D: Naruto, sus personajes y mundo, no me pertenecen. Esta historia, en cambio, sí.


Capítulo cuatro: Viva

Le costaba distinguir el momento exacto en que se había involucrado en toda esta basura, nunca lo había percibido realmente, no hasta que estaba a punto de casarse con Itachi y, posterior a eso, cuando estaba llorando sobre su cadáver.

Había nacido en Tokio y su vida jamás había distado de la normalidad monótona del 90% de la población mundial, sus padres eran gente de esfuerzo que no tenían nada que ver con la yakuza (un encargado de tienda y una costurera) y sus decisiones de carrera habían sido llevadas solamente por las ganas de poder darle mejores oportunidades económicas a sus padres. Solo eso. ¿Entonces qué estaba haciendo ahora? Claro, tenía dinero y no le faltaba absolutamente nada, pero ¿a qué precio? Sus padres habían muerto hace años ya (por su culpa) y no tenía nada a lo que aferrarse realmente… hasta Itachi.

Ella ya estaba perdida cuando Itachi llegó a su vida, o cuando ella llegó a la vida de Itachi. El plan era perfecto, su misión iba viento en popa, incluso ella misma se cuestionaba si ese hombre que le entregaba en bandeja la información del clan era quien decía ser (tan descuidado, tan desprolijo), es que todo era muy fácil. Pero erró, no fue sino hasta que ella se empezó a sentir medianamente atraída (de verdad) hacia él, que empezó a preocuparse de la misión que le habían encomendado; de todos modos, no podía detenerse, aunque al mismo tiempo le hubiese gustado parar ahí.

Pero él siempre lo supo, atento, siempre supo que ella estaba metida en algo turbio y que él era su víctima. Y cuando pensó que él iba a matarla, cuando pensó que él probaría lo sanguinario que eran los yakuza con ella… él le ofreció protección a cambio de seguir haciendo lo que hacía, ser una espía.

Se había enamorado de su misión, pero qué cliché.

Y de repente todo parecía estar mejor, ella volvía a sentirse feliz, volvía a estar plena; pero no, cuando se está metida en la suciedad nadie puede jactarse de ser feliz y tener una vida plena: Itachi no la amaba como ella a él y, aunque ella iba a ser su mujer, Itachi jamás podría darle una plaza en su corazón como ella le había dado a él… y entonces lo mataron.

Estaba segura que la próxima sería ella, por desleal, pero más que obligarla a ver cómo lo asesinaban, no le hicieron nada más. Ella había tenido que abandonar la casa Uchiha cuanto antes y nada más había sabido de Orochimaru y su pandilla de enfermos, de hecho estaba lista para comprar pasajes e irse del país cuanto antes.

Pero, nuevamente, estaba siendo ilusa.

¿Pretendes dejarla aquí? ―chilló Karin al ver que Suigetsu amarraba a una maniatada e inconsciente Ino Yamanaka a una silla del comedor ―. Espero que ninguno de los vecinos te haya visto, imbécil.

Suigetsu había llegado hace unos cinco minutos al departamento recién rentado de Karin, abriendo la puerta sin llave (era de esperarse en todo caso), llevando a la rubia a cuestas: Ino Yamakana, la rubia pechugona –modelo– que siempre se le lanzaba encima al hermano menor de Itachi y que se llevaba bien con la esquizofrénica de Sakura.

Ah, Karin, cállate ―dijo Suigetsu cuando acabó de dejar bien amarrada a la modelo.

¿Eres imbécil? ¿Cómo se te ocurre traerla aquí?

Orochimaru no está contento contigo, amiga, así que tu castigo es este ―le anunció Suigetsu, mientras le mostraba sus afilados dientes.

Karin miró el reloj esperando que fuese tarde para que ningún vecino hubiese visto como el hombre cargaba a una mujer amarrada e inconsciente hacia su departamento. Menos que supieran que esa mujer era Ino Yamanaka, lo que le faltaba ahora era tener a un montón de reporteros y policía en su departamento.

¿Y qué debo hacer? ¿Tenerla aquí hasta que despierte y luego entretenerla? ¿Cuál es la idea? ―Karin, que estaba de pie, se desplomó sobre el sofá. Esto le traía recuerdos, cuando recién empezó en el rubro.

Suigetsu, que no tenía claras las normas de buenas costumbres, pareció ignorarla en un principio y se dirigió a la cocina, como si fuese su casa, a buscar comida.

Ah, Orochimaru no nos dejó cenar ―decía, mientras rebuscaba en la nevera algo para comer.

Karin, cerró los ojos e intentó enfocarse. Respiró hondo. La cabeza le estaba empezando a doler.

Suigetsu…

El susodicho apareció nuevamente en la sala del departamento comiendo un yogurt.

Deberías tener más comida de verdad ―dijo, luego hizo una larga pausa que a Karin le supo amarga ―. Deberías agradecer que la hemos pescado, Karin, estaba revisando las cintas de seguridad.

Ya, pero ustedes las modificaron todas, ¿no? No entiendo el problema.

A veces uno comete errores, Karin ―dijo él, haciendo un gesto―. Las grabaciones de la estación de policía estaban mal editadas, no tan mal, podríamos haberlas dejado así, pero tu amiga aquí presente te vio.

Una alarma se encendió en la cabeza de Karin.

¿Qué?

La seguimos todo el día y revisamos las cintas junto con ella a través de las cámaras que instalamos. La cinta de la estación de policía estaba tan mal editada que hay un microsegundo en el cual apareces y ella se dio cuenta. Si no fuese por nosotros, créeme que tendrías al clan Uchiha de cabeza aquí en tu departamento. Ya te habrían matado.

¿Y por qué no la mataron? Se supone que su lema es no dejar testigos.

Suigetsu rió de manera burlona y la carcajada le dio a Karin náuseas.

Preciosa, Orochimaru y todo el gumi está muy descontento contigo ―dijo―. Te encomendamos una misión y tú vas y te enamoras del objetivo, mal ahí. Luego, como si no agradecieras lo que te hemos dado, nos desligas de ti, ¡cómo si eso fuera posible! Te creíste invencible, Karin, pecaste de soberbia cuando el Uchiha te ofreció protección, pero no logras entender que ningún clan está sobre nosotros.

Suigetsu se acercó de manera peligrosa a la chica y ella sintió que el corazón se le detenía.

Tu hombre está muerto ―dijo él―, no hay nadie que quiera salvarte. Tomaste el camino fácil, Karin, y te aliaste al equivocado; ¿de verdad crees que puedes ignorarnos y hacer lo que se te dé la gana sin que nosotros hagamos nada? ¿Cuántos años llevas en esto? No eres estúpida, Karin, no lo eres. Por eso, y solo por eso, te hemos decidido dar una segunda oportunidad con nosotros, porque te queremos y porque eres una suma beneficiosa para nuestro equipo, ¿entiendes? ¡ESO ES AMOR, NO ESA BASURA LLENA DE ARCOIRIS QUE TE PROMETIÓ EL HIJO DE PUTA DE ITACHI UCHIHA!

Ante el alza de voz de Suigetsu, Karin sintió que estaba por ser asesinada. Suigetsu puso una mano en su cuello, mientras se agachaba al nivel de ella, que estaba en el sofá, sentada, muy tiesa.

Apretó la mano, pero sin asfixiarla, aunque Karin supuso que empezaría a hacerlo luego.

Suigetsu…

No es mucho lo que te pedimos, amor ―dijo él, acercándose a su oído―. Para todo lo que nos hiciste, lo que te pedimos es muy, muy poco. Tú tendrás que matarla.

¿Qué?

¿A la Yamanaka?

Suigetsu se alejó y rompió todo contacto con ella.

¿A quién más?

Yo no…

No, tú sí ―dijo él―. Pero tranquila, no es necesario que tomes un arma ahora y la mates. Tómate tu tiempo, mañana vendré a esta misma hora.

¿Y qué hago con ella mientras? ―preguntó Karin, levantándose del sofá.

Matarla, pues, mujer ―dijo él, incrédulo―. Mañana vendré por el cadáver, debe estar muerta para cuando llegue. Vamos, no seas tonta.


Nunca le encontró el sentido a tener mucho dinero, mientras los billetes le pudiesen dar comida caliente, una cama cómoda y un techo que la resguardara de la lluvia, ella consideraba que era suficiente; nunca entendió la codicia, el tener dinero porque sí, para presumirlo y comprar cosas caras –las mismas cosas que podían encontrar más barata en tiendas pequeñas–, el sentido de despilfarrar y pelear a muerte por él.

Cuando fue llevada a Inglaterra con el hombre que la ofreció como pieza de comercio sexual infantil, recordaba de manera detallada cómo los clientes le entregaban dinero a escondidas de su chaperón para que, en sus palabras, "lo gastes en cosas lindas". ¿Cosas lindas? Ni con todo el dinero del mundo podría comprar su libertad, ¿o quizás hablaban de juguetes, joyas y ropa? ¿Cómo? Si no la dejaban salir a ningún lado… ¿de qué le servía la plata? ¿Cuál era el sentido de tener muchos billetes?

Ella no quería juguetes, quería una familia; no quería ropa bonita, quería ser libre; no quería lujos, quería ser normal.

Entonces fue libre y la plata tuvo utilidad para darle capacidad de falsificar documentos, viajar y tener alojamiento y comida; de todos modos no buscó más: ropa de marca, accesorios, autos, casas, nada de nada. Excepto armas.

Había aprendido que no tenía que ser débil y parte de la fortaleza que debía montarse estaba conformada gran parte por el poder armamentístico que podía cargar, de nada sirve una mirada cruda si no se acompaña de una calibre 47. Y entonces el dinero tuvo finalidad, porque empezó a encontrarle el gusto a comprar armamento y accesorios… pero hasta ahí, nada más. Ella era una asesina a sueldo ahora, entonces necesitaba las armas, era una inversión, considerando que el trabajo le dejaba mucho dinero sobrante.

Pero llegaron tiempos de verdadera abundancia poco tiempo después, con Cermenatti, ahí tenía más dinero del que podía contar y ocupar; ahora tenía 5 conjuntos para vestirse y eso la mareaba, pero tenía armas demasiado bonitas y útiles, y la comida no le escaseaba para nada. Siguió, eso sí, muy ajena al despilfarro porque no necesitaba nada más.

Murió él y quedó, realmente, con más dinero del que podía tratar. Si alguien mirase su cuenta bancaria, quedaría pegado al techo ante tantos ceros… y sin usar.

¿Pero es que en verdad no le servía de nada? Ella seguía perdiendo cosas que el dinero no le podía devolver y el placer provocado por los millones era muchas veces opacado por la desolación. Hasta que llegó al clan Uchiha.

La verdad es que no cambió mucho su percepción del dinero, pero sí mutó su utilidad, en el mismo momento en que Mikoto Uchiha le pidió a Ino Yamanaka que "la vistiera".

Cuando Sakura llegó al clan, llevaba con ella una mochila que tenía un cambio de pantalones, de ropa interior y una chaqueta, una billetera con documentos falsificados y unos cuantos euros. Nada más. Entonces Mikoto le prestó un pijama, un vestido y unas sandalias, y la presentó a la modelo casi como si fuera un caso urgente (quizás lo era). Sakura no quería, alegó que podía comprarse ella misma la ropa, pero Ino se lo negó sin miedo a represalias, le habló como si fuesen conocidas de toda la vida y la encandiló con la cantidad de armas que guardaba en su cartera y en su ropa.

Y ella se veía estupenda, no pensaría jamás que era parte activa de la mafia, quizás una esposa, pero jamás una mujer con armas.

Entonces estuvo un día completo en un centro comercial con Ino, fue desagradable, engorroso y la gente no dejaba de detener su rumbo porque la Yamanaka paraba cada dos por tres para dar autógrafos. Lo odió, y odió a la rubia por hacerle perder tiempo de misión por la estupidez suprema de la superficialidad. Sakura no quería verse como una princesa, unos vaqueros y una camiseta estaban bien, ella mataba gente, la gente no se mata en tacones.

―Querida, tú no entiendes el potencial que tiene la buena apariencia ―le había dicho Ino cuando Sakura miraba unos zapatos de tacón que Ino pretendía probarle.

Había sido incómodo y había discutido con Ino toda la jornada, sobre todo cuando entraron a una peluquería en donde además de caro, el tiempo gastado fue desorbitante, todo para re-teñirle el cabello con "tintura de verdad".

― ¿Qué producto ocupas? ―le había preguntado el peluquero con rostro de conmoción al ver lo pajizo y mal cuidado del cabello de Sakura, quien no sintió nada de vergüenza a pesar de que el rostro horrorizado no solo se plantaba en el estilista que la atendía, sino que también al resto del personal y clientela―. Mira qué lindo color natural, ¿no quieres recuperarlo?

Y Sakura le había dicho que no, de manera tan tajante que aquel hombre no tuvo más remedio que ir a preparar una nueva tintura rosa chicle para ponerle a su cabello.

―Te verás como una princesa ―le decía Ino, como queriendo tranquilizarla, pero Sakura estaba más ofuscada por el tiempo perdido que por ser conejillo de indias de un estilista sin respeto.

Y no le importó, ni siquiera cuando el tipo le tuvo que cortar el cabello para dehacerse de las mechas quemadas.

Fueron cuatro horas completas en donde lo único que ganó fue un pelo más suave y sin raíces. No se sentía más especial, ni siquiera más bonita… hasta que tuvo que entregarse a las manos de Ino para presentarle a Mikoto Uchiha uno de los conjuntos.

Le había peinado el cabello, la había maquillado y se había encargado de arreglar todos los detalles de la ropa para que ella se sintiera más cómoda (lo cual era difícil); cuando se miró en el espejo hubo una extraña sensación en ella que se equiparó bastante, con menos intensidad claro, a cuando se deshizo de sus celadores ingleses. Era algo nuevo, en un principio no se reconoció a ella misma en el reflejo que le devolvía la mirada pasmada, se veía bonita y se sentía con ganas de renegar ese lado, ser bonita era ser deseable, ser deseable implicaba que los hombres la querrían en su cama y ella no quería ser eso, no más… pero le gustaba tanto esa imagen, al mismo tiempo la repudió. ¿Para qué vestirse así si iba a manchar con sangre y tierra la ropa?

― ¡Dios mío, tu frente es enorme! ―había exclamado Ino, sacándola del remolino de emociones que empezaba a fluir de ella.

Sakura, que nunca se había preocupado de eso se dio cuenta que sí, su frente era algo amplia, pero no se veía fea para nada, iba con ella. Y entendió que no es que no le gustasen las cosas lindas de mujer, era que le daba miedo ser mujer por lo que implicaba para el sexo opuesto; detrás del odio siempre hay miedo, y ella era la más cobarde de todas. Miró a Ino y entendió lo que llamaba la atención de ella, la seguridad con la que se movía y se plantaba delante de la gente, y la forma desafiante en que se comportaba ante cualquier hombre que la mirase de más.

Ino era fuerte, Ino había dominado los miedos que Sakura aún guardaba en sí. Ino era genial.

Y con la facilidad que tenía Ino con la gente y la poca experiencia en las relaciones sociales que tenía Sakura, empezaron a complementarse de tal manera que antes de que se diera cuenta tenía, por primera vez en su vida, una amiga, una mejor amiga.

Ino era liviana y ayudaba a Sakura a aplacar los momentos en que el colapso de sus emociones la acechaban por la espalda, mientras que Sakura era un cable a tierra efectivo ante una modelo que lo tenía prácticamente todo, era los oídos que Ino buscó siempre en la casa Uchiha y, cuando Sakura contó un poco más de su vida a la Yamanaka, ella no la miró ni con lástima ni con pena, la miró con rabia contenido, con gesto protector… todo estaba bien, nadie juzgaba a nadie.

Entonces toda esta situación le tenía la cabeza desencajada, la maldita foto no contenía nada que delatase a nadie y Sai y Shikamaru no habían dado señales de vida en 40 minutos, ¿dónde podían estar? Ino podría estar muerta, podían ya haberla matado, ¿cómo podían todos tardarse tanto? La vida de un camarada estaba en vilo.

Había probado con todos los programas de la computadora aclarar la foto, pero la silueta seguía abstracta, la lógica no le estaba ayudando porque había salido huyendo cuando la desesperación se había apoderado de su cerebro.

¡Tenía que pensar!

―Vamos, Sakura ―se decía en voz alta, mientras seguía aplicando y quitando filtros, intentado comparar esa figura con las de los archivos del registro civil japonés.


Cuando despertó, se sintió inmediatamente acalambrada y desorientada, sentía que su cuerpo giraba en su eje y un olor a canela le penetraba la nariz. Abrió los ojos lento, porque el cuerpo lo tenía entumecido, como si hubiese olvidado cómo moverse, y cuando logró enfocar la vista se dio cuenta de que ya era de día y que no estaba en ningún lugar que conociese.

Unos mechones rubios le tapaban el ojo derecho y el entumecimiento del cuerpo se convirtió en todo dolor, ¿cuánto tiempo llevaba en esa posición? ¿En dónde estaba?

―Despertaste ―escuchó que le decía una voz a su espalda, era una voz bien conocida por ella.

De repente todo empezó a encajar en su cabeza.

― ¡Karin! ―exclamó.

Karin pasó junto a ella y se sentó en un sofá frente a ella, llevaba una taza con té… y canela.

―Debo admitir que no sabía que nos encontraríamos tan pronto ―dijo la pelirroja, Ino se dio cuenta que llevaba cara cansada y que estaba muy pálida.

―Bueno, tú saliste de la casa muy luego ―dijo ella.

Karin se quitó los lentes y sonrió con melancolía.

―Tú líder me echó en cuanto se enteró, Ino, yo no me fui ―dijo, venenosa, desganada.

―Bueno, mi líder al parecer es un hombre con buenas corazonadas ―. Ino intentó acomodarse a la silla pero no pudo, estaba demasiado amarrada, sentía que si se movía mucho se le cortaría la circulación en los tobillos y en las muñecas―. No puedo creer que tú, de entre todas las personas, hayas traicionado a Itachi.

Karin dio un sorbo cansado a su té y la miró, con una emoción que la rubia no pudo descifrar. Miró alrededor, buscando alguna cosa que la ayudase a huir, pero la sala de estar estaba prácticamente vacía y sin decorar, denotando que se había mudado con apuro: un sofá, un arrimo, una mesa de centro, el juego de comedor para cuatro personas, una televisión en la pared, nada más.

―Uno hace lo que puede para sobrevivir ―dijo Karin.

―Estás loca si crees que vas a sobrevivir ahora, el clan empezará a sospechar y he enviado una foto donde se te ve claramente en el callejón donde mataron a Itachi.

―El clan va a desaparecer, Ino Yamanaka, todos los clanes van a desaparecer ―le dijo―. Esto va más allá de mí, mírame, soy una herramienta tal como tú lo eres para el clan Uchiha. Nadie vela por nosotros, al final del día estamos solas… pero no podemos serles infieles a nuestros líderes, mientras ellos hacen lo que quieren con nosotros.

― ¿Qué mierda estás hablando? Tú no tienes casa, Karin, todos saben que no tienes casa.

Karin rió, una carcajada seca, como dolorosa.

― ¿Tú de verdad crees que yo me enfrentaría a un clan sola o si quiera con solo 4 personas más de mi lado? ¿Estás hablándome en serio?

―Tus registros están limpios, te seguimos durante semanas, años… no tienes…

Ino estaba empezando a marearse, quizás las cuerdas la estaban apretando más de la cuenta o quizás le faltaba comida…

―Esto no es un clan, no como tal al menos ―explicó la pelirroja―. Es la perdición para toda la yakuza.

― ¿De qué hablas?

―Negocios hormigas, que si se suman son más grandes que todos los negocios que ha hecho el clan Uchiha, el clan Hyuga, el clan Uzumaki, todos los clanes… Ino, matarte ahora sería un favor ―le dijo, mientras terminaba de tomarse el té.

―Es imposible, hacemos un seguimiento…

―Si tan imposible es, ¿por qué estás aquí? ¿Por qué estamos aquí? ―hizo una pausa―. Itachi, tú líder está muerto, y Sasuke lo estará pronto. El clan Uchiha colapsará, y una vez que colapse, será tiempo para que los otros clanes empiecen a colapsar, culparse los unos a otros, una guerra… y se alzará un nuevo líder para todos, poderoso, y tú ni nadie podrá hacer nada al respecto. Ni siquiera su amada Sakura Haruno.

Yamanaka podía leer una amenaza clara, pero dentro de las palabras de Karin había dolor en ella, decía las palabras con ácido, pero no para Ino, sino que para Karin misma, como si estuviese intentando convencerse a sí misma que no había nada más que hacer.

― ¿Quién es el líder? ―preguntó la rubia.

―Tengo que matarte ―dijo de sopetón, como cambiando el tema―. Traicioné a mi casa, si es que puede llamarse así, y ellos me perdonarán solo si te mato.

Ino supo que iba a ser asesinada en el momento en que despertó atada a la silla, saber que iba a ser Karin la que lo concretaría fue la sorpresa. De todos modos, Karin no tenía un perfil de asesina, menos de mujer de yakuza, no entendía cómo es que ella había terminado metida en todo esto… necesitaba salir de allí y advertir a su clan, a todos.

―Karin, no tienes que hacer esto, Itachi confió en ti y nosotros también ―intentó razonar la Yamanaka―. Si tú nos das los detalles te protegeremos.

―Estoy involucrada en el asesinato del líder del clan, no hay perdón para mí ―. Hizo una pausa―. Y aunque lo hubiese, ustedes no pueden hacer nada. Estoy perdida, tú también, todos.

― ¿Cómo confías tanto en su poder, Karin?

―Ino, he estado al servicio de ellos por más de 10 años. Sé de lo que son capaces ―. La miró con desesperación, como pidiendo auxilio e Ino no entendió―. Ellos no siguen los códigos de honor de la yakuza, esa es su fortaleza más grande: no tienen códigos. Ustedes viven bajo una norma estricta y respetan su honor en demasía, no sería capaz de faltar a sus normas, pero ellos sí, porque les importa una mierda el resto.

― ¿Cómo nunca nos percatamos? ―dijo Ino, más para sí que para Karin.

Karin se levantó, Ino la siguió con la mirada hasta que entró a una habitación a su izquierda. Escuchó movimiento de trastes y salió de la habitación cargando una pistola básica en sus manos. Karin la miró y dejó el arma en la mesa de café, como si se la estuviese ofreciendo, de hecho la pelirroja mantuvo la mirada con Ino todo el tiempo, invitándola a tomarla. Pero Ino estaba amarrada, no podía tomarla.

―Necesitarás más de un disparo si quieres matarme con esta cosa ―dijo Ino―. Incluso si me meter la pistola en la boca.

―Causa dolor, al menos ―dijo Karin, ausente.

Y se acercó a Ino con lentitud, Yamanaka supuso que planeaba noquearla o algo, pero sin que pudiese pensar otra teoría más, las amarras se soltaron y ella podía moverse con libertad de nuevo. Estaba acalambrada, mucho, pero por lo menos no había perdido ninguna parte del cuerpo. Miró a Karin, que terminaba de desatar sus pies.

― ¿Estas clara que estás haciendo las cosas mal? ―le preguntó la rubia, mientras miraba con incredulidad a Karin, quiso amarrarse a la silla nuevamente, porque ella le estaba haciendo las cosas muy fáciles.

Karin se levantó en silencio, tomó el arma y, en un acto totalmente desinteresado, le tendió la pistola a Ino Yamanaka.

―Mátame ―le dijo.

― ¿Qué?

― ¡No eres sorda, por Dios, mátame! ―. Karin cayó de rodillas al piso frente a Ino, aún con la mano tendiéndole el arma a la rubia, quien seguía sentada a pesar de estar completamente libre.

Ino se paralizó y tomó el arma por inercia, pero no hizo nada más, no podía creer que Karin le estuviese proponiendo eso. Imposible.

―Vámonos ―le dijo la rubia―. En el clan veremos…

― ¡MÁTAME! ―imploró Karin―. Llevas una vida entera matando y amenazando a gente con el arma, solo hazlo, yo no te odiaré, me iré en paz… por favor… yo soy muy cobarde para hacerlo…

¿Y si era una actuación? ¿Si estaba actuando como todo el tiempo que estuvo en el clan? Ino miró el arma en su mano consciente de que lo que decía la pelirroja era cierto, ¿por qué no la mataba y ya? Estaba deshonrada. De todas maneras, Ino sentía que no podía matarla, miraba a Karin y veía verdadero dolor.

―Karin, vámonos al casa de Sasuke ―le dijo, intentando levantarla, pero Karin no se movió de su posición.

―Ahí él me matará o Sakura lo hará, prefiero que lo hagas tú ―dijo―. No quiero darle a Sakura el placer de acabar conmigo ni a Sasuke la oportunidad de verme caer… yo no tengo conflictos contigo, tú no los tenías conmigo. Por favor hazlo.

―Karin, hay salvación, no puedes entregarte así ―le dijo Ino―. Estuviste con Itachi 5 años, no puedes caer solo por…

― ¡Lo intenté! Intenté huir y desligarme de esta puta lacra, lo intenté, ¡LO INTENTÉ! ―lloraba, Ino no sabía qué hacer, ¿irse? ―. ¡Yo amaba a Itachi, de verdad lo amaba! Y pensé que estaba libre, lo pensé y fui feliz. ¡Pero no puedes librarte de ellos! Nunca, nunca, nunca… Puedo correr mil kilómetros, atravesar el pacífico y ellos seguirán ahí, como fantasmas, esperando aparecer para torturarme. Yo los dejé entrar en mi vida y ahora estoy maldita, ¡perdí al amor de mi vida! No tengo nada, y no quiero ayudar más en esto. Itachi dijo que me protegería, pero ya no está… ni él pudo vencerlos, ¿cuál es mi esperanza?

―Karin…

Pero ella no contestó más, se echó al suelo a llorar y maldecir…

Yamanaka supo que no tendría caso levantarla y sacarla de allí, entonces tomó el arma y se fue, pero con promesa de volver a buscarla con ayuda y mucha protección.


Shikamaru fue el primero en entrar al despacho de Sasuke, no iba agitado ni nada, con esa actitud compuesta que lo caracterizaba. Sai llegó segundos después, con gesto ofuscado.

― ¿Qué encontraron?

―Nada, el auto estaba estacionado en una plaza cerca de la comisaría, pero no tenía nada de nada. Cámaras de seguridad con nada… esto es una mierda ―despotricó Sai.

―Los registros audiovisuales están adulterados, hay saltos de tiempo, eso fue lo que encontró Yamanaka, por eso la tomaron cautiva ―dijo Shikamaru, ignorando todo ánimo de Sai, como si no estuviera ahí―. No hay huellas, no hay pistas y la policía está comprada totalmente, no ven nada.

―Estamos siguiendo huellas en un desierto ―dijo Sasuke, se sentía frustrado, muy, muy frustrado.

La verdad es que sabía que no llegarían a mucho y debía confesar que necesitaba tiempo para pensar una estrategia, correr sin rumbo no era su estilo, pero ahora estaba totalmente despistado. Nadie vio nada. ¿Quién o quiénes podrían haberse llevado a Ino? Los mismos que mataron a Itachi, claramente, pero cómo ellos supieron que él estaba haciendo las investigaciones y que ella era la encargada de llevarlas a cabo… ¿cómo? Como sospechaba, alguien dentro del clan estaba traicionándolo.

Recordó las palabras de su padre, esas que halagaban las habilidades de Itachi para salirse con la suya y sobre lo poco útil que era Sasuke, que él no estaba listo y nunca lo estaría para manejar a un clan porque no sabía lo que era derramar sangre, sudor y lágrimas para proteger a la familiar, que no tenía el temple ni la habilidad para resolver misterios (cosas básicas para un líder). Tal vez tenía razón, él aparentaba saberlo todo, pero no era tan cierto. Estaba perdido.

Otro punto que le tenía los nervios tomados era Sakura, ella era impulsiva cuando las emociones la corrompían de manera fuerte, como lo era la eventual muerte de una amiga como lo era Ino Yamanaka, por lo que sabía que de encontrar un cadáver el clan perdería totalmente a la muchacha, él la perdería. Nunca gozaron de una hermosa relación, ahora que estaba más tirante que nunca, solo faltaba una pequeña tijera que cortara la cuerda que los mantenía tensos y atados.

― ¿Y Sakura? ―preguntó Sai, se había calmado un poco, la verdad es que Sasuke seguía descolocado al verlo así. Ahora que lo pensaba, sabía que entre Sai e Ino algo pasaba, pero la verdad es que no había llegado a darse cuenta de qué tan seria era esa relación.

―En la sala de computación, con la foto ―respondió Sasuke, ido.

Era claro que ella tampoco había llegado a mucho porque no había llegado a enrostrarle el descubrimiento.

Esto estaba pésimo, tendría que comunicarse con los otros clanes…

― ¡SASUKE! ―gritaron desde afuera. La voz era familiar, ¿podía ser?

― ¡Ino! ―dijo Sai, que salió del despacho de Sasuke a la velocidad del rayo.

Sasuke se levantó de la silla del escritorio y salió a la misma velocidad que Sai afuera, Shikamaru suspiró y salió con parsimonia, como si la vida de nadie estuviese en juego.

Pasada la puerta de entrada, en la estancia que se usaba como sala de espera para quienes venían a hablar asuntos del clan, estaba una muy agitada Ino: las mejillas rojas, sudorosa, respirando con dificultad, despeinada, pero no se veía herida, excepto unos moretones en las muñecas. Cuando Sai llegó a ella, cayó al suelo de rodillas, como si hubiese cumplido su misión y tuviese permiso para que las fuerzas abandonaran su cuerpo. Sai se arrodilló frente a ella.

― ¿Qué ha pasado? ―le preguntó el muchacho, mientras chequeaba con la mirada el estado de la chica.

Ella parecía querer recobrar el aliento para poder hablar, pero le costaba respirar, ¿habría corrido mucho?

Sakura apareció corriendo al poco rato, por el revuelo que se había creado en la entrada. Sasuke notó que los ojos verdes reflejaban luz, por un segundo, como si hubiese vida en ellos otra vez.

― ¡Ino! ―exclamó, entre aliviada y preocupada, mientras se agachaba junto a Sai.

―Karin… ―decía, mientras tosía.

― ¡Tráiganle un maldito inhalador, es asmática! ―chilló Sakura, mientras Sai la miraba desconcertado, como enterándose recién. Quizás se estaba enterando recién.

Shikamaru trotó dentro de la casa, en busca de algún criado que los atendiera, considerando que ahora estarían todos en sus labores de aseo. Ino seguía arrodillada en el suelo, respirando de manera dificultosa. Sasuke, por primera vez desde que murió su hermano, se sintió totalmente ajeno a la escena, como si él no estuviese allí porque él no tenía nada que decir u ordenar.

¿Karin?

Sakura la sobaba la espalda a Ino, mientras ella hacía el esfuerzo de respirar más pausado y profundo.

―Estuvo atada ―dijo Sai, mientras la revisaba.

―Esta pistola no es de ella tampoco ―dijo Sakura, mientras veía el arma tirada cerca de Ino, la cual había dejado caer de manera irresponsable al llegar a territorio seguro.

―Karin… hay que volver… ―decía ella, le temblaba el cuerpo.

― ¿Karin? ¿La tienen a ella también? ―preguntó Sakura con el ceño fruncido, pero su expresión cambio por completo de un segundo a otro, como si un nuevo mundo se abriera frente a ella―. Maldita zorra ―masculló.

―Hija de puta ―maldijo Sasuke, que entendió al mismo tiempo lo que Sakura.

Shikamaru llegó con el inhalador, mientras Sakura se levantaba con brusquedad y esa mirada que todos conocían, la de sed de sangre.

―Cuídenla, no la agobien con preguntas enseguida, dejen que se recupere ―ordenó a Sai y a Shikamaru. Sasuke, adivinando sus pensamientos ya tenía a Lee esperando afuera, cuando la empezó a seguir, ella le dio un empujón―. Tú te quedas.

―Me estás jodiendo.

―Mira Uchiha, Itachi ya está muerto y el único que queda eres tú ―empezó la pelirrosa, mirándolo de manera dura―. Si Ino escapó no creo que esperen con un pastel, no podemos arriesgar perderte. Llama a Hyuga, ellos son buenos en eso de la protección. No salgas de la casa, no mires por las ventanas, no te quedes solo y coge tantas armas como puedas.

― ¿Se supone que la prometida de mi hermano es la asesina del líder de un clan importante y tú esperas que me quede aquí como una rata? ―preguntó él indignado.

―No voy a discutir esto contigo, Sasuke, no ahora.

Antes de que ella siguiera su camino a la carrera él la pescó del brazo.

―Karin se viene a esta casa ―dijo amenazante―, viva.

―No mueras ―pidió Sakura en un último deje de advertencias.

―Tú tampoco.


― ¿Qué departamento es? ―preguntó Sakura a Lee mientras cargaba la pistola y ocultaba una daga en la cinta de su pantalón.

Rock Lee, que mantenía la mirada seria, la miró por el retrovisor.

―Piso 7, departamento 703 ―dijo, de manera decidida.

―Date la vuelta, que no te vean, mantente atento y mantén tu arma a mano ―dijo Sakura, mientras le tocaba el hombro en señal de compañerismo, mientras abría su puerta.

―Tengo la orden de entrar si usted no sale con la señorita Karin en 5 minutos ―señaló él.

―No la llames señorita.

Y salió del auto.

Traspasó la puerta del edificio y subió las escaleras con el arma lista para ser disparada, estaba enojada, se sentía traicionada, al mismo tiempo tenía el alivio de saber que Ino estaba bien. Pero enterarse que Karin había participado en la muerte de Itachi le revolvía el estómago y le exigía cobrar con sangre la falta, pero no, debía mantener a la zorra viva si quería obtener respuestas. Con esos brazos flacuchos y con ese temple de mierda era imposible que ella pudiese matar a nadie.

Sakura entró al departamento dando un portazo fuerte, con el dedo en el gatillo, pero en la estancia había silencio. En la sala principal, estaba una silla fuera de la mesa del comedor que tenía cuerdas a sus pies: ahí había estado Ino.

Maldita Karin, quizás había huido.

Revisó la cocina, la habitación principal y el baño…

No tuvo que ocultar su sorpresa cuando encontró a Karin dentro de la tina, con el agua hasta el cuello, un agua roja que era, claramente, sangre. Se había cortado las venas y estaba desangrándose… chequeó el pulso, inexistente, y la respiración, también inexistente.

― ¡HIJA DE PUTA!


Nota de Autora: espero que este capítulo les haya gustado, no olviden dejar cualquier comentario en ca cajita bajo el texto :) Saludos!