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MIL GRACIAS! DISFRUTENLO!- Ghost
Capitulo 5: We found us.
By Derek.
Veía atontado el espectáculo en la calle junto a Bill, estábamos en silencio, no entendía mucho de esos rollos callejeros, aunque me negaba a esto debo admitir que estuvo bastante interesante. Volteé a ver a Bill y, como últimamente ya era costumbre, estaba perdido en sus pensamientos, incluso para ser él el que tenía una nueva fascinación por la calle.
-¿Estás bien? –Enarqué una ceja, poniéndole una mano en el hombro.- Hey, Bill Kaulitz.
-¿Uh? –Se giró a verme, saliendo de su extraño mundo fantástico.- Sí, sí. Estoy perfecto... Creo.
-¿Crees? –Bufé, soltando una carcajada.- Vamos, Bill, te has puesto pálido.
-Me siento un poco mal, ¿fue muy extraño no? -Me dijo cuando empezamos a caminar alejándonos del tumulto, lo que estaba siendo muy extraño era como de pronto había cambiado su emoción, parecía haber visto un fantasma.
-¿Qué cosa? –Esbocé una mueca de confusión, mordiéndome la comisura del labio sin poderle entender.
-Digo, ha ganado y se ha ido como loco. Vaya manera de celebrar. –Ironizó contrariado, conocía esa mirada, estaba muy intrigado.
-¿A quién le importa? –Sonreí ante su infantil preocupación, tomándole de la muñeca amablemente.- Probablemente ha de estar en un burdel celebrando o algo así, lo que sea que haga ésta clase de gente. –Reí por lo bajo.- Vaya cosas por las que te preocupas Bill
-No me preocupo, solo… fue extraño –Compuso ese gesto en una convincente sonrisa, de hecho, se veía mejor.
-Creo que el que resultó mas afectado por el sol fue otro... –Reí irónico, jalándolo un poco de la mano.- Vamos a descansar ya, ¿te parece?
Bill asintió, se veía de pronto cansado, parecía que no podíamos caminar mucho más, así que pedimos un taxi que nos llevó a nuestro hotel. ¿Les había platicado de cómo era? Pues, era un lujo total, digno de un rey. Situado en el mejor espacio turístico de Venice, con la playa al fondo, una piscina eterna y, la mejor parte, todo incluido.
Bill no escatimaba en nada, a veces me gustaba joderlo diciéndole que algún día se quedaría en la calle por gastar en cosas tan caras y, muchas veces, bastante innecesarias.
Ya era algo noche cuando llegamos, en silencio y sin muchos rodeos, simplemente nos dejamos ir como zombis hacia la habitación. Dejé la mochila y me tumbé en un sillón, estaba cansado y algo… necesitado de atención; y él estaba ahí, tan sumido en sus pensamientos, tan… vulnerable, que me fue imposible resistir y no acercarme.
-Creo que es hora de un buen descanso… -Lo envolví con mis brazos desde la espalda, presionando su cuerpo hacia el mío hasta que su espalda chocó contra mi pecho y busqué besarle la línea de la barbilla.
-¿Hmm? Eh… Derek… -Él se rió, negando con la cabeza, mientras yo me dedicaba a succionar suavemente la piel de su cuello– Basta… Estoy sucio, necesito un baño… -Quiso detenerme, pero sólo logró que maniobrara para voltearlo y dejarlo de frente a mí.
-No me importa -Lo atrapé, capturé sus labios en un beso húmedo e insistente, acariciando su labio inferior entre los míos mordiéndole un poco mientras mis manos buscaban aflojarle la ropa.
-De verdad… -Apoyo las manos en mi pecho, aflojó el cuerpo por un momento a la vez que saboreaba mi beso, mirándome a los ojos directamente.- ¿Por qué no mejor nos damos un baño y salimos hoy?
Y mis esperanzas se fueron todas al suelo… Alcé una ceja y luego fruncí el ceño, conteniendo el aire por interminables segundos.
-Anda… -Y dibujó esa sonrisa en sus labios cuando me apartó.- Ponte guapo.
-Pero si acabamos de llegar, Bill -Caía en la frustración, en la maldita frustración de nuevo. Desde el día en que llegó la dichosa carta el nivel de atención física había aumentado para mí, pero para Bill había bajado considerablemente, apenas y me dejaba besarlo. Siempre tenía una excusa-¿No que estabas cansado?
-Quiero divertirme hoy, beber, bailar… anda –En ese momento hizo ese puchero encantador, me incliné y le mordí el labio inferior hasta que por fin me quité por completo de él, accediendo. Él gritó victorioso, levantando los brazos.- ¡Sí!
Dio un brinco y se levantó de la cama, yo me quedé ahí suspirando, frustrado y tratando de no hacer una estupidez... de verdad, estaba tratando. Así que, bueno, si me ponía consentidor y le daba alguna que otra bebida demás... Tal vez, sólo tal vez, lo conseguiría.
Le di tiempo para que se duchara y saliendo él fue mi turno, quizá unos quince minutos después, así que aproveché que estaba solo para deshacerme de la frustración por mi mismo bajo la regadera. Aunque creo que me tardé mas de lo acostumbrado porque cuando salí Bill ya estaba casi listo.
-Diablos, ¿tanto me tardé? –Abrí los ojos enormemente, estaba en toalla mientras él se acomodaba el cabello hacia atrás, llenándolo de ese mouse que le abrillantaba su rubia cabellera perfectamente.
-Un poco -Sin prestarme atención alguna, estaba concentrado en su reflejo, moviendo las manos sobre su cabello tan mono como siempre.
Iba tan guapo, tan delicadamente arreglado y como un divo, como siempre, que me vi obligado y escogí mi mejor ropa, unos jeans nuevos, una playera suelta con estampados en negro y un par de tenis, todo por cortesía de Bill.
-Estoy listo –Comenté, sin muchas ganas.
-Te ves bien, Sparky -Me sonrió, aunque apenas y me había volteado a ver.- Andando.
Minutos después estábamos saliendo del hotel y al parecer había recargado la batería porque casi íbamos corriendo por la calle.
-Calma, calma, ¿por qué tanto apuro? –Me llevaba de la mano, jalando. El clima estaba templado, tal vez por tener al mar tan cerca, pero se sentía bien. Sin duda, una agradable noche… o al menos eso pensaba yo.
By Richelle.
Estábamos llegando al club, el prospecto, el Pirata y yo, ya estaba avanzada la noche y el Capitán no aparecía. Aquello no era muy usual, al menos no recientemente. Me preocupaba, y mucho. Le había llamado y no me ha contestado ni una sola llamada, ni mensajes, absolutamente nada. Ya parecía la histérica novia de uno de esos patanes, puaj.
-Déjalo, ha de estar por ahí solo, ya sabes cómo es –Murmuró el Pirata y lo miré apenas por encima del hombro.
Asentí, con justa razón, porque lo conozco no iba a estar bien, ni un segundo, y mucho menos sabiendo que Bill andaba cerca y que podría encontrarse con… Sacudí la cabeza muchas veces, tragando en seco.
Entramos al lugar, estaba repleto de gente bien, niños pijos y niñatas tontas, todos bailando, bebiendo, luces que cambiaban de color cada segundo, música alta… era un buen lugar para perderse con lo que sea que el barman tuviera para meterle a las costosas bebidas.
Nos fuimos a nuestro privado donde estaban unas chicas esperándonos, nuestra típica compañía, eran guapas aunque nada extravagante. El Pirata y el prospecto se fueron de inmediato con ellas, pero yo seguía preocupada, ni siquiera quería beber, solo quería hablar con el jefe… tenía que decírselo antes de que algo más pasara. No se cuanto tiempo pasó, pero a mi millonésimo intento de llamada contestó.
-¡Capitán! ¿Dónde estas? Estamos en el club –Me salí casi corriendo del club y busqué un lugar tranquilo para hablar, antes de que el muy cabrón me colgara.
-Estoy bien Richelle. –Su voz tenía un tono sombrío, sonaba apagado, sonaba a todo menos a mi jefe.- Necesitaba rodar un poco.
-¿Por? –Pregunté sin pensarlo, aunque sonó más a una exigencia.
-Cosas. -Él tosió, ni siquiera se inmutó por mi tono de voz, probablemente estaría fumándose un porro o algo.
-Debes venir, tenemos que hablar. –Alcé el tono de voz una octava más, apretando con fuerza el teléfono en mi mano.
-¿Estamos hablando, no? –Soltó una risa floja, le valía una mierda.- ¿Las chicas del porno te afectaron el cerebro?
-Hablo en serio, debes venir al club ahora. –Le ordené, si me escuchara… qué vergüenza me daba.
-Está bien, jefa –Escuché otra tos, y el cómo encendía el motor, algo era algo.- Iba a pasarme por ahí de todos modos, pídeme una botella de Jack, la necesito.
-Lo que quieras, pero ven –Colgué, suspirando pesadamente, iba a ser una noche bastante larga.
By Nick.
Maldición con éstas mujeres… machorras o no, todas eran igual de histéricas. Guardé mi teléfono y me terminé el cigarrillo, dejé la colilla apagada a un lado de la motocicleta y me dirigí a la carretera a todo el poder del motor.
Pero antes, di un último vistazo alrededor, el muñeco había desaparecido de nuevo…
Suspiré y amarré el casco a la parte de atrás, necesitaba respirar así que solo me puse el pañuelo en la cara. No me importaba si me pillaba la policía, no estaba en condiciones de fingir ser un ciudadano decente, necesitaba urgentemente embriagarme, follar como nunca en la vida y perder la noción de las cosas. Y era justo eso lo que iba a hacer hoy.
Tomé la carretera que regresaba a la ciudad pensando seriamente en lo que había pasado y me percaté de que mi ropa estaba en malas condiciones, al menos una ducha no me haría mal. Me desvié a mi pequeño departamento, no estaba mal, todo era mejor que la casucha de Stuttgart, en realidad, crucé el recibidor y me metí a la ducha con todo y la ropa asquerosa puesta.
Pensaba en lo que Richelle tendría que decirme, sonaba demasiado seria y angustiada cuando llamo así que asumí que sería importante. De pronto todo lo que había eran malas noticias y problemas, por donde quiera que volteara.
Tuve que resistir las ganas de masturbarme en la ducha y soportar el dolor de la erección con un simple propósito, claro, esa noche descargaría todas mis ganas y ansiedad en el primer infeliz que se me antojara, y estando como estaba... Sería más de una vez. Pero para eso debía verme como siempre y no como un alma en pena.
Me puse lo mejor que encontré, me calcé los zapatos y me eche encima la chaqueta de cuero, cerrando el apartamento cuando salí y regresé a mi motocicleta, al arrancarla de nuevo me dirigí al club de playa.
Aparqué junto con mis compañeros, junto a las únicas motos decentes de todo el lugar, y me dirigí a la entrada, había una larga fila de riquillos esperando entrar. Me acerqué a la jefa de seguridad que controlaba la entrada y sonreí encantador, ella me sonrió de vuelta y me dejó pasar, siempre y cuando, obvio, le entregará el billete de 100 dólares de siempre.
Entré al lugar, la música demasiado alta, las luces, la gente… chicas y chicos por todos lados, chicas muy hermosas que en el pasado me habrían llamado la atención tan pronto cruzara la puerta, pero ésta noche seleccionaría a mi presa más específicamente. Busqué nuestro privado y ahí los encontré, a esos tres de siempre.
-Capitán -Saludó el pirata con esa cordialidad tan extraña suya, como un soldado.
-¿Ricky? –Pregunté, subiendo el tono de voz, debido a la música tan alta.
-Afuera.
Me escabullí entre la gente, sin importarme quien tuviera en frente, tanto fue así que acabé empujando a un idiota que no se apartaba de mi camino y continúe hasta la salida trasera, la abrí y ahí estaba ella, fumando.
-¿Qué es tan importante como para traerme hasta acá? –Apreté las manos en puños, metiéndolas dentro de mis ahora no tan flojos pantalones, me había hartado de traer el pantalón cayéndoseme a cada rato. Richelle apenas y me volteó a ver, exhalando una densa columna de humo.
-¿Estás bien? –Yo sólo asentí.
-Apúrate, necesito beber y no tengo paciencia para pendejadas hoy. –Estaba impaciente, bastante.
-E-es que… hoy… yo, no sé cómo decirlo –Palideció, su gesto no me gustó para nada, pero a la vez algo raro había ahí, no veía a esa Ricky tartamuda desde hacía ya varios años.
-Si no puedes, Ricky, dímelo mañana, o nunca. No estoy de humor y no me detendría a matarte a golpes si me colmas la paciencia –Le advertí, desganado.
-Escúchame, Tom -Al escuchar mi nombre se me erizo el vello de todo el cuerpo, mis músculos se tensionaron, apreté los puños con más fuerza.
Ella era la única que sabía mi nombre real y la hice jurar no volverlo a pronunciar. Flexioné el cuello, apreté la mandíbula y los puños, tratando de controlarme, respiré hondo contando hasta tres, dando un paso hacia ella.
-Espero tengas una muy buena razón para mencionar ese nombre –Advertí, resoplando por la nariz como un toro preparándose a embestir.
-La tengo. –Noté como tragaba saliva, poniéndose en guardia, dejó caer el cigarrillo al suelo.- He visto a alguien hoy.
By Derek.
-ARGH! ¡Idiota! –Le grité un tipo que me había empujado fuertemente, ni siquiera volteó a verme, siguió caminando apresurado hacia afuera.- ¿Pero qué mierda le pasa?
Bill empezó a reír viéndome, aunque conocía esa expresión caprichosa al fondo de sus pupilas, no quería que empezara una especie de riña sólo por el empujón de un imbécil.
-Qué agresivos son los americanos -Comenté acariciándome el brazo adolorido, volviendo a acercarme con él.
-Es que con esa cara que te cargas Sparky, ¿quién no querría golpearte? Debes alegrarte un poco, pareces torturado -¿Qué comes que adivinas? Estoy así por tu culpa, maldito niñato encantador.
-Tal vez. Este viaje, aparte de ser una tontería, es una tortura –Molesto, fruncí el ceño.
-Por favor, no seas dramático –Él giró los ojos como si poco le importara.
-Es la verdad, hemos caminado como idiotas buscando un fantasma, en el calor, y ni siquiera follamos. No sé que estoy haciendo aquí. –Ya está, finalmente lo solté, berrinche o no, ya no me importaba.
-Y ahí vamos de nuevo… -Ahora sí, él se molestó.- Si no te gusta, lárgate, no me importa, no tengo ganas de pelear contigo Derek –Se levantó y me dejó ahí tirado, perdiéndose entre la gente.
Tuvieron que pasar unos segundos hasta que me quedé boca abierto, carburando lo que acababa de suceder, de nuevo me había mandado a la mierda. Me digné a tomarme la bebida y salí a fumar, requería relajarme.
Iba a medio cigarrillo observando la calle cuando escuché un par de voces lejanas muy alteradas, al parecer venían del callejón a un costado el club y eran dos personas discutiendo. Me acerqué un poco para escuchar, cuando noté que claramente hablaban alemán.
-Escúchame… escúchame… -El tipo de barba, cabello recogido en una coleta, y chaqueta de motociclista.- Es imposible, Richelle, imposible –Se notaba histérico, reía nervioso, iba y venía una y otra vez.
-Te lo juro, cuando lo vi usaba barba y tenía el cabello largo, pero ahora lo lleva corto y estoy segura que era él ¡sé que era él! –La chica de cabello corto y aspecto masculino trataba de controlarlo apoyándole las manos en los hombros, pero él se le soltaba como si nada, bruscamente.
-Yo me encargué de no dejar rastro –Se lamentó el tipo, bastante alterado.- ¿Estás completamente segura?
Espera, ese era el tipo de… ¡sí! Era el tipo de la moto, el que había ganado la carrera hace un rato y había salido como loco de la calle. Vaya… sí que tenía mala pinta el pobre.
-Completamente, venia con su novio ese… -El sujeto se quedo inmóvil.
-Sparky… -Masculló.
Espera… ¿Qué? Conocía esa expresión, era ese mismo tono asqueroso de voz.
-Sí, ese, ahí estaban viendo la carrera. Bill no te reconoció pero no te apartaba la mirada, como si supiera. –Ella pateó un cubo de basura que estaba cerca, furiosa porque lo abolló de un buen puntapié.
¿Bill? ¿Sparky? ¿Pero quién cojones eran ellos y por qué sabían nuestros nombres?
Era evidente que ella nos vio en la carrera… pero, él…
Oh mierda…
Mi mente empezó a procesar la información tan rápido y de una sola vez que me mareé, ahora todo tenía sentido.
Lo analicé a él, de pies a cabeza y llegue a la conclusión que más temía.
-Es Tom… -Palidecí, algo tenía que hacer al respecto, y rápido.
By Bill.
Lo que me faltaba, el estúpido de Derek con sus niñerías y caprichos sexuales. ¡No soy ninguna prostituta! ¿Y qué podía decir? Simplemente no podía, por más que lo intentara mi cuerpo lo rechazaba y no entendía el porqué. Tal vez sea por esa actitud estúpida e infantil que trae, esos deseos tan repentinos suyos, o qué sé yo.
Estaba dispuesto a pasarla bien, con o sin Derek, me dirigí a la barra a pedir otra bebida y me quede ahí sentado. Observe la locura del lugar, la gente bailando, abrazándose, besándose, dándose arrumacos y riendo; todos pasándola bien y yo de un humor de perros repentino.
Había un par de tipos que me observaban al otro lado de la barra, estaban juntos pero supe enseguida que eran heterosexuales, aunque me observaban muy detenidamente y algo se decían entre ellos. Me sentía incómodo, mi instinto me decía que no lo tomara a la ligera. De repente, uno de ellos se levantó y se acerco, era el tipo que había visto en el bar horas antes. Mierda…
-Oye, tú –Lo ignoré, haciéndome el que no escuchaba, pero no se rindió.-Rubio.
-¿Sí? -Giré a verlo, encendiendo un cigarrillo.
-¿Cómo te llamas? –Preguntó en un tono fuerte, exigente.- No te habíamos visto por aquí, ¿eres nuevo?
-Ese no es tu problema… -Hice un ademán con el cigarrillo para eliminar la poca ceniza cuando le contesté en mi porte de príncipe.
-Dime cómo te llamas… -Insistió con una familiar sonrisa psicópata.- Tu rostro me es familiar. –Me reí, no dije nada al respecto y bebí un largo sorbo.
-¿Conoces a Nick? –No sabía de qué iba todo eso, se veía tan interesado que me confundió y despertó a la vez mi curiosidad.
-Jamás había oído ese nombre. –Atajé, dando una calada al cigarrillo.
-Te pareces mucho a él… -Pero no logró seguir hablando.
-¡Bill! –Llegó Derek muy agitado, interrumpiéndonos. Mierda, no, no una escena de celos ahora mismo…
-¿Qué? –Lo miré con odio, fulminándolo con la mirada.- ¿Qué te pasa ahora?
Derek jadeaba, recuperaba el aliento a cortos respiros.
-Hey, prospecto –El tipo enorme y robusto de barba larga se acercó, sin prestarnos mucha atención a Sparky y a mí.- Hora de irnos, nos hablan.
Ambos cruzaron la pista de baile y Derek y yo los observamos atentos. Se habían juntado al otro extremo y una chica con aspecto de macho les daba órdenes… espera, yo a esa chica la conocía. Parpadeé varias veces y se me calló la mandíbula con incredulidad.
-¿Ricky? –Derek giró a verme, alarmado cuando me escuchó.
-Bill... Escúchame… -No lo pensó y me tomó con fuerza del brazo pero me solté de un tirón.
Mi mirada se clavó en el otro lado del lugar, sin duda era Richelle, la misma que se quedó paralizada al verme, sus ojos se clavaron en los míos y entonces no me quedó duda. Avancé entre la multitud a paso lento, entre las personas bailando, empujando a algunos que me estorbaban pero estaban tan perdidos que apenas y se dieron cuenta. Sin querer, me detuve al centro de la pista, estaba atónito al igual que ella.
Todo pareció estar en cámara lenta, ni siquiera escuchaba los gritos de Derek, sólo la música como un eco en mis oídos aturdidos y las personas a mi alrededor, borrosas.
Tenía el corazón a tope, ¿por qué? No lo entendía, no tenía lógica, llevaba todo el día sintiéndome de esa forma. Algo pasaba. Parecía seguir el ritmo de la música, pero no, volteé a mí alrededor, a la gente parecía no importarle, la música estaba normal. Estaba sudando, como si corriera un maratón, el que estaba mal era yo.
¿Qué me pasaba? Tenía repentinos escalofríos, tenía ansiedad, tenía miedo, sobre todas las cosas, tenía miedo… lo sentía, sentía todo.
De repente, entre ese mar de extraños, ante mis ojos apareció una figura, se acercaba a mí con seguridad, con la misma decisión con la que había pasado frente a mí al salir del bar. Tragué saliva. Una corriente eléctrica me recorrió cada célula de mi cuerpo al verlo. La luz se reflejaba en esos ojos cambiantes que no se apartaban de mí.
Mi pulso a mil, al millón… Mi respiración, agitada, mi pecho subía y bajaba bruscamente, me estaba por dar una especie de infarto.
Y él seguía acercándose sin apartar su mirada de la mía…
Se detuvo frente a mí, estaba temblando tal cual gelatina, quería llorar, quería reír, quería salir corriendo de ahí, sentía la necesidad de lanzarme del edificio más alto sin pensarlo. Me sentía débil. Me sentía invencible. Por fin, lo había logrado.
Lo observé.
Jeans más ajustados, una playera simple llena de agujeros, una chaqueta de cuero, zapatos de marca. Subí la mirada a su rostro… no, no podía ser. Barba negra, espesa y abundante, cabello recogido en una coleta e igualmente negro. No, no lo conocía. Pero luego me topé con sus ojos y… eran exactamente igual a los míos…
El tiempo pasaba, creo, algo debía hacer inmediatamente pero mi cuerpo simplemente no reaccionaba, no podía dejar de verlo. Mi mente recordó la carrera de hacia un rato y lo visualice con pañuelo… Mierda, era él, el tipo que había visto en el bar y que había salido como loco tras ganar. Aquel al que todos llamaban Presidente… el Capitán.
El hombre al que tenía tanto tiempo buscando, tanto tiempo esperando, tantos años…
Mi hermano, mi amo, el amor de mi vida…
…Y estaba justo frente a mí.
Él me analizó por completo, sin perder detalle alguno, habíamos cambiado bastante, definitivamente no éramos los mismos de hace años, pero ahora, de alguna forma, éramos más parecidos que nunca. Había sido mucho tiempo. Tomé fuerza, valor y ordené a mi cerebro que hablara.
-T-Tom… -Fue lo único que pude decir sin desmayarme, sentía que el corazón se me iba a salir del pecho.
El se relamió el piercing del labio y sonrió, justo como la primera vez que nos vimos, malicioso, provocativo, con la lujuria inundando sus ojos. Se relamió nuevamente los labios y volvió a recorrerme con la mirada hasta acabar en mis ojos, clavándose en ellos, penetrándolos hasta llegar a mi alma.
Sentí cómo el alma me regresaba al cuerpo, cómo cada parte de cuerpo reaccionaba con solo verlo, sentía energía, vida… lo había esperado por tanto tiempo y ahora ahí estaba, frente a mí, y yo no sabía qué hacer.
Él jamás dejó de sonreír, ni siquiera cuando sus labios al fin se separaron y escuché esa voz despertar el pasado y sacudirlo de una sutil bofetada.
-Muñeco…
Era él, finalmente… Mi amo.
