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no olviden nuestro FB; Muñeco Liberado.
-Ghost.
Capitulo 7: Liberado.
By Bill.
Todo se había tornado en locura en un segundo, la velocidad sin límites de la motocicleta era lo único que nos aclaraba las ideas ahora, al menos hasta llegar a nuestro destino.
Habíamos llegado al hospital a ver que había pasado y nos encontramos en medio de un mar de motociclistas enojados y hambrientos de venganza, todos estaban ahí por Ricky y el prospecto, todos querían ajustar cuentas con quien quiera que se haya atrevido a hacerle daño a la mano derecha del Capitán.
De no ser por Tom, que había dado orden de que ni se atrevieran a ponerme una mano encima, me habrían pulverizado ahí mismo, el sólo hecho de ser un extraño entrando a su territorio, a pesar de ir junto a su líder, pudo haberme costado la vida.
Y luego estaba el lío que traía con Derek, el cual no sabía cómo iba a resolver… Vaya noche.
Estaba sentado en el suelo del pasillo del hospital, con un café en la mano cuando se acerco Tom de nuevo a pasos pesados y tensos, estaba furioso, lo conocía, sabía que esa mirada no significaba nada bueno y tanto silencio sólo podía venir acompañado de malas noticias.
-¿Cómo esta ella? –Levanté la mirada, como no queriendo, para poder verle la expresión.
-La bala entró y salió, por suerte no le tocó un pulmón –Él se sentó a mi lado en el suelo y suspiró recargando la cabeza en la pared.- Va a sobrevivir.
-Es una chica fuerte –Murmuré antes de darle un largo trago a mi vaso de humeante y terrible café.
-Me dijo que te había visto, hace un par de años –Me di cuenta de que me veía fijamente, analizándome.
-Sí… cuando andaba vagando por Europa en su camión, llego a Hamburgo y decidió buscarme –sonreí ante el recuerdo, ese día me había divertido como nunca con ella, pocas veces pasaba el tiempo con una amiga como Richelle.- Me llevo de su guía por la ciudad, incluso le presenté a mamá y a Helem.
Tom tensó los músculos y arqueó una ceja, no entendía de qué hablaba obviamente.
-¿Helem? ¿Quién es esa? ¿Eres Bisexual ahora? -Ah cierto, él aun no lo sabía. Reí flojo y bebí más del café, encogiéndome de hombros.
–Cuando me dejaste, ese día mi madre me recibió con otra noticia, estaba embarazada de Gordon, así que Helem es mi… -Le miré con seriedad, pero me daba cierto regocijo poder al fin decirle.- nuestra hermanita
-¿Hermana? No jodas… -Pareció impresionarse demasiado, como yo al saber que una pequeña niña llegaría a quitarme el lugar del hermano menor, pero inmediatamente la noticia me iluminó el rostro tal como ahora hacía con el de Tom.- ¿Cuántos años tiene? ¿Siete?
Asentí, la había llamado esa misma mañana y casi me imploraba que volviera, pero desgraciadamente para ella no iba a regresar aun, por mucho que me muriera por verla.
-Me adora, no estuve nada solo después de todo –Torcí la sonrisa hacia el costado, suspirando cómodamente por la nariz.
-Las cosas se complicaron un poco –Él se encogió de hombros, aunque podría jurar que Tom había sonreído ante la idea de nuestra pequeña hermanita.
-Tienes que contarme todo –Volteé a verlo, mordiéndome la comisura del labio al alzar ambas cejas.- Todo, con detalles.
El sonrió con malicia, había cierta diversión en la lujuria que resplandeció en sus ojos por un par de segundos.- ¿Quieres saber a quién estuve follándome todo este tiempo? Vaya muñeco, sigues igual de curioso y pervertido.
-Si quieres contarme, cuéntame, igual ya sabes que yo me follé a Derek innumerables veces –Sonreí con su misma malicia al verle la cara cambiarle de lo que parecía el espíritu de una sonrisa, a un enojo endemoniado a punto de estallar. -¿Qué es lo que haces ahora?
Tom respiró profundamente y volvió a reposar su cabeza contra la pared, exhalando por la nariz silenciosamente.
-Esos tipos de allá son mi banda, cuando te dejé las cosas en Alemania se volvieron bastante pesadas, mi cabeza y la de cualquier persona cercana a mí tenía precio así que tenía que salirme de ahí. Gore controla gran parte de allá aun. –Gore… No recordaba a ese bastardo.
Me entraron escalofríos y mi piel se erizo por completo, la expresión de Tom había cambiado, no había dudado en mencionar que, efectivamente, alguien le importaba y había hecho lo posible por protegerlo.
-Entonces, por primera vez le pedí un favor a Jörg y me compró un boleto para Nueva York. –Se acomodó el chaleco cuando se encogió de hombros.- Estuve ahí un par de meses, mandando todo hasta Alemania. Ahora tenemos un nuevo negocio… -Observó a sus compañeros, no podría explicar con exactitud qué había en su mirada, pero sus pupilas brillaban con intensidad y algo muy parecido al orgullo.
-¿Cuál? –Lo que si no me esperaba, era que mi pregunta lo fuera a poner nervioso, ¿Tom nervioso? ¿Quién era éste tipo?
Pero quizá me estaba apresurando mucho, su expresión cambió enseguida a una mirada seria y llena de confianza, había tensado la mandíbula y se le resaltaba la vena de la sien un poco, quizá pensaba la forma de decirme las cosas o quizá una evasiva convincente. Seguro que por fin estaba cayendo en cuenta que ya no era el mismo ingenuo, tenía determinación y si quería algo no me detenía hasta conseguirlo.
-Armas, traficamos desde aquí hasta Alemania donde Black las recibe –Su voz fue apenas audible pero muy firme, temía más bien que fueran a oírlo pues el hospital estaba bien vigilado.- Nos va bien.
-¿Y con un club de motociclistas? –Arqueé la ceja, sabía que a Tom le gustaban las motos pero no a tal grado. El sonrió de nuevo.
-¿No te has dado cuenta aun, eh? –Noté la burla en su voz, de algo gordo me estaba perdiendo y seguro que estaba tan claro como el cristal.- Vaya que sí te han lavado el cerebro, muñeco.
Lo observé confundido. Pero convenientemente uno de los miembros del club se levantó a lo lejos para estirar las piernas y me dio la espalda. Aquel logo en su chaleco llamó mi atención, y mi mente empezó a reaccionar… a recordar….
-Muñeco… -Tom llegaba a casa en Stuttgart y yo me encontraba perdido en una hoja de papel, mi mano se movía casi autómata, yo sólo guiaba los trazos con la visión clara en mi cabeza.- ¿Qué haces? –Me preguntó acercándose y observó por encima del hombro, pero no lo dejé.- ¿Estamos en preescolar ahora?
-Calla, jodido amargado –Mascullé ocultando mis garabatos de su vista con los brazos un segundo.- Déjame.
-No –Sonrió travieso, amaba los desafíos.- Déjame ver muñeco.
-Te lo advierto –Su insistencia me había logrado hacer reír un poco mas no cedí.- No te dejaré.
-Me pondré persuasivo entonces… -Me guiño el ojo y me levantó tal cual juguete de la silla, alejándome de mi boceto con tal facilidad como si fuera un mueble más, empecé a patalear pero él ya tenía el dibujo en su poder.
-¡Tom, no! –Salté hacia él tratando de quitarle las hojas de las manos.- ¡Dame eso!
-¿Encadenados? –Se carcajeó de inmediato, alejando el papel de mi alcance.- ¿Eres nuestro diseñador de modas ahora? ¿Quién te ha dado ese puesto? –El muy cabrón estaba riéndose de mi abiertamente, no pude evitar avergonzarme como un niño. Me puse rojo de inmediato. –Vaya… -Se puso serio, y no precisamente por mi expresión, eso era seguro.
-¿Q-qué? -Viéndolo, estaba rojísimo, podía sentir la sangre entumirme las mejillas.
-Deberías ser diseñador, muñeco…- me sonrió, fue una de las pocas sonrisas orgullosas que, hasta entonces, había visto en el rostro de mi amo. Por mí.
Me quedé boquiabierto, cayendo en cuenta que todo eso fue… ¡fue diseñado por mí! ¡Era mío! ¿Cómo pude olvidarlo?!
-No jodas… -Sonreí enormemente.- Pero si tú te fuiste… ¿Cómo…?
-Bueno… -Se rascó tras la oreja vagamente.- Cuando Jörg mandó mis cosas, eso venia en el paquete, así que decidí usarlo. El parche era un garabato arrugado en una hoja de papel, decidí mejorarlo un poco pero…
-Encadenados –Lo interrumpí sin siquiera darme cuenta, mi emoción era obvia- Es perfecto.
-Sólo los verdaderos encadenados saben el significado del parche. Ni siquiera el novato lo sabe, esta de prueba.- Ocultó la sonrisa, era obvio que aun se sentía orgulloso de aquello, pero había algo más en Tom que comenzaba a notar, pero primero tenía que darme cuenta qué era ese algo.- Ricky estaba jodiendo con hacerlo oficial, así que me convenció.
-Esa maldita… traicionera –Había comenzado con una sonrisa, poco a poco mi gesto se enfrió en una mueca de seriedad perturbadora.- Sabia dónde estabas y no me lo dijo.
-Porque siguió mis órdenes, tenía todo tan perfectamente planeado que se me olvidó el hecho de que tienes algo de seso y lo utilizas hasta obsesionarte… -Vaya que sonaba molesto, frustrado. Me miró de reojo con desdén.- ¿Vas a decirme cómo es que lo lograste?
Sonreí orgulloso, sabía que tumbarle los planes lo enojaba bastante y más a estas alturas… Si estaba haciendo los cálculos, la carta tardó años en llegar a mí, pero yo no tardé nada en encontrar el remitente y llegar a él. Era como haberlo superado, al doble.
-Soy un espía Alemán, tengo conexiones en todo el mundo –Inflé el pecho orgulloso… y falso, pero contuve la risa sólo para no calentar más su frustración.
-Claro, muñeco, tienes de espía lo que yo de cantante, y ambos sabemos que eso definitivamente no funciona –Se lo había tomado con bastante ligereza. Empezamos a reír, él se cruzo de brazos aun no muy conforme.- Dime...
-Soy abogado –Me arriesgué a decir, aunque sabía que se iba a reír, lo cual acabó haciendo a carcajadas.- Lo creas o no.
-Vaya, vaya, vaya… ¡Esto si no lo esperaba! Bill el abogado, como la arpía de tu madre –Se había doblado de risa, pegándose en el muslo como de costumbre antes de dar una palmada.-
-Es en serio, me va bastante bien, y es nuestra madre… en fin –Fruncí el ceño, remarcando la palabra "nuestra" pero a Tom eso le daba igual.- Conocí a un tipo en Nueva York, se llama Alex, somos muy amigos y tiene conexiones por todo el país, él me ayudó.
-¿Y cuánto te costó? ¿El trasero? –Arrugó el entrecejo, mordiéndose el labio, sin siquiera mirarme. Reí entre dientes y negué, era irremediable.
–Él no es gay… somos amigos de corte, nada mas, conozco a su esposa incluso. –La expresión de él se suavizo totalmente y volvió a mirarme.
-¿Qué mas ocultas muñeco? Aparte de tu radical cambio físico y laboral… -Arqueaba una ceja, se veía hermoso cuando hacía eso. Me mordí el labio y sonreí
-Andreas y yo logramos llevarnos bien, al fin, me invita a todos sus lanzamientos de libros. –Presumí con orgullo, obviamente demasiado inocente.
-Ah, el rubio, aun esta dentro de esto –Lo dijo tan vagamente que me sorprendí bastante- él, junto con Black, manejan nuestra cede en Alemania.
Y empezó a contarme todo de nuevo; todo lo que había hecho, todo lo que controlaba. Todo lo que había vivido. Había una parte de él que era totalmente nueva.
Esta ciudad y todo lo que conlleva parecían tranquilizarlo, no era tan impulsivo, era meticuloso y actuaba con inteligencia, sentía cómo sus barreras ya no eran tan altas, o quizá ahí seguían sólo que funcionaban de un modo más sutil.
Me contó cómo había utilizado el apodo de Nick para que nadie de su banda supiera de donde venia, así mismo lo utilizaba para que yo no lo encontrara… cosa que no tuvo éxito y me orgullecía bastante.
By Derek.
Sentía que habían pasado horas desde que Bill había respondido a mi llamada y con la misma me había cortado de tajo. Estaba bastante desesperado esperándolo, marcando nuevamente a su teléfono pero el muy desgraciado había apagado el celular.
¿Qué estaría haciendo? ¿Estaría bien?.
No podía ni dormir, daba vuelta tras vuelta en la cama, esperando que el regresara o llamara, al menos. Nada.
Me levanté de la cama y me calcé los zapatos, bajé por un café al lobby. Hacía frio y el restaurant estaba muy solo así que me puse a pensar si realmente valía la pena todo esto.
Yo seguía sufriendo por un amor que no me era correspondido por más que lo intentara. Además estaba el factor "Tom", a quien había visto en la noche y no pude advertirle a Bill… ¿Estaría con él?
-Ya deja de pensar, Derek… Ya –Negué lentamente con la cabeza, me terminé el café y subí nuevamente a la habitación.
Iba a medio pasillo cuando vi a Bill acercándose a la puerta.
-¿Bill? –Sorprendido, me acerqué hasta él a largos y presurosos pasos.- ¡¿Dónde demonios haz estado?! –No lo contuve, estallé, él abrió los ojos como platos al verme furioso y retrocedió con precaución.- ¡¿Estás loco acaso?!
-Tranquilo, chucho… -Una voz asquerosamente tranquila tras de mi resonó en mi cabeza, esa voz...- el muñeco estaba conmigo.
Me paralicé unos segundos y giré a verlo. Ahí estaba, sonriendo con toda la malicia que sus ojos contenían, sonrisa a la cual Bill correspondió de inmediato, luego su mirada perversa se clavó en mis ojos y sonrió más aun.
-Sorpresa… -Dijo el cretino de Tom y empezó a reír, a burlarse de mí.
No sé bien de dónde cobré las fuerzas necesarias, pero me le fui encima, tumbándolo al suelo con un terrible estruendo cuando nuestros cuerpos dieron contra el suelo debido a nuestro peso, comencé a golpearlo.
-¡Derek! –Bill me gritaba al borde de la repentina histeria.- ¡Para ya, idiota! –Trató de quitarme de ahí, pero ni con su trabajada fuerza fue capaz.
-¡Quítate del medio Bill! ¡Puedo con él! –Tom reía sin parar debajo de mí, mientras intentaba golpearlo fuertemente, para él aquello era un juego de niños sin duda.- ¡Te mataré maldito! ¡Te mataré! –Gritaba, el muy desgraciado me pateo en la entrepierna dejándome tumbado hacia un lado, aturdido por el dolor.
-¡¿Es que los dos están dementes o qué?! –Chilló Bill, apretando los puños con impotencia. Tom reía, se sentía victorioso.
-Te dije que… Argh… te dije que cuando lo viera iba a matarlo Bill –Mascullé con dificultad, con las manos en mi entrepierna retorciéndome de dolor aun en el suelo.
-Pues no te funcionó, Sparky, ¿o sí? –Seguía riendo el desgraciado, se seguía pavoneando en mi cara creyéndose indestructible.
-Cállate Tom… -Bill estaba furioso, se había puesto rojo por los gritos.
-No me calles, muñeco, es divertido, sigo siendo el vencedor ¿eh? –Y me enseñó cada uno de sus malditos dientes en una diabólica sonrisa.
Oh, cómo deseaba tirarle esos dientes…
Me puse de pie de enseguida, adolorido aun, pudiéndome parar con dificultad.
-A ver si así aprendes a no follarte lo que es mío. Creí que ya sabías, pero al muñeco no lo comparto –Advirtió y me fui encima de él de nuevo, esta vez Bill se interpuso y me aparto de un fuerte empujón, cubriendo a Tom de mi alcance.
-¡Que paren ya! –Aunque Tom ni siquiera había interpuesto las manos, Bill nos separaba por ambos lados.- ¡Mejor cálmense y entremos!
-¿Un trío? No gracias, muñeco. Sparky no es mi tipo… no te ofendas grandulón –Se estaba conteniendo la risa, queriendo sonar serio aunque a ese punto ya no era convincente.
-¿Te calmarás Derek? ¿O dejo que te parta la cara de una buena vez? Te lo mereces, por idiota –Me dijo Bill en su tono mandón de siempre, ¿era mi idea o se lo estaba tomando a la ligera?
-Tranquilo muñeco, ya me voy –Tom relajó el tono, volviendo a su natural indiferencia.- Te veré mañana en el hospital –Luego se volteó a verme y se me acercó, rechinando los dientes amenazante.- Cuídate la espalda Sparky, la próxima puede que no me agarres de buen humor… -Y se fue caminando tranquilo por el pasillo.
-Maldito hijo de puta -Gruñí y me acerqué a Bill que me dejó pasar, mirándome de pies a cabeza.
-Pareces mi madre, ¿sabías? –Se cruzó de brazos, después de cerrar la puerta tras de mi.- Estoy perfecto.
-Ya lo noté, muy bien –Rodé los ojos, irónico, me tumbé en el sillón y dejé escapar un quejido adolorido.- Me dejaste tirado en el club cuando tenía que decir te que Tom estaba ahí, pero por lo visto lo has encontrado tú solo.
-Las cosas se salieron un poco de control –Noté el nerviosismo en su voz cuando comenzó a vagar por la pequeña sala.
-¿Un poco? –Volteé a verlo. Efectivamente, Bill estaba nervioso.- ¿Tú no…? Bill, oye, mírame. –Él no obedeció.- Bill, ¿te acostaste con él, cierto? –Entonces sí volteo a verme, noté como tragaba saliva sin poder contestar.- Maldición, Kaulitz, contéstame.
-Derek, qué cosas dices –Ironizó cuando se dirigió al mini bar por una botella con agua.- Las cosas se salieron de control, hirieron a una amiga y fuimos al hospital, he pasado la noche ahí.
Su mirada no decía lo mismo, el "buen humor de Tom" claramente no decía lo mismo. Ya sabía lo que podía esperarme pero, lo peor de todo, era que no sabía si mentía o no. La sangre comenzó a hervirme y recorrer mis venas a una velocidad de vértigo, me levanté furioso y lo encaré.
-Lo hiciste… -Bill negó rápidamente con la cabeza, evadiendo mi mirada.- claro que si... te acostaste con él. –Terminó por finalmente verme, y estaba furioso.
-Bueno, sí, lo hice ¿y? ¿Vas a golpearme también Derek? –Sentía como la sangre se me iba hasta el suelo con su respuesta. Bill estiró los brazos ampliamente antes de dejar caerlos a sus lados en señal de rendición.- Anda golpéame, mátame a golpes porque soy un cerdo incestuoso, porque me follaron en un sucio callejón como una puta –Apreté los puños, viéndolo con incredulidad.- Porque por más que tu intentaste no pudiste contra él, de nuevo… -Sonrió y se me erizo la piel, era la misma sonrisa malvada que Tom había hecho minutos antes.- ¿Cuándo vas a entender que soy libre para elegir lo que yo quiera?
No me medí, lo golpee y muy fuerte; era la primera vez en muchísimo tiempo que volvía a golpearlo, a lastimarlo. No me di cuenta de lo que hice hasta que el giró de nuevo a verme con un hilo de sangre corriéndole del labio hacia la barbilla.
-Eres un hijo de puta, Bill Kaulitz… -Jadeaba, la ira me desbordaba, no podía contenerla un segundo más.
-Lo soy –Dijo limpiándose la sangre con la palma de la mano, limpiándose dicha sangre en el costoso pantalón que llevaba puesto.
-¿Después de todo lo que yo he hecho por ti? –Su sonrisa… no podía, tenía ganas de llorar.
-Después de todo lo que hiciste por mí… aun lo prefiero a él. –Bill sonrió de nuevo mostrando sus perfectos dientes ensangrentados.
El corazón se me detuvo pero mi cerebro empezó a reaccionar, era la última pieza que necesitaba; tomé todas mis cosas con rapidez y torpeza, las puse en mi maleta y salí de ahí sin mirar atrás siquiera.
By Tom.
El cerdo de Sparky andaba rondando así que tenia que tener mucho cuidado con lo que hacia o con lo que no, las cosas se podían complicar mas de lo que yo quisiera con alguien como él cerca, y eso no era nada bueno para nadie.
Salí del hotel y conduje directo a mi pequeño departamento, pero no pude dormir pensando en todo lo que había pasado. La carrera, el club, Bill, el callejón… fue una noche de locura, una noche en la que sentía que estaba resucitando.
Me sentía tremendamente bien, me sentía completo, animado, fuerte…
Esperé que avanzara un poco la mañana para volver a buscar a mi muñeco. Llegué a la habitación y toqué repetidas veces insistentemente, conociendo a Bill estaría apunto de morir de lo dormido que estaba. Volví a insistir y escuché pasos acercándose.
Me abrió la puerta aun con aspecto zombi y vi mejor su rostro, tenía el labio partido y la mejilla hinchada. Abrí los ojos como platos y me acerqué a él, observando el golpe, no era de mucha gravedad pero simplemente no encajaba con su perfecto rostro. Luego vi la habitación y estaba solo, no había rastro tan siquiera de las maletas del perro aquel.
-¿Dónde está? –Pregunté jalando las sabanas de la cama agresivo, como si fuera a encontrarlo debajo de ellas.- ¡¿Dónde está?!
-Se ha ido –El muñeco, tan tranquilo cerró la puerta. En dos zancadas estaba ahí queriendo salir a buscar al imbécil poco seso que había osado lastimar a mi muñeco.- Tom mírame… ¡mírame! –Me sujetó de la nuca haciéndome verlo, con mucha fuerza, enredando sus dedos en mi cabello.
Mi corazón iba a salirse de mi pecho, estaba furioso, no, rabioso, endemoniado, encabritado… Todo lo anterior. ¿Cómo se atrevía a tocar a mi muñeco de nuevo? Lo mataría, a la primera oportunidad, me desharía de él y colgaría sus miserables restos del punto más alto de la puta ciudad.
-Cálmate… -Acariciaba mi nuca, arrullándome con su voz tranquila.- Él ya se fue.
-Pero te ha golpeado… -Gruñí, tomando un respiro, siete años y las caricias de mi muñeco aun funcionaban como él me había prometido.
-Sí, porque yo lo he provocado –Con toda la calma que era tan propia de él, me llevo al baño y sacó un botiquín.- Cálmate y ayúdame a curarme.
Lo analicé de pies a cabeza, buscando algún otro golpe, quizá que cojeara o se quejara de dolor, pero nada. Así que respiré y me senté frente a él. Tomé un segundo y largo respiro, y una bolita de algodón con algo de alcohol, y empecé a limpiarle el labio ensangrentado.
No hablamos en varios minutos.
-Tenía que saber que ya no podía estar aquí, aunque no he elegido la mejor manera para hacerlo –Confesó levantando la mirada hasta que se encontró con la mía, pero no vi el arrepentimiento en sus ojos.
-Ya veo que no –Continúe, siendo algo brusco al curarlo, no era el mejor para ese tipo de labor manual.- Se te pasara la hinchazón en unos días.
-¿Quieres saber por qué se ha ido? –Bill se me acercó, hasta que la punta de su nariz rozó la mía.- ¿Por qué me pego?
Asentí algo tembloroso, alejando mis manos de su labio herido.
-Porque le he dicho que aun te prefiero a ti… -Siseó, apartándose un poco, dejándome falto de aliento. Tragué saliva y sonreí de nuevo.
-No tengo nada que ofrecerte, muñeco –Dejé el algodón de lado y me concentré en verlo. La ira se había esfumado, me sentía… tranquilo, de nuevo.
-No me importa –Me interrumpió enseguida, negando con la cabeza.- Soy libre ahora Tom –En cuestión de un segundo me puse serio, la palabra libertad significaba mucho para él, pero para mí era un concepto bastante confuso, incluso ahora.
-¿Libre? –Pregunté clavándome en sus ojos, reflejando en los suyos la sed de los míos.
-Sí, libre –Se relamió los labios- No importa lo que me digas, o lo que hagas… soy libre de decidir, y te he elegido a ti.
Lo miraba atónito, el corazón lo tenía a mil, me sentí mareado por un segundo, ¿qué era todo esto?
-Muñeco… -Sonreí nervioso, como un estúpido.
Mi muñeco me besó callándome. Furioso, hambriento, decidido… libre. Mis labios reaccionaron por voluntad propia a su beso enredándose con los suyos, abriéndose paso en el interior de su boca para que mi lengua pretendiera dominar a la suya mientras que mis brazos fueron atrapándolo con fuerza contra mi cuerpo, sintiendo la falta de aire de su pecho coincidir en ritmo con el mío.
Fue el mejor beso de mi vida, lo había recuperado por completo, y lo mejor, por su propia decisión.
Me dejó debajo de él en la cama sin parar de besarme y no opuse resistencia, si quería besarme lo dejaría, si quería acariciarme, si quería tocarme… ¡que hiciera lo que quisiera conmigo! Estaba feliz, estaba completo, estaba jugando un rol en un nuevo juego cuyas piezas sólo éramos nosotros dos.
En cuestión de segundos la ropa había pasado a ser cosa del pasado, había despojado a mi muñeco de toda esa indumentaria de hombre refinado de mundo y lo tenía tal cómo me gustaba, vulnerable y perfecto, sólo para mí. Pude visualizar todos y cada uno de los nuevos tatuajes que ahora adornaban su perfecta piel, le preguntaría sobre su significado después… quizá, o quizá nunca.
En ese momento sólo me importaba sentirlo.
Sus labios no se detuvieron en los míos y a medida que dejaba caer mi propia ropa a los pies de la cama, su boca recorría los pedazos de mi piel que quedaban al desnudo, marcaba un camino de succiones por mi pecho hasta el abdomen y sus manos le acompañaban hasta donde más lo necesitaba.
Él no hacía ruido alguno y comencé a encontrar cierto gusto por ese silencio, oír los sonidos húmedos de su boca alrededor de mi virilidad palpitante y la pesadez de nuestras agitadas respiraciones acompasarse, había cierta magia en el chocar de nuestros cuerpos cuando finalmente se entregó nuevamente a mí.
Podía sentirlo, seguía siendo mío, su cuerpo no mentía y encajábamos perfectamente como dos piezas destinadas una para la otra; apretaba su cadera mientras me montaba como sólo él sabía, fijándome en sus expresiones tan peculiares de placer.
De vez en cuando, susurraba mi nombre entre gemidos y yo no podía hacer más que subir una mano hacia sus labios y dejarle morder mis dedos, era el silencio más perfecto que había experimentado en años.
Y entonces yo tomé el control y el silencio se detuvo, lo dejé debajo de mí y hundí mis labios en la perfecta curva de su cuello, succionando su piel al susurrar contra la misma.
–Ahora sí, muñeco, quiero escucharte… -Mordí y halé de aquel delicado pedazo de piel, colgándome sus piernas alrededor de la cintura al hacerlo mío de nuevo, embistiendo una sola vez para escucharlo gritar a mi oído, comenzando un ritmo de fuertes estocadas contra su estrecho y cálido interior.
Estábamos revolcándonos como nunca antes, como dos maniáticos cerdos que no les importaba si afuera se acababa el mundo. El muñeco se aferró a mi espalda y se dejaba embestir, aunque en ocasiones él mismo provocaba que las estocadas fuesen más profundas cada vez.
Sentí su cuerpo temblar y su dureza chocar contra mi abdomen, húmeda, anunciando que estaba al borde del éxtasis, tanto como yo lo estaba, lo envolví con mi mano y no lo contuve más, me incliné a por sus labios y lo besé en el mismo momento en que lo estimulé en firmes caricias hasta que ambos fuimos capaces de corrernos bruscamente. Al mismo tiempo, con la misma intensidad.
No cabía duda, estaba loco, loquísimo por el y no me arrepentía. Algo estaba sucediendo y era una verdad que ya no podía negarle a nadie.
Era mío, y yo de él.
