¡Buenas noches, mundo!
Lo sé, otra vez tarde, ¡no puede ser! Culpo a las posadas y las elaboradas cenas familiares de Navidad. El plan era resarcir mi demora anterior con un capítulo más largo pero en vista de que no se pudo, les dejo la sorpresita prometido allá abajo.
Sólo me resta decir que me escapé del manicomio, digo de la celebración familiar, para traerles un capítulo más y para desearles un hermoso Año Nuevo.
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Amigos, enemigos y aliados 3
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No se tomó la molestia de llegar a su cama, simplemente se recargó en la puerta tras cerrarla y dejó caer sus parpados con pesadez. Su respiración era agitada y se maldijo por sentirse tan cobarde, por tener miedo. Desde lo ocurrido con Voldemort había estado repitiéndose que debía ser fuerte, impasible, un maestro en ocultar sus emociones para dominar la oclumancia. No tenía permitido mostrar debilidad y eso se había vuelto un hábito, por ello se negó a ir con Mei Shum para que le diera una poción tranquilizante; no podía dejarse alterar por una simple alucinación.
Pero todo lo que había vivido bajo las órdenes del Lord había dejado su secuela, y ésta iba más allá de la Marca Tenebrosa; ahora los ataques de ansiedad se habían vuelto parte de su vida y los únicos que sabían de ello –y no por gusto– eran Astoria y Theodore, pues más de una vez lo habían encontrado en ese estado. Pero ahora no tenía a ninguno de los dos allí. Con dificultad si había logrado reponerse en el pasillo con Mei.
—Pudiste salvarme, Draco.
El rubio abrió de golpe sus ojos hinchados y miró con horror a su padre, demacrado y moribundo, en el espejo, hablándole y observándolo con reproche.
—Esto no está pasando —murmuró Draco para sí, pegando más su cuerpo a la puerta con el corazón acelerado en un intento por ir en contra de sus emociones. Esa alucinación debía ser un nivel más alto de sus ataques de ansiedad y debía controlarlo antes de comenzar a desear arrojarse al lago.
—No eres más que un cobarde, lo sabes —dijo Lucius con sorna—. Gracias a ti, ahora Narcissa está sola mientras tú aceptas la compañía de Potter. ¡Debiste hacer más que quedarte allí parado! —gritó Lucius y Draco se estremeció—. ¡Mírame! ¡Soy un ente sin cuerpo por causa de tu cobardía! ¡Tú…!
—¡Bormbarda! —exclamó Draco sin pensarlo, apuntando al espejo y haciéndolo estallar en pedazos. El ruido de la explosión y los cristales rompiéndose y cayendo resonó en toda la habitación mientras las manos del rubio temblaban ligera pero incontrolablemente.
Cerró los ojos pensando que quizá debería buscar a Mei Shum y aceptar su ayuda, después de todo, ella se había mostrado comprensiva con él desde el inicio. También parecía saber mucho.
—Draco, aún puedes reivindicarte. —El rubio soltó un jadeó por el sobresalto y apretó con fuerza su varita, buscando la procedencia de la voz de su padre y, con horror, notó que provenía del cristal de la ventana, de los pedazos rotos del espejo, de la jarra de cobre en su mesa; de todo objeto reflejante en su habitación. ¿¡Cómo diablos era eso posible!? Su mente estaba llegando demasiado lejos—. Todavía puedes hacer algo por mí, hijo. Sólo tienes que…
—¡Draco!
—¡AH! —Fue inevitable para el rubio contener el grito cuando la puerta en la que estaba recargado se movió en un intento por abrirse. Más aun cuando otra voz lo llamaba. ¿¡Qué clase de alucinación era esa!?
—¡Draco, déjame pasar! —La puerta se movió con más fuerza y Draco retrocedió apuntando con su varita hacia ella, mirando hacia todos lados completamente alerta, hasta que vio entrar a Theodore—. ¡Por Salazar! ¿¡Qué pasó aquí!? —preguntó el chico al ver el espejo roto y el estado de su amigo.
—¡Aléjate!
—Cálmate, es sólo un ataque de ansiedad. —Pero el rubio elevó su varita y afiló la mirada.
—¡No te acerques! —amenazó.
—¡Draco, baja eso! Soy yo, Theodore. —Y la mirada que Nott le dedicó logró convencerlo. Era la misma mirada cálida que le brindaba cuando debía cumplir alguna orden de Voldemort y la ansiedad y el remordimiento se apoderaban de él.
—Theo —murmuró el rubio bajando su varita.
—Estás… Estás llorando. —Un par de zancadas largas bastaron para que Theodore llegara a su lado y lo estrechara. Draco no fue consciente hasta ese instante de que en algún punto las lágrimas lo habían traicionado.
—Estoy volviéndome loco —susurró contra el hombro de su amigo—. Tengo alucinaciones, ¡lo veo en todos lados! Esto no ocurría antes, yo…
—No eres tú —afirmó Theodore sabiendo a lo que el rubio se refería. Necesitaba explicarle todo, pero el lugar estaba lleno de reflejos y aunque ahora parecían haberse ido no podía estar seguro, así que se acercó a Draco y le susurró al oído—. Entra en mi mente.
Draco lo miró confuso.
—¿Q-qué? ¡No!
—Hazlo.
Draco soltó un suspiró y se obligó a concentrarse. Él era bueno con ese tipo de hechizos, pero hacerlo le recordaba la dura forma en que se vio forzado a perfeccionarlos.
No se inmutó ante el torrente de imágenes e información que Theodore le transmitía. Entonces lo supo: Astoria y Potter afectados por el hechizo, la posibilidad de que McGonagall también lo estuviera, Granger reuniéndolos a todos, Mei llevándose a Neville, así como la creciente preocupación de Theodore por el paradero y la seguridad de su novio.
—Debemos ir a la enfermería —dijo Draco al concluir. Theodore lo observó sin comprender—. La profesora Shum insistió en que fuera, ella sabrá qué hacer con mis alucinaciones.
Theodore asintió, comprendiendo lo que Draco hacía; no debían dar indicios de que sabían lo que estaba ocurriendo, así que tendrían que comunicarse entre líneas, justo como durante la guerra. Y si Mei quería a Draco en la enfermería era porque seguro planeaba hacer algo y debían saber qué, de modo que ambos se dirigieron hacia allá.
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Avanzó molesto por los pasillos, deseando encontrar pronto a Hermione; necesitaba hablar con ella y desahogarse. Se sentía molesto y decepcionado. Muy molesto y muy decepcionado. ¿En qué maldito momento había creído que Malfoy lo vería de esa forma, o que incluso se mostraría amable o agradecido con él? Él mismo Malfoy se lo había dicho: no eran amigos y no se conocían.
Tal vez debería rendirse y dejarlo pasar, regresar a lo suyo como si nada hubiera pasado, como si los reflejos no acrecentaran su deseo por estar cerca del verdadero dueño de los ojos grises más melancólicos que había visto y como si no deseara besarlo para sustituir esa tristeza por sonrisas.
Bufó con fastidio. ¿Por qué tenía que verlo a él? ¿Para qué? ¿Cómo diablos funcionaba aquel aberrante hechizo? Y peor aún, ¿por qué era él mismo el que ahora buscaba alguna superficie reflejante sólo para mirarlo? Era como una aberrante adicción, una que quería parar, sin embargo, por mucho que buscara no pensar en Draco, siempre volvía a su mente de una forma u otra.
—¡Harry! —La voz de Ginny lo sacó de sus cavilaciones y miró a su derecha sólo para verla avanzando a prisa en su dirección. Se detuvo y esperó a que llegara—. Harry, ¿dónde has estado? He estado buscándote —dijo tratando de sonar seria pero con una sonrisa leve en los labios.
Ginny era realmente encantadora.
—Yo… —Harry no supo que decir, no podía simplemente decirle la verdad, así que tras pasar saliva con dificultad dio la primera excusa que cruzó por su cabeza—. He estado con Hermione, no me he sentido bien y…
—Está bien —interrumpió Ginny, brindándole un suave roce de labios.
Harry se quedó estático esperando sentir la avalancha de mariposas revoloteando su estómago, justo como la primera vez que se besaron. Pero no llegó.
Ginny también se sintió decepcionada.
—Harry, creo que algo está ocurriendo y es momento de hablar de ello —determinó Ginny al separarse—. Hablar de verdad, de lo contrario, nuestra relación podría… —Dudó antes de continuar—. Podría verse afectada.
El moreno cerró los ojos con pesadez. Ginny lo quería, ¿por qué obsesionarse entonces con alguien que ni siquiera lo miraba?
Con esa determinación, tomó la mano de Ginny y le sonrió intentando no verse forzado, pero el contacto no le producía la misma emoción que le arrasaba al rozar a Draco. ¡Por Merlín, estaba jodido!
—Ginny. —La llamó a pesar de no tener claro lo que iba a decirle. Ella lo observó con atención—. Hay… Hay algo que debo solucionar antes de poder hablar de esto contigo, sólo…
La chica se cruzó de brazos.
—Harry, creo que te he dado suficiente tiempo. Habla claro —exigió ella, comenzando a molestarse por la actitud evasiva de su novio. Harry desvió la mirada—. ¿Qué está pasando? Sin rodeos.
—No lo sé —admitió Harry devolviéndole la mirada—. No sé qué está pasándome y no quiero involucrarte en esto —mintió a medias.
—Entonces déjame ayudarte —insistió Ginny—. Sabes que puedes confiar en mí ¡Soy tu novia, tu amiga!
—Mañana por la noche.
—¿Qué? —exclamó ella sin entender.
—Prometo que mañana te contaré todo, ahora necesito encontrar a Hermione. —Ginny resopló molesta pero asintió.
—Dean me dijo que la vieron en el jardín con Astoria Greengrass —comentó con una mueca de repulsión.
Harry no pudo ocultar su sorpresa, aunque no era por la razón que la pelirroja pensaba; si Hermione estaba con Greengrass significaba que algo había ocurrido. Una oleada de ansiedad se apoderó de él.
—¿Sigue allí? —preguntó agitado.
—¿Por qué es tan importante? —inquirió ella con desconfianza.
—Ginny, por favor.
—Luna la vio salir la enfermería. Quizá Ron sepa dónde está —sugirió.
—Gracias —dijo Harry alejándose en dirección a la enfermería.
—Mañana por la noche, Harry. No lo olvides y no quiero más evasivas —exigió Ginny con firmeza y en un tono suficientemente alto para que Harry la escuchara con claridad pese a la distancia.
El moreno asintió y se marchó. No quería apresurarse con Ginny, especialmente ahora que sabía que no había esperanza con Draco, sin embargo, la idea de seguir a su lado ya no resultaba ni la mitad de atractiva que antes.
Soltó un suspiró frustrado al detenerse en la puerta de la enfermería. En verdad esperaba encontrar a Hermione, ella siempre tenía una respuesta a todo y justo ahora la necesitaba con desesperación. Abrió la puerta y sus ojos ardieron ante una intensa luz en la que apenas si pudo distinguir la borrosa imagen de Ron y Blaise siendo absorbidos por un destello plateado que terminó por cegarlo un momento.
—¡Ron! —gritó Harry aun sin ver bien.
Corrió al interior de la enfermería pero ya no había nadie allí.
Miró el cristal de la ventana por la que habían desaparecido pero éste, como siempre, sólo le mostraba el reflejo de Draco. Suspiró cansado; lo último que quería ver ahora era justamente a Draco Malfoy. Seguía enojado y si se le atravesaba ahora…
—¿¡Dónde está Blaise!? —preguntó la siseante voz del rubio y Harry quiso lanzarse al lago con una bola de metal atada al pie.
Aspiró profundo adjudicando todo al hechizo de los reflejos, pero los pasos acercándose y la voz de Theodore le hicieron saber que no era el caso.
—¡Potter! ¿Dónde están Blaise y la comadreja? —inquirió Nott. Posó una mano en el hombro de Harry y éste se giró quitándosela de encima con un movimiento brusco.
—¡No lo sé! —gruñó—. Cuando llegué… desparecieron. —Theodore enarcó una ceja mientras Draco trataba a toda costa no mirar a Harry de frente.
—¡No pudieron simplemente desaparecer! —exclamó Theodore, irritado.
—Había una luz intensa cuando entré hace un momento ¡Y de pronto ya no estaban! —explicó Harry, tratando de comprender para sí mismo lo que había visto—. Fue como si el cristal los succionara.
Draco y Theodore se miraron.
—Potter, necesitamos que vengas con nosotros —pidió Nott. Harry abrió la boca para negarse pero el Slytherin fue más rápido al acercarse y murmurar lo suficientemente bajo para que sólo Harry lo escuchara—. Granger está en la Sala de Menesteres con Astoria. Nos habló del hechizo de los reflejos.
—¿Qué? —Harry palideció. ¿Qué tanto les había dicho Hermione y por qué? Sudó frío de sólo pensar que alguien más pudiera saber que él veía a Draco o lo que había visto en el baño, cómo se había tocado pensando en él… ¿¡Y si Draco ya lo sabía?! ¡Maldición! ¿Qué iba a hacer ahora? Pensaría que era un enfermo o algo peor.
—¡Potter, pon atención! —exigió Theodore al ver al moreno tan perdido—. Sabemos que el hechizo te afecta —dijo regresando al tono susurrante. Harry deseó que la tierra se abriera, lo tragara y lo incinerara en lava—. No eres el único, así que debemos pensar en cómo acabar con esto.
Por la forma en que Nott lo dijo y la falta de reproches, miradas asesinas o burlas, Harry supo que Hermione había ocultado su secreto. ¡Pero era Hermione! ¿Cómo pudo siquiera pensar en que ella traicionaría su confianza? Así que asintió y siguió a ambos chicos, notando con pesar que Draco mantenía su distancia, por lo que él tampoco buscó acercarse.
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—¿Estás bien? —Astoria se levantó del sofá donde hojeaba un libro de hechizos al ver a Hermione entrar con los ojos hinchados y las mejillas rojas—. Ocurrió algo con Weasley, ¿cierto?
—No —mintió limpiándose las lágrimas. Astoria se cruzó de brazos—. Discutimos…, de nuevo —admitió—. Pero eso no importa, lo que debe preocuparnos es Mei Shum y lo que planea y…
Astoria le sonrió aprensiva y posó una mano en su hombro.
—Daphne dice que llorar no sirve de nada. Yo, en cambio, he aprendido que es bueno desahogarse y luego buscar soluciones con la mente fría. Tú y yo no somos amigas, Granger, pero si necesitas desahogarte, no voy a ir a ningún lado.
Hermione la miró sorprendida, pero cambió de tema.
—¿Y Parkinson? —preguntó.
—Fue con Daphne. En algún punto notará que no estoy y armará un alboroto, así que Pansy se inventará algo para evitarlo —explicó Astoria.
—¿Neville y Nott no han venido?
—No, y a decir verdad comienzo a preocuparme —admitió la rubia sentándose de nuevo—. Granger, quizá no sea el mejor momento para decirte esto pero, o dejas de temblar y morderte los labios para que podamos concentrarnos, o vas con alguien con quien sí quieras hablar de lo que sea que te haya hecho Weasley y regresas cuando tu cerebro nos sea útil.
La castaña la miró, indignada y molesta, pero sabía que Astoria tenía razón por mucho que eso le molestara.
—Ronald tiene un carácter complicado —musitó Hermione, sentándose a lado de Astoria. Ella habría preferido hablar con Harry pero por lo visto no había regresado y debía dejar de tragarse lo que sentía o estallaría—. Entenderlo no es difícil, lo difícil es que él entienda —prosiguió—. Siempre dice que no lo tomamos en cuenta, ¿¡pero cómo se supone que lo haremos si todo lo toma de la peor manera!? —se preguntó exaltada—. Creo que iniciar una relación con él cuando nuestra comunicación siempre ha sido tan pobre fue un error.
—¿Y ya intentaron arreglarlo?
—¡Intentarlo es poco! ¡Pero Ronald…! —Hermione se detuvo antes de soltar algún improperio—. Parece que no importa cuánto hablemos del tema. Tiene la empatía de Filch… —susurró. Ambas sonrieron—. Creí que mejoraría con el tiempo, creí que…
—Creíste que lo amabas —concluyó Astoria—. Al menos parece que ya comprendes que estás aferrándote a algo que no tiene futuro. Quita esa cara —dijo cuando Hermione la miró como si se tratara de Voldemort en tutú; con estupefacción y desconcierto, como quien cree que alucina—. Granger, ustedes no se miran como Neville y Theo, o como lo hacen mis padres —explicó—. Se nota el cariño, la complicidad, pero, visto desde fuera, pareces tener más química con Potter que con Weasley. De hecho, me parece que tú y Weasley son amigos que piensan que su cariño puede dar para más y se aferran eso, pero la costumbre nunca es suficiente, e irá matando lo poco que haya lentamente —remató Astoria.
—Hablas como si lo vivieras.
—Entiendo más de esa sensación de lo que te imaginas —susurró la rubia, haciendo que Hermione la mirara, recelosa.
—Creí que tu relación con Draco iba bien... Es lo que parece.
—Sí, es lo que parece —concordó Astoria—. Sé que está intentando que esto funcione; es amable, cariñoso…, a veces hasta puedo creerme el cuento de que está enamorado de mí.
—¿Crees que te está mintiendo? —Astoria sonrió con amargura.
—No —dijo Astoria despacio—. Él siempre ha sido honesto conmigo y sé cuánto me quiere. Sé que soy la persona más cercana a él, la que mejor lo conoce, quizá soy también a quien más aprecia después de su madre, pero de eso a que me ame hay un amplio abismo —declaró en un murmullo—. Todos creen que es así porque me trata diferente al resto.
—Si sabes que no te ama, ¿por qué…?
—Terminar no es una opción —decretó la rubia con fría seriedad.
Hermione estaba por recriminarle lo injusta que era su postura, no obstante, la puerta se abrió dejando entrar a un agitado Harry, seguido de Draco y Theodore.
—¡Ron y Zabini desaparecieron! —anunció Harry entre jadeos, sin prestar atención a la seriedad de las dos hechiceras que ahora lo miraban atónitas.
—¿¡Qué?! ¿Qué quieres decir con eso, Harry? ¡Explícate! —exigió Hermione al borde del colapso, acercándose a él a grandes zancadas.
—N-no sé qué pasó —balbuceó Harry, sintiéndose ligeramente intimidado por su amiga—. Fui a la enfermería a ver a Ron y cuando abrí la puerta desaparecieron en la ventana.
—También se llevó a Neville —acotó Theodore, sin molestarse en ocultar su preocupación—. Aunque de manera más directa; le pidió que fue con ella cuando nos descubrió esta mañana. Desde entonces no ha regresado.
—Debemos encontrarlos pronto. ¿Harry, ya intentaste buscar en el mapa? —preguntó Hermione, pero luego se cubrió la boca en un gesto arrepentido. El resto no tenía por qué saber de la existencia del mapa del merodeador.
—¿Qué mapa? —inquirió Draco, suspicaz.
Los dos Gryffindor compartieron una mirada de duda pero tras un asentimiento, acordaron tácitamente que no era el momento de ocultarse cosas.
—Accio mapa del merodeador —conjuró Harry, y tras unos momentos de espera el mapa llegó a sus manos.
—Es para encontrar personas en el castillo —aclaró Hermione para ganarse la atención de los presentes y evitar que escucharan el conjuro que abría el mapa.
Cuando el ojiverde colocó el mapa abierto sobre una mesa de centro los cinco chicos se acercaron, rodeándola para observar el pergamino.
—¿Desde cuándo tienen esto? —cuestionó Theodore, impresionado.
—Y más importante: ¿De dónde lo sacaron? —replicó Astoria.
Draco permaneció en silencio, atento a buscar los nombres de los tres perdidos mientras el resto se enzarzaba en una discusión en torno al mapa y su procedencia.
—No están —declaró Draco, ganándose la atención de los otros cuatro, cortando así la pelea—. Ninguno está en Hogwarts, quien sea que se los llevó los sacó de aquí y tenemos que averiguar para qué.
Pasaron el resto del día planeando la manera de atrapar a Mei y que les dijera a dónde había llevado a sus amigos, pero todos sabían que sería una tarea más que difícil, Mei parecía una bruja hábil y muy astuta, no por nada había logrado conjurar un hechizo que afectara los reflejos, así que debían tener mucho cuidado y ser contundentes al momento de atacar.
También llegaron a la conclusión de que Mei debió haberlos investigado a fondo para saber cómo llegar a ellos y afectarlos de manera tan tajante y que, seguramente, a quien quería atrapar en la enfermería era a Draco, sino ¿por qué su insistencia en que fuera hacia allá o con ella? Blaise y Ron quizá habían sido un error. La pregunta era, ¿para qué necesitaba a Neville? Y ¿Cuántos más estaban siendo afectados?
—Lo más sensato es que los tres se queden aquí esta noche —comentó Theodore una vez que determinaron su plan para atrapar a Mei y traer a los chicos de vuelta—. Esa mujer se llevó a tres de nuestros amigos, no podemos arriesgarnos más.
—Pansy, Hermione y tú también deberían quedarse —exigió Draco, posando su mano sobre el hombro de su amigo. Sabía que estaba más que preocupado por Neville y él se sentía inútil por no poder hacer algo al respecto.
—No, alguien debe cuidar las apariencias. Hablaré con Pansy y Daphne para que se hagan cargo de eso en las mazmorras, pero necesitamos a alguien en Gryffindor y es peligroso que Granger lo haga sola así que iré con ella.
Hermione le sonrió y se puso de pie.
—Bien. Mañana iniciaremos con el plan —dijo la castaña—. No nos veremos hasta concretar la primera parte, así que recuerden que nadie puede quedarse solo y si algo ocurre…
—Enviamos un patronus —se adelantó Astoria. Todos asintieron.
—Es hora de irnos. Tengan cuidado —pidió Theodore antes de beber la poción multijugos que lo transformó en Ron—. ¡Agh! ¡Qué incómodo! —se quejó.
—Te va estupendo —se burló Draco, ganándose una mirada de reproche de su amigo y las risas del resto.
—Cierra la boca. Vámonos ya —bufó Nott, saliendo de la habitación seguido de Hermione.
Él habría preferido ser Neville, no sólo porque era su novio, sino porque debido a eso le sería más sencillo actuar como él –omitiendo, por supuesto, su desagrado por Weasley–, sin embargo, Ronald era el novio de Hermione y no sería sospechoso que estuvieran juntos todo el día. Además, ésa sería su coartada para confundir y delatar a Mei. O eso esperaban. Si ella había secuestrado al verdadero Ron y a Blaise tendría que reaccionar al ver al falso Weasley.
Por su parte, Astoria acomodaba la Sala de Menesteres en tres dormitorios y una pequeña sala de estar. Frunció el ceño al ser consciente de la tensión entre Draco y Harry, pero lo adjudicó a que jamás se habían llevado bien, aunque había pensado que la situación mejoraría con lo que el moreno había hecho por Draco. Estuvo tentada a preguntar pero sabía que sería imprudente por lo que se guardó sus cuestionamientos y se limitó a abrazar y acurrucarse junto al rubio, pues sabía que no debía encontrarse bien emocionalmente.
Draco correspondió al abrazo y se dejó hacer cuando Astoria besó su frente y acarició su cabello con suavidad. Los gestos de Astoria siempre le habían resultado reconfortantes y aunque no era la excepción, no sentía la misma calidez que le provocaba Harry con tan solo sostener su mano. Maldijo al ojiverde por ello, pero no se atrevió a mirarlo.
Cuando Astoria se durmió en su hombro, Draco la hizo levitar con cuidado hasta uno de los dormitorios, cobijándola y cerrando la puerta al salir.
Harry, que había permanecido en la sala fingiendo ver el mapa del merodeador, frunció el ceño al ver a Draco llevar a su novia a su improvisada habitación, por lo que, con el estómago revuelto, se levantó y se dirigió a su propia recamara. Se sentía irritable e incómodo. Odiaba verlos juntos, sobre todo porque ella era todo cariño y mimos y él toda condescendencia y sonrisas.
Resopló dejándose caer en la cama. Quizá jamás conocería al Draco Malfoy que conocía Greengrass y ese simple pensamiento le hacía hervir a sangre pero al mismo tiempo instalaba algo frío en su pecho.
Tal vez sí era un caso perdido y sus "avances" eran una mera ilusión que, con algo de suerte, lo llevarían únicamente a ser amigo del rubio.
—Potter. —La voz de Draco y el sonido de su puerta abriéndose lo regresó a la realidad.
—¿No deberías estar con Greengrass? —preguntó sonando más molesto de lo que había querido.
Draco sonrió internamente; Potter estaba celoso y no sabía por qué se sentía tan bien por eso.
—No seas infantil, Potter. Vine a disculparme —dijo despacio—. Siento lo que dije por la mañana. —Harry lo miró sorprendido, ¿ése era Draco Malfoy disculpándose?— No me mires así —exigió sonrojado.
Harry, incrédulo, tomó una almohada y se la arrojó, dando de lleno en la cara del rubio, quien se quejó de inmediato.
—Tenía que asegurarme de que eres real —dijo el moreno a manera de explicación.
—¿Qué insinúas con eso, Potter? —preguntó Draco con fingida indignación—. Sabía que no merecías mis disculpas.
Harry le sonrió.
—No estoy seguro de que sean sinceras —bromeó el moreno, sentándose en la cama. Draco dudó entre acercarse o no, pero al final optó por caminar hasta la cama de Harry y quedarse al pie de ésta.
—Lo son, aunque no por eso te soporto más —comentó.
Ambos guardaron silencio, uno extrañamente agradable y cuando Draco pensó que era mejor macharse, Harry lo tomó por la muñeca con delicadeza.
—Podemos intentarlo de nuevo —sugirió el moreno. Draco enarcó una ceja luchando por no sonrojarse, mostrándose serio en su lugar.
—Creí haberte dicho que Astoria y yo…
—Van a casarse, lo sé, pero quiero que intentemos ser amigos —aclaró. Harry lo soltó sólo para tenderle la mano. El rubio lo miró con desconfianza—. Vamos, ya no hay un Lord Oscuro que lo impida.
Draco ablandó la mirada y estrechó la mano de Harry. Sonrió inconscientemente al sentir de nuevo la calidez y seguridad que le transmitía aquel toque.
—Lo que hiciste hoy…, gracias —susurró Draco. Las palabras salieron lentas, suaves.
—No hay de que —contestó Harry en el mismo tono, sin dejar de mirar al rubio.
—¿En verdad irás el sábado a casa? —cuestionó Draco, repitiéndose que era ridículo sentir nervios por una simple visita social.
—No podría decirle que no a tu madre.
—Por supuesto —carraspeó, cayendo en la cuenta de que su mano seguía entre la de Potter y que seguían mirándose como tontos—. Creo que es momento de ir a dormir. Mañana será un día largo y debemos encontrar a Blaise y Neville —murmuró Draco, aunque sin hacer algún intento por separarse de Harry, que sentía el pecho rebosante al notarlo.
—Y a Ron —le recordó Harry, sonriéndole a pesar de sentirse como un bobo –un bobo feliz– al ver que Draco también le sonreía aunque de forma más sutil.
—Claro, Weasley —dijo descuidadamente.
—Ese es su apellido —corroboró el moreno asintiendo. Luego se levantó acortando la distancia entre ambos. Draco no se movió ni un milímetro, por lo que Harry se acercó un poco más tomando su inmovilidad como una aceptación implícita. Sus rostros estaban tan cerca que respiraban el mismo aire.
Draco entrecerró los ojos por instinto y Harry extrañó un momento el brillo tenue de los ojos grises ahora cubiertos por las claras pestañas del rubio. Después su mirada se centró en los labios ajenos; deseaba tanto besarlos, deseaba tanto que Malfoy le correspondiera de verdad. Pero cuando sus labios hicieron contacto, Draco se alejó.
—Hasta mañana, Potter —susurró, separándose despacio y soltando la mano de Harry pesadamente antes de darle la espalda y marcharse con el corazón palpitando desbocado y el calor subiendo a sus mejillas.
Harry sonrió. Los labios le cosquilleaban anhelando un beso que no tuvo lugar pero teniendo la certeza de que no le era indiferente a Draco.
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Escena Extra
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Ya se había acomodado en la cama y cubierto con las mantas. Era una noche fría y pese a estar más dormido que despierto, su mente seguía girando en torno a los miles de problemas y situaciones que parecían no querer dejarlo tranquilo. La desaparición de sus amigos lo inquietaba, el beso del dementor y el cuerpo laxo y vacío de su padre cayendo al suelo se repetía en su mente una y otra vez, el hechizo de los reflejos, y la extraña situación con Potter. Todo se amontonaba en su cabeza y él simplemente quería dormir, dormir de verdad, como hacía tiempo no hacía.
Sin embargo, entre todo eso, el hecho de saber que las alucinaciones no estaban en su cabeza, sino que eran producto de un hechizo significaba un respiro de tranquilidad, y a pesar de que no podía escapar de ellos para siempre, al menos en ese instante no tenía que preocuparse por los reflejos ya que no había uno sólo en aquella sala. Se preguntó cómo es que Potter y su sequito conocían ese lugar y poseían ese raro mapa de Hogwarts.
Se reacomodó de costado, diciéndose que no importaba. Esa noche intentaría descansar y no pensar. Y estaba lográndolo, estaba cediendo a un sueño tranquilo cuando un peso extra se sintió en su cama.
—Ahora no, Tori —pidió afable pero determinado. Pero en respuesta sólo obtuvo un beso suave se posó en su cuello, luego otro y otro. Suspiró dispuesto a girarse y detenerla pero unos brazos firmes y nada femeninos le envolvieron la cintura, halándolo hacia el cuerpo que yacía detrás.
Un jadeo involuntario salió de sus labios por la repentina acción pero no pudo quejarse ya que unos labios tersos pero demandantes reclamaron los suyos. Draco soltó un gemido ahogado ante la intensidad del beso que le estaba robando el aliento. Nunca había besado así a nadie, el único que se había atrevido era Potter…
¡Potter!
La consciencia regresó a él de golpe e intentó alejar al moreno de encima pero sabía que no estaba resistiéndose con todas sus fuerzas.
Sintió las tibias manos de Harry acariciando su cintura y girarlo hasta tenerlo de frente, así como su lengua inquieta moviéndose dentro de su boca, arrancándole jadeos.
—Potter, largo de aquí —se quejó cuando logró separarse un poco. No obstante, las suaves mordidas de Harry sobre su cuello bloquearon todo pensamiento coherente.
Harry acarició su espalda por debajo de su camisa y bajó parsimoniosamente hasta posarse en sus glúteos. Draco se sobresaltó y se removió incómodo pero su mente se nubló al sentir a Harry colocándose sobre él y separándole las piernas a fin de colocarse entre ellas mientras sus labios volvían a encontrarse.
Esta vez Draco ya no quiso negarse y correspondió el beso, enredando su mano derecha en el cabello ébano desordenado y colocando la otra en el pecho del moreno, recorriéndolo sobre la camisa sólo con las yemas, sin embargo, cuando sintió a Harry presionar un poco más su trasero para obligarlo a acercarse, la necesidad de tocarlo también comenzó a crecer.
—Me gustas, Draco —le susurró Harry cuando sus dientes aprisionaron su lóbulo—. Me gustas mucho. —Draco se estremeció deseando más de aquel calor sofocante que lo recorría y por instinto frotó su cadera contra la de Harry.
El moreno jadeó en su oído encendiendo más a Draco, que continuó moviéndose ansioso, sobre todo al notar la erección de Harry contra su vientre. Se sentía tan caliente y duro que inconscientemente se relamió los labios. Sin embargo, de un movimiento rápido y nada delicado, Harry lo obligó a quedar de espaldas a él y de cara al colchón. Luego sintió las firmes manos de Potter afianzarse una vez más sobre sus glúteos, haciendo gemir con fuerza ante la forma casi ruda en que Harry lo acariciaba por encima de la ropa interior, a veces estrujando con firmeza y otras separándolos ligeramente.
—Potter —gimió agitado, con los labios húmedos y el deseo a tope al tiempo que movía la cadera hacia atrás en una muda petición.
Harry depositó un beso en su cuello mientras bajaba con lentitud el bóxer de Draco. Y el rubio sabía lo que anunciaba el calor en su bajo vientre y la forma dolorosa en la que su erección se frotaba con las sábanas sólo aumentaban su agónico placer.
—Potter —repitió anhelante, esperando sentir la inhiesta virilidad del moreno contra su tibia piel, pero justo en ese instante abrió los ojos sobresaltado.
Era de madrugada y la respiración agitada lo obligaba a jadear en busca de oxígeno. Miró a todos lados y se sintió defraudado al caer en la cuenta de que había sido un sueño.
¡Maldición un sueño!
Entonces su decepción se convirtió en horror al notar la erección entre sus piernas. No había espejos, nada reflejante, aquel sueño húmedo había sido producto de su mente y no de un hechizo. Había sido su cerebro echándole en cara que Potter le atraía.
Draco se dejó caer en la cama, sorprendido y aterrado, pues ni siquiera a Astoria la había soñado de aquella manera.
—Cómo te detesto, Potter —murmuró entre dientes, negándose a tocarse para calmar su dolorosa erección. No quería pensar en él mientras lo hacía, sin embargo, no era capaz de negar que más una vez cruzó por su cabeza ir a la habitación del moreno y concluir lo que en su sueño había iniciado.
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Amores, alguien en Facebook me comentaba que quería algo de Hermione y Astoria…, no soy fan del yuri pero no tengo nada en su contra. ¿Qué opinan ustedes? ¿Es buena idea?
Por otro lado, amores, saben que les deseo lo mejor y que este 2016 les traiga sólo cosas buenas. Ojalá hayan cenado delicioso y espero de corazón que la vida les sonría siempre.
¡Los adoro!
