Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.
Dedicaciones personales.
Obini por ser la fan reivindicativa del Kyalin y esperar esta actualización como si fuera el estreno de una película de Hollywood. Misticgwen, porque no descansó en ningún momento de hacerme saber que agradecía la continuación. fourth eye freak porque después de devorar en un día todos los capítulos de 'Un puente hacia ti' logró encontrar las fuerzas para leer esto al día siguiente (eso si que es valor) Annimo porque adoro hacerla feliz con pequeñas cosas y que ella me regale grandes comentarios, Devil-In-My-Shoes porque ya sabe que por ella me hice una cuenta y sé que esta pareja la conquistará (me amenaza para que siga), MichelleMills, para que sepa que mientras alguien me anime con reviews intentaré continuar siempre que pueda alwayswlove siga pensando que es un buen fanfic, espero que Nirvana por ser otra persona que adora a estas dos y nadie les hace un fanfic (si, yo no soy nadie) paolacelestial porque le gusta Lin y es parte de mis asiduas lectoras de locuras manufacturadas por mi Zakuro Hatsune porque es una persona que sabe apreciar el trabajo de otros y porque sus wow son los más wow del mundo. Alex Kacr porque leer su historia de cómo se sorprendió con la actualización y la alegría que tuvo que dibujó una sonrisa tonta en un mal día.
Capitulo 3
Dudas, cacerolas y besos
La jefa de policía pudo notar aquel suave y delicado beso en su mejilla, como sí un cálido regalo del cielo se hubiera posado en su rostro. Quedo completamente inmóvil mientras notaba la húmeda suavidad de aquellos labios contra su piel, aquellos labios marcados, castigados por el frío y erosionados por el paso del tiempo en la Tribu del Agua del Sur; pero a la vez amables, sensibles, agradables, con una presencia reconfortante al sentirlos contra una mejilla. En el momento en el que los labios se separaron un poco de su mejilla, la mayor de las Beifong notó el aliento golpearle el oído, dejando ben claro que la perpetradora de aquel momento sonreía al lado de su oreja.
-Muchas gracias – exclamó en voz baja alargando el final de cada frase y convirtiendo aquel susurro en una expresión cantarina. Sin lugar a duda, la sanadora se divertía al observar el ya acuciante enrojecimiento de la mujer que estaba sentada en aquel banco.
-No ha sido nada – expresó la Lin al tiempo que se ajustada el jersey y Kya se distanciaba de su rostro – No sería amable que lo perdiese o le sucediese algo y conmigo estará seguro.
-Por supuesto – una sonrisa divertida se bosquejó en la cara de la oriunda del polo sur – ¿Qué lugar hay más seguro que ese?, alrededor del cuello de la famosa, temible y hermosa jefa de policía.
Aquella broma no le hizo gracia a la maestra de metal que consideraba el custodiar el presente que le había prestado cómo algo verdaderamente importante, y con esa reacción sentía que la mujer ante ella frivolizaba aquel objeto o aquella situación.
-Bueno, si quieres puedo devolvértelo – para su propio pavor, la sanadora dio un paso hacia atrás, a la vez que sus labios pasaron a dibujar una fina linea, casi haciéndolos desaparecer por completo de sus facciones.
-Si así lo deseas, de acuerdo – su tono divertido había cambiado drásticamente – Me pasaré a la hora de cenar por tu apartamento a buscarlo, así lo hablaremos.
"¿Hablar?, ¿qué maldito tejón-topo hay que hablar?", aquella reprimenda resonó en la cabeza de Lin al tiempo que observaba como aquellos ojos azules le clavaba estiletes con forma de rostro desencajado. Aquellos ojos decepcionados estaban masacrando la moral de la agente de la ley que apenas lograba entender lo que la persona que había ante ella estaba pensando.
-Por favor, no me mires así – recriminó Beifong – Si crees que no lo voy a conservar entonces es mejor que te lo devuelva.
"¡Oh, Espíritus!, esta mujer es más insegura de lo que esperaba" se dijo a sí misma Kya mientras observaba como la mujer que estaba sentada en el banco intentaba deshacer el nudo del colgante. En aquel momento observó esos ofendidos prados verdes que la policía tenía por ojos y comprendió que aquello iba a ser complicado.
Resultaba absurdo pensar en aquello, para la sanadora las interacciones sociales eran normales y las heridas tarde o temprano sanaban, incluso las del corazón, pero se equivocaba. Pudo darse cuenta en aquel preciso instante que Lin había ido a esperarla expresamente a ella, quería verla, la consideraba alguien especial. Entender eso la hizo vibrar de una forma que no había imaginado, cómo recordando a aquellas chiquillas que un día se besaron por mera curiosidad y ella comenzó a besar otros labios para volver a sentir lo mismo que había sentido la primera vez que sus labios tocaron otros. Ella había pasado por mucho, pero Lin no, ella se había encerrado después de lo sucedido con Tenzin, se había construido un muro sólido de trabajo por ladrillo y hostilidad por argamasa, alzando así una fortaleza de absoluta soledad.
-No te lo quites, por favor – rogó a la agente de la ley, al tiempo que se agachaba y rodeaba el cuello de la jefa de policía para evitar que esta siguiese con su infructuoso intento de devolver la joya – No quise reírme de tu gesto en ningún momento.
Extrañada ante esos ojos tibios y aquel tono de ruego plañidero, la maestra de metal se detuvo, y fijo su en la fuente, sabiendo que se volver a mirar a Kya a la cara sus palabras se arrastrarían con dificultad ante las dudas y el nerviosismo.
-Pues lo parecía.
-Boba – tomó el rostro que estaba ante ella con ambas manos y obligó a que la agente de la ley mirase su sonrisa – Lo que estaba sugiriendo es que si era tan seguro lo mejor que yo podía hacer era abrazarme a él y así no me pasaría nada.
Las palabras indicadas, el lírico tono de su voz, aquella sonrisa confeccionada para destruir cualquier muro, aquellos perlados dientes, aquel todo que convertía a Kya en la conquistadora que la mayor de las Beifong sabía que era. Por primera vez desde hacia mucho, Lin no sólo no tenía palabras, sino que no encontraba pensamiento lógico en su mente y simplemente se preguntaba si todo lo que había sucedido en ese día era real o sí en algún momento un camarero iba a despertarla, en la fiesta de bodas de los Blackstone, diciéndole que se emborracho tanto que se quedo dormida en la mesa y que la fiesta había terminado hacia horas.
"Eso no puede pasar, Meelo no desaprovecharía la ocasión de hacer una broma a alguien dormido", prededujo la jefa de policía, justo después de empezar a discurrir procesos lógicos que se alejaban de sus ganas de volver a besar a la mujer que tenía ante ella.
-Lo siento, entendí otra cosa pero – un gran bostezo se escapó de aquel agujero que llamaba boca – Pero sé que es algo muy importante para ti y no quiero que le pase nada.
-Seguro que contigo estará perfectamente – respondió la sanadora – Pero ahora deberías ir a tu piso y dormir un poco. Tranquila, yo iré a las ocho a verte.
Ella quería negarse, decir que había hecho guardias más largas, que su cuerpo entrenado no necesitaba dormir en dos días, pero la mezcla de estrés, agotamiento y pocas horas de sueño en los últimos días, se unían a la sensación agotadora de haberte alcoholizado y ya no estarlo. Debía dormir cuanto antes para evitar que la resaca hiciera acto de presencia, así que esta vez no se quejó.
-De eso quería hablarte, es que no soy una gran cocinera pero si quieres conozco algunos sitios interesantes a donde ir.
-Pensaba cocinar para ti, ¿no te lo había dicho? – Kya entendía su propio despiste, besar a una persona de la que habías estado enamorada por décadas hacia que a cualquiera se le olvidasen detalles.
-No, claro que no – se defendió la agente
-Pues en compensación te haré lo que quieras – aquella era una buena forma de compensa a cualquiera – Dime, ¿qué te apetece?.
-Fideos con cerdo-vaca estaría bien, pero no tengo cacerolas – alegó la policía.
-¿No tienes cacerolas?, pero algo tendrás – no sabía de que se extrañaba dado que Lin no era conocida por su afán culinario. En ocasiones, Tenzin decía que Lin solo sabía cocinar alimentos simples y lo suficiente para no morir de inanición y que la comida cocinada no la hiciera enfermar.
-Tengo unas cuantas sartenes, y un cuenco Hem – dijo casi disculpándose por lo pobre de su repertorio.
-Pues puede hacer un wok de verduras y mariscos – enunció recordando que en aquella época del año los mariscos y ostras estaban en su mejor momento – Cómo los que hacíamos cuando venías al Sur.
En apenas un segundo la sanadora se dio cuenta del terrible error que había salido de su mente y había expuesto a viva voz. No eran muchas las veces que la mujer de la cicatriz había salido de Ciudad República y las veces que había viajado al polo sur había sido en compañía de Tenzin. Lin había visitado la Tribu del Agua del Sur cuando se formalizó su relación con su hermano pequeño, y alguna que otra vez más para eventos importantes. Su padre pasaba bastante tiempo en Ciudad República, pero cuando viajaba al polo sur para estar con su esposa, Katara, muchas veces instaba a ambos jóvenes a acompañarlo para estar allí unos días. Recórdarle a Lin sus viajes al sur era sinónimo de recordarle su relación con su hermano, cuando era considerada parte de la familia, las bromas de la madre de Kya y Tenzin sobre cuando iban a casarse, la casi formalización de su compromiso, la discusión con respecto a tener hijos, su ruptura y la pronta relación que había entablado el joven maestro del aire con otra mujer. Aquello podía revolver cualquier estomago, sin importar cuan fuerte se fuera, el hecho de ser parte activa de algo y verse de repente ostraciado de aquello que considerabas casi un hecho en tu vida, ese era un dolor tan real cómo desgarrador.
-Estaría bien – la voz de la mujer de la cicatriz sacó a la maestra del agua de su letargo – No lo pruebo desde hace mucho.
-¿Desde cuando? – una pregunta casi inconsciente que Kya no debía hacer y que obtuvo una reprimenda a sí misma en su mente: "idiota"
-Un año o más – intentaba recordar cuando para ser más precisa – En este barrio hay un restaurante donde hacen wok al estilo del sur, pero no esta tan bueno como él que preparaba tu madre.
-Pues tranquila, su digna heredera en la cocina te lo preparará – un aire de superioridad y confianza embargó a la sanadora ante la alegría de observar como la otra mujer no parecía afectada por la sola mención del polo sur – Y esta vez, sin el frío polar.
-No sabes como agradezco eso – sonrió de forma sorprendente la jefa de policía – Puedo soportar el frío seco, pero en los polos hay un frío muy húmedo para mi gusto.
-Es normal que sea húmedo, ya sabes, el hielo esta hecho de agua
-¡No me digas! – expresó la mayor de las Beifong con fingida sorpresa – ¿Algo más que deba saber?, profesora.
-Si – lentamente la oriunda del sur se aproximó al rostro de la jefa de policía y susurrando lentamente dijo – Que necesitaré darte clases particulares.
Aquella declaración de intenciones fue una declaración de guerra para Lin. La persona que estaba ante ella no solo quería tomar su fortaleza, sino que además deseaba humillar a la reina de aquel castillo y hacerla arrodillarse ante la poderosa conquistadora de la Tribu del Agua del Sur. Sin embargo, la derrocada monarca no quería rendirse y a esta lucha de insinuaciones podían jugar dos, aunque para ella era una batalla en desventaja.
Justo cuando había pensado un símil entre las clases particulares y Kya ligera de ropa, los chillidos alegres de unos niños la sacaron del recoveco más sucio de su mente, ese rincón tan perverso que pensaba que jamás volvería a usar. No obstante, era un parque público, ante una fuente en honor a Aang, el anterior Avatar y padre de Kya, y donde labradas esferas permitían ver ciertas escenas que relataban las aventuras de Aang y sus compañeros. Aquel parque, situado en una de las zonas que no resultó afectada por el titan mecánico de Kuvira, se había convertido en un lugar muy concurrido para pasear o jugar, y no era correcto demostrar tanto descaro en público, al menos no era correcto en la jefa de policía de Ciudad República. Sabiendo que algunas personas empezaban a mirarlas, la maestra de metal silencio su comentario y se levantó para dar por concluida su charla.
-No es el mejor lugar – dijo mirando alrededor.
-Es tan bueno como cualquier otro – alego Kya, aunque ya sabía que las cosas con la señorita Beifong debían ir poco a poco – Pero si tu no te sientes cómoda tranquila, ya hablaremos en tu apartamento.
-¿Sabes donde esta?
-Si, claro que si. Te recuerdo que me quede muchas veces fuera, a la intemperie, esperando que me abrieras o hablases conmigo – la sanadora quería que la jefa de policía recordase aquellos momentos para jugar un poco con su sentimiento de culpa – Espero que esta vez no hagas lo mismo, me dolería mucho.
-¡Claro que no! – exclamó la mayor de las Beifong – Ven cuando quieras y yo estaré esperándote.
Aquella exclamación se escuchó extrañamente alta, pero la mujer de la cicatriz y cabello grisáceo quería dejar bien claro que no importaba lo que pasase, estaría allí esperándola. De hecho, su plan era adecentar su apartamento, comprar algunas bebidas, dormir un par de horas y esperar a 'su sanadora particular'. No iba a moverse de su apartamento aunque le dijeran que otro malvado dictador había llegado a Ciudad República con otro titan más grande, más fuerte y con más platino. Ahora mismo, la jefa de policía no podía mentirse a sí misma, se sentía como una niña emocionada por ir al parque de atracciones. En el fondo, Lin sabía que no incumpliría su deber pero si ahora mismo le preguntasen si quería ir a una redada nocturna, lo más seguro es que enviase a Mako en su lugar para no saltarse la cena prometida.
Por su parte, la coleta nívea de Kya se mecía con el viento al tiempo que los inquietantes movimientos de su dueña le daban vida y la convertían en una serpiente albina con ganas de danzar. No era para menos, la sanadora estaba contenta por la cita de esta noche y aunque se tomaba con calma el hecho de cocinar para Lin, no podía negar que no podía creerse lo que estaba sucediendo. Si alguien le hubiera dicho que al ir a meditar cerca del portal terminaría desayunando, besando y planeando que cena prepararle a la chica con la que se dio su primer beso, llamaría loca a aquella persona solo para ir corriendo después a meditar con la esperanza de que aquellos vaticinios se cumplieran. Nadie se lo dijo, nadie lo predijo, seguramente nadie podría ni tan siquiera imaginarlo, pero aquel día sería uno para recordar. La oriunda de la Tribu del Agua del Sur estaba deseando que el día pasase rápido para cocinar para la jefa de policía de Ciudad República porque cómo todo el mundo sabe por el estomago se llega antes al corazón de una persona.
-Bueno, ahora debes ir a descansar, ¿entendido? – quería comprobar sí la mujer de la cicatriz iba a oponerse a las ordenes de 'su sanadora particular'.
-Tranquila, lo haré – no quería producirle ninguna molestia o posible disgusto – Te espero a las ocho.
-Si, a las ocho – confirmó Kya, casí a la espera de un beso que no llegó, dejando a ambas con una incomoda despedida donde una esperaba más y otra no veía bien las interacciones pública de cariño.
Esta vez, fue la sanadora la que se quedo observando los andares regios y orgullosos de la mujer de cabello grisáceo, ojos verdes y una sinuosa cicatriz. Era cierto que la maestra del metal carecía de delicadeza y rezumaba marcialidad pero entre todo ese aire de orgullo y rectitud que la envolvía, la maestra del agua veía un rastro de sensualidad natural latente. Puede que solo la mostrase en privado, pero los simples andares de la mayor de las Beifong permitían a los curiosos notar el vaivén de sus caderas. Estaba claro que se podía notar ese caminar, donde destacaban esos muslos fibrosos y esos glúteos torneados, se podían contemplar debido a que Lin no estaba usando la armadura de su uniforme y la sanadora no podría estar más agradecida.
"Tengo que conseguir que use menos su armadura", pensó la sanadora al tiempo que fijaba su mirada en aquellas caderas que pese al abrigo, seguían dejando entrever la silueta de la dueña. No importaba el abrigo, la imaginación de Kya era portentosa y lo cierto era que al cerrar la prenda de abrigo, la curva de la silueta de la jefa de policía quedaba muy remarcada, algo que perjudicaba mucho el uso de la lógica de la maestra del agua.
Después de respirar hondo, Kya comenzó a pasear, rumbo al puerto, para ir a visitar a su hermano y a sus sobrinos. La sanadora compartía un vinculo muy especial con la joven Jinora y quería saludarla, así como a dulce Ikki, al traviese Meelo, y al pequeño Rohan. Le hubiera gustado sentarse con su querida sobrina, ya toda una maestra del aire tatuada, y ponerse a hablar de sus romances del mismo modo a cómo lo haría con quince años pero ella ya era una adulta y las cosas no iban a ser tan fáciles. Solo Jinora sabía de las preferencias de su tía y resultaría sorprendente el hecho de que le dijera que ahora estaba con Lin Beifong, además de que temía que esta noticia pudiera generar una reacción de sorpresa tan grande que puede que alguno no se recuperase de la fuerte impresión. Además de aquello, ella sabía que las cosas con la jefa de policía debían de avanzar poco a poco, demostrando a cada momento a la guardiana de la ley que Kya no la había besado por gusto, sino que estaba con ella porque quería intentar tener algo serio. Podía ser un sueño, pero sabía que ella había aceptado su colgante y lo que había sucedido hacia unos minutos seguramente fuera fruto de la indecisión de la maestra del metal. En el fondo, la oriunda del sur sabía que la mujer de la cicatriz siempre se mantenía erguida e impertérrita como una roca, pero las rocas se erosionaban con el paso del tiempo y por lo que había visto Kya, la opinión de la mayor de las Beifong con respecto a las relaciones estaba completamente deteriorada con el transcurso de los años. Lin debía aceptar poco a poco la situación y ver a cada paso como su relación fructificaba, y eso era algo por lo que la sanadora lucharía con todas sus energías. Así que la primera parada para lograrlo era preparar una suculenta cena que le hiciera ver a la jefa de policía que no debía dejar escapar a tan mañosa cocinera.
La sanadora se retiró al puerto con la esperanza de pasar un tranquilo día con sus sobrinos. Pese a que aun quedaban muchos preparativos para la limpieza de la isla, lo cierto era que más allá del ataque de Kuvira, lo reseñable sin duda era el medio centenar de mozos que estaban limpiando la isla de las decoraciones que su hermano había permitido en post de no négarle nada a la feliz pareja que el día anterior había jurado sus esponsales en aquel lugar. Aquel ir y venir de personas, retirando mesas y limpiando, contrarrestaba con la vida contemplativa que los nómadas del aire debían de llevar según su padre, pero lo cierto era que el propio Meelo era lo opuesto a la palabra 'calma' y al adjetivo 'contemplativo', siendo el nieto del anterior avatar un huracán de gritos, exclamaciones y ventosidades gratuitas.
Esquivando al cuerpo de limpieza, los cuales estaban comandados por una organizadora que no paraba de darle la mano a Tenzin, agradeciendo el hermoso gesto de prestar la isla para la boda y jurando y perjurando que el señor Varrick había pedido expresamente contentar a la familia de nómadas del aire en cualquier cosa que pidieran.
-En serio, señor Tenzin – exclamaba la mujer mientras zarandeaba la mano del hombre de espesa y puntiaguda barba – El señor Varrick ha dejado constancia de que dejemos todo cómo estaba y acepten su gratitud. ¿Qué desea?, ¿un barco?, ¿un Zeppelin?, ¿aparecer cómo co-protagonista en la nueva producción cinematográfica de Industrias Varrick.
-No es necesario – interpuso el maestro – Estamos contentos de haber tenido algo tan bello como el enlace de dos almas en un solo camino.
-Pero un nuevo juego de cubertería y uno de esos nuevos electrodomésticos nos vendrían bien – inquirió Pema, la esposa del hijo de Aang, que bajaba las escaleras para admirar la labor de limpieza – Ahora que hay más maestros del aire nos vendría bien una de maquina para lavar la ropa. Sé lo que opinas cariño, pero frotar las prendas con jabón y una piedra es agotador.
La mirada exigente de su mujer lo decía todo; Tenzin no tenía opción o derecho alguno a replicar nada. Lo cierto era que todos intentaban ayudar en las tareas del hogar, pero aquella mujer de mirada amable y rostro redondeado siempre terminaba lavando la colada, debido al poco cuidado que mostraba el resto de la familia con el cuidado de las prendas de vestir.
-De acuerdo – aceptó al tiempo que miraba a la organizadora
-Estupendo – clamó la mujer efusivamente – Mañana le traeremos una lavadora Varrick ExtraPlus, y puede que un horno o un par de estufas. Ya que van a modernizar un poco su estilo de vida, no hay necesidad de empezar con miedo. Además, las estufas casi no matan a nadie.
El rostro del matrimonio se descompuso ante la afirmación de que un aparato calefactor podría matarlos, pero aquel fue el momento que decidió Kya, quien estaba ligeramente escondida para ver la divertida sumisión de su hermano, para acercarse a ambos y hablar.
-No os preocupéis. Nuestra madre tiene una y mientras no arrojéis agua a la estufa tengáis cuidado con no tocarla, no pasará nada – una sonrisa surgió de sus labios al tiempo que recibía una mirada cariñosa por parte del matrimonio – Por cierto, hola a todos.
-Hola, Kya – respondió Pema devolviendo la sonrisa con una más amplia – Ya has escuchado a tu hermana. No habrá problemas.
El maestro del aire carraspeó forzosamente con el fin de dar presencia a su voz y prosiguió.
-Agradecemos su amabilidad – y con una leve reverencia se despidió de aquella mujer que había malogrado su pobre muñeca con el vaivén incesante de aquel zarandeo – Kya, te extrañamos ayer.
-Bueno, ahora me pueden poner al día
Después de su llegada, sus sobrinos hicieron acto de presencia. Los besos y los abrazos se sucedieron con prontitud, al tiempo que cada uno luchaba por conseguir captar la atención de su tía. En la sala del principal toda la familia se reunió alrededor de un fino té de Ba Sing Tse, mientras Jinora quería hablarle de su progreso desde la ultima vez que se vieron. Kya estaba especialmente orgullosa de que su querida sobrina ya fuera toda una Maestra del Aire, pero sabía que lo que le sobraba de conocimiento, a veces le faltaba de decisión; aquello hizo que su vinculo se reforzase, contándole a su tía las dudas propias de una chica de su edad y que , a ojos de su padre, un maestro del aire no debería de tener. Meelo solamente relataba lo acontecido en la guerra y cómo sus brillantes estrategias desmantelaron los planes de Kuvira; aunque su tía conocía perfectamente el don de la exageración de su atolondrado sobrino, esta no podía hacer otra cosa que alegrarse porque nada le hubiera pasado puesto que aunque exagerado, Meelo no mentía nunca y seguro que había arriesgado su vida frente a aquella enorme estructura de metal con forma de hombre. Rohan solamente quería abrazos, besos y que Kya hiciese pompas de agua para él. Finalmente, Ikki, le contaba lo que había leído, lo ultimo que había visto, el miedo que había pasado con el gigante de metal, como habían encontrado a Korra y habían conocido a Toph Beifong, que por fin iba a tener una habitación solo para ella, o el hecho de que Kuvira era seria y daba medio pero que parecía muy triste y arrepentida. Si algo podía destacar la sanadora de su pequeña sobrina, además de la hiperactividad, era que poseía una capacidad para el cariño y el perdón casi infinitos, por mucho que a veces discutiese con sus hermanos, Ikki siempre se preocupaba por ellos, e incluso ante enemigos, Ikki siempre intentaba discernir un atisbo de bondad. Sin duda, la vivaracha niña era un grito de fe y esperanza por la humanidad.
Al poco, el relato cambió hacia la noche anterior, narrando los eventos de la boda y la fiesta. Ikki resoplaba ante la idea de imaginar su propia boda, mientras Meelo recordaba el pastel y Jinora le susurraba al oído a su tía que había bailado con su novio por primera ve.
-Fue una fiesta agradable – añadió Tenzin al tiempo que saboreaba el té – Salvo por un pequeño incidente con Lin, pero no fue nada grave.
Aquel comentario hizo que algo en el interior de la sanadora se encendiese, casi como si Vaatu morase en sus entrañas. A veces quería agarrar a su hermano y decirle que era idiota por tratar con esa deferencia a alguien que no solo había abandonado, sino que años después se había sacrificado por su familia sin pedir nada a cambio.
-Me encontré con Korra y Asami antes de venir – dijo la maestra del agua intentando quitar importancia al asunto – Al parecer te encaraste con ella.
-Bueno, unicamente quería que disfrutase de la fiesta – se disculpó – Sabes como es, no le gusta ningún acto de este estilo y no quería que sus malas vibraciones ensombreciesen la celebración.
En aquel momento, su hermana mayor había decidido que había tenido más que suficiente.
-En primer lugar, ella vino y creo que eso demuestra que se sentía agradecida por la invitación. Sino sabes que hubiera buscado alguna escusa para no venir – quiso recalcar cada punto – Y en segundo lugar, es normal que estas cosas puedan afectarle, ya sabes por qué.
Aquella mirada sería era una advertencia sigilosa, casi como el siseo de una serpiente antes de morder al ser molestada. "No lo hagas, Tenzin, hoy no" pensaba la sanadora, casi como si intentase comunicarse con su hermano unicamente con su mente, "si tengo que recordarte la ultima visita al Polo Sur de Lin siendo novios, créeme que lo haré. Hoy no te permito una palabra más alta que otra con respecto a Lin".
No sabía sí su hermano había escuchado sus pensamientos, se había asustado ante su fría mirada de hielo lanzándole estiletes directos al alma, o se había dado cuenta de aquello que ocultaban las palabras de su hermana; pero fuera lo que fuese, Tenzin simplemente agachó la cabeza fijando la mirada a su taza de té.
-Lo importante es que vino y es de agradecer – Pema se esforzaba por distendir el ambiente – Era casi obligatoria la presencia de la valiente jefa de policía que había ayudado a salvar Ciudad República.
-Si, es cierto – respondió Kya al tiempo que en su mente se decía a sí misma , "Esa es o será mi chica. Una heroína".
La heroína anteriormente nombrada, se estaba levantando en aquel momento de su cama. Le había costado dormir, fruto del riguroso reloj biológico que había entrenado durante años. Ya había comprado algunas bebidas, una maceta nueva, e incluso un par de cacerolas. También había limpiado el apartamento y lo que comenzó como un intento de adecentar levemente su vivienda, terminó convertida en una sesión de limpieza en busca de la pulcritud extrema para impresionar a su invitada.
Aunque una zona de la ciudad estaba destruida, el barrio donde la maestra del metal vivía se había librado del conflicto y muchos vecinos habían optado por hacer vida normal durante unas horas e ir a colaborar durante otras. Algunas tiendas colgaban letreros donde pedían a la gente que ayudase a los refugiados o se negaban a cobrar a las personas que habían perdido su hogar. Era algo hermoso el hecho de que en un momento tan difícil para unos, otros los estaban apoyando con gran decisión, dejando ver que el ser humano aun era digno de elogio.
La jefa de policía se había aseado, con cuidado de quitarse el collar para no mojarlo pero con el deseo de volver a enlazarlo a su cuello tan pronto como saliese de la ducha. Una vez salida de la ducha y con el collar vistiéndola, la mayor de las Beifong optó por una camiseta negra con un cuello en pico, para dejar bien a la vista el collar, y unos pantalones verdes holgados para dejar claro que aquella era una situación cómoda y familiar para ella. Se había puesto perfume, algo que era extraño en ella y aun más si tuviera que recordar cuando había sido la ultima vez que se puso perfume dos días seguidos, pero la ocasión lo merecía. Quería estar tranquila, tenía que serenar sus ánimos, para así poder preguntarle a Kya con naturalidad que consideraba ella que era esta situación y cual era la relación que había entre ambas, no había obtenido las respuestas en el parque y ahora necesitaba saber que esperaba de ella la maestra del agua.
Pasaban veinte minutos de las ocho de la tarde y la jefa de policía comenzaba a preocuparse. A su ya de por sí conocida poca paciencia, se unía el hecho de vivir en el que fuera uno de los barrios más peligrosos de la ciudad, de que Kya no era de Ciudad República, y de que la situación después del ataque de Kuvira estaba algo tensa, con un aumento en el numero de robos y saqueos. Sin darse cuenta, la agente de la ley comenzó a pasear por su apartamento, intentando aplacar una sensación molesta en las entrañas, luchando por guardar la composturas y no salir corriendo a buscar a la sanadora.
"¿Estará bien?, ¿por qué se retrasa?. Calma, seguro que se distrajo jugando con los hijos de Tenzin, ¿no?", antes de que su mente pensase algo peor, el timbre de su apartamento sonó y Lin corrió a abrir la puerta con inusitado brío. Al abrirla, se encontró con una coleta juguetona que se zarandeaba al tiempo que su dueña intentaba mantener el equilibrio ante el peso de dos enormes bolsas de papel.
-Hola – saludó Kya – ¿Podrías ayudarme?
-Dame una – pidió la mujer de la cicatriz en un tono servicial
-Es que subiendo las escaleras una se ha roto. Siento haber tardado – se disculpó – Jinora quería contarme un problema con su chico y pedirme consejo.
-Que mayor se ha vuelto.
-Si, y por cierto – enunciaba mientras seguía a la agente de la ley que caminaba ante ella, rumbo a la pequeña cocina – La gente se esta esforzando mucho después del ataque.
-Es normal – la jefa de policía y Kya habían comenzado a extraer los alimentos de las bolsas – Este barrio sufrió mucho con Unalaq. Cuando descendió la delincuencia los precios de los pisos eran baratos pero casi nadie quería vivir aquí. Muchos no maestros compraron aquí sus apartamentos y sufrieron a ese idiota. No importó que yo viviese aquí o que no hubiera habido ningún conflicto, detuvo a una quinta parte del barrio por no hacer nada.
-Es horrible – la sanadora lamentó los infortunios que había tenido que padecer la mujer que estaba ante ella – Pero cambiemos de tema, no conviene empezar a hablar de viejos tiempos tan malos. Voy a cocinar para ti lo que había prometido.
La oriunda del polo sur sonrió mostrando su perlada dentadura, provocando que la mujer que estaba ante ella la mirase con pasmosa admiración, deseando volver a sentir esos labios contra los suyos una vez más.
-He comprado cacerolas nuevas – señaló a un grupo de nuevos útiles de cocina sin ningún tipo de uso.
Una sonrisa de suficiencia se dibujo en el rostro de Kya, al tiempo que con un tono juguetón comenzó a alargar cada palabra que salía de sus labios.
-¿Has hecho eso por mi?
-Bueno, tenía que renovar los útiles de cocina, así que aproveche – se defendió la jefa de policía , no queriendo admitir que sí lo había hecho por la sanadora.
-Pues me pondré a ello, ahora mismo.
Antes de que la maestra del agua se arremangase, Lin se vio obligada a sacar fuerzas de flaqueza con el único propósito de calmar su temeroso corazón.
-Escucha, Kya – clavó sus ojos en aquellos dos océanos qu habitaban en el rostro de la mujer de tez morena – Quería preguntarte algo importante y quiero que seas sincera porque estoy hecha un lío.
-¿Qué sucede?, por favor, tranquilízate – aquella postura erguida que mostraba Lin dejaba ver su marcialidad, su rectitud, su fuerza, pero también el muro que empezaba a levantar para no sufrir. "¿Qué demonios te pasa?", pensaba Kya, extrañada de esta situación.
La mayor de las Beifong resopló con la esperanza de calmar su galopante ritmo cardíaco. Guardando la calma, señaló al collar que llevaba enlazado a su cuello y preguntó.
-¿Qué significa esto para ti? – sus ojos verdes intentaban permanecer serenos pero la mirada de sorpresa de Kya era algo que no podía descifrar – No sé si es un gesto amistoso o que tenías lastima por mi pero esto es algo muy serio para mucha gente.
Aquel comentario ofendió a la maestra del agua, ¿qué tenía que hacer para que la chica que le gustaba desde hacia tantos años no pensase de forma tan negativa?
-Escúchame Lin – su mirada se encontró con dos esmeraldas brillantes que tintineaban de forma casi mágica – Sé que es algo muy importante. Soy de la tribu del Agua el Sur, por si lo habías olvidado. Te di el collar porque es algo muy preciado para mi.
-Entonces solo es un regalo, ¿no? – la decepción se había afincado en el pecho de la maestra de metal.
-No, tonta – el hastiado resoplido de Kya sonó con enorme volumen – Es un collar de compromiso por algo. Si te arrepientes de lo de hoy, vale. No te preocupes, devuélveme el collar y seguiremos siendo amigas pero que sepas que tus labios seguro que no se arrepienten.
El tono sugerente de la sanadora dejaba entrever que no iba a permitir que Lin tomase el camino de la retirada fácilmente. No sin luchar, sin dejarle volver a probar las mieles de un placer que había olvidado, no sin marcarla a base de cariño y besos, para hacerle dudar cada segundo de su decisión de abandonarla.
-Es que una vecina mía me contó que hay personas que regalan collares de compromiso por el hecho de regalar – la jefa de policía casi semejaba una niña pequeña escusándose ante una travesura, mirando a sus propios pies – O que lo hacen para acostarse con otra persona, pero que están hechos de chatarra y en una prensa hidráulica.
En aquel instante el corazón de Kya se enterneció más de lo que podía asumir. No era que la mujer de la cicatriz estuviera intentando dejarla o tuviera miedo, lo que quería era comprobar que era lo que motivaba a la sanadora. Ella quería saber que no era una equivocación que era algo especial, quería comprobar si la otra persona también sentía lo mismo que ella. En aquel momento, la hija de Aang supo que Lin la amaba y se preguntó si aquello surgió ese día o si había estado escondido tantos años.
-Ese collar lo hizo mi bisabuelo para mi bisabuela – respondió la sanadora al tiempo que se acercaba lentamente a la jefa de policía – Esta hecho a mano y es una importante herencia familia que debo entregar a la persona con la cual yo quiera pasar el resto de mis días.
-Pero, pero -
-Esa persona eres tu, Lin Beifong – continuo sin dejar que la mujer de la cicatriz dijera nada y rodeándola con sus brazos para acercarla a ella – Cada beso que di, cada chica con la que he estado era solo para intentar olvidarte. No le he dado nunca ese collar a nadie, salvo a ti. Ese collar es una promesa de que empezaremos algo, poco a poco si quieres pero que empezaremos algo solas tu y yo.
-Lo siento – se disculpó la maestra del metal, con el rostro sonrojado y abrazando fuertemente a la otra mujer contra su propio cuerpo – Es que hace mucho que no tengo algo con alguien. Además, contigo, casi no me lo creo.
-Pues a ver si así te lo crees – y apartando un poco su rostro del de Lin, besos los labios de la maestra de metal, con la delicadeza con la que se tratan las cosas frágiles que no se quieren romper, porque esta capítulo de sus vidas iba a empezar prontamente y cómo todo lo que nace, es intenso, da miedo, es extraño, divertido, y bastante delicado.
Continuará...
Una review anima a seguir y permite que sepa si gusta o no lo que escribo
Reflexiones:
-Siguiente episodio de este Kyalin y espero que la espera os merezca la pena. Los que ya leen 'Un Puente Hacia Ti' – si, sigo haciendo publicidad de mis trabajos, dejadme en paz, pensad que soy adorable y todos felices – ya sabrán que este viernes me voy de viaje por trabajo y no estaré en los próximo días así que no habrá continuación la semana que viene. Por favor, disculpadme.
-Bien, estoy a horas de tomar un tren, pero sentía que necesitaba dejar este capítulo para demostrar mi compromiso para con vosotros, así que espero que lo disfrutéis. Ahora viene lo malo, no soy capaz de dormir en nada que se mueva, si me duermo aunque sea un segundo me levanto con fuertes mareos. Traducción: voy a morirme de sueño, pero ha sido por vosotros y eso bien lo vale.
-Por otra parte, deciros que agradezco mucho la acogida y espero que poco a poco más se sumen a este tren, aunque no tenga paradas obligatorias, es igual de esperado y querido que los puentes que estoy relatando.
-Un abrazo y sed felices.
