La historia está basada en el libro de Julia Quinn titulado Seduciendo a Mr. Bridgerton. Es el 4° libro de la saga de los hermanos Bridgerton, historia que recomiendo mucho.

Los personajes son de Oye Arnold creada por Craig Bartlett y seduciendo a Mr Bridgerton de Julia Quinn.

Nada es mío, ni la historia, ni los personajes.

Detesto la gripa. La gripa en temporada de canícula es lo peor que te puede pasar, estas con el calor y terminas sudando a mares. La deshidratación puede ser peligrosa(Lo he notado de manera tarde) Pero eso no me detuvo mucho para actualizarles el capitulo 7 de esta historia. Y ya llevo la mitad de la actualizacion de Rocket Brothers. Voy a paso lento, pero seguro. xDD

Disfruten de este hermoso capitulo.


Tarde musical.

¿Por qué… por qué… por qué se hacía esto a si misma?

Año tras año la invitación llegaba por el mensajero, y año tras año Helga se juraba a si misma que nunca, teniendo a Dios por testigo, asistiría a alguna otra velada musical de Smythe-Smith.

Y aún así año tras año ella se encontraba asentada en el cuarto de música de Smythe-Smith, desesperadamente tratando de no rendirse (al menos no visiblemente) cuando la última generación de muchachas de Smythe-Smith mataba al pobre Sr. Mozart en la efigie musical.

Era doloroso. Horriblemente, terriblemente, horriblemente doloroso. Realmente, no había ninguna otra forma de describirlo.

Incluso lo más desconcertante era que Helga siempre parecía terminar en la primera fila, o cerca de ella, que estaba más allá de lo soportable. Y no sólo para los oídos. Cada cierto tiempo, había una muchacha de Smythe-Smith que era consciente de tomar parte en lo que sólo podría ser llamado un delito contra la ley auditiva. Mientras las otras muchachas atacaban sus violines y pianos con un vigor inconsciente, esto agregado a una expresión afligida en su cara… una expresión que Helga conocía bien.

Esta era la cara que una ponía cuando quería estar en cualquier parte, menos donde una estaba. Podrías tratar de esconderlo, pero esto siempre se notaba en las esquinas de la boca, que se encontraban apretadas y tensas. Y los ojos, por supuesto, que flotaban de arriba a abajo evitando todo contacto visual con el resto.

El cielo sabía que la cara de Helga había estado maldita con aquella misma expresión a menudo.

Tal vez por eso ella nunca logró definitivamente quedarse en casa durante una noche de Smythe-Smith. Alguien tenía que sonreír favorablemente y fingir disfrutar de la música.

Además, no era como si estuviese obligada a ir y escuchar más de una vez por año, de todas formas.

De todos modos, uno no podía menos que pensar en la fortuna que se podría hacer en discretos tapones para los oídos.

El cuarteto de muchachas precalentaba en un revoltijo de notas discordantes y escalas que sólo prometían empeorar una vez que ellas comenzaran a tocar de veras. Helga había tomado un asiento en el centro de la segunda fila, consternando mucho a su hermana Hilda.

"Hay dos asientos absolutamente buenos en la esquina trasera," Hilda siseo en su oído.

"Ya es demasiado tarde," contesto Helga, instalándose en una silla ligeramente acolchada.

"Dios me ayude," gimió Hilda. Helga recogió su programa y comenzó a hojearlo.

"Si no nos sentamos aquí, alguien más lo hará," dijo ella.

"¡Ese es exactamente mi deseo!"

Helga se inclinó de modo que sólo su hermana pudiera oír sus palabras murmuradas.

"Podemos limitarnos a sonreír y ser corteses. Imagina si alguien como Rhonda Gamelthorpe se sienta aquí y riéndose disimuladamente en todo momento."

Hilda miró alrededor. "No pienso que Rhonda Gamelthorpe quisiera estar aquí atrapada."

Helga decidió no hacer caso de esta declaración. "La última cosa que ellas necesitan es a alguien sentado justo en el frente y le guste hacer comentarios poco amables. Aquellas pobres muchachas serían mortificadas."

"Ellas van a ser mortificadas de todos modos," se quejo Hilda.

"No, ellas no lo serán," dijo Helga. "Al menos no aquella, esa, o esa otra," dijo ella, señalando las dos con violines y la del piano. Pero esa" - ella hizo indico discretamente a la muchacha que se sentaba con un violonchelo entre sus rodillas-"ella ya se siente miserable. Lo menos que podemos hacer es no hacerlo peor permitiendo que alguien malicioso y cruel se siente aquí."

"Solo será destripada más adelante, en la semana por lady Eleonor," refunfuñó

Hilda.

Helga abrió su boca para decir algo más, pero en aquel momento exacto noto que la persona que acababa de ocupar el asiento a su otro lado era Pheobe.

"Pheobe," dijo Helga con el obvio placer. "Pensé que planeabas quedarte en casa."

Pheobe hizo una mueca, su piel tomo tono pálido decididamente verdoso. "No puedo explicarlo, pero pareciera que no me puedo alejar. Es como un accidente de carro. No puedes dejar de mirar."

"O escuchar," dijo Hilda, "como seria en este caso."

Helga sonrió. Ella no podía ayudarle.

"¿Les oí hablando sobre lady Eleonor cuándo llegué?" preguntó Pheobe.

"Dije a Helga," dijo Hilda, inclinándose de forma poco elegante a través de su hermana para hablar con Pheobe, " ellas van a ser destruidas por lady Eleonor más adelante durante esta semana."

"No sé," dijo Pheobe pensativamente. "Ella no se mete con las muchachas de Smythe-Smith cada año. No sé por qué."

"Yo sé por qué," cacareó una voz desde atrás.

Pheobe, Helga, y Hilda todas se dieron vuelta en sus asientos, luego dieron tumbos hacia atrás cuando vieron el bastón de lady Gertie acercándose peligrosamente a sus caras.

"Lady Gertie," Helga tragó aire, incapaz de resistir el impulso de tocarse la nariz… sólo para tranquilizarse de que aún estaba allí.

"Creo entender a lady Eleonor," dijo lady Gertie.

"¿Usted?" preguntó Hilda.

"Ella es dulce en el fondo," siguió la vieja señora. "¿Ustedes ven a esa" – apuntando con su bastón en dirección a la violonchelista, casi perforó el oído de Pheobe en el proceso - "justo ahí?"

"Sí," dijo Pheobe, frotando su oído, "aunque pienso que no seré capaz de oírlas."

"Probablemente una bendición," dijo lady Gertie volviéndose con el bastón en la mano. "Usted puede agradecerme más tarde."

"¿Decía usted algo sobre la violonchelista?" pregunto Helga rápidamente, antes de que Pheobe dijera algo completamente inadecuado.

"Por supuesto que estaba diciendo algo. Mírenla," dijo lady Gertie. "Ella es miserable. Y claro que debería serlo. Claramente es la única que tiene una pista en cuanto a lo terriblemente malas que son. Las otras tres no tienen ni siquiera el sentido musical de un mosquito."

Helga dio un vistazo bastante satisfecho a su hermana menor.

"Usted recuerde mis palabras," dijo lady Gertie. "Lady Eleonor no tendrá nada que decir sobre esta velada musical. Ella no quiere herir los sentimientos de nadie. No como el resto de ellos…"

Hilda, Helga, y Pheobe todas esquivaron el bastón que se balanceaba encima de ellas.

"Bah. Ella no podría preocuparse menos por el resto de ellos."

"Esta es una teoría interesante," dijo Helga.

Lady Gertie se recostó felizmente en su silla. "Sí, lo es. ¿O no?"

Helga asintió con la cabeza. "Pienso que usted tiene razón."

"Hmmph. Por lo general la tengo."

Todavía volteada en su asiento, Helga se devolvió primero a Hilda, y luego a Pheobe, diciendo, "Esa es la misma razón por la qué sigo viniendo a estas infernales veladas musicales año tras año."

"¿Para ver a Lady Gertie?" pregunto Pheobe, parpadeando por la confusión.

"No. A causa de muchachas como ellas." Helga señaló a la violonchelista. "Sé exactamente cómo se siente."

"No seas tonta, Helga," dijo Hilda. "tú nunca has tocado el piano en público, y aun si lo hicieras, tu eres completamente capaz de llevarlo a cabo."

Helga se volvio a su hermana. "No es sobre la música, Hilda."

Entonces la cosa más rara pasó a lady Gertie. Su cara cambió. Completamente, completamente, asombrosamente cambiada. Sus ojos se pusieron nebulosos, pensativos. Y sus labios, que generalmente se mostraban ligeramente apretados y sarcásticos en las comisuras, se suavizaron. "Yo era también así, señorita Pataki," dijo ella, tan silenciosamente que tanto Pheobe como Hilda se vieron obligadas a inclinarse hacia adelante, Pheobe con un, "¿Perdon?," y Hilda con un bastante menos cortés, "¿Qué?"

Pero lady Gertie sólo tenía ojos para Helga. "Es por lo qué asisto, año tras año," dijo la señora más vieja. "Justo como usted."

Y durante un momento Helga se sintió raramente unida a la vieja mujer. Lo que era bastante loco, porque ellas no tenían nada en común aparte del género… ni la edad, ni estatus, nada. Y aún era casi como si la condesa la había elegido de alguna manera, ¿con que propósito?, Helga no podía adivinarlo. Pero ella parecía determinada a encender un fuego bajo la ordenada e incluso aburrida vida de Helga.

Y Helga no podía menos que pensar que algo estaba pasando.

¿No es agradable descubrir que no somos exactamente lo que habíamos pensado que éramos?

Las palabras de lady Gertie desde la otra noche todavía resonaban en la cabeza de Helga. Casi como una letanía. Casi como un desafío.

"¿Sabe lo que pienso, señorita Pataki?" Preguntó Lady Gertie, en un tono

Ilusoriamente suave.

"Yo ni siquiera me atrevería a adivinar," dijo Helga con gran honestidad y respeto en su voz.

"Pienso que usted podría ser lady Eleonor."

Hilda y Pheobe jadearon.

Los labios de Helga se separaron por la sorpresa. Nadie había pensado acusarla a ella de algo así anteriormente. Esto era... impensable... increíble y...Bastante lisonjero, realmente.

Helga sintió que su boca se deslizaba en una sonrisa astuta, y se inclinó hacia adelante, como si se prepara a impartir noticias de gran importancia.

Lady Gertie se inclinó hacia adelante.

Hilda y Pheobe también se inclinaron hacia adelante.

"¿Sabe usted lo qué pienso, Lady Gertie?" pregunto Helga, con una voz irresistiblemente suave.

"Bueno," dijo Lady Gertie, con un malvado destello en su ojo, "yo le diría que estoy sin aliento, con anticipación, pero usted ya me ha dicho anteriormente que piensa que yo soy lady Eleonor."

"¿Es usted?"

Lady Gertie sonrió maliciosamente. "Tal vez lo soy."

Hilda y Pheobe jadearon nuevamente, más alto esta vez.

El estómago de Helga dio tumbos.

"¿Lo admite usted?" Pheobe susurró.

"Por supuesto que no lo admito," ladró lady Gertie, enderezando su columna y golpeando su bastón contra el suelo con bastante fuerza para parar momentáneamente a las cuatro músicas aficionados en su precalentamiento.

"Incluso si fuera verdadero - y no digo que lo sea - ¿sería lo bastante tonta para admitirlo?"

"Entonces ¿por qué usted lo dice…?"

"Porque, cabeza hueca, trato de llegar a algo."

Ella entonces procedió a guardar silencio hasta que Helga se sintiera forzada a preguntar, "¿Cuál es?"

Lady Gertie les dirigió una mirada sumamente exasperada. "Que cualquiera puede ser lady Eleonor," exclamó ella, golpeando su bastón en el suelo con el renovado vigor.

"Cualquiera en absoluto."

"Bueno, excepto yo," Hilda agrego. "Estoy completamente segura de que no soy yo."

Lady Gertie ni siquiera honró Hilda con un vistazo. "Déjeme decirle algo," dijo ella.

"Como si pudiéramos pararle," dijo Helga, tan dulcemente que esto le salió como un elogio. Y la verdad sea dicha, esto era un elogio. Ella admiraba mucho a lady Gertie.

Ella admiraba a alguien que sabía decir lo que pensaba en público.

Lady Gertie se rió entre dientes. "Hay más de usted de lo que ve el ojo, Helga

Pataki."

"Eso es verdad," dijo Hilda con una sonrisa. "Ella puede ser bastante cruel, por ejemplo. Nadie lo creería, pero cuando éramos jóvenes…"

Helga le dio un codazo en las costillas.

"¿Lo ve?" dijo Hilda.

"Lo que yo iba a decir," siguió lady Gertie, "era que la multitud está totalmente equivocada con mi desafío."

"¿Cómo sugiere usted que lo hagamos, entonces?" preguntó Pheobe.

Lady Gertie agitó su mano desdeñosamente en la cara de Pheobe. "Tengo que explicar porque la gente actúa de forma incorrecta primero," dijo ella. "Ellos continúan vigilando a las personas obvias. Personas como su madre…" dijo ella, volteándose hacia a Helga y Hilda.

"¿Nuestra madre?" Exclamaron al unísono.

"Ah, por favor," se mofó lady Gertie. "Una entrometida tan grande como ella, esta ciudad jamás ha visto. Es exactamente la clase de persona de la cual todos sospechan."

Helga no sabía que decir frente a esto. Su madre era una chismosa celebre, pero era difícil imaginarla como lady Eleonor.

"Eso es por lo cual," siguió lady Gertie, con una mirada perspicaz en su ojo, "no puede ser ella."

"Bueno, eso," dijo Helga con un poco de sarcasmo, "y el hecho de que Hilda y yo podríamos decirle con seguridad que ella no lo es."

"Pish. Si su madre fuera lady Eleonor, ella habría encontrado un modo de ocultarlo de ustedes."

"¿Mi madre?" dijo Hilda dudosamente. "No lo creo."

"Lo que trato de decir," replico lady Gertie, "antes de todas estas interrupciones infernales…" Helga pensó que oyó un resoplido de Pheobe. "era que si lady Eleonor fuera alguien obvio, ella habría sido descubierta ya, ¿No lo cree?"

Silencio, hasta que se hizo claro que alguna respuesta era necesaria, entonces las tres asintieron con la cabeza con apropiada seriedad y vigor.

"Ella debe ser alguien de quien nadie sospecha," dijo lady Gertie. "Eso debe ser."

Helga se encontró asintiendo con la cabeza otra vez. Lady Gertie tenía razón, de un extraño modo.

"¡Eso es por lo qué," siguió la señora más vieja triunfalmente, "no soy una candidata probable!"

Helga parpadeó, sin entender completamente la lógica. "¿Perdón?"

"Ah, por favor." Lady Gertie dio a Helga un vistazo bastante desdeñoso. "¿Piensa usted que es la primera persona en sospechar de mi?"

Helga sólo sacudió su cabeza. "Todavía pienso que es usted."

Esto la hizo ganar algo de respeto. Lady Gertie asintió con la cabeza con aprobación cuando ella dijo, "usted es más descarada de lo que parece."

Hilda se apoyo hacia adelante y dijo con una voz conspiradora, "Es verdad."

Helga apretó la mano de su hermana. "¡Hilda!"

"Creo que la velada musical comienza," dijo Pheobe.

"El cielo nos ayude a todos nosotros," anunció lady Gertie. "No sé por qué yo…¡Sr. Shortman! "

Helga se había dado vuelta para el pequeño escenario, pero se volteo raudamente para ver a Arnold hacer el largo camino a través de la fila hasta el asiento vacío al lado de lady Gertie, pidiendo amablemente perdón cuando él chocó con las rodillas de la gente.

Sus disculpas, por supuesto, fueron acompañadas por una de sus sonrisas letales, y dejando al menos tres señoras totalmente derretidas en sus asientos como resultado.

Helga frunció el ceño. Era asqueroso.

"Helga," susurró Hilda. "¿Estas gruñendo?"

"Arnold," dijo Pheobe. "Yo no sabía que vendrías."

Él se encogió de hombros, su cara estaba iluminada con una media sonrisa. "Cambie de opinión en el último momento. Yo siempre he sido un gran amante de la música, después de todo."

"Lo que explicaría tu presencia aquí," dijo Pheobe con una voz excepcionalmente seca. Arnold reconoció su declaración arqueando simplemente su ceja antes de dirigirse a Helga y decir, "Buenas noches, señorita Pataki. " Saludando con la cabeza a Hilda con otro, "señorita Pataki."

Le tomó un tiempo a Helga encontrar su voz. Ellos se habían separado de forma bastante brusca esa tarde, y ahora aquí él estaba con una sonrisa amistosa.

"Buenas noches, Sr. Shortman," finalmente pudo decir.

¿"Sabe alguien lo qué está en el programa esta noche?" Preguntó, pareciendo terriblemente interesado.

Helga tuvo que admirarlo por esto. Arnold tenía un modo de mirarle como si nada en el mundo podría ser más interesante que su siguiente oración. Ese era un gran talento, lo era.

Sobre todo ahora, cuando todos sabían que a él no podía interesarle de una u otra forma lo que las muchachas de Smythe-Smith decidieran tocar esa tarde.

"Creo que es Mozart," dijo Hilda. "Ellos casi siempre eligen Mozart."

"Encantador," contestó Arnold, apoyándose en el respaldo de su silla como si él hubiera acabado de terminar una excelente comida. "Soy un gran admirador del Sr. Mozart."

"En este caso," lady Gertie cacareó, dándole un codazo en las costillas, "usted podría querer hacer su fuga mientras la posibilidad todavía existe."

"No sea tonta," dijo él. "Estoy seguro que las muchachas harán todo lo posible."

"Ah, no hay dudas de que ellas harán todo lo posible," dijo Pheobe siniestramente.

"Shhh," dijo Helga. "Pienso que están listas para empezar." No, ella confesó así misma, que estaba especialmente impaciente por escuchar la versión de las Smythe-Smith para Eine Kleine Nacht-musik. Pero se sentia profundamente molesta con Arnold. No estaba segura de que decirle… salvo que independientemente de lo que debiera decirle, definitivamente no debería decirlo delante de Pheobe, Hilda, y más que nada delante de lady Gertie.

Un mayordomo fue y apagó unas velas señalando que las muchachas estaban listas para comenzar. Helga se animo, tragado de tal modo para obstruir sus canales de oído interiores (esto no funciono), y entonces la tortura comenzó. Y continuó... y siguió... y siguió. Helga no estaba segura de que era más atormentador - la música o el saber que Arnold estaba sentado justo detrás de ella. Siendo consciente de ello la parte trasera de su cuello la sentía hormiguear, y ella se encontró jugueteando como loca, sus dedos golpeaban despiadadamente el terciopelo azul oscuro de sus faldas.

Cuando el cuarteto de Smythe-Smith finalmente termino, tres de las muchachas estaban radiantes con los aplausos corteses, y la cuarta – la violonchelista miraba como si quisiera enterrarse lentamente bajo una roca.

Helga suspiró. Al menos, en todas sus temporadas fracasadas, no había sido obligada alguna vez a alardear sus carencias frente a toda la multitud como tuvieron que hacerlo estas muchachas. Siempre le permitían derretirse en las sombras, cernirse silenciosamente en el perímetro del salón, mirando a las otras muchachas dar vueltas en la pista de baile.

¡Ah, su madre la arrastró aquí y allí, tratando de colocarla en el camino de alguno u otro señor elegible, pero eso no era nada! Nada como lo que las muchachas de Smythe-Smith fueron obligadas a soportar.

Aunque, con toda honestidad, tres de las cuatro parecían felizmente inconsciente de su ineptitud musical. Helga sólo sonrió y aplaudió. Ella seguramente no iba a reventar su burbuja colectiva.

Y si la teoría de lady Gertie era correcta, lady Eleonor no iba a escribir una palabra sobre la velada musical.

Los aplausos se acabaron más que rápidamente, y pronto cada uno tomo su propio rumbo, haciendo conversaciones corteses con sus vecinos y observando la mesa de refrescos puesta justo detrás del salón.

"Limonada," Helga murmuró para sí misma. Perfecto. Ella estaba terriblemente acalorada… realmente, ¿En qué había estado pensando, llevando puesto terciopelo durante una noche tan caliente?... y una fresca bebida sería justo lo que la haría sentir mejor. Sin mencionar que Arnold estaba atrapado en una conversación con lady Gertie, lo cual hacia el momento ideal para realizar su fuga.

Pero tan pronto como Helga tenía su vaso en la mano, oyó la voz dolorosamente familiar de Arnold detrás de ella, murmurando su nombre.

Ella volteo, y antes de que tuviera cualquier idea de lo que hacía, dijo, "lo siento."

"¿Tu lo sientes?"

"Sí," aseguró. "Al menos pienso que lo siento."

Sus ojos se arrugaron ligeramente en las esquinas. "La conversación se pone más intrigante cada segundo."

"Arnold…"

Él retuvo su brazo. "Da una vuelta conmigo alrededor del salón, ¿de acuerdo?"

"No pienso…"

Él acercó su brazo sólo una pulgada más o menos, pero el mensaje estaba claro. "Por favor", dijo.

Ella asintió con la cabeza y dejó su limonada. "Muy bien." Ellos anduvieron en silencio durante casi un minuto, entonces Arnold dijo, "me gustaría pedirte perdón."

"Yo fui quién asaltó el cuarto," indicó Helga.

Él inclinó su cabeza ligeramente, y ella pudo ver una sonrisa indulgente jugueteando a través de sus labios. "Yo no podría llamarlo 'asalto,'" dijo él.

Helga frunció el ceño. Probablemente no debería haberse marchado tan enfadada, pero ahora que lo había hecho, estaba extrañamente orgullosa de ello. No era algo común que una mujer como ella consiguiera hacer una salida tan dramática.

"Bueno, yo no debí haber sido tan grosera," refunfuñó ella, sin sentirlo realmente.

Él arqueó una ceja, entonces obviamente decidido a no continuar el tema. "Me gustaría poder disculparme," dijo, "por ser un pequeño mocoso malcriado."

Helga tropezó con sus pies. Él le ayudó a recobrar su equilibrio, luego dijo, "Estoy consciente que tengo muchas, pero muchas cosas en mi vida por lo cual yo debería estar agradecido. Porque realmente estoy agradecido," corrigió, su boca estaba completamente seria, pero seguramente se sentía avergonzado. "Fue imperdonablemente grosero quejarme contigo."

"No," dijo ella, "he pasado toda la tarde pensando en lo que dijiste, y mientras yo..." Ella tragó, luego lamió sus labios, que se habían ido secando. Había pasado todo el día tratando de pensar en las palabras correctas, y pensó que las había encontrado, pero ahora que él estaba ahí, a su lado, no podía pensar en las dos cosas.

"¿Necesitas otro vaso de limonada?" preguntó Arnold cortésmente.

Ella negó con su cabeza. "Tienes todo el derecho a tus sentimientos," soltó. "Puede no ser lo que yo sentiría en tus zapatos, tienes todo el derecho. Pero…"

Ella se mortificó, y Arnold se encontraba desesperado por saber lo que había planeado decir. ¿"Pero qué, Helga?" La impulsó.

"No es nada."

"¿No es nada?" Su mano fue nuevamente a su brazo, y entonces él apretó ligeramente, para dejarle saber lo que él quería decir.

Paso un largo rato, él pensó que realmente ella no iba a responder, y luego, sólo cuando pensó que su cara se rajaría por la sonrisa que sostuvo con tanto cuidado en sus labios… ellos estaban en público, después de todo, y no quería invitar a los comentarios y especulaciones pareciendo anhelante y preocupado, ella suspiró.

Fue un sonido encantador, extrañamente confortante, suave, y sabio. Y lo hizo querer mirarla más estrechamente, para ver en su mente, para oír los ritmos de su alma.

"Arnold," dijo Helga silenciosamente, "si tú te sientes frustrado por tu actual situación, deberías hacer algo para cambiarlo. Es realmente algo simple."

"Eso es lo que hago," dijo él encogiéndose descuidadamente de hombros. "Mi madre me acusa de llegar y abandonar el país caprichosamente, pero la verdad es…"

"Tú lo haces cuando te sientes frustrado," terminó ella por él.

Él asintió con la cabeza. Ella lo entendía. Él no estaba seguro de como había sucedido, o incluso como eso tenía sentido, pero Helga Pataki lo entendía.

"Pienso que deberías publicar tus diarios," dijo ella.

"Yo no podría."

"¿Por qué no?"

Él paro de caminar, dejándola ir de su brazo. Realmente no tenía una respuesta, además de una palpitación rara en su corazón.

"¿Quién querría leerlos?" Finalmente preguntó.

"yo lo haria," dijo ella francamente. "Pheobe, Hilda..." añadió, enumerando nombres con sus dedos. "Tu madre, Lady Eleonor, estoy segura," añadió ella con una sonrisa maliciosa. "Ella escribe bastante sobre ti."

Su buen humor era contagioso, y Arnold no pudo reprimir completamente su sonrisa.

"Helga, no cuenta si las únicas personas que compran el libro es la gente que conozco."

"¿Por qué no?" Sus labios se movieron nerviosamente. "tú conoces a un montón de gente. Por qué, cuentas solamente a los Shortman…"

Él tomo su mano. Sin saber por qué, pero él tomo su mano. "Helga, para."

Ella sólo se rió. "creo que Pheobe me contó que tienes pilas y pilas de primos también, y…"

"Suficiente," él advirtió. Pero sonreía abiertamente mientras lo decía. Helga aparto la vista de su mano, luego dijo, "mucha gente querrá leer sobre tus viajes. Tal vez al principio sólo será porque eres una figura muy conocida en Londres, pero no tomará mucho antes de que cada uno se dé cuenta de lo buen escritor que eres. Y luego ellos pedirán más a gritos. "

"No quiero ser un éxito debido al nombre Shortman," dijo él.

Helga soltó su mano y la plantó en sus caderas. ¿"Me estas escuchando? Sólo te digo esto…"

"¿Qué es lo que ustedes dos están hablando?" Dijo Pheobe mientras se les quedaba mirando muy, muy curiosa.

"Nada," refunfuñaron ambos al mismo tiempo. Pheobe resopló.

"No me insulten. ¿Cómo que nada? "Helga miró como si ella fuera a escupir fuego en cualquier momento.

"Tu hermano sólo está siendo obtuso," dijo Helga.

"Bien, no es nada nuevo," dijo Pheobe.

"¡Esperen un momento!" exclamó Arnold.

"¿Pero qué," sondeó Pheobe, ignorandolo completamente, "sobre que es obtuso?"

"Es un asunto personal," replico Arnold.

"Lo que hace que todo esto sea más interesante," dijo Pheobe. Ella contempló a Helga con expectación.

"Lo siento," dijo Helga. "Realmente no lo puedo decir."

¡"No puedo creerlo!" Pheobe lanzó un grito. "Tú no vas a decirme."

"No," contestó Helga, sintiéndose extraña forma satisfecha consigo misma, "no lo haré."

"No puedo creerlo," dijo Pheobe otra vez, volteándose hacia a su hermano. "No puedo creerlo."

Sus labios se transformaron en la más puras de las sonrisas. "Créelo."

"Tú te estás guardando secretos a mí."

Él levantó sus cejas. "¿Crees que te lo cuento todo?"

"Por supuesto que no." Ella frunció el ceño. "Pero pensé que Helga lo hacía."

"Pero este no es mi secreto para poder contarlo," dijo Helga. "Es de Arnold."

"Pienso que el planeta ha cambiado su eje," se quejó Pheobe. "O quizás Inglaterra ha chocado contra Francia. Todo lo que sé que este no es el mismo mundo que habitaba esta mañana. "

Helga no podía ayudarle. Y se rió tontamente.

¡"Y tú te ríe de mí!" Pheobe añadió.

"No, yo no," dijo Helga, riendo. "Realmente, yo no."

¿"Sabes realmente lo qué te hace falta?" preguntó Arnold.

"¿Qué?".

Él asintió con la cabeza. "Un marido."

¡"Eres tan malvado como mi madre!"

"Podría ser mucho peor si yo realmente me lo propusiera."

"De eso no tengo duda," replico Pheobe de vuelta.

¡"Alto, alto!" dijo Helga, verdaderamente risueña es ese momento.

Ambos la observaron expectantes, como diciendo, ¿ Ahora qué?

"Estoy tan contenta de haber venido esta noche," dijo Helga, las palabras salieron espontáneamente de sus labios. "No puedo recordar una tarde más agradable. Realmente, no puedo."

Varias horas más tarde, cuando Arnold reposaba en la cama, mirando el techo de su dormitorio en su nuevo apartamento en Bloomsbury, pensó que él sentía exactamente lo mismo.