Ranma ½ no me pertenece
.
Madame Love en acción
-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙
.
Ranma miró intensamente la puerta del cuarto de Akane, como si pudiera arrancarla de cuajo con los ojos.
Si no era por la puerta, lo haría por la ventana, pero que entraba en el cuarto de Akane, entraba.
«Casualmente, claro», pensó, creyéndose un genio por la idea que se le había ocurrido. Se dio la vuelta y comenzó su camino hasta la ventana de su prometida, un camino que él no lo sabía en ese momento, pero sería largo, muy largo, lleno de peligros, nuevos enemigos que vencer y batallas que ganar. ¡Hasta una nueva prometida! Pero eso sería spoilear demasiado ya desde este primer párrafo, mejor decir que Ranma simplemente bajó la escalera hasta la sala.
Cuando salía muy campante hacia el jardín para dar la vuelta a la casa, Kasumi lo detuvo con una de esas sonrisas que ella tenía, porque la mayor de las hermanas Tendo tenía un sinfín de sonrisas distintas, aunque a algunos distraídos les gustaba pensar que era una única sonrisa para todo. No. ¡Pobres ilusos aquellos que osaban enfrentarse a la adorable Kasumi contando con tan poca información!
Kasumi sonrió y dijo: —¿Ranma, podrías ayudarme un momento?
Pero con esa sonrisa.
Lo que traducido sería: «Más vale que dejes de holgazanear y contribuyas con algo en esta casa, al menos ayuda con los quehaceres, no doy abasto sola. ¿Acaso todos se creen que soy la empleada o qué? ¿Piensan que no tengo sueños, anhelos, esperanzas, deseos de casarme, de viajar por el mundo, de ir a la Universidad, de hacerme una vida? ¿Se creen que soy feliz cocinando y lavando ropa todo el día? ¡Quién en su sano juicio estaría feliz sirviendo la cena, trapeando el piso y limpiando el chiquero que ustedes, malagradecidos, dejan todos los días!».
Esa sonrisa.
¿Escalofriante, verdad?
Así que Ranma no pudo decir que no al pedido de la dulce Kasumi; y así Kasumi lo usó de burro de carga para acompañarla al supermercado y llevarle todas las bolsas mientras hacían la compra semanal para la familia. Mientras se paseaba canturreando entre las góndolas de alimentos y Ranma empujaba resignado el carrito (notando que el contenido aumentaba y aumentaba de forma alarmante), Kasumi sonreía. Y su sonrisa podía traducirse en: «Así es, debería darte vergüenza, Ranma, así es como han aumentado las compras —y por tanto los gastos— de la familia desde que tú y el tío Genma viven con nosotros. Son máquinas de devorar».
Pobre Ranma.
Luego de tamaña odisea en el mercado, de la que nuestro héroe salió airoso como acostumbra, muchas otras sorpresas le deparaban al chico de la trenza.
Volvió a casa de los Tendo dispuesto a escapar de la técnica de sonrisas de Kasumi, así que sin mirar atrás anduvo a grandes pasos por el jardín para intentar llegar a la ventana de Akane. Pero a mitad de un paso un golpe venido de la nada lo derribó, dejándolo atontado por unos segundos. Al levantar la vista descubrió a un enorme panda con un cartel que decía «HORA DE ENTRENAR».
—¡¿No tenías otro momento, viejo?! —gritó Ranma de malhumor.
Y el cartel del panda decía: «NO».
La pelea comenzó, el panda le lanzó el cartel sin miramientos a Ranma, y este lo recibió de lleno en su cara, que se mantuvo roja por un tiempo. Luego el panda lanzó una serie de rápidas patadas y puñetazos, que el chico esquivó en parte, haciendo gala de su agilidad, pero algunas otras le dieron en el cuerpo causándole quejidos de dolor.
El panda se tomó un segundo para respirar y descansar, y Ranma aprovechó el momento para responder las patadas y puñetazos, todos directo a la enorme, peluda, mullida y adorable barriga del panda, lo que le daba una ventaja porque lo protegía en parte del dolor y hacía que su oponente se cansara más al golpearlo.
Ranma realizó el truco de las castañas calientes. El panda recibió en su cuerpo los millones de golpes en décimas de segundo, terminó un poco desmadejado y con la lengua afuera, pero aún así tuvo fuerzas de levantar otro cartel. «GOLPEAS COMO NENITA».
Ranma se enfureció y de una patada voladora lo mandó directo al estanque, le saltó encima y le siguió golpeando con los puños dentro del agua.
Una voluptuosa pelirroja que chorreaba agua gritó:
—¿¡A quién le llamas nenita?!
La pelea siguió. Rompieron los muros del patio, rompieron las tablas del entarimado que daba al jardín, hasta rompieron la armonía del paisaje cuando hicieron rodar la roca junto al estanque, que estaba colocada estratégicamente en ese punto según el feng-shui. Se enredaron y rodaron por el piso dándose patadas y golpes, arrojándose al agua una y otra vez.
Un par de horas después estaban los dos tirados en el césped del jardín, con los brazos y las piernas estiradas, Ranma despeinado y harapiento, el panda sucio y con manchas verdes de pasto en su otrora blanco pelaje.
—Te vencí… —murmuró Ranma a duras penas.
«ESO NO ES…» decía el cartel del panda en respuesta. Y quedó inconsciente, sin poder terminar de escribirlo.
El chico de la trenza se levantó despacio, haciendo muecas de dolor. Se pasó las manos por el cuerpo para sacarse el polvo y soltó quejidos, se atusó el cabello y se limpió un poco de sangre que le caía del labio, además tuvo tiempo de buscar agua caliente para volver a ser hombre; y cojeando un poco siguió camino al cuarto de Akane.
El sol anaranjado rozaba el horizonte y Ranma, con la ropa desgarrada y la cara llena de moretones, cojeaba lentamente por el jardín.
De pronto vio que desde la casa salía Soun Tendo, andando a pasos apurados, con cara de pocos amigos, y llegó hasta él directo a increparlo.
—¡Ranma! ¡Más vale que tengas una explicación para esto!... ¡Y que sea muy buena!
Luego procedió a tomarlo por el cuello y zarandearlo con fuerza mientras lo estrangulaba y continuaba gritando. Ranma alcanzó a ponerse azul antes de lograr liberarse, tosiendo con fuerza.
—¿Qué es…?... ¿Qué… ocurre…?
Cof, cof, cof, cof, cof, cof, cof, cof, cof, cof, cof.
—Ranma —pronunció su nombre lentamente y con severidad Soun—, ¡explícame por qué esta chiquilla dice que es tu prometida!
Y estiró el brazo para señalar a su espalda a una jovencita menuda y atractiva, de sonrisa adorable, cabello largo y suave, piel perfecta, ojos grandes y azules, vestida con una falda de volados y una blusa de pronunciado escote.
«¿Qué… diablos?», pensó Ranma con cara de desvalido.
—¡Ranma, explícame ahora mismo! —dijo un Soun demoníaco, que luego se deshizo en lágrimas, arrodillándose ante el chico, tomándolo por la camisa—. Ranma, por favor, explícame qué ocurre, ¿es que no te tratamos bien aquí?, ¿es que no te damos todo lo que tenemos y aún más? —lloraba a moco tendido el hombre—. Te he dado a mi hija en matrimonio, te he confiado lo más sagrado e importante que tengo, te recibí en esta casa como un hijo más, ¿y así me pagas? ¿Qué haré ahora? ¿Cómo podrá casarse Akane? ¿Qué otro hombre la aceptará?... ¿Es que no comprendes el aprieto en el que me pones? ¡Ranma, por favor, no me hagas esto! ¡Mi Akane se quedará solterona si no te casas con ella! Buaaaaaa
Las lágrimas salían por torrentes mojando la ropa de Ranma.
—No entiendo nada, tío Soun. No la conozco de nada, no sé quién es ella, ¡lo juro!
—¿De verdad, Ranma? Hijo mío, ¿no me mientes? —lo miró esperanzado Soun.
—De verdad. No sé quién es.
—¿Y no te gusta ni un poco?
—Pues…
—¡No me respondas! —pidió Soun en un grito, llevándose la mano al pecho como si lo hubieran apuñalado.
—¡Ya basta con andar poniéndome prometidas a diestra y siniestra! ¡No tengo nada que ver con esto, no me interesa! ¡Lo único que quiero ahora es poder llegar a la maldita ventana de Akane! ¡Maldicióóóóóónnnnnn! —exclamó levantando el rostro a los cielos y gritando su furia.
Se zafó de Soun Tendo y luego señaló hacia donde su panda-padre estaba todavía inconsciente en el césped.
—Si quiere reclámele a mi viejo, ¡yo me largo!
Y nuevamente Ranma caminó despacio y cojeando por el jardín mientras los rayos del sol casi desaparecían del cielo.
Nabiki lo observó con una sonrisa torcida desde una de las puertas correderas abiertas del jardín. Ranma le devolvió la mirada. Los ojos de Nabiki brillaron codiciosos. Ranma gruñó por lo bajo.
—Cuñadito, vaya sorpresa. ¿Estás dando un paseo por el jardín? —sonrió con ironía, apoyándose en el marco de la puerta.
—¿Qué quieres, Nabiki?
—¿Yo? Nada.
Ranma cojeó algunos metros más allá.
—Sin embargo… —siguió Nabiki.
«Rayos y centellas», pensó Ranma, y se giró lentamente (ya que el cuerpo aún le dolía luego del «entrenamiento»).
—Me pregunto si a Akane le gustaría enterarse de la buena nueva de que tiene otra rival para conquistar tu amor —sentenció Nabiki y en su ojo izquierdo se vio el brillo de una diminuta estrella.
—Hagámosla corta —replicó Ranma—. ¿Cuánto?
—¿Cuánto? —Nabiki se llevó una mano al pecho—. ¿Te refieres a cuánto me importa la felicidad de mi hermanita? ¿Cuánto sufre mi corazón al verla llorar, al verla romper el concreto con sus manos cuando se enfurece contigo? ¿O a cuánto estoy dispuesta a hacer por ti, querido Ranma, que me caes tan bien y creo que haces una pareja tan adorable con Akane?
—Quiero decir cuánto me costará.
Nabiki extendió una mano, en señal de que esperaba que se la llenaran pronto.
—Por ser tú, 2000 yenes —Ranma casi hizo un gesto de alivio, pero Nabiki continuó en seguida—. Eso por mantener el secreto de tu nueva prometida durante la cena. Si además quieres que me encargue del asunto, y ambos sabemos lo que quiero decir por «encargarme del asunto» —Nabiki alzó ambas cejas y su mirada se ensombreció—, y que Akane no escuche nunca ni el más mínimo rumor sobre esto, pues… Te tendré el presupuesto listo esta noche y podremos revisarlo juntos en detalle.
—Toma —respondió Ranma arrojándole unos billetes que sacó de su bolsillo (que no eran muchos, seamos honestos)… No tengo tiempo para esto —agregó nervioso—, tengo que llegar a la ventana de Akane.
Siguió cojeando, ahora tomando más impulso, casi corriendo, su corazón latía acelerado, lo único que ansiaba era llegar a esa ventana y traspasar los secretos que ocultaba Akane en aquel recinto privado de su habitación. Era lo único, lo que más deseaba con su alma y con su cuerpo.
Siguió corriendo de manera casi chistosa con una pierna mala por el jardín, ese jardín que era su enemigo y parecía agrandarse y ser eterno, tan grande como la cancha de fútbol de Capitán Tsubasa, y a cada paso lo alejaba de su meta.
Shampoo apareció unos metros por delante de él cortándole el paso y reclamando:
—Shampoo embarazada. Ranma hacerse cargo de hijo que dar a Shampoo.
—¡Vete de aquí! —exclamó Ranma en un impulso, y sin casi pensarlo ni detenerse en su carrera, la empujó de un manotazo por encima del muro de los Tendo.
—¡Ranma Saotome! ¡Pagarás por haberle hecho esa atrocidad a mi Shampoo! —gritó Mousse también apareciendo ante él.
—¡No molestes! —rugió Ranma dándole una patada que hizo volar lejos al chico pato, que en su trayectoria también se llevó puesta sin querer a la abuelita Cologne, que estaba de pie en el muro del dojo para reclamarle «al yerno» sobre el asunto, pero no alcanzó ni a abrir la boca.
Ranma corrió desesperado los últimos metros, y así, luego de quince capítulos en los que no había ocurrido nada que tuviera que ver con lo que contamos al principio…
-Lo siento, ERROR DE TIPEO-
Luego de quince horas en las que ocurrieron cosas que no tenían trascendencia ni relación con lo que contamos al principio, por fin Ranma llegó a su destino. Levantó orgulloso la cabeza y con lágrimas en los ojos observó aquel pequeño cuadrado de luz que era la ventana del cuarto de su prometida.
Pero, aunque las cortinas no estaban echadas, la ventana se mantenía cerrada; las probabilidades de entrar a saludarla «casualmente» como había querido eran escasas.
Gracias a Kami-sama Ranma Saotome siempre tenía un plan, y sería lo más «casual» que hubiera ocurrido nunca en toda Nerima.
…
Mientras tanto, todo ese tiempo Akane había estado en su habitación tecleando como poseída. A su lado la taza del aromático té de menta que bebía siempre al escribir ya estaba vacía. En sus audífonos aún sonaban una y otra vez las cinco o seis canciones de Hikki, su cantante favorita; las había elegido especialmente porque la inspiraban para la historia que escribía en ese momento.
Alegre, sonriente, con su corazón apasionado y su cabeza llena de turbulentas ideas, se sentía en el paraíso, tan inspirada y con ganas de contar tantas fabulosas historias que sentía la vida no le alcanzaría ni aunque se pasara todas las horas que le restaban por vivir haciendo aquello. ¿Los grandes escritores se sentirían así siempre? Era embriagador y adictivo, demasiado atrapante, electrizante, absolutamente placentero, la hacía feliz hasta las lágrimas.
Y eso que recién comenzaba a experimentar las delicias del fandom.
Pobre e inocente Akane que ni imaginaba su destino.
Dio vueltas las ideas y los párrafos en su cabeza, buscó incansable una manera mejor de decir las cosas, mejor y más bella, porque buscaba hacer de su obra verdadero arte. Su corazón tan puro resplandecía de felicidad al ver cómo lograba avanzar, hoja tras hoja, entregando lo mejor, abriendo al mundo su corazón para que leyeran lo que estaba en él escrito con tinta que nunca se borraría. Se daba a su público lector en cuerpo y alma, Akane siempre había sido así de generosa en todo cuanto hacía, ¿de qué manera comprenderían ellos mejor?, ¿de qué manera estarían más regocijados?, ¿de qué forma quedarían más satisfechos y felices y la acompañarían en ese maravilloso viaje a través de una historia?
Akane desgastaba sus encantadores dedos sobre el teclado, brindando todo cuanto tenía, ideando la manera de dar más aún, siempre sonriendo porque aquello no era ningún sacrificio para ella, solo puro trabajo, que era duro, pero en su sacrificio y dificultad había algo que le estrujaba el corazón de forma dolorosamente satisfactoria y feliz.
Raro, sí.
Tan ensimismada estaba Akane en lo que hacía que dio un grito casi desgarrador cuando algo entró de improviso a su cuarto por la ventana, rompiendo los vidrios en mil pedazos.
Ranma rodó por el suelo para amortiguar el impacto y se levantó de inmediato sobándose un hombro y mirando por la ventana rota hacia fuera.
—¡Ranma! —exclamó Akane mirándolo asustada—. ¿Qué haces?
—Ese idiota de Ryoga… —dijo Ranma levantando un puño—. ¡Ya verá cuando lo encuentre!
Y miró hacia Akane para ver si se tragaba el cuento de manera tan poco disimulada que si no fuera porque ella tenía la cabeza en otra cosa no, de ninguna manera se lo hubiera tragado.
—Y… ¿qué tanto hacías en tu cuarto? —preguntó después Ranma en tono despreocupado, poniendo las manos detrás de la cabeza muy relajado mientras se acercaba a ella.
—Eh… pues —Akane se giró en su silla y se enredó con sus propios dedos mientras trataba de mover el mousse de la computadora para cambiar de página, poner cualquier cosa y que Ranma no descubriera lo que realmente hacía—… Nada, solo haciendo la tarea… ¡Eso! ¡Claro! Haciendo la tarea.
Akane aún estaba perdida en sus ensoñaciones y en las escenas que estaba describiendo antes de que Ranma la interrumpiera de forma tan inoportuna, así que no pudo pensar en actuar de manera más creíble.
—¿De verdad? —preguntó Ranma mirándola seriamente.
Ella le sostuvo la mirada por largos segundos, muy nerviosa, con gotas resbalando por su rostro.
Y en ese momento se fue la luz y todo quedó en penumbras.
Akane ahogó una exclamación. Ranma se movió unos milímetros.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Sí, sí —respondió Akane con voz temblorosa.
Y la luz volvió de nuevo inundándolo todo.
—Solo fue una baja en la corriente —comentó Ranma.
—¡Familia, la cena está servida! —llamó Kasumi con voz cantarina desde el piso de abajo.
Ranma tuvo un escalofrío al recordar a Kasumi Tendo y su técnica de las sonrisas, pero su estómago dirigió a su cuerpo, como siempre.
—Oye, Akane, ¿bajamos?
—Sí… sí, bajemos. Pero tú primero, yo ordenaré mis libros antes de ir —se levantó de la silla despacio e hizo como que acomodaba los cuadernos y libros sobre el escritorio.
Ranma la miró de nuevo, pero al final tenía tanta hambre que se fue sin decir nada más.
En cuanto abrió la puerta de la habitación y salió, Akane se lanzó de nuevo sobre la silla de escritorio y miró la computadora.
—¡Carajo! ¡Se cortó la luz! ¿Había guardado el archivo? ¡Kami- sama, por favor que así sea! —lloriqueó.
Y sí, lo había guardado. La vida de fanficker enseña, y con mucha dureza, que hay que oprimir CTRL G de vez en cuando mientras se escribe o en un abrir y cerrar de ojos pueden perderse horas de intenso trabajo y hasta el alma misma en un abismo de lágrimas y desesperación.
Ya más tranquila, Akane apagó la computadora y se fue a cenar. Sin embargo, un terrible miedo se había adueñado de su corazón: Ranma estaba comenzando a preocuparse por lo que hacía, comenzaba a mirarla, a prestarle atención. Si él descubría que ella…
¡No! Prefería morir antes que ser expuesta. Revelar su secreto sería fatídico, como estar desnuda frente al mundo.
A partir de ahora debía cuidarse muy bien de Ranma Saotome.
.
-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙-∙:∙
.
Será actualizado.
.
.
Para más información, búsquenme en facebook en la página de Fantasy Fiction Estudios.
Escuchen en ivoox los podcast que hago junto a Noham, "FFE Podcast" y "En la cama".
Links en mi perfil.
