Hola!

Primero que todo, muy agradecida por los reviews que he recibido y me alegra saber que disfrutan leyendo esta historia. Dicho eso, les traigo aquí la actualización que espero que disfruten como o más que los capítulos anteriores.

Los invitó, siempre a dejar su opinión sobre el fic.

D: Los personajes de Naruto y su mundo, pertenecen a Kishimoto-san. Esta historia, de todos modos, es totalmente mía.


Capítulo tres:Tormenta

Ella supo que las cosas estaban mal cuando al entrar a la mansión el aire tibio de verano se mezclaba con el olor a sangre, la lengua se le metalizó y el cuerpo se le puso tieso, lista para la batalla. Eran las 9 de la mañana y los rayos de sol que se colaban por las aberturas de las cortinas eran lo único mantenía visible la arquitectura de la casa. Cruzó el pasillo de la entrada y llegó a la sala de visitas, todo tal cual lo habían dejado la noche anterior. Caminó a la cocina y al comedor, pero nada que saliera de lo común; aun así mantuvo su presencia con sigilo, ni la madera crujía bajo sus pies, eran años de entrenamiento escabulléndose.

La casona no tenía segundo piso, era solo una gran planta llena de pasillos y habitación, ubicada en una colina privada al norte de Italia. La probabilidad de que alguien cruzase a los guardias eran nulas, porque estaba todo totalmente resguardado… y Sakura había saludado a todos y a cada uno de ellos hacía menos de 5 minutos. De igual modo, algo le pintaba muy mal… muy, muy mal.

Mientras recorría las habitaciones con cautela, el olor a sangre le iba calando hasta la última fibra sensitiva de su nariz, ¿cuántas veces no se había bañado en sangre como para saber a distancia cómo olía una masacre? Cuando se halló ante la última puerta, sintió como el cuerpo se le descomponía y cómo, toda esa esperanza que había empezado a generar en su alma, caía hasta sus pies y se iba hacia el infierno. El despacho que se presentó frente a ella cuando abrió la puerta de par en par fue una masacre para su alma y para su corazón, que todavía no lograban recomponerse de la vida. La gran oficina, llena de libreros y alfombrada de muro a muro, figuraba cubierta de sangre. Las cortinas estaba descorridas y las ventanas abiertas. En el escritorio figuraba un cuerpo y cerca de la ventana otro más estaba tirado en la alfombra.

No gritó, aunque quiso hacerlo. No clamó por ayuda tampoco, porque sabía que la muerte ya se había apoderado del lugar.

Tendido en el escritorio, como si lo hubiesen tirado a balazos sobre éste, estaba Piero Cermenatti, un líder mafioso que le había dado a Sakura, en dos años, más de lo que la vida le había dado en 16. El brazo derecho le colgaba por detrás del escritorio, hacia la ventana, y un revolver en la alfombra daban cuenta que él, en su última proeza, había sido quien había matado a aquel desconocido que pretendió escapar por la ventana.

Sakura se acercó al segundo cadáver, quería revivirlo y torturarlo, romperle todos los huesos, dejarlo agonizante y llevarlo a ver morir a toda su familia. Pero no podía, ya no. Lo analizó primero, las facciones pálidas por la pérdida de sangre y el cabello castaño claro, una nariz grande y un rostro limpio que evidenciaba su juventud. Basura asquerosa.

Luego se agachó junto a él y lo revisó de pies a cabeza, empapándose entera en sangre ante la brusquedad de sus maniobras. No entendía cómo nadie había escuchado disparos, cómo nadie se había percatado, ¿cómo? ¿CÓMO? Encontró un teléfono móvil que no tenía agendado ningún contacto ni tenía llamadas registradas. Ya daba igual, ya lo había perdido absolutamente todo.

Sakura se levantó esa mañana sintiéndose ajena a Japón, cuando bajó a desayunar Sasuke ya estaba sentado a la mesa tomándose un café y con su notebook abierto sobre la mesa. Cuando ella entró en el comedor, con el rostro más sombrío que el día anterior, Sasuke se dio el lujo de mirarla por más tiempo.

― ¿Y esa cara? ―preguntó él, mientras bebía un sorbo de café.

En menos tiempo del que ella demoraba en armar alguna respuesta elocuente, una mucama ya estaba poniendo una taza y más pan para Sakura.

―Es la que siempre llevo ―dijo ella, mientras le echaba agua caliente a la taza y la llenaba hasta el tope―. Solo que ahora va sin el maquillaje.

Sasuke volvió su vista a la pantalla del computador y marcó algo en la pantalla con el cursor antes de moverlo y ponerle la pantalla a Sakura.

―Mira ―le dijo.

Una planilla de exel estaba abierta, donde habían números (qué Sakura sabía era dinero) y unas etiquetas para cada número. En amarillo estaba la suma de aquellos números (demasiados ceros, demasiadas comas) y, en la misma casilla en amarillo, una nota roja de falla en el cálculo.

― ¿Son las cuentas de este mes? ―preguntó ella, mientras le ponía mantequilla a una tostada.

―No ―dijo―, del mes siguiente.

Sakura dejó su labor con el pan un momento y lo miró.

― ¿Cómo podemos tener cuentas del mes que viene si no sabemos los movimientos de platas del mes que viene? ―. La pregunta le sonó estúpida a ella, porque era obvio que si Sasuke le estaba mostrando eso era porque era ilógico que eso estuviese ahí.

Él solo alzó una ceja.

―Exacto ―dijo finalmente―, pero eso no es lo más raro. Cierra esa ventana y mira la carpeta que tengo abierta, donde dice CUENTAS.

Sakura, que había olvidado por completo el desayuno, minimizó la planilla y miró la carpeta abierta en documentos. En ella, un montón de planillas más que rezaban fechas que no habían llegado, más otras cuantas carpetas que tenían nombres como "INGRESOS A CTA 202XXXX" y "TRASPASOS, CONTRATOS E INFORMACIÓN JURÍDICA".

Abrió la primera carpeta y encontró un montón de pantallazos a correos y comprobantes de pago, el último tenía fecha de hace tres semanas. La cuenta de la cual salía el dinero no era de la casa Uchiha, asimismo, la cuenta a la cual se le transfería tampoco era una conocida. En la otra carpeta, había algunas fotos a contratos sin firmar, sin datos y solo con timbre de la familia Uchiha y unos documentos de texto con información judicial y contratos tipo.

― ¿Qué es esto? ¿De dónde lo sacaste? ―preguntó la chica.

Sasuke apuntó el puerto USB del computador, donde figuraba un pequeño disco duro. Era…

―Itachi ―terminó él ―. Se supone que él veía finanzas brutas y a mí me pasaba todo listo para ingresar y revisar; creo que algo raro estaba haciendo. ¿Opinión al respecto?

Parecía irritado, a pesar de que decía todo con total calma. Sakura buscó en su cabeza alguna explicación plausible para esos archivos, a pesar de que no se le venía nada a la cabeza. Ella nunca vio movimiento de dinero, esos eran temas de Itachi, era administración que a ella jamás le correspondió.

―Estoy tan extrañada como tú ―dijo con cautela ―. Quizás son planillas tipo y el después solo cambia los números.

Sasuke negó.

―Revisé planillas de meses anteriores y los montos finales que aparecen allí son los que él me enviaba. Los detalles, claro, son distintos ―. Se pasó una mano por el cabello, enojado ―. Recién mañana podré tener acceso a la cuenta del clan, por ahora solo especulo. En cuanto pueda ver movimientos allí, veremos de qué va esto, pero necesito que saques copias de todo y las guardes en distintos sitios, que nadie las vea ni sepa de esto… ahora, si esos traspasos que aparecen allí son de las arcas del clan, vaya, estábamos teniendo una fuga de dinero bastante grande, ¿no?

―No creo que Itachi…

―No he dicho nada, Sakura.

―Ah, pero lo piensas y con eso basta. No saques conclusiones apresuradas.

―No lo defiendas tan a la ligera ―masculló el Uchiha.

Ella volvió al tema de la tostada, que ahora estaba fría y la mantequilla totalmente absorbida por la masa quemada.

―Es que si empiezas a pensar en traición voy a tener que golpearte ―le dijo―. Itachi respetaba el clan.

―Como sea ―hizo una pausa, en la cual se sirvió más agua caliente en la taza ―. Tengo que hablar de otra cosa contigo además de las platas turbias.

―No me voy a casar contigo.

―Sí, lo harás ―dijo―. Pero no, es otra cosa de lo que quiero hablarte. Dos cosas, más bien.

―Tú dirás.

―Mañana me acompañas a ver lo de la cuenta del clan y la compartiré contigo, quiero que tengas acceso a ella ―. La miró―. Y quiero que averigües sobre las cuentas, a quién pertenecen, de dónde son, el banco, organización, todo.

Por un momento, Sakura pensó que se lo estaba pidiendo para bajarle el peso a lo de Ino.

―Hablando de misiones… ¿has sabido algo de Ino?

―Nada. Supondré que le ha tocado trabajar hoy y ya me dirá algo más tarde, no es una mujer incompetente.

Eso es verdad, pero si me hubieses mandado a mí, ya te tendría la cabeza de los culpables aquí en la mesa.


Sai no era una persona que se preocupaba fácilmente, muchos decían que el tipo no tenía nervios (ni filtro, ni habilidades sociales), pero la verdad es que él si era capaz de preocuparse. Esta era una de las veces en que eso ocurría; la noche anterior había recibido un mensaje de Ino Yamanaka, un MMS con una foto de muy mala calidad –sobre todo porque la chica le había sacado la foto a la pantalla, ni siquiera era un pantallazo directo– y, cuando él quiso pedir explicaciones, ella no le contestó más el teléfono. Ni los mensajes, ni las llamadas. Había estado en la estación de policía la noche anterior, lo sabía porque había rastreado la señal del teléfono, pero de ahí no se había movido en toda la noche ni en toda la mañana. ¿La habrían arrestado? Bueno, esa era una de las razones por las cuales estaba mirando los canales de farándula, algún chisme de ella debía aparecer allí, total, la Yamanaka era famosa.

Pero nada.

Eran las 10 de la mañana y la foto enviada no tenía pies ni cabeza, no conocía el contexto, no sabía dónde la había sacado y si realmente significaba algo.

El teléfono de Ino seguía apagado.

Conociendo a la rubia, en algún momento debía aparecer para dar alguna explicación de todo, pero estaba tardando mucho y ella era pésima para el misterio, malísima, no se guardaba las cosas más de unos minutos. ¿Dónde estaba?


Hiashi Hyuga era un hombre duro. Había sido criado bajo estrictas normativas para ser un líder ejemplar y se tomaba apecho lo de inculcar en sus hijos los valores y el honor que debía tener un yakuza. Pero con los tiempos de ahora era bastante difícil mantener un orden en los grupos, los clanes eran liderados cada día más por gente salvaje que se pasaba por la axila el orgullo de la yakuza. Es que sus tiempos fueron otros, donde había respeto y había códigos estrictos entre las distintas casas, había verdaderos valores y no eran simples vendedores de droga que por ganar unos cuantos millones creían que tenían el control de todo. Simples dealers, eso no era un clan, eran drogadictos desalmados. Qué coraje le daba eso.

Entonces él crió a sus hijos bajo los mismos códigos que él. Sabía que podía resultar duro a veces, sobre todo para sus hijas, que al igual que su mujer habían nacido frágiles de espíritu (más Hinata que Hanabi); pero Neji, él era un buen muchacho y un orgullo para su sangre, lo podía ver como líder, pronto, lo podía ver como a un igual. Y le hubiese encantado ver a toda su progenie así, como su mano derecha, codo a codo ayudándose para seguir la línea valórica que llevaban los Hyuga hace siglos (sí, siglos). Pero no, Hanabi pintaba más para ser cualquier otra cosa que una mujer de yakuza (ni para esposa) y Hinata, ella sería desligada del clan en cuanto se casara, ¡pero que estupidez más grande eso de preferir el amor sobre la sangre!

Hinata, que si bien no era fuerte como Neji ni esforzada como Hanabi, era sensata y hábil en la estrategia, habría sido un elemento maravilloso para el clan, para Neji, pero no, ella había puesto sus ojos en el muchacho Uzumaki, que desgraciadamente era hijo único de un clan poderoso, por lo que para permitir el matrimonio sin caer en conflictos habían tenido que optar: o Naruto dejaba su clan o Hinata dejaba su clan. Tonta ella, el amor jamás le daría tanta estabilidad como la familia, ¡jamás! E incluso si así fuese, podría haberse escogido a alguien de un clan pequeño, que no desatara conflicto de intereses, algo no tan escandaloso… Ay, Hinata.

Y claro que podría haberle negado cualquier vínculo con Uzumaki, podría haberse plantado ante ella y decirle: tú no vas a ningún lado; pero cuando ella fue a decirle lo de su compromiso, la vio tan fuerte –como nunca antes –la vio tan decidida, que se vio a él mismo implorándole a su padre que lo dejase liderar ya el clan aún sin estar casado. No pudo negarse y, por primera vez en 59 años, cedió.

Si tan solo Kyoko estuviera viva para verla. Si tan solo estuviese allí para llorarle la partida.

Hinata, con 26 años, lo abandonaría en cuanto la dejara en el altar con Naruto Uzumaki. Ese era su destino.

Ahora, era evidente que eso no lo dejaba en buenos términos con los Uzumaki: aliados estratégicos nada más, la amistad en los negocios siempre debía quedar en segundo plano. Además, el hijo de los Uzumaki, Naruto, parecía cualquier cosa menos un líder de clan. No era nadie más que un sonrisón sin gracia.

Cuando llegó a la casa de los Uchiha para reunirse con el nuevo líder, Sasuke Uchiha, y el líder del clan Uzumaki, Minato Uzumaki, lo primero que vio fue a la muchacha de pelo rosado –¡la juventud de hoy en día! –en la entrada conversando con Kushina Uzumaki, la esposa de Minato.

Neji, que iba a su lado en el asiento trasero del coche, espero a que su padre bajara antes de bajar él.

―Hyuga-san ―, dijo la chica de cabello rosado con una reverencia. El acento japonés todavía no soltaba, pero debía admitir que desde que la conoció había mejorado bastante, tanto en actitud como en forma.

Muchas historias había oído de esa chica, todas se las había contado Fugaku y, las que no, se las habían contado los informantes que apostaba para Hinata, Neji o Hanabi. Ahora, si él no la conociese, consideraría aquellas historias plausibles y admirables; pero viéndola y habiendo cruzado palabras con ella, que se veía como una muñeca de porcelana, tranquila y frágil, le sonaba como si le estuviesen contando falacias. Bien sabía que los relatos eran ciertos, sí, pero mirándola, parecían mentira.

Sakura tenía la contextura delgada y era alta, por lo que parecía fácil de quebrar, frágil; además que con la tez paliducha que tenía, los ojos claros –nada japoneses – y el pelo de fantasía, parecía más una Barbie que una asesina. No había por dónde verle la maldad, no había por dónde mirar a la bestia que, según muchos, llevaba dentro. Una vez se lo había comentado a Neji así, cuando la vio por primera vez y pudo darle una cara a la leyenda que venía del occidente:

Oye, esa muchacha, la del pelo rosa, ¿me dicen la verdad cuando me hablan de ella? ―le había preguntado.

Neji, que siempre parecía en calma, ordenaba unos libros y ni siquiera lo miró para contestarle.

Cada palabra ―respondió seco.

Es de porcelana, no parece ni siquiera saber lo que es un arma.

Y Neji lo miró.

No le miento, padre, cuando le digo que ella es lo que dicen que es: la asesina más sanguinaria que ha pisado Japón.

En ese momento, Hiashi, que había aprendido a observar y a analizar, había llegado a pensar que en las palabras de su hijo había un deje de respeto y admiración. Quizás lo imaginó, quizás no, en verdad no le importó mucho.


Había algo nostálgico en lo incierto de su destino. ¿Qué haría ahora? Era una pregunta que se había hecho tantas veces que la resonancia de ésta no paraba de sonar como la primera vez que en su cabeza tuvo que plantearse su rumbo.

Sakura estaba en el despacho, ahora limpio de Cermenatti. Estaba pegada a una esquina contraria a la salida, escuchando cómo los abogados hablaban con otros miembros del grupo mafioso de Cermenatti, preguntándose cuál sería su destino ahora. Se había quedado porque había decidido ver qué pasaba ahora que se habían quedado sin líder, aunque la verdad no tenía intenciones de seguir a nadie más, aunque si alguien le presentara una pista de quién fue aquel que despojó de su corazón la esperanza, entonces intentaría quedarse más tiempo, intentando organizar todo lo que conllevara venganza y tortura.

―"… Finalmente, todos mis bienes y el dinero de mi cuenta personal quedan a disposición de Alessandra Dafna Cermenatti, mi hija adoptiva." ―. Sakura sintió cómo todas las miradas iban a ella y cómo otro abogado la miraba, como diciéndole: vamos, ahora tienes que decir algo y firmar los papeles.

Las arcas de "la familia" eran de "la familia", pero las arcas personales y todo lo que tenía un sello Cermenatti habían quedado a ella; a la cual había acogido como hija y le había dado, incluso, su apellido. Sakura no sabía si negarse a recibir todo o recibirlo y hacerse de la cabeza del grupo…

Entonces, cuando estaba por dar un paso al frente el celular que llevaba consigo desde ese miércoles en la mañana, cuando encontró el cadáver de Cermenatti, sonó. Le costó un poco hacer la conexión, pero el repique monofónico la enfocó de pronto. Sintió que el tiempo se detenía al tiempo que sacaba del bolsillo de su chaqueta cara el celular y miraba el visor: "número privado". No le importó estar en un momento importante ni pedir permiso, solo contestó.

Así que así cae el grupo Cermenatti, ¿qué harán ahora? ¿eh? ―dijo una voz gruesa desde el otro lado de la línea antes de que Sakura pudiese decir nada ―. Que se sepa, que aquí en Italia, quien gobierna es Aurelio Andreanni, ¡Nadie más! Él es el más grande y uno jamás debe negarse a hacer negocios con él.

Colgaron.

Sakura se quedó con el teléfono en la oreja ante la vista, aún vacante, de los presentes. Siempre la habían considerado extraña (y de temer), por eso nadie le hacía notar su falta de respeto, pero no fue hasta que uno de los abogados tosió, incómodo, que Sakura volvió en sí.

Lo encontramos.

Sakura observó a Sasuke mientras hablaba con los líderes de los clanes. Le miró el cabello, los ojos, los gestos, la cara, el traje, su orden y su estructura; empezó, sin querer –pero ya acostumbrada –, a comparar todo con los recuerdos que Itachi había marcado en ella. Había cosas que eran idénticas entre ambos, pero había unas otras tantas que los hacían dos copos de nieve totalmente distintos. Sasuke era calculador y mantenía en sí todo cubierto para que cualquiera que lo viese se asustase de tal máquina de argumentación. En cambio, Itachi, era abierto a opiniones y sus discursos eran llevados por lo que el resto de la gente le sugiriese. No es que Itachi fuera manejable, pero era manipulador, le daba a los otros control para que se supieran ganadores, sin darse cuenta que Itachi los llevaba en espiral a sus propios propósitos. Sasuke no, él iba a su punto, al grano: esto es así, yo lo quiero así, así será.

Posiblemente sería chocante para algunos en un principio, siempre era así ante los cambios de mando en los clanes, pero pronto se acostumbrarían a lidiar con él, como ella lo había logrado. Además, dudaba que Sasuke fuese a cambiar sus formas solamente porque no era tan ligero como Itachi, de hecho ella creía que era una de las razones para ser así de frontal, no ser igual a Itachi.

―Los otros clanes no se pueden inmiscuir en el trabajo de un clan, ni en sus negocios, a menos que haya un contrato de por medio para compartir derechos o, bien, si existe una votación de mayoría entre todos los clanes mayores y ésta da el visto bueno ―interrumpió en un momento Kakashi Hatake, del clan Hatake. Era un cincuentón viudo que se dedicaba a la regulación del comercio sexual o sus variantes, algunos lo llamaban cafiche o simplemente lo enajenaban porque sostenían que era un pervertido; pero la verdad es que el hombre era, por sobre todo, una mente maestra del marketing y su fachada de viejo parrandero era tan convincente como su capacidad para manejar los negocios. Además, tenía poder por montón, porque su tipo de comercio era, quizás, el que daba más dinero en el hoy por hoy. Mientras todos los otros clanes se mantenían en múltiples líneas de ataque comercial para que sus arcas fueran cuantiosas como lo eran, el clan Hatake, con un solo rubro, lograba ganar tanto o más como la mayoría de los clanes.

Ahora bien, no era un trabajo fácil defender sus dominios, con todo eso de la trata de blancas, la droga y la clandestinidad de algunos negocios de poca monta, Kakashi había tenido que imponerse y buscar ayuda en más de una ocasión. Naruto lo encontraba, en sus palabras, "el mejor hombre que había pisado la tierra", Sakura lo encontraba genial también; pero tanto Sasuke como Neji consideraban que era, simplemente, un viejo verde con buen ojo para la pasta.

―Estoy de acuerdo con eso ―dijo Sasuke, mientras marcaba con un destacador amarillo unas líneas de texto en los documentos que tenía frente a él ―. No pretendo cambiar las cosas que los clanes tienen establecidas entre ellos, solo quiero aclarar mi modo de trabajo para que no haya conflictos a posterior: mis investigaciones son totalmente asunto de mi clan, no avisaré a ningún extra que mi familia está haciendo averiguaciones a menos que esto nos competa a todos. Piensen que si buscamos a un traidor, dar la señal de investigación sería permitirle al traidor a frenar su marcha.

― ¿Es por lo de tu hermano? ¿Nos estás investigando a todos por eso? ―preguntó Tsunade.

Esa mujer era una ídola para Sakura, realmente, había sacado a su clan sola adelante, su marido había muerto cuando pocos años después de casados, cuando aún eran un clan menor, muy pequeño para preocuparse por él. Pero allí estaba, siendo la líder de un clan mayor a sus 50 años y con tres hijos que podían jactarse de pertenecer a un clan de vasto respeto en el hoy por hoy. Además, para tener quinta década, la mujer se mantenía excelente, cualquier pensaría que estaba en los 30, en serio; carácter fuerte, médico de profesión, más de mil millones anuales al año recaudados solo en movimientos de sus empresas, nada ilegal de por medio; tres hijos profesionales que, por si fuera poco, sabían usar un arma como correspondía. Si esa mujer no era un modelo a seguir, por lo menos era el sueño lésbico de Sakura… no, bueno, quizás un poco.

―Estoy puntualizando algo, no manifestaré mis acciones ahora sean o no sean ciertas tales acusaciones ―mencionó Sasuke, tranquilo―. Pero no duden que, si me entero de algo, serán los primeros en saberlo.

Sakura no pudo evitar sentirse extraña al verlo ejercer control de la situación como lo hacía en esos momentos. Nuevamente, no es que el chico fuese un inútil, pero si eran pocas las veces que lo veía en su zona de confort. Sasuke había tenido muy pocas veces para expresar liderazgo en algo, esa era cosa de su padre, su madre y su hermano, entonces ella no acostumbraba a verlo en esa fase, en incluso así, describió mejor lo que era el control de lo que Itachi lo hizo en todas las reuniones de esta índole.

Cuando Fugaku Uchiha murió, recordaba haber estado presente, junto con Sasuke, en esta misma reunión, con la misma gente, viendo el rumbo del clan y los planes que tenían dentro del grupo de clanes mayores, pero Itachi poco había emitido sobre sus propósitos y había dejado a los demás hablar, para él luego sacar una conclusión. Obviamente, Itachi tenía su estilo, nunca perdía. De todos modos, Sakura debía admitir que le gustaba más este sistema, el saber exactamente lo que iba a pasar, no el sistema Itachi, que consistía en interpretación de lo que no tenía interpretación y de quedar muchas veces haciendo lo que le mandaban, antes de saber lo que tenía que hacer desde el principio.

3.00 am.

Sakura bufó al tiempo que tiraba el reloj al piso. No sabía con quién estaba frustrada, con ella o con Andreanni; lo había seguido hasta Japón luego de haber acabado con todos los pertenecientes a su casa y la única pista que guardaba la había llevado a un callejón sin salida. La casa Uchiha le había permitido alojamiento y protección porque era un enemigo común, que desde Europa se estaba metiendo en sus territorios con un comercio de droga no muy pequeño. Pero seguir buscando era la única opción, no se le podían acabar los recursos, no.

Se levantó de la cama, siguiendo un camino que aún no era muy familiar hasta la cocina, ¿cuánto tiempo llevaba viviendo en esa casa? Casi 3 meses.

La luz estaba encendida, y ella temió que hubiese algún criado trabajando. No le gustaba importunar así, sobre todo en casa ajena. Pero cuando se asomó solo vio a Sasuke, sentado junto a la mesa de la cocina, con una taza de café en la mano. El olor al café cargado le llegaba a la nariz a pesar de que él estaba del otro lado de la cocina.

Entró.

La verdad es que en esos tres meses que llevaba allí, Sakura podía estar segura de que casi no conocía la voz del hijo menor de Fugaku. Era un chico demasiado callado y, en su opinión , parecía más que disgustado con su presencia allí.

¿Insomnio? preguntó ella, la verdad es que debió haberse callado, pero aún existía en ella una gana interna de llevarse bien con él. Por la convivencia, claro.

Él levantó la mirada de la taza, pero no la miró.

Me gusta tomar café a las tres de la mañana.

¿La estaba jodiendo? Sakura frunció el ceño y se calló la boca ante su ingenua jugada. Pero si ella no le agradaba, llevaba mostrándole mala cara desde que llegó allí, era obvio que no quería cruzar palabras con ella.

Sakura puso el hervidor y esperó a que el agua estuviese caliente. El silencio que se instauró en la cocina se volvió incómodo y Sakura tuvo que debatirse entre irse de allí y volver cuando el agua estuviese lista o quedarse allí y enfrentar la tensión del aire. Optó por lo segundo, frustrada porque no entendía por qué, a pesar de tener claro que él la odiaba, ella seguía sintiéndose mal por no poder encajar con él.

Encajar… quizás era un mal uso de la palabra.


Sai pisó el acelerador a fondo, al tiempo que escuchaba bocinazos de los autos en la avenida. Era ruta urbana, no tenía permitido a ir a más de 60 kilómetros por hora, pero su auto le estaba dando 100 y necesitaba más. Tenía que llegar rápido a la casa de Uchiha, tenía que avisarle lo que había descubierto. Había intentado llamar a Sakura unas 100 veces, pero tenía el celular en silencio, entonces recordó que ese día era la reunión con los clanes por la sucesión y supo que todos tendrían allí para rato.

Todo empezó cuando, a la 1 de la tarde –asumiendo la desaparición de Ino como un hecho ya que al llamar a su trabajo le dijeron que no se había presentado –, Sai decidió usar toda su experiencia informática (que era mucha, ya que en eso trabajaba para el clan) en la imagen que la rubia le había enviado. Estaba pésimamente mal tomada, toda pixeleada y muy mal enfocada, pero de todos modos intentó mejorarla y buscar pistas. Y entonces había obtenido una foto muy borrosa de una figura femenina; la cara no se distinguía y la contextura era imposible determinarla por estar la foto en tan malas condiciones, pero sabía que era una mujer de pelo oscuro y gafas, notaba la curva de los pechos en la silueta y el largo del cabello un poco bajo los aparentes hombros… el tema no acabó ahí, habiendo gastado una hora en modificar la imposible foto, había decidido pasar a mayores rastreando el teléfono de la muchacha hasta la estación de policía. El tema es que, cuando llegó a por él, se encontró con éste totalmente destruido –sin funcionalidad –en un tacho de basura, muy al fondo en una bolsa.

Pánico, eso fue lo primero que sintió. Rabia, después, por no poder haber hecho nada. Ansiedad, luego, por no saber qué era de Ino en esos momentos.

Con ambas cosas, la foto y el celular, subió a su Corvette y condujo hasta la mansión Uchiha a una velocidad peligrosa para cualquier ser humano en las calles de un concurrido Tokio. En todo el tiempo que duró su investigación, llamó tanto a Sakura como a Tenten, que solían ser sus compinches cuando algo raro pasaba, pero Tenten no tenía idea de nada y Sakura nunca contestó. Por eso no le quedó otra. Tuvo que ir a la mansión.


―No creo que hayan quedado muy contentos ―le decía Sakura a Sasuke, una vez que la reunión terminó y ya se hubieron ido todos los yakuzas.

―Todos tenemos formas distintas de hacer las cosas, Sakura ―le decía Sasuke, al tiempo que se frotaba la sien, como tratando un dolor de cabeza que aún no llegaba por completo.

―Está claro ―dijo ella, para terminar admitiendo―. Lo has hecho bien, te felicito.

Sasuke la miró con el ceño fruncido, esperando ver algún gesto de burla en la cara de la pelirrosa.

― ¿Quién eres y qué has hecho con Sakura? ―preguntó, sonó como un chiste, pero Sakura juró que él se lo creía.

―Te estoy siendo sincera ―confesó ella ―. No creas que llevarte la contra es mi propósito de vida.

―Bueno, a veces los parece ―sentenció él.

―No te hagas la víctima, Uchiha, mira que aquí el que no me quería en casa eras tú ―le advirtió como si nada.

―Ah ―murmuró―, eso.

―Sí, eso ―masculló, metiéndose la mano al bolsillo de la chaqueta para sacar su celular, solo para revisarlo ―. Pero qué…

Cuando encendió la pantalla, el primer mensaje era 114 llamadas perdidas de Sai. Sasuke frunció el ceño al verla a ella misma fruncir el suyo al mirar el celular.

― ¿Qué?

―Sai ―le respondió. Iba a devolverle el llamado, pero el toqueteo en la puerta de la sala de reuniones de manera apurada la detuvo. La puerta se abrió sin que Sasuke le diera el paso para entrar.

―Tenemos un problema ―dijo un Sai que venía agitado, como si hubiese venido corriendo. El cabello negro y corto lo llevaba despeinado y en los ojos, que siempre estaban neutros, un deje de preocupación. Fue eso lo que más alertó a Sakura, Sai no era un tipo de emociones, de hecho, estaba segura que de las únicas emociones que podía tener eran por y para las máquinas con las que trabajaba.

Sasuke se levantó de la silla, esperando lo que el paliducho Sai tenía que decir.

― ¿Qué sucede? Tengo como 1000 llamadas perdidas tuyas ―. Sakura se le acercó, preocupada.

―Es Ino.

Todas las alarmas en la cabeza de Sakura se activaron.

― ¿Qué le pasó? ―preguntó, sintiéndose agitada.

No, vamos, Ino no, ya me quitaron a Itachi. Ino no.

―Desapareció ―dijo finalmente.

― ¿Estás seguro?

―No, Sakura, por favor. Vine aquí solo porque no contestó el celular ―le dijo cabreado.

Sasuke adelantó sus pasos, rápido.

― ¿Qué sabes? ―la voz de Sasuke sonó casi gutural.

Sakura le miró, ¿por qué estaba enojado de repente?

Sai sacó de los bolsillos de su pantalón la impresión de la foto que Ino le había enviado y el celular hecho trizas de ella.

―Encontré el celular escondido, al parecer quien hizo esto pensó que el GPS funcionaría solo si ella mantenía el celular encendido ―dijo―, se nota que lo destruyeron tanto como pudieron, no es accidental ―. Hizo una pausa, apurado, ordenando ideas―. Esto me lo envió al celular anoche, sacó la foto de una pantalla, pero no sé quién es ni para qué es.

Sakura y Sasuke tomaron la foto a la par y la miraron, cada uno sosteniéndola por un extremo. La chica no lograba distinguir bien nada, solo que era una mujer de pelo corto, quizás esas marcas en lo que era la cara eran unas gafas, pero no podía estar segura.

― ¿A qué hora te envió esto? ―preguntó Sasuke.

―Por las nueve de la noche. La llamé dos minutos después y no contestó. Luego apagó el celular.

Sakura seguía mirando la foto, estaba sintiéndose taquicárdica. Ino era su mejor amiga, junto con Hinata, no podían quitársela, además Ino era una mujer fuerte, no dudaba que ella podía defenderse sola… ¿entonces por qué no aparecía?

―Iré por ella ―dijo Sakura en un deje de locura, porque ella sabía que era estúpido salir así a buscarla. Por suerte Sasuke la retuvo del brazo.

―No tiene caso, no hay pistas de nada, ¿solo darás vueltas por la ciudad esperando que aparezca caminando por la calle? ―le dijo.

Sakura le miró con gesto intranquilo y Sasuke suspiró.

― ¿Cómo lo hacemos entonces? Nadie puede desaparecer de la nada.

―Ella estaba haciendo una investigación para mí ―aclaró Sasuke―. Lo más probable es que alguien se haya dado cuenta de eso y haya querido callarla porque algo encontró. Esta foto quizás, si sabemos quién aparece aquí la encontramos a ella.

― ¿Cuánto tiempo tenemos? ―preguntó Sai, se subió las mangas de la camisa y cruzó sus palidos brazos en el pecho.

―No lo sé, quizás ya no lo tenemos ―dijo Sasuke, y miró a Sakura, que parecía estar perdida en sus propias conclusiones ―. Sea como sea, tenemos poco tiempo, casi nada.

Sai parecía ofuscado, como si haber ido hacia la mansión hubiese sido una verdadera pérdida de tiempo. Sakura, tenía su mente trabajando a mil por hora. ¿Hacer desaparecer a alguien para mantenerlo cautivo sin avisarle a su familia o clan? No, eso no pasa, ¿si estaba muerta? ¿Si la habían matado por estar buscando cosas en las que no debía meterse? Oh, vamos, Ino no era tan débil, tenía el cuerpo de modelo, pero era una de las mujeres más hábiles en combate cuerpo a cuerpo que alguna vez hubiese conocido.

La habitación de reuniones de la mansión Uchiha empezó a parecerle grande, muy grande, tanto que se sintió alejada de Sai y de Sasuke. La mesa grande que daba para 20 sillas a su alrededor, ahora parecía para 60 sillas y la pantalla en la pared, del extremo contrario a la puerta, ahora le parecía lejana y pequeña. Agachó la cabeza para no serntir el vértigo inestable de la pérdida que le estaba embargando. Una mano en su hombro la hizo sobresaltarse. Sasuke estaba a su lado hablando por celular con alguien.

―Sai ―dijo Sasuke cuando colgó―, te vas con Shikamaru a investigar a la estación de policía. Busquen el auto de Ino, toda la información que encuentren. Pero no hagan nada con ella, guárdenla, la traen y vemos que hacer. Rápido.

Sai, que pareció ponerse tieso al tiempo que Sasuke sacaba voz de mando. Así, sin decir nada, Sai abandonó la sala a paso rápido mientras sacaba su propio celular.

De pronto, Sakura se sintió débil e inútil.

―Ahora, averiguamos quién está en esta foto ―le dijo Sasuke a Sakura, pero ella no parecía estar escuchándolo.

―Te dije que me enviaras a mí ―le dijo, como un susurro.

Sasuke se agachó a la altura de la chica.

―Hablemos de culpas cuando esté todo solucionado, Sakura ―le pidió él.

― ¡Es que a ti no te importa! ¿Qué pierdes con esto? ¡Nada! ―estalló ella, sentía que quería llorar, pero no había lágrimas que derramar. Acercó su cara a la de Sasuke hasta que sus narices se rozaron en las puntas―. Si Ino está muerta, Sasuke, si me entero que algo que malo le ha pasado haciendo tu maldita misión… yo me voy de aquí, ¿me oyes? Me desligó de este clan, ¡me desligo de ti!

Se alejó de él con brusquedad y tomó la foto de la mesa con rabia. Salió de la sala dando un portazo, dejando a Sasuke solo.


Nota de Autora: bueno, he ahí el capítulo tres, espero que les haya gustado y espero que los flashbacks no los hayan perdido mucho. Sakura, recuerden, viene de Europa y antes de ser Sakura tuvo otros nombres, en los que espero ahondar más adelante.

Finalmente, los invito a dejar su opinión, reclamo o sugerencia en la cajita de texto de acá abajo. Darles de antemano las gracias.

Nos leemos!