Gantz : Digimon VS Aliens
2 : Habitación
-¿Qué…que ha pasado?- dijo Tai apenas sin aliento, aun con la sorpresa en el cuerpo.
Sora, al oír la voz de Tai, abrió los ojos. La respuesta ante tal situación fue como la de su amigo: cuando abrió los ojos vio que aún estaba abrazada a Tai, y justo después vio fue un pequeño mueble enfrente de ella para luego bajar al suelo de madera de la sala.
-¿Eh?¿Que…donde…?- dijo Sora separándose de Tai.
-¡Sora!-exclamo Tai cogiendo por los hombros a su amiga-¡Menos mal que estas bien!
-Tai…- dijo Sora, alegrándose de verle - ¿Qué pasó?,¿donde estamos?.
-No tengo ni idea – contestó Tai mientras miraba de arriba abajo aquel lugar- solo se qué debemos estar vivos.
Ambos habían aparecido en la sala de una casa, no muy grande y apenas decorada, a un lado con unas puertas con ventanas que daban al exterior. Aquello parecía una casa normal y corriente, pero lo característico de ese lugar era una gran bola negra que estaba en medio de la sala. Los dos amigos se quedaron mirando por unos instantes a aquella gran bola, mientras se apresuraban a ponerse de pié.
-¿Qué es esa cosa? – dijo Sora señalando a la bola.
De repente se oyó un ruido tras una puerta cerca de esa bola. Ambos miraron de inmediato hacia ese lugar, un poco con temor. La puerta se abrió de un golpe, y la sorpresa que apareció por ella dejo a los dos sin palabras.
-¡Tai!¡Sora! – exclamaron a la vez los dos digimons que acababan de hacer su aparición mientras corrían hacia ellos. Eran Agumon y Piyomon.
-¡Agumon!- dijo con asombro Tai mientras cogía a su digimon por el aire.
-¡Piyomon!-dijo Sora mientras se agachaba para abrazar a su digimon.
-Sora, me alegro de verte y de que estés bien- dijo Piyomon con alegría.
-¿Qué hacéis aquí, chicos?¿Que es este sitio?- preguntó Tai - ¿Estamos en el digimundo?.
-No lo sabemos, Tai – dijo Agumon con duda.
-Ambos estábamos en el digimundo con los demás – explicaba Piyomon.
-Cuando de repente Piyomon y yo empezamos a oír un fuerte pitido en nuestra cabeza y creo que ambos sentimos como nuestro cuerpo se paralizaba- prosiguió Agumon.
-Del dolor del pitido no pudimos mantener los ojos abiertos, fue horrible-añadió Piyomon.
-Pero cuando el ruido paró y pudimos abrir los ojos, nos encontramos en ese cuarto de baño- dijo Agumon – y lo siguiente que pasó fue oír vuestras voces.
-¿Y como habéis llegado vosotros? – preguntó Piyomon.
-Bueno, nosotros…estábamos en nuestro mundo, cuando… - de repente, a Tai le entro un gran terror al recordar lo que había pasado, el dolor que había sufrido….decidió no contárselo a ellos para no preocuparles -…nosotros…la verdad…no tengo ni idea…
-Tai…-dijo Agumon al ver a Tai tan decaído.
-Pero bueno, si estamos en el digimundo--¡¡ seguro que podemos salir, como las otras veces!!- dijo Tai, recuperando la sonrisa, haciendo que Agumon y Piyomon se alegrasen.
-No creo que esto sea el digimundo…-dijo Sora, la cual se había situado enfrente de una puerta con cristal que daba a una terraza- Tai,¡mira!.
Tai se aproximo junto con los digimons al sitio donde estaba Sora. Desde allí se veía un oscuro barrio bajo un cielo estrellado, con casas altas y con calles iluminadas por alguna farola. Al fondo se veía mas iluminación y una gran torre.
-¡Eso es la torre de Tokio!-dijo Tai con sorpresa.
-¿Estamos en el mundo humano?- preguntó Agumon.
-Si, eso parece, pero allá abajo en la calle parece que no hay nadie – dijo Sora un poco preocupada.
-Voy a salir al balcón – dijo Tai mientras intentaba abrir, con fuerza, la puerta sin éxito-la maldita puerta no se abre.
El grupo se giró y contemplaron la gran bola negra que estaba enfrente de ellos. Nadie sabia que era ni para que estaba allí, pero ya empezaba a dar un poco de miedo.
-Y esa bola, me da malas sensaciones – dijo Sora.
-No te preocupes, Sora – dijo Piyomon cogiendo de la mano a Sora.
-Un momento, esto es una casa. Así qué – decía Tai mientras miraba a Agumon – tiene que haber…
-…una salida – concluyó Agumon.
-Eso es, vamos a buscarla – dijo Tai con ánimo.
En el instante que el grupo se dispuso a andar, de la bola negra salieron tres rayos que se quedaron a ras del suelo. Tal fue el susto por la aparición repentina de esos rayos que hizo caer al suelo a Tai. Los rayos pronto empezaron a moverse de un lado a otro y empezaron a aparecer pies y manos humanas. Sora se llevó las manos a la boca al ver tal escena, ya que a cada movimiento de los rayos iba descubriendo mas partes (como los huesos y tejidos) de seres humanos que poco a poco estaban apareciendo en aquella sala. Según construían los rayos, se dieron cuenta que iban a aparecer tumbados en el suelo aquellas figuras. Los muchachos no se dieron cuenta de quienes eran hasta que los rayos empezaron a dibujar la ropa de estas figuras. La sorpresa fue mayúscula.
-¡Tai! Esas ropas…no … - decía Sora con temor - …¿no son las de…¡¡TK, Davis y Yolei !!.
