Capitulo 3

Capitulo 3

Harry se paseaba de un lado para otro en el despacho en el que tantas otras veces había estado. En su mente aun deseaba que no fuera verdad.

-Me desilusiona señor Potter – murmuro McGonagall abatida, con el semblante serio.

-Profesora yo… -

-Sobre todo usted señorita Weasley, ¿Cómo es posible? –

-Pero…-

-Pero nada –

Harry camino hasta el escritorio y la miro a los ojos con tristeza. McGonagall lo miro y en el fondo sintió que era como estar mirando a James Potter, el día en que le habían pedido a ella y a Dumbledore, ayuda.

-Debe prometerme que nadie se va a enterar – susurro Harry mirando alternativamente a Ginny y a McGonagall. La profesora lo miraba ofendida, con un dejo de orgullo.

-Me ofende señor Potter…-

-Debe prometerme que nadie se enterara que Ginny esta esperando un hijo mío, solo eso le pido – grazno extendiendo la mano. McGonagall lo miro y le aferro la mano con fuerza.

-Tienes mi palabra Potter –

OoOoOoO

El día había pasado con intensa lentitud. Hermione aburrida y cansada, se sentó en una butaca cercana a la, ya apagada, chimenea, y comenzó a leer uno de sus libros favoritos.

Cuando iba recién en la 5 línea, el libro desapareció de sus manos. Alzo la mirada sabiendo quien era, y estiro la mano.

-Devuélveme mi libro Malfoy – dijo alzando la voz, llamando la atención de algunos de los presentes, en su mayoría alumnos de quinto año.

-No me hables así Natalie – comenzó a caminar en retrospectiva, llamando con su dedo a Hermione. La morena se levanto del sillón y lo siguió.

Draco estaba en una de las partes más oscuras de la sala común, donde apenas llegaba la luz. Su piel a semi oscuras lo hacia ver enigmáticamente atractivo. Su cabello desordenado, y sus ojos grises brillando de algo más que ira.

Hermione estuvo lo suficientemente cerca como para sentir la respiración de Draco chocando contra su rostro.

-No me vuelvas… a hablar en ese tono, si no quieres arrepentirte – siseo Draco. Hermione pudo notar, por el rabillo del ojo, que muchos alumnos estaban pendientes de lo que ellos hacían.

-No puedes hacerme nada, así es que no me amenaces – respondió de la misma manera.

-Eso crees tú, pero intenta volver a hablarme en ese tono y ya veras cuanto te arrepientes – clavo su mirada gris en la castaña de Natalie, y pudo ver muy en el fondo a esa Hermione que le gustaba. Esa sabelotodo insufrible que no le tenía miedo, que no se hería con lo que él decía. Seguía teniendo los mismos ojos castaños, centelleantes de alegría.

-Dame mi libro Malfoy – sentencio Hermione.

Draco estiro la mano en la que contenía el libro, y Hermione lo tomo, pero apenas sus manos hicieron contacto con el libro, Draco tiro de este, haciendo que Hermione perdiera el equilibrio.

Gracias a esto, ella apoyo sus manos sobre el pecho del rubio, sintiéndolo terso y duro.

Draco la continúo mirando a los ojos mientras se iba acercando a sus labios.

-Todos están mirando – murmuro ella con una voz extremadamente sensual.

-Y a mí que me importa – respondió con arrogancia, cerrando la distancia con un beso.

El beso era lento, pero cargado de pasión. Hermione poco a poco comenzó a deslizar sus manos hacia el cuello de Draco, degustando el pecho.

Draco la aferraba por la cintura con tanta fuerza, que Hermione sentía su masculinidad apretada contra su vientre. No era capaz de aguantar la tentación de esos labios.

Cuando disfrutaban más su beso, un sollozo cercano los obligo a separarse. Ambos miraron en dirección al sollozo y vieron a Millicent Buldstrode llorando junto a ellos.

Hermione miro a Draco y se separo, cayendo el libro, que había quedado entre ambos, al suelo.

Salio de la sala común con paso apresurado, esperando que Draco no la siguiera. Necesitaba estar sola, pensar en lo que acababa de suceder.

Draco recogió el libro, y cuando se disponía a cruzar el hueco de la puerta, la voz de Pansy lo sobresalto: -Déjala, deja que respire sola, no se va a perder –

Draco la miro furioso y subió a su habitación a zancadas.

OoOoOoO

Hermione salio de la mazmorra con el corazón agitado. El solo hecho de tener cerca a Draco era una tentación constante. ¿Cómo iba a sobrevivir un año así? No, no iba a poder.

Camino sin destino alguno, hasta que se vio en el pasillo de la sala común de Gryffindor. La nostalgia la inundo. Pensó por un segundo, entrar a la sala común de Gryffindor, pero la echarían a patadas antes de que pusiera un pie dentro.

Cuando se acercaba al retrato de la dama gorda, una melena pelirroja salio corriendo. Era Ginny, tenia que ser Ginny.

La siguió con paso apresurado, hasta los baños de Myrtle la llorona. Entro después de ella y la encontró arrodillada junto a un lavabo, llorando desconsolada, mientras su pelo le cubría el rostro.

Se acerco a ella y le toco el hombro con temor. Ginny alzo la mirada, cargada de tristeza, pero que al verla se transformo en odio y desprecio.

- ¿Qué estas haciendo aqui? ¿Qué quieres? ¿Burlarte de mí? – pregunto con la voz mas hiriente que Hermione jamás había escuchado de Ginny.

-No, es solo que quería saber que te pasaba-

- ¿Qué? ¿Qué te importa a ti lo que me pasa? A nadie le importa lo que a mi me pasa – chillo estallando en lagrimas nuevamente. Miro a Hermione con el ceño fruncido y amenazadoramente. -¡Sal de aquí! – chillo fijando su mirada en la de Hermione.

Se mantuvieron en silencio, mientras ambas sostenían las miradas desafiantes. Hermione estaba con el corazón destrozado. Camino a la salida, cuando se disponía a poner un pie fuera del baño, la voz de Ginny la sobresalto

-Hermione – murmuro. "Natalie" se volteo y miro a Ginny con los ojos anegados en lágrimas. –Tienes los mismo ojos que Hermione – aclaro Ginny mientras se levantaba y caminaba a la salida.

Hermione se quedo ahí y segundos más tarde salio del baño con dirección a la mazmorra.

Cuando llegaba al trecho de muro descubierto y lleno de humedad, escucho como desde una cercanía, que ella no sabia donde era, alguien le silbaba. Volteo, y vio aparecer de un trecho de oscuridad a Blaise Zabini con una sonrisa radiante.

-Hola preciosa – murmuro con voz casi seductora. Hermione lo miro y no pudo evitar ahogar una risa.

-Blaise – respondió. El la miro de lado, entrecerrando los ojos de manera "sensual".

-Bueno preciosa, te acompaño a tu sala común. Imagínate lo que dirían si nos vieran entrar juntos – farfullo con una radiante sonrisa. Hermione sonrió también y comenzó a caminar.

Blaise camino a su lado con un paso gracioso. Llegaron a la entrada de la sala común de Slytherin, y entraron, llamando la atención de algunos alumnos que ahí estaban, en especial de uno.

Draco los miro a ambos y se acerco.

-Natalie, Blaise – murmuro con los ojos irradiando rabia. Su voz estaba cargada de aborrecimiento.

Blaise pareció captar el oculto mensaje en las palabras de Draco, y se alejo, dejando solos a Draco y Hermione.

-No te quiero ver cerca de Blaise – amenazo. Hermione enarco una ceja y se dispuso a subir las escaleras. La mano de Draco alrededor de su brazo, la mantuvo en el mismo lugar. –Te he dicho que no te quiero ver cerca de Blaise ¿Entendiste? –

-Si, he entendido. Pero entender no significa que lo haré. Olvida que seguiré tus estupidas ordenes – refuto tratando de soltarse del apretón.

-Ya te he dicho que no me hables así, hazlo una vez más, y te arrepentirás. Trata de evitar hablarme así de nuevo – se acerco a ella.

Hermione sintió como su corazón comenzaba a latir con la fuerza de una bomba a punto de hacer explosión.

Draco continúo acercándose, cerrando cada vez más la distancia entre ellos, y cuando estaba a punto de besarla, sus labios se entreabrieron y sisearon: -Recuerda que esta noche te quiero en mi habitación –

Se alejo y camino hasta un grupo de alumnas de sexto año que se animaron de inmediato al verlo cerca.

Hermione sintió que se desplomaba en el suelo, pero antes de que esto sucediera, se dirigió a la escalera y subió corriendo. Entro en su habitación y se recostó con un libro.

Pero no leía, solo pasaba las letras sin saber que decía. Solo en su mente daban vueltas las palabras de Draco, y aquel beso que le había dado.

Las horas pasaron, y en su mente seguía dando vueltas el hecho de ir o no a la habitación de Draco.

Cerca ya de las 1130 de la noche, por su mente comenzaron a vagar diferentes ideas "Si voy, debo ir muy sexy. Si, debo ser muy sensual. Pero, ¿Por qué me preocupo, si no voy a ir?" movía la cabeza negándose a si misma la idea de ir. "Pero si voy…" volvió a negar con la cabeza y se enderezo. " No, no voy a ir" sentencio en su cabeza asintiendo con fuerza. No iba a ir, no iba a destruir su dignidad y su orgullo.

Se escucho un fuerte y claro: - ¡Adelante…! ¡Natalie! –

Hermione entro con nerviosismo. Miro la habitación con ilusión. Era simplemente perfecta. Pero su mirada se centro en el hombre que la miraba de pies a cabeza con lascivia.

La bata transparente, mostraba en parte el pequeño camisón que llevaba debajo. Se había esmerado, quizás, mas de la cuenta.

Draco se acerco a ella y extendió la mano. Ella la tomo, sonrojada. Draco sonrió y la tomo por la cintura, besándola con pasión, pero lentamente.

Caminaron, besándose, hasta la cama, acariciándose cada parte que iba quedando al descubierto. Draco llevaba puesto una polera blanca y unos pantalones de dormir negros. Hermione introducía sus frágiles y trémulas manos, bajo la polera, acariciando los firmes pectorales.

Ya a la orilla de la cama, la bata había caído al suelo, dejándola solo en el pequeño camisón.

Draco se separo y la recorrió con la mirada. Negó con la cabeza. Hermione se ruborizo. "No le ha gustado" pensó cuando el negaba y negaba con su cabeza.

Draco se acerco a su mesa de noche y tomo su varita. Comenzó a blandirla en silencio, hasta que cuando volvió a mirarla, yacía frente a él, Hermione Granger en plenitud.

Asintió con euforia. Hermione se sintió removida por ese simple hecho. Le gustaba ella, Hermione Granger, no Natalie Carlin.

Se siguieron besando, hasta quedar sobre la cama, desnudos, acariciándose con deseo.

Sus cuerpos se entrelazaron, haciéndose uno solo, respirando el mismo aire, alimentándose del otro con deseo, y expresándolo en la candidez de sus gemidos.

Mas tarde, ambos yacían cansados y sudorosos sobre la cama, cubiertos con una mojada sabana de seda.

Hermione miro a Draco, su cuerpo estaba perlado por el sudor, marcando cada centímetro de su cuerpo. Era simplemente perfecto.

Ambos se recostaron. Ella apoyada sobre su estomago, tapada desde la cintura; y él, abrazándola por la cintura.

A la mañana siguiente, Draco despertó primero. Miro a Hermione y sintió un escalofrió recorrerlo. No había sido un sueño, como siempre. Cada vez sus sueños eran más reales, pero tenerla junto a él en ese momento no era un sueño.

Paso su dedo índice por la columna de ella, logrando que ella arqueara la espalda dejando a la vista sus pechos.

-Buenos días perezosa – susurro besándole la espalda.

-No hagas eso – respondió ella juguetona y a punto de estallar en risas. Entre risas y risas, él la coloco sobre su cuerpo, comenzándola a besar. Ella respondió de manera demasiado efusiva, provocando cierta animación en Draco.

-Para, si no quieres llegar tarde a herbologia – murmuro entre beso y beso. Ella se separo un poco, ruborizada. Lo miro y sonriendo se levanto.

Draco la miro, completamente desnuda y se sintió vivo. La vio ponerse el pequeño camisón y encima la bata transparente. No sabia como la había dejado escapar el año anterior, como no la había buscado y le había explicado porque llevaba aquella marca en su antebrazo.

-Me voy – murmuro ella acercándose a él y besándolo cortamente en los labios

-Nos vemos más tarde - respondió él con una sonrisa. Tomo su varita y minutos mas tarde volvía a estar frente a él Natalie Carlin.

Hermione salio de la habitación, corriendo para que nadie la viera. Ya eran casi las 700, cualquier persona podía verla.

Paso corriendo al pasillo de las habitaciones de chicas, y cuando estaba a punto de abrir su puerta, una voz la sobresalto: - ¿De donde vienes a esta hora y así? –

Se volteo con lentitud, sabiendo ya de quien se trataba. Miro a Pansy completamente roja, abriendo y cerrando la boca. –No importa, déjalo así – sentencio la morena riendo y bajando la escalera.

Hermione entro en su habitación y cerro con fuerza. Ya era una vergüenza que todos la hubiesen visto besarse con Malfoy, pero verla llegar así, y además Pansy, era la más grande humillación.

Se metió al baño y se baño sin prisa alguna. En su mente recreaba la noche anterior, las palabras que Draco había susurrado a su oído mientras la poseía, aun la hacían estremecer.

Se vistió y se maquillo sutilmente. Al salir, varias alumnas de sexto año bajaban a la sala común. A la distancia reconoció a Draco que la esperaba junto a la chimenea. Algunas de las mismas muchachas se acercaron a Draco y lo saludaron babosas.

Al acercarse a Draco, este alejo a las chicas y la beso en la mejilla de manera prolongada.

Juntos, acompañados de Pansy, Blaise, Crabbe y Goyle, llegaron al Gran Comedor. Algunos voltearon a ver, no solo a Draco Malfoy, sino a la muchacha que iba a su lado. Porque ahora los suspiros y las miradas candentes no eran solo para Draco, sino también para Natalie.

Draco sintió como la sangre le hervía de tan solo escuchar a un niño de quinto de Hufflepuff decirle "Preciosa", a su Hermione. "¿Mi Hermione?" se pregunto a si mismo, asustado.

Desayunaron con tranquilidad, y antes de que empezara la hora de herbologia, Draco susurro al oído de Hermione que quería verla de inmediato fuera del comedor.

Nadie paso por desapercibido que Draco Malfoy salio primero y seguido de él, mirando para todos lados, nerviosa; Natalie Carlin.

Hermione salio y lo encontró en el vestíbulo. Su porte imponía respeto, y era arrogante, pero le encantaba. Las niñas de primero lo miraban y él, era indiferente.

-Aquí estoy Draco – siseo ella con aquel característico tono Slytherin.

-Ni yo podría haberlo hecho mejor, estas aprendiendo rápido de nosotros – se acerco a ella y la tomo por la cintura con delicadeza. –Quiero que esta noche se repita. Te quiero esta noche en mi habitación de nuevo – ella lo miro y le sonrió seductoramente.

-Si va a ser igual de bueno, no dudes en que ahí estaré – Draco le correspondió la sonrisa y la beso en la comisura de los labios, alejándose con el grupo de alumnos que se dirigían a herbologia.

Hermione se quedo quieta un minuto y camino detrás de ellos. Llegada a la clase, la profesora miró con mala cara a todos los Slytherin, nunca había sido muy amorosa con ellos.

Y esa noche y las siguientes, por más de dos semanas, Hermione siguió yendo a la habitación de Draco Malfoy, entregándose a él como si fuera la primera vez.

Y ese día, después de dos semanas y media disfrutando el uno del otro, Draco se dio cuenta de lo que esa mujer provocaba en su interior.

Lo hacia estremecer cada vez que lo tocaba, cada vez que había marcado su piel con aquellas garras de leona. Cada vez que gemía al sentirlo dentro, y mas aun cuando lo entendía y no lo juzgaba.

Había aprendido a gustar de Natalie, pero siempre pensando que era Hermione. Se había convertido en una parte muy importante de su ser. No era nada si no la tenía a su lado.

Y ese día había decidido que mejor era expresar lo que en ese momento le estaba pasando. Ella era Natalie Carlin, una Slytherin, sangre pura. ¿Dónde estaba el problema para estar juntos? Se pregunto a si mismo cuando la vio entrar por el hueco del muro, sintió cada célula de su cuerpo estremecer.

Ella camino hasta el y se sentó a su lado. Era la misma butaca de siempre, donde ambos disfrutaban y compartían besos, que mas tarde se transformaban en caricias candentes.

-Hola – dijo ella poniéndole una mano sobre el muslo. Él la tomo entre las suyas y la acerco a sus labios.

-Quería hablar contigo de algo muy importante – ella asintió y se recostó sobre el hombro de Draco.

Era tan reconfortante poder abrazarlo sin importar lo que los otros dijeran, sin tener que ocultarse. Ahora era cuando se daba cuenta de cuanto amaba a ese hombre, de cuanto lo necesitaba que seria capaz de cualquier cosa con tal de estar a su lado.

Ella se incorporo y lo miro a aquellos fríos ojos grises, que para ella eran calidos y cargados de algo más que deseo.

-Dime – murmuro ella. Él la miro fijamente a los ojos y se acerco a ella, hablándole desde una corta distancia.

-Sabes que eres muy importante para mi, ¿no? – le pregunto Draco acariciándole la mejilla. Hermione se sintió tremendamente conmovida con aquellas simples palabras que nunca creyó escuchar de la boca de él.

-Si, lo se. Y tú también eres muy importante para mí – respondió Hermione.

-Y es por eso que quería pedirte algo, pero no a Natalie – dijo susurrando al oído. Ella abrió los ojos y se mantuvo en la misma posición esperando que continuara. –Quiero pedirle a esa Hermione Granger que aparece todas las noches en mi habitación, aquella leona que saca las garras para marcar territorio, aque… -

- ¡Draco! – chillo Hermione ruborizada.

-Lo siento, lo siento. Es que s la verdad. Te ves hermosa ruborizada; pero as hermosa te ves como Hermione ruborizada, que queda demostrado cada noche cuando la temperatura de mi habitación aumenta…-

- ¡Basta! – volvió a chillar Hermione llamando la atención de algunos alumnos que estaban a su alrededor.

-Esta bien, muy bien. Bueno, voy a ir directo al grano. Hermione Granger… ¿quieres ser mi novia? – pregunto notoriamente nervioso, algo que no paso desapercibido por Hermione. La castaña estaba impávida. No había expresión alguna en su rostro. Se alejo de él y lo miro a los ojos, que no expresaban nada, ni siquiera sorpresa.

Draco la miro y enarco una ceja. Ella movía la cabeza sin dirección alguna y lo miraba. Draco se sintió vació. No quería ser su novia, porque para lo único que le servia era para pasara el rato.

Cuando se disponía a ponerse de pie, la frágil y trémula mano de Hermione le tomo el brazo y lo mantuvo sentado.

-Si… si quiero ser tu novia Draco Malfoy – dijo finalmente con una sonrisa tan radiante que Draco se sintió pleno, y los ojos anegados en lágrimas.

Se abrazaron y se besaron cargados de amor y pasión. Draco no podía sentirse mas completo y ella no podía sostener tanta alegría que creía que en cualquier momento explotaría.

Se separaron y Draco acuno el rostro de Hermione entre sus manos. Lo hacia el hombre mas feliz y mas completo de todo el mundo. Lo amaba, y no le importaba que llevara una marca en el brazo para el resto de su vida.

-Vaya Draco, no te aguantas las ganas de ligar ni por un segundo – murmuro una voz a su lado. Hermione y Draco alzaron la mirada y vieron a Blaise Zabini mirándolos con los ojos entornados. Draco cerró los suyos y suplico por que Hermione no hubiera escuchado nada.

- ¿Ligar? – pregunto con los ojos cargados de ira y celos. Draco la miro y sonrió travieso.

-Si, estaba hace unos minutos con una chica de Hufflepuff de sexto año – respondió Blaise. Draco cerró los ojos esperando el regaño de Hermione. Blaise y su bocota que siempre lo metían en problemas.

Draco miro a Blaise y este capto la indirecta. Camino en silencio, mezclándose con el resto de slytherins.

Draco miro a Hermione y la vio con el entrecejo fruncido.

-Lo siento, fue mi despedida a la soltería, juro que de ahora en adelante ninguna mujer, que no seas tú, se me acercara – murmuro con voz de bebe. Hermione fue incapaz de resistirse a aquella única cara de Draco Malfoy, que lo único que hizo fue tomar la cara de este entre sus manos y besarlo con tanta pasión que Draco sintió como cada célula de su cuerpo se avivaba.

Llegaron al Gran Comedor tomados de la mano, llamando la atención de algunos alumnos que comían distraídos.

Hermione se sintió observada, y aniquilada por cierto grupo de la población femenina de Hogwarts.

Por su parte Draco sentía las miradas de algunos muchachos que babeaban por Natalie, matarlo. Pero a él, Draco Malfoy, eso no le importaba, porque ella era su mujer.

Hermione no pudo evitar mirar a Harry y Ginny que comían, buscando la aprobación de ellos, que sabia no encontraría. Pero aquella cara de disgusto le indico que le era absolutamente indiferente.

Tomaron asiento en la mitad de la mesa de Slytherin. Draco miro a McGonagall que sonreía con ternura, algo nunca antes visto en ella.

Cenaron en silencio, Hermione aun con aquellas maripositas dando vueltas por el estomago, impidiéndole comer demasiado. Aun no era capaz de asimilar que estaba de novia con Draco Malfoy.

Miro a Pansy y vio que estaba miraba con distracción a Blaise.

-Deberías decirle lo que por el sientes – susurro sacando a Pansy de sus pensamientos. La morena la miro con desprecio.

-El romanticismo te lo dejo a ti, Carlin –

Hermione la miro del mismo modo y siguió comiendo. Nunca podría ser amiga de una persona como Pansy Parkinson.

Miro a Draco con aquel amor que sentía por el.

- ¿Esta noche en tu habitación? – pregunto acercándose al odio de SU novio. Draco la miro y con una mirada seria contesto:

-No, esta noche no en mi habitación – respondió con cierto desden. Hermione se estremeció. Hace días que no escuchaba ese tono tan desagradable.

Draco se levanto de la mesa de Slytherin, le dio un corto y frió beso en los labios y salio del comedor.

Hermione lo siguió con la mirada hasta que se perdió de vista. No podía empezar a ir mal las cosas si recién estaban empezando.

Miro a Pansy y vio que esta sonreía con burla.

-Y piensa que solo es su primer día de novios – murmuro, levantándose ella también.

Hermione se quedo mirándola, y sintió su sangre hervir. No se levanto de inmediato, sino creerían que había pasado algo.

Unos minutos mas tarde, se levanto con disimulo, dentro de lo que le fue posible, y salio. Llego a la mazmorra casi corriendo y al entrar no encontró a nadie más que un niño de sexto año que le miro coquetamente.

Subió a su habitación y antes de entrar, un sentimiento la embargo. Abrió la puerta despacio, con sigilo y al abrirla por completo y entrar en ella su corazón se detuvo de amor y alegría.

La habitación estaba repleta de rosas rojas y blancas, dispersas en ramos, o sus petalos por toda la habitación. Y sobre la cama, justo al centro, una rosa negra descansaba junto a un pergamino.

Con los ojos anegados en lágrimas se acerco a la cama y tomo la rosa negra, la llevo hasta su nariz y aspiro el aroma: tenía el mismo olor que Draco.

Tomo la nota entre sus trémulas manos y leyó a tropezones.

Mí querida Hermione:

Esto es para demostrarte cuan importante eres tú para mi, cuantos sentimientos provocas en mi interior.

Se que te estarás preguntando por que rojas y blancas. Bueno, las rosas blancas te representan a ti, la pureza que solo en ti he podido encontrar.

Las rosas rojas representan la pasión de nuestra relación, que cada noche queda tatuada en las paredes de mi habitación, en nuestros cuerpos.

Y mas aun, se que te preguntaras por aquella única rosa negra sobre tu cama. Aquella rosa negra soy yo, algo que no debe mezclarse con tanta pureza, un error en tu vida.

Pero aunque sea el más grande de tus errores, aun así te amo. Si, te amo, más que a mi propia vida.

Gracias por amarme por quien soy, gracias por entregarte a mí sin pensar en lo peligroso que es.

Te ama con locura y desespero:

Draco Malfoy.

Se mantuvo quieta, asimilando las palabras escritas por Draco. Era increíble lo que ese hombre era capaz de hacer por ella. Lo amaba, más que a su propia vida y aunque mañana muriera por él, lo amaba hoy.

El abrir y cerrar de la puerta la saco de sus pensamientos. Volteo con prisa, y cuando vio a Draco apostado junto a la puerta, no logro evitar llorar y correr a los brazos de él.

Draco la abrazo y la sostuvo un minuto sobre el aire. Anhelaba aquel cuerpo, aquel aroma, aquello que sentía cada vez que ella lo tocaba, aquello que iba más allá de las reacciones físicas.

- ¿Te ha gustado? – pregunto, y Hermione pudo notar el nerviosismo en su voz, que paso por alto, porque nada seria capaz de nublar aquel momento.

-Claro que si, es lo mas maravilloso que han hecho por mi Draco. ¡Yo también te amo! – chillo desesperada, besando cada recodo del pálido rostro de Draco.

Continuaron besándose con pasión, pero con tanto amor que cada segundo era como una hora para ese par de amantes. Draco transformo a Hermione y se sintió inmediatamente vivo.

Se recostaron con cuidado, desnudos, sobre la cama cargada de pétalos.

Hicieron el amor con cuidado, con lentitud, degustando cada parte del cuerpo del otro, haciéndose uno como solo ellos sabían.

Cuando finalmente, horas mas tarde, yacían exhaustos sobre la cama, abrazados, y con los pétalos pegados en su sudorosa piel, comenzaron a rendirse al sueño.

Hermione entre dormida, fijo su mirada en la oscura marca que ocupaba todo el antebrazo izquierdo de Draco. Despertó de inmediato. Casi había olvidado que él era un mortifago.

Levanto la vista y vio que Draco hacia una mueca de dolor.

- ¿Te arde? – pregunto incorporándose. Draco la miro, y se mantuvo en silencio. Minutos mas tarde, con leve asentimiento, volvió a hacer una mueca de disgusto.

-Si, arde – respondió finalmente. Sus ojos se nublaron, haciéndose más oscuros que lo normal.

-Draco… -

-No digas nada. No necesito tus sermones – grazno con brusquedad, quitando el brazo que rodeaba los hombros de Hermione.

-No me hables así. No es mi culpa que esa marca este ahí, tatuada en tu brazo, así es que no me hables así – murmuro enojada. Se cubrió con la sabana y volteo la cabeza.

-Lo siento, es que es muy difícil para mí. Perdóname –

-No, debes decirme lo que te pasa, soy tu novia, la mujer que amas, debes confiar en mi Draco – sentencio mirándolo, acunando el rostro de él entre sus manos. Vio como él enarcaba una ceja y quitaba su cara de las manos de ella.

-Claro, yo debo decírtelo todo, ¿cierto? Pero, ¿Tú me dices a mi lo que te pasa? O ¿Tú crees que yo no se que desearías estar con tus amiguitos que conmigo? – pregunto enfurecido. Sus facciones, siempre serenas, ahora expresaban el desden de sus palabras.

-Claro que preferiría estar con mis amigos – chillo Hermione, sin darse cuenta de lo que decía. Draco la miro, esta vez dolido, y se recostó, dándole la espalda.

Hermione trato que la escuchara, pero él se negaba a mirarla a los ojos. La marca le seguía ardiendo aunque el dolor que sentía en su interior era mas grande que él dolor que aquella marca podría provocarle, pero a ella no se lo diría, no si prefería estar con sus amigos que con él.

Finalmente ambos sucumbieron al sueño, pero dolidos en el fondo de su corazón por lo dicho aquella noche que había prometido se perfecta y había terminado como una de las peores.

Capitulo 4.doc