Capitulo 9: Regreso.

By Bill.

Era pésimo. Pésimo para todo lo que me tocaba hacer. Richelle había salido del hospital y por lo tanto me tocaba cuidarla y obedecerla, pero era obvio que tenía un plan armado con Tom para joderme la vida, porque, aun para ser ella -y además ser mujer-, estaba insufrible.

-Bill, eres tan marica –En el brazo traía una férula, sin embargo el humor no le había cambiado para nada.

Me temblaban las manos como gelatina, tenia una escuadra negra de 9mm entre ellas y un blanco enfrente de mí. Pero con el sólo hecho de saber que tenía un arma en la mano me bastaba para sentirme incapaz de accionarla. Simplemente no podía hacerlo.

-Ricky, cállate, me pones peor. –Le ordené, sin cuidar mucho el tono de voz, tragué saliva, nervioso.

-Bill, los enemigos no van a esperar a que te salgan los huevos y dispares, ¡sólo hazlo! –Me ponía los nervios de punta, sobre todo cuando gritó.

Y disparé, cerré los ojos por imbécil, y el tiro fue a dar a un cubo de basura donde un gato maulló y salió corriendo asustado.

Richelle se carcajeo como nunca.

-Un poco mas y nos dejas sin Kasimir. –Ella por alguna razón lloraba de la risa, negando con la cabeza mientras balanceaba entre sus dedos su propia arma con tanta facilidad y fluidez que me causaba cierta envidia.

-¡Kasimir! ¡Lo siento, bebé! –Salí corriendo tras de él como un verdadero imbécil. Richelle lo pasaba tremendamente bien entrenándome.

-Joder Bill –Seguía riendo, confirmando lo marica que era a cada paso que daba tras del gato.- Mantente firme, carajo.

-Relájate, ¿sí? –Comenzaba a ponerme realmente molesto, tome un respiro y volví a apuntar.

-¿Cómo vas, muñeco? –Esa conocida y estremecedora voz detrás de mí hizo que me asustara y disparara, lo curioso fue que le di justo al blanco.

Me quede sumamente sorprendido, había sido una coincidencia obvio. Una muy afortunada.

-Casi mata a Kasimir –Se burló Richelle que se acercó a examinar el agujero.- Al fin Bill, creí que no darías una.

Sonreí engreído, me sentía el ser más poderoso sobre la faz de la tierra.

-Se los dije… -Tom también se acercó a mirar, frunciendo el ceño.

-Fue solo suerte –Ricky se acercó para intercambiar una mirada con Tom.

-Vicepresidenta, ve a los estudios y encárgate de las utilidades de hoy, y llévate al Pirata –Ordenó Tom, su voz tan mandona de siempre sabía volverme loco.- Yo me encargo del muñeco.

Richelle asintió y sin poner mucha atención ni mirarnos demasiado, salió dando grandes zancadas de la bodega abandonada. Siempre hacía lo mismo, nos miraba poco cuando estábamos por quedarnos juntos.

-¿Dónde estuviste? –Pregunté, viéndolo con seriedad.- Te esperaba en la mañana.

-Tengo otras cosas que hacer aparte de follarte muñeco… -Me hizo girar hacia el blanco de nuevo, tomándome de la cintura sin mucha ceremonia, en realidad bruscamente.

Se me soltó otro tiro que fue a parar al suelo.

-¡Cuidado idiota! –Levantó la voz alterado, o más bien gruñón, eso me ponía bastante… Me sujeto de la cadera firmemente.- A ver, déjame ver como lo haces.

Me puse en posición y el soltó la carcajada.

-¿Qué? –Fruncí el ceño, sin bajar los brazos, estaba demasiado tenso.

-Claramente no has entendido nada, muñeco -Me tomo de las manos y puso el arma frente a mí.- ¿por qué tiemblas?

-No estos hecho para esto –Sintiendo todo su cuerpo pegado al mío, y su aliento en mi oreja, no tenía mucho control.

-Esto es lo que querías muñeco, ahora te jodes –Sujetó mis manos fuertemente bajo las suyas, consiguiendo estabilidad en el arma.- No debes temblar o acabaras pegándote un tiro tu solo… -Su voz era suave, pero lo que más me hacía estremecer era su aliento… olía a cigarrillos y alcohol.

-Lo intento… -Rezongué, mordiéndome el interior de las mejillas.

-Respira -Susurró con calma, y eso hice, inhalé y exhalé una gran cantidad de aire intentando relajarme.- ¿Ves ese pequeño punto encima del arma? Ahí es donde va a parar la bala… -Sin suavizar su agarre sobre mis manos, movió mis brazos suavemente hacia el blanco, justo en el centro.- Ahí mismo, justo en el blanco, muñeco…

Estaba excitándome, y mucho, y trataba de impedirlo. Pero siempre que trataba de hacerme el fuerte y tener control sobre mí mismo, el cuerpo me traicionaba.

-Respira -Me repitió, y empezó a besarme la oreja. Respiré disfrutando de todo eso, cerré los ojos y bajé el arma sin darme cuenta.- No, no, no –Volvió a apuntar.- No debes dejar de apuntar nunca.

-Entiendo –Murmuré con la voz ronca. Me moví un poco hacia atrás y sentí que estaba duro como una piedra.- Mierda Tom.

-Shhhh… calladito muñeco –Mi amo me acarició los brazos alzados y puso sus manos sobre las mías de nuevo, estaba probándome, seguramente.- Quieto hombre… -Tenía tanto control sobre mí que logró calmarme.

Bajó sus manos hasta el borde de mis pantalones, tanteando el terreno. Puse mis ojos en el blanco, respiré de nuevo, tranquilo, me sentía tremendamente bien.

-Dispara. –Susurró y así lo hice, justo en el centro de nuevo. Abrió los ojos como platos. - ¿Así que tengo que tocarte, eh? ¿Y si te follara? Sonrió enorme, como un niño travieso.

Giré y sonreí de lado, bajando el arma y enarcando una ceja.

–Eres un idiota Tom… -Me acerqué, inclinando el rostro a milímetros de sus labios.- Pero si lo haces… -Lo besé, lascivamente, atrapando su labio inferior con el filo de mis dientes.- Sería invencible.

No se contuvo, me besó desahogando toda su furia. Me pegó a su cuerpo con una fuerza impresionante, apoyando su mano derecha firmemente sobre mi abdomen, casi sujetándome desde la entrepierna, seguro se había estado conteniendo o seguro de verdad tenía semejante poder sobre él.

Fueron escasos segundos lo que aguantó hasta decidir quitarme la ropa, no se tomó molestias en ser lento o tan sólo un poco delicado, no, era pura desesperación sobre mi cuerpo. Tardó un parpadeo en tenerme en el suelo, debajo de él, besándonos y tocándonos como bestias.

Este tipo de situaciones lo ponían bastante, y a mí también, y qué suerte que Richelle no estaba cerca porque mis gemidos cada vez que embestía dentro de mí sin miramientos, seguro que se escuchaban a millas de este lugar.

¿A esto se resumía mi vida? ¿A sucios revolcones, palabras grotescas, besos húmedos y balas? Si mi madre me viera…

Pero no me importaba. Ya no me importaba nada, ni un poco.

Yo quería esto y si tenía que perder todo lo que había construido a cambio de conservarlo, lo haría. Era capaz de atravesar el universo y regresar con tal de tenerlo así, dentro de mí, encima de mí, conmigo, los dos juntos hasta compartiendo el alma.

Tom fue bastante duro como siempre, no tenía compasión alguna, me castigaba por ser un idiota y encontrarlo, yo lo sabía, yo lo sentía en cada vez que me poseía, sentía su rabia contenida.

No podía estar más fascinado y estoy seguro que Tom también, así tratara de hacerse el rudo y el macho, en el fondo sé que había algo de mí que lo enloquecía y enloquecería siempre.

Y ahí, en el medio del suelo, le pedía todo, me dejaba llevar por mis sucios impulsos y él me complacía. Era un cambio interminable de todo; de cosas, de situaciones, de besos y momentos que estaba pensando en volverme completamente loco… pero por él.

By Tom.

Estaba tumbado sobre mi chaqueta, fumando con Bill a mi lado, quien analizaba el arma que momentos antes había dado inicio a nuestra sesión de sexo salvaje.

-No sé si puedo hacer esto –Me dijo sin verme, seguía mirando el arma a detalle.

-¿Disparar? Es solo cosa de práctica, muñeco –Estaba bastante adormilado, poco me importaba el sucio lugar en el que nos encontrábamos.

Estaba semi desnudo y bastante tranquilo, había tenido un día de perros después de todo y sólo necesitaba la presencia de mi muñeco y su calor para calmarme.

-No es sólo eso –Volteó a verme, le miré de reojo, sabía perfectamente de qué hablaba.- Quiero preguntarte algo, y necesito la verdad para poder estar preparado cuando pase.

Y ahí vamos de nuevo, aferrándose al puto pasado como siempre…

Suspire y exhale el humo de mi cigarrillo en el proceso.

–Dime… -Puse los ojos en blanco, antes de volver la vista al techo.

-¿Qué sentiste la primera vez que lo hiciste? –Sentía cómo él no dejaba de verme, sonreí.

-Fue bastante húmedo e incomodo, muñeco –Me reí, le miré de reojo de nuevo y vi como se tensaba su cuello en celos.

-Cuando… Mataste, Tom –Él apretó los dientes, y yo borre mi sonrisa inmediatamente.

-Ya sabes que era muy pequeño, no sabía lo que sentía –Algo me molestó con el simple recuerdo, y era su loca necesidad de saber cómo era, ¿Qué seguía analizándome psicológicamente acaso?

-Claro que sabias, dímelo –Desnudo y musculoso como ahora estaba, se sentó con las piernas cruzadas viéndome.

-¿No vas a dejarme en paz hasta que lo haga cierto? –Levanté una ceja viéndolo, él sonrió.

-No –Qué muñeco más molesto y testarudo.

Suspiré agobiado y me senté, recordando, pero viajar en el montón de situaciones desagradables de casi toda mi puta vida no era algo que estaba muy listo para hacer en calma, era demasiado crudo.

Él esperaba una respuesta y yo tarde en encontrarla.

-Fue… -Empecé, y tosí un poco queriendo evitar continuar, pero de ésta no me libraba.- Fue como una necesidad, era muy pequeño, yo sabía que estaba mal pero no me importo, tenia que hacerlo o explotaría…

Bill estaba atónito, analizándome con sus hermosas pupilas, sin embargo ésta vez no vi rastro de miedo en sus pupilas.

-Es una necesidad, como si estuvieras en el borde de un barranco y debajo de el hay un lago… sabes que puedes lastimarte, que puedes golpearte y morir, pero lo necesitas. Como comer, como dormir, como follar…así se siente… así sentí. –Me estremecí, pero me mantuve firme, después de todo.

Era el trauma de mi vida, un trauma que yo mismo había creado y el cual me perseguiría siempre.

-Sólo lo hice y me sentí tremendamente bien –Continué y lo vi, estaba serio, su mandíbula se había tensado.- Cuando llegue el momento, Bill, lo vas a sentir. Y no vas a fallar yo lo se, eres igual a mi cuando te lo propones… pase lo que pase Bill, dispara.

Parecía que le había tirado un balde con agua fría, tragó saliva, nervioso y asintió.

El resto de la tarde-noche seguimos practicando, él estuvo muy callado a partir de eso y obedecía en todo lo que yo decía o hacía. Así mismo le explique como cargar el arma, como desarmar a alguien, como defenderse decentemente… ésta vez sin juegos de niños.

Luego fuimos a mi casa a descansar, él necesitaba hacer sus llamadas de rutina y yo ocupaba pensar. Estaba metiendo a Bill en un lio muy serio y una parte de mí, la que no quería arriesgar al muñeco, se arrepentía tremendamente, y la otra parte de mí, a la que le valía una mierda si el muñeco se rompía porque era su capricho, quería dejarlo darse cuenta él sólo de que esto no era lo mismo a un tribunal de gente estirada y corrupta.

Luego estaba el asunto de Stuttgart, por más que quería postergarlo se acercaba más y más. Me llevaría a Bill, necesitaba vigilarlo de cerca y el dejarlo entre las bestias de mis amigos no era nada bueno, una cosa eran los Encadenados de Alemania, pero ésta gente de Los Ángeles no tendría la misma compasión por el muñeco.

Además, con un golpe de suerte se pondría testarudo y al ver a mami cerca… no, no quiero que se vaya. Era un encadenado ahora y como tal iba a tratarlo, así que debía endurecerlo… y no hablaba ésta vez de su entrepierna, si no de su actitud.

Lo cierto era que había vuelto mucho mas difícil que nunca, siempre acababa complaciéndome en la cama pero en otros asuntos hacia lo que le daba la gana y eso me molestaba, me molestaba y bastante sobre todo el hecho de que mi banda lo empezara a seguir, ya tenia amigos y lo tomaban en cuenta.

No porque pensara que eso era malo si no que tarde o temprano tendría que verse involucrado en lo que hacemos y si justo en ese momento vuelve a ser vulnerable… No lo permitiría.

Por eso debía llevármelo, porque le mostraría el lado cruel al que debe enfrentarse, porque si se volvía vulnerable ahí estaría yo para protegerlo como siempre. Nadie iba a herir a mi muñeco, a mi Bill.

Ni siquiera le avisé cuando salí, andaba rondando en mi motocicleta para despejarme, para sacarme la tonta idea llevármelo lejos de todos y de todo. Mi celular sonó y estacione para contestar.

-¿Qué pasa Richelle? –Como ya era costumbre, le contesté en mi tono de mala gana de siempre.

-Todo está listo para mañana, jefe. –Suspiré, la hora había llegado.

-Okay, te quedas a cargo ¿oíste? Y Ricky… si algo me pasa, ya sabes que hacer -Me estremecí, me estremecí como pocas veces, no me sentía nada bien volviendo. El vértigo me llegó al estómago y sentía que vomitaría, pero lo contuve.

-Lo sé, Capitán. Ven al Club, los boletos y todo está aquí…

Colgué y fui para allá, pasaportes falsos, boletos de avión.

-Todo listo, Capitán- Richelle sonreía, como siempre, orgullosa de un trabajo eficientemente hecho.- Ten mucho cuidado, Tom… por favor.

-Lo tendré, no te preocupes. –Tomé todos los documentos y los metí a mi mochila.- Tú estás a cargo, y si algo me pasa, tú mandas ¿oíste?-

Ella sólo asintió y termino abrazándome fuerte. Algo había crecido entre nosotros durante todo ese tiempo trabajando juntos tan lejos de lo único que se parecía a un lugar al que podría llamarse casa, era mi mano derecha incondicional.

No le di mucho tiempo a la despedida, ni ella gustaba de ser tan emotiva; salí de ahí lo más rápido que pude y fui al departamento, Bill ya dormía tranquilamente y aparentemente recién bañado; no me importó hacer ruido, lo que le despertó.

-¿Qué pasa? –Apenas y levantó la cabeza, para verme con los ojos entrecerrados.

-Empaca, muñeco, nuestro vuelo sale en un par de horas –Le aventé su pasaporte y ticket de avión a pies de la cama.- Me llamaras Nick, ¿oíste?

Mi hermano me vio, muy sacado de onda, pero termino accediendo y se puso a empacar en silencio, había estado muy callado desde esa charla.

Teníamos todo listo en un rato, me quité mi chaqueta y la colgué en el armario, tenía que verme como hombre normal así que decidí no llevarla, seria demasiado riesgoso. Además, si caía en Stuttgart, Ricky la necesitaría, sería suya.

-Listo, Tom –Mi muñeco tampoco había exagerado en su atuendo, se veía como un humano normal, abrigado y todo.

Afuera el taxi nos esperaba. Suspiré, y observé mi motocicleta al pasar junto a ella, sin duda la extrañaría.

By Bill.

El vuelo de regreso fue tedioso y largo, Tom durmió la mayoría del viaje y yo me entretenía con la música hasta que caía de nuevo sobre su hombro, enroscando mi brazo al de él pero me había prohibido terminantemente tomarle la mano.

El aviso del capitán diciendo que aterrizaríamos, además de una molesta azafata, nos despertó y al cabo de diez minutos de dar vueltas sobre la ciudad, comenzó nuestro descenso.

Bajamos en cuanto nos fue posible, el frío del carajo me llegó hasta los huesos, un par de semanas fuera me habían desacostumbrado terriblemente al frio alemán, así que me abrigue aún más.

Tom no había dicho nada desde hacía bastantes horas y no lo presioné para que lo hiciera, parecía sumido en sus pensamientos, era una regla de oro no interrumpirlo cuando estaba así.

Hamburgo, mi casa, mi hogar…

Mamá está aquí, Helem… y Derek, mi terco Sparky.

-Vamos –Dijo, al fin, Tom tomando su mochila. Me aterrorizaba el hecho de siguiera preguntar por la posibilidad de ir a ver a mi madre un rato…

Tomamos un taxi. Iba algo desganado y aturdido por el largo viaje, seguramente era el jetlag, y más aun por saber que el viaje a Stuttgart era muy largo aun.

Mi mundo giró de cabeza cuando escuche a Tom darle la dirección de mi casa al taxista.

-Espera, ¿qué? –Volteé a verlo, queriendo confirmar lo que había escuchado.

-¿No quieres ver a tu madre, muñeco? –Me dijo lo bastante serio, era real entonces.- Yo me quedaré en un hotel cerca por hoy…

Sonreí, enorme, asintiendo muchas veces y lo besé eufórico. El taxista nos vio por el retrovisor e hizo una mueca de desapruebo, pero no me importó.

-Sí, sí... –Él me aparto de mala gana.- De nada.

Fueron escasos y muy eternos treinta minutos a la dirección de mi casa, iba como niño camino a la feria, contento, inquieto, ansioso. Estaba nevado, era hermoso como siempre.

Me recordaba a aquella navidad juntos, nuestra primera navidad juntos.

El taxista estacionó justo enfrente. Helem y mamá jugaban en la nieve. La pequeña se paralizó al ver el auto estacionarse, sonreí con emoción.

-¡Mamá, mira! –Mi pequeña hermanita estaba señalándome cuando bajé del auto con calma y Scotty, que ya no era tan enérgico como antes, me saltó encima lamiéndome.

Mama estaba paralizada, viéndome.

-¡Bill! –Helem corrió a abrazarme, yo la levanté tal cual muñequita entre mis brazos con facilidad, dándole vueltas.

-Hola, mi nena –Sin poder evitarlo yo reía con ella, la abrace muy fuerte.- Joder, te extrañe demasiado, mi princesa.

-Yo también –Era una ternura, me besó en la mejilla ruidosamente.- Muchisisísimo.

Vi a mi madre al fondo, quien no hizo movimiento alguno para acercarse.

-¿Viniste con Sparky? Hace mucho que no viene a jugar… -El reproche me era familiar, se cruzo de brazos en cuanto la deje en el suelo.

-No nena. –Me sacudí la nieve del abrigo que había dejado Scotty.

-¿Entonces quien es él? –Estaba algo confundida, señalando tras de mí.

Escuché la puerta del taxi cerrarse, me paralice y voltee a verlo. Tom estaba sonriendo malvadamente, viendo a mi hermana pequeña… y a mi madre quien se puso del color del hombre de nieve que hacia.

Helem se exaltó al verlo y sonrió muy, muy ampliamente.

-¡Es Tom! –Alzó la voz, extrañamente feliz. Helem fue la primera que lo reconoció a pesar de nuestras diferencias físicas y yo sólo lo había mencionado un par de veces.

Tom tragó saliva, nervioso, y sonrió malicioso de nuevo, de esas sonrisas que te erizan la piel. Se acercó a nosotros con su paso endemoniadamente sensual y en calma, yo no dejaba de verlo, ni siquiera pensé que fuera a bajarse del taxi.

Pero se acercó a mi pequeña hermana una vez que la dejé en el suelo y noté cómo Helem se llevaba el dedo a la boca con timidez, tomándome la mano hasta que pude notar el atisbo de una sonrisa en sus labios.

Mi hermanita bajó la mano que tenía en su boca y se limpió en su suéter antes de dársela a Tom que la tomó para besar su dorso, como todo un caballero, sonriéndole tiernamente; podía ver los ojos de nuestro hermano mayor brillar con intensidad, una intensidad que veía muy pocas veces.

-Hola pequeña…