Observo a su alrededor un par de segundos, buscando a alguien a quien preguntarle por Draco, pero al no encontrar nadie no espero más y salió por el orificio en la pared. Ya iba retrasada y lo más probable es que lo encontrara en el Gran Comedor desayunando. Al llegar a este todas sus esperanzas se desvanecieron, y sintiendo una profunda y furia para con Draco se fue a sentar a la mesa de Slytherin, sintiendo profundas miradas sobre ella. No pudo evitar desviar su mirada hacia la mesa de Gryffindor, donde pudo ver a Harry sentado junto a Dean, Seamus y un pobre Neville que se veía más abrumado que de costumbre, y junto a este Ginny ofuscada tragaba su desayuno, para segundos más tarde salir como alma que lleva el diablo. Se sintió profundamente desgraciada en ese momento, se suponía que ella era quien debería estar ahí con ellos, acompañándoles, sobre todo con el difícil momento que estaban pasando sin Ron, preocupados por él. Una punzada se agudizo en su pecho… Ron, como extrañaba su cabellera cobriza, sus pecas, sus bromas y la inocencia con la que nunca sabía nada, sus arrebatos y peleas… como lo extrañaba. Decidió desviar la mirada antes de que alguien se diera cuenta de que observaba fijamente a los leones, y por sobre todo antes que se dieran cuenta de las lágrimas que estaban amenazando con salir.

Llego hasta su mesa y se sentó junto a Blaise, al menos un rostro, aunque fuese difícil de creer, familiar y agradable. Le sonrió al moreno que le hacía ademanes para que tomara toda la comida posible. Antes de tomar un bollo su mirada se desvió hacia la puerta, el nuevo Malfoy hacia su ingreso como solo un Malfoy puede, arrebatando en el camino docena de suspiros de muchachas que se derretían de solo mirarlo. Hermione se sintió absolutamente nerviosa y alterada al recordar lo que había ocurrido la noche anterior cuando él se había inmiscuido en su habitación. No tuvo tiempo de excusarse de salir corriendo de ahí cuando él ya estaba con la mirada fija en ella, descubriéndola, desnudándola con su intenso verde metálico.

El joven llego a zancadas a la mesa, como adivinando la intención de Hermione de salir corriendo, y se sentí justo en frente de ella con su profunda mirada atornillada en la muchacha.

-Buenos días preciosas – siseo pasando su mirada rápidamente desde Pansy a Hermione, lo que no pasó desapercibido por la serpiente, quien enarco una ceja claramente molesta, ¿Nicolas se estaba atreviendo a seducir a la novia de su mejor amigo? "Claro que lo hace, típico de el" pensó la muchacha y antes de que Nicolas tomara su primer bocado, hablo fuerte y claro.

- Chicos, creo que deberíamos irnos ya, no queremos llegar tarde a herbología ¿No? Y menos que nos quiten puntos – siseo Pansy con una falsa sonrisa dedicada a Nicolas.

-Sí, tienes toda la razón – dijo Hermione levantándose apresurada y torpemente, jamás se había sentido tan agradecida de Pansy en toda su vida, pero en este momento no necesitaba dar las gracias, solo desaparecer de la vista de ese engreído.

Salieron a paso tranquilo, caminando del mismo modo hasta los invernaderos. Hermione apresuro el paso, necesitaba encontrar a Draco, necesitaba saber que le estaba pasando. Finalmente llegaron, Blaise y Pansy agitados de seguir a la ahora morena.

-Buenos días profesora Sprout – saludo Hermione cordialmente, apostándose junto a una mesa. La profesora la miro sorprendida. Nunca una Slytherin la había saludado con tanta simpatía.

Mientras tanto Hermione no quitaba su mirada de la entrada del invernadero. Draco tenía que llegar, tenía que hacerlo. Pansy se acercó a ella y cuando se disponía a preguntarle que estaba sucediendo, la profesora dio inicio a su clase. Hermione sintió una opresión en el pecho al comprobar lo que más temía. Algo le estaba ocurriendo a Draco y no confiaba en ella como para decírselo. La clase transcurrió, pero Hermione no estaba ahí, su mente viajaba a un millar de kilómetros, buscando una explanación lógica a la actitud de Draco, y sobre todo imaginándose donde podría estar.

Cuando la clase fue finalizada, Hermione corrió cuando vio que Blaise y Pansy ya iban camino al castillo.

- ¡Pansy! – chillo antes de que se le perdiera de vista. La morena se volteo con lentitud, con una expresión de desagrado en el rostro.

- ¿Qué pasa Natalie? – pregunto mordaz.

-¿Vieron a Draco esta mañana? Es que no ha venido a desayunar ni a clases, y quizás a ti, o a ti Blaise, les dijo algo sobre donde estaría o que haría… estoy un poco preocupada ya sin saber nada de el en toda la mañana – termino con las palabras atropellándose unas a otras de lo rápido que había dicho todo.

- Es tu novio no el mío… – Hermione la miro con furia encendida en sus castaños ojos, y Pansy no pudo evitar soltar una risita. –Lo vi esta mañana, al igual que tu supongo, estaba medio intranquilo, dijo que tendría que solucionar unos problemas antes, que probablemente en la tarde estaría con nosotros – respondió ahora un poco más amable. –Pero si lo que te preocupa es que haya pasado con…- se acercó a la castaña para hablarle casi al oído – Tu-sabes-quien, no es así, lo sabríamos, al menos yo lo sabría – susurro antes de darse media vuelta y seguir su camino.

Blaise le sonrió tristemente, el apenas se había creído lo que había odio, y por supuesto sabia a la perfección lo que estaba pasando. El mismo se lo había dicho a Draco antes de irse a pasar el fin de semana a su casa. Pero había prometido guardar silencio, así que por mucha lástima que le diera ver a Hermione así, no podía abrir su bocota… al menos no esta vez.

Hermione, frustrada, enojada, triste y con un presentimiento que no podía obviar en su pecho, se encamino por los pasillos del castillo. Quizás tuviese suerte y lo encontrase en la biblioteca, o en algún aula o donde demonios fuese. No podría estar oculto por siempre y debía estar ahí en el colegio. Bueno ya se había arrancado una vez a una reunión con Voldemort, probablemente podría hacerlo de nuevo. Pero Pansy dijo que ella lo habría sabido, era su mejor amiga, su confidente, definitivamente lo sabría. Decidió confiar por una vez en la audaz serpiente y decidió encaminarse a su habitación al menos un momento.

En su camino, paso por fuera de la enfermería… ¿Y si le había pasado algo? ¿Si estaba enfermo y no quería decírselo? Un millón de malos pensamientos pasaron por su cabeza mientras se adentraba en la habitación con el corazón latiendo a mil por hora. Se sintió devastada cuando lo vio sentado ahí, pero no en una cama, sino sentado en una silla, junto a una muchacha que se encontraba sentada a lo indio en la camilla, llorando como si el mundo estuviera a punto de acabar. Draco se veía abatido, pasaba sus manos incansablemente por su siempre perfecto cabello platinado. Se quedó observando la escena: Draco le tomaba de vez en cuando la mano a la muchacha que lloraba aún más y negaba rotundamente, mientras hipaba y balbuceaba cosas que Hermione no alcanzaba a oír, Draco respondía con voz demasiado baja para poder oír algo. ¿Qué demonios estaba pasando ahí? ¿Quién era esa chica que Draco se esmeraba en consolar? Sintió lastima de la muchacha, pero más aún sintió su sangre hervir por no saber que estaba pasando. Pensó en entrar abruptamente y preguntarle directamente a su novio, pero de ahí a que Draco le contara había un gran paso; probablemente se enojaría porque ella interrumpiera así y terminaría sin saber de igual modo. Contra todo pronóstico Hermione se dio media vuelta y salió volando de ahí, con el corazón oprimido, mientras un millón de teorías abordaban su débil mente, una peor que la anterior.

Cambio de rumbo, no quería volver al nido de serpientes, menos sola, así que prefirió encaminarse a la biblioteca, el único lugar donde podría refugiarse y sentirse liberada de ser Natalie por un momento.

Paso la tarde ahí, leyendo sin leer. Su mente no la dejaba en paz, y le repetía una y otra vez que debía hablar con Draco. Eran una pareja, debían tener confianza, no ocultarse las cosas, ella había sacrificado su vida y estaba ahí con él, y lo mínimo que podría pedir en el mundo era honestidad de parte de él. Respiro profundamente y se puso de pie rápidamente. Distraídamente salió de la biblioteca, y antes de poder reaccionar choco contra una cuerpo alto, grande y fornido, y antes de que la muchacha se diera de culo con el piso, sintió una mano sostenerla por la cintura posesivamente. Se ruborizo en el instante y alzo la mirada para ver a su salvador. Reconoció a un muchacho de Hufflepuff que le sonrió seductoramente a lo que ella solo susurro unas gracias y devolvió una sonrisa lacónica. Se libró de su salvador y siguió su camino. Volvió por el pasillo de la enfermería, y antes de pasar por fuera de esta vio a Draco salir, con un rostro de los mil demonios. El muchacho empezó a caminar como un sonámbulo, sin ver quien se atravesaba en su camino, claro hasta que la que se atravesó fue su novia.

-Hermione… - susurro Draco con la voz débil y angustiada.

-Draco… ¿Qué ha pasado toda la mañana? No me has dicho palabra, has desaparecido todo el día, y solo te veo salir de la enfermería completamente abatido… ¿Me dirás que ocurre?– pregunto acercándose lentamente, le acaricio la mejilla con su pálida mano, mientras el rubio cerraba los ojos pesadamente.

-Hermione… este no es el mejor lugar ni momento para hablar. – respondió abriendo los ojos. Hermione pudo ver en esa preciosa mirada, tristeza y dolor, y sintió que su corazón se partía en mil pedazos. No era capaz de verlo triste, no podía soportar saber que estaba sufriendo y no hacer nada para evitar ese sufrimiento. - ¿Te parece esta noche, en la torre de astronomía? – susurro pegando su frente a la de ella.

-Pero… ¿Qué pasa Draco? Háblame, confía en mi…- hablo conteniendo las lágrimas que amenazaban salir.

-Cariño, no es un buen lugar, y no me siento completamente preparado para hablar de esto contigo, por eso te lo pido, veámonos esta noche en la torre de astronomía, a las… ¿10? – Hermione asintió, angustiada, mientras él le daba una de esas sonrisas torcidas que tanto le gustaban. Draco desvió su mirada hasta los labios de la muchacha. Le gustaban los labios de Natalie, pero merlín sabía que anhelaba los labios de Hermione, carnosos, rosados y sabrosos labios. No pudo resistir el pensamiento y se acercó a ella, besándola profunda pero apasionadamente. La aferro por la cintura con posesión, mientras ella subía sus brazos hasta su cuello, acariciando su cuello, su cabello. Draco se sentía desfallecer, amaba besarla, sentirla pegada a su cuerpo, sentir su respiración agitada, el palpitar de su corazón contra su propio pecho. Profundizo el beso, haciendo que su lengua y la de ella batallaran en una guerra que jamás tendría un vencedor. Escucho un pequeño gemido ahogado y se dio cuenta que debía parar, antes de que la metiera dentro de un aula vacía y la hiciera suya una vez. Y no era algo que no quisiese hacer con todas sus fuerzas, pero haciendo acopio de todas ellas, se fue separando poco a poco. Sonrió al verla aun con los ojos cerrados, las mejillas completamente sonrosadas, los labios rojos e hinchados por su reciente ataque. – Te amo preciosa – susurro a su oído a lo que ella se estremeció, mientras comenzaba a alejarse. Hermione le sonrió con todo el amor que sentía, mientras el rubio pasaba junto a ella entregándole una última sonrisa.

Hermione se quedó en el mismo sitio antes de poder reaccionar. Con una boba sonrisa se dirigió a su sala común para dejar sus cosas y descansar antes de ir a cenar.

Luego de la cena, que fue extremadamente aburrida sin Draco ahí y con Pansy y Nicolas sin despegar la mirada de ella, se fue a su habitación. Se arregló el cabello, peinándolo y alisándolo aún más si era posible. Se retoco el maquillaje y se puso un poco de perfume tras el lóbulo de la oreja. Aliso los pliegues de su falda, mucho más corta que la que normalmente usaba, quito las pocas arrugas que tenía su chaleco, y colocándose la túnica encima salió con paso firme y decidido a la torre de astronomía.

El día pasó con desmesurada lentitud, cosa que agobiaba a Hermione, que esperaba impaciente a hora de ir a la torre de astronomía, para poder enterarse del secreto de Draco.

Camino con prudencia para que nadie la viera. No necesitaba que la encontrara algún prefecto o profesor. No tenía excusa para andar fuera de su sala común tan tarde. Sentía una fuerte opresión en el estómago, mezcla del nerviosismo, no sabía que le diría Draco, pero al mismo tiempo el solo hecho de estar cerca de ese hombre alteraba sus hormonas. Perdiéndose un segundo en sus pensamientos, no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde, y desde un aula vacía alguien la tomo fuertemente del brazo y la lanzo dentro.

-¡Qué mierda! – chillo angustiada. Una mano le tapó la boca rápidamente y mientras adaptaba su visión a la oscuridad, noto unos ojos verde metálico apostados en los suyos.

-Es un poco tarde para salir a pasear ¿No te parece? Cualquiera ahí fuera podría haber hecho lo que he hecho yo ahora… - sonrió de medio lado, "Tan típicamente Malfoy" pensó Hermione mientras un amplio escalofrió le recorría la espalda. Nicolas le soltó la boca e inmediatamente sus ojos se posaron en sus labios. La observo por un largo segundo que Hermione sintió horas, mientras contra todas sus órdenes sus mejillas se sonrojaban.

-¿Y a ti que te importa? – respondió ella manteniendo la mirada. Si algo había aprendido de los Slytherin en el último tiempo, era que nunca bajaban la mirada por nada del mundo. Nicolas la observaba, buscando en ella alguna respuesta de lo que había pasado la noche anterior.

- Que poco educada tu respuesta – siseo el moreno, mientras se apostaba en la puerta cuando se dio cuenta que ella quería salir corriendo.

-Déjame pasar – murmuro Hermione al notar lo que estaba haciendo.

- ¿Quién eres Natalie? – pregunto Nicolas, sorprendiendo a Hermione. Esta lo miro a los ojos. El joven la escrutaba, la desnudaba con solo mirarla.

-¿Qué clase de estúpida pregunta es esa? – respondió ella con falsa seguridad. Su corazón había comenzado a latir con fuerza, y sintió miedo de que él se diera cuenta de su nerviosismo.

-Es valida… luego de que anoche me encontrara a cualquier otra jovencita en tu cuarto… en tu cama– murmuro el muchacho acercando su rostro al de Natalie. Hermione se sorprendió al notar la semejanza que existía entre ambos Malfoy al momento de flirtear con alguien.

-¿En mi cama? ¿Y qué hacías tú en mi cuarto?... ¿En mi cama? – siseo Hermione como buena Slytherin que era ahora. Lo miro a los ojos, desafiante, y con falso enojo. Y aunque había vivido eso un millón de veces, ese desafío de miradas con Malfoy el año anterior, y sabia como terminaban las cosas jamás se imaginó que este otro Malfoy seria de jugar del mismo modo.

El muchacho cerró la distancia con un apasionado beso de su parte, a lo que Hermione respondió con un fuerte empujón y una bofetada que le volteo el rostro. Nicolas la miro sorprendido y lleno de odio. Nunca jamás una mujer se había resistido a sus besos, a sus caricias, a nada que proviniese de él. Y, ¿Quién era esa que se creía con el derecho de golpearlo y rechazarlo?

Hermione respondió aquella mirada con frialdad, pero al mismo tiempo con un fuego que quemaba a Nicolas.

-Descubriré quien eres, y cuando lo haga te destruiré – amenazó al oído de Hermione con una voz que ella pocas veces había escuchado en su vida, tan cargadas de odio y rencor.

-Inténtalo, si es que antes no te descubro yo, porque no me trago que no te haya gustado Durmstrang de un día para otro – término de murmurar mientras pasaba junto al moreno con la barbilla alzada y paso decidido.

Al salir del aula sintió que las piernas le temblaban y que en cualquier momento caería al piso. No podría librarse tan pronto de ese estúpido, y si el la descubría suponía que nada podría terminar bien, y el plan que Draco tan bien había ideado se iría al traste. Intento calmarse en lo que quedaba de camino, no quería alterar a Draco ni arruinar el momento que por fin tendría con él.

Llego a la torre de astronomía con algo más de 10 minutos de retraso. Ahí estaba Draco, afirmado en el alfeizar, mirando por la ventana al infinito de la noche más oscura que Hermione había visto en su vida. Se acercó en silencio, esperando que él no la escuchara, y cuando lo alcanzo, lo abrazo con fuerza por la espalda.

-Hermione… - susurro él sin voltearse. Quería quedarse así con ella por siempre, congelar ese momento y sentirlo una y otra vez. Le tomo las manos entre las suyas y las comenzó a acariciar con devoción. Cerró los ojos y plasmo ese momento en su cofre de recuerdos.

-Aquí estoy Draco…– murmuro ella a medida que él se iba volteando. Sus miradas se encontraron y se conectaron, hablando por todo lo que ellos no decían. Draco vio en ella las ansias que tenia de saber que estaba pasando, no soportaba no saber algo, y eso era algo que a él le encantaba de ella. La estrujo entre sus brazos con fuerza, mientras ella sentía como el aire abandonaba sus pulmones en un largo y profundo suspiro. No había nada en el mundo más perfecto que ellos, que el amor y la devoción que pudo nacer en sus corazones contra todo pronóstico.

Draco se separó lentamente de ella, pero sin dejar de sentirla, se acercó y la beso con lentitud, con dolor contenido. No quería por nada del mundo perderla, no soportaría vivir sin ella, y menos aún romper la promesa que le había hecho días atrás. Hermione le respondió lentamente, para luego profundizar el beso, pasándolo de tierno y cariñoso a apasionado y cargado de amor. Draco ahogo un gemido cuando sintió como ella tomaba las riendas del beso y se hacía paso con su lengua para dominarlo. Y merlín sabía que quería ser completamente dominado por esa mujer. La abrazó con más fuerza si era posible antes de que se rompiera en sus brazos, le acaricio la espalda con desesperación, mientras ella enredaba sus dedos en su cabello. Hermione rompió el beso y comenzó a besarlo con lentitud por la barbilla, la mandíbula, bajando poco a poco, para llenar su cuello de besos, apasionado y sutiles besos. Draco no podía evitarlo, respiraba agitado, soltaba abrumados suspiros y gruñidos de excitación. Hermione abandono su labor de besar su cuello, y volvió con renovada pasión a sus labios. Draco se sentía desfallecer, ¿Cómo se supone que le diría lo que tenía que decirle si ella se comportaba de ese modo? Bueno, quizás podría aprovechar la última oportunidad de estar con ella antes de destruirle el corazón. Ese pensamiento lo dejo rígido, pero antes de que pudiera separarla, Hermione se acercó al lóbulo de su oreja izquierda para darle más atención, atrapándolo entre sus labios, lo que hizo que Draco no se resistiera más. Si podría tenerla una vez más, lo haría.

La tomo fuertemente de las nalgas y la alzo en aire, tomándola de las piernas, mientras ella se abrazaba a él. La pego a la pared de piedra y comenzó a besar con desesperación su cuello, bebiendo cada trozo de su piel como si fuera el elixir de la vida eterna. Le acariciaba las piernas con desmesurada excitación, suaves y tersas, mientras ella soltaba gemidos mientras se mordía el labio inferior, esperando que no se escucharan por si alguien aparecía. Pero sentirlo despertaba en ella un millón de sensaciones que no eran capaz de ahogarse aunque se mordiera la boca entera, y sabía que eso volvía loco a Draco, lo sabía porque lo sentía entre sus piernas mientras se rozaban y frotaban con descaro. Draco atrapo sus labios de nuevo y comenzó a besarla desesperadamente, hundiendo sus manos en sus nalgas, devorando su boca, atrapando sus labios entre los suyos, mientras ambas lenguas danzaban armoniosamente dentro de la boca del rubio.

Hermione se sentía perturbada por el placer, no podía pensar, no quería pensar. Y sin hacerlo, se bajó del rubio y tras una sonrisa traviesa que le provoco escalofríos a Draco, se quitó a la túnica, el chaleco y se abrió uno a uno los botones de la camisa con demasiada lentitud. Draco trago pesado al observar la imagen que tenía en frente. Jamás había estado con Natalie, siempre era Hermione. La vio quedarse con la camisa abierta mostrando solo el sujetador blanco que cubría sus pechos, y sintió que no podía respirar, se le iba el aire al verla ahí. Se quedó de piedra al darse cuenta lo que ella quería hacer. Pero antes que lo hiciera, se acercó al rubio y le quito la túnica. Draco se dejó hacer, incapaz de moverse. Jamás la había visto así, tan decidida, tan agresiva y atrevida. Las manos de ella abrieron uno a unos los botones de su camisa dejando al descubierto su blanco torso, mientras con la yema de sus dedos lo acariciaba. Draco sentía el dolor pulsátil de su entrepierna, esa mujer lo estaba volviendo loco, lo estaba llevando al borde de la muerte con solo tocarlo, con mirarlo con esa lascivia que jamás había visto en ella. y como si Hermione lo adivinara, acerco sus manos al borde del pantalón del rubio, jugando con el cinturón, mientras Draco lanzaba sonoros gruñidos que la desesperaban, y sin pensarlo metió su mano en el pantalón del rubio y Draco jadeo, teniendo que afirmarse con una mano en la pared tras de ella. Hermione sonrió y comenzó a acariciarlo lentamente, mientras Draco gemía y gruñía a partes iguales. No podía soportarlo más, quito la pequeña mano de su pantalón y en menos de un según le bajo las bragas, desabrocho su pantalón y bajo todo lo que podría ser un impedimento en su misión de volverla loca como ella lo estaba haciendo con él. Hermione sonrió con picardía y se dejó hacer. El rubio la volvió a alzar por los aires y la penetro con fuerza, sintiéndose desfallecer en el momento en el que lo hizo, mientras ella lanzaba esta vez un audible gemido. Ambos jadearon por un momento antes de que el rubio comenzara a moverse con un ritmo agresivo, a lo que ella respondió moviendo sus caderas del mismo modo. Draco estaba nublado por el placer, sus manos vagaban por el cuerpo de esa mujer, rozando sus piernas, apostándose en sus pechos, mientras gemía, se movía y lo aprisionaba más dentro de ella. Draco se sentía morir de placer, de amor, de locura, apresurándose mientras se movía cada vez más rápido, sintió como el cuerpo de ella comenzaba a contorsionarse de forma rítmica, a lo que dejaba escapar un grito con su nombre, y ya no pudo soportarlo más mientras se dejaba llevar por el placer del orgasmo de ella, tuvo el suyo propio aprisionándola aún más contra la pared, jadeando y gruñendo, susurrando su nombre con la voz ronca. Se quedaron así unos segundos hasta que ya no aguantaban más sus piernas y la deposito con sumo cuidado en el piso. Hermione se sintió sonrojar más que en toda su vida mientras comenzaba a acomodar sus ropas, mientras Draco sonreía con suficiencia. La morena lo noto y le dio un golpe en el brazo sin siquiera tocarlo.

Se terminaron de arreglar la ropa mientras ambos sonreían bobamente. Draco se sintió abrumado por los sentimientos que afloraban en ese momento. La amaba profundamente, y no quería dejarla jamás, pero sabía que una vez abriera su boca, probablemente ella se daría la vuelta y no volvería a dirigirle la palabra en su vida. Le iba a hacer daño… otra vez.

Se quedaron mirando un segundo, para luego dirigir a su novia al alfeizar para deleitarse con la oscuridad de la noche. Se abrazaron y se dejaron estar un momento, solo disfrutando de la compañía del otro, saboreando lo recién ocurrido, guardándolo en su baúl de recuerdos. Hermione lo observo delicadamente, algo estaba perturbándolo aun después de lo que había pasado, algo le producía inmenso dolor y tristeza, sus ojos no podían mentirle, no a ella.

-Ha sido una noche maravillosa…- susurro Hermione ruborizándose, mientras él sonreía torcidamente. – Pero es hora de que me digas que está pasando – sentencio volteándose para quedar mirándolo por completo. Draco se volteo y pego su frente a la de ella. Tomo aire y suspiro con fuerza.

- ¿Me amas? – le pregunto con la voz agitada, y cargada de dolor.

- Por supuesto que te amo ¿Qué clase de pregunta es esa? Creo que no te he dado motivos para dudar de mi amor por ti – respondió afligida. No quería que el dudara de su amor por él, jamás se imaginó, ni es sus mejores sueños, ni en sus peores pesadillas que algún día amaría de semejante forma a Draco Malfoy, su némesis por más de 5 años. - ¿Qué pasa Draco? Acabamos de hacer el amor de la forma más loca y apasionada… - se ruborizo de solo decirlo, y el no pudo evitar una sonrisa, se veía tan hermosa así – y ahora me dices que dudas de mi amor… algo te pasa y quiero seas honesto conmigo, no me ocultes las cosas, soy lo suficientemente fuerte para soportar lo que tengas que decir – sentencio con la voz endurecida. Draco suspiro resignado, fuese como fuese la situación, tenía que decírselo, no podría ocultarlo más tiempo.

-¿Recuerdas la chica que mención Zabini el día en que te pedí que fueras mi novia? – Hermione lo miro confundida, no entendía que venía eso.

-Si… ¿Qué pasa con ella?... no me digas que tu… que te besaste con ella de nuevo…- una ola de furia la recorrió de pies a cabeza, que estúpida había sido, ella preocupada y el poniéndole los cuernos.

- ¡NO! – chillo Draco con la voz ronca, sobresaltando a la morena.

- ¡Entonces, dime qué demonios está pasando Draco, porque esta tarde te vi en la enfermería con una chiquilla, que asumo es la misma… no soy estúpida, que pasa con ella y no me vengas con rodeos ni preguntas, solo dilo de una puñetera vez! – grito al borde del colapso, poniéndose roja de la rabia que fluía por sus venas. Sentía su sangre hervir, la cabeza le dolía. Draco no daba crédito a su estupidez, y de un sopetón soltó todo…

- Desde el año pasado que me encuentro con ella, o sea, nos besamos, me acosté con ella un par de veces, y después en el verano cuando di todo por terminado, nos encontramos en una fiesta a la que fui con Zabini, y entre copas volví a acostarme con ella… - Hermione no entendía nada, no daba crédito a que él le estuviera contando eso, una historia que parecía muy similar a lo que había ocurrido con ella el año anterior. – Dimos por terminado el asunto después de esa fiesta, en unos días volveríamos a Hogwarts y yo sabía todo lo que pasaría… - dijo mirándola a ella como motivo de sus planes. – Cuando llegamos acá me busco insistentemente, y se puso furiosa cuando me vio con esta nueva chica que había llegado a Hogwarts y que me traía de cabeza…- Una sonrisa torcida asomo por sus labios, intentando alivianar la historia, pero Hermione no tenía intenciones de darle esperanzas – Y cuando Blaise me vio ese día, habíamos discutido, ella decía que tenía importantes cosas que decirme, pero no quise oír, y la bese para que se quedara tranquila y dejara de molestarme…- se sintió avergonzado al ver la mirada de desaprobación de la mujer frente a él. – Esos días que nos fuimos a mi casa, Blaise me comento que lo había buscado a él para que me intentara explicar lo que le pasaba, y por eso apenas llegamos fui a buscarla… me dijo que… - Draco cayó la boca antes de morir por la mirada de angustia e ira de Hermione – Me dijo que tenía un retraso…-

Hermione sintió su corazón romperse, mil trozos yacían en su pecho donde antes había estado su corazón, haciéndole daño, rompiéndola desde dentro, no habían palabras que pudiesen salir de su boca, ni pensamientos que lograran calmar su agitada cabeza. Bajo la mirada, no podía verlo a los ojos, las lágrimas rodaban cuesta abajo por sus pálidas mejillas. De pronto se sintió mareada, asqueada, necesitaba salir de ahí, tomar aire, olvidar lo que había pasado, despertar de aquella pesadilla.

-Hermione por favor… mírame…- Draco tomo la barbilla de la muchacha que se libró con un brutal manotazo de su toque.

-No me toques… - susurro fríamente, provocando un escalofrió por toda la columna vertebral del rubio.- Por eso estaban en la enfermería… madame Pomfrey se los confirmo ¿No? Felicitaciones… muchas felicitaciones.- Respondió sarcásticamente mirándolo profundamente a los ojos, con las lágrimas cayendo brutalmente por sus mejillas, mientras Draco sentía que moría y estaba en el infierno, solo así podría estar produciéndole semejante dolor a la mujer que amaba. Se intentó acercar de nuevo, pero ella retrocedió ágilmente.

-Hermione… no me hagas esto… por favor – suplico abatido, el cabello le caía por la frente desordenado, dándole un aspecto sexy y peligroso, solo que de peligroso no había nada, solo había suplica, arrepentimiento. "Patético" pensó Hermione con todo su odio.

-¡Qué no te haga que! – Grito ofuscada - ¡Tú eres el que traiciono mi confianza, mi amor, y ahora tendrá un hijo con otra! – grito mientras otro grupo de lágrimas la azotaba con fuerza.

-¡No pensé que lo nuestro resultaría! ¡No pensé que decidieras volver conmigo! – grito sobrepasado por la situación - ¡Solo seguí adelante como tú lo hiciste! – sentía un dolor inmenso dolor recorrerle por completo. Un nudo en la garganta le imposibilitaba seguir hablando.

-¡Claro y ahora es mi culpa que te anduvieras revolcando por ahí! ¡No seas hipócrita! – La morena ya había empezado a pasearse por la habitación como león enjaulado. - ¡No te vuelvas a acercar a mí! – Grito por última vez antes de salir con aire superior, con el odio marcando cada una de sus pisadas, dejando a Draco parado en el mismo lugar, observando el orificio por el que ella había salido. La había perdido… la había perdido para siempre.

Hermione corrió, corrió como si la vida se le fuese en ello, con el corazón oprimido, un dolor punzante en el costado y las lágrimas imposibilitando ver. Entro en el castillo, pensando en donde ir. No quería volver al nido de serpientes en el que la había metido. Necesitaba consuelo, y sin pensarlo, camino como una muerta en vida, hasta que de pronto se vio frente al cuadro de la dama gorda. Como anhelaba entrar ahí, como deseaba abrazar a Harry y a Ginny, los necesitaba y sabía que ellos a ella. Pero no podía, la echarían a patadas al verla ahí, era una Slytherin, de tomo y lomo podría decirse, había aprendido a vivir con ellos y como ellos. Siguió caminando perdida en sus pensamientos y llego al baño de Myrtle la llorona, al menos ahí estaría sola. Pero se equivocó cuando entro y vio a una pelirroja mirándose a un espejo que apenas le devolvía el reflejo de lo manchado que estaba. "Diablos, lo que necesito ahora… fingir" pensó más dolida aun. La pelirroja pareció sentir la presencia de otro ser vivo en ese baño y se volteo con brusquedad.

- ¿Qué haces aquí? ¿Me estas siguiendo acaso? – pregunto con desdén entrecerrando los ojos. Hermione bufo, no necesitaba más agresividad ni reproches ni nada.

-Ni cerca – respondió con la misma agresividad. Estaba demasiado furiosa como para intentar ser amable con alguien que la estaba agrediendo, inclusive con alguien que era su mejor amiga. Se quedaron mirando, y Hermione odio no poder hablarle, no poder contarle lo que estaba ocurriendo, no poder confiar en ella. Como odiaba a Malfoy en ese momento, como lo detestaba con todo su ser.

-Entonces, ¿puedes desaparecer de mi vista sucia serpiente? – pregunto con falsa simpática.

- ¿Por qué he de desaparecer yo, y no tú? – necesitaba descargar toda la rabia, la frustración que Draco provocaba. Su mirada, siempre cálida y amigable, estaba cargada de frialdad y odio, de rabia porque nadie se preocupara dónde estaba, que Harry y Ginny siguieran una vida sin preguntarse dónde estaba, si estaba bien, absolutamente nada, que nadie la reconociera, por merlín que dolía sentirse ignorada.

- Llegue aquí antes que tú, y no me interesa verte la cara, así que si eres tan amable, cosa que duda, saca tu maldito trasero de aquí – Siseo la pelirroja y Hermione se sintió sorprendida de lo violenta y agresiva que podía ser Ginny con alguien a quien apenas conocía y que jamás le había hecho algo, solo porque era una Slytherin. "Que decepción" pensó. Se quedaron mirando fijamente y Ginny pareció ofuscarse aún más. -¡Por qué diablos no te vas!- Chillo al borde las lágrimas. Odiaba ver a esa chica, le recordaba tanto a la mirada de Hermione. -¡Dije que te fue...!-

-¡Deja de tratarme así! ¡Cómo es posible que después de tantos años de amistad no sepas reconocerme! – grito estallando en lágrimas. No soportaba más la soledad que le preveía ser una Slytherin, no soportaba no poder abrazar a Ginny y llorar en su regazo. Apenas se calmó un segundo se dio cuenta de lo que había hecho: Había mandado a la mismísima mierda todo lo que Draco había planeado.

La pelirroja sintió como su ira inundaba cada célula de su cuerpo. Esa estúpida serpiente, arrogante, acaba de hablar de su mejor amiga, reabriendo la reciente herida, palpitante, que latía día a día al no tener a Hermione a su lado para contarle todo lo que le estaba sucediendo.

- ¿Quién demonios te crees tú para venir a decirme algo así? ¡Ni siquiera te atrevas a decir su nombre! ¡En tu boca queda demasiado grande! – chillo la Weasley más pequeña, con el rostro inundado de un color carmesí, que Hermione recordaba haber visto tantas veces cuando peleaba con sus hermanos. Un sentimiento de anhelo la invadió y la hizo estremecer.

Hermione la miro mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. O le decía todo y terminaba con esa farsa o le inventaba algo para excusarse por lo que acababa de decir. No, no tenía la fuerza para seguir mintiendo, y aunque Draco la mataría, necesitaba algo de apoyo moral.

-Ginny… – murmuro abatida, ya no le quedaban fuerzas, sentía desmayar en cualquier momento y la cabeza le daba demasiadas vueltas. Se sentó en el frio piso del baño enterrando la cara entre sus manos. Ginny se sintió increíblemente conmovida por la escena, jamás creyó ver a una fría y arrogante serpiente llorando como un bebe en un frio piso frente a una traidora de la sangre. – Sabes que he conocido mucho mejor a Nott, y es un muy buen chico – Susurro con una débil sonrisa. Ginny se quedó de piedra, con el corazón acelerado. Solo había una persona en el mundo que sabía lo que había pasado con Theodore Nott el año anterior después de que Harry decidiera no dar rienda suelta a su amor. La miro horrorizada.

-¡Él te lo dijo! ¡Se están burlando de mí! – grito la pelirroja mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Había sufrido mucho después de que Theo la dejara. Había sido su primer novio, y aun recordaba cuan lindo había sido el con ella. Y sobre todo, recordaba cómo le había contado toda su romántica historia con la serpiente a su mejor amiga.

- ¡No Ginny! ¡Soy yo! ¡Entiéndelo de una maldita vez! – grito Hermione temblando de rabia, ya no quedaban lagrimas por derramar, pero seguía hipando entre sollozos secos. ¿Qué más podía hacer para convencerla? Pero no tuvo que pensar más. Fijo su mirada en Ginny, la cual la escudriñaba con ahínco.

-¿En… en serio eres tú? – pregunto tímidamente mientras lagrimas rodaban por sus mejillas. Se acercó lentamente, sin despegar la vista Hermione, la cual le sostenía la mirada con tristeza y dolor. Hermione se puso de pie como pudo, le dolía el cuerpo como si la hubiesen azotado a crucius.

Ginny quedo cerca de la muchacha morena que tenía frente a ella, y con miedo acerco una mano a su mejilla. Hermione cerró los ojos mientras las lágrimas volvían a inundar sus ojos cayendo con gracia por sus mejillas. Ginny alejo la mano asustada, no podía ser, no podía ser Hermione aquella Slytherin que andaba siempre pegada al brazo de Malfoy, acompañada de Parkinson y Zabini… no podía ser ella. Pero ¿Por qué mentiría? No sabía qué hacer, no podía hacerse la desentendida, si ella decía la verdad y era su castaña amiga, estaba pasándola bastante mal por lo visto.

La pelirroja se terminó de acerca, y la abrazo, rendida a la posible verdad que la morena le decía. Solo quedaba confiar en que fuera verdad, y sus más profundos instintos le decían que así era. La abrazo con fuerza mientras Hermione rompía en un brutal llanto convulsivo que asusto a la pelirroja. Sintió una inmensa pena por quien lloraba en sus brazos, ella pensaba en lo difícil que era su vida, y no quería ni imaginar cómo sería para Hermione vivir entre todos esos Slytherin arrogantes que la despreciaban. Pero todo ese tiempo, la había visto feliz con Malfoy, sabía que eran novios… ¿Seria todo parte de la tortura? Tenía esa y muchas otras preguntas, pero no era el momento.

Hermione se sintió reconfortada, y la apretó fuertemente. Después de llorar todo lo que tenía que llorar se separó, sintiendo que iba a desmayarse. El mundo a su alrededor daba vueltas, y de pronto la pelirroja frente a ella ya no tenía forma, solo era un montón de colores. Tenía la boca amarga, un nudo en la garganta, un vacío donde debería estar su corazón y el estómago revuelto.

Cuando iba a hablar, una voz detrás de ella la espanto, y la renovó de fuerzas de lucha.

-Fuera Weasley – siseo el rubio platinado a sus espaldas, estremeciéndola. Cerró con fuerza los ojos y apretó la mano de Ginny. Se tenía que controlar para no agarrar a la menor de los Weasley y sacarla a patadas de ahí.

- No me vengas a decir lo que…- otro apretón en su mano la silencio. Volteo a mirar a Hermione que la miraba suplicante.

- ¡Te dije que salieras de aquí Weasley! – grito Draco tomándola del brazo y arrastrándola a la puerta. Hermione lo tomo del brazo y lo obligo a voltear.

- ¡No la trates así! ¡Ella no tiene la culpa de lo que tú haces! – respondió Hermione en el mismo tono de voz. Draco miro a Ginny, y luego a Hermione.

La pelirroja miro con desafío a Draco, y luego a Hermione que estaba con la cara roja de ira, la mirada fija en Malfoy, y supo que definitivamente se podría cuidar sola, además no sabía lo que estaba pasando y le parecía mucho a una pelea amorosa, así que a regañadientes, y no sin antes dedicarle una cálida sonrisa a Hermione, salió del baño.

La pareja se quedó mirando desafiante, mientras Hermione quería destruirlo con la mirada, Draco suplicaba en silencio su perdón. Se intentó acercar a ella, pero nuevamente ella se alejó.

- Escúchame… - Ella negó rotundamente, disponiéndose a salir de ahí antes de que el aire dejara de entrar en sus pulmones.

-¡No quiero oírte, te lo dije no quiero oírte, sentirte, verte, amar…! – grito con el corazón en la boca latiendo dolorosamente. - ¡Gracias por cierto por dejarme sola cuando te suplique que no lo hicieras!- y se destapo el antebrazo izquierdo, donde la oscura marca, aquella que la hacía sentir la peor escoria del mundo, danzaba en su antebrazo. –Hice esto por ti... porque de ser por mí, aunque hubiese sido la única, nunca jamás... ¡Jamás lo habría hecho! – grito explotando en lágrimas otra vez.

- ¡Lo sé! ¿Crees que a mí no me duele lo que está sucediendo? – pregunto Draco tomándola por los hombros y obligándola a mirarlo.

-No, creo que no te duele. Eres un maldito mortifago que solo piensa en él, en su ego, en su sangre pura... no eres capaz de querer a nadie más que a ti, más que a tu propio ser repugnante – Hermione dijo cada una de estas palabras con el odio acompañándolas fuertemente, mientras veía como los ojos del rubio se iban ensombreciendo poco a poco. Vio el dolor penetrando en los ojos del rubio, y aunque se odiara a si misma odiaba verlo sufrir. Desvió la mirada, porque si no sucumbiría y lo abrazaría para que no sufriera más.

- ¿Eso es lo que piensas tú de mí? – pregunto con la voz ronca. Hermione se soltó de su agarre y paso por su lado no sin antes observarlo una última vez, de pie en la mitad del baño, derrotado, cabizbajo. Lo amaba profundamente, pero era algo demasiado difícil de asimilar. Siempre supo que era un mujeriego, pero pensaba que era un mujeriego cuidadoso. Sin esperar salió a paso apresurado del baño, camino a la mazmorra fría que tanto odiaba en ese momento.