Capitulo 11: traición.
By Tom.
Andreas me había sacado de ahí casi a rastras, a cuesta de golpes, jalones y maldiciones; pero no recuerdo nada más después de eso, únicamente su auto, poco antes de perder por completo el conocimiento.
Cuando miré por la ventana no había mucho margen de llegar a equivocarme, estábamos en los barrios altos, o eso creía al menos; aparcamos en una linda casa con un enorme jardín. Estaba parado en el medio de uno de los últimos lugares donde me gustaría pararme, ese barrio donde las familias jugaban juntas en las calles y todos eran felices.
-Abajo, Tom, necesitas una ducha. Apestas, así no puedes andar por la casa. –Se burló el muy hijo de puta cuando me dijo al abrir la puerta.
Voltee a verme en el cristal de la ventana del auto, estaba hecho un asco; lleno de mugre, sangre, sudor, cenizas… había acabado con todo yo mismo, había azotado lo que quedaba de mi habitación, de mi guitarra, grité, golpeé, podría jurar que hasta lloré… Pero no podía recordarlo, sólo sentía el cuerpo pesado.
-Gracias… -A cuestas murmuré, me sentía débil y mi cuerpo dolía. Entré a su casa tan lujosa sin mirar mucho alrededor, sus detalles de niño pijo me los pasaba por el culo en ese momento, y lo seguí hasta una habitación impecable. Ni siquiera me había fijado en que Andreas, hasta ese momento, me llevaba sujeto del brazo y yo había apoyado el peso en su agarre, quise apartarme en cuanto me di cuenta y él no protestó cuando lo hice.
-El baño está ahí. Hay ropa limpia, dúchate y duerme, Tom, lo necesitas. –Tenía ese maldito tono de ser mi madre… Peor. Pero no dijo nada más, se dio la vuelta y cerró la puerta detrás de él al salir.
Me despojé de toda mi ropa, solté mi cabello y entre al baño sin molestarme en verme al espejo, ya sabía que lucía terrible. el agua cayendo sobre la tensión de mis músculos y eliminándola poco a poco fue un alivio muy grande, me recargué en la pared y lo disfruté… hasta que a mi mente sólo vino una sola persona…
-Mierda, Bill –Abrí los ojos como platos, exaltado, me había olvidado por completo de Bill.
Sí, cierto era que había dejado al rubio, nuevo y mejorado, de mi hermano en Hamburgo a propósito, pero tampoco iba a dejarlo sin explicaciones, y yo no me había tomado la maldita molestia de prender el jodido teléfono para llamarlo.
Terminé de ducharme con mayores prisas, tenía las manos cortadas, pero no me importo, el dolor me mantenía vivo. Me causaba placer y me recordaba que seguía con vida.
Me puse una toalla a la cintura y me senté al borde de la cama a revisar el teléfono, tenía alrededor de veinte llamadas perdidas de Bill, aquello me hizo sonreír un poco. Lo llamé, pero marcó ocupado…
-Te haces del rogar, muñeco –Gruñí, con cierta malicia.
Me levanté de la cama y me puse los jeans, tenis y una playera sin mangas de Andreas que no se veía tan estilizada como el resto de la ropa ahí. Me digné a bajar por las escaleras, los pasos aun me pesaban, y a medio camino escuche voces…
-Voy llegando, Andreas, era obvio que iba a venir –La voz era conocida, pero aun sonaba lejana.
Andreas se rió escandalosamente.
-Creo que aun le hace falta captar una que otra cosa a Tom, ya no es lo mismo que antes… -Dijo el marica de mi amigo, no parecía muy sorprendido.
Y yo estaba paralizado, escuchando.
-Es un idiota que me abandona cada que puede, pero ya no más. –Y escuché una risa, esa risa… era Bill.
-Al menos tratará de arreglar todo esto, ¿no? –Preguntó Andreas algo preocupado, no podía fingirlo mucho, se le notaba.- Las cosas están muy mal aquí, y por consecuencia, allá también.
-Sí, lo sé, todo está jodido. Él no confía mucho el mí, pero no me ha dado ni la oportunidad de explicarle nada, es un testarudo, ya sabes… -Mi muñeco, tan tranquilo, tan maduro, tan…
Bajé y me asomé por la puerta de la cocina, ahí estaban mis dos rubios favoritos, tomando una taza de café tan tranquilamente que me daba escalofríos; parecían dos señoritas de alta sociedad. Lo que me daba más escalofríos, era que lo eran, ambos acostumbrados a esa vida de élite donde se toma el té a las cinco con pastelitos y esas mierdas.
-Oh Tom, pensé que estabas dormido… -Andreas me miró sorprendido.
-¿Bill? -El idiota de mi hermano menor estaba serio, demasiado que daba escalofríos.
-¿Cuándo vas a entender que de mí no te puedes escapar? –Muñeco…
Me tambaleé, mi mente estaba jugando conmigo ahora… Andreas se levantó de su asiento, pero no lo dejé tocarme.
-¿Tom? –La voz de Andreas sonaba lejos, de nuevo.
-¡Shhh! Tú debes estar aquí, Bill –Volví a verlo y le fulminé con la mirada.
-No –Era de esperarse, él estaba firme– Tú no debes de estar aquí, y lo sabes; y sin embargo aquí estamos, los dos, y vamos a arreglar esto de una vez.
Apreté los puños, me estaba ordenando, ¿era él o era yo el que estaba hablando? Me confundía, demasiado, me sentía mareado, cada vez más.
-Creo que ambos deben descansar. –Se apresuró a decir Andy, mediando torpemente la situación.
-Venga, Andreas –Bill se levantó, muy seguro de sí mismo de la silla a dejar la taza de café en el fregadero.- ¿Qué no ves que el machote de Tom va a solucionar todo el solo? Él no duerme, no come, no respira…
Me le fui encima sujetándolo de la playera y lo estampé con una fuerza brutal contra la pared, hasta logre levantarlo; pude escuchar el golpe de su cabeza contra la pared y el mero, delicado y simple sonido me hizo estremecer terriblemente.
-¿A qué coño estás jugando, Bill? –Rechiné los dientes a escasos centímetro de su cara, estaba furioso, sobre todo porque no entendía nada.
-¡Tom! –Andreas me sujetó y lo aparté de un empujón.
-Suéltame, Tom, es inútil –La temperatura subía o eso sentía yo al tenerlo así, quería matarlo y golpearlo… apretarlo…
-¿A qué estás jugando, Bill? –Lo solté en un simple movimiento, y el cayó al suelo; salí hasta el perchero y tomé mi chaqueta.
-¿Qué haces, Tom? –Me preguntó Andy horrorizado.
-Muévanse los dos, vamos al club ahora –Ordené, mientras los dos me miraban confundidos. - ¡¿Están retrasados mentales o es que no me escuchan?!
Andreas tomó las llaves de su auto y me esperó afuera, Bill nos siguió, supongo que la camioneta que traía era suya así que nos siguió afuera de la casa y subió a ella.
-Te toca seguirnos, como perro Bill –Advertí antes de subirme al auto de Andreas.
El giró, desde su camioneta para verme, sonriendo con malicia.
-No será necesario… Capitán.
By Derek.
No tenía cabeza para nada, mis días han sido horribles, soy un zombie, no pongo atención a nada.
No estoy bien… ni un poco…
La idea de ir a un psicólogo no me parecía del todo mal, mis padres me lo habían propuesto ya, pero algo en mí trataba de curarse solo…
Bill me traía loco, realmente loco…
Sonó mi teléfono, era… ¿Cimone?
-¿Si? –Contesté algo confundido por su llamada, pues no era algo muy usual que la madre de mi nov…ex novio, me llamara.- Oh, hola, Cimone.
-Derek, cariño, espero no interrumpir nada importante… -Su voz era algo fuera de lo normal, así que concluí que algo pasaba.
-Claro que no, ¿está todo bien? –Pregunté, algo en mi pecho empezó a acelerarse.
-No… -Ella suspiró, hizo una larga pausa, antes de murmurar.- Bill ha regresado con Tom…
MIERDA.
-Bueno, es algo que a mí no me… -Había comenzado arrogantemente, sin darme cuenta, pero enseguida ella me cortó, de pronto.
-Tienes que buscarlo Derek, tienes que traerlo de vuelta -Ella se aceleró y empezó a sollozar, desesperada.
-Calma por favor, Cimone, yo no puedo hacer nada, Bill no me quiere… -Escucharla sollozar me angustiaba, ambos presentíamos lo mismo quizá; a mí el corazón se me salía.
-Claro que si, solo es algo… bipolar, ya sabes. Derek por favor, tienes que ir a buscarlo y hacerlo entrar en razón.
-La última vez no funcionó, Cimone –Apreté los puños, estaba furioso de pronto, recordando todo.- Bill hace lo que le da la gana y yo no puedo detenerlo.
-Si puedes, y lo sabes, por favor Derek eres el único en el que puedo confiar, por favor…
Maldita sea, ¿Y por qué en mí?
-¿A dónde se fue? –Cerré los ojos en espera de que contestara, creo que ya sabía la respuesta.
-A Stuttgart.
-¿Te digo la verdad? –Me exalté demasiado, no quise ser grosero, las palabras sólo brotaron de mi boca.- Creo que Bill tiene una estúpida fascinación por jugar con su vida, Cimone, pero yo no, discúlpame pero a ese horrible lugar yo no iré.
-Pero…
-Lo siento. –Y colgué, recargándome en el sillón, respirando profundamente.
Había jurado que ya no lo buscaría, que ya no pensaría en él, que ya no lo amaría…
-¡Mierda, Bill! –Con furia, le di un puñetazo al sillón, tan fuerte que el golpe se hundió en la tela pero jamás volvió a su forma original.
No podía dejarlo a su suerte, no podía. Por más que no me quisiera a su lado, y por más que yo le rogara… Era algo que tenía que hacer, sobre todo
-Mierda… Debo hacerlo. –Murmuré a regañadientes, odiándome a mí mismo en ese momento.
Por mi Bill, por los momentos juntos, por las risas y peleas, por su cariño… Por todo lo que habíamos vivido…
Tomé el celular y le marqué de regreso a Cimone, contestó al primer timbre, como si supiera que lo pensaría dos veces.
-Ésta vez lo traeré de regreso, pase lo que pase… -Suspiré con pesadez.
-Júramelo –Exigió con desesperación.- Júramelo, Derek.
-Te lo juro.
By Bill.
Había llegado sin problema alguno al club, incluso antes que Andreas y Tom. Cuando ellos llegaron yo ya estaba sentado bebiendo algo con Black entre risas y comentarios vagos, sin mucho sentido pues parecía que mi viejo amigo prefería esperar los detalles de su jefe.
-Ahí vienen. –Black sonrió nomas de verlos, se levantó enseguida y fue a abrazar a Tom quien, por su mirada, no estaba nada contento.
Sonreí engreído, orgulloso de estarme saliendo de nuevo con la mía, y bebí de mi cerveza observando todo el show de saludos y abrazos fraternales mientras Tom saludaba a sus viejos colegas… él ni se imagina, quería jugar un poco con el.
-Capitán, por fin… -Dijo Black iniciando la ceremonia, con discreción, parecía que no era del todo seguro aun anunciar a Tom ahí.- No sabe por todo lo que hemos pasado.
-Pero me lo imagino; yo también la he pasado bastante difícil en Los Ángeles, pero gracias a Ricky, todo marcha bien –Se encogió de hombros mi engreído hermano, antes de darle un trago a su cerveza.
-Lamentamos no poder decir lo mismo, las cosas se están complicando mucho por aquí –Continuó Andy, quien a mi punto personal, era el mejor tratando de ocultar todo, estaba serio y sereno.
Tom suspiró, me aventó una mirada matadora y volteó a ver a Black, enarcando una ceja.
-¿Qué ha pasado? Soy todo oídos –De nuevo, el tono fanfarrón suyo.
-Las cosas con Marks se complican aquí demasiado, las rebeliones son cada vez más frecuentes en la ciudad y se ha corrido cierto rumor que en LA hay alguien manejando las cosas de diferente manera, eso no les ha agradado nada. –Comentó Black, haciendo una mueca.
Y yo continuaba en silencio.
-Mientras ellos reciban su parte del trato, a mí no me parece problema quién maneja el negocio y quién no, aquí hay algo más y vale más que vayan soltando la lengua –Tom se me quedó mirando fijamente al decir eso.- Todos.
-Hemos localizado indicios de que la secta Nazi esta cobrando fuerza en EUA… y aquí también, no fue fácil, pero tenemos una pista. –Afirmó Andreas, asintiendo con la cabeza seriamente.
Vi como Tom palideció un poco.
-¿Pero de qué carajos están hablando? –Comentó él en total ignorancia, abriendo los ojos como dos enormes platos.- Todo está perfecto aquí… ¿Black?
-Nos hicieron propuestas… -Black repentinamente se puso bastante nervioso.
-Propuestas… ¿de qué?- Tom se estaba impacientando, y a la vez estaba nervioso, sorprendido; todos estaban en silencio.- ¡Que hablen, coño! –Explotó.
-Los Arios… -Inició Andreas.- Nos ofrecen triplicar las ganancias y el control de todo, si transportamos droga…
-¿Es que están todos dementes? –Tom se levantó de una.- ¡¿O es que yo estoy pintado en la puta pared?!
-Tú ordenaste que no dijéramos… -Intentó decir Black, perdiendo su serenidad por un momento.
-¡Que no dijeran que yo estaba vivo! ¡No que ignoraran mi autoridad aquí! –Tom había perdido la paciencia, estaba histérico, sus ojos parecían salirse de órbita.
-Será mejor que te calmes, Tom… -Andreas se veía preocupado repentinamente, la ira de Tom podía llevar a muchísimas cosas, nunca nadie estaba seguro.
-¡Me calmo tu puta madre, Andreas! ¡Las cosas no se hacen así! –De una patada aventó un banquillo, quebrándolo en el paso.
-Mandamos a un infiltrado a saber cómo se manejan, cuáles son sus intenciones –Black respiró profundamente.- A ver si era todo real…
-¿Ah sí? –Tom rio irónico y empezó a andar por el lugar, nervioso, se acomodó el cabello, estaba sudando.
Para los ojos de cualquiera, esto era una trampa.
-¿Y me van a decir qué encontraron? ¿Drogas? ¿Armas? ¿Mi foto en una pared con dardos en la frente? ¡¿Qué?! –No me sorprendía verlo así, pero su ira… no era normal… estaba brutalmente furioso. Pero más, parecía asustado.
-Todos nuestros movimientos captados, las agencias de Marks vendidas, y un líder muy poderoso –Andreas me miró rápidamente. Y al fin, Tom lo captó.
No me moví ni un centímetro, estaba totalmente tranquilo, incluso sabiendo lo que estaba por venir. Todos giraron a verme, Tom estaba en el centro, confundido, o más bien… tratando de hacerse creer que todo era mentira.
-¿Qué pasa?- preguntó él, abriendo los brazos en rendición.- ¿Van a decirme a quien tengo que entregarme? ¿Black? ¿Andreas? ¿Cualquiera? –Empezó a reír nervioso, histérico.- ¿Quién es este maldito líder? Aparece ya, vamos a ver si eres tan poderoso… -Sin aviso previo se sacó la chaqueta y la aventó lejos, mostrando el pecho.- ¿O es que a todos tengo que matar? Bola de cobardes.
Bebí mi ultimo trago y deje la cerveza a un lado, me levanté con mucha calma. Tom estaba loquísimo de rabia, aclaré la garganta y me digné a hablar, buscando sus ojos y mirándoles fijamente cuando los suyos también me miraron.
-Soy yo, Tom.
