Quiero hacer una aclaracion, en estos ultimos dias han habido ciertos rumores por Facebook, que si soy Sarae, que si no...quiero decirles que NO lo soy, esta es solo mi version de lo que pudo pasar después de que ella terminara su historia, muchas gracias de nuevo por leer, estoy impresionada de la cantidad de lecturas que llevo en poco mas de una semana, sin mas que decirles y aclarando el punto les dejo el siguiente capitulo...-Ghost
Capitulo 6: Instinto.
By Richelle.
Ahora sí, las cosas se iban a complicar mucho; Bill estaba ahí mirándome con gesto de confusión y los ojos desorbitados por la sorpresa, parecía un idiota parado en el medio de la pista observándome, pero supongo que realmente estaba en shock. Iba a acercarme y sacarlo de ahí antes de que algo peor sucediera, pero noté una figura avanzar sin obstáculo alguno, decidido, dispuesto a llegar hasta el.
No podía detenerlo, los del club se dieron cuenta, así que lo mejor era sacarlos de ahí antes de que Tom hiciera alguna estupidez y las cosas se pusieran peores.
-Vamos chicos, acaban de llamar, hay problemas en el taller –Mi tono de voz no pudo ser más alarmado, por fortuna convincente, así que pude captar la atención del prospecto y del Pirata con facilidad.
-¿Problemas? –El pirata volteó a verme confundido.
-Si... Amm... Parece que se han querido meter a robar, vieron a una cuadrilla rondando el taller, hay que ir a ver qué pasa –Endurecí el gesto, plantando ambas manos en la espalda de cada uno para empujarlos.- ¡Vamos!
No podían ver semejante espectáculo que se iba a armar, todo… lo peor que podría pasar fuera que el Capitán revelara sus verdaderas preferencias… y todo el teatro que armamos Tom y yo por tantos años se iría a la basura.
Pero al parecer ninguno se dio cuenta, ya que no preguntaron más, ni siquieron volteando, y me siguieron a las motocicletas, en tremendo lío iba a meterme así que valía más pensar en una excusa convincente.
Otra vez, te salvé el pellejo Tom Kaulitz, no cometas una estupidez.
Y luego estaba Bill, de seguro me buscaría para desquitarse, para partirme en pedacitos y echarme a la licuadora. Ya no me lo tomaba a la ligera, se veía fuerte y decidido ahora, no era más el flacucho que conocí.
Mierda, tenía muchas explicaciones que dar.
Saqué a mis dos acompañantes del bar y los alejé lo más que pude del antro donde estábamos, tomamos la ruta acostumbrada hacia el taller, ese era nuestro negocio legal. Íbamos por la carretera, a toda velocidad en la autopista libre de tráfico, cuando un par de autos de vidrios oscuramente ahumados nos rebasaron.
Dos autos negros se interpusieron en nuestro camino sin consideración alguna de nuestra trayectoria, haciéndonos parar de inmediato, derrapé muy cerca del borde pero logré estabilizarme a tiempo.
-¡Mierda! –Gritó el pirata, incluso bajo el casco alcancé a escuchar su rugido.- ¿Y ahora qué?!
Cuando por fin recuperé el equilibrio apoyé la motocicleta y los tres sacamos nuestras armas, unas escuadras de 9mm, ligeras y fáciles de esconder. Nunca venían cargadas así que cargamos tan rápido como pudimos y cortamos cartucho, esperando que alguien diera la cara; mi corazón latía a mil por hora
Del auto bajaron unos tipos de color, a los que reconocí de inmediato, era Marks, el jefe de una de las bandas de mafiosos de Los Ángeles a los cuales le vendíamos; metía la droga por los suburbios de la ciudad, era buscado por muchas agencias del país y recientemente nuestros tratos de armas con él habían salido mal.
-Marks… -Rechiné los dientes.
-Señorita Richelle –Siempre tan asquerosa y falsamente educado, se abrocho el botón del traje. El hombre medía como dos metros y siempre vestía muy bien- Lamento la parada tan inoportuna a estas horas de la noche. Me disculpo.
Volteé a ver a mis compañeros, estaban bastante nerviosos, el pirata lo disimulaba bien pero el prospecto estaba temblando del susto, y yo junto con él, no sabía que me pasaba últimamente pero estaba peor que una quinceañera llorica.
-Bueno, -Tragué saliva, componiendo mi tono de voz.- Soy toda oídos, Nick esta indispuesto esta noche, así que tendrás que tratar lo que sea que sea tan urgente, conmigo. –El tipo ni siquiera se inmutó, enarcó una ceja sin sorpresa alguna en su rostro, a pesar de lo inusual de aquella declaración.
-Lo sé, está en el club justo ahora y no quise molestarlo, así que… debes darle un mensaje en mi nombre, si eres tan amable… -Su tono era tan calmado y seguro que me ponía los pelos de punta.
-Te escucho –Empuñé el arma más fuerte en mi mano, el dedo me temblaba pegado al helado metal del gatillo, sobre todo cuando su voz resonó fuerte y clara.
-El trato se ha roto, encontramos a otro que si fuera capaz de proveernos lo que necesitamos y que además distribuirá droga en otros estados del país… exactamente el mismo trato que le ofrecí a tu presidente, dile que ya no se moleste por nosotros. –Sentí que me hervía la sangre, maldita sea, ¿quién era ese proveedor?- Hazle saber que la guerra ha comenzado, que elija bien sus cartas.
-Eres un maldito hijo de puta –Le escupí a la cara, el rostro se me había enrojecido de la pura rabia, la voz me temblaba convirtiendo todo ese nerviosismo en puro y desbordante coraje.
-Dile a tu jefe que estaremos encontrándonos, y que cuide lo que más quiere, porque no hemos acabado –Sentenció con voz sombría, apuntando personalmente hacia la llanta de una de las motos, la del prospecto.
-¡Serás cabrón! –El prospecto disparó… y falló, reventando un cristal de los autos de ellos, casi rozando el hombro de Marks, por sólo unos milímetros quizá.
-¡NO! –Grité, sabía lo que se vendría, los tipos que venían con Marks lo acribillaron sin piedad, disparándole en todo el cuerpo. El pirata fue por el cubriéndolo tras la motocicleta, pero no sabía qué tan útil podría ser eso con tantos tiros en su cuerpo, Marks ni siquiera parpadeó ante tal escena.
-Sé que serás buena chica y le darás el mensaje –Sonrió, perversamente, sacó y cargó su arma y me disparó en el hombro.
Caí de mi motocicleta ante el impacto sin poder hacer mucho al respecto, grité de dolor, cuando volteé a ver mi hombro estaba sangrando. El hombre se acercó de nuevo, con el gesto frío e inexpresivo, apuntó el arma hacia mi rostro y por segundos, milésimas, creí que ese era el final.
-De lo contrario… esa bala acabará en tu cabeza. –Retiró el cañón de mi rostro y volvió a su auto, la nube de polvo nos cubrió cuando esos malditos arrancaron alejándose.
Comencé a perder la conciencia apenas un momento después, escuchando vagamente al Pirata llamar a la ambulancia, y seguramente a Tom también, pero éste jamás contestó.
By Derek.
¿DÓNDE DEMONIOS ESTABA BILL?
Había desaparecido en un jodido segundo, ¡maldición! Se adentró en la multitud y de un momento a otro simplemente lo perdí.
Lo estaba buscando por todos lados y no lo encontraba, el muy maldito se había movido de ahí como si huyera de mí, comenzaba a creer que de verdad huía de mí.
Tenía que decirle que había visto a Tom, que estaba aquí mismo, ¿por qué me molestaba siquiera? Si el muy desgraciado me ignoro.
-¡Ese maldito estúpido! –No cabía duda, estaba furioso, desesperado, angustiado porque conociendo a Bill con unas cuantas copas encima empezaba hacer idioteces. Todo había comenzado así, con una copa…
¡Eso! El baño, ahí debería de estar. No perdí mucho tiempo y caminé entre la gente, dando empujones y lanzando maldiciones, cada segundo que pasaba estaba más y más lleno de personas bailando enloquecidas y yo, cada vez más furioso.
Llegué a los dichosos baños y ahí estaba un tipo alto y con chaleco en la entrada, el muy atrevido me detuvo, me toqueteo todo, buscando algo seguramente, los americanos eran tan raros que creo que podía esperar cualquier cosa.
-¿No traes nada niño bonito? –Se burló mientras me toqueteaba en los pantalones.
-¿Y esto a qué demonios se debe? ¿Está el presidente dentro o qué? –Enarqué ambas cejas con curiosidad, tan irritado que mejor me controlaba o explotaría.
El grandulón se rio y me dejó pasar, pero no había nadie. Salí de ahí lanzando maldiciones a diestra y siniestra, y continúe mi búsqueda por todo el lugar, me hervía la sangre de ira.
¡No puede ser que haya desaparecido así como así! ¡Lo mataré! Seguramente se lo estarían follando quien sabe en donde quien sabe quién. Pero ojalá lo dejen bien abierto y adolorido, por imbécil.
Estaba sofocado, acalorado, furioso y casi cayéndome de ebrio. Salí de ahí y me derrumbe en la orilla de la acera, tomando una bocanada larga de aire y así, al menos, me quité el calor un poco; cuando me encontré un poco más despejado encendí un cigarrillo. Daba una calada cuando tomé el celular de nuevo y marqué.
-¿Qué pasa, Derek? –Milagro, tomó la llamada, su tono era extraño e indiferente, pero sobre todo muy extraño.
-¿Dónde cojones estas Bill? Llevo buscándote horas –No le di lugar a dudas de que estaba bastante molesto con él.
-Vete al hotel, iré en cuanto pueda –Y me colgó, sin más que decir.
-¿Bill? ¿¡Bill!? ¡Mierda, serás hijo de puta! –Ese maldito cabrón, ¡de nuevo me dejaba botado a su maldita voluntad!
Al final me levanté de donde estaba y pedí un taxi, terminé obedeciendo y me fui al hotel. No aguantaría otro día en ese lugar, no después de lo que vi. Tenía que volver a Alemania a como diera lugar y no me iba a ir de ahí sin Bill a mi lado.
By Bill.
Mi mente no reaccionaba, o eso creía, estaba paralizado, flotando en ese mar de gente, siendo guiado por Tom, quien me llevó de la mano a las afueras del local, a un callejón. El roce de su mano fue tan intenso como tocar directamente un cable expuesto, así mismo, intenso, violento y doloroso, pero al final se sentía entumecido y con cierta paz semejante a la muerte, y la muerte me había arrastrado fuera del local en silencio.
Estaba frio, solitario y en paz. Cuando Tom soltó mi mano me recargué en la pared sin decir palabra alguna, cerrando los ojos por un par de segundos.
-¿Te comió la lengua el gato, Muñeco? –Abrí los ojos cuando su voz rompió mi calma, y ahí estaba él frente a mí, lo veía con claridad, lo analizaba. Me era difícil reconocer a mi propio gemelo idéntico con siete años de cambios encima.
-Estás muy distinto –Comenté, la verdad era que estaba guapísimo, pero era demasiado orgulloso para decírselo de esa forma.- Jamás pensé que el de la carrera…
-¿Fuera yo? Sorprendente, ¿no? –Encendió un cigarrillo mientras se reía entre dientes.
Asentí, estaba realmente impresionado, procesando todo.
-Richelle te vio y me lo dijo cinco minutos antes de encontrarte en medio de la pista –Se recargó a mi lado y me ofreció su cigarro, su cercanía me ponía nervioso pero a la vez me llenaba de calma, no podía con esas dos sensaciones juntas al mismo tiempo.
Tomé el cigarrillo que me ofrecía y di una gran calada. Luego suspiré el humo en una fina columna hacia el cielo.
-¿Y no vas a decir nada? –Me sonrió con esa expresión tan maldita, tan propia de él.- ¿O prefieres que te lleve a la cama de una vez?
Lo fulminé con la mirada, ni siquiera sonreí, aunque bajo mi insipiente barba podría jurar se notaba mi sonrojo.
-Tengo tantas cosas que decirte y que preguntar, pero no sé cómo ni por dónde empezar. –Confesé, agachando la mirada.
-A ver, ammm… sí, te dejé y me fui por la acera. Continué con mi vida, así como tú también lo hiciste, fin de la historia –Así de simple, el muy maldito se rió, no se lo tomaba en serio en lo absoluto.
Saqué el sobre de mi pantalón, siempre lo cargaba conmigo, y se lo di.
-¿Y esto qué? –Observó el sobre confundido, seguro sin reconocerlo a la primera.
-Me llegó hace apenas unos días, y quiero saber cuando la enviaste. –No estaba para jueguitos y parecía que él aun no lo captaba.
Pero, luego de un par de segundos, se quedó bastante serio.
-¿Hace unos días dices?
Asentí.
-La envié hace mucho ya, al llegar aquí, de hecho –Saqué la carta de su sobre, estaba intacta.- Tuve que mover cielo, mar y tierra para que te llegara sin remitente.
-¿Por qué? ¿Por qué no querías que supiera nada de ti? –Entonces empecé a exaltarme, la ansiedad comenzó a llenarme el pecho junto con una inexplicable angustia, temía su respuesta.
-Olvídalo ya, muñeco –Él sonrió con malicia.- Qué más da, si veo que ya puedes defenderte tu solo…
-¡No lo olvidare! ¡He venido hasta acá buscándote, he hecho cosas que ni te imaginas sólo para encontrarte! ¡Me importa un carajo quién digas ser ahora, no dejaré que me intimides de nuevo! –Comencé a caminar hacia él, encarándolo como nunca creí que podría, quedando cara a cara.
-¿Y entonces qué quieres? Dímelo… ¿qué quieres de mí? –Él retrocedió un poco, eso era nuevo.
-¡Explicaciones! ¡Eso quiero! ¿Por qué me dejaste de nuevo? Después de todo lo que había pasado, ¡no lo entiendo! –Estaba histérico, o eso sentía, quería golpearlo y hacerlo sufrir, pero por otro lado…
-Cálmate muñeco. –Advirtió, aunque no en tono amenazante.
-Cállate, no me digas así –Sonó mi celular, interrumpiendo mi ira por unos segundos. Por millonésima vez, era Derek. Ésta vez sí contesté.
-¿Qué pasa, Derek? –Remarqué su nombre y noté como los músculos de Tom se tensaban inmediatamente, como se enfurecía de celos, como me miraba… Eso… Así, mírame…
-Cuelga… -Dio un paso al frente, hacia mí.
-¿Dónde carajos estas, Bill? Llevo buscándote horas –Mierda, Sparky estaba enojado, y bastante.
-Vete al hotel, Derek…-Tom me acorraló contra la pared, amenazando con juntar su pecho al mío, la voz se me quebró y un jadeo se escapó entre mis labios.- Iré en cuanto pueda –Apronté a decir y colgué.
-¿Qué cojones hace el chucho aquí? –Gruñó a milímetros de mi rostro, sus manos apoyadas en la pared a ambos lados de mi cara, pude escuchar cómo las cerraba en esos fuertes puños suyos.
-N-no quiso quedarse… -Las piernas me temblaron, tragué saliva.
-¿Es tu novio? -Él sonrió diabólicamente, acercándose apenas un poco más, acariciando con su aliento mi piel– Contéstame, muñeco…
-No –Murmuré firmemente.- No somos nada, ya no.
Su sonrisa se hizo más ancha aun, complacido por mi respuesta, o quizá por el hecho de ahora tener una excusa para hacer lo que sea que estuviera planeando hacer ahora.
-Así que tú y tu marica de quinta recorrieron el mundo buscándome, qué romántico -Se relamió los labios y se toqueteó los piercings, que ahora eran dos en el mismo lado del labio y estaba matándome– Adivina muñeco, me encontraste y no te dejaré volver tan fácil… -Ni bien terminó la oración cuando me besó.
Me besó con tanta furia que creí que me había hecho daño cuando mi cabeza rebotó en la pared. Sus labios eran vehementes sobre los míos, insistiendo sedientos de acariciar un poco más allá de mis labios, eran ardientes y húmedos, mucho más ansiosos y desesperados que como los recordaba. Me aprisionó los brazos, seguía siendo más fuerte que yo, sin duda, pero no se lo dejé tan fácil; empecé a forcejear por zafarme resistiéndome a abrir los labios y dejarlo entrar en mi boca, por mucho que mi cuerpo me estuviese pidiendo otra cosa.
-Para… ¡Para ya! –Le di un fuerte empujón, e inconscientemente le había mordido el labio. El se toqueteó la mordida, la relamió con la lengua haciendo evidente la ausencia de dolor, estaba sangrando un poco, y empezó a reír.
-¿Vamos a hablar? -Empezó a reír a carcajadas.- No, muñeco. –Me sujetó del brazo y me lo retorció tras la espalda, haciéndome una llave, me pego la cara a la fría pared.
-¡ARGH TOM! –Grité de dolor, podríamos ser iguales en fuerza pero él tenía la técnica de la que yo carecía.
-Escúchame, maldito terco… -Susurró justo en mi oreja, me estremecí irremediablemente, y más aun cuando recargo todo su cuerpo contra el mío.- Me has jodido todo el plan, Bill. Yo no iba a regresar nunca por ti –Rió, pero no fue su burlona risa, fue más bien una histérica carcajada.- De hecho, iba a encontrar algún idiota que se pareciera a mi para matarlo y enviártelo. Pero no –Soltó la risa entre dientes, justo sobre de mi oreja.- Resultaste bastante listo, muñeco, y eso me jode… encontraste la manera de buscar información y encontraste lo que buscabas ¿no? –Cuando me di cuenta, él se restregaba contra mi trasero descaradamente. No… no lo hagas Tom…- Aquí esta lo que estas buscando, porque lo quieras admitir o no, el imbécil de Derek no te satisface como yo.
Estaba siendo humillado nuevamente, sometido como una jodida puta, jadeando lo más en silencio que podía, sin decir ni una sola palabra… él tenía razón, en parte, pero la tenía. Estaba tan sumido en la sensación de su entrepierna frotándose contra mi trasero que ni siquiera me di cuenta que su agarre en mi brazo se había aflojado considerablemente.
-Te lo explicaré… –Él jadeó, estaba duro, como un tronco, podría sentirlo con claridad.- Como mejor sé hacerlo… -Sin reparo alguno buscó mis jeans, encontró el botón, bajó el cierre y escabulló su mano dentro de mis bóxers, envolviendo mi miembro en su mano. Empecé a temblar contra su mano, endureciéndome tan rápido que me daba vergüenza yo mismo.
-T-Tom… -Balbuceé, cerrando los ojos.
Él volvió a reír, ésta vez más suave, con menor malicia en la voz– Eso es, di mi nombre… dilo, muñeco…-Me soltó el brazo finalmente y sentí como se abría los jeans, sin retirar su mano de mi creciente dureza.
Estaba gimiendo cual puta y solo estaba tocándome, estrujando con esa mano experta suya como si lo hiciera con él mismo. Lo había necesitado tanto que, a lo más mínimo, ya me tenía a sus pies.
Qué fácil eres Bill, qué fácil eres…
Hundió su rostro en mi cuello, presionando los labios sobre mi piel, succionándola hasta que sentí el filo de sus dientes acariciar sutilmente antes de morder, dejando una marca que duraría un buen tiempo allí. No me di cuenta cuando bajó mis bóxers lo suficiente para estar piel con piel, con él aun restregándose contra mí, fue entonces que sentí que él también se había bajado el bóxer y la firmeza de su erección buscaba contacto sobre mi piel.
Bastaron segundos nada más, él mordió mi oreja halando de ella, lamiendo el lóbulo, y puso ambas manos en mi cintura, alzándome sólo lo suficiente para comenzar a abrirse camino en mi estrecho interior.
Oh, Tom…
No me importó que alguien pudiera escucharnos, gemí alto y claro, rasguñando con mis uñas ya no tan perfectas la desgastada pared. La respiración me salía a cuestas y el aliento me faltaba de vez en cuando, pero era perfecto, el dolor, la presión, todo, era todo lo que necesitaba.
Empezó a embestirme con furia, con saña, rápidamente, sin dejar de respirarme pesadamente sobre de la oreja, apretando mi cintura con todas sus fuerzas; sentía que estaba desgarrándome pero no quería que se detuviera.
Estaba perdido en un mundo de donde no quería escapar, era perfecto y él lo sabía, sabía que seguía controlándome por completo.
Él empezó a jadear cada vez más pesadamente, y entonces sentí su hombría por completo dentro de mí, estábamos totalmente unidos, húmedos y completos.
¿Por qué siempre terminábamos así? ¿Por qué siempre tenía que ceder ante él de esta manera?
No había otra manera de solucionar nuestros problemas, de entender que demonios nos pasaba, de comprender que, pasara lo que pasara, teníamos que estar juntos.
Las embestidas aumentaron su ritmo a una velocidad brutal, estaba a punto de llegar, sentía los escalofríos, aquellos espasmos y la electricidad… todo recorriéndome cada parte de mi ser y él lo sabía, sentía los temblores de mi cuerpo casi como si fueran propios.
Sonrió sobre mi oreja, soltando una corta risa, sabía lo que vendría.
Me embistió una sola vez más, de manera bestial, y no pude mas… me corrí como hacía años no lo lograba.
Me perdí, todo lo que había pasado, él lejos, mi familia, la escuela, Derek… nada se comparaba con lo que sentía en ese momento. Y al notar como se estremecía por completo y soltaba toda su fuerza en mí, sabía que sentía lo mismo que yo, soltó el único gemido de la noche y descargó todo en mí.
By Tom/Nick/Capitán.
Me sentía completamente satisfecho, como nunca en años, lo hice voltearse y quedar de frente a mí para poder ver su rostro y cada detalle de su placer reflejado en el mismo.
Ahí estaba, mi muñeco de porcelana, mi juguete favorito, mi locura perfecta, viéndome con ese par de ojos castaños que no me dejaban dormir. Lo había recuperado, finalmente, y no me importaba nada más; era mío, y siempre sería así.
Por un segundo creí que lloraría, esos ojos tan hermosos se le llenaron de lágrimas por un momento.
-Muñeco, no… -Me acerqué de nuevo a él, acomodándome la ropa rápidamente y él hizo lo mismo. Lo alcancé y le tomé del rostro con la mayor amabilidad que pude para limpiarle las lágrimas de las mejillas– Por favor, no llores…
Él negó, por primera vez el no descargó sus sentimientos, volteó a verme, y sólo sentí su puñetazo en la cara, me tumbó de un solo y limpio golpe.
Estaba furioso, volteé a verlo, jadeaba demasiado, sabía que siempre había tenido fuerza a pesar de estar flacucho pero ahora que había embarnecido casi me tumba la cabeza.
Tragué saliva, algo en mí se retorció al verlo así, encima de mí y tan agresivo viéndome.
-Eres un maldito imbécil Tom –Gruñó con la voz aguda aun.
Me levanté bastante aturdido por el golpe y simplemente lo miré.
-Me lo merezco, supongo -Me encogí de hombros, tomando aire tranquilamente y me compuse la mandíbula adolorida.
De repente pareció desubicado, desconcertado por lo que había hecho, se miró la mano con la que me había golpeado, tenia los nudillos enrojecidos por el golpe.
Nos vimos por unos segundos, segundos eternos en los que la confusión de ambos fue bastante evidente, mi muñeco era fuerte e independiente ahora, y yo un amo que aceptaba que merecía el castigo por haberlo abandonado, no sabía cuál de esas dos cosas era más grave que la otra.
Pero antes de llegar a una resolución aceptable mi teléfono sonó. Lo saqué de inmediato y revisé las diez llamadas perdidas, ni siquiera me había dado cuenta de que había sonado. Contesté de inmediato, el nombre del Pirata parpadeaba en la pantalla.
-¿Sí? –El Pirata sonaba muy alterado.- ¿Qué…? –Bill había agarrado camino furioso, alejándose. Lo observaba irse y me entró la ansiedad por alcanzarlo, no dejaría que se fuera.- Voy para allá –Colgué de inmediato.- ¡BILL!
Él giró al escuchar mi grito y abrió los ojos como plato, yo me acerqué corriendo hasta envolver su muñeca con mi mano fuertemente, no era consciente de la expresión en mi rostro.
-Acompáñame -Lo jalé del brazo, necesitándolo cerca de mí como un adicto.
-¿A… dónde? Tom, estas pálido –No opuso resistencia, me observaba siguiéndome el paso.
-Han baleado a Ricky –Me las arreglé para decir con la voz estable, no podía dejarlo solo ahora que había una guerra empezando. Se le fue el color de encima.
-¿Qué? –Incrédulo.- Pero si la vi hace un…
-Está en el hospital –No di mayor explicación, llegamos a mi motocicleta, le di mi casco y me puse el pañuelo en la cara.- Más te vale no apartarte de mi esta noche, muñeco –Subí a la moto y él hizo lo mismo detrás de mi sin pensarlo siquiera- O te juro que te mataré yo mismo ésta vez… -Lo vi por encima del hombro- ¿Me has oído, Bill?
-Sí, Capitán… -Me rodeo la cintura con los brazos al arrancar y salir disparados de ahí.
Eran mis instintos actuando solos de nuevo. Mis malditos instintos. Mi instinto de follármelo, mi instinto de besarlo, mi instinto de protegerlo.
Sentía el palpitar de mi corazón en ese momento, un corazón que había permanecido años silencioso y sosteniéndose del puro y más básico palpitar, lo esencial para seguir con vida.
Pero ésta noche, con mi muñeco aferrado a mi cintura y la adrenalina corriéndome a la misma velocidad que las ruedas de mi motocicleta, me sentía más vivo que nunca.
