Hola! Me tardé cien años en actualizar y pido disculpas del caso. La universidad me agarró con mil cosas después de la semana libre en septiembre y con el tema del terremoto y algunos familiares, bueno, poco tiempo. El tema es que aquí estoy, viva y activa, actualizando con mucho amor. Este capítulo es el más largo que me ha salido hasta ahora, así que es como una "yapa" por la demora, un regalito.

Como siempre mis debidos respetos y agradecimientos a todos los lectores/as que dejan reviews, sobre todo porque me dejan contenta y súper motivada a seguir escribiendo. Así que está invitado a seguir haciéndolo, tiene permiso pleno para odiarme, también, por la demora. PERO NO DEJARÉ ESTE PROYECTO NUNCA, porque lo amo, es como un bebé para mí, mi bebé jajajaja.

D: Naruto, sus personajes y su mundo no me pertenecen, jamás me pertenecerán. Pero SasuSaku es canon, así que todo bien.


Capítulo siete: Estado de emergencia

―Ella me pidió que la matara ―respondió Ino a la pregunta que Sakura le había hecho segundos atrás―. Tal vez no me creerás, pero realmente se veía consternada, mal.

―Bueno, debía estar así. Ella sabía que la iban a matar hiciese lo que hiciese ―declaró Sakura, restándole importancia al gesto de lástima que adoptó Ino.

Estaban en la cocina, conversando solas, mientras bebían té. Poco había pasado desde que Neji había llegado y Sakura aún no estaba en condiciones para ir a verse la cara ni con Hyuga ni con Uchiha, estaba cabreada todavía, así que había optado por conversar con Ino, una conversación pendiente para saber los pormenores del secuestro y para poder disuadirla de cosas que sabía que no podría disuadirla.

―Karin era solo una marioneta, no me malentiendas, pero yo creo que su final no debía ser de esa manera.

―Claro, porque que yo me la topara viva iba a ser mejor ―sentenció Sakura con una sonrisa macabra, a lo que Ino solo bufó.

―Bueno, ahora que lo pienso…

―De todos modos, Ino, quería hablar contigo de otra cosa más.

―Creo que sé que es y te voy a decir que no, así de corto ―dijo Ino, cambiando el gesto a uno duro y ofuscado.

Sakura cerró los ojos y suspiró, sabía que esto iba a ser así, pero la verdad es que ahora más que nada Ino debía entender que su doble vida podía matarla, literalmente.

―Ino, vamos, si no hago esto por maldad. Tú sabes perfectamente que estás en riesgo ahora, salir a la calle tan desprotegida como lo haces actualmente es pedirle a esos bastardos que te maten, ¿no puedes procesar eso en esa cabecita rubia?

Ino era una mujer inteligente y calculadora, desde pequeña supo que ser una simple administradora no era lo suyo, su padre y su madre, claro, nunca lograron entender eso. Mientras su madre disfrutaba siendo una simple secretaria en la casa Uchiha, su padre se dedicaba a la administración completa de ésta, quería lo mismo para su hija, una mujer que dedicara toda su vida al clan que les dio todo; pero Ino era distinta, la influencia de la modernidad en un ambiente lleno de reglas y tradiciones milenarias la llevó a mirar con alta estima el mundo de la fama, quizás no para convertirse en una actriz de renombre, claro que no, pero el modelaje, la ropa, las joyas, todo eso no se podía vestir ni lucir encerrada en una oficina contestando teléfonos y controlando a los empleados del lugar. Esas cosas lindas se lucían en la calle, en las revistas, en las pasarelas, en la televisión… ella quería todo eso. Ahora, del mismo modo en que sentía necesidad de salir a relucir en un mundo lleno de competitividad y lujos, sabía que su lealtad debía permanecer en el clan que, como se dijo anteriormente, le había dado todo a ella y a sus padres. Y no, no odiaba la yakuza para nada, le daba un encanto letal a su vida, y ella lucharía con garras y dientes para preservar el clan tal y como estaba, para seguir en él y para seguir gozando de sus beneficios. Pero también quería lo otro, la fama y el reconocimiento fuera del clan y sus distritos, en Japón entero y, quizás –si Dios se lo permitía–, más allá del pacífico.

Entonces, lejos de todo lo que su padre y madre esperaban para ella, empezó yendo a agencias de modelaje a dejar currículums y a hacer pruebas de cámaras con apenas 12 años; obviamente le cerraron las puertas en la cara más de un par de veces, y otras tantas ni siquiera se molestaron en atenderla. Pero no desistió, la crianza en la yakuza la había hecho resistente al fracaso porque, como era de esperarse, quien daba la última palabra siempre debía ser ella. Entonces, mientras aprendía a usar las armas y cómo manejarse en la casa Uchiha, en ratos libres, salía de su claustro a buscar suerte. "Eres muy pequeña", "¿qué talla eres? ¿No estás un poco gorda para esto?", "¿esa es la ropa que usas habitualmente?", eran cosas que oía con recurrencia y que, de haber sido otra persona, la habrían destruido, pero ella era, en ese entonces, una adolescente demasiado feliz de ser ella y, por ende, aquellas palabras llenas de veneno jamás la tiraron al suelo. Sabía que se estaba metiendo en un mundo lleno de superficialidad, no iba a llorar por ese tipo de palabras cuando ella sabía a lo que iba.

3 años tuvieron que pasar para que por fin alguien viese el deseo verdadero en sus ojos, cuando estaba por cumplir los 16, una agencia pequeña a la que había ido a dejar el currículum y un set de fotos sin muchas ganas (porque la agencia era pequeña y ella quería lo grande) la llamó para una entrevista y una sesión de prueba. Fue sola, sin decirle a nadie, solo a Shikamaru para que no la anduviese buscando. Y todo empezó. Fue contratada para aparecer en el catálogo de modelos que ofrecían a sus clientes, entonces si alguna empresa quería contratarla para algún comercial o una revista, a ella la llamarían y podría tener sus minutos de fama. Finalmente la belleza natural y ese brillo ganador en sus ojos claros terminó conquistando a todo cliente que pasó por esa pequeña agencia, hizo un público potente incluso cuando sus padres aún nada sabían y aun cuando nunca tuvo que usar los contactos que, como mujer yakuza y poderosa, debía tener.

Esa pequeña agencia empezó a crecer y, con ello, la cantidad de gente que solicitaba su trabajo aumentaba exponencialmente; recibió llamadas de muchas empresas de modelaje que la rechazaron en primera instancia, produciéndole el placer de poder rechazar todas sus ofertas: "acá te pagamos mejor", "di tú precio", "la secretaria había descartado tu portafolio, cuánto lo siento, te gustaría…". Quizás lo más complicado en esa travesía había sido explicarle a su padre, más que a su madre, el porqué de una foto suya en una revista de ropa de verano de una famosa tienda en Tokio; pero habían entendido, al final, que eso la hacía feliz, además ella aseguraba poder hacerse cargo de la administración y de su trabajo externo, ella era hábil y muy metódica. Y de ahí su ascenso siguió camino directo al punto en que su cara empezó a ser portada y todo su cuerpo fruto de deseo de todas las compañías textiles de Japón. Ella en revistas, ella en comerciales, ella en diarios, ella en gigantografías; todos hablaban de Ino Yamanaka, la modelo más encantadora y bella que había cruzado las pasarelas de Japón.

Cuando sus padres decidieron retirarse e irse a vivir al sur de la isla, a cuidar algunos campos que controlaba el apellido Uchiha, Ino pensó que quizás todo había sido muy rápido y que, con todo el trabajo que tenía en el rubro del modelaje, quizás no se la podría con la administración de la casa; pero pudo, porque no quería dejar ninguna de las dos cosas, no quería que la gente dijera que había dejado a su clan por ser famosa ni quería dejar su vida glamorosa por el clan, quería las dos cosas (y quizás quería más al clan, quizás), y compatibilizó todo –con un poco de ayuda de Shikamaru y, luego, con bastante ayuda de Sakura.

La verdad es que ella prefería que ninguna de sus vidas se juntara, sabía que si las cosas, algún día, se ponían feas en el clan, ella debería tomarse un receso del modelaje… pero las cosas aún no estaba muy feas, ¿verdad?

―Sakura, esto es en serio, todo lo que pude haber dicho sobre la información que me dio Karin está dicho, ¿de qué les sirve a ellos matarme? Ya ventilé todo ―razonaba la rubia.

―No sabemos cómo piensan ellos, Ino, no quiero exponerte más…

―No me expones a nada, Sakura, entiende que no puedes proteger a todos a la vez. La prioridad es Sasuke, además, prometo ser más precavida ahora. Puedo llevarme a alguno de esos guapos guardias que tiene Neji-kun ―el tono pícaro se le asomó junto con una sonrisa con la misma inclinación.

Sakura, que no podía entender mucho cómo sacaba algo así en momentos como ese, arremetió con veneno.

― ¿Qué opinaría Sai de eso?

A Ino se le deformó la cara.

―Ah, no me jodas con eso, ¿vale? Eres mi amiga, no deberías sacar eso aquí ―refunfuñó Ino bajando la voz, aun con la cocina vacía.

―Estoy haciendo una pregunta, simplemente ―mintió Sakura, algo menos molesta.

Ino suspiró y se acomodó en el asiento, como si estuviese lista para lanzar algún contraataque, pero en cambio solo confesó un secreto.

―Me acosté con él ―dijo, queda, mirando fijo a Sakura.

―Eh… ―. A Sakura, que no estaba acostumbrada todavía a ese tipo de cosas, le costó procesar lo que Ino le había confesado, cuando le cayó la teja miró a Ino con incredulidad, ya ni sabía por qué había estado cabreada hace un rato atrás―. Ahora tú me estás jodiendo.

―Que no ―. La seriedad en Ino y el leve color en sus mejillas pálidas daban a entender que no era para nada una joda.

―Espera, espera, ¿cómo?

―Ay, Sakura, como se hace comúnmente, vamos que sabes.

―Sí, sí, eso lo sé, pero cómo pasó. Pensé que él, ya sabes, no tenía capacidad hormonal, ¿me entiendes?

Sakura, que no le tenía mucho aprecio a las relaciones sexuales y, menos, a las relaciones sexuales del resto, no pudo evitar sentir curiosidad, sabía que Ino era una mujer normal, pero Sai, ¡Sai! Podría haber apostado su vida a que él era virgen, y virgen por elección propia.

―Ah, bueno, ¿recuerdas el día que tuve la gala en el Ritz por la agencia? Bueno, estaba algo ebria y no podía manejar mi coche, entonces quise tomar un taxi, pero ya sabes cómo es Sai y como son los taxistas cuando ven a una mujer guapa algo pasada de copas.

Ni puta idea, espero nunca saberlo.

― ¿Te pasó a recoger? ―la verdad es que quería que sonara como afirmación, pero algo parecía sin sentido en todo eso. ¿Sai? ¿En serio, Sai?

―Me pasó a recoger, pero yo le dije que no necesitaba que él siempre fuese por mí cuando necesitase conductor, pero él me discutió y yo sabes que cuando estoy ebria tiendo a ser menos tendente al conflicto, así que lo besé y bueno, eso.

― ¡¿En el auto?! ―. Sakura estaba empezando a vergüenza, no sabía por qué.

― ¡Ay, no! ―chilló Ino, con falsa ofensa ―. Rentamos un cuarto en el Ritz.

―Oh, no puedo creer lo que estoy escuchando ―. Sakura sabía que Ino se traía algo con el paliducho metomentodo, pero la verdad es que no hubiese esperado que las cosas se llevasen así, todos en la casa a veces se dedicaban a cuchichear cómo Sai miraba a Ino o sobre cómo Ino iba detrás de Sai todo el rato, pero la verdad es que Sakura deseaba, con todo su buen corazón, que solo fuesen cosas de la servidumbre, cosas de ella, porque Ino podía hacerlo mejor, mucho mejor, que Sai.

―Y oye, si no estuvo malo, quién pensaría…

― ¡Ino, no!

Ino no pudo evitar reír, a pesar de que sabía que a Sakura jamás le haría gracia nada que tuviese que ver con sexo. En un principio, tendió a pensar que quizás era demasiado puritana y por eso guardaba tantos reparos con el sexo opuesto y el espacio personal, el sexo, la excitación y todas esas cosas que uno vería normales en una mujer en sus veintes; pero no, le bastó conocerla un poco más para darse cuenta que ese reparo era no más que una especie de reflejo condicionado, más que tímido, generado a base de miedo. Aquellos que guardan historias previas al clan, podían decir con total propiedad que sus vidas no habían sido fáciles: nadie llega a un grupo yakuza porque ha llevado buena vida, pero eran temas que tampoco uno trataba de sacar al sol, la vida antes del clan es algo que no importa siempre y cuando la vida en el clan sea buena y apegada a las reglas del mismo. Ino no había escuchado nunca nada referente a abusos sexuales en la vida Sakura, pero hubiese apostado todo el dinero que ganaba modelando a que por ahí iba la cosa… aunque mucho le hubiese gustado poder ayudarla, sabía que si Sakura no quitaba el seguro de esos recuerdos, poco podía hacer para mejorar.

―De todos modos, ¿esto es malo? ―preguntó Ino, poniéndose seria de nuevo.

― ¿Quieres a Sai? ―preguntó Sakura con compostura de vuelta.

―Claro que lo quiero, me gusta… mucho, pero todos aquí sabemos que Sai no es normal. Yo necesito a alguien normal.

―Ah, pero no hables de necesitar, habla de querer ―sugirió Sakura, a lo que Ino se quedó pensando―. De todos modos, soy la peor consejera para este tipo de cosas, así que mejor busca a alguien que entienda esto del romance.

―Todas las mujeres entendemos de romance, Sakura, todas. Tú eres mujer, te lo recuerdo ―. Y ahí estaba esa mueca que Sakura ponía cada vez que alguien le recordaba en voz alta que era mujer, que podía enamorarse, que podía gustar, que podía amar, que podía tener hijos, que podía tener sexo… esa mueca. Ino tuvo que tragarse las preguntas, de todos modos, Sakura no parecía estar en buenas condiciones esa tarde ―. Como sea, ¿qué has hablado con Sasuke? Te vi harto enojada cuando saliste de su oficina, de hecho cuando me dijiste que esperara pensé que era porque ibas a ir a buscar una escopeta para matarlo.

Sakura cambió el gesto.

―Me estoy volviendo loca, solo eso ―dijo ella.

―Ya, pero ¿qué te dijo? ¿Te dijo algo muy cabrón?

Sakura suspiró y miró su, casi vacía, taza de té. Ino pudo decir que los ojos verdes se le nublaron con pesar.

―De decirme algo, nada, por lo menos no hoy. Yo le he dicho que una vez que todo esto acabe, me voy del clan, de Japón y del mundo, si es que puedo.

―Ah, pero es que tú te estás enferma de la cabeza, ¿qué mierda te pasa? ―Inquirió Ino con mala leche.

Sakura la miró compungida, la verdad es que sí, había exagerado un poco, cada vez que pensaba en eso en su cabeza caían millones de razones para quedarse, pero al mismo tiempo se quería ir, huir de ahí tan lejos como pudiese, pero otra vez, en su cabeza, estaba el deseo de quedarse. Pero tener la cabeza del asesino de Itachi no le daba del todo tranquilidad, Sasuke había abierto una puerta en su cabeza que logró desordenar su ya inestable sistema límbico, de hecho, lejos del honor de ser considerada una pieza vital en el clan, el solo pánico que provocó la simple propuesta en su cabeza logró encender en ella todos los sistemas de alarma que por mucho tiempo reprimió. Su primer pensamiento fue todo lo que sería "cumplir" como esposa, el sexo, el embarazo y los hijos. Entonces recordó cómo su pequeño cuerpo era penetrado por hombres 5 veces más viejos que ella, por miembros demasiado grandes para aguantar el dolor, cómo otras niñas en su misma condición eran víctimas de abortos sin ningún tipo de anestésico o cuidado, cómo aquellas que se contagiaban con enfermedades venéreas eran castigadas y cómo, cuando cumplían los 15 años, eran vendidas como empleadas sexuales a algún tipo con dinero o mandadas a América del sur para funcionar como prostitutas de edad adulta. A veces las mataban o, a veces, algunos fetichistas sádicos las mataban ellos mismos mientras mantenían las relaciones con ellas… entonces Sakura volvía en sí y las palabras de Sasuke volvían a resonar en su cabeza, ¿en serio creía que ella permitiría que un hombre la volviese a tocar? ¡Él sabía lo que ella había vivido o alguna idea tenía! ¿Acaso no entendía que esa petición era un acabose de mundo en su cabeza? Porque su lugar seguro, el clan Uchiha, ahora parecía un lugar hostil, donde se le volvía a ver como una pieza de mujer deseable, incluso si ahora había más propiedad en el hecho, no, no, ella no podía con eso… ¿cómo quedarse?

Pero quizás lo que más le molestaba, aquello que aún la tenía con los nervios tomados, era que pensar en una mujer correcta para Sasuke le daba náuseas.

―Ino, podemos conversar de esto después ―dijo Sakura, que empezaba a sentirse mareada por los recuerdos.

― ¿Pero es que te estás escuchando?

―Ino, ahora no.

―Nunca dices nada, por eso terminas así, haciendo imbecilidades ―Ino estaba enfadada y Sakura podía ver que los ojos azules estaban más oscuros por la rabia.

―Sasuke me pidió matrimonio por "el bien del clan" ―admitió Sakura, los ojos verdes miraban desafiantes los ojos azules de la modelo, esperando que ella le reclamase algo, esperando que justificara a Sasuke, como se suponía todos iban a hacerlo cuando se enterasen.

Ino se quedó callada, con el ceño fruncido, esperando que ella agregase algo más al comentario, pero no lo hizo, se quedó callada mirándola de manera poco amistosa. Ino supo que era malo cuando la pelirrosa cruzó los brazos estableciendo una especie de barrera entre ellas, cosa de que nada de lo que la rubia le dijese le llegase.

Otro cabo suelto que Ino sabía que iba a terminar atando en algún momento, la verdad es que el tema "Sakura vs Sasuke" era de ese tipo de temas de los que nadie se atrevía a hablar, más por miedo a que Sakura escuchase más que por el menor de los Uchiha, pero si había tanto hermetismo dentro de todo lo que eran sus conflictos, era por algo, tal como ella con Sai, Sakura y Sasuke podían llegar a ser tema de manera tan sencilla… ah. Ino sabía que no podía explicarle a Sakura el contexto de todo su malestar, porque ella no se dignaría a escuchar ninguna palabra, sobre todo porque tanta mala cara podía venir de aquel lado de Sakura que lo sabía todo.

¿Por dónde partir? Sasuke era exactamente todo lo opuesto a Itachi, era oscuridad y silencio, Itachi era luz y bullicio; obviamente Sakura buscaría la luz y el ruido porque ella estaba demasiado cansada de su propia oscuridad y de su propia soledad, Sasuke era más como ella y por eso más opuesto a sus preferencias, por eso nadie parecía considerar que la cercanía de edad y de caracteres les jugaría a favor. El tema es que nadie parecía querer ver más allá, todos se quedaban en Sakura e Itachi, que se llevaban bien y que era innegable que compartían una química extraordinaria, pero era una química sin reacción y poco interesante, que a Ino le parecía más un flirteo adolescente más que un barco con buen rumbo. Entendió después, que los modales y el respeto de Itachi eran un factor fundamental en toda esa relación, él no la tocaba y tampoco le dirigía comentarios molestos, y a ella le gustaba porque él actuaba más como un hermano que como un enamorado. Obviamente, ambos se gustaban de manera más que fraternal, pero la chispa que le falta al amor como tal no estaba por ningún lado. Itachi, en toda esa actitud amable, no tenía nada que pudiese provocarle a Sakura lo que un amor debe provocar… pero Sakura disfrutaba eso, lo seguro y lo plano, porque lo inesperado y lo confuso le harían mal para todo ese rollo con los hombres. Por eso todos estaban seguros de que algo era más probable entre esos dos, porque Sakura no lo apartaba e Itachi no se acercaba.

Lo que le faltaba entender a Sakura era que el amor te provoca confusión y te produce inestabilidad, una mujer enamorada jamás se va a la cama sabiendo que todo está bien: hay duda, hay miedo, hay un montón de cosas que una mujer enamorada siente, cosas que le hacen bien y cosas que le hacen mal. A Sakura solo le gustaba lo que le hacía bien. Obviamente, Ino jamás le hizo notar aquello porque la felicidad de su amiga iba más allá de lo que ella pudiese opinar como "experta en el tema"… y el imbécil de Itachi se tenía que poner de novio con una muchacha que no le iba en ningún sentido, e incluso en ese momento, incluso cuando Itachi la presentó como su novia, Sakura no lo sufrió tanto como uno hubiese supuesto. Y no, que no jodan con eso de que ella es de las que se tragan las emociones, porque Ino había obtenido de ella la fotografía perfecta para entenderla: los ojos y sus variantes de verde. Nada cambió, más que la idea de que Itachi merecía algo mejor.

Pero con Sasuke siempre fue diferente, Sakura se encargó de establecer distancia con él desde que llegó, incluso cuando ella ya estaba más adaptada a la casa y al carácter de cada miembro del clan, insistía en alejar al menor de los Uchiha, alegando que su trato para con ella era diferente. No importaba si estaban juntos en misiones o juntos en el mismo cuarto, las variantes de su relación eran o la discusión o la ley del hielo; él recriminaba sus modos de actuar, ella su forma de ser tan reservada… o el silencio. Era un agrado que ella no fuese un miembro recurrente en sus grupos de misión, Neji y Naruto se llevaban mejor con ellos en ese sentido.

Ahora que Sakura le soltaba todo esto, unir cabos era tan sencillo que le dio miedo el estar malinterpretando las cosas, pero el gesto de Sakura y las previas actitudes de Sasuke daban mucho para pensar, incluso si Sakura se negaba a ver lo evidente, incluso si las trabas del pasado seguían marcándola… Ino por fin vio aquello que su amiga fue incapaz de ver.

―Ay, amiga… ―fue lo único que se limitó a decir la Yamanaka, ofreciéndole un gesto en señal de apoyo.

Sakura abrió la boca para responder, algo más recompuesta, pero Shikamaru apareció por la puerta trasera de la cocina con la expresión campante de siempre.

―Sakura, Sasuke y Neji te llevan esperando como una hora, ninguno parece tener los cojones para venir a por ti ―dijo él, mientras abría el refrigerador y sacaba un pote de yogurt ―. Cualquiera diría aquí que la cabeza del clan eres tú.

―Muérdete la lengua, Nara ―replicó Sakura, mientras se levantaba y abandonaba la habitación camino al despacho de Sasuke, no sin antes dedicarle una mirada poco amistosa al pelinegro.

Ino suspiró.

―Deberías tener más cuidado con lo que dices.

―Ah, Sakura es problemática, un saludo podría ser una ofensa para ella ―recalcó el chico, mientras empezaba a comerse el yogurt. Ino le dio un sorbo a su té mientras lo miraba en silencio ―. A propósito, ¿Sai?

Ino se sonrojo a más no poder, mientras Shikamaru le dirigía una mirada maliciosa camuflada entre su sonrisa floja.

―Eres un cotilla, en serio, por eso jamás nunca tendrás novia ―. Dicho eso, Ino dejó su taza en el fregadero y salió de la cocina hecha una furia.

Shikamaru lanzó una apagada risa antes de finalizar el yogurt.


Sakura entró a la estancia con brusquedad, Neji y Sasuke estaban sentados en el sillón junto a la puerta, en silencio y de brazos cruzados, ¿habían hablado algo desde que Shikamaru había salido? Aparentemente no, claro, ellos siempre tan callados, si solo abrían la boca para volverla loca. Estaba ofuscada, sí, era imposible no estarlo porque todos las emociones confusas se traducían en enfado, pero debía empezar a controlar su temperamento, no podía ponerse como una adolescente en estos momentos.

―Sakura ―dijo Neji, poniéndose de pie, Sasuke se limitó a mirarla y no decir nada más.

― ¿Y bien, en qué quedamos? ―preguntó Sakura, ignorando las ganas de patear a Sasuke. También debía hacer algo con eso, mantenerlo siempre al filo de su paciencia no iba a resultar nunca en buena convivencia.

―Neji dice que nos puede asegurar 100 hombres, siempre y cuando sean solo para protección dentro del hogar ―respondió Sasuke.

―Temas diplomáticos, si resulta que otros clanes están involucrados en esto, como clan no podemos intervenir así como así porque el problema es del clan Uchiha.

―Sí, y los años de amistad valen una poronga.

―Ya, Sasuke, si Neji tiene razón. De todos modos tenemos que hacer algo para que no se note, no quiero que los demás clanes se enteren de esto, ya sabes, sería el momento preciso para empezar a romper tratados acusándose mutuamente ―analizó Haruno, mientras se sentaba en el escritorio de la sala bajo la atenta mirada de los dos hombres. La verdad es que es tipo de atención la cohibía de sobre manera, incluso si las miradas iban con todos menos malas intenciones, incluso Sasuke siempre se mantuvo recatado y respetuoso.

A Sakura le hubiese gustado saber qué hubiese hecho una mujer sin trabas emocionales en su lugar, una mujer normal, como Ino, como Hinata. ¿Habría aceptado la propuesta de Sasuke en pos de todo lo que aquello prometía? ¿Habría huido con Neji por amor? Y no podía seguir, porque recordaba que ella no podía darse el gusto de elegir una vida así, con amor y romances varios, porque sabía que nadie podría tocarla sin abrir heridas demasiado dolorosas para su psique.

―Deberíamos avisarle a nuestros aliados, el tonto, el viejo libidinoso y la anciana ―dijo Sasuke, cruzando brazos y mirando a Sakura buscando afirmación, ella solo negó con la cabeza por lo infantil de los sobrenombres.

―Creo que sería lo correcto, así nos aseguramos de tenerlos a todos atentos ―dijo Neji, mirando de vuelta a Sasuke―. Como ya dije, aquí te podemos mantener cubierto, pero si sales, ya no es mi problema ni el de mis hombres, a menos que la amenaza sea para mi clan.

―Todos los clanes están en amenaza, unos caerán antes que otros, esperemos que este clan y los aliados no sean los primeros. La muerte de Itachi será vengada como estipula la ley que nos rige, de ahí, que se maten entre ellos ya no es nuestro asunto ―Sasuke se puso de pie y caminó a Neji―. Tenemos un trato entonces. Redactemos los papeles.

―Vendré con mi padre en dos horas más, si yo fuese tú pensaría en traer a Hatake y a Tsunade aquí para entonces ―dijo Neji, serio como siempre.

―Neji, como favor especial, ¿puedes asentar a unos cuantos guardias en las dependencias del trabajo de Ino Yamanaka? Yo me encargaré de la seguridad de Sasuke mientras esté fuera, pero a Ino no la tengo tan cubierta y me gustaría que no pasara por alto ese detalle.

Neji la miró por breves instantes e hizo una formal reverencia a ambos antes de salir por la puerta del despacho.

―Ese hombre va a matarme ―dijo para sí la chica, pero Sasuke la escuchó demasiado claro como para ignorarlo. Atinó a preguntarle que qué había dicho, pero ella simplemente cambió el tema, no era momento para hablar de sus temas con Hyuga―. Sasuke, tú no sales de esta casa sin mí, no te mueves sin mí, nada sin mí. ¿Entiendes? Si yo no estoy, si salí, tú te quedas donde estás hasta que yo llegue. Harás tu vida normal y le dirás a todos que todo anda de maravilla, pero te quiero con un pistola siempre a mano.

―Bueno, mamá ―dijo él, mientras hacía una mueca, Sasuke la sacaba de sus casillas, iba a ser imposible protegerlo de nada porque lo iba a terminar matando antes.

―Todas tus llamadas serán interceptadas, alguien probará la comida antes que tú…

―Nadie va a tocar mi comida.

―Si yo quisiese matar a un niñito de la mafia como tú, créeme que mi primera opción sería el veneno.

― ¿Al baño también me acompañarás tú?

―Mira, Sasuke…

El teléfono de Sakura sonó un breve instante, la alarma del mensajes. En primera instancia pensó que Neji había enviado algún comentario desagradable después de su partida, pero se dio cuenta que no se trataba de un Whatsapp, ni un correo, era un mensaje de texto. El número figuraba como privado y no se trataba de un anuncio de la compañía telefónica.

―Sakura ―llamó Sasuke al ver que Sakura se mantenía con la mirada perdida en el teléfono.

"Srta Gleisner, la invito una taza de café en el Dolce Vita en media hora más, todo ese toque italiano que yo sé que le traerá bellos recuerdos. Pero hagámoslo muy secreto, usted sabe que nadie quiere a los fisgones, ansío conocerla y yo sé que usted ansía conocerme a mí.

Saludos."

Gleisner… Italia… ¿qué mierda?

Una especie de nubarrón mental empezó a hacerla perder el dominio de sí, se sentía lánguida y enferma, alguien, quien fuese, sabía quién era y sabía qué había hecho antes de estar ahí metida. Era imposible que fuese una coincidencia, imposible que fuese una broma. Se sentía ahogada, tal vez no estaba respirando, no sabía, solo pensaba que las cosas estaban malas, muy malas… ¿esta persona era la asesina de Itachi? ¿Cómo sabía su apellido legítimo?

― ¿Sakura? ―la voz de Sasuke se escuchaba a ratos, y sentía un calorcito agradable rodeándole los hombros y contra su costado izquierdo, ¿se habría desmayado? Pero si tenía los ojos abiertos, no, lo único que pensaba era en el mensaje de texto, ¿quién usa SMS en estos días? ¿Número privado? Estaba en nada, supuestamente Sai había instalado algo en su teléfono que filtraba los números desconocidos. ¿Qué mierda pasaba? ―. ¡Sakura, ya!

Sintió cómo la zamarreaban y en parte volvió en sí. Sasuke la tenía sujetada por los hombres, el cuerpo de ella apoyado en el de él porque de algún modo que no recordaba había perdido el equilibrio y caído del escritorio. Crisis de pánico, estaba sudando y le faltaba el aire.

― ¿Qué te pasa? Llamo al médico.

Eso encendió las alarmas.

― ¡NO! ―gritó, y como si el cuerpo de Sasuke quemara, se apartó de él y recobró la compostura de manera casi inmediata, mientras afirmaba su celular con mucha fuerza.

― ¿Qué mierda te pasa? En serio llamo al doctor.

Sakura lo miró con los ojos vidriosos y la respiración agitada, las manos le temblaban, pero la fiereza en su rostro no amainó.

―No, estoy bien ―dijo, mientras se alejaba de él en dirección a la puerta―. No salgas de casa, lejos de las ventanas y, por el amor de Dios, no comas nada sin que alguien lo haya probado antes, ¿vale?

Y salió del despacho dejando a un Sasuke con mirada vacante. ¿Qué fue eso?


1991, Colonia, Alemania.

Alemania era una nación en donde se privilegiaba la familia, después de la caída del muro y con la unión recompuesta después de años de división ideológica, traer a la familia o formar familia en el país estaba dentro de lo que uno consideraría evento afortunado: buena atención de salud, buena educación, buenas pensiones, buenas ofertas de trabajo. Todo prosperidad para un pueblo que tuvo que esconderse muchos años a causa de las decisiones mal tomadas.

¿Entonces, qué tenía de malo traer a un hijo al mundo en un país que gozaba de tan buenos estándares? La verdad es que nada, siempre y cuando una familia adinerada no tuviese a su hija adolescente embarazada, una deshonra familiar, incluso cuando era todo producto de una violación. Claro, obviamente el culpable debía pagar y se llevaban los juicios de rigor para ello, pero los meses pasaban y en el vientre de una chicoca empezaba a generarse un ser humano con todas las de la ley. La familia en inconsciencia, siempre en inconsciencia consideraba que parte de la culpa era de la niña, por salir a deshoras de la casa, por beber, por ser joven, por mostrar mucho, por exponerse; entonces era mejor enseñarle a ser una buena mujer, a poder purificarse de todo aquello de lo que era "culpable" a miras de su familia y, para no avergonzar el apellido, mandarla a un convento era lo más beneficioso, para todos, incluso para la incauta joven que con 15 años, estaba a meses de ser madre.

Te estamos cuidando, ¿entiendes eso? ―decía una mujer en vestiduras de monja, mientras una llorosa niña le pedía que por favor la dejara en paz.

Este hijo está maldito de todos modos, tú no quieres un hijo así ―le decía otra monja, intentando aplacar el pesar de la chica.

De piernas abiertas, en uno de los baños del convento y con una doctora que más que doctora parecía simple partera, la niña pujaba intentando dar a luz a su bebé –no– deseado. La jovencita, que tenía el pelo castaño tapado por el hábito de monja y los ojos verdes como el jade ahora rojos de tanto llorar, suplicaba que por favor dejaran a su bebé con ella, que se quería ir, que quería ser feliz con su bebé.

No entiende lo que dice ―decía la primera monja, que ojos azules estrictos la miraban con reprobación―. Se arruina la vida con un crío siendo tan joven, ¡se la arruina teniendo un hijo fuera del matrimonio! Violación o no, este bebé no puede quedarse con ella, tiene que irse a un hogar bien constituido.

La joven, que había pasado la mitad de su embarazo en el convento, vistiendo de monja, llorando cada tarde en cada misa, no entendía por qué no podía tomar a su bebé e irse, no entendía por qué le hacían tanto daño, por qué la veían como un ser tan sucio.

¡No me lo quiten, por favor! ―decía ella.

¡Puja, puja! ―le decía la doctora.

Y el llanto llenó la habitación, el llanto de un bebé.

¿Y? ―inquirió la monja estricta.

Es una niña, se ve sana ―decía la doctora mientras examinaba al neonato en sus brazos.

La niña que pujaba quedó olvidada y tendida en el suelo, mientras sentía el llanto de su bebé. No tenía fuerzas para tomarlo, tampoco para implorar que lo dejasen verlo, que la dejasen verla.

Hay que limpiarla con agua bendita, y vestirla de blanco, vamos a rezar mucho por ella para que encuentre un buen hogar ―decía la otra monja, algo más maternal.

La monja estricta se acercó y se arrodilló junto a la muchacha que había parido.

Tú estuviste enferma del estómago, hoy y mañana te quedarás en cama y le dirás a las demás contigo que te sientes mal del estómago. Esta es la mejor decisión que has tomado, esta bebé no crecerá en pecado y tú tampoco porque le has permitido crecer de buena manera, Greta ―le decía golpeado, pero sin maldad verdadera.

Anna Gleisner, se va a llamar, alégrate que hemos conservado tu apellido ―decía la monja maternal, pero a Greta no le importaba porque ya tenía muerta el alma.


Ah, su nombre, Anna. Tuvo otros, claro, pero Anna Sophia Gleisner era el nombre con el que había nacido. Era imposible que alguien supiera ese pequeño detalle de una vida tan anterior, sobre todo porque para fines prácticos, Anna Sophia Gleisner, nacida el 28 de marzo de 1991, estaba muerta hace más de 10 años, mucho más. Tanto así, que fue el proxeneta que la tenía en su poder quien modificó los papeles del registro civil y la privó de toda legalidad… y Sakura tampoco se molestó en volver a registrarse hasta que llegó a Japón y tuvieron que hacer algunas trucherías para darle un pasaporte verdadero. ¿Cómo sabía alguien que ella era, en realidad, Anna Gleisner? ¿Quién podía hacer ese tipo de conexión? Empezó a sentirse más fatigada e inestable aún cuando sus recuerdos la llevaban a que el último ser humano que la había conocido con el nombre de Anna Gleisner (incluso cuando ese nombre duró poco, realmente) y sabía que su muerte era mentira, era el proxeneta que la despojó de esa identidad para siempre.

―Señorita, llegamos ―le decía el taxista, que se había volteado a verla ya que ella parecía no haber captado los primeros llamados del hombre.

―Ah… ―. Verdad que había cogido un taxi y había pedido que la llevase al Dolce Vita, incluso sin saber dónde quedaba, incluso sin saber que era. El taxista le había preguntado si era el restaurante, el café o el motel, ella dijo que no sabía, que la llevase al café por pura cachativa.

― ¿Se encuentra bien? La veo muy pálida ―le dijo él, mientras recibía el dinero que Sakura le ofrecía, expresión totalmente en blanco.

Ella no le respondió, se bajó del taxi y miró frente a ella como un pequeño bistró se presentaba con un llamativo cartel que recitaba "Dolce Vita" y un estilo que le recordaba la Toscana en todo su esplendor. El barrio en el que estaba era uno de los que se erguía a las afueras de Tokio, muy lejos de los dominios Uchiha y Hyuga, más cerca de lo dominaba Tsunade y sus hijos… pero no estaba dentro del dominio de nadie.

Sintió cómo el pulso se le aceleraba al pensar en el proxeneta que la vendía a un módico precio por una hora a viejos asquerosos y se imaginó viéndolo de nuevo, sentado con ese traje negro impoluto que siempre lucía, con un anillo en cada dedo, con la cabeza calva y el bigote pelirrojo, con la sonrisa de mierda con la que le decía a Sakura y a otras niñas que todo iba a estar bien, que todo era por su bien, que todo era para mejor… con ese bastón de adorno que usaba para azotar a cualquier mocosa que se le opusiera. Pero era imposible, ella lo había matado, lo había descuartizado, se había encargado de hacerlo trizas, lo torturó y luego lo cortó en muchas partes, partiendo siempre por los dedos, para que él sintiese el dolor de la mutilación, como ella había sentido la mutilación de su alma, como la mutilación del alma de muchas otras niñas.

No podía ser él. Pero, ¿entonces quién?

Bueno, la ansiedad le estaba jugando una mala pasada porque no se sentía en control de su cuerpo, cualquier atisbo de pasado en su cabeza era una especie de alarma de desacople en su cerebro, temblaba y recordaba cosas y le daba pavor todo porque era muy fácil para ella tener alucinaciones, ver cosas que no pasaban, ¿y si sacaba su arma en público y empezaba a disparar a ciegas pensando que alguien la quería violar una vez más? ¿Y si había soñado que mataba al proxeneta aquel y en verdad estaba vivo? ¿Y si alguno de sus secuaces había huido y la había seguido? Sintió ese dolor que empezaba en su parte noble entre las piernas y que subía por dentro de su abdomen hasta llegar al pecho, como la primera vez que la penetraron y sintió su corazón partirse en mil pedazos, el dolor más fuerte que hubiese sentido jamás, ni las heridas de bala se asemejaban a aquello que había sentido esa primera vez.

― ¿Disculpe, se encuentra bien? ―. Una camarera se había acercado a ella, posiblemente por su expresión y porque llevaba algún rato frente al café sin hacer nada más que observarlo.

Sakura espabiló, intentando mantener su cabeza fría: estás en Japón, tienes 24 años, puedes matar lo que sea, nada te puede pasar, ya nada te puede pasar.

―No, busco a alguien que dijo que me vería aquí ―respondió recomponiendo la voz.

La camarera la quedó mirando un momento, como si esperase verla desmayarse ahí mismo.

―Ah, sí, hay alguien esperando a una señorita, ¿usted es Anna Gleisner? Tiene un buen japonés ―sonrió la mujer, mientras a Sakura se le descomponía la cara de nuevo.

¡Dios mío, soy yo, soy yo!

Sakura asintió de manera muy leve y la camarera la guió dentro del bistró a una mesita en un rincón donde había un hombre que les daba la espalda, se le veía el pelo negro tomado en una cola de caballo, la espalda ancha y la piel, que se alcanzaba a ver, muy pálida. Nada que le recordase a nadie del pasado, era bueno… pero era malo, porque ¿cómo sabía su apellido? Tendría el arma a mano, lista para sacarla si era necesario, este tipo de situaciones no se volverían a repetir.

―Señor, su acompañante a llegado ―dijo la camarera―, ¿desean ordenar enseguida?

El hombre, que leía una revista, se volteó y miró a Sakura con una sonrisa tenue y vacía. Pudo notar los rasgos asiáticos que lo descartaban totalmente de su pasado y los ojos amarillentos con tinte de malicia, pero de malicia infantil, no malicia real. Sakura supo que no estaba lidiando con un simple hombre fisgón, de hecho, por la actitud tranquila del hombre, supo que estaba en más peligro del que creía.

―Las damas primero ―dijo él, de manera caballerosa.

―Agua mineral ―respondió Sakura, en automático, sosteniendo la mirada del tipo que vestía un traje casual de color negro y camisa blanca prístina.

―Oh, vamos, no me salga con dietas ―dijo él a modo de chiste, pero Sakura no se sentía para fingir una sonrisa―. Yo invito ―. Se volteó a la mesera―. Para ella un café de vienés y un zuccotto. Para mí, un expreso y un panforte, me siento dulce hoy.

La camarera asintió y se retiró enseguida, Sakura, en tanto, se mantuvo de pie junto a la mesa. Quería hacerle tantas preguntas y, al mismo tiempo, dispararle en la cabeza un mortal tiro… qué hacer. El hombre se volteó a verla de nuevo con el ceño fruncido, "extrañado".

― ¿Pero qué le pasa? ¡Vamos, tome asiento! No pretenda comer de pie ―dijo de manera animosa, mientras enseñaba con la mano el puesto frente a él. Sakura, con todo reparo, se acercó lentamente a la silla, inspeccionándolo todo, buscando trampas. En tanto, el hombre, que tenía cara de estar en sus 40 y tantos, siguió hablando―. Siempre me ha gustado Italia y su cultura, no tanto como la cultura china, pero lo suficiente como para haber gastado mucho dinero en viajes y compra de antigüedades del lugar. Me imagino que usted se maneja bien con el italiano, considerando que vivió ahí más de un año. Bueno, considerando que ha viajado tanto, he de suponer que aprender idiomas es pan comido para usted, finalmente el japonés es muy difícil.

La mesera trajo la comida y Sakura no se sintió en confianza para probar nada. Se sentía demasiado alienada en ese momento, lo que le hablaba el hombre no tenía sentido, al menos, sabía demasiado de cosas que no tenía por qué saber. ¿Cómo sabía que había viajado mucho? ¿Cómo sabía de su estadía en Italia?

―No me gustan los rodeos, me gustaría saber quién eres ―terminó diciendo finalmente, intentando que en su voz no se notara desasosiego.

Él, que acababa de darle una probada a su panforte, levantó la cabeza para mirarla con la ceja alzada, haciéndole brillar los ojos de color ámbar.

―Usted va al grano, eso me gusta, yo tiendo a ser menos conciso, lo confieso ―dijo él, como si estuviese conversando con un amigo de toda la vida―. Mire, señorita Haruno, yo no he venido a pelear con usted hoy. Solo he venido a conversar. Partamos de esa base.

Sakura supo que las cosas eran peores cuando la llamó por su actual apellido, ¿qué cosas más sabía ese hombre? Ah, ahora sí creía entenderlo todo, creía saber quién era… pero cómo lograba él saber tanto de ella cuando ella no sabía casi nada de él.

―Sigo esperando saber quién es y qué quiere conversar conmigo, aunque creo que tengo una idea.

―Señorita Haruno, mi nombre es Orochimaru y vengo con una propuesta, un simple trato que nos beneficia a ambos.

―Déjeme hacerle dos preguntas antes de que usted siga con la cháchara. ¿Usted mató a Karin?

―No, yo no la maté, pero sí sé quién lo hizo.

―… ¿Mataste tú a Itachi?

―Ese tampoco he sido yo, pero también sé quién lo hizo.

A Sakura le hirvió la sangre escucharlo decir aquello como si estuviese jugando CLUE, como si el asesinato de Itachi fuese un juego, como si matar a Karin fuese un juego, como si tenerla allí fuese un juego.

―Tú eres el que quiere matar a Sasuke, tú quieres bajar al clan Uchiha.

―Ah, es usted muy sagaz y está claro que Karin fue un boca floja, pero bueno, nada se puede hacer ―decía él en ese tono como si no importara nada, Sakura estaba lista para sacar su arma―. No es necesario que me dispare ahora, señorita, no ha escuchado lo que tengo que decirle. Es cierto lo que dicen, es usted algo acelerada.

Él rió y Sakura se palpó la pequeña pistola que llevaba en la espalda, tapado por el polerón que vestía en esos momentos.

―Has cometido un error en hacerme venir y delatarte ante mí, Orochimaru, de aquí no vas a salir vivo.

―Lamento diferir, señorita, no me gustan las discusiones ―y seguía con ese tono tan tranquilo, ¿es que acaso no veía que eso alimentaba más la rabia de Sakura? ¿No sabía que ella ahora tenía sed de sangre y que lo único que la reprimía era el hecho de estar en un lugar como un bistró cualquiera en un barrio tan lejano al suyo. Buena jugada, alejarla de su territorio, ahí debería actuar con cuidado, ¿por qué había sido tan descuidada? ―. Señorita, mire, yo quiero que aquí hagamos las cosas lo más civilizadamente posible. Odio ensuciarme las manos, tengo gente que lo hace por mí ―aclaró, Sakura estaba empezando a no entender nada, ¿estaba confesando delitos? ¿Estaba pidiéndole una tregua? ¿Era una invitación a intentar atacarlo? ―. Me imagino que usted no quiere que el clan Uchiha se extinga, usted ha de saber que yo no me siento bien con eso de la muerte de Itachi Uchiha, un gran hombre, muy encantador, a Karin le encantaba, debo confesar que a mí también, ¡epa, que lo digo de manera muy heterosexual! Bueno, su hermano menor parece tener menos presencia y, por eso mismo, quiero que usted lo convenza de ayudarme en mi cometido.

― ¡ME ESTÁ JODIENDO! ―vociferó Sakura fuera de sí, levantándose de sopetón y atrayendo todas las miradas del bistró. Sakura miró alrededor, citarla ahí había sido tan estratégico y ella había caído tan fácil. Se sintió estúpida, inútil, muy cercana a lo que serían las ganas del suicidio por deshonor.

―No pido mucho, así su clan no morirá y todos seremos felices comiendo perdices. Las cosas no debían ponerse de este modo, a mí me gusta mucho el factor sorpresa, pero lamentablemente su amiga Yamanaka es una fisgona y la encontramos justito, justito, cuando revisaba la cinta que uno de mis imbéciles subordinados editó mal. Sinceremos el tema ―decía con total calma, mientras Sakura, que se había vuelto a sentar, sentía como las uñas se le clavaban en las palmas de las manos por lo fuerte que las tenía empuñadas―. Y luego Karin, ah, esa mujer. Discúlpeme que se lo diga, pero es tan fácil vencer a una mujer cuando está enamorada; a Karin la enviamos a ser nuestros ojos en el clan, pero no, ella se enamoró de Itachi, bueno, ¿quién no? ―rió, invitando a Sakura a hacerlo, pero ella no podía nada, estaba demasiado ocupada reteniendo la ira―. Lo arruinó todo. Entonces ahora haremos las cosas bien, trapitos al sol, quiero que el clan Uchiha se alíe conmigo.

Sakura no pudo más y tuvo que levantarse, caminó a la salida solo porque no podía pensar en decirle siquiera algo a ese hombre. Ya tenía su nombre, o su apariencia, ya partía por algo, ¿no? Si sabía de su pasado, ya sabría cómo había conseguido esa información, ahora lo que le urgía era salir de ahí para evitar que algo desencadenara su locura y empezara a dispararle a ese Orochimaru y a todos los presentes en ese bistró.

―Señorita Gleisner ―dijo él, llamándola de manera tranquila, pero con malicia, sentado dándole la espalda. Como si no le importara una maldita mierda nada―. Yo que usted me pienso dos veces el salir de aquí así tan a la ligera, ¿acaso no recuerda que tiene a su Uchiha solo en casa?

Sasuke.

Sakura paró en seco, ¡era una trampa! La había llamado para dejar desprotegido a Sasuke, la había tentado de manera sucia utilizando sus traumas para sacarla de la mansión y dejar a Sasuke sin su vigilancia. ¡Claro! ¿Cómo había sido tan imbécil? Se volteó…

―HIJO DE PUTA ―le gritó, a vista de todos los clientes y personal, mientras desenvainaba su pistola y apuntaba a Orochimaru.

―Yo no haría eso ―dijo Orochimaru, levantando ambos brazos en señal de derrota.

―SE ACABÓ ―. Y Sakura disparó, pero Orochimaru se lanzó al piso en un movimiento muy ágil para su edad quedando la bala en el muro que estaba junto a él, donde hubiese estado su cabeza.

Pero haber perdido el tiro no era su mayor preocupación en ese momento, en el momento en el que ella disparó contra el tipejo, otro disparo le resonó en la cabeza y fue lo suficientemente ágil como para moverse de su posición para evitar que una bala proveniente de un fusil de francotirador le llegase en la cabeza. La gente del café se lanzó toda al suelo y empezó a gritar mientras otro disparo sonaba a lo lejos, haciendo que Sakura se lanzase detrás del mostrador en un movimiento ágil, evitando otra herida mortal.

Trayectoria… el edificio del frente.

Sakura se asomó y observó las marcas de las balas, corroborando su teoría, los francotiradores estaban en el edificio que cruzaba la calle en diagonal al café; había perfecta visual de todo a través de las ventanas del bistró desde cualquier piso entre el primero y el octavo, más arriba la perspectiva no daba. Asimismo, el punto ciego era estar agachado detrás del mostrador, ahí nadie podía verte. Pero Sakura no podía quedarse allí, pero tampoco podía dejar huir a Orochimaru, más aún, Sasuke en casa… mierda.

Sakura se arrastró entre la camarera y el cajero que estaban tendidos detrás del mostrador llorando aterrados y se asomó a mirar la mesa donde había estado sentada con Orochimaru: no estaba. Había logrado huir, pero ya no había tiempo para eso, tenía que salir de ahí con vida y llegar a casa. Si a Uchiha le pasaba algo ella no se lo iba a perdonar jamás, si Uchiha moría por culpa de ella jamás podría con la culpa… si Uchiha moría… si…

Sakura salió con la pistola en la mano, lista para matar a los francotiradores en cuanto se le arrojaran encima con disparos nuevamente. Del primer al octavo piso, cualquier ventana mirando en dirección al bistró, ahí debía buscar, pero para eso le debían disparar… se movió, fingiendo pensar que los atacantes estaban a nivel de piso. Sintió otro disparo y se lanzó a un lado esquivando por poco el impacto, miró el edificio de reojo una vez que la bala cayó junto a ella, revotando en dirección opuesta. Movimiento en el piso 2, tercera ventana de izquierda a derecha. ¿Cuántos serían? Corrió, entonces, desde el bistró a la acera del frente, para entrar al edificio. Sintió otros tres disparos que cayeron detrás de ella, casi rozándola, mientras cruzaba la poco concurrida avenida que estaba dividiendo el bistró y el edificio.

Otro disparo cuando llegó a la entrada del edificio y logró divisar una silueta en la primera ventana a la izquierda en el segundo piso; disparó la pistola con la mandíbula tiesa y luego disparó a la cerradura de la puerta del edificio. Sintió más disparos, debía haber al menos 5 francos. Pasó junto a la recepción, donde un tipo alzó las manos y se tiró al suelo al tiempo que la veía con el arma en mano y los ojos inyectados de sed de sangre. Un disparo le rozó la mejilla y el calorcito agudo le dolió, detrás de ella, siguiéndola por la entrada, un hombre disfrazado de ninja le apuntaba con un revolver listo para hacer otro tiro. ¿Qué mierda?

Sakura esquivó el segundo disparo, arrastrándose por el suelo hasta patearlo y hacerlo caer en un rápido movimiento que logró hacer que el hombre soltara el revólver. Con éste, le disparo en la sien y sangre saltó de manera cuantiosa sobre ella, se lavaría más tarde, ahora debía evitar que la mataran camino a casa. Subió las escaleras al segundo piso y se encontró con una fila de 6 hombres, igualmente disfrazados como ninjas, apuntándola con rifles, eso estaba mal, dispararon al mismo tiempo y Sakura se tiró al suelo salvándose por milagro, pero eran muchos y ya estaban listos para dispararle de nuevo. Se movió por el suelo hasta quedar pegada a una pared y lanzó 6 disparos, de los cuales 4 fueron a parar a los ninjas y otros 6 se perdieron entre los disparos que iban hacia ella, tuvo que volver a esquivar las balas. La verdad es que tenía poco para pensar, considerando que es más fácil matar a alguien con 2 rifles que con 1 pistola. Mientras le disparaban otra vez, Sakura logró lanzar otros dos disparos que dieron en los objetivos. Los 6 ninjas estaban ahora en el piso retorciéndose de dolor, ninguno de sus disparos había sido tan preciso como para herir de manera vital, considerando que disparaba para sobrevivir, no para matar. Caminó junto a cada uno dando un último disparo en la sien a los 5 primeros con los mismos rifles que portaban.

Cuando llegó al sexto, que tenía la herida de bala en el bajo vientre, lo tomó de la pechera.

― ¿Hay más? ―preguntó seca.

Él no contestó, ella le disparó en las piernas, la sangre ya le tenía cubiertos los zapatos y la cara y las manos.

― ¡¿HAY MÁS?! ―volvió a preguntar ella.

Sin respuesta. Terminó por azotarle la cabeza contra el piso y darle dos pisotones, posiblemente estaba vivo, pero no por mucho. Siguió subiendo escaleras, pero no encontró más, de hecho el resto del edificio estaba vacío, como si hubiese sido solo una fachada…

―Mierda, Sasuke ―recordó en voz alta, y tomó un rifle para salir del edificio y correr a casa, lo más probable es que la sangre no pasaría desapercibida por nadie, pero no tenía tiempo para cambiarse. Si Orochimaru había huido, y con él más francotiradores, Sasuke necesitaba de su llegada pero ya. La verdad es que no entendía por qué la ansiedad, el miedo, la casa no estaba sola y Sasuke tampoco, había más gente, gente que también se manejaba en armas y protección, pero no podía dejarlos a ellos ese trabajo, sentía esa responsabilidad tan suya, si ella no protegía a Sasuke, nadie lo haría, porque nadie sabía ni se manejaba en esas cosas como ella… pero ahora estaba siendo idiota, el desequilibrio emocional y los trastornos estaban primando en ella y no podía darse por enterada aún que si ella no solucionaba su cabeza, a Sasuke lo iban a matar, e iba a ser su culpa, porque solo ella podía proteger a Sasuke, porque era su responsabilidad.

¿Por qué solo ella? Porque ella protegía a los Uchiha, era su trabajo. Pero Sasuke… no, daba igual, tenía que llegar a casa y verlo bien. Tomó un taxi y amenazó al taxista para que no dijera nada, porque de otra manera no llegaría nunca sin alertar a la policía. Dios mío, seguía torturándose mentalmente por haber caído tan fácil.

Por favor, tiene que estar bien. En casa no son inútiles, yo no soy la única que puede protegerlo, ¿verdad? Shikamaru sabe usar una escopeta, Ino sabe usar un revólver, vamos, está bien.

Pero el miedo la corroía, y era algo que iba más allá de lo que ella alcanzaba a entender, si Sasuke era un imbécil ella debería preocuparse lo justo y necesario, pero se sentía alarmada, casi como si le estuviesen arrebatando algo propio. No, no era como lo que había sentido con Itachi, ella conocía bien ese malestar; éste malestar era uno que llevaba sintiendo hace mucho tiempo, pero que lograba apaciguar con la ignorancia y la distracción… oh, pero conocía esta ansiedad y era aquella que solo le provocaba Sasuke Uchiha. Y ahora, específicamente, por perder a Sasuke Uchiha.

Los minutos en el tráfico y las lágrimas y súplicas del taxista se le hicieron eternas, Tokio se sentía demasiado grande y ese auto demasiado lento. Sakura tenía demasiada urgencia y esa urgencia le estaba generando un nudo en la tráquea que le impedía respirar con normalidad. Por qué ahora se sentía así, tantos años reprimiendo con éxito ese malestar, esa urgencia, y ahora salía toda desbocada. Bueno, no estaba en su periodo más estable, no estaba en nada.

Llegó a la mansión y le soltó dinero al taxista solo por buena gente, por lo menos en el portón de entrada no se veía nada fuera de lo normal y el ambiente estaba en su basal. ¿Cuánto tiempo había pasado desde su encuentro con Orochimaru? ¿Cuánto tiempo había tardado en llegar? ¿Y si los habían matado a todos? Le era difícil oler o saborear la sangre porque aún estaba cubierta en ella… pateó el portón y entró, todos los que estaban en el antejardín la miraron con cara de espanto al verla cubierta de sangre, lo que era buena señal, significaba que nada malo había pasado. Pero no se cansaría hasta encontrarlo con vida.

Entró como estampida a la casa y llamó su nombre con tal tono y desespero que toda la servidumbre se asomó a ver qué pasaba, a ella no le importó porque estaba demasiado ocupada en sus pensamientos. ¿Por qué Orochimaru la habría citado si no era para tenderle una trampa? El actuar del hombre era un completo sinsentido, como si él estuviese tan confiado de su victoria que le daba pistas a ella para alcanzarlo, como si estuviese aburrido de avanzar y avanzar y quisiese un obstáculo… quizás era así, la personalidad narcisista que había demostrado ese hombre daba a entender que le gustaba el espectáculo. No sabía nada, solo sabía que Sasuke no atendía a su llamado.

El nudo en su tráquea se hizo más latente cuando revisó el despacho de Uchiha y no estaba. ¿Qué mierda? ¿Acaso lo habían secuestrado? ¿Pero cómo mierda nadie se había dado cuenta? Recordó a Cermenatti y le hirvió la sangre y le dolió la cabeza y sentía como los ojos se le llenaban de lágrimas… ¿qué mierda la pesaba? ¿Dónde putas estaba Sasuke?

― ¿Qué tanto escándalo hay aquí? ―. Sasuke irrumpió en su despacho limpiándose las manos con una toalla de papel que arrojó al basurero de la habitación―. ¿Nadie puede dejarme cag…? ―. La revisó de pies a cabeza y Sakura no supo en qué momento ya pudo respirar bien―. ¿Qué te pasó?

Y ella se iba a odiar el resto de su vida por eso, lo sabía, sabía que cuando ella se sintiese mejor y la sangre en su cuerpo se hubiese limpiado y ella pensara más en los eventos del día, cuando estuviesen con los líderes de los clanes amigos, cuando estuviesen con Neji, ella se iba a odiar por lo que iba a hacer… Como vio que estaba bien, como sintió el verdadero alivio de ver que no había fallado y que todo estaba en control, lo abrazó fuerte y soltó solo dos lágrimas. El perfume de Sasuke le embriagó la cabeza y supo, de sopetón, que había cosas que ya no podía guardarse más.


Nota de Autora: siento que me he demorado mucho en llegar a la acción, pero ya habrá sus dosis más adelante, lo prometo, no se quedarán sin acción porque que fome así. Espero de todo corazón que les haya gustado este capítulo, espero leerlos luego :)