Disclaimer: Los personajes de The Legend of Zelda Twilight Princess y Ocarina of Time, no son de mi pertenencia, sólo los uso sin fines de lucro.


- Hm... ¿Dónde comenzaré?

- ¿Qué tal, después de que llegaste de Termina?

El antiguo, asintió y meditó procesando todo lo que en su corazón y mente había transcurrido desde su llegada.

- Después de volver, pedí asilo en el Rancho Lon Lon...Una granja de sólo tres personas

Y así, su historia había comenzado.

(...)

Como costumbre, Malon se hallaba en el centro del campo, cantando alegremente mientras Link le seguía la tonada con una ocarina la cual, había sido un regalo de Saria.

Extrañamente, pero por coincidencia, los caballos se hallaban a su alrededor, acostados escuchando atentamente la canción de ambos niños.

- Que gran dueto - Halagó el padre de Malon, Talon - Deberían ir los dos a la ciudadela a ver cuánto dinero ganan...

Ambos niños, con apariencia de doce a trece años, rieron de tal ocurrencia. Los caballos, incluida Epona, siguieron con sus asuntos mientras los pequeños seguían con sus labores.

- Las cosas en la granja han ido de maravilla desde que tú y Epona volvieron - Sonrió Malon barriendo las hojas en el establo de entrenamiento

- Sólo lo hago para pagar todo lo que han hecho por mí - Rió Link acomodando la comida de los corceles - Me has prestado a Epona para un viaje y has convencido a tu padre de dejarme vivir aquí

- Sólo recuerda, un trabajo satisfactorio y vida plena, se consigue por un trabajo duro

- Lo sé... Trabajemos duro, para vivir plenamente

Ambos se sonrieron para seguir con su duro trabajo, y para animar las cosas, Malon cantó para todos.

Y así, los años pasaron. El joven héroe, siguió ayudándole a la Joven granjera. Con el paso de los días, el rancho comenzó a tener cierta importancia en Hyrule, su pequeño territorio fue extendiéndose, la población animal creció y con ello, la contratación de nuevo personal. Ahora, eran una gran familia, la tercera de Link, aunque para él, su única familia serían los Kokiri.

El día en que el Héroe del Tiempo llegó a Hyrule después de siete años, se organizó un evento, en el cual, se elegiría a la nueva mano derecha de la Reina.

Sin embargo el joven héroe no estaba interesado, al menos, no por ahora.

- No entiendo por qué

Link miró a la granjera preguntándose de sus repentinas palabras mientras él, acomodaba el establo de la yegua.

- ¿Qué no entiendes? - Preguntó el ojiazul

- No soy la única que te ha visto por las noches, tomar una espada de madera y verte practicar en el campo - Explicó la peliroja - No entiendo porqué no vas y haces la prueba para caballero

Link acomodó los paquetes de eno para que la yegua comiese una vez regresando a su establo, mientras pensaba una respuesta.

- Necesitan mi ayuda aquí... Si me voy, no hay quien cuide a Epona.

- Vamos... Epona se ha vuelto dependiente de ti, chico hada - Torció los labios - Si te vas, eso le enseñará a valerse más por sí misma

Link rió a su apodo, aún después de los años, después de contarle su historia, Malon siempre optó por molestarle con apodos tales como: "Chico hada", "Chico del bosque", aunque para él, no había problema.

- ¿Por qué insistes en que participe? - Suspiró cerrando la puerta de su lugar - ¿Quieres que me vaya?

- ¡Claro que no! - Se apresuró a decir - Desde que llegaste, las cosas mejoraron aquí, es sólo que...

El Hylian se acercó a la joven, esperando una respuesta y la chica, al fin habló.

- Después de todo lo que me contaste, del futuro, de Termina... No quiero... ¡No debes! Terminar como un simple granjero como yo y como el resto, debes hacerte notar.

Link, sonrió revolviéndole el cabello tiernamente, molestando a Malon por el trato tan infantil, ya no eran niños y por tanto, los sentimientos ya no eran de amistad.

- ¡Link!

El nuevo granjero salió del establo al escuchar su nombre y la sorpresa le invadió al ver una escolta de caballeros en la entrada del Rancho.

- ¿Qué los trae al Rancho? - Preguntó Talon dándoles el encuentro

- Buscamos a Link

El joven Hyliano se acercó al Guardia de más alto rango recibiendo una carta muy bien sellada. El sello era el de la familia real, lo vio y recordó cuando mostró una carta parecida para poder entrar a la montaña de la Muerte.

- La Reina pide una audiencia contigo, ahora mismo

- ¿Ahora? Pero...estoy ocupado - Se excusó - Tengo que... alimentar a los caballos, ordeñar a las vacas, recoger los huevos

- Yo lo haré

Link miró a Malon a su lado, su sonrisa de satisfacción era bastante notoria.

- Malon...

- Anda, Link - Sonrió dándole un ligero y disimulado codazo - El Rancho seguirá aquí para cuando tu servicio acabe

El granjero miró detrás de él, Talon, Ingo y el resto de granjeros ayudantes, le dieron ánimo para alentarle y acompañar a la escolta real. Dudó, pero finalmente aceptó.

- Denme diez minutos

- La Reina...Quiere ver... Al Héroe del Tiempo

El chico suspiró entrando al edificio principal, subió las escaleras y entró a su habitación. Debajo de la cama, se hallaba un cofre rectangular café de marco dorado. Subió el cofre a la cama, lo abrió y su mirada cambió.

Dentro, se encontraba bien dobladas, dos mudas de ropa color verde, una pequeña y una grande...La túnica Kokiri que pronto pasó a ser las del héroe.

- Creí que no volvería a usarlas...

Se deshizo de sus ropas de granjero, se colocó esas mallas blancas y seguidamente, sus botas cafés; se vistió con su túnica verde de un sólo conjunto, se abrochó su cinturón de la cintura y el que cruzaba su pecho y espalda

Se soltó la cola de caballo baja que tenía por esos siete años, ligeramente largo, sólo para un motivo...

Cortárselo para colocarse, segundos después, aquel gorro caído verde que había dejado hace siete años.

- El Héroe del Tiempo... Volvió

Pero no estaba del todo feliz.

Salió del edificio y encontró a la escolta, lista para marcharse.

- Me voy... Gracias a todos por lo que hicieron por mí - Link habló acercándose a Malon y Talon - Nunca podré pagarles tal amabilidad

- No, Link... - Habló el hombre bajo y de gran estómago - Tú viniste para cambiar el Rancho, no podríamos pagarte

- Sólo recuerda visitarnos - Sonrió Malon - Siempre tendré una vaca lista para ti...

Link, sólo pudo abrazarla como muestra de gratitud por todos estos años.

Epona se acercó, dispuesta a viajar con el muchacho, cosa que él negó y pero la yegua persistió.

- Pero... ¡Epona!

- Dije que se había vuelto dependiente de ti, chico del bosque - La cantante, suspiró - Sabía que Epona, estaba destinada a algo más que un simple caballo de granja.

Link suspiró acariciando la cabeza de la yegua con mucho cariño, Ingo se acercó estirándole una montura que el chico tomó y colocó sobre el lomo de Epona.

- Será una larga vida, pero me haré cargo, de que sólo yo te monte... ¿De acuerdo?

Epona relinchó alegre, Link montó y le dio el aviso a la escolta, que se adelantaría al castillo.

Antes de partir, miró a su familia

- Gracias...

Y tras una orden, Epona comenzó a cabalgar hacia la ciudadela y hacia el Castillo de Hyrule dónde la Reina lo esperaba.

Malon miró como se marchó, incapaz de detenerle y confesar todo lo que le aquejaba, sentimientos de amor que claramente no serían correspondidos.

- Cuídate...Link

(...)

- Haber si entendí

La sombra miró a su descendiente, que al parecer, se había perdido ligeramente en la historia.

- Saria era una niña y una Kokiri, Ruto era una Princesa y Zora, Impa era un sheikah y junto con Nabooru, eran más grandes que tú, Zelda tampoco, no aceptaste los sentimientos de Malon… ¿Con quién formaste una familia si a las demás las has rechazado?

- ¿Quién dijo que rechacé alguna de ellas? – Rió – Si me interrumpiste para eso, que descendiente tan mal educado

- Lo lamento – Suspiró – Sólo tengo esa curiosidad

El héroe del tiempo comprendía eso, cualquiera la tendría y más de uno le preguntó si él, se había enamorado cosa que evadía.

- ¿Puedo seguir entonces?

El Héroe del Crepúsculo asintió volviendo a poner atención en el tema, disculpándose por su descortés interrupción.

- Me quedé en… Ah, claro… Gracias a Epona, el viaje hacia el Castillo no fue tan largo y agotador.

(…)

Al entrar a la ciudadela, cuan poco a poco avanzaba y se extendía en territorio, más de uno mantuvo su mirada en él, preguntándose quién era el joven de verdes ropajes que montaba un bello caballo.

No era la primera vez que mantenían su mirada en él, cuando era niño y llegó a dicho lugar, a donde quiera que fuera, no quitaban sus ojos de él y, hasta cierto punto en su niñez, incomodó y asustó.

Esta vez, no era la excepción.

Se acercó a la entrada del castillo pasando por una larga planicie, con tan pocos árboles pero bastantes guardias custodiando la entrada.

- ¡Alto! – Le llamó uno de los que vigilaban la enorme reja - ¿Quién es y qué quieres?

Link bajó de la yegua, acercándose a su vez al par de guardias recordando que, el que le había llamado la atención, fue el mismo que le llamó plebeyo cuando quiso ver a Zelda de buena forma la primera vez.

Extendió la carta que sacó de uno de los bolsos que Epona traía en sus costados y el guardia la tomó. Después de que ambos la leyeran, dio una orden y la reja se abrió dándole paso al joven y desconocido héroe.

- Puede entrar…

- Gracias

Quería vengarse del mal trato que ese tipo le había dado en su niñez, pero era ya un adulto y a su edad, eso sería completamente infantil además de que el Héroe del Tiempo, no haría eso.

Claro que, ya no era un adulto y, hacerle una broma a alguien, era lo que siempre había querido hacer de niño.

Con sumo cuidado y disimulo, sacó una zanahoria y con el máximo silencio, la colocó entre la ropa del soldado; Rápidamente, Epona percibió el olor y en lo que el chico salía corriendo hacia el castillo riendo como un niño, la yegua revolcaba al pobre soldado y en un lugar de recibir ayuda, el resto de sus compañeros, reían de su infortunio.

- ¡Cuiden a Epona! – Les gritó - ¡Volveré por ella en un rato!

Y tras un momento de risa, se detuvo frente a las enormes puertas del imponente castillo.

Los soldados, quienes conocían la situación de su llegada, le abrieron las puertas y condujeron hacia la sala del trono dónde la monarquía, la esperaban ansiosa.

Link entró, manteniendo la mirada hacia el frente, sin mirar a los guardias a un lado o los reclutas a caballeros en el otro, eran más caballeros de bajo rango que reclutas. Simplemente, llegó hasta el trono, se hincó en forma de respeto y habló.

- Aquí me tiene… Reina

Zelda, quien mantenía la apariencia que Link recordaba al viajar siete años en el futuro, sonrió a sus educados modales a pesar de nunca haber recibido tales.

- ¿Sabes la razón por la que te llamé? – Preguntó

- Quiere que sea su humilde caballero, ¿No es verdad? – Respondió manteniendo su posición

- Lo quiero porque confío en ti, sé tú fuerza y dedicación, sin embargo, no te obligaré

El chico de dorado cabello, pensó claramente, tardando ligeramente segundos. Entonces, alzó la mirada confrontando la de Zelda, esperando una aprobación de él. Se dedicó a mirar a su alrededor, a las personas que le rodeaban y, por primera vez en siete años desde su pasado, miró a quienes se convertirían en sabios.

Darunia, el sabio del Fuego y líder de los Goron; Ruto, la sabia del Agua y Princesa de los Zora aunque a estas alturas, su Reina; Impa, la sabia de la oscuridad y fundadora de la Villa Kakariko; Nabooru, la sabia del Espíritu y líder de las Gerudo.

Hacían falta Saria y Rauru, sabios del bosque y luz respectivamente, pero, por circunstancias ajenas y cercanas, no se hallaban presentes.

- Darunia, Ruto, Impa, Nabooru.

- Te desapareciste por siete años, niño – Suspiró la Gerudo – Tuvimos que escuchar toda la historia en labios de Zelda

- Y todo este tiempo, estuviste en el Rancho – Continuó Ruto – Eres un mal prometido

- ¿Qué están haciendo aquí? – Preguntó

- La Princesa, igual que hace siete años – Explicó Impa – Nos contó todo y, por ende, la recompensa que te mereces, es una vida plena aquí

- Estaba bien en el Rancho – Frunció el ceño molesto - ¿Una vida plena? No creo que arriesgar mi vida, de nuevo, sea una vida plena

- No mal interpretes las cosas, hermano – Terminó Darunia – Todos sabemos que es lo mejor y, tu pequeña amiga del bosque, lo aprueba al igual que nosotros

- ¡¿Quién dijo que necesitaba ser un caballero para ser feliz?! – Alzó la voz alertando a los soldados levantándose a su vez - ¡Lo estaba hasta que los soldados llegaron!

- Link…

La voz serena de la fémina, llamó la atención del muchacho que, al ver su mirada caída y triste, se calmó.

- Comprendo cómo te sientes, por siete años, has intentado vivir con una paz que si bien, pudo o no ser cumplida. Yo, por siete, he vivido con la pena de que por mí, por mi culpa, no viviste como debiste y peleaste por Hyrule.

Link desvió la mirada, al no ser capaz de darle la razón pero mostrando algo parecido.

- Si algún día, el mal volviese a Hyrule… ¿Realmente crees que podríamos defendernos solos?

Estaba siendo dura con su propio ejército, pero los soldados presentes, le dieron la razón.

- Realmente no sé cómo convencerte, pero, yo sé, que tu historia como el Héroe del Tiempo, permanecerá por generaciones en lugares que visitaste… Quedará en la historia de los Goron, de los Zora… de los Hylian… Sin embargo, crea una nueva historia, y fórmala como tú desees.

Zelda se levantó de su trono para acercarse al héroe, recordándole a Link, la razón por la que había deseado salvar su tierra.

- Defiende como tú quieras la tierra que amaste en el pasado, que amarás en el futuro… Defiende a la gente que tanto estimas, haz de Hyrule, un nuevo lugar

Se hincó de nueva cuenta, en señal de respeto.

- Su majestad… Mi espada, mi escudo y mi vida, servirán a Hyrule una vez más, a sus órdenes, defenderé la tierra que las Diosas han bendecido.

- Link… Gracias…

(…)

- Impresionante…

El Héroe del Tiempo, asintió levemente dándole un poco la razón.

- ¿De ahí has sacado tu armadura? – Preguntó – ¿Es la armadura de un caballero de Hyrule?

- Exactamente… Aunque esta armadura – Se señaló – Sólo la usa aquel que sirve a la monarquía

- ¿Qué pasó después? – Siguió preguntando – La Princesa Zelda, dice que, según las antiguas historias de Hyrule, el héroe antiguo murió en el campo de batalla… ¿Acaso, la tierra se vio envuelta en un conflicto?

El antiguo asintió dolorosamente de sólo recordar el triste conflicto que en el que las razas de Hyrule se sometieron.

- Sí… Zoras, Goron, Gerudo, Hylians… se enfrentaron para obtener la supremacía de la raza y esta armadura… Sólo la porta el que sirve a la monarquía y, el líder de los caballeros en un conflicto.

(…)

- ¡Te falta más empeño en el ataque! – Regañó a voz alta a uno de los reclutas a caballero – ¡Soldados como tú, no sirven en el combate!

El soldado se levantó, rindiéndose a la sesión de entrenamiento que el chico rubio le daba a cada uno de los reclutas. A tres años de aceptar ser uno del resto, Link, ya era respetado y a su vez, temido.

- Haces tu mejor esfuerzo

Sonrió nerviosamente limpiándose el sudor con una tela que se le había dado para estas ocasiones, Malon suspiró como lo había estado haciendo por siete años. No era raro verla allí, como era costumbre, ella y Talon, dejaban el encargo de leche en el castillo y de paso, visitaban Link.

- No te ves hoy muy feliz – Comentó Malon mirándole a la cara

- No lo estoy… - Suspiró – Creí que siendo caballero, podría transmitirle mis movimientos a estos chicos… Pero… No son capaces

Estaba decepcionado ya que no podría conocer a aquel héroe descendiente, sin ser exactamente sanguíneo, que estuviera destinado a ser un héroe igual a él, aunque tampoco deseaba que una guerra azotara Hyrule de nueva cuenta.

Link entró al castillo como de costumbre, al vivir allí ya por tres años, se paseó por sus pasillos meditando si había hecho bien el ser caballero puesto que ninguno de estos soldados, estaban listos y capaces para aprender de él.

- ¡Nosotros no tenemos porqué pagar impuestos a usted, la Reina! – Escuchó un ligero grito - ¡Nos valemos nosotras mismas!

Se sorprendió del grito femenino que se escuchó a través de la puerta frente a él, ¿Era coincidencia que le escuchase? Pero le sorprendía más, que ese grito, fuera el de Nabooru.

- Por favor, entienda… - Ahora era Zelda la que hablaba – Todos y cada uno, pagan por su seguridad.

- Pues nosotras no necesitamos ser protegidas por sus caballeros de pacotilla… Link, es el único que mantiene el respeto en mi pueblo porque se lo ha ganado… Usted y el resto, no.

- Bueno, eso es porque…

- Un momento… - Escuchó la voz de Ruto - ¿Quiere decir que debemos pagar por nuestra seguridad? Y si mi gente no lo hace, pero hay un ataque… ¡¿Ustedes sólo verán como nos aniquilan?!

- Claro que no… - Zelda intentó hablar

- Usted está subestimando nuestra capacidad, Señorita Zelda – Darunia parecía enfadado

- Apuesto que nostras derrocaríamos a su pequeñísimo pueblo y a usted – Nabooru retó dispuesta a ganar – Será mejor que piense antes de hablar, su Majestad.

Link se mantuvo en silencio al ver a sus amigos, salir de la habitación mostrando enfado y siendo ignorado mientras éstos se marchabas de la habitación y pronto, de Hyrule.

Presentía algo malo, no era la primera vez que tenía esa sensación de peligro, la sintió cuando Ganondorf se transformó en Ganon y la espada Maestra, fue alejada de sus manos.

Suspiró pensando en si debía entrar a ver cómo se hallaba la Reina, justo como lo haría su Guardia Real, como un amigo. Sin embargo, la entrada fue negada ante su niñera, Impa.

Sólo, se dedicó a pensar que todo estaría bien.

(…)

- Y no fue así, supongo…

Link asintió al comentario del chico del Crepúsculo, recordando todo lo que seguía.

- Entonces, ocurrió una guerra civil entre las razas – Explicó – Todas y cada una, queriendo derrocar al gobierno de Zelda.

- Pero… ¿Por qué? – El joven Link miró el suelo intentando explicarse aquello – Se supone que Darunia, Ruto, Nabooru, Impa y Zelda son los sabios, ¿Por qué harían esa guerra?

- Zelda les contó todo, pero no la parte de que ellos eran los sabios y, debido a que regresé siete años, no han despertado como tal… - Siguió explicando – Esta vez, no era la por la trifuerza.

- Entonces tú…. – Link miró a su antecesor por algo de pena – ¿Pelaste con los que eran tus amigos?

- Sí y no…

(…)

- ¡Defiendan su patria! ¡Defiendan su bandera!

Link, a órdenes de Zelda, comandó el ejército que defendería el castillo ante manos enemigas, pero no estaba a gusto y no era la tarea especial que ella misma le había dado. Al contrario, de pelear contra el resto y ser capaz de herirles, su tarea era atravesar los ejércitos y llegar ante los gobernantes para dialogar.

- Epona…

La yegua le miró, incapaz de poder hablar y poder tranquilizar el alma del pequeño y gran héroe.

- Escucha, este es un viaje del que posible, no exista retorno – Bajó la mirada calmando su corazón – Tú, debes volver al lado de Malon, en el Rancho estarás más segura…

Los gritos de combate, el sonido del acero chocando uno con otro, el fuego que se veía de la ciudadela hasta el establo dónde él se encontraba, sólo le mostraba que la guerra había comenzado.

- Haré que seas libre, pero vuelve al Rancho

Pero Epona negó una y otra vez, no abandonaría a quien se había vuelto su amo y a quien le tenía un gran cariño tanto como persona como jinete.

- ¡Link! – Gritó una voz - ¡Los Zora llegaron! ¡Te necesitamos!

Colocó de nuevo la montura sobre Epona, se colocó rápidamente una armadura, aquella que el líder portaba: De duro metal en el pecho con hombreras, algo que le cubría de la cintura hasta las rodillas, botas debajo las rodillas de igual metal, guantes largos y pesados, todo el conjunto, yacía de un color plateado, con detalles dorador y rojizos.

- ¿Lista, Epona?

Ella relinchó, y de igual forma que su Jinete, estaba protegida por una armadura carmesí que le protegía la cabeza y partes del cuerpo y las patas.

Colocó unas cuantas armas que colgasen a los lados de Epona siendo él capaz de tomarlas con velocidad pero que quien quisiera robarlas, le costarían, entre las armas se hallaban unas que logró recuperar de algunos templos: El Arco de las Hadas y el Lanza Garfios.

Se colocó un casco de forma bastante peculiar puesto que este, le cubría todo menos la cara y el diseño, era curioso al tener un adorno arriba y a los lados del mismo.

Montó a Epona, tomó un escudo y una espada y dándole una orden, comenzó a cabalgar abriendo las dos puertas del establo de paso.

(…)

-…

- Recuerdo… haber recibido múltiples heridas con el firme propósito de no dañar al resto – Suspiró y comenzó a mostrarle – Mi ojo izquierdo, es la más notoria, ¿No?

El chico de Ordon asintió levemente, y el caballero, le mostró una herida que corría todo su ojo izquierdo.

- Una Gerudo me lo hizo cuando intenté hablar con Nabooru. Me confié, ella atacó y… bueno…

Se descubrió un poco el abdomen del lado izquierdo, mostrando una herida larga y profunda, una que comenzaba a ahí y terminaba en la espalda baja derecha.

- Eso… Fue de un Zora, no creí que ellos combatían… Usan lanzas afiladas, bastante afiladas. Pero, a pesar de ser herido… Ellos nunca, intentaron asesinarme…

(…)

Las lágrimas del caballero pronto se hicieron notar, su yegua y fiel compañera, yacía en el suelo, respirando entrecortadamente ante sus últimos intentos de lucha para seguir con vida.

- Epona…

La yegua, dio un último relinchido y pareció sonreír, después… su respiración cesó y la cabeza que él había estado sosteniendo, se dejó caer.

- Epo…na…

Sintió una flecha atravesársele en el brazo izquierda, las quemaduras en sus piernas debido al fuego de las bombas Goron, las cortadas profundas de las espadas de la Gerudo…

- ¡Deben detenerse! – Gritó siendo escuchado por unos cuantos, por quienes serían los sabios - ¡Está guerra no tiene sentido!

- ¡Para nosotros la tiene! – Escuchó el grito de Nabooru - ¡Su Majestad nos ofendió!

- No lo he hecho

Era sorpresa y una completa locura, como Zelda e Impa, se abrían paso entre el combate para poder dialogar. Link se levantó, intentando no caer ante las heridas.

- Lamento mis palabas – Los líderes se acercaron y ella se hincó ante ellos – Mi intención no fue ofenderles… Quería que todos fuéramos iguales, una sola ley…

- Pero eso no es posible, Zelda – Ruto se cruzó de brazos – Cada uno de nosotros, es capaz de gobernar a su gente a su manera.

Link, sabía que había fallado su labor como protector de Hyrule, sabiendo de su incompetencia y temor a volver a fallar, se alejó.

- Esta vez, debo volver a casa… Donde… De verdad pertenezco

Al Bosque Kokiri, donde Saria lo esperaba e incluso, se imaginaba el regaño que le daría al verle en tal estado.

(…)

- Entré por un camino, para pasar por los bosques perdidos y finalmente al bosque Kokiri debido a que la entrada estaba bloqueada…

- Pero no llegaste al bosque…

- No… - Suspiró – Yo sé, que morí en el Prado Sagrado.

El chico de Ordon pensó las cosas levemente, para levantar el ánimo caído del antiguo héroe y entonces encontró la forma.

- ¡Yo te llevaré!

- ¿Cómo?

- Sí, puedo llevarte a dónde despertaste actualmente – Sonrió levantándose del pasto – Claro, sólo si quieres…

Link asintió.

- ¿Aquí fue?

Fueron horas las que pasaron simplemente para que Link guiara al antiguo al recinto dónde él despertó.

Durante el transcurso, el chico de Ordon le contó a él sus aventuras. Cuándo entró al Crepúsculo y se transformó en lobo, su encuentro con Midna, el combate contra Ganondorf

- ¡Ah! Y hay objetos y lugares que han permanecido… Por ejemplo, Kakariko, Los Dominios Zora, los Goron, El desierto, el Templo del Tiempo, es increíble.

El Héroe del Tiempo se acercó a su recinto verificando el lugar, mirando y observando que no hubiese algo que le recordase a alguien o que alguien lo recordase a él, pero… nada… Justamente en lo que el chico del Crepúsculo le seguía contando sus aventuras.

- Disculpa

Link miró a su descendiente, y se alegró de lo que tenía en las manos. Una Ocarina de madera que, al usarla para tocar unas notas, mostraba que aún funcionaba aunque ligeramente desafinada.

- La encontré entre el pastizal

- ¿Podrías… tocar algo?

Link sabía que era tiempo de irse, poco a poco, su forma humana desaparecía para volver a ser la sombra del héroe que fue.

- Claro… ¿Pero qué?

Antes de que sus labios dejasen de funcionar, silbó una melodía alegre que el joven logró entender y seguir con la Ocarina, siendo la primera vez en tocarla.

Link entonces, sintió una profunda paz en su corazón, su pesar se había desvanecido, estaba satisfecho.

- Gracias, Link… - Sonrió – Ahora sé, que de verdad eres un héroe digno… Mi pesar se fue y para agradecerte, te diré un secreto…

El Héroe Crepuscular, esperaba paciente la gran revelación.

- Sí formé una familia… Pero no está en los hechos de la historia que te conté. Un hijo y una bella esposa

- ¿Quién fue?

Link deseaba decirle que se apresurara puesto que la sombra comenzaba a desvanecerse para regresar a su eterno descanso, finalmente en paz…

- Su nombre…. Era…

Pero antes de la gran revelación, la sombra rió.

- Un secreto…

Y por más que Link deseara quedarse y que el otro deseara esperarle, terminó por desvanecerse dejando unas últimas palabras.

- Bien hecho…. Hijo mío…

Link suspiró en cuanto la sombra se marchó de una vez y para siempre. Se acercó a su recinto, colocó la Ocarina en el pasto, se ensució de tierra para formar un pequeño montículo y, tras cortar unas cuantas flores, las dejó encima.

- Gracias por tus enseñanzas… Jamás seré un héroe al igual que tú, pero, me esforzaré para serlo…

La sombra, aún no marchaba a su eterno viaje sin regresó, sino que aún yacía en Hyrule sin su forma física, pero sí en una que pudiese ver los logros de su descendiente.

Link entró a la sala del trono, dónde Zelda lo esperaba con una sonrisa, se hincó frente como respeto y ella, como agradecimiento, lo nombró.

- En nombre de la Princesa Midna y la Princesa Zeda, y te nombro... "Héroe de Hyrule", aquí y "Héroe del Crepúsculo" allá... Gracias...

Los gritos de ovación pronto llenaron la sala. Los amigos de Link, quienes le ayudaron en su aventura, gritaron, los soldados aplaudieron y el resto, sonrió.

Todos mostraron alegría, pero ninguno,.lloró mientras sonreía. El héroe, la sombra, escuchando las palabras de Zelda detrás de una columna, estrechó la empuñadura de su espada sonriendo.

- Bien hecho...

Y, finalmente al lograr su propósito, volvió a su sueño.

- Iré a mi villa, para decirle al resto de mi hazaña... - Se levantó - Después, volveré

- ¿Volverás? - Preguntó

- He decidido convertirme en caballero

Todos y cada uno, se sorprendieron pues no creían de sus palabras.

- Creo en mi fuerza, quiero defender la tierra que usted y yo amamos... Quiero defender Hyrule y a cada raza que habita este lugar... Si usted me lo permite.

Zelda sonrió.

- Claro... Un caballero como tú, será perfecto para Hyrule

(...)

- ¡Link!

Abrió los ojos lentamente, con miedo a mirar el lugar y darse cuenta que aún no se hallaba en casa.

- ¡Link!

Pero esa voz femenina e infantil, le obligó a abrir los ojos con confianza. Observó su alrededor percatandose de que ya no estaba en el antiguo Hyrule, sino, en medio de una planicie verdosa, un río que corría tranquilamente, montañas al fondo... Un...Paisaje bello.

- ¿Dónde...?

- ¡Chico hada! ¡Al fin abres los ojos!

Se dio la vuelta y sus pupilas se contrajeron.

- ¡¿Malon?! ¡¿Qué haces aquí?!

- ¿Qué? Vivo aquí... - Suspiró

- ¿Aquí? ¿D-Dónde es aquí?

- ¿Hyrule acaso? Enserio...Estás raro... - Negó y sonrió - Anda, Link... Los caballos esperan, Epona espera su masaje de cuello

No cabía de sorpresa al ver a la joven granjera con él en su versión adulta. Poco a poco, el ambiente comenzaba a mostrar más que lo que veía, un edificio, un rancho, escaleras, un puente, un bosque...Un castillo

- Hey, niño...

Miró detrás de él a Impa y Nabooru.

- Impa...Nabooru

- Vamos, - Ambas hablaron - La Princesa espera en el castillo.

Poco a poco, se sentía alegre, satisfecho de sí. Mientras ambas se alejaban al castillo cruzando el puente, levadizo, Link sonrió y dio un paso para ser enrollado en dos poderosos brazos detrás de él.

- ¿A dónde vas, hermano?

- ¿No me eres infiel, verdad?

Entonces, sonrió alegre.

- ¡Darunia! ¡Ruto!

El Jefe de los Goron lo bajó y soltó para encaminarse, junto con la gobernante de los Zora, a la ciudadela del castillo.

Mientras él miraba la entrada a la ciudadela, intentó procesar lo que ocurría.

Poco a poco, gente comenzó a caminar adelantándose hacia el castillo, gente que él conoció a través de sus aventuras.

La pareja que poco no realizaba su boda, Anju y Kafei; la pequeña Princesa Deku y el pequeño mono; Mikau y Darmani, la abuela de los cuentos; La banda de Mikau y su vocalista... Todos

- Toda...La gente de Termina...

Y así como ellos, más.

Link, el Goron hijo de Darunia, las Gerudo, el sepultero Dampé, los jóvenes enamorados de Hryule...Sus...amigos los Kokiri.

- Los...Kokiri, los Zora...

Todos los que conoció a Hyrule. Buscó entre la gente reunida y su mirada se encontró con la de la Princesa Zelda, logrando así, una sonrisa en ambas... Pero no encontraba a quien de verdad buscaba.

- ¿Dónde...?

Escuchó detrás de él, una melodía animada que siempre le hizo bailar, que siempre le hizo recordar a alguien. Se dio la vuelta y sonrió al encontrarla.

- Saria...

La pequeña Kokiri bajó la Ocarina de las Hadas, sonriendo, alzando la mirada mientras las lágrimas caían inconscientemente.

Link la cargó para que, segundos después, Saria lo abrazara mientras las lágrimas de la peliverde, eran correspondida por unas igual en el rubio.

- Estoy orgullosa de ti... - Rió Saria - Muy orgullosa...

- Te extrañé, Saria...

- Bienvenido, Link... Bienvenido a tu hogar, con tu familia.

Su túnica Kokiri, le recordaba toda su historia y a la vez, creando una nueva.

Estaba en casa, al fin olvidando su pesar logrando su propósito...

El Héroe del Tiempo, estaba en casa descansando al fin.

(...)

Después de una semana, Link volvió al pequeño recinto dónde se despidió de la sombra, colocó más flores y tocó la misma melodía que hizo descansar al héroe.

- Tu historia será pasada de generación en generación y heredad por otros, no importa cuántas generaciones o siglos pasen, tu nombre será el símbolo de coraje y aliento por siempre…

Sonrió.

- Descansa… Héroe del Tiempo…

Y al fin, y para siempre, lo haría.


Muchas gracias a aquellos que comentaron y leyeron. ¿Les gustaría un nuevo proyecto de Zelda?

Gracias por leer y seguir mi primer fic de este fandom.

¡Hasta el próximo!