Querido diario.
No fui a clases el día de ayer, suerte por Frederick que no tuvo que ligarse que congelara su trasero para darle algún que otro resfrío. Porque ayer fuimos al viaje que hacemos en familia cada unos cuantos meses desde que tengo memoria. Otra de las tradiciones de los Frost.
Mis padres me llevaron a la vieja granja, que por cierto queda a unas horas del palacio, para visitar a los Garthf, una pequeña familia de un único pero amable anciano y su sobrino que vive con él. Me entristece ver a mamá llorar cada vez que nos vamos de allí. En un principio, le traemos regalos y dinero para ayudar con su granja al señor Garthf, comemos entre todos, papá nos hace reír y nos despedimos. Y ahí es cuando mamá deja de sonreír para llorar en silencio.
El señor Garthf solía ser el hombre más desdichado de todos, había perdido a su único hijo y debía sostener por su cuenta a la precaria granja. Pero mis padres siempre hacen lo posible para ayudarlo económicamente, y también sentimental. Lo visitan en cuanto pueden para hacerlo sonreír. Me gusta acompañarlos porque dicen que al hombre le hace más feliz verme con ellos. El anciano es un buen hombre, siempre intenta estar de buen humor y es en verdad muy simpático al recibirnos en su casa, no como miembros de la realeza, sino como íntimos amigos. Nunca me aburro de ir, tienen muchos animales con los que con el sobrino del señor Garthf solemos jugar y perseguir por los ricos campos cultivados.
Una vez le pregunté a papá por qué íbamos siempre a aquella granja si no eran familiares o algo parecido, mientras veía a mamá secándose las lágrimas con su pañuelito, caminando delante de nosotros. Papá siempre le dejaba un espacio para que ella pudiese descargarse y luego la abrazaría sin soltarla hasta ir a casa. Él me explico, en voz baja para que apenas yo lo pudiese oír.
–El hijo del señor Garthf ha sido un buen amigo nuestro, sobre todo de tu madre. Venimos a visitar a su familia en cuanto podemos, como lo prometimos que haríamos siempre. Para poder brindarle al señor Garthf un granito de arena de nuestra ayuda. Ese hombre ha pasado por mucho. Esperamos que también puedas seguir con esa tradición cuando seas mayor. – habló hinchando el pecho, e intentando sonar casual. Pero él también se veía triste. – Si no hubiese sido por su hijo, tu madre y yo no estaríamos aquí. Y tú tampoco. Le debemos más que la vida.
Mordí mi labio inferior, me angustiaba pensar en perder a mis padres.
–¿Cómo se llamaba? – pregunte con cautela. Sabía que era un tema delicado, pero no conocía la historia de nuestras visitas.
–James. James Brander Garthf. Él era un hombre muy valiente y luchador. Había trabajado casi toda su vida en hacer resurgir su granja.
–¿Qué le pasó a su granja?
–Generaciones atrás, sufrió un increíble incendio que acabó con todo, tal como su nombre lo indica. Desde entonces, los Garthf intentaron salvar la granja, sin mucho éxito. A penas tenían para comer o mantener su casa.
–¿Y cómo es que les salvó la vida?
–Bueno… Hubo un tiempo atrás, en el que tu madre y yo… Tuvimos cierto conflicto. Fue cuando ella se enteró de su inmortalidad, ya conoces la historia. Pero no la parte en la que James entra en la misma. Ella estuvo para tu madre cuando yo no pude…
–¿Tú qué? – le reproché, casi a los gritos. Él me miró, sorprendido, y una pequeña sonrisa de deslizó por sus labios. Siempre dice que heredé el sermón de mamá. Y luego, la sonrisa se esfumó para tomar la misma seriedad de cuando contaba la historia.
–No me mires así. – apretó mi mano con cariño mientras caminábamos por el camino de tierra – Fueron tiempos difíciles, sobre todo para nosotros. Hasta que entendimos que nuestro amor era más fuerte que nada…
–Al grano. – interrumpí. En ocasiones papá llegaba a ser muy cursi.
–Bien, bien. – no tenía ganas de retarme por mi imprudencia. En verdad estaba triste… – Elise, debes saber que así como hay bondad, y luz en el mundo, también hay maldad y oscuridad. En aquel entonces, fuerzas muy malas y vengativas quisieron acabar con nosotros y nuestros amigos.
–¿Qué? ¿Por qué?
–Eres muy joven para entenderlo. – odiaba que me dijera eso. – Algún día lo harás, solo espero que no debas jamás afrontar lo que tu madre y yo sufrimos.
–¿Es esa la historia que me contaste a medias de la Tía Mérida y Rapunzel y Tío Hiccup?
–Exacto. Es un poco fuerte para que la sepa una niña de solo doce años, pero supongo que la tendrás que saber al pie de la letra en algún momento, mi querida. – suspiró, como si el recuerdo le aplastara el pecho – Esas personas malvadas nos atacaron, intentaron matarnos. Nos defendimos y casi perdimos la batalla. Nunca tuve tanto miedo en mi vida. Y por desgracia, James no pudo ser capaz de salir vivo de esa batalla en la que él de por sí nunca debió haber participado. Él debía estar en su granja o en cualquier lugar menos esa guerra. A diferencia de nosotros, él era normal, sin ningún poder con el que defenderse o habilidad. Y en un descuido, su vida fue tomada injustamente. – tomó más aire. –
Pero él amaba tanto a tu madre que la había seguido cuando ella huyó de su hermana para buscar una solución a su inmortalidad, incluso estuvo a su lado cuando yo debí haberlo estado.
–¿Él la amaba? – soné sorprendida. Sí que lo estaba. Siempre creí que mi mamá y papá se amaron desde que se vieron, y no que incluso hubo alguien entre medio. Alguien que no fuese papá.
–Sí, y mucho. Casi tanto como yo.
–¿Y por qué no estuviste con ella cuando más lo necesitó?
– Elise… – dijo después de suspirar – Hay cosas que uno hace y jamás entenderás. Es ley de vida. Yo quería estar con ella, a su lado. Estaba harto de pelear, de dejarla pelear sola ante sus batallas. Pero como un cobarde, orgulloso, la abandoné. Debí haberme quedado con ella, así tal vez jamás nos hubiéramos enfrentado en esa guerra que por poco perdimos, y nadie hubiera muerto. Aunque no fue mucho el tiempo que estuvimos alejados, ya que nos reencontramos un día junto al resto de los chicos, nuestros amigos. Fue una travesía estupenda, hasta el día del inesperado ataque. James quería tanto a tu madre que murió por ella. La protegió con su último aliento, ni siquiera lo dudó.
–Pero si tú eras su Guardián…
–Él también lo fue, querida. Tal vez no de la misma forma, pero él la defendió. Puso la vida de tu madre ante la suya y…– miró a mamá, que caminaba delante de nosotros con la cabeza gacha, como si desease borrar su angustia con tan solo mirar su espalda. – Elsa no puede evitar sentir culpa por su muerte. Si no hubiese sido por ella, James seguiría vivo.
Aferré la mano de papá con más fuerza. Estaba claro que no había nada que yo podría hacer, más que decir que lo sentía. Miré hacia arriba, y vi como un pequeño destello corría a cuestas por la mejilla de papá. Él intentó recobrar la compostura.
–Por ello venimos, Elise. A recordar su memoria. James ha sido un héroe, a veces un poco irritante, pero él dio la vida por tu madre como yo mismo lo haría. Y eso se lo agradeceré por siempre. No habrá tenido títulos, ni medallas, ni reconocimiento mundialmente, pero tuvo más que ello. Recordaremos su poderosa valentía, sacrificio y amor, y protegeremos a quienes él no puede seguir haciendo.
Mientras caminábamos por el sendero del extenso campo hasta el carruaje que esperaba en la entrada, los tres alzamos la vista a una roca del lado izquierdo del camino. Allí había una inscripción tallada junto al símbolo real de Arendelle. "Que en paz descanse, James Brander Garthf. Hijo, amigo y héroe fidedigno, guardián y ángel protector de la Reina Elsa por excelencia. Por siempre en nuestros corazones."
E inclusive yo lloré.
Sentados en el carruaje, papá nos abrazó como hacía constantemente, pero esta vez era diferente. Era un abrazo contenedor, más sólido. El día de repente había tomado un tono gris y afligido. Y nuestras lágrimas ahogaban el lamento del eterno recuerdo de alguien querido, que incluso yo no podía impedir querer. No conocía al tal James, pero le agradecía que hubiese salvado a mis padres. Le agradecía la vida. Y esperaba que donde sea que estuviese, estuviese feliz.
