¡Hola, mundo! ¿Cómo están?

Yo les cuento que Sya se fue a un concierto este sábado y el capítulo me quedó intenso gracias eso (o al menos eso pienso yo, pero ya me dirán ustedes). Hoy si me tardé en subirlo, ya es miércoles. ¡Perdón! Ojalá les guste.


.

V

Catastrófico

. »« .

.

.

—Harry —le llamó Hermione mientras caminaban distraídamente por el pasillo después de su última clase del día, abordándolo antes de llegar con Ron.

—¿Qué ocurre? —Harry perecía más abstraído de lo normal, sus ojeras eran inmensas y su humor parecía empeorar cada día. ¿Acaso esos eran los efectos del hechizo del que culpaba a Draco? Un escalofrío le recorrió la espalda de sólo pensar que quizá ya era muy tarde para revertirlo.

—¿T-todo está bien? —Trató de sonar lo más disimulada posible—. Ron me dijo que anoche saliste la habitación muy tarde y con la capa puesta. ¿Qué estás tramando?

—Nada —contestó Harry haciéndose el desentendido. Ella enarcó una ceja, incrédula, pero decidió no presionar por el momento.

—¿Y puedo saber por lo menos a qué se debe tu malhumor? —Harry la miró indeciso, sin saber si decirle, y en caso de hacerlo, cómo plantear el tema—. ¿O debo preguntar a quién se debe? —Aventuró ella, ganándose una mirada entre el terror y la sorpresa—. ¿Es por lo del hechizo que crees tener? —cuestionó indignada sin poder evitarlo.

— ¿Qué…? ¿Cómo es que…?

—Así que es verdad —resopló Hermione, cruzándose de brazos y abriendo la boca para reclamarle su falta de confianza pero al final guardó silencio. Quizá Malfoy tenía razón y ella no tenía la autoridad ni el derecho para obligar al ojiverde a contarle todo—. Sabes que podemos encontrar una solución juntos —concluyó mucho más tranquila de lo que esperaba.

—Lo lamento, Hermione, es sólo que… —Tardó un par de segundos en pensar en algo. Necesitaba hablar con alguien para esclarecer su mente y quién mejor que Hermione.

La chica miró a Harry dudar y supo que su amigo realmente necesitaba ayuda.

—Definitivamente debes contarme todo.

.

. »« .

.

Aquella tarde Ron se aburrió de esperarlos en el comedor. Habían tardado demasiado así que decidió ir a buscarlos, pero se detuvo cuando la terrible idea de que no habían llegado porque quizá Hermione ya no quería verlo, tal vez ya ni siquiera sentía algo por él y no quería decírselo. ¡Quizá hasta quería terminar su relación!

Un sudor frío le recorrió la espalda. Estaba tan acostumbrado a la chica que pensar en que podían terminar le resultaba inconcebible. Aunque, si lo analizaba detenidamente, desde siempre había sido más como un matrimonio que como una pareja flirteando, pero no cualquier matrimonio, sino uno fallido; siempre discutiendo, siempre en desacuerdo, con tan poco en común y con una falta de pasión abismal. ¿Realmente era una buena idea pedirle que se casaran? Porque de repente ya no parecía ser la solución correcta.

Sin darse cuenta el anillo de plata que pensaba regalarle a Hermione cayó de sus manos. ¿Hacía cuánto que estaba jugueteando con él?

—Creo que esto es suyo. —La voz de Mei lo obligó a mirarla mientras ella le tendía el anillo. Sin embargo se quedó mirándolo antes de dárselo—. ¿Joven Weasley, dónde lo consiguió?

—En… el Callejón Diagon —tartamudeó. Y no, no iba a aclarar que lo había hallado en el suelo, cerca de una alcantarilla del Callejón Diagon.

—¿Ha pensado en venderlo? —cuestionó ella mirando a detalle el anillo. Ron no supo qué hacer, tal vez con lo que Mei le diera por ese anillo él podría comprar el de Hermione.

¡¿Pero en qué carajo estaba pensando?! ¡Hermione ni siquiera lo había buscado después de que él estuvo esperándola como idiota en la Sala de los Menesteres!

Resopló sin notarlo.

—No. No está a la venta —dijo después de un rato.

—Puedo ofrecerte el doble de lo que te costó y eso seguramente ya es una pequeña fortuna —aclaró Mei sonriente—. Te lo aseguro, Ron, tú no quieres este anillo.

El pelirrojo se sintió un tanto cohibido cuando su profesora lo llamó por su nombre y con ese particular tono entre una advertencia y una amenaza.

—C-como sea. Venderlo no está en mis planes —su voz sonó atropellada y tomó el anillo de las manos de la mujer tan rápido como pudo para luego comenzar a alejarse.

—Si cambias de opinión sabes dónde está mi oficina, Ron —le dijo Mei antes de que se alejara demasiado pero Ron ni siquiera se giró y estaba tan ensimismado en sus divagaciones que terminó estrellándose de frente contra alguien.

Pansy cayó al suelo por el impacto mientras Thaodore la ayudaba a incorporarse. No obstante, Blaise se detuvo frente al pelirrojo.

—¿Cuál es tu problema, comadreja? Discúlpate con ella ahora mismo —le exigió.

—Tu existencia en sí ya es un problema —dijo Ron autosuficiente, haciendo que Blaise apretara los puños—. Y no voy a disculparme con una serpiente. Ella está en el lugar que se merece después de todo lo que hizo en la guerra.

—¿¡Cómo te atreves a hablarle así!? —inquirió Blaise enfurecido—. Este mundo es muy pequeño para que convivamos los dos —siseó mientras sacaba su varita—. ¡Te reto, asquerosa comadreja!

Ron también sacó su varita y lo apuntó.

—Blaise, basta. —Theodore posó una mano sobre el hombro de su amigo y éste resopló molestó.

—¡¿No escuchaste cómo le habló a Pansy?! —bramó furioso.

—Historial pulcro, ¿recuerdas? —recitó Theodore con apatía.

Pero la tensión era demasiada y cualquier movimiento en falso desataría el infierno entre esos dos.

—Eres sólo palabras —se burló Ron cuando Blaise bajó la varita. No obstante, sus palabras enervaron más al moreno, por lo que, de un paso, Zabini acortó la distancia de modo perturbador pero sin otra intención más que golpearlo y afianzar el reto.

—Jódete, Weasley.

—Eso quisieras —refunfuñó el pelirrojo.

Blaise le sostuvo la mirada, ambos podían sentir el aliento del otro en su rostro, así como la tensión, adrenalina y enojo llenando el ambiente.

—Blaise, si vas a besarlo hazlo ya o vámonos —dijo Pansy, tratando de evitar la posible pelea y lográndolo cuando ambos se alejaron con una mueca de repulsión pintada en el rostro.

Blaise dio la vuelta para marcharse aunque sin dejar de mirar a Ron con molestia.

—Idiota —susurró el pelirrojo sabiendo que el moreno lo escuchaba todavía y sonriendo con amplitud al verlo apretar la mandíbula.

.

. »« .

.

—«Te estás obsesionando.» ¿Eso es todo lo que vas a decir al respecto? —se quejó Harry después de contarle sus últimos días de tortura a Hermione.

—Harry, hemos repasado todos los hechizos posibles según tus síntomas y no encontramos nada, así que sólo puedo suponer dos cosas: que es un hechizo demasiado antiguo o creado por alguien que jamás se tomó la molestia de compartirlo —suspiró antes de hablar, posando su mano cariñosamente sobre el hombro de Harry—; o es producto de tu mente.

Harry aspiró profundo sabiendo lo que Hermione quería decir con eso.

—¡¿Por qué mi mente querría que alucinara con Malfoy?! —se quejó Harry frustrado.

—Dímelo tú —pidió ella cruzándose de brazos—. Harry, piénsalo; ¿por qué alguien querría que Draco se enamorara de ti? Para ser una broma es demasiado elaborada y la posibilidad de que fuera él mismo se descartó cuando lo hechizaste para que no mintiera.

El pelinegro se removió el cabello sin saber qué pensar. Él mismo ya había especulado sobre esa posibilidad pero sólo pensar en que de verdad se sentía atraído por Malfoy al grado de fantasear con él, le daba escalofríos.

—¡No puedo creer que me esté volviendo gay! —se quejó—. ¡Y menos por Malfoy!

Hermione rio ante sus palabras; estaba reconociendo implícitamente cierta atracción por Draco y eso la divertía y sorprendía a partes iguales.

—Yo más bien creo que eres bisexual —dijo ella con una sonrisa en los labios. Ahora estaba mucho más tranquila pues todo indicaba que se trataba de la mente de Harry y no de un hechizo.

—¡Joder! ¿¡Pero por qué Malfoy?!

—Harry no es tan catastrófico como suena. —Hermione intentó tranquilizarlo.

—¿¡Qué no lo es!? —cuestionó escandalizado—. ¡Es Malfoy! Y por si eso no fuera lo suficientemente catastrófico, está saliendo con Astoria Greengrass.

Las carcajadas de Hermione lo descolocaron.

—¡Estás celoso! —afirmó divertida y enternecida.

—¡Claro que no! —negó Harry, aunque Hermione siguió riendo.

—Pero hay una cuestión más en todo esto, Harry —dijo mientras él la miraba atento—: Ginny. Si tu atracción por Draco es capaz de opacar lo que sientes por Ginny, entonces debes hablar con ella.

—¡No es así! —se apresuró a contestar—. La quiero —afirmó. Hermione enarcó una ceja, diciendo sin palabras que eso no era suficiente—. Además, ¿desde cuándo lo llamas «Draco»?

Hermione volvió a reír ante la actitud de Harry, hacía mucho que no lo veía tan enfrascado en algo, menos en un "romance". Sin embargo, se sentía un poco mal al ser consciente de que aquello lastimaría a Ginny a la larga.

.

. »« .

.

Había pasado el resto de la tarde hablando con Hermione y eso había permitido que su mente se distrajera y no viera a Draco en los reflejos, pero no por ello el rubio salía de su mente. Quizá Hermione tenía razón y estaba obsesionándose.

Miró con fingido desinterés el mapa del merodeador y tras debatirse entre abrirlo o no, terminó diciéndose que sólo le daría un pequeño vistazo y se obligaría a dormir. No obstante, en cuanto abrió el mapa y vio, por enésima vez, a Draco y Astoria juntos. Desvió la mirada hacia un punto cualquiera, desde Filch en su recorrido nocturno como a la profesora Shum en la biblioteca con otra chica que no conocía pero cuyo nombre le daba la impresión de haber visto antes. ¿No era muy tarde para visitas? Pero aquello dejó de importar cuando su mirada volvió a posarse en el nombre de Draco, demasiado cerca del de Astoria para su gusto, y sintió la necesidad de arrojar el mapa al Lago junto a Astoria Greengrass.

.

«Estoy obsesionándome.» Se repitió una vez más mientras deambulaba por los pasillos con su capa puesta. ¿Desde cuándo seguía a la gente sin motivo aparente?

Detuvo su avance al ver a Astoria Greengrass salir del salón en desuso en el que la había visto con Malfoy, y a pesar de que él aún estaba algo lejos la reconoció por su largo y ondulado cabello.

Se acercó sigiloso, sabiendo que dentro del salón se hallaba Malfoy. Esta vez no planeaba molestarlo de ninguna manera, simplemente tenía la patética necesidad de verlo sin tener que cuidarse de que alguien más lo notara y lo cuestionase por ello, así que entró en el salón rápidamente, sin notar que el rubio iba de salida, ocasionando que chocaran de frente.

—¿Qué demonios? —se quejó Draco adolorido mientras Harry trataba de pasar desapercibido y marcharse sin ser descubierto, pero el rubio estaba pisando su capa sin notarlo, dejando a Potter al descubierto en cuando se alejó poco más de tres pasos—. ¿¡Potter?! —bramó sorprendido y enojado al verlo ahí—. ¿¡Qué no te cansas de perseguirme!? ¡Ya te dije que no te hechicé!

Draco se reservó el derecho de explicarle que la curiosidad por saber de qué hechizo se trataba lo había tenido inquieto toda la semana.

—Lo sé, lo siento —se apresuró a decir Harry después de un momento de mutismo al saberse descubierto. No obstante, fue en ese instante que decidió que quizá era tiempo de poner paz entre ambos; tal vez eso le permitiría conocer al mismo Draco que Astoria conocía—. En realidad quería disculparme por mi actitud infantil —repitió mecánicamente las palabras con las que Hermione solía reprenderlos cuando hacían algo estúpido.

—Disculpas no aceptadas —declaró Draco mirándolo desconfiado mientras comenzaba a caminar dispuesto a marcharse. Harry abrió la boca para detenerlo, sin embargo uno pasos alertaron a ambos, forzándolos a ingresar al aula y ocultarse mientras los pasos se acercaban más—. ¡Maldición! —susurró el rubio—. Si Filch nos encuentra aquí…

—No lo hará —le aseguró Harry cubriéndolos a ambos con su capa—. No es tan larga; agáchate. —Y aunque lo pidió amablemente a Draco le sonó a orden.

—¿Qué? ¡No! —se quejó Draco bajito, pero obedeció cuando los pasos se oyeron demasiado cerca.

—Creo que nos escuchó. Ven. —Harry se sentó a su lado acomodando la capa para cubrirse mejor y Draco buscó alejarse al notar la cercanía pero la tela no alcanzaba a cubrirlos si se alejaba más, así que regresó a regañadientes a su posición, siendo consciente de que los ojos verdes lo miraban a él y no a la puerta, esa por donde Filch podía entrar en cualquier momento.

Draco estaba por exigirle que pusiera atención por si algo ocurría pero se quedó mudo al ver entrar a Theodore y Longbottom sonrientes, sudorosos y sonrojados.

—Potter —llamó señalando a la pareja que se besaba con arrebato en la entrada, pero el ojiverde sólo notó su presencia cuando escuchó el hechizo que lanzó Nott para cerrar la puerta y evitar que saliera el sonido.

—¡Oh, por Melín! ¡No! —maldijo Harry por lo bajo y se tragó cientos de maldiciones más al ver como el tímido Neville se abrazaba al cuello de Nott y éste aferraba su cintura buscando colar las manos entre la ropa del Gryffindor.

Ambos chicos observaron atónitos como Theodore besaba el cuello de Neville, acariciando su cintura para apegarlo más a él, frotando sus cuerpos y arrancando gemidos de su garganta.

Harry se sintió estúpido y cohibido pero salir de allí no era una opción, no sólo les arruinaría el momento al par de enamorados sino que probablemente entraría en un altercado con Nott, provocando así un posiblemente distanciamiento entre él y Neville y quizá hasta una pelea con Malfoy.

¡Cierto, Draco! Lo tenía a lado, quizá él tenía alguna idea para salir de allí sin ser descubiertos. Se giró hacia él pero las palabras se atragantaron en su tráquea al ver la tez blanca adornada con un intenso sonrojo mientras los ojos grises miraban un punto cualquiera en el piso. Al parecer Draco no deseaba ver el espectáculo que montaban su amigo y Neville. El ojiverde sonrió casi enternecido al verlo acomodarse para abrazar sus rodillas, como deseando que la tierra se lo tragara.

—Malfoy, debemos salir de aquí.

—¿Y cómo haremos eso, genio? Cerró con magia, si empleamos el contra hechizo lo notará —contestó en susurros apenas mirándolo—. Mejor cierra la boca, podrían escucharnos.

—Theo~. —Ambos voltearon a ver a la pareja temiendo lo peor pero los chicos seguían concentrándose en las deliciosas sensaciones apenas exploradas.

Neville fue callado por un beso demandante que dejó sin aliento a los cuatro chicos, a dos por la desbordante pasión y a los invitados por la sorpresa.

Neville tenía el pecho descubierto y Nott estaba con la camisa abierta, caminando lentamente hasta hacer que el Griffyndor quedara recargado en el escritorio, justo enfrente de donde Harry y Malfoy se ocultaban.

Draco no supo si maldecir o llorar, así que optó por cerrar los ojos, de verdad aquella escena no le interesaba, no cuando sentía el calor de alguien más tan cerca, no cuando una respiración ajena le rozaba la piel, erizándosela, y definitivamente no cuando ese alguien era Harry Potter.

Las manos del Theodore acariciaban la piel expuesta de Neville, haciéndola arder a su paso, sintiendo la imperiosa necesidad de estar cerca de Neville, de abrazarlo y aferrarse a él dejando atrás el pesado saco de soledad que había estado cargando voluntariamente desde tiempo atrás.

Neville respingó al sentir ese ávido par de manos bajando por su cadera, cada vez más al sur de forma cadenciosa. Recordó que la primera vez que aquello ocurrió había salido huyendo pero de eso ya tenía un par de meses, ahora se sentía más cómodo y en confianza como para explorar con ambas manos el pecho pálido de su novio, marcado, sudoroso, pero suave al tacto y aunque su nerviosismo era obvio, su necesidad y deseo eran más grandes.

Los labios de Theodore descendieron hasta los sonrosados pezones, mordiéndolos y succionándolos, sensibilizándolos hasta hacer jadear al chico. Las prendas cayeron cada vez más rápido mientras los gemidos aumentaron el nivel y sólo eran sofocados por besos largos y húmedos. La mano derecha de Theodore había comenzado a moverse envolventemente sobre la virilidad de Neville, quien, sorprendiendo a su público, imitó las caricias sobre el pene de su novio.

—¡Oh, por…! —inició Harry.

—¡Cállate! —Le silenció Draco entre susurros, al tiempo que le cubría la boca con una mano aunque él también estaba algo perturbadopor el cambio en la escena que no había estado viendo.

Él jamás pensó que Theodore, su conservador amigo Theodore, se atreviese a lamer de forma tan obscena el miembro de otro hombre, pero admitía internamente que se veía placentero, aunque desde su perspectiva sólo se veía la cabeza pelinegra subir y bajar mientras los gemidos iban en aumento y la mano de Neville masturbaba la erección de su pareja.

—Esto no está pasando. —Draco intentó convencerse a sí mismo, ocultando de nuevo su rostro sonrojado entre sus brazos y piernas.

Harry posó su mano en la rubia cabeza y Malfoy se alejó incómodo, como si el contacto le diera asco y estaba por reclamar aquellas confianzas cuando un gemido de Neville lo calló. Aquella voz había sonado tan necesitada que estremeció a ambos observadores haciéndolos levantar la vista hacia la pareja.

Draco jadeó bajito cuando vio a su amigo introduciendo dos dedos en la entrada del pálido Longbottom, haciendo que éste se retorciera y abriera más las piernas. Harry, por su parte, no supo dilucidar si el jadeó de Draco había sido por sorpresa o por ansiedad.

—Lamento que deba ser en un salón —susurró Theodore a su novio metiendo y sacando sus dedos de forma continua.

—N-no importa. ¡Ah~! —Y era verdad, no le importaba, había sido él quien le pidió no decir nada así que no se sentía con derecho a molestarse por las circunstancias, sin mencionar que él también lo deseaba. Neville se acomodó en la mesa y Theodore le abrió las piernas en un gesto que parecía rudo pero en el cual no había aplicado mucha fuerza—. Hazlo —pidió tomado valor para decirlo.

Theodore le sonrió complacido, tomando ambas piernas con firmeza y acariciándolas parsimoniosamente hasta acomodarlas sobre sus hombros. Inclinando el rostro, mordiendo los suaves muslos hasta que por fin decidió frotar su necesitada virilidad contra la entrada que le pedía a gritos ser penetrada.

Fingió embestidas entre el par de glúteos que lo esperaban ansioso, pero no fue más allá hasta que la respiración de Neville se aceleró al tiempo que se mordía los labios y apretaba sus puños para no masturbarse. Aquello hizo sonreír a Theodore, pues le recordaba que el tímido Neville nunca se había tocado a sí mismo.

—¿Sabes, Nev? Me gustaría ver cómo te tocas —le dijo sugerente, iniciando una faceta en su relación que no habían tocado hasta ese momento.

—¿Qué? —Más que pregunta era una negativa.

—No tienes por qué sentirte apenado conmigo. Hazlo —le incitó, paseando uno de sus dedos por su entrada y haciendo a Neville contener la respiración.

Theodore vio a su novio desplazar una mano con timidez hasta su erguida erección y dudar al intentar tocarla, pero una mirada intensa bastó para darle confianza al chico, al fin y al cabo eso era lo que Neville siempre había necesitado: confianza.

Neville comenzó con movimientos suaves, utilizando sólo las yemas de sus dedos mientras sentía juguetonas embestidas en sus nalgas. Tras un rato cerró los ojos y decidió que era momento de dejarse llevar; tomó su pene con toda la palma de la mano, envolviéndolo, y comenzó a frotarlo de arriba abajo con intensidad. Theodore gimió ante la visión y antes de que Neville llegara al clímax lo penetró aprovechando su distracción.

Harry tenía los ojos tan abiertos que cualquiera diría que podrían salirse de las cuencas. Luego miró a Draco, que se hallaba hundido entre sus rodillas respirando tan aceleradamente que Harry temió que fuese a sufrir una especie de paro cardiaco o falla respiratoria.

—¡Aaah! —El gritó de placer de Neville hizo estremecer a Draco mientras Harry se hacía consciente de su propia erección, suponiendo que el rubio tenía el mismo problema—. ¡Por Merlín! ¡M-más!

Ambos podían escuchar el choque de pieles y por tanto saber el intenso ritmo de las embestidas que ese par llevaba.

—¡Nev~! Estás tan deliciosamente estrecho —siseó Theodore con deseo, sin dejar de moverse en total frenesí, acariciando el pecho de su novio y admirando cada detalle del rostro sonrojado bañado en sudor.

Neville tenía los ojos cerrados pero los abrió de golpe cuando el electrizante orgasmo lo embriagó, seguido por un torrente de los besos y susurros que para los espectadores resultaban ininteligibles e intrascendentes después del encendido espectáculo.

Harry ahogó un suspiró abochornado; tenía un creciente y doliente problema entre las piernas y ver a la bolita humana en que se había convertido Draco suspirando agitado no ayudaba en nada. No supo en qué momento el par de novios se había vestido pero el ruido de la puerta abriéndose ante el conjuro de Theodore lo percibió claramente, pues era su pase a la libertad. Aunque el trauma seguiría latente por siempre.

Los pasos se alejaron lo suficiente pero Draco permaneció inmóvil y Harry sintió la necesidad de acercarse más, de modo que acarició el cabello rubio y se permitió tocar su nuca con delicadeza, recreando en su mente la escena del baño. Sin embargo, Draco se incorporó de inmediato, alejándose de golpe.

Sus miradas se cruzaron y, en un arrebato muy típico de su casa, Harry tomó con suavidad a Draco del mentón. El rubio sintió el aliento del Harry rozando su boca y dejándolo en blanco por unos segundos. Su mente le decía que lo alejara pero su cuerpo tardó un poco más en acatar esa orden, de modo que para cuando quiso hacerlo ya tenía los labios de Harry sobre los suyos en un acto torpe pero seguro

Harry sostuvo a Draco con la mano izquierda posada en su espalda para que no se alejara, pero también para asegurarse a él mismo que ese beso si era real y no un producto de sus ya cotidianas alucinaciones.

Draco se quedó estático por la sorpresa, sin ser consciente de que Harry estaba besándolo por segunda vez. Mientras, el moreno se dejaba envolver de nuevo por el aroma corporal de Malfoy, así que, guiado por un impulso, pasó su lengua por los labios del rubio, acariciando su rostro y liberándolo de su agarre. Grave error.

—¿¡Qué crees que haces, Potter!? —explotó Draco separándose acelerado, sonrojado e indignado y sin la abultada necesidad que Potter tenía en la entrepierna—. ¿¡Cómo te atreves a…!? —Pero no terminó la frase, Harry asaltó una vez más sus labios, aunque el rubio logró zafarse más rápido—. ¡Ya basta, idiota! —Draco se apartó totalmente molesto, levantándose y retrocediendo sin darle la espalda al ojiverde—. ¡No vuelvas a acercarte!

Pero lo único que recibió en respuesta fue una sonrisa tranquila y segura por parte de Harry, lo cual logró descolocarlo antes de que un nuevo y fugaz beso rozara sus labios.

—¿Cuándo he hecho lo que me pides, Malfoy? —preguntó Harry con un sarcasmo divertido y casi impropio en él.

El rubio lo miró sin entender. Él no esperaba una afrenta como respuesta, de hecho no esperaba ni siquiera una respuesta.

Pero no hubo tiempo de nada más, esta vez fue Harry quien se marchó dejando a Draco solo y aturdido con sus cavilaciones, sin poder explicarse o procesar el torrente de cosas que había visto y sentido esa noche.

Por otro lado, Harry era ya plenamente consciente de que aquel molesto rubio le gustaba y de que esa atracción no tenía precedentes, pues ni Cho ni Ginny habían despertado su libido de aquella forma. Lo cual lo hacía replantearse si de verdad quería a la pelirroja de esa forma apasionada e incondicional que le permitiera pasar toda una vida a su lado. Sabía que la adoraba y que daría su vida por ella de ser necesario, pero le parecía que necesitaba algo más, y por muy extraña e irreverente que le pareciera la idea, quería saber si con Draco Malfoy obtendría ese algo.

.


Espero que hayan disfrutado lo "apasionado" del capítulo. La tracción ya está a flor de piel ¡qué emoción!

¿Y ustedes qué opinan? ¿Cómo va todo?