Primero que nada, dar las gracias a toda la gente que se da el tiempo de leer y dejar sus comentarios una vez finalizada la lectura, este capítulo está dedicado a todos y cada uno de ustedes porque me dan ánimo para seguir escribiendo cuando ya me fatiga un poco cuando no me salen las cosas. Fue un hervidero de cabeza este capítulo, creo que lo reescribí por lo menos unas 13 veces, pero al fin logré algo. Espero que les guste este capítulo, la verdad es que siento que es importante ahondar en todo lo que es el background de un personaje, incluso si sale algo más trillado así.

D: Naruto y todo lo referente a este manga/animé son propiedad de Kishimoto-sensei y, lamentablemente, jamás podrá ser mío ni de nadie más. De todos modos esta historia es mía.


Capítulo cinco: Introspección (pt 1)

Su padre siempre lo había mirado en menos, le dio a entender más de una vez que era un pollerudo y que no tenía ninguna cualidad que lo hiciera destacarse sobre su hermano, que no podría gobernar el clan nunca, aunque le tocase hacerlo, que era una basura de hijo. Así lo sintió siempre, incluso cuando su madre le negaba las aseveraciones de su padre, Sasuke siempre supo que jamás tendría el favor de Fugaku Uchiha.

En un principio le daba rabia con su padre, se sentía menospreciado y dolido cuando no tenía la culpa de nada, toda la atención siempre fue para Itachi, él no tenía la culpa de no tener el temple y las habilidades si nunca se habían dado el tiempo, siquiera, de mostrarle cómo obtener y conseguir esas cualidades. Pero después la rabia se centró en él mismo: si no se sabe algo, se aprende de cualquier forma, él no fue proactivo cuando tuvo que serlo, buscar la admiración de su padre dando solo un 50% no era de valor; entendió al final que su padre era una persona que solo buscaba lo mejor para el clan, y eso requería del esfuerzo de sus dos hijos por igual. Itachi tenía la carga pesada, porque pasase lo que pasase él era el que manejaría el clan, por orden de descendencia, Sasuke era solo un adicional, un reemplazo.

No sentía envidia de Itachi, jamás pudo, porque como hermano había sido comprensivo y responsable… el conflicto siempre fue entre su padre y él.

Su madre… la extrañaba realmente, Mikoto tenía un genio de temer, era fuerte y decidida, pero como madre la cara que mostraba era distinta, su propia sangre le importaba, lo demostraba, y ahí supo admitir que de verdad era un pollerudo, escudándose siempre en el buen corazón de su madre cuando las cosas no estaban bien. ¡Qué mujer más buena! ¡Qué hijo tan cobarde!

―Tú eres tú y tu hermano es tu hermano ―le había dicho una y mil veces a Sasuke, cuando éste llegaba con las inseguridades a sus brazos cuando todavía no llegaba ni a los 10 años.

Pero renegó tantas veces de esa conclusión, porque no era así, él debía ser igual que su hermano para valer algo para el clan.

Entonces aprendió por su cuenta, solo, pero tampoco sirvió, su hermano siempre le llevaba ventaja en todo, absolutamente en todo. Nadie hablaba de Sasuke Uchiha, siempre era Itachi el que recibía la atención y la buena onda, él vivía en la sombra, solo, en la oscuridad.

―Deberías estar feliz, esto de ser líder es una verdadera pasta ―seguía diciendo Naruto en tiempos en los que Sasuke se veía más aproblemado por el tema―. Eres libre Sasuke, puedes hacer lo que quieras, nadie te sigue los pasos, aquí nosotros [Neji y yo] estamos hasta las narices de tanto guardaespaldas y de tanta mierda junta.

La cosa es que Naruto no entendía que no se trataba de querer ser líder, se trataba de ser un igual, de que su padre y todos supieran que él también podía ser un líder y que su hermano no debía cargar con todo. "Yo también puedo". Pero nadie parecía entenderlo a ese nivel.

A la larga se acostumbró al dolor de la ignominia que conllevaba ser el hermano pequeño y menos virtuoso, aprendió a vivir así, en las sombras… aprendió a conformarse, eso era lo único que podía hacer, resignarse. Su hermano no moriría antes que él y, de morir, tendría a una descendencia que podría hacerse cargo de la sucesión. Sasuke Uchiha se convertiría en un agregado a la línea principal familiar. Tanto dinero y tanto poder solo para estar subyugado por siempre a su hermano.

―Tengo cáncer ―había hablado Fugaku Uchiha una tarde de abril, cuando citó a todos en la casa principal a una reunión―. He rechazado la quimioterapia, pues los costos son mucho mayores que los beneficios. Me quedarán algunos años, avanza lento, pero es definitivo que mi tiempo en este clan está contado.

Y Sasuke recordaba la cara de Itachi en ese momento: estupor, estaba por cumplirse la sucesión y ahora él sería responsable de todo. ¿Mikoto? No, ella, como Sasuke, eran personas de sombra. Sasuke, de alguna manera, se compadeció de su hermano, porque pronto todo se le cargaría a él, y el Uchiha más pequeño podría seguir siendo quien eran sin hacerse cargo de nada… ¿esa era la libertad que quería? Por el momento le pareció bien eso, la falta de responsabilidades y los medios para tener todo lo que quisiera… todo.

―Debería empezar a buscarme una esposa ―le había dicho Itachi, pocos días después de la reunión con su padre.

Sasuke pensaba que era una senda estupidez eso de buscarse una mujer enseguida, pero le encontraba razón ante la inminente necesidad de descendencia. Bueno, siempre habría mujeres lindas en Japón como para elegir, podía escoger incluso alguna chica de los clanes pequeños que eran aliados; encontrar una mujer no sería tan difícil.

La mujer del clan debía tener temple de acero y, al mismo tiempo, ser una buena mujer de hogar (incluso si con los criados no tenía por qué cumplir labores de casa); mientras Itachi piensa en negocios, la mujer debía de pensar en el hogar, tenía que ser estratega y tener mano firme ante la irresponsabilidad… la cultura japonesa, en todo caso, estaba llena de mujeres buenas para la casa, pero no de mujeres yakuza. Habría que hacer un comparativo: ¿quería Itachi una mujer bonita y de buenos modales o una guerrera experta en guerra?

Bueno, era problema de Itachi, en cuanto a él, Sasuke prefería mantenerse soltero y tranquilo.

Si bien no era un tipo que agradara de sexo casual, y menos de prostitutas, era un tipo que se aburría rápido de las mujeres: todas tan complacientes, todas tan comunes, todas tan dispuestas a todo lo que él pidiera solo porque era rico. Entonces no le interesaba nada la idea del matrimonio, estaba convencido de que ninguna mujer podría llenar jamás la insatisfacción intrínseca de su corazón.

Pero llegó Sakura.

Todo había llegado a él por mera casualidad, estaba investigando a un tipo occidental que estaba merodeando mucho por los terrenos del clan, era no menos que sospechoso sobre todo cuando iba siempre escoltado por más de 5 personas. Según la información recopilada, se trataba de un mafioso italiano en decadencia que había tenido que dejar todo en su país natal para llegar a Japón a formar alianzas… pero la mafia italiana es muy distinta a la yakuza, totalmente distinta, y es por eso que las vueltas de ese Andreanni por los barrios comerciales del clan no le parecían correctos en lo más mínimo. Fue su culpa, en todo caso, tomarse al europeo tan a la ligera, conforme el tiempo pasó, él parecía haber creado un núcleo sólido de aliados por sus territorios y por los territorios de otros clanes (principalmente del clan Hyuga)… era momento de actuar.

El tipejo terminó resultando escurridizo y, en tanto encontraban un montón de japoneses que se habían cambiado a las formas italianas, la pista de Andreanni parecía cada vez más difícil de seguir. Todos lo cubrían y el viejo, cual rata, era bueno escondiéndose… y apareció Alessandra Cermenatti.

En primera instancia no le había puesto mucho atención a la mujer que las cámaras de seguridad captaban más y más seguido en sus territorios, pero dado que la recurrencia se volvió cotidianidad tuvo que enviar a gente a investigar a la chica de rasgos occidentales que llegaba meses después de que Andreanni hubiese puesto pie en la ciudad de Tokio.

También la he visto por los territorios del clan ―decía Neji Hyuga―. Una chica de pelo rosado, ¿no?

Dos opciones: o era aliada de Andreanni o lo estaba buscando.

Alessandra Cermenatti, tiene 16 años, no tiene antecedentes más que es huérfana ―les había informado Shikamaru esa misma vez, cuando llegó con una simple hoja con los datos de la chica impresa.

¿16 años? ¿Huérfana? Todo parecía un rompecabezas donde faltaban muchas piezas. De todos modos, las sospechas de Sasuke se confirmaron cuando una noche todo explotó. La muchacha que no llevaba más de tres semanas rondando por los distintos distritos, había dado con Andreanni de manera abrupta (para Sasuke, obviamente, que ya llevaba meses en ello) y había logrado hacer de aquella situación quizás la escena más memorable que Sasuke había visto.

Shikamaru había seguido a la chica y Sasuke se había encontrado con él en donde, aparentemente, estaba oculto Andreanni. Si por fuera el sitio se veía pobre y destartalado, dentro era todo diferente, todo lujo, seda y terciopelo. Cuadros con la cara de Andreanni, bustos con las mismas características.

Este tipo es un narcisista ―había mencionado Shikamaru mirando algo desagradado las obras de arte.

Entonces había sangre y muchos cuerpos, y un silencio seco y desagradable que era presagio de malas noticias. En medio de los cuerpos terneados*, la chica del pelo rosado estaba tirada boca arriba bañada en sangre, pero respiraba, estaba viva.

Esta chica no sabe ser delicada ―sentenció Shikamaru, mientras evitaba pisar sangre del piso mientras se habría camino a la chica.

Sasuke se dedicó a inspeccionar el lugar.

Andreanni no está aquí, al parecer logró escapar.

¿Cómo? ―lanzó Shikamaru, casi como riéndose de tal desastre―. Ella parece estar bien, pero tiene una herida en el estómago que debe ser curada luego.

Yo la llevaré a nuestro hospital ―dijo Sasuke, acercándose a Shikamaru―. Tú identifica quiénes son estos y manda los restos a sus familias… o quémalos, no sé, lo que te plazca. Averigua dónde fue Andreanni.

Shikamaru asintió al tiempo que Sasuke se agachaba y tomaba a la niña en brazos, estaba flaca, así que era liviana. De su mano cayó un sable que parecía haber estado agarrando con fiereza durante la pelea con los casi 30 tipos que yacían muertos en el piso de ese refugio de mal gusto.

Así que ella sí hizo todo esto.

Sasuke había encontrado lo que estaba buscando: la solución a todos los requerimientos del clan.

Sakura fue un brillo nuevo en el clan, las actitudes occidentales que tenía en un principio –y de las cuales aún no se podía desprender del todo –habían llegado a agitar una casa que vivía en un perfecto equilibrio, un conformismo tácito del que nadie hablaba y que nadie cuestionaba. Fugaku la había puesto bajo su protección en cuanto la vio despertar después de que él médico curara sus heridas, porque, según él, ella poseía un espíritu de lucha pocas veces visto que, más que una simple virtud, era un tesoro. Tenían que "guardarla" para ellos, y qué mejor manera de hacerlo que haciéndola involucrarse en un problema del clan que a ella también la competía: había llegado a Japón buscando a Andreanni, pues los Uchiha (y los Hyuga) querían deshacerse de él también, porque estaba haciendo negocios que no le correspondían en tierras que no le eran suyas. Sakura, obviamente, aceptó.

Cuando la venganza que la comprometía con el clan se llevó a cabo, todos pensaron que ella se iría de la misma manera en que llegó, nunca pareció ni muy comprometida con Japón ni muy comprometida con eso de quedarse (ella había llegado a un acuerdo y aquello estaba saldado, no tenía más razones para estar allí en el clan); pero se quedó, Fugaku la recibió como a una hija –incluso su gesto era más blando con ella que con el mismo Sasuke – y decidió que no era correcto que, en un grupo yakuza, llevara un nombre occidental: Alessandra Cermenatti sería cambiado por Sakura Haruno, porque había llegado en primavera y porque el color de su pelo era exactamente igual al de una flor de cerezo.

Y Sasuke, que observaba siempre todo desde las sombras a las que estaba confinado, sintió como ella era el preludio de sus problemas y, al mismo tiempo, la solución de todo un clan… llevaba en ese entonces solo dos meses conviviendo con ella, se veían poco y no hablaban prácticamente nada (Sasuke siempre mantuvo el gesto frío, porque de algún modo era lo que hacía como mecanismo de defensa), pero en el menor del clan había algo muy incorrecto naciendo, incorrecto y doloroso, porque supo, desde el momento en que su padre le dio el nombre, que ella estaba pensada para Itachi.

Le pareció obvio, claro, que una mujer que se desempeñaba tan bien como estratega y asesina fuese una elección inteligente como esposa de la cabecilla de un clan: y ese era Itachi. De todos modos, no pudo evitar sentirse algo aturdido cuando, a pesar de haber sido quien la trajo al clan, nadie pareció suponer que tenía algo de voz en todo eso… bueno, tampoco es como si alguna vez lo hubiesen considerado realmente.

Sasuke tuvo que plantearse, entonces, no cruzarse nunca más con su descubrimiento, incluso cuando la personalidad y la habilidad de la chica lo arrastraban inexorablemente. Y nunca entendió bien qué le pasaba, era como si en un momento le diera igual y en otro momento le importase el mundo entero lo que pasaba con ella. Era confuso, era molesto, ella era molesta con sus cambios de humor y el sarcasmo filoso, con esos ojos verdes tan poco comunes en el oriente, con ese pelo que no dejaba de teñir cada mes… y en un momento le dolió el corazón y la cabeza, se sintió mal y confuso, porque parecía casi imposible que se hubiese enamorado de un prospecto de mujer que era más un caso siquiátrico a su modo de ver.

Uno podía quizás enamorarse de su físico: era delgada, alta, curvas tenues y perfectas, tonificada, piel perfecta, voz suave y apariencia inocente; claro que uno podía enamorarse de eso, todo hombre valoraba la belleza en una mujer y él, no por ser más serio, dejaba de ser hombre. Era la sustancia de ella lo que la hacía más compleja de amar: un probable trastorno límite de la personalidad, junto con un trastorno maniaco depresivo y, todo esto, asociado a crisis de despersonalización de tanto en tanto (claramente, un exquisito caso siquiátrico); ese era el resumen a simple vista, pero detrás de todo eso había una mujer fuerte, que había pasado por muchas cosas –cosas que solo Sasuke y Shikamaru sabían, porque había datos antes del apellido Cermenatti que el resto de la familia no quiso investigar –, una mujer frágil y solitaria. Nadie, en Japón ni en ningún lugar, querría a una mujer con una cabeza tan trastornada, incluso si era la mujer más bella o la mujer con la sonrisa más luminosa, era un peso extra que nadie quería cargar. Pero Sasuke, a pesar de todo, quería hacerlo… e Itachi también.

Al principio le pareció mera responsabilidad y Sasuke veía en Itachi a un hombre amable que solo cumplía su deber, pero la cercanía le hizo ver cosas que Sasuke aprendió con solo mirarla de lejos, y se dio cuenta que, lejos de todo lo macabro de sus ojos, Sakura era una mujer, de hecho, bastante amena, encantadora, simpática. E Itachi cayó rendido a sus pies; Sasuke lo miraba con asco, no lo negaba, le daba asco que su hermano anduviese idiota por una mujer que, de buenas a primeras, era suya.

Fue cuando el mundo de Sasuke se derrumbó. Ambos estaban colgados por la misma mujer y era, casi una afirmación, que ella elegiría a aquel que no la evitaba en los pasillos.

Sakura es muy agradable ―le había comentado Itachi, como que no quiere la cosa, poco antes de una reunión con su padre.

Uhm ―fue lo único que emitió Sasuke ante tal aseveración.

Ustedes no hablan mucho.

No tenemos de qué hablar.

Y la pausa le dio el tiempo a Sasuke para huir y no ver a su hermano mayor a la cara; no entendía por qué se sentía tan raro de la nada, le costaba maquinar en su cabeza lo irracional y básico de sus acciones… le costaba todo.

Sakura cumplirá 18 pronto ―había empezado la conversación Fugaku Uchiha, con el aspecto desmejorado y confinado a la silla de ruedas que lo acompañó hasta la muerte. Estaban Mikoto, Sasuke e Itachi; Sakura no había sido citada, eso era una mala señal, desde que ella había llegado ella siempre era citada―. Y yo creo que todos estamos de acuerdo en que ella, en este poco tiempo, se ha convertido en algo mucho más valioso que en una simple guardaespaldas, ¿no? ―. Miró a Itachi, quien se limitó a devolverle una mirada solemne―. Yo sé que tú eres mayor para ella, pero ella es madura y tú un gran hombre, sin duda que los genes de ustedes dos darían una descendencia sólida. He decidido, como última ordenanza en este clan, que ambos se casarán.

¿Última…? ―fue lo primero y único que dijo Itachi.

Estoy agotado Itachi, no me encuentro en condiciones de seguir adelante con esto ―dijo Fugaku, la voz cansina que el cáncer le había regalado―. Tú eres un hombre adulto, quizás no lo sabes todo, pero tienes una base sólida para lograr salir adelante, yo te tengo fe. Mikoto y tu hermano te tienen fe.

Sasuke se mantuvo serio sin darle un gesto de apoyo a las palabras de su padre, en tanto su madre ponía una mano en el hombro de su hijo menor, como apaciguando su cabeza. Su hermano iba a ser líder ahora, se había acabado el reinado de Fugaku y los vientos para zarpar a aguas más tranquilas empezaban a azotar la cabeza del menor… pero no con la misma intensidad que el latido incómodo de su corazón y las ideas sobre su propio futuro.

¿Qué se esperaba de Sasuke? ¿Que siguiera en aquella mansión que albergaría a la línea principal? ¿Que se fuera a otro lado y ayudara en lo que correspondiese desde la lejanía? ¿Qué tenía que hacer ahora? ¿Buscarse mujer igual que Itachi para formar otra familia y tener más Uchihas en Japón? ¿Y si Sakura no quería casarse con Itachi?

Imposible.

Tal como Itachi empezaba a idiotizarse por el romance adolescente que le traía la joven Sakura, la misma había caído ante el mismo embrujo por su cuenta. Eran tal para cual, enamorados, hermosos, felices, fuertes… ¿Era normal que le doliese tanto que su hermano coincidiera en el amor con su futura esposa? Sakura aceptaría la mano de Itachi, la boda se celebraría en cuanto ella tuviese 18 e Itachi 25. Así serían las cosas, Sasuke podía joderse, quizás era momento de aceptar las insinuaciones de Ino Yamanaka y tener un matrimonio cosmopolita con esa modelo que podría, perfectamente, trabajar como policía.

Pero lo peor no estuvo en aquella crónica de muerte anunciada, estuvo en lo que vendría tan solo días después, cuando su hermano creía que podía ayudarlo, cuando su hermano sintió que podía ver a través de él:

¿Sasuke, podemos hablar? ―le había preguntado, abordándolo una mañana cuando Sasuke no acaba de salir de la cama, mientras Itachi ya estaba listo para empezar a trabajar.

Sasuke supo que las cosas se pondrían raras, porque Itachi llevaba esa expresión extraña que ponía cuando, de pequeños, se echaba la culpa por los desastres que dejaba Sasuke mientras jugaba.

¿Sucede algo? ―. Se hizo el desentendido, ignoró la bilis subiendo por su esófago, la anticipación a una charla que no debía suceder. No tenía sentido ya.

Solo quiero saber si estás bien con todo esto de mi matrimonio con Sakura ―soltó Itachi, sus palabras no tenían segundas intenciones, pero Sasuke sintió veneno correrle por las venas.

No, no estaba bien con el matrimonio, pero todavía no entendía el mecanismo fisiopatológico del porqué. Estaba enamorado de Sakura, obviamente, pero Sasuke sabía resignarse, no le iba a pelear una decisión a su padre ni tampoco arrebatarle a su hermano una felicidad solo porque se sentía con potestad sobre la chica del pelo teñido.

¿Qué? ¿Te ha rechazado? ―. Y Sasuke intentó bromear, incluso si no era lo suyo. Craso error, su hermano lo conocía muy bien.

Yo puedo detener esto ahora, Sakura no sabe…

No entiendo tu punto, Itachi ―mintió.

Sasuke ―Itachi usó ese tono―. Yo puedo conseguir a otra mujer, candidatas no faltan.

Pero tú la quieres a ella, no entiendo la razón de esta conversación.

Itachi se acercó a la cama de Sasuke y se sentó en ella, mirándolo de manera intensa, como cuando le sostenía la mirada a Fugaku ante una llamada de atención.

¿Qué te queda, hermano?

Todo.

Siempre he pensado que tengo la culpa de que seas así, tan serio, tan formal ―dijo el hermano mayor, mientras Sasuke le mantenía la mirada con fiereza, como si esperase que él pisara una de sus trampas para cazarlo y matarlo―. De niño has sido así.

Tal vez tú eres el que no se toma las cosas con la seriedad necesaria.

Es la primera vez que te veo así. Yo lo noto, ¿sabes? Pero como nunca dices nada y andas con cara de mierda por la vida…

¿Perdón?

Estás tan raro, no sé ―dijo, algo inseguro―. Estás como encandilado con ella.

Tú lo estás, cosa buena porque será tu esposa ―tajó Sasuke―. Fue un placer hablar sobre sentimientos. Ahora, me quiero levantar.

Nunca hemos hablado de esto ―admitió Itachi.

Exacto, no entiendo tu afán de hacerlo ahora.

Yo tengo mucho Sasuke, tengo demasiado, más de lo que puedo lidiar. Quizás solo me siento culpable.

O estás teniendo una crisis por la ola de responsabilidades que se te avecina. Ya, sal de mi cuarto, Itachi.

Dime que está todo bien entre nosotros ―insistió el nuevo líder del clan Uchiha.

Sasuke hizo una pausa, agitado, queriendo echarlo a patadas de su habitación.

Está todo bien. Conozco mi lugar, es momento de que tú empieces a adecuarte al tuyo.

Itachi abrió la boca para decir algo, pero la cerró de golpe con gesto impaciente. Se levantó de la cama y, luego de dirigirle una última mirada a Sasuke, se fue de su habitación.

Y la verdad es que Itachi no tenía la culpa, nuevamente aclaraba en su mente y alma que no lo odiaba; ellos eran marionetas en un espectáculo comandado por Fugaku Uchiha, por ende el peso de todo recaía en el padre de ambos, no en rivalidad entre hermanos. Le era imposible pensar en odiar a Itachi por ser el primogénito y ganar toda la atención y las "cosas buenas", era un destino que simplemente a Sasuke no le había tocado, no era algo que Itachi hubiese llegado exigiendo. Cada loco con su tema. Itachi tenía el clan y a Sakura, Sasuke tenía dinero y juventud.

¿Qué daba si la primera mujer por la que sentía admiración se casaba con su hermano? ¿Es que acaso no quedaban más mujeres en el mundo? Pero claro que quedaban, y Sasuke se sabía guapo y se sabía rico, cualquier mujer que desease llegaría arrastrándose a sus pies, implorando convertirse en la señora Uchiha. Sakura podía irse al infierno junto con Itachi, que ellos fuesen felices, total lo merecían… Sasuke podía ser feliz también, con otra mujer, con otro estilo, menos trastornado, menos teñido, menos occidental, menos hábil, menos todo.

Y su mantra se transformó en "el roce hace el cariño" y lo repetía en su cabeza cada vez que la veía, "no la amas, no la quieres, el roce hace el cariño, no la amas, no la quieres, el roce hace el cariño". Y ellos no se rozaban, no se miraban, no se hablaban. Sasuke sí, compartía junto con ella y Naruto y Hinata y Neji, pero no compartía con ella. Eran cosas distintas. No la amaba, no, no, no, era su hermana, su cuñada… ¡en el peor de los casos solo quería sexo con ella! Pero no la amaba.

¿Esto era? ¿Así se ponía la gente cuando ocupaba el sistema límbico y dejaba las "emociones" fluir de manera libre? Era irracional, no era él, él no se sentía él y temía que la gente que lo conociera bien se diera cuenta que no estaba siendo él: más callado, más serio, más distante, más arisco… ¿esto era? Era horrible.

Y, cuando creía que las cosas mejorarían, cuando ya podía verse con Sakura e Itachi con menos incomodidad interna, apareció Karin.

Itachi la había presentado como una amiga, la había traído a la casa poco antes de que Sakura cumpliera los 18 años, quizás la semana antes, y se había mostrado muy encantador con ella y con su trato. Después tuvo una reunión con todos, menos Sakura, donde declaró que en verdad quería a esa mujer como novia, porque lo había hechizado en cuerpo, mente y corazón.

Pero qué es ella ―había inquirido Fugaku, desafiándolo desde la silla de ruedas, mientras Mikoto miraba como su hijo se enfrentaba por primera vez a los designios de su padre.

Ella es Karin, y es abogada ―había contestado Itachi, con todo el coraje del mundo―. Padre, yo quiero intentar con ella, quiero ver si quizás congenio más con ella que con Sakura.

Y ahí había quedado todo, Fugaku no le discutió, no tenía la energía para hacerlo, pero Sasuke vio, por primera vez, como la decepción se instauraba en la mirada que le dirigía a su hijo mayor. Sakura e Itachi, entonces y por tiempo a convenir, eran historia.

De todos modos, a Sasuke eso no le alivió del todo, sabía que era todo una farsa de su hermano en pos de preservar, lo que él creía, la felicidad de su hermano menor, como si fuese su obligación hacerlo. Lo sabía porque la mirada que le daba a Karin era, en proporciones, mucho menos suave que la que le daba a Sakura; sus palabras hacia Karin eran menos delicadas y sus gestos no prolongaban ningún roce de piel; no había angelitos cantando cuando los veía juntos, tampoco luces divinas ni rayos de sol que alumbraran sus escenas… Itachi estaba jugando a sacar un clavo con otro clavo, mientras que Karin parecía tomárselo en serio.

La verdad es que no le daba pena Karin, la muchacha era guapa y tenía una carrera –por ende suponía que tenía algo de cerebro –, no le costaría encontrar otro hombre que la quisiese tanto como Itachi pretendía quererla; le preocupaba, sí, Sakura. Ella no era buena exteriorizando emociones conflictivas y tenía demasiadas trabas emocionales como para andar divulgando sus pesares de amor, pero claramente no estaba feliz con la presencia de la pelirroja en la casa. Bastaba con ver su expresión al entrar al comedor a la hora del desayuno y ver a Karin allí después de haber pasado la noche enredada en las sábanas con Itachi; era una obra de arte triste, pero de algún modo, Sasuke podía decir que empatizaba con ello.

Pensar que estuvo a una semana de saber que se casaría con el hombre al que amaba.

Itachi había sido un imbécil, en eso concordaba totalmente con su padre.

De todas maneras no se hizo más cercano a Sakura en el tiempo que Itachi le dio, podía ser por cobardía o por el miedo a que, una vez que obtuviera la atención de la adolescente, éste ya no la quisiese más, haciendo que el esfuerzo de Itachi valiese nada… si ella llegaba a corresponderlo de alguna manera, bueno, eso jamás lo llegó a pensar porque simplemente no podía planteárselo. Un absurdo en su cabeza, se acostumbró a pensarla para Itachi.

Y entonces quizás era eso, la idea de que Itachi se la llevara la convertía en un atractivo. Le dieron ganas de ir donde Itachi y decirle que había descifrado sus sentimientos, que él ya podía volver con la occidental, que él no lo odiaría ni tendría extraños sentimientos en su corazón por ello… pero no pudo.

Fue egoísta.

Y empezaron a pasar los años y Fugaku y Mikoto fallecieron, el primero del cáncer, la segunda de pena; y Karin seguía con Itachi y Sakura seguía sola; entonces empezó a cuestionarse qué era la muchacha ahora para él. Ella estaba, a esas alturas, mucho más sociable y mucho más adecuada a la vida japonesa, había agarrado con gracia todo aquello de las tradiciones y del idioma, pero en esencia seguía siendo Alessandra Cermenatti: fiera, decidida, fuerte, proactiva. La miraba y veía como se había hecho la costumbre de maquillarse de manera tenue y cómo ahora se paseaba con ropa más adecuada para su edad y cargo, cómo se desenvolvía con Naruto, Hinata y Neji, que eran un trío recurrente en la casa; cómo ya no evitaba la risa, cómo parecía verse cada vez más como una mujer del clan… ya no había Italia en ella –quizás unas cuantas maneras, pero nada que evidenciara tanto su proceder como su aspecto –, había Japón, pero un Japón fuerte, un Japón de guerra y de valores…

Si antes dudaba de que si estaba enamorado, si antes pensaba que en verdad solo quería sexo, ahora tenía que admitirse que la amaba, por muy inalcanzable que le pareciese. Amaba a Sakura Haruno.

Cásate con Sakura, por favor ―le había suplicado Sasuke. Suplicado de manera en que solo Sasuke podía permitirse.

Itachi había levantado la vista de los papeles que leía y había fijado sus ojos negros en los negros mismos de su hermano menor.

No lo haré.

Deja de mentirte a ti y a todos, Itachi, tú la amas y ella te ama. ¿Cuántos años más quieres llevar esto a cuestas? ¿A Karin a cuestas?

Me voy a casar con Karin.

¿Qué?

Tienes que estar de joda, tú no amas a Karin.

¿De cuándo tu interés en que me case con Sakura?

Hizo una pausa que le dolió a Sasuke hasta en la fibra más recóndita de su cerebro.

Porque ahora ella es infeliz.

Entonces hazla feliz.

Yo no puedo hacer eso, tú puedes ―le dijo, casi como señalando lo obvio.

Yo me voy a casar con Karin, el mes que viene, no puedo hacer feliz a Sakura ―hizo una pausa que a Sasuke le pareció eterna―. Ya no puedo. Pero tú si puedes, te toca a ti cuidarla.

Ella no me ama a mí.

Pero tú si la amas a ella ―aclaró Itachi―. Yo estoy con Karin ahora, Sasuke, no hay nada más que pueda hacer. Lo siento.

¡TÚ NO AMAS A KARIN!

Pero te amo a ti y amo este clan y todo lo que mi padre ha construido aquí, para nosotros y las futuras generaciones. Si tanto te preocupa la felicidad de Sakura, ve y hazla feliz. Yo seré feliz si la haces feliz y si, de paso, logro hacer feliz a Karin.

Eres un imbécil, ¿lo sabías?

Sí.

Sasuke salió del despacho de Itachi furioso, estaba dejando de ser egoísta con lo único que realmente se había empecinado solo porque le importaba más la felicidad de ella que la suya misma, pero no, Itachi había preferido seguir jugando al hermanito mayor que debe cuidar la felicidad del hermanito menor. Pero qué patán, pero qué tonto.

Y la verdad es que todo parecía seguir un curso invariable de perdición para todas las partes: quedaban semanas para el matrimonio de Itachi y Karin, Sakura seguía suspirando por los rincones y Sasuke seguía pensando en que, inútilmente, ella no aceptaría jamás la felicidad que él podía ofrecerle, sobre todo porque él no tenía nada de felicidad en sí para dárselo a ella… E Itachi fue asesinado.

Su primer reflejo esa noche había sido decirle a Sakura e ignorar a Karin, que quien sabe dónde andaba. Había corrido a la habitación de la chica y había abierto la puerta de golpe, recibiendo un improperio de saludo y la expresión molesta en unos ojos verdes y opacos. Soltó las palabras como una bomba, esperando recibir alguna respuesta emocional, pero no la hubo. Él era un lío de cabeza y ella parecía haber quedado en un estado de parálisis. Entonces se miraron fijo como nunca lo hacían y parecieron conectar, por primera vez, los pensamientos. Corrieron a la par donde Lee para que los llevara al lugar de los hechos, Sakura había marcado el número de Shikamaru y Sasuke había hablado; ambos habían visto el cuerpo a la par y el muchacho recordaba de manera vívida cómo, una lágrima alcanzó a recorrer la mitad de la pálida mejilla de Sakura antes de que, en un gesto que no lo evidenció del todo, limpió el líquido recobrando compostura.

Sasuke se maldijo, Sasuke se odió, Sasuke supo que todo lo que hizo durante toda su vida fue una reverenda estupidez; dar por sentado que él jamás haría nada más que ganar dinero, dar por sentado que Itachi siempre llevaría en sus hombros todas las responsabilidad, dar por sentado que nunca Sakura podría ayudarlo. Miró el cadáver de su hermano, mientras Sakura permanecía arrodillada junto a él mirándolo de manera fija, como no creyéndolo. Estaban solo los dos ahora, ella y él juntos. Y él deseó con todas sus fuerzas que no fuese así, que no quería causarle más heridas, que no quería que ella viviera más daño… pero allí estaba arrodillada junto al cadáver del hombre al que amaba, el cual se iba a casar con una mujer que no amaba para darle la chance al cobarde de su hermano menor.

Quiso intercambiar lugares con Itachi, pero su único gesto fue acercarse a Sakura y poner una mano en su hombro en una maniobra peligrosa. Más peligroso aún fue cuando Sakura entrelazó los dedos de su mano izquierda con los dedos de la mano de Sasuke en su hombro derecho. Y eso le hizo recordar que no había tiempo en ese momento para llorar a un muerto (aunque fuese su hermano y le doliera pensar y vivir), que había un clan que manejar, un asesino que buscar y una vida que formar. Que si las cosas estaban así, él debía casarse; que Sakura estaba con él (esperaba que siguiese con él), que ella había sido pensada siempre para el clan…

La maniobra más peligrosa se le ocurrió en el funeral de su propio hermano.


Nota de Autora: ¿Y? ¿Qué les pareció? Bueno, espero su comentario positivo/negativo como siempre.

(*) = Terneado viene de usar "terno" que es, en Chile, lo mismo que usar traje de oficina o formal en los hombres.

Saludos, nos leemos luego!