Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.

Muchisímas gracias por más de 500 reviews. En Reflexiones tengo unas palabras de agradecimiento.

Este capítulo se lo dedico a Blanche Vest que ha estado de cumpleaños hace poco. ¡Felicidades guapa!.

NUEVO DIRECTO: Youtube: Armitage Productions - youtube SethLiony2711

Buscad en Youtube Armitage Productions

Domingo 6, de Septiembre. Se iniciará a la 13:30 horario México, pero os dejamos otros horarios.

HORARIOS:

13:30 Mexico Centro, México

14:30 Bogota, Colombia

15:30 Buenos Aires, Argentina

16:30 Santiago de Chile, Chile

19:30-20:30, España

En el capítulo anterior tuve un error y puse otro canal de youtube por error. TENEIS que IR a Youtube y TECLEAR Armitage Productions o LEER REFLEXIONES.

Ya podéis usar el Hashtag para preguntas que responderemos tanto en facebook como en twitter: #ProyectoLionWolf

Contraluznocturno. Wordpress. Com ← SIN ESPACIOS . No me sean descuidados, que igual terminan en una pagina turco-chipriota o algo así

Gracias a todos los que dan Follow y Favorites, pero en especial a los que se han molestado en dejar unareview o postear un MP:

Este capítulo esta dedicado a Toph, la administradora del grupo Korrasami Latino que tan bien me recibió cuando llegue al grupo y que tanto apoya mis fics. Muchísimas gracias. FELIZ CUMPLEAÑOS

Dedicaciones personales.

Love is a wild Animal danirock no creo que llores, pero vamos a comprobarlo AvatarYumiko Muchas gracias por tu comprensión; Phary pues lo dejo con un cliffhunger descafeinado en tu honor. Liz aquí la tienes, muchísimas gracias; RoseLangley02 Me haces un fatality en el corazón. Lo siento, el flawless victory me trastorna Obini ¡Claro que tienen que competir!, sabes tan bien como yo que Kya prefiere la experiencia y Korra la sensualidad exótica

Capitulo 15

La visita

Era miércoles. Un miércoles como otro cualquiera, podría haber pensar Lin, solo que este era diferente a cualquier otro lunes de los últimos años. Hoy no iba a ir a trabajar.

Había llamado a la Comisaria Central para avisar que no se personaría en lo que quedaba de semana y que Saikhan tomase las riendas hasta el próximo lunes. Otrora, cualquiera de sus subordinados hubieran pensado que la jefa de policía estaba gravemente enferma, pero nada más lejos de la verdad. La hija mayor de Toph Beifong tuvo que aclarar que tenía asuntos del Loto Blanco que atender para evitar que se corriese algún rumor sobre su estado de salud.

A decir verdad, tampoco quería que los rumores derivasen en que cierta maestra del agua la incitaba a desatender sus obligaciones y quedarse retozando todo el día en la cama, aunque la propia Lin se sorprendió en lo mucho que le agradaba dicha idea. Era cierto que en su día fue más joven y también tenía pareja, pero Tenzin jamás la atrajo tanto. De la misma sangre y hermanos, casi una forma burlona del destino de decirle que había elegido en su momento al hijo equivocado de Aang.

Tenzin, serio y recto, como ella. Muchos hubieran dicho que eran tan similares que serían la pareja ideal pero lo cierto es que eran tan similares como inflexibles, tercos y demasiado anclados bajo la sombra de sus padres. Con el tiempo la agente de la ley comprendió que su relación era un examen diario que pasaban con nota a la espera de algún desliz pasional intrascendente.

Kya, su Kya, era todo lo contrario. Divertida, alegre, amable, coqueta, y un sinfín de adjetivos más que se le venían a la mente para nombrar a su bella novia. ¿Novia?, le sonaba raro a todo el mundo pero cuando la sanadora lo decía a Lin le parecía una sinfonía celestial. Con ella todo era amor, besos, familiaridad. La que fue en su momento una sanadora vagabunda obsesionada con visitar el mundo, ahora era una mujer que podía apaciguar mente y cuerpo con su presencia. Sus viajes le habían proporcionado una visión y un entendimiento de todo el caleidoscopio de ideologías, culturas y formas de pensar que yacían bajo el manto de la luna.

Sí, su Kya era casi celestial en muchos aspectos y para su afortunada pareja, era aun más celestial y a la vez muy terrenal. La sanadora no ocultaba su lado pícaro ni su pasión, exigía un beso o lo tomaba, reclamaba un pedazo de lujuria de Lin o lo regalaba algo de la suya y hacia que la agente de la ley sintiese un deseo visceral en las entrañas. Con Tenzin nunca sintió las ganas de tocar y ser tocada todo un día, amasando otro cuerpo y casi intentando plasmar sus dígitos en aquella tez tostada. Tenía que admitirlo: la idea de estar todo un día en la cama con esos ojos cerúleos mirándola de forma zalamera le encantaba.

Cuando comentó a sus hombres, entre los cuales estaba Saikhan y Mako, que estaba pensando en retirar la sorpresa y estupefacción de todos los agentes con los que tenía confianza. Solventó el problema alegando que las obligaciones con el Loto Blanco iban a comenzar a interrumpir sus jornadas laborales y que el cuerpo debía tener a alguien que no se viese obligado a desatender sus obligaciones. Claro, algunos recordaron que Lin se había ido en su momento al Reino de la Tierra pero había que matizar que esa aventura en Zaofu fueron parte de sus, bastante estresantes, vacaciones.

El Loto Blanco y cuidar de una criminal de guerra era algo más o menos cómodo para su estatus. Seguiría teniendo un cargo en la jefatura de policía y ser miembro de una organización tan reconocida y respetada le daba una posición ventajosa en ciertos momentos. Raiko podía molestar a la jefa de policía con sus reclamas pero ni siquiera el presidente electo de Ciudad República podía negar la potestad de un miembro del Loto.

Ser parte de las fuerzas de la ley de Ciudad República en calidad de miembro de la organización blanca, poder ignorar las quejas de Raiko y poder tomarse tiempo con su novia; al pensar todo eso, una sonrisa se dibujó en el rostro de la mujer de la cicatriz en el rostro, no le disgustaba la idea de cambiar de fuerza legislativa.

La propia Lin se sorprendía de todas las cosas que se le estaban pasando por la cabeza en aquel momento, entre la vigilia y el despertar, observando como el sol se colaba por las rendijas de la persiana y se estrellaba contra la pared. Una agradable brisa matutina chocaba contra el cristal de la ventana y mecía unas listas de tela con bendiciones decorativas a modo de amuletos hogareños que los sobrinos de Kya les habían regalado. Esos diablillos adorables esperaban que los vientos cálidos y agradables bendijesen su hogar y a ambas, eran unos chiquillos adorables. A su lado, abrazándola, su sanadora particular hecha un ovillo enredado en su cuerpo. La jefa de policía sonreía ante los sonidos leves que hacia su chica cuando dormía, eran como leves susurros canturreantes que entonaban una nana incluso dormida.

Un momento mágico y de fortuna, antes de despertarse y ponerse en ruta a la prisión de Aguasclaras.

-Despierta preciosa – dijo la hija de Toph en voz alta, moviendo levemente su cuerpo para forzar su liberación.

La sensación de perder el objeto que abrazaba con tanto amor hizo que la maestra del agua se despertase y observase como la maestra de metal se levantaba de la cama y comenzaba con su sesión de estiramientos matutinos.

-Buenos días – saludó con un profundo bostezo al tiempo que ella se desperezaba en la cama.

Kya era ciertamente madrugadora pero se le habían pegado las sabanas debido a un exceso de besos la noche anterior. A diferencia de Lin, la oriunda del Sur no podía conciliar fácilmente el sueño cuando su cuerpo demandaba el cuerpo de su novia pero cuando la maestra de metal cerró los ojos y se durmió de golpe, la sanadora maldijo su mente calenturienta y el agotamiento al que Raiko había sometido a su chica.

Aunque esa noche no había terminado como ella hubiera querido, el día amanecía esplendoroso ante la visión de su novia haciendo estiramientos. Kya estaba reclinada en la cama observando como se tensaban los poderosos músculos de su chica y como su espalda exhibía cada una de las fibras de su ser, trabajadas todas ellas durante años como si fueran el fruto de un forjador celestial. La sanadora adoraba esa espalda pero tenía debilidad por las piernas de su chica, marcadas, tonificadas y terminadas en unos glúteos tensos, a la par que firmes como el granito. Lin solía dormir con calzones o con braguitas lisas y, en ambas ocasiones, observar como la tela embutía esos contornos era casi pecaminoso. La agente de la ley no tenía nada que envidiar a una jovencita y una juguetona palmada en dichas posaderas evidenciaba dos cosas. La primera era que kya ya se había levantado de la cama. La segunda era que pese a tener unas nalgas prietas y tersas, relajadas podían tener un roce mullido.

-Oye – reclamó la hija de Toph con un sonrojo evidente.

-Perdóneme, agente, pero soy inocente – alegaba con un fingido mohín – Esos muslos incitan a cachetearlos.

La mujer de la cicatriz había pensado en una réplica pero sabía que una contestación conllevaría una objeción por parte de su novia. No era que no le resultase divertido el intercambio de connotaciones picantes con su chica pero cuando se dio la vuelta pudo ver como la oriunda del Sur se subía descaradamente el camisón, mostrando sus muslos para defender su alegato y derrotando a Lin Beifong en el acto. En ese momento, Lin supo que de seguir con el juego de las réplicas, ambas terminarían teniendo de mañana lo que por la noche no se produjo debido a su agotamiento.

-Mejor me voy a duchar – solventó la mujer de tez oscura – Y es mejor que no me acompañes o volveremos a empapar el baño.

Esa declaración enrojeció aun más las mejillas de la agente de la ley al recordar una de las veces que ambas se ducharon juntas y la ducha se convirtió en algo más. Nunca jamás hubiera imaginado lo erótico y útil que podía ser el agua-control hasta ese día.

Lin aprovechó para terminar sus ejercicios matutinos, algo que no hacia desde hacia bastante pero que demostraba el exceso de energía que tenía su cuerpo, así como la relajación que este tenía en las noches con más actividad.

Kya salió de la ducha vistiendo su clásica túnica de la tribu del Agua y sus pantalones ajustados debajo de ella. La única diferencia con su ropa habitual era que había cambiado sus botas forradas de piel por unas botas altas de cuero negro que tomaba prestadas del vestuario de su novia.

-¿Otra vez te pones mis botas? – preguntaba la agente de la ley al tiempo que entraba al baño con una toalla bajo el brazo.

-Son cómodas. ¿Te parece mal que las use? – preguntaba la mujer que ya se había hecho su coleta alta – Puedes tomar ropa mía si quieres.

-No me molesta pero es normal – contestó Lin, ya detrás de la puerta – No tienes mucha ropa de verano.

Le agradaba bromear con Lin por su escaso fondo de armario, aunque ella tampoco era una experta en moda. A veces sonreía pensando en lo rara que estaría su chica vestida como una mujer de la tribu del Agua del Sur.

Mientras la agente de la ley se duchaba y se preparaba, la mujer de alta coleta nívea tarareaba una canción al tiempo que preparaba un cestón de manjares. Panecillos rellenos, emparedados, bolas de arroz relleno, bollos dulces y fruta llenaron el mimbre que había preparado, incluyendo dos botellas para poder bajar cuantiosa comida.

Lin salió del baño vestida con una camisa levemente ajustada de cuello mao de color verde con un bordado de color naranja pálido en los puños. La camisa caía por debajo de la cintura de su pantalón de color negro. A la vista de la vestimenta de su novia, la oriunda del Sur no pudo hacer otra cosa salvo hacer una mueca decepcionada consigo misma.

-Yo voy casi como siempre y tu estrenas ropa – solventó la sanadora – ¿Quieres impresionar a los miembros del Loto Blanco o a mi?.

-Pues teniendo en cuenta lo que estas preparando parece que vamos de picnic – señaló el cestón de mimbre que ya distinguía como la cesta de los paseos con merienda incluida.

-Es por si acaso – las sorpresas de Kya eran siempre de lo más curiosas.

-Bueno, acuérdate que Kuvira es considerada una persona peligrosa y que no se puede llevar metal cerca de ella – inquirió Lin.

Korra se había negado en rotundo a despojar a Kuvira de su control. La Avatar había alegado que estaría bloqueado una parte de la naturaleza humana de una persona, impidiendo que esta persona siguiese siendo ella en su totalidad. La idea de quitarle su control a una persona, pese a sus actos terribles, era algo inconcebible para la maestra de los cuatro elementos que veía en dicho acto algo igual a lo que hacia Amon con sus victimas. Los Igualistas despojaban a una persona de algo que había sido parte de su vida, sin su consentimiento y, en muchos casos, recurriendo a la violencia como medio para doblegar al condenado. Cuando Raiko sugirió tal acto, Korra rechazó esa idea taxativamente.

-Lo sé – se defendió la sanadora, mostrando unos palillos y unas tazas confeccionadas con madera – Tu novia piensa en todo.

-Siempre preparada – y con un leve abrazo selló al fruto de sus alegrías entre sus brazos – Ese es algo que me encanta de ti.

-¿Y qué más te gusta de mi? – un tono de voz zalamero y sugerente se escapaba a la vez que esa pregunta.

En respuesta a tal acto, la maestra de metal afianzó y cerró más sus brazos en torno a la cintura de su pareja. Con una sonrisa afilada y hambrienta, contestó – Mejor te respondo cuando volvamos.

Era un rincón frío, se sentiría solitario, un lugar donde solo podía escuchar su propia respiración y el sonido del mar al estrellarse contra las rocas. Así era la prisión de Aguasclaras, un peñasco rocoso en medio y medio del océano, rodeado por más y confeccionado expresamente para criminales que no fuesen maestros del agua.

La única roca que había estaba en la propia estructura que los protegía del envite de las olas al chocar y pese a haber maestros de la tierra en el lugar, nadie era tan loco como para arriesgar la vida haciendo ceder el escaso suelo que pisaban o las paredes que los guarecían de la climatología. Por si eso no fuera suficiente, las paredes de la prisión estaban bañadas en polvo de platino que adherido a la roca hacia que esta no pudiese ser controlada y, para añadir más medidas de seguridad, las celdas y los barrotes de la zona de maestros tierra estaban hechos con pino negro, un árbol cuya madera soportaba grandes temperaturas y que al arder seguía mostrando una enorme resistencia. Ya tenían pocas opciones para ejercer el control pero ni un maestro de fuego podría quemar esos barrotes fácilmente, puesto que el pino negro era tan denso que de su tronco se confeccionaban los féretros de la realeza para asegurarse de que nadie quemase su cuerpo inerte para ultrajarlo.

Por toda la prisión viajaban conductos de agua marina que ayudaba a la salubridad del lugar y proporcionaba a los maestro de agua, los celadores del lugar, un acceso ilimitado a su elemento. Esto daba una sensación de humedad en el ambiente que incitaba a la inactividad de los reos. Los propios presos sentían como su animo se apagaba al tiempo que eran conscientes de que estaban abandonados en el océano, con un extenso grupo de guardias que no dudarían en usar la fuerza contra cualquiera que amenazase la prisión, viniese de donde viniese. Era un agujero que daba acceso al mundo de la melancolía, donde casi nadie podía recibir visitas regulares, mucho menos Kuvira.

La antigua Unificadora se había convertido en la apestada del lugar. Habían alzado una planta nueva confeccionada enteramente de madera en lo alto de la prisión, debido al temor que suscitaba que un prodigio como ella encontrase la manera de controlar la roca bañada en platino. Cualquiera podría pensar que era un trato de favor, pero nada más lejos de la realidad. Su celda tenía goteras, el colchón estaba ajado, no la dejaban salir de la celda y debido a sus crímenes a veces, cuanto se acordaban de ir a verla a la hora de la comida, cenaba los restos calcinados o las sobras que le traían. Solamente había dos cosas buenas del lugar; la celda era amplia y las vistas al océano eran hermosas. Las montañas del continente enmarcaban la división entre el cerúleo del mar y el azulino del cielo, el sonido del mar cuando estaba calmo sonaba cual nana y las luces de la distante bahía de Ciudad República alumbraban sus noches como si fueran un coro de luciérnagas. Le apenaba la distancia, ni siquiera sus guardias la escuchaban y cuando les gritaba por algo, ellos se limitaban a señalar que estaba rodeada de piras incendiarias y angoras llenas de agua a modo de método disuasorio.

Demasiadas medidas de seguridad para evitar una fuga, fuga que jamas se daría porque no tenía a donde ir. No quería que Korra viniese tan a menudo, ella tenía una vida en común con la señorita Sato, o al menos así lo sospechaba cuando hablaba de ella con un brillo enamorado en sus ojos, siendo consciente de que la preocupación del Avatar por ella podía provocar el distanciamiento con su amada. Así pues, se limitaba a decirle que estaba bien y a instarle a que volviese en unos meses, fingiendo como una gran actriz el hecho de que las visitas de la oriunda del sur eran lo único bueno que tenía en semanas. Pese a todo, no podía ser egoísta con quien la defendió e intentó ayudarla, así que era mejor que ella pasase esta penitencia eterna en soledad y que, con el paso del tiempo, fuera olvidada por todos. Un pensamiento, un recuerdo, una historia que contar, una leyenda; en eso se convertiría Kuvira, en algo impersonal e inexistente. Con el tiempo, la gente pensaría en ella sin recordar que había sido condenada a una vida tras unas frías rejas, que se merecía, pero que no dejaban de ser triste.

La antigua Unificadora permanecía sentada en el camastro de su cela, con su uniforme gris como única vestimenta, intentando meditar sin mucha fortuna. Ella no era una persona contemplativa o paciente, pero iba a tener muchísimos años para mejorar esos aspectos.

De repente, un ruido extraño le llamó la atención. No eran los pesados pasos del hombre que le traía la comida y tampoco era hora de comer. Comenzaba a esperar la típica visita de algún guardia con infibulas de justiciero que creyese que podía derrotarla en un combate. Sí, la hacían pelear, aunque no era una pelea porque ella no se defendía y se limitaba a aceptar la ira que había provocado como un método de expiación. Pese a que el Loto custodiaba su celda y era una organización pacifica, ni siquiera ellos podían controlar a todos sus miembros y, pese a detener y alejar a los custodios de la antigua dictadora, siempre habría gente que quisiese tomarse la justicia por su mano.

Kuvira se levantó, no quería manchar sus mantas con sangre, se colocó en una esquina de la celda a la espera de su enfadado agresor. Ese rincón, ya con manchas de sangre resecas alrededor, era la esquina donde los guardias solían hacer la vista gorda a las agresiones y la maestra de metal aceptaba los castigos. No quería que el resto de sus escasisímas posesiones se manchase y era mejor estar en ese rincón.

Su celda era amplia, lo suficiente como para guardar un lavabo y una improvisada mampara de ducha que otorgaba muy poca privacidad. Ella sabía que más de un guardia espiaba en sus duchas los contornos de su cuerpo pero no le importaba, no tenía porque ocultar su cuerpo y sí se fijaban en sus curvas significaba que no estaban golpeándola.

Así que allí estaba Kuvira, apoyada en la pared a la espera de recibir algún moratón más cuando escuchó una voz familiar que no alcanzaba a reconocer identificándose como miembro del Loto Blanco. ¿Quién podía ser?, esa voz le era extrañamente familiar y al abrir su celda, la antigua Unificadora no daba crédito a lo que veían sus ojos: ante ella estaba la mismísima Lin Beifong.

-Buenas tardes – saludó con un tono autoritario pero a la vez calmo.

-Buenas tardes, Jefa de policía Beifong – contestó cuadrándose y haciendo gala de su educación casi militar.

La hija mayor de Toph señaló la ficha de pai-sho que llevaba en la solapa, aunque más bien era una sello prensado en la pieza, signo distintivo de los miembros del Loto Blanco – Soy la nueva persona que esta a cargo de ti.

-¿Usted? – el tono de sorpresa no abandonaba su voz – Perdona la indiscreción pero no entiendo el motivo. Usted es una persona muy ocupada.

-Bueno – una sonrisa resignada brotó de su rostro en respuesta a dicha pregunta – La gente debe renovarse o morir y alguien ha pedido una persona de confianza que vele por ti.

Alguien de confianza, unas palabras que le sonaban a ensueño sobretodo cuando había perdido todas esas personas por su culpa de sus propios actos. ¿Quién podría ser?, preguntándose dicha duda pensó durante un segundo que Suyin había rogado a su hermana que intercediese por ella, demostrando que aun la quería, pero eso era poco más que un sueño imposible, porque seguramente ni Baatar volvería a hablarle. Imaginando los rostros de desprecio de toda Zaofu obtuvo una revelación: Korra. Tenía que ser Korra, quien descubriendo las mentiras veladas en cada sonrisa y silaba positiva que pronunciaba la maestra de metal, rogó la ayuda de Lin Beifon para su causa.

"No quería ser una molestia para nadie, Korra", se repetía mentalmente al tiempo que notaba al parpadear el velo cristalino de sus ojos humedecidos, "lo decía en verdad. Pero gracias".

-Se lo agradezco pero no quiero ser molestarla – la misma sonrisa fingida que se había convertido en el telón de su propia autocomplaciencia.

No hubo palabras durante unos segundos, al tiempo que los ojos esmeralda de la agente de la ley escudriñaban cada movimiento y cada expresión minúscula que aparecía en su protegida.

-Deja de mentirme – alzó el cuello con aires de superioridad, con una ceja uniendósele – Físicamente te encuentras mal, casi diría que además estas deprimida en este lugar y debo ser la persona más amable que te has topado en toda la semana.

Tres intentos, tres dianas y tres aciertos; la legendaria intuición de Lin Beifong petrificó, nunca mejor dicho, a la joven maestra de la tierra. La antigua Unificadora no daba crédito a las capacidades perceptivas de la jefa de policía de Ciudad República, siendo estas muy superiores a los comentarios taberneros. La joven de cabello oscuro y larga trenza estaba segura de que había permanecido inerte y no había demostrado flaqueza alguna pero todo terminó siendo inútil ante esos ojos entrenados cual halcón de fuego.

-Por sí quieres saberlo – la agente de la ley interrumpió los pensamientos de la discípula de su hermana – Estas tensa como una roca y eso denota que quieres ocultar algo. Tu respiración es arritmíca y tus ojos tienen signos de agotamiento, lo que denota agotamiento y eso suele estar ligado con un principio de depresión en los convictos. Se nota que a duras penas consigues estar erguida con los hombros rectos y se nota tu delgadez desde la ultima vez que te vi. Intentas ocultarlo todo, pero el movimiento de tu pecho al respirar y el movimiento de tu cuello demuestran que estas nerviosa, que te cuesta respirar y que tienes tanto miedo de mi como de ti misma.

Brillante era el único adjetivo que se le venía a la mente a la joven presa ante tal exposición que no solo desmontaba su fachada, sino que dejaba bien claro que no iba a poder mentirle a Lin Beifong.

-Absolutamente brillante – se rindió a la evidencia – Nada más digno de la famosa jefa de policía de Ciudad República.

-No quiero halagos – sentenció tajantemente – Quiero que sepas que no estoy aquí para hacerte daño. Estoy aquí para cuidar de ti. No voy a obligarte a nada que no considere extremadamente necesario. ¿Lo entiendes?.

-Sí – para sorpresa de Kuvira, en el rostro de la mujer de la cicatriz no se reflejaba odio o ira, la mirada de su guardiana procuraba reflejar la calma y disposición de sus propias palabras.

-He traído una sanadora y experta médica que va a auscultarte – añadió – Es de mi completa confianza, así que confía en ella. Necesito que des el permiso para que entre y te haga una revisión.

Era algo fácilmente comprensible, una serie de preguntas rápidas para marcar una tónica común en la mente de la presa, que su guardiana no era una carcelera que iba a abusar de ella. Había pasado por un infierno, había recibido a más de un celador violento que solamente era detenido cuando notaban que comenzaba a pasarse con los golpes o que Kuvira yacía inconsciente en el suelo. No perdía nada por probar otro enfoque.

-Por supuesto – respondió – Que pase.

Al decir esto, la persona que esperaba en el dintel de la celda entró en el habitáculo. Una coleta blanca como la nieve coronaba los plateados cabellos de una mujer de tez morena que vestía unos ropajes que recordaban a las tribu del agua. La coleta se movía con sus andares casi como si fuera la cola de un perro que a veces esta contento y otras veces calmado.

-Buenas tardes – saludó la mujer que portaba una mochila y un cestón de mimbre – Me llamo Kya.

-¿La hija del Avatar Aang? – interrumpió ante la sorpresa de ser quien creía que era. La había visto en fotografías pero tan de pasada que jamás se había fijado en sus facciones, haciendo difícil que la reconociese tan de primeras.

-Así es – contestó con una sonrisa amable y dulce. Sin embargo, ante esa confirmación, la oriunda del Sur pudo observar como Kuvira se arrodillaba, colocando su frente contra la madera del suelo, en una postura de completo arrepentimiento y sumisión.

-Siento mucho lo que hice – suplicó – Lo que hice a la isla de los Maestros del Aire y a su familia. Siento mucho la amenaza en la que me convertí para ellos y el daño que ocasione en el legado de su padre. Lamento muchísimo que haya sido molestada por mi culpa.

Allí estaba, la Gran Unificadora, mostrando una actitud sumisa como un perro tembloroso, agachado en posición de extrema humillación y convertida en una penitente. A decir verdad, Kuvira hubiera visto lógico que la hija de Aang le pisotease la cabeza o le escupiese; del mismo modo que también podría haberlo hecho Lin. En cambio, la Beifong le habló con palabras dulces y amables, y la sanadora se agachó, la tomó del rostro para que se viese reflejada en esos ojos profundos como el mar, y le sonrió.

-Mi padre no era una persona rencorosa – explicó al tiempo que ayudaba a levantarse a la chica – Nos educó para que no lo fuéramos y entendiésemos que hay gente buena que a veces camina por malos senderos. Sé que has hecho cosas terribles pero alguien malvado no se hubiera rendido cuando sus tropas rodeaban a sus enemigos, ni se hubiera humillado de tal forma, ni actuase movida por el miedo a que su nación acabase destruida por la guerra civil.

La chica de la trenza oscura no pudo decir absolutamente nada. Sencillamente se quedo inerte, sorprendida de recibir una sonrisa cálida y sincera, de notar como unas manos la sostenían de forma amorosa, y estupefacta al ver que Lin Beifong sonreía a la vez que se apoyaba en la pared.

-Pero creame que me arrepiento de mis actos – suplicó.

-Ya lo sé, niña – respondió la oriunda del Sur – Todos el arrepentimiento del mundo es bien recibido si se habla de corazón. Te creo, Kuvira y quiero que confíes en mi.

-De acuerdo – agradeció con una inclinación respetuosa.

-Deja los formalismos, pequeña – replicó la sanadora al tiempo que entregaba el cestón de mimbre a su novia – Si tienes hambre toma un panecillo, cariño.

Al observar a su paciente, Kya pudo ver la duda en sus ojos, pero debido a que la oriunda del Sur había tomado por costumbre llamar cariño a Lin.

-Por eso soy de su sanadora de confianza – guiñaba un ojo divertida sabiendo que detrás de ella Lin estaría sonrojada.

-¿Cómo dice?.

-Soy la pareja de tu tía, así que soy tu tía política – aclaró la hija de Aang.

-Entiendo – dijo Kuvira justo antes de sonreír a ambas mujeres – Muchas felicidades.

-Gracias – agradecieron a la vez.

-Tuve suerte – añadió Lin mientras dejaba el cestón en la cama.

-Kuvira – el rostro de la mujer de tez morena se volvió serio – Por favor, quitate la parte superior del uniforme.

La antigua defensora de Zaofu obedeció. Ambas mujeres desprendían un aura autoritaria, pero mientas que Kya era amable, Lin tenía una presencia marcial y regía. A ella no le importaba que fuesen pareja, su aire relajado incitaba a la confianza y ella necesitaba, deseaba, anhelaba alguien en quien confiar más allá de la Avatar.

Al retirar la parte superior del uniforme penitenciario, Kya pudo observar que la chica que estaba ante ella con mirada vergonzosa había perdido tono físico y bastante peso, pero eso era lo que menos. Sus expertas manos surcaron la piel de la antigua Unificadora, notando el flujo de sangre y energías, palpando las imperfecciones, el mal fluir de su flujo y las respuestas musculares anómalas. Todo eso evidenciaba una curación chabacana y descuidada, algo rápido y realizado solamente para que los moratones y heridas no se hicieran visibles a simple vista; intentando cubrir las huellas de un delito, de una agresión y de docenas de golpe. Sus expertas yemas apenas rozaban la piel de la joven, a la cual se le escapaba alguna respiración entrecortada que hacia fruncir el ceño a Lin. La Beifong sentía ciertos celos de los cuidados que estaba recibiendo la joven, quien ya no estaba ni acostumbrada a las caricias. Por su parte, Kya sonreía ante la facilidad con la que podía provocar una reacción así. No era por mala-praxis o por incitar los celos de su chica, pero aquello también subía la autoestima.

El problema vino cuando casi no había zona en el cuerpo de la joven de lánguido cabello que no mostrase signos de haber sido sanado de la misma forma, evidenciando una serie de agresiones que, aunque no cotidianas, habían sido permitidas. Ante tales evidencias, la oriunda del Sur tenía que hacer una pregunta tan incomoda como desagradable.

-Kuvira, ¿han abusado de ti?

Ante esa pregunta la jefa de policía se tensó como la cuerda de un arco. La mujer de la cicatriz no daba crédito a lo que su novia estaba preguntando, pero aquella era una pregunta que su chica no haría en vano. A juzgar por el tono que había empleado Kya, la presa había pasado por una serie de maltratos y aquello hizo que una fragua incandescente vertiese metal fundido por las venas de la Beifong. Para ella, un policía debía proteger y servir a los ciudadanos, y con ello castigar a los criminales; pero nunca excediendo el uso de la fuerza o recurriendo a métodos crueles, más propios de sádicos que de servidores de la ley y el orden.

-¿Es muy grave? – preguntó la mujer de la cicatriz a su pareja, queriendo cerciorarse en su totalidad de la situación. Ante la pregunta, la oriunda del Sur solamente tomo aire antes de exponer tan crueles actos.

-Múltiples sanaciones superficiales para que no se evidenciasen las palizas – expuso – Sanaciones precisas en zonas que dejarían cicatriz, lo que demuestra que sea quien sea la persona que la ha sanado, sabía lo que hacia. Pudo haberla sanado de forma más precisa pero le importó poco que sufriera al comer, caminar o respirar.

En ese mismo instante, Lin agradeció haberse alejado del cestón porque de tenerlo en la mano, lo habría hecho trizas.

-Malnacidos, voy a ir a por ellos.

-Cariño – interrumpió Kya – Primero esto, luego ellos.

Las palabras de su amada surtieron efecto. Sabía que si iba ahora embravecida por la prisión solamente surgiría el caos y eso no era bueno para nadie.

-Kuvira, pequeña – repitió la sanadora – Contesta a la pregunta.

Pese a intentar aguantar con estoica entereza, lo cierto es que responder tal cosa le hacia quebrarse por dentro. Aun así, pudo aguantar y contestar – No, es lo único que no me han hecho.

-Bien – resopló aliviada la mujer de ojos azulados – Ahora necesito que te relajes mientras uso agua sanadora para terminar con tus dolores.

La maestra del agua extrajo una botella de agua de su mochila. Usando su control sobre el líquido elemento vació el contenido de la botella y empezó a mecerlo alrededor del desnudo cuerpo magullado de la chica. El agua estaba lleno de extractos de hierbas sanadoras, una combinación especial creada en sus viajes, que de sanar, relajaba y anestesiaba el cuerpo del paciente.

Era maravilloso. Kuvira se sentía mecida, casi como si un pedazo de seda cálido le recubriese el cuerpo. Cada pasar de aquel agua por su cuerpo extraía el mal de la zona y relajaba su dolorida musculatura hasta que notaba el vaivén meciendo otra parte de ella. No era algo frío, rápido y pesado como cuando la sanaba el celador; era cálido, delicado, afectuoso y muy agradable.

-Esto es todo por hoy – dijo Kya introduciendo el agua de nuevo en la botella – También debemos dejar que tu cuerpo comience a curarse por sí mismo. ¿Cómo te sientes?.

Ante la pregunta, la joven maestra de metal estiró su cuerpo para comprobar, sorprendida, que no sentía apenas dolor.

-Muchísimo mejor – sonrió encantada por el cuidado – Gracias.

-No hay de qué.

-Tranquila – Lin, que no había hablado en varios minutos rompió su silencio – Voy a dejar bien claro que sí esto vuelve a suceder se las verán conmigo y con la potestad que me otorga el Loto Blanco.

Sí, a la jefa de policía le empezaba a gustar la idea de tener una autoridad tan representativa e importante a todos los niveles.

-En verdad no lo merezco – agradeció con cierta tristeza – Sobretodo después de como me comporte con su familia, señorita Beifong.

-Llamame Lin, niña – aclaró – Mira, mi hermana no es mala persona pero digamos que no supo hacerse cargo de ti.

-Se equivoca – interrumpió con cierta vehemencia la maestra de metal – Me dio un hogar y una meta.

-¿Y cariño? – el tono inocente de Kya interrumpió a la Unificadora - ¿Te dio cariño?, ¿te abrazó?, ¿ te dijo que todo iría bien?.

La mente de Kuvira se esforzó en buscar algún momento para confirmarlo, pero ella ya sabía de ante mano la respuesta – No.

-Pues entonces no lo hizo bien – aclaró la agente de la ley – Mi madre y yo siempre hemos tenido una relación tensa porque nunca hemos estado muy unidas. Sé que eso afecta.

-Pero tu eres policía y yo casi destruí Ciudad República.

-Y un LeonLobo asustado atacará aunque no lo provoques si piensa que harás daño a sus crías – sentenció la mujer de la cicatriz – Crees que has pasado un infierno, que has madurado, que eres fuerte, que nada puede romperte, pero es en esos momentos cuando en verdad eres más frágil.

Sin decir nada, con unos ojos henchidos de lagrimas ante el pasado de la joven y su penosa infancia, Kya se levantó y rodeó con sus brazos a la presa para apretarla contra ella y que así ambas sintiesen el calor de cada una.

-No es malo tener miedo – le susurro al oído mientras la abrazaba – Ni tampoco querer llorar.

-Pero es que soy un monstruo – replicó entre sollozos la que en su día fuera una gran líder.

-No, niña – replicó Lin, quien se había acercado para cerrar el abrazo en torno a la más joven – Solo eres una chiquilla asustada.

No quería llorar, no quería ser débil, pero las lagrimas corrieron por su rostro intentando buscar una forma de expulsar todo el miedo y el dolor que había guardado por años. La que fuera temida y respetada, ahora era una niñita temblorosa abrazada por dos mujeres.

-¿Te gustan los bollos rellenos de carne picante? – preguntó Kya, provocando que las tres soltasen una leve risa sin separarse.

-Sí – respondía la más joven de las tres.

-¿Quieres que comamos juntas?.

-No quiero molestar.

-Niña – un tono burlesco salía de los labios de la agente de la ley – Kya ha hecho comida para tres.

-¿Cómo? – la sorpresa de Kuvira se reflejaba en cada silaba que había pronunciado.

-Que te he hecho la comida – respondió la sanadora, rompiendo el abrazo y andando alegremente hacia el cestón de mimbre para posarlo en la pequeña mesa de la celda.

-Entiendo – aunque la joven de trenza oscura no llegaba a entender el motivo por el cual alguien que no la conocía de nada había hecho comida de más pensando en ella.

-¿Qué se dice? – replicaba Lin, dándole una pequeña regañina a chica que tenía ante ella y provocando una leve risa en su chica, que ya había extraído los vasos de madera y algunos platos.

-Gracias.

Domingo Día 6 de Septiembre

Buscad en youtube el canal: Armitage Productions

O ponedYoutube: youtube SethLiony2711

Seth Aslyn Paz Boyaryshnik, Zakuro Hatsune , Lobo Susurro Nocturno y Neko Eyesaid, estaremos juntos para hablar del futuro proyecto de "Nuestra Historia Sigue". Animaos.

HORARIOS:

13:30 Mexico Centro, México

14:30 Bogota, Colombia

15:30 Buenos Aires, Argentina

16:30 Santiago de Chile, Chile

19:30 - 20:30 España

Reflexiones:

Lo cierto es que pensaba extender un poco más el fic. Hablando de La rueda de prensa de Korra y Asami; de la relación de que comenzarían a tener Lin y Kya con Kuvira; de como Kuvira sería casi la hija adoptiva de nuestras maduritas preferidas y algunas ideas más.

El problema es que ya no es solamente el tiempo u otros proyectos, sino que no creo que esos puntos fueran a tener el interés necesario para muchos lectores y me obligarían a extender el fic varios capítulos más y me apetece hacer cosas nuevas.

También es que me duele abandonar el fic y creo que dejarlo así, con un cierre lindo que me permita extenderlo con algo más en algún momento sin fecha fija me agrada. Es como no dejarlo morir, sino de aquí a unos meses, hacer algún capítulo nuevo para sorpresa y deleite de los lectores.

Si los lectores apoyan con reviews y feedback el proyecto, no me importa volver a escribir algún capítulo especial de lo anteriormente mencionado, pero eso depende de vosotros y no de mi.

Hasta que vosotros queráis y yo tenga ganas, aquí termina el fic Kyalin más extenso de fanfiction y, hasta donde yo sé, de casi todo el fandom.