezaba la ronda de vigilancia – a pesar de estar a menos de una hora de Konoha – Naruto cayó en un sueño profundo en el cual encontró al Kyubi.

—Ya era hora, mocoso —le dijo el gran demonio tras la verja pero su voz no era ponzoñosa como en otras ocasiones—. Llevo esperando para hablar contigo mucho tiempo.

—¿Y ahora qué quieres? —suspiró él, que no tenía ganas de pelear solo dormir y descansar su mente antes de volver a despertarse y entrenar hasta el agotamiento.

El Kyubi bufó con desprecio, y su actitud seria se volvió de nuevo maliciosa. —¿Crees que quiero estar hablando contigo? Muy bien, entonces no diré nada.

Naruto reprimió otro suspiro pero miró al zorro, que ya le había dado la espalda y se había enroscado entorno sus nueve colas. ¿Por qué demonios quería hablar? ¿De qué? ¿Por qué ahora? Algo le decía que era grave y que no podía dejarlo pasar así que, decidido, se acercó más a la jaula dispuesto a hablar seriamente y sin insultar a su huésped.

—¿Qué querías decirme?

—¿Por qué te lo iba a decir? —contestó el demonio casi petulante, sin mirarle—. Has perdido tu oportunidad.

Naruto sintió una pizca de furia pero luego recordó las palabras de Black y cómo le había hablado al Kyubi sin mediar palabra minutos antes, despreciándole. Volvió a suspirar cuando se dio cuenta de que realmente era un idiota.

—Vale, está bien, lo siento, ¿vale?

Un ojo rojo le miró entre un par de colas y luego volvió a desaparecer. Naruto pensó por un instante que le estaba dando la espalda, aunque lo tenía bien merecido, y que no estaba dispuesto a hablar. Para su sorpresa una de las orejas se giró en su dirección y entonces empezó a hablar.

—Aquella noche un Uchiha me liberó —habló de golpe y Naruto no sabía de qué estaba hablando—. Me controló para que atacara la aldea, para que hiciera el máximo daño posible pero el Cuarto pudo contener mis ataques hasta la llegada de los refuerzos y, después de eso, perseguirle.

Naruto sintió un nudo en la garganta al darse cuenta que el Uchiha que liberó al Kyubi debió liberarlo de su antiguo jinchuriki, fuera quien fuera, que la aldea la cual atacó a las órdenes de su liberador debía ser Konoha y que el Cuarto tenía que ser Minato Namikaze, el anterior Hokage. ¿Un Uchiha? En ese entonces el clan Uchiha estaba vivo en su totalidad, ¿por qué iba a manipular al Kyubi para atacar su propia aldea? ¿Querían hacerse con Konoha? Notaba que algo se le escapaba, había varias piezas que no lograba encajar pero primero...

—Ese Uchiha, ¿sabes quién era?

—Llevaba una máscara blanca con motivos negros y un único agujero para el ojo derecho, en el cual tenía activado el Sharingan. Tenía el cabello corto, negro, y vestía una túnica negra —Naruto frunció el ceño y el Kyubi lo vio—. El Cuarto le preguntó si era Madara Uchiha antes de afirmar que era imposible debido a que estaba muerto...

—¿Lo era?

—!Claro que no! —el rostro del Kyubi se alzó a mirarle—. Yo sé bien cómo se siente el chakra de Madara. Era un Uchiha, sin duda, pero no era Madara Uchiha. Poco después de pelear contra este individuo el Cuarto selló una de mis mitades en ti y la otra la selló en él mismo.

Naruto alzó tan rápido la cabeza que escuchó sus cervicales crujir. ¿La mitad? ¿Cómo qué la mitad? Antes de que pudiera hacerle más preguntas todo pareció moverse y el Kyubi lo contempló con indiferencia mientras se tapaba la cabeza con sus colas de nuevo.

—Al parecer esta conversación va a tener que esperar.

—¡...-ruto! ¡Naruto! ¡Vamos despierta!

Se despertó con un kunai en la mano en un segundo y observó el rostro preocupado y serio de los tres hombres. Lo que le sorprendió fue ver a Hinata, que sujetaba fuertemente un colgante entre sus manos.

—¿Hinata? Qué haces aquí? ¿Cómo has llegado? —preguntó bajando su arma. Entonces se dio cuenta de los ojos relucientes con lágrimas—. ¿Qué ha pasado?

—Tenemos que irnos, Naruto —le informó Kakashi, que ya se estaba acabando de armar—. Konoha está siendo atacada en este preciso instante.

Su corazón dio un vuelco al progresar las palabras de su mentor.


No sabéis el tiempo que me ha costado hacer las 3 últimas páginas de este capítulo. Aun así aquí tenéis el próximo capítulo, espero que os guste.

Blackcirce