He tenido dias de locos, casi 300 lecturas en dos semanas, mil gracias!- Ghost
Capitulo 8: Decisiones.
By Richelle.
No se cuanto tiempo ha pasado. ¿Morí?
Sentía que flotaba, que estaba volando. No tenía noción del tiempo o de dónde carajos estaba, la sangre había corrido por la herida y sólo recuerdo la figura borrosa del pirata acercándose a mí, todo lo demás era negro.
Poco a poco mis fuerzas volvieron a mi cuerpo y abrí los ojos, una luz intensa me cegó por un par de minutos, seguía aturdida, tratando de acordarme de los detalles que no hacían ningún sentido en mi cabeza.
-¿Ricky? –Mierda, esa voz la conocía perfectamente, giré a verlo abriendo los ojos tanto como pude pero los párpados me pesaban.
-¿Bill? –Tenía la voz débil, temblorosa, no entendía qué hacía él ahí… ni siquiera sabía dónde estaba.
El sonrió enorme y me tomó de la mano, sin decir una sola palabra, luego soltó mi mano con la misma suavidad con la que la había tomado, y salió de la habitación. Estaba realmente confundida, empecé a escuchar el pi…pi… pi… de mi corazón, y recordé todo de un solo golpe.
-Tienes vida de gato, vicepresidenta –Tom había entrado al segundo de que Bill salió, pero enseguida éste último entró nuevamente.
Oh, mierda. La pregunta en mis ojos era evidente, y no tenía fuerza alguna para formularla a viva voz.
-Tranquila, estas en el hospital, y estás herida –Me dijo el capitán firmemente.
Trate de moverme pero tenía el brazo y el hombro por completo inútiles, sentí un pinchazo de dolor que me hizo doblarme hacia un costado, llevando la mano sana a la herida, como si temiera que el brazo se me fuese a caer.
-No, no, no –Dijo Bill, que se había vuelto a sentar a mi lado, impidiendo que me levantara cuando lo intenté.- Calma.
-Te hirieron, Marks lo hizo. Y el prospecto murió… ayer fue el funeral –Tom sonaba y se veía algo sombrío al decirlo, no habíamos tenido bajas en muy buen tiempo.- El Pirata está bien, te trajo a tiempo.
No supe reaccionar a la noticia de la muerte del prospecto, no sabía qué sentir, lo había visto caer al suelo luego de ser acribillado y sin embargo aun no sabía exactamente qué era ese retortijón en mi estómago. La muerte de uno de los nuestros era algo que exigía su justa venganza, esto no quedaría dispar.
-Bill cuidará de ti, por ahora. Yo tengo que encargarme de éste asunto, vendré luego –Tom sonrió malicioso, dedicándole una mirada cómplice a Bill antes de desparecer por la puerta.
Bill se acercó, sonriente de nuevo, se veía tan calmado, inusualmente quieto.
-Yo te cuidaré hasta que te pongas bien –Soltó una risilla viéndome, estirando su mano a acariciar la mía brevemente.
-¿Qué… qué haces aquí Bill? –Su expresión cambió radicalmente.- No deberías…
-¿No debería que? ¿Hacer lo que quiero? Te diré lo mismo que le dije a Tom esa noche. Estoy aquí porque quiero estar aquí, y nada de lo que me digan hará que lo cambie, ¿entendido? –Vaya, había algo en sus ojos, algo que era totalmente distinto al Bill que dejé de ver en Hamburgo.- Además tú eres la menos indicada para darme órdenes, perra traicionera.
Será cabrón… empecé a reír débilmente, gruñendo de dolor cuando el esfuerzo me cobró la factura por mi risa.
-Debiste decirme donde estaba –Continuó él, dejando mi mano quieta y recargándose en su sila.- Así me hubieras evitado muchísimo trabajo.
-No… -La tos me interrumpió acompañada del intenso dolor por aquel esfuerzo extra, ¡MALDITA SEA QUE DOLÍA!- No sabes en lo que te metes Bill… no estás hecho para esto.
-Se los probaré. A ti, a Tom, a quien sea –Se inclinó al frente, no parecía muy conmovido por mis lloricas gestos de dolor.- Si tengo que unirme a esta farsa lo haré, así que duérmete y déjate de joder. –Se acercó un poco más apenas, y me besó la frente.- Te necesito fuerte.
By Tom
Dejé a Bill y a Ricky en el hospital y me fui a mi departamento, últimamente me pasaba mucho por él para algo más que sólo tirarme en la cama y dormir; me di una ducha rápida y saliendo de ella tomé mi celular para revisar unos números, cobrar varios favores menores pendientes y planear todos y cada uno de mis próximos movimientos
Tenía que ser bastante cauteloso en lo que me metía ahora que tenía a Bill de nuevo cerca, no podía hacer ningún movimiento en falso y perderlo. La guerra había empezado, y necesitaba asegurarme por mí mismo que todo mi territorio estaba controlado, así que llamé a Black.
-¿Cómo esta todo por allá? –Con la toalla enredada a la cintura, me senté en la orilla de la cama.
-Bueno, aun podemos controlar lo de las revueltas, pero Andreas ha detectado movimiento sospechoso en Hamburgo –Como siempre, éramos buenos amigos, pero al hablar de negocios Black era muy formal, todo un camarada.
-¿Sospechoso? Han baleado a Richelle… -Tragué saliva con nerviosismo, así que no eran eventos casuales, todo tenía algo que ver.- Fue Marks, estamos seguros, así que refuerza todo.
-Tom, la gente esta inquieta, no estaría mal que te dieras una vuelta… -Ese era mi amigo de nuevo, preocupado.
-¿Ir? –Negué con la cabeza aunque él no podía verme.- No estoy demente, y menos ahora mismo. Bill me descubrió y no me lo puedo quitar de encima –Esa parte era bastante cierta, mi caprichoso muñeco no me dejaría moverme de la ciudad sin él.- La gente de allá me reconocerá fácil, además.
-Son niñatos, Tom. Te necesitamos aquí, puede que las cosas se compliquen mucho. –Lo notaba bastante preocupado. Suspiré, no podía regresar, no debía.
-Lo pensaré ¿ok? Pero por ahora no puedo. no puedo hacer un movimiento en falso ahora, o lo perderé todo –Me recosté en la cama, viendo al techo.- Mantén el control y refuerza todo, lugares, entregas, todo. ¿entendido?
-Entendido, capitán.
Black no se quedó contento con mi decisión, pero igualmente colgué. Volver a Alemania, qué locura. No podía arriesgar nada ahora. Tenía a Bill, tenía una vida.
Y el factor Bill me traía literalmente de los huevos, con esa nueva actitud rara idiota suya de "soy libre" cree que puede hacer lo que le de la gana, pero no, conmigo no. El muñeco no podía jugar a ser el amo, y menos sin mi permiso.
¿Qué debería hacer? No puedo perder a Ricky tampoco, la necesito, no sé qué haría sin esa chica. Con 7 años menos, el viejo yo hubiera agarrado un arma e ido directamente a matar a todos mis problemas sin importarme nada, ni nadie.
Pero ahora era diferente, tenía que ser inteligente y no dejar que mis impulsos bestiales se apoderaran de mí, ya me había pasado y no había salido nada bien. No Tom, no. Los instintos no jugaban un muy buen papel ésta vez.
Me vestí de nuevo, peinándome el cabello en la ya usual y cómoda coleta recogida, sacarme las rastas había sido la mejor decisión que había hecho en años; y salí en mi motocicleta a rodar un rato, a despejarme y fumar algo.
Eso hacía el capitán cuando necesitaba pensar y en ese rato de meditación nadie, absolutamente nadie me jodía con idioteces.
Regresé al hospital luego de un par de horas y varios cigarrillos de tabaco, donde encontré a mis dos patadas en los huevos favoritos riendo a carcajadas.
-Se ve mejor, vicepresidenta –Torcí mis labios en mi mejor intento de una sonrisa.
-Bueno, ¿qué puedo decir? Tengo suerte. –Enarcó ambas cejas, ironizando con una amplia sonrisa.
-Bill, fuera, necesito hablar con ella. –Hice un ademán vago con la mano, frunciendo el ceño ligeramente.
-Pero… -Su carita cambió a una mueca de niño mimado.
-Fuera, ¿no me has escuchado, muñeco? –Subí el tono de mi voz, Bill me fulminó con la mirada y se levantó.
-Iré por un café –Gruñó, pasándome por el lado dándome un choque con su hombro antes de salir y cerrar la puerta tras de sí de un portazo.
-Entre más viejo, más gruñón –Adolorida aun, notoriamente, Ricky se rió mirándome el gesto.
-Es un dolor de cabeza, y con barba es mucho peor –Aquello me causó una inevitable carcajada.- Necesito hablar contigo de ciertos puntos.
-¿Has acabado con Marks, cierto? –Su tono de voz me tomó por sorpresa, sonaba emocionada.- Siempre te dije que era un traidor.
Negué con la cabeza lentamente y ella palideció.
-No voy a matarlo, no aun –Continué con cierta calma en la voz, encogiéndome de hombros.- No puedo darme el lujo de errores, necesito medir el terreno Ricky, y necesito que me apoyes, haré lo que él pida.
-¡¿Qué?! –Como era de esperarse, ella sobre exaltó demasiado y el monitor empezó a sonar cada vez más rápidamente.- ¡Casi me mata!
-Lo sé, calma fiera. –Le clavé la mirada encima, esperando que ella se calmara, trató pero el monitor aun sonaba alocadamente.- He hablado con Black ésta mañana, las cosas en Alemania se complican y quiere que vaya…
Ella abrió los ojos como platos, sin esperárselo, era la única que entendía la gravedad de volver a Alemania tanto como yo.
-¿Y…? ¿Qué harás? –Se las arregló para murmurar, mi ruda no era tan ruda en esas condiciones, pero se estaba esforzando.
-No lo sé –Resoplé con frustración.- Nada me ayuda ahora, tengo que ganarme de nuevo la confianza de Marks o se irá en contra de todos nosotros –Sino era que Marks ya estaba en contra de nosotros, había un detalle de ese encuentro que aun no sabía, estaba seguro.- Y luego esta Bill…
-Le dije que era un idiota por haber venido, pero no me escuchó, está aferrado a hacer lo que quiera. –Ricky estaba molesta por la actitud de Bill, no podía ocultarlo.
-Si quiere quedarse, que se quede –Me encogí de hombros, como si nada.
-¡Estás loco! ¡Es un idiota y lo sabes! –Su reacción sí me sorprendió, ¿qué no me estaba diciendo?
-Tú te quieres morir ¿cierto? –Levanté el tono de voz, tomándola fuertemente de la muñeca.- Cálmate, carajo, y déjame terminar de hablar –La fulmine con la mirada y seguí hablando- Si el muy gilipollas quiere quedarse, lo dejaré –Torcí los labios en una sonrisa- pero tendrá que adaptarse a lo que yo diga. –Richelle sonrió enormemente enseguida, casi leyéndome el pensamiento.
By Bill.
Estaba en la cafetería del hospital, pensando seriamente en Derek, debería de estar en casa a estas alturas del partido ya. ¿Le habrá dicho a mamá todo? Tal vez, era de esperarse, era peor que una mujer resentida y ahora debía acatarme a las consecuencias de lo que le dije.
Probablemente toda la ciudad lo sepa ahora incluso… Vaya, felicidades Bill, la reputación al suelo, y probablemente el empleo al carajo.
Mierda, me congelé. ¿Y si le había dicho que Tom y yo…? Oh, mierda…
Y luego estaba Helem, la pobre niña de 7 años quedaría traumatizada por siempre si se enterara de que yo… y que Tom…
Un escalofrío me recorrió la columna ante aquel último pensamiento; tomé mi celular y le marqué a mama, controlando mi respiración… tenía que actuar normal.
-¡Bill! –Gritó ella al otro lado de la línea dejándome casi sordo.
-Ho-hola mamá –Aquel no fue un exitoso intento para controlarme, en lo absoluto.
-Cariño, ¿por qué no has llamado? –Con la calma de su voz, mi corazón se tranquilizo bastante, sonaba bastante…normal.
-He estado ocupado, lo siento –Y yo, ¿por qué coños me disculpaba?- ¿y Helem?
-Oh, está dormida justo ahora, ¿la despierto? –Mi madre sonaba emocionada, como si nada hubiese cambiado.
-No, no, sólo hablo para reportarme. –Tragué saliva, nervioso.
-Derek vino, pensé que había estado contigo… -Y aquí iba, la bomba seguramente, quizá toda emoción sólo era una pantalla.
-Mamá, he encontrado a Tom –Titubeé en mi voz, y el silencio entre ambas líneas se hizo presente.
-¿Está vivo? –Su voz apenas y resonó, sorprendida, casi podía verle la cara palidecer por completo.
-Lo está, estoy con él, solo está algo diferente ahora –De repente sonreí, de sólo imaginarlo, estaba tan físicamente cambiado y guapo…
-Bill, debes regresar ahora, antes de que te pase algo de nuevo, ya sabes que él es… -La cambiada ansiedad de su voz me devolvió a mis pensamientos.
-No, mamá –La corté en seco.- Te equivocas, todos se equivocan, ésta vez haré lo que quiero y estaré con él aquí. No te preocupes por mi –Utilicé mi voz de hombre adulto, maduro, responsable… mi mejor actuación.
Me aguanté las ganas de reír mientras mi madre trataba incesantemente de convencerme de volver, noté que uno de los tipos de la banda de Tom se acercó a mi.
-Mamá, tengo que colgar, te hablo después, te quiero. –Colgué dejándola con las palabras en la boca, mierda que hablaba más que yo.- ¿sí?
-Nick quiere verte, sigue adentro con Ricky –Asentí sin mirarle mucho a la cara, había algo en éstos tipos que no me daba confianza aun. Casi fui corriendo al lugar y cuando entré ahí estaban los dos, bastantes serios.
-Que caras… -Comenté, repentinamente nervioso, viéndolos.
-Tenemos que hablar, en serio –Tom se cruzó de hombros.- y vale más que cierres la boca hasta que termine ¿oíste?
Fruncí el ceño, me cruce de igual que él y asentí.
-Bill… -Richelle… no, ¡Joder! Estaba usando el mismo tonito condescendiente de mi madre.- Tienes que volver a Hamburgo, este lugar es muy peligroso ahora.
-Aquí no hay espacio para ti Bill –Gruñó, jugueteando con el piercing en su labio sin voltearme a ver, se veía tan… pero tuve que concentrarme en lo que sea que me estaba diciendo.- Tienes que volver a casa con tu madre, tu hermana, y si quieres hasta Sparky.
El color se me fue al piso; me sentía ofendido, había cruzado medio mundo para buscarlo y ahora que lo había encontrado, besado, dejado follarme de nuevo… ¡me manda a la mierda! ¡¿De qué vas, Kaulitz!?
-No. –Lo miré a los ojos, jamás le había llevado la contraria y sostenido la mirada así, ni una sola vez.
Tom giró los ojos y suspiró, agobiado.
-Te vas a ir, quieras o no –Insistió, pero no estaba sosteniéndome la mirada, ni siquiera sonaba firme.
-No, Tom, me quedaré. Si no quieres, bien, me buscaré un buen lugar, pero no te perderé la pista de nuevo. –Oh sí, de pronto él me mataba con la mirada, me descuartizaba, me follaba, todo.
Estaba decidido, ese era mi punto final. Tom se levantó, suspiró y se pasó una mano por el cabello, se me erizo la piel de sólo verlo.
-Debes irte –Repitió, pero simplemente sus acciones no coincidían con sus palabras, que le creyera quien no lo conociera.- quieras o no.
-No. Además no puedes despedirme así porque así… -Enarqué una ceja, disfrutando de su confusión.
-¿Por qué carajos no? –Mi querido amo estaba furioso, pero calmado, noté su cuello tensarse.
-Porque soy un Encadenado –Sonreí victorioso, él y Ricky voltearon a verse, y empezaron a reír a carcajadas, un quejido de dolor de Ricky marcó el final de la risa.- Es la verdad…
De repente Ricky palideció y yo sonreí más aun, ya nos estábamos entendiendo.
-Kam me nombró encadenado, y sigo siéndolo, así que se joden los dos –Me recargué en la pared, mirando hacia el techo con arrogancia.
Tom estaba más y más furioso, recordando el cómo me había buscado esa noche, el cómo había llegado colocado por accidente y la furia que desató en contra de todos. Yo no dejaba de sonreír victorioso.
-Bien –Se me erizó la piel de nuevo, su malvada sonrisa y aquella mirada me desnudaron en un segundo.- Te vas a quedar muñeco, si eso quieres…
-Genial –Me senté en una silla lejana a ellos, sonriendo triunfal.
-Pero te vas a atener a las consecuencias, muñeco… -Se acercó a mí peligrosamente, pero ya no me intimidaba.- Me vas a obedecer, si quieres ser un encadenado vas a actuar como tal ¿oíste? Vas a entrenarte, vas a aprender a usar un arma, vas a hacer entregas… -De repente, tragué en seco, pero no decliné, podía hacerlo, yo podía hacer cualquier cosa.- Te vas a atener a lo que yo te dé. Vas a usar otra ropa, al menos vas a aprender a usar una moto y a defenderte por ti solo.
-Sé defenderme –Me encogí de hombros, haciendo un ademán aburrido con la mano.
-No, Bill, aquí no sólo son golpes y ya… -Se sacó un arma de los pantalones, de esas de las películas, nunca había visto una así de cerca.- Y justo ahora hay una guerra desatada, no voy a permitir que me estés jodiendo con tus mariconadas… ¿quieres ser un encadenado? –Sonrió de nuevo y vio a Ricky, que igual sonrió.- Bien, sé un encadenado y condénate de por vida.
Ya me había puesto nervioso, pero asentí. Se me acercó demasiado, acorralándome contra la silla, presionando su nariz contra la mía, sin despegar la mirada de mis ojos.
-Eres nuestro nuevo "prospecto" y vas a saber lo que significa… y qué casualidad, tenemos justo una misión en la que vas a participar ahora, muñequito… -Se apartó bruscamente, sin dejar de sonreír viéndome.
-¿Mi-misión? –Me quedé viéndolos, a ambos. La expresión de Richelle cambió, se puso aun más pálida de lo que ya estaba.- ¿Cuál?
-Me vas a acompañar a Alemania, muñeco. -Se puso muy serio. Abrí los ojos como platos. La pregunta en mis ojos era evidente, ¿volvería a Alemania? Él asintió.- A Stuttgart. –A la vez, cada uno de nuestros músculos se tensaron.
Regresar al lugar donde todo esto inició…
Era obvio que él no quería regresar, y menos conmigo.
