El anime Candy Candy y sus personajes son creaciones de © Mizuki e Igarashi. Este trabajo o fanfic fue creado con fines de entretenimiento y no de lucro; la historia es de mi total inspiración.
CAPITULO 4
LA FOTOGRAFÍA
"Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor" Mario Benedetti
New York
Un mes después
Investigador – parece que se la hubiera tragado la tierra.
Terry – tanto así -dijo frunciendo el ceño.
Investigador – sí señor, fui a todos los lugares que me indicó y pregunte a todas las personas alrededor...entreviste a tantos como pude y.
Terry – si lo sé -dijo frunciendo el ceño- a mí me la negaron también...gracias por todo -dijo dándole la mano.
Investigador – de nada señor Grandchester -dijo respondiendo el saludo.
Terry – aquí está lo que acordamos -dijo entregándole un sobre el cual contenía una fuerte suma de dinero.
Investigador – con gusto señor, pero no puedo aceptarlo le he fallado.
Terry – hizo su mejor esfuerzo -dijo sacando unos billetes del sobre, para entregárselos y luego guardar el resto en su bolsillo.
Investigador – gracias señor -dijo recibiéndolos- quedo a sus órdenes...le dejaré el expediente completo -dijo entregándole una carpeta que contenía varios documentos- contiene toda la información, inclusive los negativos de las fotografías.
Terry – está bien -dijo tomando la carpeta en sus manos- muchas gracias por su ayuda.
Investigador – con permiso señor -dijo haciendo una reverencia, para luego salir del lugar.
Terry – donde estarás -dijo abriendo la carpeta, mirando uno a uno los documentos y fotografías que se encontraba en el interior, notando un artículo del periódico juntamente con una fotografía en particular- no puede ser -dijo abriendo los ojos como platos al ver la noticia- Albert...tú -dijo al ver la fotografía y leyendo el encabezado "El misterioso William Andrey ya tiene rostro...quien estuvo en el anonimato por muchos años y que hace unos meses se desconocía su paradero, ahora ya se ha presentado como el patriarca del clan Andrey" - no puede ser Albert tú...tú eres el tío abuelo William que tanto mencionaba Candy -dijo sin dejar la sorpresa- entonces -dijo sonriendo de lado- porque nunca me di cuenta de este artículo –dijo notando la fecha del mismo- su presentación fue unos meses atrás como no pude enterarme a tiempo…entonces tú –dijo sin dejar la sorpresa hasta ser interrumpido.
Mucama – señor -dijo abriendo la puerta.
Terry – que pasa -dijo frunciendo el ceño- cuantas veces he dicho que no me interrumpan...que tienen que tocar primero la puerta.
Mucama – lo siento señor toque la puerta pero.
Terry – que se le ofrece -dijo interrumpiéndola al mismo tiempo que tomaba su chaqueta para luego colocársela.
Mucama – solo venía a decirle que la cena está lista y la señora lo espera en el comedor.
Terry – no tengo hambre -dijo tomando la carpeta colocándola bajo su brazo.
Mucama – como diga señor.
Terry – avísele a la señora que voy a salir -dijo caminando tan aprisa como sus pies lo permitían.
Mucama – si señor -dijo haciendo una reverencia al momento que pasaba a un lado de ella- a que hora le digo a la señora que volverá.
Terry – no lo sé -dijo siguiendo su camino hasta la salida.
Susana – que bueno que ya sales -dijo acercándose a él- la cena está -dijo quedándose en silencio al ver la actitud de su esposo.
Terry – voy a salir, así que no me esperes – dijo poniéndose el abrigo, la bufanda y gorra.
Susana – como dices -dijo sorprendida al verlo- a qué hora regresaras.
Terry – no lo sé -dijo asegurándose de tener el suficiente dinero.
Susana – por lo menos puedo saber a dónde vas.
Terry – lo siento ya no tengo tiempo -dijo saliendo del lugar, cerrando la puerta tras de sí.
Susana – espera Terry...Terry -dijo sollozando.
Terry – solo tu podrás ayudarme -dijo así mismo emprendiendo su camino.
Chicago
Días después
George – vaya que cara tienes -dijo sonriendo al ver expresión.
Albert – solo estoy un poco cansado -dijo pasando la mano en su rostro.
George – no es tan fácil tener un hijo no -dijo sonriendo divertido.
Albert – no...no lo es -dijo sonriendo de lado- pero es maravilloso verlo y tenerlo en los brazos es algo indescriptible lo que me hace sentir.
George – lo sé, pero creo que viajar todos los días desde Lakewood a la ciudad no es buena idea.
Albert – lo sé, pero no quiero dejarla sola…ellos son todo para mi.
George – te entiendo…no crees que te has encariñado mucho con Alex.
Albert – puede ser.
George – recuerda que no eres su padre.
Albert – lo sé, y es algo que tengo presente…pero siento que lo soy aunque yo no le haya dado la vida.
George – no me gustaría verte lastimado Albert tu.
Albert - bien cambiando de tema que has averiguado -dijo acomodándose en su silla sin decir nada más.
George – sigue en New York -dijo dejando sobre el escritorio una carpeta- es su residencia permanente desde que se casó; vive en una mansión obsequio de su padre, no se le ha visto caminar por la calle con su esposa, y a todos los eventos asiste en compañía de otra mujer.
Albert – como dices otra mujer -dijo frunciendo el ceño.
George – sí, Karen Klaise -dijo enseñándole la fotografía- los rumores de que existe un romance entre ellos viene desde hace mucho tiempo, no pude averiguar si es cierto o no, pero no usa anillo de bodas.
Albert – en serio...tan mala será su relación con Susana –dijo frunciendo el ceño- acaso ha estado engañando a la pobre de su esposa, o ya se olvidó de Candy.
George – no lo sé, hace mucho tiempo que nadie se aparece por aquí preguntando por la señora.
Albert – si lo sé –dijo pensativamente- pero aun así no creo que este tan tranquilo…que más tienes.
George – al parecer su matrimonio tiene dificultades, no se mantiene en su casa; va al teatro todo el día y regresa hasta muy entrada la noche.
Albert – supongo que se la pasa con esa mujer.
George – posiblemente, pero te aseguro que sigue en el teatro y todo lo que tenga que ver en el medio artístico, se volvió socio del señor Hathaway hace poco, no ha viajado a Londres desde que salió del colegio ni lo hará más, según comentó una fuente cercana a la madre de él.
Albert – Eleanor Beaker.
George – si, la famosa actriz de teatro.
Albert – pero estas cien por ciento seguro que no viajará nunca más a Londres, es tan confiable tu fuente.
George – si, al parecer la relación con su padre no se ha estabilizado del todo; además de eso si decidiera regresar inmediatamente lo nombrarían Duque lo obligarán a sustituir a su padre.
Albert – es algo a lo que ha temido toda su vida -dijo recordando- y no creo que corra el riesgo entonces -dijo pensativo- es todo.
George – sí, le dirás a Candy.
Albert – no, a menos que ella lo pregunte; sabes que dejo de leer el diario con tal de no encontrar nada sobre él.
George – pero creo que tu deberías informarle todo esto, inclusive la boda que fue el mismo día que.
Albert – lo sé, pero no sería nada agradable saberlo…el nacimiento de su hijo y la boda de Terry el mismo día –dijo sonriendo de lado- vaya que coincidencia no.
George - aún así tienes razón, entonces.
Albert – lo haremos -dijo mientras guardaba la carpeta en su escritorio- si todo sigue así partiremos en un mes así que haz los arreglos que sean necesarios; es suficiente tiempo para que Candy se recupere.
George – está bien se hará como tú digas -dijo levantándose de su lugar.
Albert – gracias George.
George – ve a descansar, lo necesitas -dijo sonriendo de lado.
Albert – ya lo creo -dijo sonriendo- puedes conseguir esa deliciosa tarta de limón que tanto le gusta a Candy...quiero llevársela últimamente ha estado muy triste y.
George – no tienes por qué darme explicaciones, como si no supiera que siempre la consientes.
Albert – gracias George -dijo moviendo su mano en forma de despedida.
George – vaya…vaya no pensé que caerías rendido al encanto de un par de niños traviesos –dijo sonriendo al mismo tiempo que salía del lugar.
Albert – encantado –dijo sonriendo- no solo eso –dijo suspirando- sino enamorado.
New York
Susana – como que se fue de viaje -dijo sollozando- pero sino llevaba más que su abrigo.
Eleanor – lo sé, Terry me lo contó...dijo que había sido imprevisto y que no sabría cuantos días se tardaría en volver.
Susana – a donde fue...le dijo que vendrá a casa, o él me esta.
Eleanor – no te preocupes -dijo interrumpiéndola- estoy segura que regresará.
Señora Marlow – su hijo solo ha traído desgracia a la vida de mi hija -dijo furiosamente- mire que dejarla aquí encerrada en su casa, cuando apenas hace unos cuantos días se casaron.
Susana – mamá por favor -dijo llorando- no digas esas cosas.
Eleanor – mi hijo es un buen esposo -dijo levantándose de su lugar- siempre está al pendiente de los cuidados de Susana, que no le falte nada.
Señora Marlow – que no le falte nada -dijo levantando la ceja- se burla de mi acaso.
Eleanor – claro que no.
Señora Marlow – si Terry hubiera querido que no le faltara nada, le habría dado la disponibilidad de utilizar su dinero, al cabo y son esposos no.
Eleanor – al parecer eso le importa mucho no.
Señora Marlow – yo no me creo eso que anda haciendo algún trabajo -dijo levantando la ceja- sigue empeñado con esa mujer, solo quiero aclararle algo…si Terrence no regresa yo misma iré a buscarlo.
Eleanor – está dudando de la palabra de mi hijo -dijo cerrando el puño con furia.
Señora Marlow – solo le digo que.
Richard – no tiene por qué alzarle la voz a Eleanor -dijo entrando al lugar.
Señora Marlow – Duque de Grandchester -dijo levantándose de su lugar rápidamente haciendo una reverencia- bien...bienvenido -dijo titubeando nerviosamente al tenerlo frente a ella.
Susana – mamá por favor -dijo llorando- ya quieres callarte no quiero escuchar nada más, a nadie -dijo moviendo su silla de ruedas para salir de ahí.
Señora Marlow – ve lo que logra su hijo -dijo mirando a Eleanor para luego salir tras su hija.
Richard – que pasó -dijo frunciendo el ceño.
Eleanor – es que Terry -dijo poniéndose una mano en la frente.
Richard – estás bien.
Eleanor – sí.
Richard – que pasó con Terry.
Eleanor – fue a buscar...al parecer encontró a un viejo amigo que le podrá decir dónde encontrarla.
Richard – cómo -dijo frunciendo el ceño- aún insiste en eso.
Eleanor – no se la ha podido sacar del corazón, y lo entiendo.
Richard – Terrence...Terrence...estás perdiendo tu tiempo destruyendo tu vida -dijo así mismo- vamos te llevo a casa querida.
Eleanor – si.
Chicago
Mary – le dije que no puede entrar.
Terry – es urgente -dijo abriendo la puerta abruptamente.
Mary – pero señor –dijo tras él.
Terry – Albert eres tu -dijo al ver la silueta del hombre que se encontraba cerca de la ventana.
Albert – Terry -dijo volteándose sorprendido al verlo.
Mary – lo siento señor pero él.
Albert – no te preocupes regresa a tu lugar -dijo quedando frente a su amigo.
Mary – como ordene, con permiso -dijo cerrando la puerta.
Terry – ha pasado tanto tiempo –dijo dando unos pasos para luego darle la mano.
Albert – si muchos años -dijo sonriendo de lado al mismo tiempo que recibía el saludo, nunca se había puesto nervioso ante la presencia de alguien pero esta vez había sido diferente nunca imagino tenerlo de frente así tan sorpresivamente, trato de disimular los nervios que lo hizo sentir- has cambiado mucho Terry ya eres otro.
Terry – y tú también -dijo sonriendo- pero sigo siendo el mismo chico que conociste aquella noche.
Albert – si claro -dijo sonriendo de lado ofreciéndole lugar.
Terry – tenía que comprobarlo yo mismo...y no me lo creo.
Albert – lo sé, los chicos dijeron lo mismo -dijo sonriendo.
Terry – el misterioso abuelo William que tanto mencionaba Candy.
Albert – así es.
Terry – nunca lo imagine, y cuando te conocí -dijo sonriendo.
Albert – si lo sé, siempre me ha gustado andar por muchos lugares, pero ahora ya no podre más -dijo sonriendo de lado.
Terry – lo siento mucho, se cuánto te gusta andar viajando…pero cuando quieras portarte mal, avísame -dijo guiñándole el ojo.
Albert – lo haré...y bien dime que se te ofrece, a que debo el honor de tener al mismísimo Terrence Grandchester en esta oficina.
Terry – jajaja solo soy Terry no me gusta tanta formalidad.
Albert – lo sé –dijo sonriendo.
Terry – no sé porque me lo preguntas, tú sabes a que he venido -dijo inclinándose hacia él- no es necesario que te le diga o explique cierto.
Albert – tienes razón discúlpame –dijo levantando la ceja- asi que quieres saber el paradero de Candy y por eso acudes a mí.
Terry – así es.
Albert – ya me habían comentado los chicos que tú la has estado buscando, inclusive que los fuiste a visitar a Annie y Archie…que también fuiste al hogar de pony.
Terry – no te puedo negar que lo hice, no sabes lo desesperado que estoy por encontrarla de saber de ella, donde está o cómo está.
Albert – según recuerdo ella te dejó el camino libre para que fueras feliz con Susana.
Terry – yo no puedo serlo con ella -dijo furioso- no sabes cómo me atormenta cada día...puede ser muy bonita pero...pero nunca como mi pecosa.
Albert – tanto la amas -dijo seriamente.
Terry – con toda mi alma, más después de que -dijo quedándose en silencio un momento- supongo que sabes lo ocurrido en New York.
Albert – sí, me lo dijo...toooodo -dijo haciendo énfasis en la palabra.
Terry – Albert no sé qué decirte -dijo cabizbajo.
Albert – simplemente que la amas -dijo suspirando- y que fue un acto de amor.
Terry - tenía otros planes la quería a mi lado para siempre, casarme con ella, pero no esperaba que se alejara de mí, mucho menos pensé que Susana tendría ese accidente...no sabes cuan culpable me siento.
Albert – lo imagino, pero tú no tienes la culpa de lo que sucedió solo pasó…el destino no quiso que fuera de esa manera además Candy solo cumplió su promesa.
Terry – y lo que me dijo esa noche...no valía la pena -dijo furiosamente, mientras sus ojos se empezaban a llenar de lágrimas- los planes que hicimos juntos no fue nada.
Albert – cálmate.
Terry – no puedo...no puedo, no sabes cómo me siento sin ella...no soy nada, desde que se fue me quede vacío.
Albert – no digas eso, tienes una vida, tu pasión por el teatro, a tu madre...tienes todo para poder sobrevivir y ser feliz.
Terry – no lo tengo todo Albert...no tengo su amor, no la tengo a ella conmigo, tienes que ayudarme a encontrarla, tu sabes dónde está verdad -dijo mirándolo fijamente- te lo dijo no creo que la hayas abandonado.
Albert – lo siento yo -dijo sintiendo flaquear ante la mirada de su amigo, el verlo en ese estado lo hizo sentir muy mal, el aprecio que le tenía a ese hombre frente a él aún estaba presente, pero ante todo estaba proteger a su pequeña como se lo prometió, su corazón se estrujó de solo imaginar el dolor tan grande que sentía su amigo, imaginó que así sería para él si algún día se separara de ella- solo me escribió una carta antes de que decidiera irse para siempre -dijo mintiendo.
Terry – como dices -dijo sorprendido- en...en una carta.
Albert – se marchó sin decir nada más; no dejó pista alguna...no aviso nada a nadie.
Terry – no puede ser que no te haya dicho a donde iba.
Albert – créeme no lo hizo -dijo suspirando sintiendo mucho dolor el mentirle a su amigo- yo también he estado buscándola...tu sabes cómo es ella, ama la libertad no le gustan las ataduras.
Terry – lo sé, como soy yo también –dijo recordando- ay pecosa -dijo golpeando el escritorio con su puño.
Albert – me temo que no puedo ayudarte esta vez Terry lo siento mucho –dijo con pesar.
Terry – ya lo creo -dijo parándose de su lugar, para luego limpiarse el rostro.
Albert – le prometiste ser feliz no.
Terry – si lo sé, y ella prometió lo mismo...supongo que ahora lo estará -dijo suspirando.
Albert – se feliz te lo mereces -dijo golpeando su hombro- eres un buen hombre y no dudo que llegues a enamorarte de tu esposa.
Terry – talvez -dijo en forma de susurro- bueno entonces tengo que irme no tengo nada más que hacer aquí -dijo dándole la mano- tú eras mi última esperanza supuse que tu sabrías pero –dijo suspirando, para luego levantarse de su lugar- me dio mucho gusto verte de nuevo.
Albert – a mí también me dio mucho gusto verte y saber que estas bien...siempre estaré aquí cuando me necesites o puedes escribirme.
Terry – gracias, toma esta es mi tarjeta -dijo entregándosela- te escribiré seguido y cuando pueda vendré a visitarte.
Albert – New York -dijo tomando la tarjeta en sus manos para luego leerla.
Terry – esa es la dirección de mi residencia.
Albert – pensé que estarías en Londres -dijo aparentando no saber nada y así confirmar la información que tenía de él.
Terry – no lo es, no podría volver a ese lugar...todo me haría recordarla, además hay algo en esa ciudad que detendría mis planes -dijo pensativo- sabes a que me refiero, seguro lo recuerdas.
Albert – claro…el ducado.
Terry – así es -dijo suspirando- además nunca llevaría a Susana a un lugar como ese, tiene un significado importante para mí.
Albert - está bien -dijo seriamente- comprendo…y cuando puedo yo también te escribiré o puedo llamarte.
Terry – gracias no sabes cuanto te lo agradezco, en verdad necesito la compañía de un buen amigo –dijo sonriendo de lado- que dices tienes mucho que hacer para que me acompañes a tomar una copa antes de que vuelta a New York.
Albert – bueno yo.
Mary – señor disculpe que lo interrumpa -dijo ingresando- pero llamo la señora y.
Albert – yo la llamaré -dijo interrumpiéndola, para luego sentirse nervioso por la imprudencia de su secretaria.
Mary – solo me pidió si por favor puede llevar unos pañales para el bebé y el ungüento que.
Albert – está bien -dijo interrumpiéndola nuevamente- si vuelve a llamar dile que iré con el doctor Martín que no se preocupe…ahora puedes retirarte -dijo nerviosamente.
Mary – si señor -dijo saliendo del lugar.
Terry – bebé -dijo levantando la ceja- tienes…tú tienes un hijo -dijo sorprendido.
Albert – bueno -dijo sin poder terminar de hablar- yo no.
Terry – felicitaciones amigo -dijo interrumpiéndolo- que bien guardadito lo tenías ehhh -dijo guiñándole el ojo- y dime quien fue la afortunada.
Albert – yo.
Terry - me alegro que tú seas feliz.
Albert – bueno no se si.
George – William tengo que -dijo interrumpiendo- lo siento no sabía que tenías visita -dijo mirando fijamente al hombre que estaba ahí.
Terry – no se preocupen por mí, ya me iba...creo que lo de la copa lo dejaremos para otra ocasión –dijo guiñándole el ojo- te deseo lo mejor Albert y dale mis felicitaciones a tu esposa.
Albert – gracias...supongo -dijo en forma de susurro.
Terry – adiós -dijo saliendo del lugar.
Albert – adiós -dijo mirándolo salir del lugar.
George – que hace él aquí -dijo sorprendido para luego cerrar la puerta tras de sí.
Albert – llegaste justo a tiempo -dijo dejándose caer en el sillón.
George – y que fue eso de tu esposa -dijo sentándose frente a él- acaso él sabe qué.
Albert – no le dije nada…pero estuve a punto de hacerlo, si tú no llegas no sé qué hubiera pasado.
George – entonces.
Albert - déjame contarte -dijo respirando aliviado.
Lakewood
Días después
Candy – otro día más -dijo perdiendo su mirada en el majestuoso paisaje que tenía al frente- y otro día menos para irnos de aquí -dijo suspirando, para luego mirar a su hijo dormir plácidamente- espero me perdones por lo que voy a hacer -dijo acercándose a la cunita- es por tu bien solo deseo que seas feliz -dijo sollozando, para luego voltear su mirada hacia un lado notando un brillo que le llamo la atención- que es esto -dijo caminando hacia el sillón de donde provenía esa luz- Albert ha dejado su saco -dijo tomándolo en sus manos para luego abrazarse a él, sintiendo aún su calor , impregnándose de su aroma- mi príncipe de la colina -dijo suspirando para luego notar que algo caía- que es esto -dijo agachándose para tomar el trozo de papel que yacía sobre la alfombra, al hacerlo vió el contenido del mismo lo que la hizo sentir desfallecer, sus ojos se abrieron a más no poder...sentía sus piernas flaquear, su corazón acelerarse y de nuevo ahí estaba esa sensación de mariposas en el estómago que solo él la hacía sentir- no...no puede ser -dijo titubeando sintiéndose mareada, logrando apoyarse del sillón sin soltar la tarjeta.
Albert – buenos días pequeña -dijo abriendo la puerta, quedándose en silencio al notar el semblante de ella- Candy -dijo corriendo hacia ella, para luego sostenerla en sus brazos.
Candy – A...Albert -dijo nerviosamente.
Albert – que pasó -dijo cargándola en sus brazos- te llevaré a la cama.
Candy – Albert -dijo llorando.
Albert – que pasa -dijo preocupado al verla, al mismo tiempo que la colocaba en la cama- te sientes mal.
Candy – oohhh Albert -dijo abrazándolo.
Albert - que pasa pequeña dime que sucede, me preocupas -dijo acariciándola.
Candy – vi...vi esto caer y -dijo sin poder hablar.
Albert – que cosa -dijo mirando su mano, notando lo que tenía- ya veo.
Candy – como la conseguiste -dijo deshaciendo el abrazo.
Albert – él fue a buscarme.
Candy – que -dijo sorprendida sin dejar de llorar- que te dijo, que le dijiste...tú no.
Albert – tranquila -dijo tocando su rostro- no le dije nada, no te preocupes.
Candy – oohh Albert tengo tanto miedo, que sepa de Alex y quiera llevárselo -dijo llorando.
Albert – eso no va a suceder nunca.
Candy – quiero irme lo más pronto posible, no puedo estar más aquí en este lugar.
Albert – sabes que por ahora no se puede, tenía planeado que lo hiciéramos en un mes pero tendremos que esperar que termine la guerra.
Candy – pero y si viene a Lakewood -dijo llorando- y si te siguió -dijo nerviosamente- si sabe dónde estoy y.
Albert – sshhh tranquila él no lo hizo, ese mismo día regresó a New York no creo que vuelva por aquí.
Candy – en verdad lo crees.
Albert – no sabes lo mal que me sentí el haberle mentido.
Candy – lo sé, es tu amigo -dijo mirándolo- discúlpame yo fui quien te pidió que lo hicieras.
Albert – si vieras lo desesperado que esta -dijo seriamente- él te ama Candy no ha dejado de hacerlo...no crees que sería mejor que tú.
Candy – no...no Albert -dijo interrumpiéndolo- no puedo hacerle eso a Susana se lo prometí.
Albert – sacrificándolo a él por la felicidad de una persona a la que no se atreve a mirar ni siquiera a los ojos -dijo seriamente- la que detesta, a la que no ama.
Candy – pero él se casó -dijo cabizbajo- y como sabes todo eso.
Albert – sus padres y tú lo orillaron a que lo hiciera, y no le quedó otra forma de cumplir tu promesa…la promesa que tú le hiciste hacer; te has puesto a pensar que Susana lo merece.
Candy – creo que sí, Te -dijo quedándose en silencio- sé que él es un buen hombre y la hará feliz.
Albert – cuando vas a aprender a dejar de tomar decisiones por los demás -dijo furiosamente.
Candy – Albert -dijo sorprendida al ver la reacción de él.
Albert – lo siento -dijo respirando profundamente- tengo que irme a la oficina, si te dejo sola me prometes que no huirás.
Candy – te lo prometo.
Albert – bien -dijo levantándose de su lugar.
Candy – Albert -dijo mirándolo fijamente- siento mucho que te haya involucrado en mis cosas, no pensé que pasarían así.
Albert – creo que deberías buscarlo y hablar con él -dijo dándole la espalda- piénsalo...te veo en la noche -dijo tomando su saco para luego salir del lugar.
Candy – Albert -dijo sorprendida al verlo marcharse- buscarlo...buscarlo -dijo en forma de susurro, mirando detenidamente la tarjeta que tenía en sus manos repasando con sus dedos las letras que formaban su nombre, aún podía sentir su calor y hasta sentir su aroma en ese pequeño trozo de papel- Terry -dijo repitiéndose una y mil veces más, haciéndola tomar una decisión definitiva.
Continuará…
