Capitulo 2

Capitulo 2

Caminaron a una distancia prudente, hasta llegar al Gran Comedor. Sus puertas estaban cerradas, y eso puso más nerviosa a Hermione. Quiso preguntarle algo Malfoy, pero antes de abrir la boca, las puertas estaban abierta de par en par, y los alumnos que estaban mas cerca de la entrada, fueron los primeros en mirar a la pareja que entraba.

Lo que ellos vieron fue a Draco Malfoy, y a una muchacha que le llegaba al hombro, con el cabello negro como el carbón. Sus ojos castaños recorrían la sala con impaciencia, brillando a la luz de las velas que iluminaban el lugar. Nadie paso por alto la forma de su rostro, con la barbilla un tanto puntiaguda, pero que la hacia perfectamente hermosa, con facciones finas, y femeninas.

Hermione se quedo en el mismo lugar done había pisado la ultima vez, sin respirar.

Draco recorría, también el salón con la mirada. Finalmente se volvió hacia ella con suma elegancia y vio que Hermione estaba petrificada en el lugar. Miro al frente y cruzo su mirada con la de McGonagall, asintiendo levemente. Ella también asintió y se puso en pie.

—Bueno mis queridísimos alumnos. Ella es la señorita Carlin, Natalie Carlin. Viene a cursar su séptimo año aquí, en Hogwarts. Interrumpiremos su cena unos minutos, mientras la señorita Carlin es tan amable de acercarse hasta acá, y tomar asiento en el taburete que trae la profesora Sprout — dijo McGonagall ante la atenta mirada de todos los alumnos presentes. Hermione pudo notar que eran muchos menos. Las mesas estaban ligeramente vacías. —Señorita Carlin, si es tan amable de acercarse por favor —

Hermione no podía moverse. Sentía como sus piernas flaqueaban poco a poco. En cualquier momento caería al suelo. Fijo su mirada en Harry y Ginny, que a su vez la miraban a ella con el entrecejo fruncido. Verlos ahí, la hizo sentir peor.

Pero no pudo continuar pensando en nada más. Draco la había tomado del brazo, y la llevaba casi a rastras hasta el frente. —Cuidado me haces daño — murmuro Hermione soltándose, y comenzando a caminar lentamente por si sola.

Llego al frente y miro a McGonagall. No paso por alto el acabamiento de la profesora que mas admiraba. Ella le sonrió y la invito amablemente a tomar asiento. Había algo en su mirada que inquieto a Hermione. Parecía ser que sabía que ella no era realmente Natalie. Pero no presto mayor atención.

Se sentó en el taburete como hacia 6 años. La diferencia es que esta vez sabía a que casa iría.

— ¡Slytherin! — grito el sombrero cuando ni siquiera había sido puesto aun sobre la cabeza de Hermione.

—Bien Natalie. Vaya a la mesa de Slytherin — Hermione se levanto y vio que Draco le había guardado un asiento junto a él.

Camino con tranquilidad, bajo la atenta mirada del resto de estudiantes.

—Otra serpiente a la colección — murmuro Harry a Ginny mientras miraban de mala manera a Hermione.

Hermione llego a la mesa de Slytherin y tomo asiento junto a Draco. Lo primero que hizo fue cerrar los ojos y desear con todo su ser, que cuando los abriera estuviese en la mesa de Gryffindor, sentada junto a Harry y Ginny, escuchando las torpezas que hablaba Neville, o cualquier cosa, pero menos estar sentada en la mesa de Slytherin, junto a Malfoy.

La otra voz que había escuchado en el tren la hizo abrir los ojos.

Blaise Zabini la miraba expectante con ojos de lechuza.

—Hola preciosa, me llamo Blaise Zabini. Por lo que veo, seremos buenos amigos — los Slytherin no tenían amigos. Solo sabían traicionarse los unos a los otros.

—Hola — fue la única palabra que logro articular. Le dolía la garganta como si hubiese estado gritando horas y horas.

—Buenas noches — Hermione alzo la mirada y se encontró con la azulada de Pansy. — Me llamo Pansy. ¿Cómo es que te llamabas? — Hermione antes de responder miro a Draco.

—Natalie, Natalie Carlin — contesto Hermione tímidamente. Nunca antes había estado entre tantas serpientes.

—No seas tímida Natalie. No te pasara nada malo con nosotros. No somos lo que todos dicen — replico Pansy sentándose frente a Hermione.

—Come algo Natalie — susurro Blaise.

—No quiero, muchas gracias — Hermione se sentía cohibida. Quería salir corriendo de ahí y tomar todo el aire que le fuera posible.

—Vamos Natalie, no queremos que nada malo te suceda — murmuro Pansy recargando todo su peso sobre la mesa. Desvió su mirada de Hermione y la fijo significativamente en la de Draco. — Dile que coma Draco. Tal vez a ti te obedece —

—Hazle caso a Pansy. Come algo — Hermione negó con la cabeza. Ahora sentía miedo hasta de hablar. Draco, por debajo de la mesa, le tomo la mano y la apretó. Hermione hizo su mayor esfuerzo para no demostrar lo doloroso que era.

Pero más doloroso para ella, era el sentirse humillada frente a esa tropa de Slytherin. Él tenía el poder sobre ella. Pansy se burlaba de ella con esa sonrisa hipócrita que tenia.

Extendió la mano y tomo un trozo de carne de cerdo. Lo comió calmada. Pero cuando iba a la mitad, Draco dijo con voz fría y arrogante.

—Nos vamos a la sala común, estoy muy cansado después del viaje. ¿Tú no, Natalie? — ella dejo el trozo de carne a un lado y asintió lentamente.

—Vamos entonces Draco — Pansy tomo a Draco del brazo y juntos, dejando atrás a Hermione con Blaise, caminaron con dirección a las mazmorras de Hogwarts.

En el camino Blaise comenzó a hablarle de algo que ella nunca supo que fue. No podía quitarse de la cabeza la imagen de Harry y Ginny, los dos con el semblante triste.

Llegaron finalmente a la sala común de Slytherin y Hermione pudo ver que era fría y oscura, pero estaba excepcionalmente decorada con hermosos cuadros. Las butacas era todas de cuero negro y el piso de piedra brillaba al compás de las velas.

—Escúchame bien Granger… — susurro Draco al oído de Hermione. La castaña se estremeció ante el mínimo contacto del aliento de Draco con su fría piel — Pansy te acompañara hasta arriba, no cometas una locura

—Vamos Carlin, has de estar cansada y quieres recostarte — siseo Pansy. Antes de comenzar a subir las escaleras lanzo una significativa a Draco.

Hermione no quería subir, tenia miedo de que ahí arriba le hicieran quien sabe que cosa.

Draco le asintió con sorna. Ella no lo pensó y se dejo guiar por Pansy. No sabia por que confiaba tanto en Draco, pero en ese momento él era la única persona que tenia.

Llego arriba con Pansy, y vio un pasillo repleto de puertas cerradas, con inscripciones de plata.

Pansy camino hasta el final del pasillo. Y se detuvo frente a la ultima puerta, con la inscripción de: "Natalie Carlin"

—Esta es tu habitación — la indico Pansy — Suerte con las serpientes… Granger — le sonrió irónicamente y avanzo hasta una contigua.

Hermione la siguió con la mirada, hasta que entro en la habitación. Estaba paralizada. Pansy sabía que ella no era Natalie Carlin. ¿Cuántas personas mas lo sabrían? Un escalofrió recorrió su espina dorsal.

Definitivamente necesitaba descansar. Al día siguiente comenzaban sus clases, y quería estar descansada para seguir siendo la mejor.

Entro a la habitación. Decorada en colores plata y verde. Para no gustarles esos colores, le gustaba la decoración de la habitación. Valía la pena variar de los colores de Gryffindor.

A su mente volvieron las imágenes de Harry y Ginny. No podía evitar sentirse mal por ellos. Tal vez podría romper las reglas impuestas por Malfoy, y contarles que era ella.

Inmersa en sus cavilaciones, la puerta se abrió de repente. Por ella entro un Draco altanero, mirando la habitación con recelo.

—Bonita habitación Granger — comento cerrando la puerta tras de si. Hermione estaba sorprendida.

Tenía entendido, que en cualquiera de las cuatro casas, ningún muchacho podía subir a los cuartos de chicas.

Al parecer Slytherin era la excepción. Al parecer tenían los mejores privilegios.

— ¿Qué estás haciendo aquí Malfoy? Quiero descansar, y para eso he de estar sola — replico Hermione sentándose en un tocador que había en la habitación. Le gustaba su nuevo aspecto, pero prefería su propio cuerpo. Este era extremadamente curvilíneo y su rostro demasiado aristocrático para su gusto.

— ¿Ahora prefieres descansar sola? — la pregunta la tomo por sorpresa. Se miro al espejo, y vio que este le reflejaba sus mismos ojos castaños. Mantenían su mismo brillo, y le reflejaban el nerviosismo que provocaba tener a Draco, ahí, en su habitación.

—Siempre he preferido descansar sola — respondió de manera distante. Draco sonrió irónico. Tomo asiento en la cama y comenzó a recorrer con la yema de sus dedos la suave ropa de cama.

—No lo creo — Hermione se levanto y se acerco a él. Estaba irascible. Le parecía insólita la manera en que Malfoy buscaba alterarla. Pero no caería en su trampa.

Draco se levanto impávido y se acerco a ella. Se miraban desafiantes, con ganas de quitarse los ojos con las manos. No le dio ni tiempo de respirar a Hermione, cuando había comenzado a besarla.

El beso iba cargado de deseo y ganas de evocar los viejos tiempos. Pero ella no le iba a aguantar que entrara así como así en su habitación, y la besara como si nada hubiera pasado.

Se separo haciendo uso de su fuerza de voluntad, por que no podía negar que esos besos la encandilaban.

— ¿Qué te pasa ahora Granger? — pregunto Draco exasperado. La deseaba, quería tenerla entre sus brazos, y olvidarse del mundo por un segundo.

—Pasa Malfoy, que no estoy interesada en enrolarme con un mortifago como tú. ¿Con cuanta sangre inocente, te has ensuciado tus finas manos ya, Malfoy? ¿No te remuerde la conciencia? — pregunto Hermione agitada y ansiosa. Draco la sostuvo por los hombros con fina brutalidad.

No contestaba, de su boca no salía más que el aliento calido que daba contra la cara de Hermione. Él no se había manchado las manos con sangre inocente, ni tampoco pensaba hacerlo. Eso era algo que su padre aun no le mandaba a hacer, y agradecía que las paredes de ese castillo, lo mantuviesen a salvo de hacerlo.

—No sabes lo que dices Granger — la soltó con brusquedad, y salio de la habitación, dando un portazo que retumbó en los oídos de Hermione.

Hermione se sintió aliviada de por fin encontrarse a solas consigo misma. Aun no sabía si ese hechizo duraría hasta mañana. "Eso debe saberlo Malfoy".

Quería descansar. Pero primero necesitaba un reconfortante baño. Así lo hizo, y cuando ya estuvo lista con su camisón, se tumbo en la cama boca arriba, resumiendo todo lo que le había ocurrido en dos días, y como había cambiado su vida.

Sin dejar de pensar en todo eso, cayó en los calidos brazos de Morfeo.

Al día siguiente despertó con el corazón oprimido. Tenía la ligera impresión de que todo había sido un sueño. Pero esa ínfima idea había desaparecido al darse cuenta que todo era verde y plateado.

Se levanto con desanimo, y encontró sobre su baúl, la túnica con la insignia grabada con la serpiente, que representaba a los de Slytherin.

Vio la hora. Se había levantado tarde. Tomo un rápido baño y se vistió lo más rápido que pudo. Su cabello era fácil de peinar, puesto que era de un liso extremo, y no demoro más de cinco minutos en secarlo y arreglarlo.

Vio un conjunto de maquillaje apostado en el pequeño tocador. Nadie se reiría de ella si se maquillaba, total era Natalie Carlin, no Hermione Granger.

Se puso un poco de brillo labial que resaltaba sus carnosos y rojos labios, y delineo sus ojos de negro.

Cuando se encontró lista, con todos los libros que necesitaba en su mochila nueva, salio a encontrarse con el grupo de serpientes.

Saliendo de su cuarto se encontró a Pansy situada fuera de su cuarto.

—Vamos, Carlin. Tenemos que bajar a desayunar antes de nuestra primera clase de pociones. Compartimos con los Ravenclaw — Hermione la siguió, hasta que llegaron a la sala común.

Hermione vio a Draco con su perenne cara de autosuficiencia. A su lado estaban Crabbe y Goyle. A Hermione le pareció realmente extraño que Zabini no estuviese dentro del grupo.

Draco la recorrió con la mirada. Llevaba la falda mas corta de lo que acostumbraba Hermione Granger, y no paso por alto el brillo labial y el retoque en los ojos.

—Apresúrense. Ya saben que a Snape no le gusta que lleguemos tarde, aunque seamos sus preferidos — y encabezo el sequito que se dirigía al Gran Comedor.

Subieron las escaleras de piedra, hasta llegar al vestíbulo, atiborrado de alumnos que se apresuraban para no llegar tarde a su primera clase del día.

Hermione estaba ya preocupada por que llevaba un día de retraso de apuntes, deberes y demaces.

Cuando entraron en el Gran Comedor, Draco dirigió su primera mirada a McGonagall.

Llegaron hasta la mesa de Slytherin, donde Blaise, ya desayunaba junto a Millicent Buldstrode, la que le hablaba animadamente, mientras el moreno asentía con sumo cansancio. Parecía que en cualquier momento su rostro caería sobre el plato de cereal que comía.

— ¡Draco! — chillo Millicent al ver al güero acercarse. El aludido mostró su eterna cara de repulsión contra la pobre muchacha.

—Mantente alejada de mi Buldstrode — advirtió antes de que ella se pusiera en pie.

La pobre rompió en lagrimas y salio corriendo del comedor. Hermione no pudo evitar sentir pena por ella.

Tomo asiento junto a Draco. Comió lo más que pudo, que no pasó de ser un poco de cereal y jugo de calabaza. Tenia el estomago encogido de los nervios. No sabía por que, pero lo que tenía bien en claro era que por ella se habría quedado todo el día en la habitación.

Termino el desayuno, y Harry y Ginny no habían hecho su aparición en el comedor.

Relativamente preocupada se encamino de nuevo a las mazmorras, para su primera clase de pociones. Seria algo más fácil, supuso ella, al ser una Slytherin.

Llegaron a la fría aula del profesor Snape. Él ya estaba dentro, escribiendo algo el pizarrón con su varita. Algunos Ravenclaw ya estaban acomodados, para su primera clase de pociones.

Hermione fue a sentarse directamente con un Ravenclaw que no había visto en su vida, pero Draco la sostuvo de la túnica y la sentó en la fila de al medio.

Hermione se sentó a regañadientes junto a él. No quería tenerlo cerca ni un minuto.

—Bien, hoy aprenderemos la poción crecehuesos. No es nada complicado y no tarda demasiado. ¿Alguien sabe cuales son los ingredientes que se requieren para esta poción? — Hermione alzo la mano rápidamente. — Señorita Carlin. Vaya, vaya, vaya, tal vez aquí tengamos otra sabelotodo insufrible — Hermione se ruborizo. Draco cerró los ojos cansado. Si ella seguía así, la descubrirían en menos tiempo de lo que tardaba en decir "Crucio". — Los ingredientes están anotados en el pizarrón por si no se ha dado cuenta Carlin. Ahora, todos esos ingredientes pueden encontrarlos en los estantes. Sean cuidadosos — termino Snape, lanzando una fría mirada a Hermione.

Por un momento Hermione sintió la misma mirada con la que Snape la miraba cuando era Hermione. "No te puede mirar mal, eres una Slytherin".

Fue hasta el estante y trajo todos los ingredientes que necesitaba. Esa era una poción en extremo fácil. Ya l había preparado una vez. No le había supuesto nada. Comenzó a trabajar animadamente. Si se esmeraba, seria la primera en terminarla, y Snape la premiaría.

A su lado, Draco, trabajaba, pero también la observaba por el rabillo del ojo. Hermione tenía una expresión de niñata, que Draco no pudo reprimir una sonrisa.

Natalie alzo la mano para llamar al profesor. En su rostro se notaba el triunfo. Snape se acerco con paso decidido, y su eterna mueca de disgusto.

—Dígame Carlin. ¿Ha tenido algún problema con su poción? — ella negó fervientemente con la cabeza.

—He terminado — Snape entrecerró los ojos y se acerco lentamente al caldero de Hermione.

Snape casi metió su ganchuda nariz dentro del caldero. Aspiro el aroma e hizo una horrible cara de repulsión, no muy diferente a la que mostraba habitualmente.

—Esta muy bien Carlin. 20 puntos para Slytherin — dijo mirando a Draco significativamente.

Draco continuo preparando su poción, mientras Hermione comenzaba a leer uno de sus tantos libros.

Draco le quito el libro de sus manos y lo cerró.

—Si sigues así, todos se darán cuenta de que tienes un increíble parecido con Granger — le dijo en susurro que nadie alcanzo a oír.

—Pero no puedo bajar mis calif… —

—No eres tú, no importa las calificaciones que tengas — Draco parecía realmente furioso, por lo que Hermione no refuto.

Pero muy en su interior, deseaba seguir esa discusión, y decirle unas cuantas verdades.

No sabia que hacer. Estaba aburrida, y aun quedaba media hora de clases. En eso, entro en el aula la profesora McGonagall. Hermione sintió un gran alivio y estima al verla.

—Severus, necesito al señor Malfoy un segundo — Draco se volteo hasta la puerta y vio en el rostro de McGonagall, la impaciencia que la llevaba hasta ahí.

—Claro Minerva, pero que sea rápido — Snape dirigió las ultima frase mas a Draco, que a McGonagall.

Draco salio siguiendo a McGonagall, y Hermione se quedo intrigada de que era lo que estaba sucediendo.

Finalmente termino la hora de pociones, y Hermione se dispuso a buscar a Draco para preguntarle que había pasado con McGonagall, si le había dicho algo de ella, o lo que fuera.

Era medio día, y Draco no podía estar en el Gran Comedor. Su primera opción fue la sala común de Slytherin.

Siguió caminando por estas luego de salir del aula de pociones, hasta que llego frente al muro de piedra donde se encontraba la entrada a la sala común de Slytherin.

Pureza de sangre — murmuro Hermione al estar frente al muro.

Se abrió una puerta en el trecho de piedra, y por ella salio otro alumno. Entro y la encontró casi desierta. No había más que dos personas más, dentro de las que estaba Pansy.

Hermione aun no se olvidaba de cómo la había llamado la noche anterior, y no lo dejaría pasar.

—Parkinson — siseo, de una manera digna de una Slytherin.

—Carlin. ¿Qué haces aquí? Me imagine que saldrías a buscar a Draco

—No, bueno si. También lo busco a él. Pero antes me gustaría aclarar algo contigo — Hermione tomo asiento frente a Pansy, en una de las cómodas butacas. — Ayer, cuando me dejaste afuera de mi habitación, tú… —

—Te llame… Granger — susurro Pansy inclinándose sobre sus rodillas.

—Si, ¿Por qué lo hiciste? — Pansy soltó una fría carcajada que calo los oídos de Hermione.

Pansy se levanto y se acerco a la muchacha que estaba sentada en las mesas, haciendo una redacción.

—Vete de aquí. Para eso esta la biblioteca — la chica, de cuarto año, asumió Hermione, se levanto atemorizada. Ordeno sus cosas como pudo, y salio casi corriendo de la sala común.

—¿Por qué has hecho eso? — pregunto Hermione con el entrecejo fruncido.

—Por que así podremos hablar mas tranquilas — dijo con voz empalagosa.

Tomo asiento junto a Hermione, sonriendo como una boba. Sus ojos centelleaban a la luz de las velas que iluminaban la sala.

Se mantuvieron en silencio unos cuantos minutos, solo mirándose directamente a lo ojos, hasta que Pansy hablo.

—Se que no eres Natalie Carlin, pero si que eres Hermione Granger — Hermione no se sorprendió, ni se esforzó por intentarlo.

— ¿Cómo lo supiste? — pregunto socarronamente.

—Soy la mejor amiga de tu… ¿Cómo decirlo? ¿Tutor? Vamos Granger, además tu actitud te delata. Fanática de los libros, sabelotodo insufrible. Snape ya lo sospecha, y si sigues así, todos lo sabrán en unos pocos días — hablo delicadamente, y sin prisa. Hermione entornaba los ojos con cada palabra que la morena decía.

— ¿Es que acaso, Natalie no puede ser inteligente? — pregunto con aparente inocencia.

—No se si lo has notado, pero nosotros los Slytherin, nunca andamos por los pasillos, jactándonos de lo inteligente que somos — dijo poniéndose de pie. Hermione nunca había visto a Pansy Parkinson enojada, y al parecer esa seria la primera vez.

—Mira, siento que no encaje en su criterio de lo que debe ser una Slytherin, pero no lo soy, ni lo voy a ser. Además, mientras no sea Draco quien me lo diga, no cambiare mi forma de ser —

—En eso te equivocas. Draco ya te advirtió que debías dejar esas tonterías de leer en tu tiempo libre o de hacer cualquier cosa que hacia Granger — volvió a sentarse, acercándose Hermione, como si le fuera a contar una infidencia. Y lo que le dijo, no estaba lejos de serlo. — Escucha. Draco no hace esto por él, lo hace por ti, algún di lo entenderás — Hermione sintió como su sangre comenzaba, literalmente, a hervir.

Pero no le alcanzo a responder. En ese momento entró Draco, con las facciones mas endurecidas que de costumbre y el ceño fruncido.

Se quedo parado cerca de la entrada mirando a Pansy.

— Natalie, nos vamos. Tenemos encantamientos. — Hermione se puso en pie, nerviosa. Tomo su mochila y salio con Draco

Caminaron en silencio por el pasillo, hasta llegar a uno superior, antes del vestíbulo.

—No quiero que hagas nada. Tenemos clases con Gryffindor. Potter no estará ahí — Hermione frunció el ceño. Algo debía ocurrirle a Harry, no había ido al desayuno, y ahora no asistía a clases.

Camino junto a Draco a paso seguro. Cuando por fin llegaron al vestíbulo, Draco comenzó a caminar a zancadas y Hermione casi tuvo que correr para alcanzarlo. Llegaron al aula de transformaciones, que estaba solo con los alumnos de Gryffindor.

Draco y Hermione tomaron asiento juntos en la segunda fila de asientos, mientras la última observaba nostálgicamente a sus compañeros de Gryffindor. Para Draco no paso desapercibido, y la tomo del brazo con fuerza

—Deja ya de mirarlos así. Nunca nosotros los miraríamos así, y te estas delatando sola —

—Tal vez quiera delatarme sola — respondió Hermione soltándose del apretón de Draco.

Ambos se estaban dirigieron miradas asesinas, cuando McGonagall irrumpió en el aula, agitada y con los labios tan fruncidos que parecía que no tenia.

—Bien, quiero que en esta hora, siendo nuestra primera clase, hagan una redacción de 2 metros de pergamino, de lo que estudiamos el año anterior — su voz sonaba preocupada y parecía que acaba de gritar. — Yo me ausentare un momento — dijo saliendo del aula con paso apresurado.

Hermione se agacho para sacar su pergamino, pluma y tinta, cuando Draco la tomo de la mano y la levanto.

— ¿Qué vas a hacer? — pregunto haciendo un amago de sonrisa.

—Lo que la profesora McGonagall acaba de pedir — respondió colocando todos sus utensilios sobre la mesa, disponiéndose a comenzar

—Si claro, eso es lo que tú crees. ¿Ves a alguien mas que este haciendo algo? no. Entonces si no quieres levantar sospechas, deja esos malditos pergaminos y esa maldita pluma — susurro tan cerca de su oído, que Hermione sintió como un escalofrió la recorría desde la punta de los pies hasta la punta del pelo mas largo.

Hermione le sonrió y dejo la pluma junto al pergamino, sin pensar siquiera en completar la tarea que McGonagall había dictado. Draco a su lado la miraba por el rabillo del ojo.

— ¿Puedes dejar de mirarme Malfoy? — pregunto en voz demasiado alta, acercándose a él, mientras varios alumnos se volteaban a mirarlos.

— ¿Por qué he de hacer eso Natalie? — pregunto a modo de respuesta. Si había algo que aun le encantaba era hacerla fastidiar.

—Por que no me gusta sentirme observada, y menos por ti —

— ¿Será que te intimido Natalie? — la voz socarrona de Draco hizo enojar a Hermione.

—Tú no intimidas ni a tu madre Malfoy. — Draco miro a los que los observaban, de manera tan asesina que todos se asustaron y volvieron a sus labores. En tanto su mano se había deslizado hasta la pierna de Hermione, acariciándola, haciendo estremecer a su dueña. —Quita tu asquerosa mano de mi pierna, sino quieres que grite — siseo como una serpiente.

—Vaya, vaya, vaya. Veo que ya te estas acostumbrando a nosotros. Esa forma de hablar, no podría haberlo hecho mejor, Carlin — Draco no quito su mano, y al contrario siguió acariciando la pierna, con deseo. —Quiero que esta noche vayas a mi habitación — murmuro al oído de Hermione. La, ahora morena, contuvo la respiración y empalideció.

—Debes estar loco si crees que lo haré — fue su respuesta. No podía negar que esa voz, esa manera de hablar, la tentaba y la obligaba a acudir a su llamado. Pero tenia dignidad y orgullo, no podía, simplemente no podía.

—Se que lo harás, no eres capaz de oponerte mis encantos, aunque lo desees con todo tu ser — la voz de Draco era ronca, y mas de una muchacha, que había alcanzado a escuchar parte de su ronroneo, lo miraban con deseo.

—Yo no soy una de tus mujerzuelas. ¿Por qué no las buscas a ellas?

—Por que te quiero a ti — respondió quitando la mano y enderezándose. En el pergamino de Hermione había escrito: A LA MEDIANOCHE EN MI HABITACIÓN.

Hermione se mantuvo quieta, recreando la voz de Draco en su cabeza una y otra vez. ¿Podría aguantar la testación de ir a la habitación del rubio? ¿Seria capaz su cuerpo de traicionarla de ese modo?