Por el momento les dejo una nueva historia que, por desgracia, no me pertenece.
La historia está basada en el libro de Julia Quinn titulado Seduciendo a Mr. Bridgerton. Es el 4° libro de la saga de los hermanos Bridgerton, historia que recomiendo mucho.
Los personajes son de Oye Arnold creada por Craig Bartlett y Julia Quinn.
Nada es mío, ni la historia, ni los personajes.
Saludos a todos y espero y disfruten. :3
PRÓLOGO
El sexto día de abril, del año 1812 - exactamente dos días antes de su cumpleaños numero dieciséis –Helga Pataki se enamoró.
Era, en pocas palabras, emocionante. El mundo tembló. Su corazón saltó. El momento era impresionante. Y, ella era capaz de decirse, con un poco de satisfacción, que el hombre en cuestión, un tal Arnold Shortman sentía exactamente del mismo modo.
Ah, no el camino del amor. Ciertamente él no se enamoro de ella en 1812 (y no en 1813, 1814, 1815, ¡OH¡, rayos, ni en entre los años 1816-1822, tampoco, y seguramente no en 1823, cuando él estaba fuera del país todo el tiempo). Pero su mundo tembló, su corazón saltó, y Helga sabía sin una sombra de duda que él también se quedo sin aliento por unos buenos diez segundos.
La caída desde un caballo, fue lo que ella hizo a un hombre.
Así paso: Ella había ido a pasear a Hyde Park con su madre y su hermana mayor, cuando sintió un retumbar atronador bajo sus pies (diviso el polvo a lo lejos sobre la tierra). Su madre no le prestaba mucha atención (raramente lo hacía), entonces Helga se escabulló durante un momento para ver lo que pasaba. El resto de las Pataki´s estaba en una conversación absorta con la Vizcondesa Shortman y su hija Daphne, que comenzaba su segunda temporada en Londres, hicieron caso omiso del ruido. Los Shortman eran una familia muy importante en efecto, y las conversaciones con ellos no debían ser ignoradas.
Mientras Helga rodeaba el borde de un árbol particularmente grueso, vio a dos jinetes venir en su camino, galopando a tontas y a locas o cualquier expresión que a la gente le gusta usar para tontos montados a caballo que no se preocupan por su seguridad y bienestar. Helga sintió que su corazón se aceleraba (habría sido difícil mantener un pulso sosegado sintiendo tanta emoción, y además, esto le permitió decir que su corazón saltó cuando se enamoro).
¡Entonces, en uno de aquellos caprichos inexplicables del destino, el viento súbitamente voló su sombrero (el cual pese al disgusto de su madre, ella no había atado correctamente la cinta rozada bajo su barbilla) directamente en el aire y, splat! Dio directamente en la cara de uno de los jinetes.
¡Helga jadeó (quedándose sin aliento!), y luego el hombre cayó de su caballo, aterrizando de la forma menos elegante en un charco de barro cercano.
Ella se acerco precipitadamente, sin pensarlo, chillando algo que se supuso era para preguntar por su bienestar, pero que sospechó que salió como un chillido estrangulado. Él estaría, por supuesto, furioso con ella, ya que lo había tumbado con eficacia de su caballo y lo había cubierto de barro ,dos cosas que garantizan poner a cualquier señor en el más asqueroso de los humores. Pero cuando él finalmente se levanto, mientras quitaba el barro de su ropa, no arremetió contra ella. No se mostró mordaz, no la gritó, no la fulminó con la mirada.
Solo rió.
Solo rió.
Helga no tenía mucha experiencia con la risa de los hombres, y lo poco que sabía no había sido amable. Pero los ojos de este hombre - un intenso verde oscuro - estaban llenos de alegría cuando se limpió un punto de barro colocado de manera desconcertante en su mejilla y dijo, "Bien, el golpe no fue con intención, verdad?"
Y en aquel momento, Helga se enamoró. ¡Cuándo ella finalmente encontró su voz (que, noto dolida, fueron unos buenos tres segundos después de que una persona con algo de inteligencia podría haber contestado), ella dijo, "¡ho, no!, ¡soy yo quien debería pedir perdón! El sombrero salió directamente de mi cabeza, y ..."
Ella dejó de hablar cuando noto que él realmente no había pedido que se disculpara, entonces no tenía sentido contradecirlo.
"No hay problema," dijo él, regalándole una sonrisa algo divertida. ¡""Yo he", buenos días, Daphne! No sabía que estabas en el parque. "
Helga giró para encontrarse cara a cara con Daphne Shortman, que estaba de pie al lado de su madre, que puntualmente silbó, "¿Qué ha hecho usted, Helga Pataki ?" y Helga incluso con su reserva no pudo contestar, Nada, porque en verdad, el accidente era completamente su culpa, y ella acababa de ponerse en ridículo delante de lo que era obviamente-juzgando por la expresión en la cara de su madre un soltero muy apropiado para ser electo.
No, era que su madre hubiera pensado que ella tenía una posibilidad con él. Pero la Sra. Pataki tenía altas esperanzas matrimoniales para su hija mayor. Además, Helga no era presentada aún en sociedad.
Pero si la Sra. Pataki tuvo la intención de reprenderla más allá, fue incapaz de determinarlo, porque esto habría requerido que quitara su atención del importantísimo Shortman, Helga rápidamente fue comprendida, incluyendo al hombre que actualmente estaba cubierto de barro.
"Espero que su hijo no esté herido," dijo Sra. Pataki a la Señora Shortman.
"Tan claro como el agua" interpuso Arnold, haciendo una movida maestra antes de que la Señora Shortman pudiera molestarlo con la sobreprotección maternal.
Las presentaciones fueron hechas, pero el resto de la conversación era sin importancia, sobre todo porque Arnold rápidamente y exactamente evaluó a la Sra. Pataki como una madre buscando partido. Helga no se sintió sorprendida cuando él dio una marcha atrás precipitada.
Pero el daño ya estaba hecho. Helga había descubierto una razón para soñar.
Más tarde esa noche, cuando ella recordó el encuentro por la milésima vez en su mente, se le ocurrió que habría sido agradable si pudiera haber dicho que se había enamorado de él cuando él besó su mano antes de un baile, sus ojos verdes que centellearon mientras sus dedos sostuvieron los suyos sólo un poco más fuerte de lo apropiado. O pudo haber ocurrido cuando él montó a caballo vigorosamente a través de un páramo azotado por el viento, ninguna fuerza lo podía disuadir cuando él (o mejor dicho, su caballo) galopó alguna vez más cerca, su (Arnold, no el caballo) única intención era llegar a su lado.
Pero no, ella tuvo que ir y enamorarse de Arnold Shortman cuando él cayó del caballo y aterrizó de trasero en un charco de barro. Era altamente irregular, y altamente anti romántico, pero había una cierta justicia poética en esto, ya que nada iba alguna vez a resultar de ello.
¿Por qué desperdiciar romance en un amor que nunca sería devuelto? Mejor para guardar las tempestuosas introducciones para gente que realmente podría tener un futuro juntos.
Y si había una cosa que Helga sabía, hasta entonces, a la edad de dieciséis años menos dos días, era que su futuro no presentó a Arnold Shortman en su rol de esposo.
Ella simplemente no era la clase de muchacha que atraería a un hombre como él, y temía que nunca lo seria.
El diez de abril, en el año 1813 - exactamente dos días después de su diecisieteavo cumpleaños-Helga Pataki hizo su debut en la sociedad de Londres.
Ella no había querido hacerlo. Pidió a su madre que le dejara esperar un año más.
Era por lo menos dos de libras más pesada de lo que debiera, y su cara todavía tenía esa horrible tendencia a mostrar gestos cada vez que estaba nerviosa, lo cual provocaba que siempre tuviera gestos, ya que nada en el mundo podía ponerla tan nerviosa como un baile Londinense.
Ella trataba de recordarse que la belleza era sólo interna, pero esto no ofrecía ninguna excusa provechosa ya que nunca sabia que decirle a la gente. No había nada más deprimente que una muchacha fea sin personalidad. Y en aquel primer año en el mercado del matrimonio, era exactamente lo que Helga fue. Una muchacha fea sin - oh, vamos ella tiene que darse un poco de crédito - con muy poca personalidad.
Muy profundamente dentro, de ella sabía a quién era, y aquella persona es lista y amable e incluso graciosa, pero de alguna forma su personalidad siempre se perdía en algún sitio entre su corazón y su boca, y ella se encontraba a si misma diciendo cosas incorrectas o, más aun, no diciendo nada.
Para hacer las cosas aún menos atractivas, la madre de Helga rehusaba permitir que eligiera su propia ropa, y cuando no llevaba el obligatorio blanco que la mayoría de las señoritas usaban (y que por supuesto no resaltaba su cutis un poco), ella fue obligada a usar amarillo, rojo y naranja, todos los cuales la hacían ver perfectamente desgraciada. Hubo un tiempo en que Helga había sugerido el verde, pero la Sra. Pataki había puesto sus manos sus amplias caderas y había declarado que el verde era la melancolía.
Amarillo, declaro la Sra. Pataki , es un color feliz y una muchacha feliz cogería un marido con un lazo.
Helga decidió en ese mismo momento que no era lo mejor tratar de entender los funcionamientos de la mente de su madre.
Entonces Helga se encontró equipada de amarillo y de naranja y el rojo ocasional, aunque tales colores hicieran su mirada decididamente infeliz, y de hecho fueran realmente horroroso con sus ojos marrones y el pelo rojo teñido. No había nada que pudiera hacer sobre ello, sin embargo, entonces decidió poner a mal tiempo buena cara, y si ella no pudiera manejar una sonrisa, al menos no gritaría en público.
Mientras, ella recogió orgullo de la nada, algo que nunca antes hizo.
Y si no era bastante, 1813 era el año que la misteriosa (y ficticia) Lady Eleonor comenzó a publicar su Revista de Sociedad tres veces a la semana. El periódico de una página convirtió una sensación instantánea. Nadie sabía a quién era realmente la Lady Eleonor, pero cada uno parecía tener una teoría. Durante semanas - no, meses, realmente -Londres no podía hablar de nada más. La revista había sido repartida gratis para durante dos semanas- sólo para enviciar a la multitud - y luego de repente no habían entregas, sólo repartidores de periódicos que cobrando el escandaloso precio de cinco peniques por revista.
Pero para entonces, nadie podía vivir sin la dosis casi diaria del chisme, y cada uno pagó sus peniques.
En algún sitio alguna mujer (o tal vez, algunas personas especularon, un hombre) realmente acumulaba riquezas.
La novedad de la Revista de Sociedad de Lady Eleonor lo que la diferenciaba de cualquier otro diario de sociedad anterior era que la autora publicaba los nombres completos de de las personas de sociedad. Nada se ocultaba detrás de abreviaturas como Lord P-o Señora B-. Si la Lady Eleonor quería escribir sobre alguien, ella usaba su nombre completo.
Y cuando Lady Eleonor quiso escribir sobre Helga Pataki, ella hizo que la primera aparición de Helga en la Revista de Sociedad de la Lady Eleonor fuera la siguiente:
El desafortunado vestido de la señorita Helga Pataki dejo a la desafortunada muchacha viéndose como un cítrico demasiado maduro.
Un golpe bastante mordaz, desde luego pero nada menos que la verdad.
Su segunda aparición en la columna no fue mejor.
Ni una palabra fue oída de la señorita Helga Pataki, ¡y no me extraña! La pobre muchacha pareció haberse ahogado entre las colmenas de su vestido.
No, Helga tuvo miedo, algo que realzaría su popularidad.
Pero la temporada no era un desastre completo. Había unas pocas personas con las que ella podía hablar. De toda la gente, La señora Shortman, le tomó cariño, y Helga encontró que ella a menudo podía decir cosas a la encantadora vizcondesa que ella nunca soñaría con decir a su propia madre. Gracias a la Señora Shortman conoció a Pheobe Shortman, la hermana más joven de su querido Arnold. Pheobe también tenía diecisiete años, pero su madre había permitido sabiamente que ella retrasara su debut un año, aunque Pheobe poseyera el atractivo de los Shortman y encanto en abundancia.
Y mientras Helga pasaba sus tardes en el salón "verde y crema" en la Casa Shortman (o, más a menudo, en el dormitorio de Pheobe donde las dos muchachas se reian y bromeaban y hablaban de todo bajo el sol con gran seriedad), ella se encontró entrando en contacto ocasional con Arnold, quien a los veinte dos años aun no se había salido todavía de la casa familiar ni de la solteria.
Si Helga pensaba que lo amaba desde antes, eso no era nada comparado con lo que sintió después llegar a conocerlo realmente. Arnold Shortman era ingenioso, desinhibido, él tenía una actitud diabólica de bromista despreocupado que lograba el desmayo de las mujeres, pero sobre todo...
Arnold Shortman era agradable.
Agradable. Una pequeña palabra tan tonta. Debería haber sido banal, pero de alguna manera esto lo encaja a la perfección. Él siempre tenía algo agradable para decir a Helga, y cuando ella finalmente logro el coraje para contestarle (además de los saludos muy básicos y agradecimientos), él realmente la escuchaba. Lo que hacía todo más fácil en el próximo encuentro.
Hacia el final de la temporada, Helga juzgó que Arnold Shortman era el único hombre con quien ella había manejado una conversación entera.
Si eso era amor. Ah, eso era amor de amor de amor de amor de amor de amor.
Una repetición tonta de palabras, quizás, pero era exactamente lo que Helga garabateó en un papel de escribir ridículamente costoso, junto con las palabras, "Sra de Arnold Shortman" "y Helga Shortman" "y Arnold Arnold Arnold." (El papel termino en el fuego al momento en que Helga escucho pasos en el corredor.)
Cuan maravilloso era sentir amor-incluso el de la clase unilateral - para una persona agradable. Hacía que uno se sintiera tan positivamente sensible.
Por supuesto, eso no dañó al involucrado Arnold , como lo hizo con todos los demás hombres Shortman, fabulosamente bien parecidos. Estaba el famoso pelo rubio Shortman , la amplia y sonriente boca Shortman, los amplios hombros, la altura de seis pies, y en el caso de Arnold, los ojos verdes más devastadores que alguna vez agraciaron una cara humana.
Eran la clase de ojos que frecuentaban los sueños de las muchachas.
Y Helga soñaba y soñaba y soñaba.
El abril de 1814 encontró a Helga de vuelta en Londres para una segunda temporada, y aunque ella atrajera el mismo número de pretendientes que el año anterior (cero), la temporada no fue, con toda honestidad, tan mala. Esto ayudó a que ella hubiera perdido cerca de dos libras y podía llamarse ahora "agradablemente voluptuosa" más bien que "Budin horrible." Ella aun no estaba cerca del delgado ideal de femineidad que regia el momento, pero al menos ella había cambiado lo suficiente para garantizar la compra de un nuevo guardarropa completo.
Lamentablemente, su madre otra vez insistió en amarillo, naranjo, y el chapoteo ocasional de rojo. Y esta vez, la Señora Eleonor escribió:
La Señorita Helga Pataki (la menos necia de las hermanas de Pataki) llevó puesto un vestido de amarillo limón que deja un gusto ácido en la boca de una.
Lo cual al menos parecía implicar que Helga era el miembro más inteligente de su familia, aunque el elogio tuviera, un ataque por la retaguardia.
Pero Helga no era la única seleccionada por la mordaz columnista de chisme. Kate Sheffield de cabellos morenos fue comparada con un narciso chamuscado por su vestido amarillo, y Kate sigue casada con Anthony Shortman, el hermano mayor de Arnold ¡y un vizconde para empezar!
Entonces Penélope tuvo esperanzas.
Bueno, no realmente. Sabía que Arnold no iba a casarse con ella, pero al menos él bailó con ella en cada fiesta, y él la hacia reír, y de vez en cuando ella lo hacia reír, y ella sabía que eso era suficiente.
Y así la vida de Helga continúo. Ella tuvo su tercera temporada, luego su cuarta.
Su hermana mayor, Olga, finalmente encontró marido por su cuenta y se fue. La
Sra. Pataki sostenía la esperanza de que Helga todavía podía hacer un partido, ya que esto tomo a Olga cinco temporadas para atrapar marido, pero Helga sabía que ella estaba destinada a permanecer solterona. No sería justo casarse con alguien cuando ella estaba tan todavía desesperadamente enamorada de Arnold.
Y tal vez, en los alcances lejanos de su mente - en la esquina más apartada, metida detrás de las conjugaciones de verbo francesas que ella nunca había dominado y la aritmética que ella nunca usó - ella todavía sostenía un fragmento diminuto de esperanza.
Hasta ese día.
Incluso ahora, siete años más tarde, ella todavía se refería a ello como ese día.
Ella había ido a la casa Shortman, como frecuentemente hacía, tomar el té con Pheobe y su madre y hermanas. Fue justo antes de que el hermano de Pheobe, Benedict se hubiera casado con Sophie, sólo él no sabía quién era ella realmente, y –eso no fue significante, excepto que fue el único gran secreto de la década pasada que lady Eleonor nunca pudo descifrar.
De todos modos, ella estaba caminando por el pasillo delantero, escuchando caer el sonido del agua a lo largo del azulejo de mármol cuando ella se vio. Ella ajustaba su capa y se preparaba a caminar la corta distancia a su hogar (sólo a la vuelta de la esquina, realmente) cuando ella oyó voces. Voces masculinas. Voces de masculinas Shortman.
Era los tres hermanos mayores Shortman: Anthony, Benedict, y Arnold. Tenían una de aquellas conversaciones que los hombres tienen,de la clase en la cual critican mucho y se hacen bromas uno al otro. A Helga siempre le gustaba mirar a los Shortmans interactuar de esta forma; ellos si que eran una familia.
Helga podía verlos por la puerta principal abierta, pero no podía oír lo que decían hasta que ella alcanzara el umbral. Y en un testamento al mal calculo que la había molestado durante toda su vida, la primera voz que ella oyó fue la de Arnold, y las palabras no eran amables.
¡" ... y yo ciertamente no me casare con Helga Pataki!"
¡"Ah!" La palabra resbaló sobre sus labios antes de que ella pudiera pensar, su chillido perforo el aire como un silbido desafinado.
Los tres hombres Shortman se voltearon para mirarla con idénticas caras horrorizadas, y Helga sabía que ella acababa de firmar lo que sería seguramente los cinco minutos más horribles de su vida.
Ella no dijo nada durante lo que pareció una eternidad, y luego, finalmente, con una dignidad que nunca soñó poseer, ella miró directamente a Arnold y dijo, "nunca le pedí casarse conmigo."
Sus mejillas fueron de rosado a rojo. Él abrió su boca, pero ningún sonido salió. Fue, Helga pensó con satisfacción sardónica, probablemente el único momento en su vida que él quedo sin palabras.
"Y yo nunca-" Ella tragó convulsivamente. "Nunca dije a nadie que quería que usted me lo pidiera."
"Helga," finalmente Arnold pudo decir, " lo siento tanto."
"Usted no tiene de que disculparse" dijo ella.
"No," él insistió, "Si tengo. Herí sus sentimientos, y-"
"Usted no sabía que yo estaba allí."
"Pero sin embargo-"
"Usted no va a casarse conmigo," dijo ella, su voz sonó muy extraña y hueca a sus oídos.
"No hay nada incorrecto en ello. No voy a casarme con su hermano Benedict."
Benedict había estado tratando claramente de no mirar, pero volvió su atención en esto.
Helga puso sus brazos en jarra. "Esto no hizo daño a sus sentimientos cuando anuncie que no voy a casarme con usted." Ella miro a Benedict, forzando su mirada directamente hacia el. ¿"Es así, Sr. Shortman?"
"Por supuesto que no," contestó Benedict rápidamente.
"Esta arreglado, entonces," dijo ella fuertemente, la asombró esto, por una vez, exactamente las palabras correctas salían de su boca. "ningún sentimiento fue dañado. Ahora, entonces,si ustedes me disculpan, caballeros, me gustaría ir a casa."
Los tres caballeros inmediatamente se apartaron para dejarla pasar, y ella habría hecho una fuga limpia, salvo que Arnold de repente soltó, "¿no tiene usted a una criada?"
Ella sacudió su cabeza. "Vivo sólo a la vuelta de la esquina."
"Lo sé, pero-"
"La escoltaré," dijo Anthony suavemente.
"Esto no es realmente necesario, milord."
"Hágame el honor," dijo, en un tono que le dijo claramente que ella no tenía ninguna opción de discutir.
Ella saludó con la cabeza, y ellos dos salieron hacia la calle. Después de que habían pasado aproximadamente tres casas, Anthony dijo con una voz extrañamente respetuosa, "Él no sabía que usted estaba allí."
Helga sintió que sus labios se apretaron en los bordes - no de cólera, sólo de un cansado sentimiento de resignación. "lo sé," contestó ella. "Él no es del tipo cruel.
Espero que su madre lo haya atrapado para casarse."
Anthony saludó con la cabeza. Las intenciones de la señora Shortman de ver a todos y cada uno de su ocho descendiente felizmente casado eran legendarias.
"Le gustó verdad," dijo Helga. "Su madre, eso es. Ella no ve más allá, me temo.
Pero la verdad es, que no importa mucho si me quiere como novia de Arnold."
"Bueno, yo no diría eso," reflexionó Anthony, sin sonar tanto como un vizconde muy temido y respetado si no más bien como un hijo educado. "No me gustaría estar casado con alguien que a mi madre no le gusta." Él sacudió su cabeza en un gesto de gran temor y respeto. "Ella es una fuerza de la naturaleza."
"¿Su madre o su esposa?"
Él consideró esto durante aproximadamente medio segundo. "Ambas".
Ellos caminaron durante unos momentos, y luego Helga soltó, "Arnold debería marcharse."
Anthony la observó con curiosidad. "¿ perdón?"
"Él debería marcharse. Viajar. Él no está listo para casarse, y su madre no será capaz de contenerse para presionarlo. Ella haría bien..." Helga mordió su labio con horror.
Esperó que el vizconde no pensara que ella realmente criticaba a la Señora Shortman. A su entender, no había ninguna dama tan grandiosa como ella en Inglaterra.
"Mi madre siempre hace bien," dijo Anthony con una sonrisa indulgente. "Pero tal vez usted tiene razón. Quizás él debería escaparse. Arnold realmente disfruta viajar. Aunque viene recién llegando de Gales."
"¿Él?" Helga murmuró cortésmente, como si ella no supiera perfectamente bien que él había estado en Gales.
"Llegamos," contesto él haciendo una reverencia con su cabeza. "¿Esta es su casa, es esta no?"
"Sí. Gracias por acompañarme a casa."
"Fue un placer, le aseguro."
Helga observo cuando él se marchó, entonces ella fue dentro y lloro.
Al siguiente día, la siguiente frase apareció en la Revista de Sociedad de Lady Eleonor's:
¡Vaya si no hubo emoción ayer en la escalinata de la puerta principal de la residencia de Lady Shortman en Bruton Street!
La primera fue que se vio a Helga Pataki en la compañía, no de uno ni de dos, sino de tres hermanos Shortman, ciertamente una proeza hasta el momento imposible para la pobre muchacha, que tiene la no muy buena fama de ser la fea del baile. Por desgracia (aunque tal vez previsiblemente) para la señorita Pataki, cuando finalmente se marchó, lo hizo del brazo del vizconde, el único hombre casado del grupo.
Si la señorita Pataki llegara a arreglárselas para llevar al altar a un hermano
Shortman querría decir que habría llegado el fin del mundo tal como lo conocemos, y que esta autora, que no vacila en reconocer que ese mundo no tendría ni pies ni cabeza para ella, se vería obligada a renunciar a esta columna en el acto.
Esto parecía que hasta a Lady Eleonor entendía la inutilidad de la esperanza de los sentimientos Helga por Arnold.
Los años pasaron, y de alguna manera, sin proponérselo, Helga dejó de ser una debutante y se encontró sentándose con las acompañantes, mirando a su hermana más joven Hilda - seguramente la única hermana Pataki dotada de belleza natural y encanto disfrutando sus propias temporadas de Londres.
Arnold desarrolló un gusto por los viajes y comenzó a pasar cada vez más tiempo fuera de Londres; parecía que cada pocos meses salía a algún nuevo destino.
Cuando él estaba en la ciudad, él siempre guardaba un baile y una sonrisa para Helga, y de alguna manera ella logró fingir que nada había pasado alguna vez, que él nunca había declarado su repugnancia para ella en una calle pública, que sus sueños nunca habían sido rotos.
Y cuando él estaba en la ciudad, que era no a menudo, ellos tener una fácil, y terriblemente profunda, amistad. Que era todo lo que una solterona de casi veintiocho años podría esperar, ¿verdad?
El amor no correspondido nunca fue fácil, pero al menos Helga Pataki estaba acostumbrada a ello.
