¡Hola, hola, mis amores! ¿Cómo están? Ya huele a Halloween y Día de Muertos ¿no? ¡Qué hermoso!
Aquí el séptimo capítulo. Como les había dicho, el plan es que a partir de sexto las actualizaciones serían cada dos semanillas, pero he sido una buena chica y lo traigo hoy. Espero que les guste.
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VII
Cumpliendo Deseos
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—¿En verdad estás bien? —cuestionó Madame Pomfrey mirando suspicacia y cariño a Minerva McGonagall.
—No hay nada de qué preocuparse —le aseguró McGonagall con seriedad.
—Un hechizo cosmético no me engañará tan fácilmente —le aseguró la enfermera en un ligero tono de regaño—. ¿Qué está ocurriendo?
—No es nada, sólo… —McGonagall dudó unos instantes antes de volver a hablar—. Sólo creo que la guerra y las pérdidas que ésta nos trajo me han afectado más de lo que imaginé —admitió en un murmullo pero sin perder la compostura.
Madame Pomfrey dio por válida aquella respuesta y asintió, por lo que la directora se dirigió a la salida de la enfermería tras haber reprendido a Ron y Blaise por su pelea en el jardín. Sin embargo, cuando se hallaba frente a la puerta, Harry entró por ella a toda prisa, causándole un susto de muerte a Madame Pomfrey, quien soltó la charola metálica que llevaba en manos con las pociones para sus pacientes.
Harry miró la escena apenado y, al igual que McGonagall, se inclinó a recoger la charola por reflejo, mientras la enfermera regeneraba con un hechizo los frasquillos de las pociones. No obstante, cuando la directora miró hacia la charola, Harry la escuchó exhalar como si algo en ella la hubiera impresionado demasiado, de modo que él fijó también su vista en el metal, viendo a Draco en lugar de su reflejo, como había venido ocurriendo últimamente, así que no le tomó por sorpresa.
—¿Directora? —llamó Harry con cautela. McGonagall parpadeó y miró a Harry, aunque parecía ensimismada y confundida. Por un instante al moreno le dio la impresión de que ella había visto a Draco en el cristal, ¿o habría sido otra cosa?—. ¿Vi-vio eso? —cuestionó temeroso. McGonagall le devolvió una mirada sorprendida.
—¿De qué hablas, Harry? —preguntó intrigada, empleando un tono casi confidencial.
—El reflejo —intentó explicar—. ¿Lo vio? —McGonagall dudó un poco antes de contestar.
—Todos tendemos a reflejarnos en este tipo de superficies, Sr. Potter. No sé qué le parece tan sorprendente. —Y sin más se levantó, yendo directo a la salida para marcharse del lugar, dejando a Harry y Madame Pomfrey confusos e intrigados aunque ninguno habló del tema, por lo que Harry simplemente anunció que estaba ahí para ver a Ron y la enfermera le señaló la cama del fondo.
—¿Estás bien? —preguntó Harry sentándose en la cama de Ron, que sólo resopló en respuesta.
—¿Se puede saber qué han estado haciendo mientras me hacen a un lado? —cuestionó el pelirrojo con evidente molestia.
Harry inhaló profundo; sabía que contarle a Ron todo lo que estaba ocurriendo –principalmente su crush con Draco y lo que estaba haciendo por él–, lo podría más irritable y sólo empeoraría las cosas. Además, implicaría tener que dar explicaciones que de momento no sabía cómo expresar. Sin mencionar que en algún punto Ron le preguntaría su opinión acerca de su relación con Hermione y él no sabría cómo abordarlo. No podía decirle que a él le resultaba obvio que el siguiente pasó entre ellos era la ruptura.
Definitivamente tendría que cambiar el tema o mentir, y aunque mintiendo era terrible, Ron no era tan perspicaz como para notarlo si mentía con algo coherente.
—En realidad… —dudó— Pasa que ambos hemos estado teniendo pesadillas sobre la guerra —dijo por fin, y aquello no era falso por completo—. Así que estamos tratando de buscar una solución.
—¿Y no podían decírmelo? —inquirió Ron con incredulidad.
—No queríamos preocuparte. Tú… tú tienes tus propios fantasmas.
Y era verdad, los efectos y secuelas de la guerra no parecía no afectarle a Ron como de la misma manera que al resto. Para el pelirrojo sólo estaba su propio dolor y sus propias pérdidas. Y Harry lo comprendía, perder a tu familia no es nada sencillo. Lo que no entendía era que Ron desdeñara el dolor y las pérdidas ajenas, como si éstas fuera menores frente a su situación o fueran admisibles. Asimismo, Ron se había vuelto cada vez más gruñón e irritable, así como mucho más dependiente de Hermione; era como si la quisiera cerca para lograr contener toda la ira que sentía. Más que amor a Harry le parecía dependencia, quizá miedo. Después de todo, aún no olvidaba que lo había visto con Lavander en una sala en desuso.
—¿Y dónde está ella? —preguntó Ron refiriéndose a su novia. Harry se quedó callado sin saber qué contestar. ¿Por qué sus dos mejores amigos habían decidido comenzar una relación así de catastrófica entre ellos? ¡Era desgastante hasta para él!—. ¿Vas a decir que no lo sabes? Porque no te creeré si lo haces —le advirtió enojado.
—Hermione está preocupada por ti —intentó mediar el moreno, cambiando el tema.
—Se nota —ironizó Ron, haciendo la implícita alusión de que la chica no estaba presente.
Pero Harry no podía decirle que la castaña estaba arreglando el asunto de su próxima «visita» a Azkaban junto a Draco, así que mintió un poco y terminó diciéndole que la chica estaba buscando a McGonagall para tratar de aminorar su castigo con respecto al altercado que había tenido con Blaise.
Mientras el resto del tiempo que permaneció a lado de su amigo, transcurría entre la incomodidad que ocasionaban los reproches continuos por parte de Ron. Harry se cansó de intentar razonar con él y suavizar las cosas, pero a veces el pelirrojo era tan necio que le resultaba una misión imposible hacerlo entender, sobre todo porque no podía contarle muchas cosas. Así que cuando salió de la enfermería tenía un punzante dolor de cabeza y sentía el estrés palpitando en su interior. No obstante, todo su malestar se esfumó cuando, una vez fuera, vio a Draco Malfoy caminar elegantemente hacia él, o mejor dicho, hacia la enfermería.
Harry se sintió tentado a detenerlo para hablar con él pero se conformó con sonreírle y apreciar el fantasmal semblante del rubio, producto de la tensión de los últimos días.
Por su parte, Draco no podía evitar sentirse incomodo ante la persistente mirada esmeralda de Harry –porque no, no le podría el calificativo de «nervios» a lo que el moreno le provocaba–. Y aunque era obvio que el chico estaría allí para ver a Ron, él habría preferido toparse con Hermione, al menos ella no lo hacía estremecerse. Sin embargo, no demostraría debilidad o emoción alguna frente a Potter, así que sin siquiera mirarlo de frente pasó de largo con su elegancia característica, omitiendo su presencia.
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«—Llorar no va ayudarte en nada, querida —comentó Daphne sentándose junto a su hermana en la lechucería. Astoria se limpió las lágrimas pero éstas volvieron a brotar más profusamente.
—Lo siento, yo… —comenzó a hablar pero el nudo en su garganta se lo impidió.
—Tranquila. No tienes que llorar así —dijo Daphne abrazándola.
—Pero… ¡Por Merlín, quería hacer algo! —exclamó Astoria sin poder dejar de llorar—. Imagina si estuviésemos en su lugar, Daph. No podría vivir en paz sabiendo que papá va a morir y que no se me permitirá verlo.
—Cariño, papá hizo todo lo que estaba a su alcance. Además, tú conoces a Draco mejor que nadie, de hecho, increíblemente has conseguido ser quien está más cerca de él. —reconoció Daphne—. Y por eso mismo deberías saber que él ha cambiado y que va a entenderlo.
—Sé que va a entenderlo —aceptó Astoria secándose las lágrimas—. Y creo que eso es lo que más me duele. —Daphne la miró sin entender—. Tal vez si Draco fuera el chico prepotente que conocí una vez, yo no querría hacer algo por él. Si no supiera que su fachada de egocentrismo y frialdad oculta algo mucho más cálido, no sentiría lo que siento; no me habría enamorado y…
—Si Draco Malfoy no fuera la persona que es contigo, mamá y yo jamás habríamos permitido que este compromiso siguiera adelante —declaró Daphne—. Sé que no es fácil aceptar que no puedes hacer nada para que se despida de Lucius, pero estás tomando la actitud equivocada; llorar no va a solucionarte la vida. Así que ve con él. Que sienta tu apoyo y tu cariño. No lo dejes solo en un momento así.
Astoria miró a su hermana con los ojos rojos e hinchados y asintió.»
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Sonrió al recordar las palabras de su hermana, Daphne tenía el don de decir las palabras precisas en el momento correcto.
Acomodó el cuello de su blusa y la cadena con el dije de plata que pendía de ella. Se miró al espejo una vez más para asegurarse que sus ojos ya no lucían hinchados, pues no quería transmitirle a Draco un aura de tristeza o causarle preocupación, por lo que se obligó a sonreírle a su reflejo. No obstante, su reflejo no siguió sus movimientos y se quedó estático.
Astoria ahogó un gritó al tiempo que retrocedía un par de pasos al notar cómo su imagen en el espejo se cruzaba de brazos. Parpadeó sorprendida y temerosa, volviendo a divisar el enorme espejo del baño, repitiéndose que aquello había sido producto de su imaginación, sin embargo, su reflejo seguía teniendo movimientos propios e independientes a los de ella.
Pero Astoria Greengrass no era una chica tonta o cobarde, así que se obligó a retomar la compostura.
—Es un buen truco, pero ya ha sido suficiente —exigió Astoria, completamente segura de que se trataba de alguna compañera jugando o haciendo una broma.
—Sé por lo que estás pasando —le contestó su reflejo, imitando incluso su voz—. Yo puedo ayudarte. Estoy aquí para eso.
Astoria la miró desconfiada antes de hablar.
—Basta —amenazó Astoria, apuntando al espejo con su varita—. Quien sea que esté jugando con esto, no es divertido.
—No es un juego. Yo soy tú y sé que estás preocupada por Draco —dijo su reflejo—. Daphne tiene razón; debemos hacer algo. Ayudarlo. Estoy aquí para que lo hagamos juntas.
—No es verdad. ¿Quién eres?
—Ya te lo dije: soy tú. Tu «yo» de este lado del espejo.
—No mientas, esa teoría es falsa. Más de una vez se ha demostrado que…
—Que no puedan comprobarlo no significa que sea verdad. ¿Acaso no me estás viendo? Yo soy tú —insistió—. Tu dolor es el mío, tus preocupaciones son las mías. Debes confiar en mí.
—¿Por qué habría de hacerlo? —preguntó Astoria sin intenciones de escuchar a su reflejo.
—Porque quieres ayudar a Draco y yo sé cómo hacerlo. Créeme —pidió su reflejo.
—No hay nada que puedas hacer —afirmó Astoria antes de girarse dispuesta a marcharse y olvidar esa ridiculez, pero su reflejo habló una vez más antes de que llegara a la puerta.
—Sé cómo salvar a Lucius Malfoy. —Astoria se detuvo unos momentos esperando que el reflejo continuara—. Si quieres que te cuente sólo debes acercarte —dijo con tono sedoso—. Ven, coloca tu mano en el espejo y juntas salvaremos a Lucius.
Astoria dudó un momento. Podría salvarlo y Draco sería feliz, pero aquello no era lo correcto y confiar en un espejo no era algo precisamente inteligente, así que salió del baño sin mirar atrás.
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Ron resopló sintiéndose abrumado cuando vio salir a Harry de la enfermería; sentía que estaba perdiendo a su novia y a su mejor amigo. Y aunque quería evitarlo, sólo estaba consiguiendo hacer lo contrario. Él nunca fue bueno comprendiendo a las personas y siempre terminaba por seguir sus impulsos sin detenerse a pensar en los demás. Estaba cansado. Cansado de hacerlo mal, de ver como sus seres queridos los apartan precisamente por su falta de empatía. ¿Por qué era eso no?
Se mordió el labio sin saber qué pensar. ¿Por qué le resultaba tan difícil hablar y aclarar las cosas? Sin embargo, un sonido ahogado lo hizo levantar la mirada; el sonido era la suave pero burlona risa de Blaise.
Ron sintió la furia renovándose en su interior.
—¡Esto es tu maldita culpa! —bramó Ron desde su cama. Blaise únicamente lo observó con desprecio, rodando los ojos divertido.
—Deja de parlotear, comadreja. Me molesta tu fastidiosa voz —siseó el moreno, deseando que en verdad Ron se callara, pues a pesar de haber comenzado él, no estaba de humor para una discusión.
—¡Como si me importara tu comodidad, imbécil! ¡De no ser por ti y tus malditos amigos…!
—¡No te atrevas a meterlos en esto! —le interrumpió Blaise, deseando no pensar en su propia situación de caos con ellos—. Con razón Granger no tolera estar contigo: era más que insoportable.
Ron apretó la mandíbula ante el certero comentario, provocándole una extraña satisfacción al italiano, por lo que se levantó dispuesto a terminar con la petulancia de Blaise a base de puñetazos –de hecho, no habría dudado en usar su varita de no ser porque Madame Pomfrey las había guardado en algún lugar fuera de su vista–. Aunque, siendo sincero, Ron debía admitir que disfrutaba la sensación de su puño estrellándose contra la cuidada piel del Slytherin. Blaise le revolvía el estómago cada que lo veía.
No obstante, cuando estaba a medio camino para iniciar una nueva pelea, la puerta de la enfermería se abrió una vez más, dejando pasar en esta ocasión a Draco, deteniendo el avance de Ron hacia una pelea segura.
Por su parte, cuando el rubio cerró la puerta de la enfermería se sintió estúpidamente a salvo de Harry, pero ahora no quería pensar en ello, tenía cosas mucho más importantes en que emplear su mente.
—No tienes remedio —reprendió Draco a Blaise con firmeza mientras se acercaba a su cama, y a pesar de que su voz sonaba algo rasposa logró disimular su ansiedad.
—¿Yo? No sé de qué hablas, Draco —se hizo el desentendido—. Además, pensé que traerías comida, muero de hambre y aburrimiento —bromeó el moreno, sintiéndose casi halagado por el hecho de que su amigo se dignara a salir de su nido de depresión sólo para visitarlo.
—No he bajado al comedor. —Fue toda la explicación que dio el rubio encogiéndose de hombros y pasando a Ron de largo, pues éste seguía parado a mitad del pasillo que dividía las camas.
—Vaya —exclamó Ron, tensando la situación al ver a Draco ignorándolo como si fuese un bicho rastrero—. Debe avergonzarte mucho lo que ocurre con tu psicópata padre como para no bajar a comer —soltó con saña y burla.
Draco se mordió la lengua para no contestarle directamente y siguió avanzando hacia Blaise.
—Si ibas a pelear con este imbécil y ganarte un castigo épico por ello, al menos debiste hacerle un favor al mundo arrancándole la lengua —masculló el rubio, ganándose una amplia sonrisa por parte de su amigo, aunque ambos sabían que si el tema seguía las cosas terminarían mal.
—¿Qué? ¿Te molesta que te recuerde la clase de escoria que es Lucius Malfoy y lo mucho que se merece lo que les está pasando? —espetó Ron aún más molesto.
—¡Cierra ya la boca, estúpida comadreja! —le exigió Blaise levantando la voz e incorporándose, pero Draco colocó una mano en su pecho obligándolo a recostarse de nuevo.
Blaise lo miró con el ceño fruncido dispuesto a quejarse pero el rubio lo miraba serio, impasible, como cuando debía acatar alguna orden inminente por parte de Voldemort; sin duda en la mirada. Así que Blaise terminó por acostarse de nuevo.
Draco esbozó una levísima sonrisa, casi imperceptiblemente, en un sutil gesto de afecto que Blaise comprendió al instante.
—Sal pronto de aquí —le dijo a Blaise antes de tomar la determinación de marcharse antes de que las cosas se salieran de control—. Y tú, comadreja —habló dirigiéndose a Ron cuando iba de regreso pero sin siquiera mirarlo—: muérete pronto.
Escuchó las quejas y réplicas del pelirrojo pero decidió no prestar atención, repitiéndose que no podía hacer nada estúpido por el bien de su madre.
Salió de la enfermería con los puños apretados y tragándose todas las maldiciones que quería lanzarle tanto a Ron como a todo aquel que se atravesara en su camino en ese instante, porque no se sentía con ánimos de nada que no fuera descargar todo lo que llevaba reprimiendo.
Sin embargo, se detuvo en seco cuando vio a Harry recargado despreocupadamente en la pared del pasillo, con una inmensa sonrisa que no le cabía en la cara. Draco resopló más molesto todavía deicidio a ignorarlo; no tenía tiempo para sus niñerías. De modo que intentó pasar sin pena ni gloria a su lado, no obstante, esta vez Harry sí lo tomó del brazo, aunque sin ejercer mucha presión sólo la suficiente para indicarle que se detuviera, pues el rubio parecía que se rompería en cualquier momento.
Draco se jaló el brazo dispuesto a marcharse pero Harry le tendió un sobre. El rubio se hizo a un lado en gesto que implicaba que se negaba a tomarlo, pero Harry insistió por lo que Draco terminó mirándolo con desprecio y alejando el papel de un manotazo.
—¿No quieres saber qué es? —cuestionó Harry con un extraño toque juguetón en la voz, sorprendiendo al rubio.
—No si viene de ti —espetó Draco mientras se alejaba unos pasos.
—Es sobre tu padre —dijo Harry con cautela. Draco se detuvo un momento, aunque sin girarse. Sin embargo, retomó su camino segundos después.
—¿Por qué debería creerte? —inquirió mientras avanzaba, sabiendo que el ojiverde lo seguía, y en efecto, Harry no lo dejaría ir tan fácil.
—¿Por qué mentiría? —Harry le regresó la pregunta encogiéndose de hombros.
—Oh, no lo sé —ironizó Draco—. Quizá porque fastidiarme es lo único que has hecho desde que inició el curso —siseó con sarcasmo.
—Bueno, tú hiciste lo mismo conmigo por siete años —dejó ir Harry sin ánimos de reprochárselo, sino como un simple comentario pero Draco no lo tomó así.
—¿Y está es tu venganza, Potty? —cuestionó el rubio deteniéndose en seco y girándose para mirarlo con la más pura mueca de fastidio.
—Me gustaría decir que sí —admitió Harry—. Pero no es el caso. Tómalo —pidió mientras le sonreía tendiéndole de nuevo el sobre.
Draco suspiró con pesadez, resignado a que el moreno no lo dejaría en paz si no leía su estúpida carta, de modo que le quitó el papel de las manos con prisa, leyéndolo lo más rápido que pudo, sin importarle realmente que la carta estuviese escrita de puño y letra del Ministro. De hecho, nada de lo que estaba ahí le importó hasta que llegó al párrafo clave de la carta, releyéndolo por lo menos cuatro veces para asegurarse de que estaba leyendo bien y luego otras tantas antes de podérselo creer.
«… debido a su esfuerzo y pérdidas en beneficio de la comunidad mágica, se aceptará su petición de asistir a la ejecución de Lucius Malfoy acompañado de Draco Malfoy. Se acordará con las autoridades de Azkaban así como con la Directora Minerva McGonagall, la hora y forma de llegada…»
Y a Draco no le importaba el resto. ¡Iría! Vería a su padre una última vez y eso era lo único que llenaba su mente. Cerró los ojos sintiendo un inmenso alivio pero volvió a abrirlos de golpe sólo para mirar desconfiado a Harry.
—¿Esto de verdad? ¿No es una broma tuya, Potter? —Harry negó con la cabeza, señalándole el sello del Ministerio—. Entonces debo suponer quieres algo a cambio.
—No —dijo Harry seguro, mirándolo con una tenue sonrisa en los labios. Draco enarcó una ceja sin creerle.
—¿Qué quieres a cambio? —preguntó con recelo y molestia. No sólo no le creía sino que no estaba dispuesto a deberle un favor a Potter.
Harry negó con la cabeza y deslizó suavemente el dorso de su mano sobre su pálido rostro.
—Nada —le aseguró, sintiendo a Draco estremecerse cuando al acercarse a él su aliento rozó la nívea piel.
Draco hizo un amplio esfuerzo por no sonrojarse y lograr simular indiferencia, pero mientras él obligaba a su cuerpo a permanecer estático, de improviso unos labios se apoderaron de los suyos y unos brazos le rodearon la cintura, haciéndolo sentir como un tonto. Un tonto confiado y nervioso.
Harry sonrió contra los labios de Draco debido a que éste no estaba rechazándolo –aunque tampoco aceptándolo–, así que se permitió ir más allá de un simple roce, moviendo sus labios en un suave compás. En realidad él nunca había besado así a nadie, al menos él no se atrevería decir que los roces con Ginny eran un beso de verdad.
Draco colocó ambas manos en el pecho de Harry cuando racionalizó la situación, pero lejos de empujar al moreno como era su intención inicial, terminó abriendo los labios y dejándose hacer con lentitud, al tiempo que inconscientemente afianzaba sus manos a la ropa del ojiverde.
Harry lo abrazó un poco más fuerte y deslizó la punta de su lengua sobre los suaves labios que tenía presos, haciendo jadear ligeramente a Draco. Sin embargo, al rubio le bastó escucharse a sí mismo para que su intención de empujar a Harry regresara a él, esta vez apartándolo de un tajante movimiento, aunque el moreno le impidió alejarse por completo al sostenerlo con mayor firmeza de la cintura, obligando a Draco girar el rostro a un costado para poner distancia.
—Vuelve a hacerlo y me encargaré de que jamás puedas besar a alguien más —amenazó Draco en un siseó incomodo, removiéndose para apartarse. Harry tan solo le sonrió divertido.
—No te preocupes, no quiero besar a nadie más —afirmó sonriente. Draco rodó los ojos fingiendo enojo pero el sutil sonrojo en sus mejillas no pasó desapercibido para Harry, lo cual le dio la confianza en sí mismo para ceñir con un poco más de fuerza la cintura ajena—. Mañana a las siete en punto, Malfoy —dijo Harry en un susurro, acercando sus labios peligrosamente a los del rubio pese a los intentos de éste por alejarse—. En la oficina de McGonagall —concluyó besándolo de nuevo antes de dejarlo ir.
Draco trastabilló por la presión que había estado ejerciendo para separarse. Se sentía confundido, molesto y avergonzado, con el corazón bombeándole a un ritmo casi doloroso. Pero también estaba la supuesta carta del Ministerio. Aquello lo hizo poner en segundo plano aquel beso y mirar a Harry con suspicacia.
—Si es una broma, Potter…
—Tienes mi palabra —volvió a asegurarle, poniéndose una mano en el pecho de forma dramática.
Draco se sentía desconfiando, sin embargo, la tranquilidad y emoción de saber que vería a su padre se anteponía a todo eso, así que se obligó a mirar a Harry sin fastidio en la mirada y a tenderle la mano.
—A las siete en punto, entonces —aceptó el rubio. Harry tomó su mano, estrechándola, sonriéndole.
—Hasta mañana —dijo Harry sin dejar de mirarlo cuando el rubio le dio la espalda, yendo hacia su habitación.
—Potter —le llamó Draco sin dejar de caminar o siquiera mirarlo—, no vuelvas a besarme —concluyó.
Harry sonrió amplio observándolo marcharse. Aquel era un buen inicio.
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¿Qué creen que esté pasando con Astoria? ¿Es en verdad su reflejo quien le habló? ¡Cuéntenme sus teorías sobre la historia! Y qué harán en estas fechas ¿van a disfrazarse o algo así?
Bueno, espero volver a terminar el siguiente pronto. ¡Besos y gracias a todos por leer!
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LaPooh: Si, Theo es amor, yo también quiero un amigo así de comprensivo y buena onda. Por otro lado, Blaise y Ron aún se odian pero ahora tendrán tiempo de conocerse encerrados en la enfermería jajaja. Espero que este nuevo cap te guste. ¡Nos leemos pronto, linda! Gracias por tu review :3
