Ranma ½ no me pertenece

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Madame Love en peligro

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A partir de ahora debía cuidarse muy bien de Ranma Saotome.

Akane fue a cenar con el corazón en un puño, eso de llevar una doble vida como escritora de fanfics era un poco estresante. No podía hablarlo con nadie porque tenía miedo a que se rieran de ella, o peor, a que no la comprendieran y tuviera que explicar qué era un fanfic. Qué tremendo esfuerzo explicar, con la cara sonrosada, que ella «imaginaba cosas», y esas cosas no eran con gente real sino con personajes y, más aún, ¡personajes inventados por otros!

Agachó su cabeza, aplastada por una súbita pena. A veces fantaseaba con poder contárselo a Kasumi, su hermana más querida y la más comprensiva también… pero no, Kasumi estaba rara últimamente. Luego estaba Ranma. Pero Ranma se reiría de ella, de seguro, y ese tonto no entendía nada de nada nunca, menos iba a comprender su sensible corazón de fan. Aunque Ranma se la pasaba leyendo manga, así que… Nah, ni por asomo leería Inuyasha, eso estaba claro. Pero la entristecía, Ranma, además de su prometido [sonrojo, sonrojo, terrible sonrojo] era un muy buen amigo, le hubiera gustado compartir esas cosas con él.

…Bah, ¡¿en qué rayos pensaba?! Escribir era un trabajo solitario, y su afición era bastante incomprendida; no se atrevía a mencionarlo incluso ante sus compañeras de colegio, esas que también leían Inuyasha (aunque tenían cierta tendencia hacia Seshomaru que Akane no comprendía). Y es que ellas no conocían el mundo del fanfiction, y si bien Akane estuvo tentada de comentarlo alguna vez, luego recapacitó: si lo decía, sus amigas investigarían más, leerían y ¿qué tal si descubrían que ella era Madame Love? ¡Mejor ni pensarlo! De ser así, descubrirían que era ella la que había ideado ciertas escenas que… Ya la habían tildado de «rara» en otras ocasiones, por otros motivos, no quería que siguieran hablando de ella. Pero su corazón se oprimía: ¡necesitaba tanto fangirlear con alguien!

—Toma, Akane —su hermana Kasumi la sacó de sus pensamientos alargándole un tazón con arroz.

Akane agradeció un poco sorprendida y sonrojada, e intentó no ensimismarse tanto, debía mantener la compostura. Aunque si hubiera prestado atención se habría dado cuenta que no tenía de qué preocuparse, cada cual comía en silencio y estaba en lo suyo. Ella le daba miradas a Ranma para cerciorarse que no la vigilaba; Ranma cruzaba miradas ceñudas con Nabiki, y Nabiki lo miraba divertida y después indiferente. Su padre, Soun, miraba a Ranma con desconfianza, el chico lo miraba con un poco de recelo y miedo; luego ambos miraba a Genma, que transformado en panda no miraba a nadie fingiendo inocencia. Y Kasumi los miraba a todos, uno por uno, uno por uno, mientras servía más en cada plato y sonreía.

Sí, sonreía. De manera intraducible.

Cuando Akane se metió a la cama esa noche no pudo evitar, antes de dormir, leer nuevamente el último capítulo de Inuyasha que había salido. Saboreó cada escena como la primera vez y se le ocurrieron varias ideas muy originales para los próximos capítulos de sus historias.

Las balbuceaba mientras se quedaba dormida.

—Oh… una escena comiendo… en el Sengoku… Inuyasha y Kagome… mmm… llega Shippo y los interrumpe… Estaban… estaban a punto de besarse… y Shippo dice, no, ¡no!, Miroku comenta que vio a Inuyasha con Kikyo… Sí, sí, buen inicio… para el conflicto…

Giró en la cama con el manga apretado contra su pecho.

—Inuyasha —murmuró—… es tan lindo… ojalá Ranma… —estrujó la revista un poco más, ya perdida en el mundo de los sueños—. Ojalá Ranma… tuviera unas orejitas… como las de Inuyasha.

A unas cuantas manzanas de allí otra persona pensaba en ese preciso momento «ojalá Ranma tuviera unas orejitas como las de Inuyasha».

Kuno Kodachi (¿o es Kodachi Kuno?, ¿o será Kodachi Tatewaki?, ¿o al revés? ¿Y no será Kodashi y no Kodachi? En fin…), la rosa negra, o la petunia negra, o lo que fuera, vestida con una delgada yukata de seda negra, cerró bien la puerta de su alcoba y luego se detuvo ante la más grande gigantografía de Ranma de cuerpo entero que tenía colgada en la pared. Se paró de puntillas y le dio un breve beso en los labios que la hizo sonrojar.

—Amado mío —susurró con timidez.

Luego acarició despacio la imagen hasta llegar justo a la altura de la entrepierna, donde apretó con fuerza una manija que estaba camuflada en la pared y abría una puerta que llevaba a una habitación secreta. Kodachi (o Kodashi) entró despacio al lugar, que estaba rodeado de velas encendidas y más fotografías, de Ranma por un lado, en diferentes poses y en distintos lugares. Y por el otro lado, de grandes dibujos pintados de cierto personajes mitad perro, mitad demonio, de cabello largo y blanco (plateado dicen algunos, para que suene mejor), que vestía ropa roja.

Kodachi cayó al suelo de rodillas y alzó el rostro hacia las dos grandes fotografías frente a ella, y con lágrimas en los ojos clamó, de forma desgarradora:

—¡Oh, Inuyasha! ¡Oh, Ranma!

Tuvo que parar para contener su emoción, y luego continuó.

—Su sierva está aquí, para adorarlos una noche más —las llamas en las velas danzaron ante la fuerza de sus palabras—. Ranma, mi Ranma-sama, clamo tu perdón, no castigues a esta fiel sirviente tuya, no dejo de amarte y de desearte en mi futuro, pero las mujeres también tenemos necesidades.

Dicho esto, se acomodó sentada en el suelo, abrió una pequeña laptop de color rosa y comenzó a leer fanfics de Inuyasha.

Era una lectora exigente y solo disfrutaba de lo mejor. Las historias románticas, sutiles, llenas de una elegante pasión disimulada, de ternura embriagadora y bonitos gestos de amor y cariño entre su pareja favorita eran las que más le gustaban. Leyó un rato, temblando de expectativa, con el rostro sonrojado y el corazón latiendo a mil por hora, solo lanzando algunas exclamaciones ahogadas.

—Oh… Ah…

Poniendo un puño sobre su boca, con los ojos nublados.

—Qué bonito —comentó al terminar de leer.

Hizo click y procedió a dejar un comentario. Era una historia de Madame Love, una de sus autoras favoritas, que le gustaba tanto porque captaba la esencia de todos los personajes, la química perfecta entre ellos, y escribía con suma fineza escenas tan románticas que hacían saltar su impetuoso corazón de manera desbocada.

Al terminar de dejar su comentario, donde le expresaba su agrado y dicha, esperando que escribiera más cosas como aquella que sin duda mostraban lo excelsa que era aquella extraordinaria mujer que escribía tales escenas, firmó como «Apasionada», un simple alias que usaba por aquellos lares, no fuera que alguien descubriera que la magnífica Kodachi Kuno frecuentaba sitios como aquel.

Leyó unas cuantas historias más, algunas que estaban incompletas aún y generaron encontrados sentimientos en ella, entre el odio a la autora por no escribir más rápido, las ganas de que lo continuara y el temor de que aquel fic fuera olvidado y nunca lo finalizaran. Estuvo varias horas pegada a la pantalla, hasta bien entrada la madrugada, y es que no podía evitar desvelarse leyendo fanfictions. ¡Eran tan adictivos!

Antes de retirarse contempló largo rato las imágenes de sus dos grandes amores y pensó extasiada «ojalá mi Ranma-sama tuviera las orejitas de mi Inu-sama». Los miró, los miró de nuevo y los volvió a mirar. ¡Qué grandes hombres los dos! ¡Qué guerreros extraordinarios! ¡Qué fuertes y valientes! Su rostro se sonrojó. Qué grandioso sería si también Inu-sama fuera real, podría tenerlos a los dos allí, junto a ella.

Se veían muy bien juntos, uno al lado del otro, y es que su Ranma-sama era tan magnético que no podría dejar a nadie indiferente. Inuyasha y Ranma… La mente de Kodachi se perdió por senderos oscuros, muy oscuros, aquellos que a veces recorría mientras observaba a Ranma Saotome pelear con su hermano Tatewaki. Cuánta destreza tenían ambos y qué emocionante verlos luchar, tensar los músculos, sudar en su entrega, darse esas miradas aireadas y pasionales. Qué bien quedaban juntos también, los dos formaban una pareja que hacía vibrar sus huesos.

Y pensando en esa pareja la mente de Kodachi fue por lugares aún más oscuros, podríamos decir tenebrosos, demasiado como para poder relatarlo aquí.

En otra parte de la ciudad, Akane despertó sobresaltada de una pesadilla terrible, de la que prefería olvidarse.

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Será actualizado.

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