II. UNA INGLESA NORMAL Y CORRIENTE

Los años pasaban y la joven Claudia se aclimataba como podía a su vida como única mujer en una familia llena de varones. A parte de eso, veía morir a sus hermanos desangrados por culpa de una enfermedad que las mujeres no podían contraer pero sí ser portadoras: la hemofilia. Tampoco podía ver todo lo que ella quería a su padre, el cual la evitaba o nunca se encontraba en casa. Claudia no sabía nada sobre el trabajo de su padre…

La Reina, al enterarse de la muerte de la condesa y de la sucesión de muertes en el seno de los Phantomhives varones, tomó una decisión desesperada y dio un ultimátum al conde: daba igual que fuera varón o mujer, Inglaterra no se quedaría sin su "Perro Guardián", y tampoco quería a un "perro" que se desangrara al mínimo roce.

Con esta orden llegó a la Mansión el conde, quién llamó a su hija a su despacho. Claudia nunca había entrado en aquel despacho al que se le había prohibido su entrada hasta ese día.

—Claudia, debo decirte algo muy importante, así que toma asiento—la ordenó su padre, colocado detrás del escritorio.

Claudia se sentó obediente a la orden paterna.

—A partir de hoy, dejarás de cuidar de tus hermanos.

—¡Pero, padre, ellos están enfermos!

—¡Es una orden!—la cortó—A partir de este mismo momento, estarás al corriente de algo que toda cabeza de familia de los Phantomhive debe saber. Primero, he decidido que tú serás mi heredera—dijo con cierto deje de asco.

—¡¿Yo?! ¡Pero si se supone que debe ser el primogénito!

—¡No me cortes mientras hablo! ¿Has oído hablar de "Los Aristócratas del Mal"?

Claudia negó con la cabeza.

—Como suponía… Pues bien, es un selecto grupo de nobles que vagan por todo el mundo, trayendo información hasta esta Mansión de cosas que disgustan a nuestra Reina.

—¿Y por qué a nosotros?

—Porque nosotros somos el "Perro Guardián" de la Reina Victoria.

Claudia no daba crédito a lo que oía.

—Nosotros somos la entidad que barre los escándalos de la Corona y gobernamos con mano de hierro el mundo de las sombras de la Corte inglesa. El cabeza de familia de los Phantomhive ostenta el título de "Perro Guardián" y deberá obedecer sin rechistar cada orden de la Reina. A partir de hoy, te inculcaré en esos valores.

—¿Qué valores?—preguntó con miedo la joven.

—Tendrás que estar preparada para hacer lo que sea por salvaguardar el buen nombre de la Reina, incluso llegando a matar.

Claudia saltó de su asiento con horror.

—¡Pero, padre, matar va en contra de toda naturaleza!

—No somos héroes, Claudia. Y nunca lo seremos. Los seres humanos deben estar preparados para cualquier cosa. Y matar es un instinto que tienen cuando alguien los acorrala. Además, la Reina así lo ha querido: desea que seas tú mi heredera, el próximo "Perro Guardián".

Claudia escuchó con horror aquellas últimas palabras. A partir de ese momento, dejaría de llevar sus mejores vestidos a las fiestas, no iría ni a fiestas. Ya no podría fardar de los amores que salen en la nobleza. Cambiaría sus vestidos rosas por tonos oscuros, los zapatos de tacón por botas, la esgrima sería su nuevo "baile" y la pistola su nueva joya.

Ella solo quería ser una inglesa normal y corriente.

NO PUDO SER.