.¡Al fin, el segundo capítulo de Flor carnívora! Parece que ha recibido una buena acogida, y eso me alegra. Queda tan sólo un capítulo más antes del final, espero que tengáis paciencia, pues con el tercero me quiero tomar cierto tiempo. Será un capítulo en el que sucederán muchas cosas, y quiero escribirlo con tranquilidad.

De nuevo, muchas gracias por vuestros reviews. ¡Me alegran el día! Seguid enviándomelos, quiero saber qué opináis del desarrollo de esta pequeña historia.

Disclaimer: Naruto, sus personajes, su terminología y su universo no me pertenecen; tampoco la canción Flor carnívora. Ambos pertenecen a sus respectivos autores.


FLOR CARNÍVORA

Capítulo 2 - De cómo ejercer la más intensa fascinación

Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti

(Friedrich Nietzsche)

En tan sólo diez días, aquella advenediza se había convertido en su peor enemiga. Después de haber intentado atraer a Sasuke durante meses, de haber coqueteado con él hasta que las burlas de Suigetsu le habían quemado los tímpanos, veía cómo la sangre fría e incluso el carácter obsesivo del Uchiha se veían nublados por ella: Sakura Haruno, su rival, a la que tanto odiaba.

Como única mujer en la guarida aparte de la mencionada pelirrosa, Karin se había percatado de que la presencia de la kunoichi huida de Konoha no era tan inocente como podía parecer a ojos masculinos, burdos y abundantes en aquella cueva, por cierto. Sakura parecía interesar a Sasuke más de lo que él mismo percibía. A otro le habría parecido que no había cambio alguno en la actitud del joven, pero ella sabía la verdad. Aunque siempre estaba pendiente de todo cuanto sucedía a su alrededor, su atención se focalizaba en Sakura cuando ésta se encontraba en la misma habitación que él; si estaba en un radio de varios metros, él lo sabía. Era como si hubiese pegado a la espalda de la chica una extensión de su sharingan en versión voyeur. Su único consuelo era la certeza de que Sasuke no hacía esto a propósito, aunque era una flaca excusa: pensar que el Uchiha perseguía con la mirada involuntariamente a otra chica era lo verdaderamente preocupante.

Aquella mañana, Karin se levantó temprano con la intención de prepararle el desayuno a Sasuke. Resultaba bastante valeroso por su parte adentrarse en la cocina, el reino de "abre la nevera, coge lo que quieras y cómetelo por ahí; no te molestes en limpiar". Aunque en un principio había tratado de mantenerla adecentada por razones de higiene, terminó decidiendo que no era la criada de aquellos patanes, y que si querían limpieza, los útiles estaban en el armario. Además, las serpientes de Sasuke ahuyentaban a los ratones.

Invirtió la mayor parte del madrugón en quitar cacharros sucios, cubiertos y platos de las encimeras que tendría que utilizar; comprobó que tenía todos los ingredientes necesarios para preparar un buen desayuno –nadie se ocupaba de la cocina, pero misteriosamente, jamás faltaba nada- y se puso manos a la obra. Apenas llevaba una hora y media cuando oyó entrar a alguien en la cocina. Se volvió, molesta por la intrusión, y se topó cara a cara con su némesis. Sakura esbozó una sonrisa cortés y saludó:

-Buenos días.

Karin no pudo evitar expresar su desagrado poniendo mala cara. Volvió a centrarse en el desayuno de Sasuke y masculló:

-Hola.

La pelirrosa tomó asiento junto a la mesa atestada de menaje sucio y subió los pies al asiento, abrazó sus rodillas y contempló en silencio cómo Karin se afanaba en preparar unos encurtidos de aspecto realmente sabroso. Sakura se relamió casi sin darse cuenta. Estaba muerta de hambre, y desde que llegó a la guarida de Akatsuki no había tomado ni una sola comida decente. Aunque le avergonzaba reconocerlo, era un desastre en la cocina.

-Eso tiene buena pinta –comentó, por romper el hielo.

-.¡Ja! Claro que la tiene –exclamó Karin, muy orgullosa de su trabajo-. Mis encurtidos son famosos, sobre todo el de rábano.

-Me gustaría saber prepararlos –aventuró Sakura.

La chica se volvió hacia ella y la miró con aire de superioridad. Como enemiga mortal de la Haruno, no había perdido la oportunidad de anotar todos y cada uno de los defectos que había percibido en ella, y su inutilidad en la cocina encabezaba la lista. Sasuke, cuya educación procedía de los valores más arraigados y tradicionales que podían encontrarse en Konoha, no pasaría por alto semejante falla, por mucho que Sakura le atrajera.

-No creo que seas capaz –fue la triunfal respuesta de Karin.

La pelirrosa se puso seria.

-No lo sabré hasta que no lo intente, .¿no crees?

-Ni hace falta que te molestes en probar. En el fondo ya lo sabes, sabes que no sirves para esto.

Sirvió el último encurtido en el plato y lo colocó en una bandeja en la que ya descansaban un tazón de sopa de miso, otro de arroz blanco, un poco de salmón asado y algo de natto. Todos los platos parecían deliciosos. A Sakura se le retorcieron las tripas de hambre.

-Voy a llevarle el desayuno a Sasuke-kun –anunció ampulosamente Karin.

Y pasó de largo junto a Sakura, sintiéndose la ganadora de aquella confrontación. Sin embargo, aquella estúpida rencilla no preocupaba a la pelirrosa. Tenía cosas más importantes en las que pensar, como por ejemplo, cómo seguir enloqueciendo a Sasuke. Le estaba resultando tan sencillo que empezaba a ser hasta aburrido. Claro que, era consciente de que le llevaría su tiempo. El Uchiha era un tipo duro. Pero si algo tenía de sobra para llevar a cabo aquella misión, era tiempo.

Poco a poco, enredaría a Sasuke en su telaraña, hasta que no pudiera escapar.

-.-.-.-.-.-

Karin llamó a la puerta con los nudillos y esperó.

-Adelante –dijo una voz con escaso entusiasmo.

La joven abrió. Sasuke se encontraba tumbado boca arriba en la cama, con el brazo derecho debajo de la cabeza y sujetando con el izquierdo un libro, probablemente algún otro tratado de estrategia militar. Llevaba tan sólo sus pantalones. Miró a Karin de reojo y preguntó, fastidiado:

-.¿Qué quieres?

-El desayuno –dijo ella, mostrándole la bandeja. Aprovechó para poner morritos, pero él no le prestó la menor atención.

-Déjalo ahí –ordenó.

Ella no hizo ni un solo gesto que revelara su frustración. Depositó la bandeja encima de la mesa y probó por última vez:

-Si me necesitas para cualquier cosa… Ya sabes dónde estoy.

-Sí, sí, Karin… Vete de una vez –contestó el Uchiha, sin mirarla ni una sola vez.

La joven no pronunció palabra alguna mientras salía del cuarto. Sin embargo, una vez hubo cerrado la puerta tras de sí, masculló:

-Niñato arrogante…

-.¿Es eso cierto, Karin? –Preguntó una voz sarcástica a su lado-. ¿Así te diriges a tu amorcito? .¡Por eso no te comes un rosco!

-Suigetsu… -siseó ella, rabiosa.

El chico la miró y esbozó una amplia sonrisa. Adoraba ver humillada a aquella chica, pues la detestaba.

-Si no te andas con ojo, Sakura-chan va a llevarse a Sasuke-kun pero de calle.

-.¡Humph! .¿Y desde cuándo eso es asunto mío? –Dijo ella, cruzándose de brazos con aire displicente.

-Pues no sé… ¿Desde que mojas las bragas cada vez que le ves?

-.¡.¡Serás cerdo!.! –Chilló ella.

Alzó el puño para golpear al muchacho, pero cuando estaba a pocos milímetros de su rostro, él ya había desaparecido. Logró detenerse antes de destrozarse la mano contra la pared. Gritó con los dientes apretados, furiosa. Odiaba a aquel capullo, al igual que odiaba a aquella furcia pelirrosa, aquella cueva maloliente y aquel asqueroso estilo de vida. Ella había sido una militante destacada en las filas de Orochimaru y sin embargo allí estaba… tratando con indeseables, y encima bajo tierra. Echaba de menos la Villa Oculta del Sonido, y siempre supo que no tenía que haberse marchado, pero por amor, desoyó a su sentido común.

-Tengo que salir de aquí –susurró para sí-. Me estoy ahogando aquí dentro. Tengo que salir.

Así que, con decisión, enfiló por el pasillo en dirección al exterior.

Pocos minutos después, Sasuke salió de su dormitorio rascándose la nuca. Había picoteado del desayuno que Karin le había preparado con tanta dedicación, pero no tenía demasiada hambre. Llevaba varios días con el sueño y el apetito trastocados, y aunque jamás lo habría admitido ante cualquier otro, en su fuero interno sabía que Sakura era la responsable.

"Me está volviendo imbécil" Solía repetirse a menudo. Le daba la sensación de que tener la certeza de ello le excusaba un poco, aunque de vez en cuando le venían oleadas de sentido común que le golpeaban como bofetadas: no se estaba volviendo un imbécil; ya era un imbécil en el momento en que permitió que entrara viva –aun inconsciente- a la guarida.

Sasuke avanzó por uno de los pasillos hacia el cuarto de baño. Necesitaba despejarse. Siguiendo su costumbre, abrió la puerta de golpe, sin llamar.

Una cubeta de madera voló en dirección a su cabeza, pero la esquivó sin demasiada dificultad. Sin embargo, lo tomó como una señal de que lo mejor era cerrar la puerta…

-.¡Sasuke, pervertido! –Gritó Sakura desde dentro.

El chico se llevó la mano a la cara. Había visto… ¿Qué había visto? Se obligó a ser objetivo: no había visto absolutamente nada, pero la simple idea de que ella estaba tomando un baño, desnuda, había bastado para que sus neuronas dispararan su lado más imaginativo.

-Joder… -masculló.

Se frotó las sienes con rudeza, hasta que le palidecieron.

Ella abrió la puerta. Su rostro estaba adornado con una expresión iracunda, llevaba el pelo recogido y –ojo al dato- tan sólo una toalla envuelta en torno a su cuerpo, dejando poco a la imaginación. Sasuke tragó saliva pesadamente, esforzándose al máximo por parecer indiferente. "Muy bien, todo va de maravilla… No pasa nada. Prohibido mirar sus pechos o sus muslos. Bien… a los hombros, es lo más seguro". Resultó ser una mala idea. Los hombros de Sakura estaban empapados y brillantes, lo cual los hacía sumamente tentadores. El muchacho se vio obligado a apartar la mirada con todo el disimulo del que fue capaz.

-.¡Nunca lo habría creído de ti, Sasuke! De Naruto vale, pero de ti…

-No sabía que estabas en el baño –trató de excusarse.

-.¿Conoces una acción comúnmente conocida como "preguntar antes de entrar"?

-Éste es mi territorio, .¿recuerdas? Normalmente sólo hay tíos aquí.

-.¿Y Karin qué es, una ameba?

El Uchiha se quedó sin habla. Karin, claro… Karin. ¿Por qué demonios nunca había coincidido con ella en el cuarto de baño? Con ella nunca le había pasado nada parecido…

-Ella no se baña –soltó.

Sakura perdió su expresión de enfado y alzó una ceja.

-Venga ya –la cara de póker de su ex compañero de equipo le dio a entender que había dicho lo primero que le había venido a la cabeza-. ¡No te inventes excusas!

-Bueno, no lo he hecho a propósito –respondió él-. Además, .¿para qué demonios iba a querer yo verte desnuda?

La chica no respondió. Ambos se quedaron callados, mirándose de hito en hito.

En ese instante entró en el cubículo Tobi.

-.¡Anda! –Exclamó- Hola…

Los dos adolescentes le miraron sin decir una palabra. Tobi movió los dedos en el aire, un poco cortado.

-Interrumpo algo, .¿verdad? Lo siento mucho. Me voy y os dejo solos, perdón por la intromisión…

-.¡Llévate a éste condenado salido! –Gritó Sakura, empujando a Sasuke hacia su antepasado.

Con su fuerza, no le costó demasiado dejarles a los dos en el pasillo, para acto seguido cerrar a cal y canto.

Los dos Uchiha se quedaron estupefactos, medio desnudos, en mitad del corredor. Finalmente, Tobi carraspeó y preguntó:

-Sasuke-kun… ¿Hay algo que quieras contarme?

-.¡Pues claro que no! –Estalló el chico. Se dirigió hacia su cuarto a grandes zancadas, pero antes de torcer la esquina, se volvió hacia Tobi y preguntó- Madara… ¿para qué querría ver yo desnuda a una chica, la que fuera, no sé… por ejemplo, Sakura?

Adivinó la expresión de Tobi bajo la máscara.

-Sasuke-kun, a tu edad… ¿No se te ocurren cientos de cosas que podrías hacerle a una chica desnuda?

Entonces, al rostro del muchacho le sucedió algo que no había pasado desde hacía años: se sonrojó. Tobi sonreía.

-Yo… ¡Claro que no! –Mintió.

-…Ya, y yo soy Hokage… Bueno, reflexiona un rato acerca de esa cuestión, te lo pasarás bien.

-.¡Madara! –Protestó Sasuke.

-Pero si prefieres cavilaciones más profundas, prueba con ésta: .¿harías lo mismo con Sakura que con cualquier otra chica, por ejemplo Karin, desnuda? Diviértete.

Y, ni corto ni perezoso, el Uchiha hizo plop y se desvaneció en una nubecilla de humo azulado.

Sasuke hizo amago de hablar, pero se dio cuenta de que sólo pretendía tomar más aire. Aquella situación era terriblemente vergonzosa. Sakura desnuda… ¿pero qué estaba pensando? Se dio la vuelta y avanzó silenciosamente hacia su habitación. Necesitaba tiempo para estar solo y… reflexionar.

-.-.-.-.-.-

Tobi tomó asiento en su despacho al final del corredor. Se quitó la máscara naranja y se pasó las yemas de los dedos por aquellas facciones tan características de los Uchiha. Sonrió para sí. Sin aquella máscara, seguía siendo Madara.

Como líder de Akatsuki y vigilante de Sasuke y sus acólitos, el fundador del clan Uchiha tenía muchas cosas en las que pensar y ante todo, numerosos factores que tener en cuenta para que sus taimados planes llegaran a buen término. Lógicamente, la repentina aparición de Sakura trastocaba el orden de las cosas. Aunque había sido el primero en recibirla con los brazos abiertos en la guarida, tenía sus reservas. Aquella chica procedía de Konoha y había sido alumna de la Godaime, nada menos. Que resultara encantadora o pareciera convincente al exponer sus argumentos para abandonar la odiosa Villa de la Hoja no eran motivos suficientes para relajarse.

Llamaron a la puerta. Tobi se apresuró a ponerse de nuevo la máscara. A continuación cogió lo que tenía más cerca para parecer ocupado: un sudoku.

-Adelante.

La susodicha pelirrosa hizo acto de presencia en el despacho. Llevaba una pequeña bandeja y tenía el pelo húmedo, impregnado con el olor a champú. Sonrió con simpatía.

-Hola –saludó-. Sasuke se está bañando, y como no sé cuánto tardará, te he preparado un té, para que hagas tiempo.

-.¡Gracias! –Aplaudió Tobi. Se sirvió un chorro de té caliente en una pequeña taza y dijo casualmente-. Oye, Sakura… .¿qué es lo que pretendes?

Ella se tensó, pero ni uno sólo de los músculos de su cara lo demostró.

-.¿Qué quieres decir?

-Soy responsable de esos idiotas que pululan por la guarida, así que es mi deber sospechar de todo bicho viviente… .¿no crees?

La Haruno se encogió de hombros.

-Supongo. Sin embargo, no me gusta que sospeches de mí. Tú me invitaste a quedarme, .¿no es cierto?

-.¡Ah! Sí, lo es.

La muchacha juntó las manos detrás de la espalda y caminó en círculos en el espacio que quedaba libre entre la mesa y la puerta.

-.¿Lo dices por mi actitud hacia Sasuke? –Preguntó.

Se estaba arriesgando al exponer el objeto de su misión tan abiertamente, pero era fundamental eliminar de raíz las sospechas de Madara, y aquella manera era la más rápida.

-Ajá –Tobi asintió con la cabeza.

Ella suspiró.

-No sé cuánto sabes acerca de nuestro pasado en el Equipo Siete de Kakashi, pero… en tres años han pasado muchas cosas. Hemos crecido, hemos cambiado mucho… Yo… no puedo seguir viéndole como al niño de trece años que conocí.

-En serio, Sakura-chan… Eres tan madura… Si Sasuke-kun fuera la mitad de maduro que tú, no le darían esos prontos que le dan… cuando andas cerca.

.¡Peligro! Si Tobi había descubierto su estrategia, estaba perdida. Se encogió de hombros lo más despreocupadamente que pudo.

-Supongo que está en la edad.

El Uchiha la miraba tan fijamente que habría podido atravesarla.

-Supongo. Sí, debe ser eso. Tiene dieciséis años. Definitivamente, es la edad.

Ella sonrió. El corazón le golpeaba las costillas al latir hasta el punto que creyó que se las partiría, pero lo ignoró.

-Yo también le he notado… raro –declaró, con gesto contrito.

-.¿En el baño? –Preguntó Tobi.

-Sí.

El Uchiha se desplomó en el respaldo de la silla mientras resolvía:

-Tendré que llamarle la atención. No me gustaría que te sintieras… acosada.

"Es conceptualmente imposible que me sienta acosada por Sasuke", se dijo la Haruno.

-Gracias –fue su respuesta-. Y ahora, con tu permiso, me voy.

Tobi hizo un gesto con la mano, dándole su bendición.

Cuando salió, se topó de bruces con Sasuke. Él la miró, sorprendido, y frunció el ceño.

-.¿Qué hacías ahí dentro?

-Hablaba con Tobi –respondió ella con naturalidad, pero sosteniéndole la mirada con fiereza.

Él, airado, la agarró del brazo y tiró violentamente de ella hasta alejarla de la puerta del despacho.

-.¡.¿Pero qué haces?.! –Protestó la pelirrosa.

-.¿Es que te has dejado los sensores de peligro en Konoha, Sakura? –Preguntó el chico. Ella se quedó quieta, mirándole-. No te fíes de su aspecto campechano. Madara es un tipo capaz de arrancarle los ojos a su propio hermano para eludir la ceguera. Te destrozaría antes de que fueras capaz de parpadear.

Ella contuvo la respiración. Sasuke estaba haciendo lo impensable: se preocupaba por ella. No obstante, no le dio tregua:

-.¿Quién eres tú para advertirme? Te recuerdo que tu único objetivo desde el día en que te conocí era matar a tu hermano mayor.

Él apretó los dientes. Odiaba aquello. Dio un manotazo con la izquierda en la pared que había detrás de Sakura y apoyó el antebrazo, arrinconando a la muchacha.

-No me hagas repetírtelo –siseó-. Harías bien en escapar antes de que me vea obligado a salvarte una vez más.

En su despacho, Tobi sorbió el té con una sonrisa beatífica. Definitivamente, estaba imaginando cosas. Una chica tan inocente y natural como Sakura Haruno no podía ser la arpía que se había figurado.

-.-.-.-.-.-

Karin caminaba nerviosamente por los pasillos de la guarida de Akatsuki. Tras mucho cavilar, había llegado a la conclusión de que tenía que expulsar a aquella irritante pelirrosa de la cueva. Haría lo que fuese necesario hasta conseguir que se largara de allí. Sin embargo, era consciente de que le resultaría imposible lograrlo sola, tanto si le gustaba como si no. Tras examinar al resto de habitantes de la guarida como potenciales aliados en aquella delicada operación, había escogido por eliminación al único que no se había inclinado por ni a su favor ni contra ella: Juugo.

El preciado experimento de Orochimaru estaba recluido en su cuarto. Aunque adoraba la luz del sol, el roce del viento y el trino de los pájaros, era consciente de que si se quedaba por ahí, se convertía en un peligro para cualquiera que anduviese cerca. Nunca sabía cuándo iba a transformarse, y sólo Sasuke era capaz de revertir el proceso. Juugo era consciente de que el muchacho tenía tareas más interesantes que hacerle de niñera. Así que, armado con una paciencia sobrehumana, pasaba días y noches encerrado en el angosto habitáculo en que le habían instalado. Eran muy pocas las ocasiones en que se le veía acudir a otras estancias de la guarida.

La chica se detuvo ante la puerta y apoyó una mano en la cadera. No sentía una simpatía especial por Juugo, pues para ella no era más que otro de los experimentos de Orochimaru, no por ello menos peligroso pero sí prescindible. Nunca había llegado a comprender del todo por qué el sannin había dejado con vida al joven después de haber desarrollado el sello maldito. Aquel recuerdo le hizo estrechar los ojos con frustración. Ella había querido un sello maldito, pero Orochimaru nunca había confiado en ella lo suficiente como para convertirla, si no en su mano derecha –aquel puesto lo ocupaba aquel retrasado mental que era Kabuto-, sí al menos en alguien más cercano a él.

Karin idolatraba a Orochimaru, y todos lo sabían, aunque había dedicado la mayor parte de sus energías en disimularlo. Después de que Sasuke asesinara al que fuera su maestro, aquella adoración se había trasladado al joven Uchiha, que además de sano y más fuerte, era joven y condenadamente atractivo. Un hombre de ésos de los que hay pocos por ahí sueltos. Que fuera un demente fratricida era un detalle como cualquier otro.

Golpeó la puerta del cuarto con los nudillos y llamó:

-.¡Juugo! –Su voz sonó exigente.

-.¿Karin? –Preguntó él, mientras abría la puerta una rendija-. ¿Qué quieres?

-Tengo que hablar contigo.

-.¿…Ahora?

Ella ladeó la cabeza.

-.¿No te encuentras bien?

-No, es sólo que… bueno, pasa, pasa.

Se hizo a un lado y le permitió pasar. Ella entró en el sombrío cuarto tras echar una ojeada al joven. De momento, parecía sereno y normal, dentro de lo que cabía.

-.¿Puedo sentarme? –Preguntó.

Él hizo un vago gesto de asentimiento con la cabeza y la chica se asentó en la cama. Juugo hizo lo propio en un taburete. Miró finamente a Karin, como diciéndole: ".¿Y bien?". Ella sonrió por cortesía y comenzó, tratando de ser natural:

-Bueno, Juugo. Hace mucho que no hablamos.

-No hablamos nunca –respondió él, algo sorprendido por el inicio de la conversación-. Las cosas que querrías saber de mí ya las leíste en mi ficha del laboratorio, .¿no?

-No todas –masculló ella entre dientes. Su paciencia era escasa.

-Muy bien. ¿Qué quieres saber?

Karin volvió a esbozar una sonrisa falsamente natural.

-.¿Qué opinas de Sakura?

-.¿Sakura? –Preguntó Juugo, desorientado.

-La… -puso cara de tragar bilis- amiga de Sasuke-kun.

-Ahhh… Sakura, sí. Siempre olvido su nombre. No trato mucho con ella. No me gustaría hacerle daño si… bueno, ya sabes.

-…Sí –Karin miró significativamente a Juugo, invitándole a continuar.

-Ella es… una buena persona -la chica no pudo evitar palmearse las piernas con disgusto. Eso sólo podía significar que en aquella batalla estaba sola. Él prosiguió-. Como ya te he dicho, no trato mucho con ella. Sólo coincidimos un día, poco después de que llegara, en la cocina. Cuando la vi me di la vuelta para marcharme y no causar problemas, pero ella me pidió que me quedara. Me preparó un té y una tostada que sabía a rayos y me preguntó… cosas.

-.¿Qué clase de cosas? –Quiso saber Karin, por si podía extorsionar con eso a la pelirrosa.

Juugo la miró con desagrado.

-Las cosas que tú leíste en mi ficha.

Aquello era la guerra abierta.

-Entonces, ya sabe la clase de criatura que eres –escupió la chica-. Sabe que eres un monstruo.

-Sabe la clase de criatura que soy –respondió él, con aire desafiante-, pero nunca ha insinuado que yo sea un monstruo. No es una bruja como tú, Karin. Su mirada está tan limpia como el cielo en verano.

Había oído suficiente. Se puso en pie, furiosa de nuevo. Caminó hacia la salida de la habitación, pero antes de que lograra atravesarla, oyó la voz de Juugo tras de sí:

-Ten cuidado con lo que haces, Karin. Sasuke sólo te quiere a su lado por tus habilidades… Si le hicieras algo a Sakura, dudo mucho que tus habilidades bastaran para apelar a su indulgencia.

Un escalofrío recorrió la espalda de la chica mientras salía del cuarto de Juugo, que se quedó quieto como una estatua envuelta en sombras.

-.-.-.-.-.-

En noches como aquélla le apetecía cenar un bocadillo mientras veía una película de aventuras, sentada en el sofá con sus padres. Su padre, entusiasta de las aventuras del héroe ninja Kôkei Bondô, conservaba como su más preciado tesoro todas y cada una de sus aventuras, y veían una siempre que podían. Su madre preparaba uno de sus "sándwiches especiales" con una docena de ingredientes distintos y pasaban un buen rato juntos.

Sí, su familia era genial. Algo excéntricos, pero geniales.

Se preguntó qué estarían haciendo en aquel momento. Se habría sentido decepcionada si hubiesen continuado con su vida como si nada hubiera pasado y estuviese viendo la película, pero tampoco quería que variaran su rutina o lo pasaran mal por su culpa. Estaba hecha un lío. Tan sólo quería acabar con aquella misión y volver a casa.

Llamaron a la puerta, dos golpes sordos. Sakura, que estaba tumbada en la cama, se incorporó y dijo:

-Adelante.

Esperaba ver a Sasuke, pero se equivocó. Quien entró en el dormitorio fue Suigetsu. Esbozó una sonrisa llena de dientes afilados –a Sakura le daban mal rollo- y dijo:

-He preparado unos rollitos y me han sobrado. No quería tirarlos, así que aquí los tienes. ¿Los quieres?

-De acuerdo –dijo ella. A decir verdad, se moría de hambre.

Sin preguntar, Suigetsu tomó asiento a los pies de la cama y la observó mientras comía. Ella se sentía cohibida, pero no dijo nada en absoluto. Después de todo, no sabía qué impresión tenía aquel tipo de ella. Sabía que en una confrontación entre Karin y ella se pondría de su parte, pero no conocía la opinión que tenía él acerca de su estancia en la guarida de Akatsuki, al margen de Karin.

Decidió iniciar una conversación banal por romper el hielo:

-.¿Lleváis mucho tiempo con los de Akatsuki?

-Cosa de un mes o dos. Desde que Sasuke mató a su hermano.

-Oh… -la chica asintió con la cabeza. Aún le costaba asimilar la idea de que Itachi Uchiha, ese fantasma del terror que solía planear sobre Konoha y sobre la cabeza de Sasuke en especial, no existiera ya. Entonces recordó algo-. ¿No formaba equipo con Kisame Hoshigaki? .¿Qué ha sido de él?

La sonrisa de Suigetsu se ensanchó.

-Supongo que estará por ahí, lamiéndose las heridas. Aparecerá por aquí un día de éstos para tratar de darme mi merecido, pero le cortaré a trocitos, los meteré en el congelador y tendremos palitos de merluza para todo el invierno –soltó una risotada.

Sakura hizo una mueca.

-Entonces ya habías luchado contra él antes, .¿no? –Preguntó.

-Pues claro. Y estuve a esto –delimitó unos centímetros en el aire con el índice y el pulgar de su mano derecha- de hacerlo rodajas.

Volvió a reírse de su propio chiste. Cuando se le pasó, miró con interés las piernas de la chica. Ella las encogió por inercia. Sólo llevaba unos shorts diminutos y una amplia sudadera azul, pero la mirada de aquel psicópata la hacía sentirse muy desprotegida. Suigetsu se lamió el labio inferior sin dejar de sonreír.

-Por cierto, Sakura… ¿no pasas frío por las noches?

Antes de que la pelirrosa lograra responder, una seria voz llamó desde el umbral de la puerta:

-Suigetsu –ambos miraron hacia el origen de la voz. Sasuke, ceñudo, estaba apoyado en el quicio de la puerta-. Ya te ibas, .¿verdad?

El joven no perdió su escalofriante sonrisa, llena de fastidio esta vez. Se puso en pie y caminó en dirección a la puerta mientras replicaba:

-Vaya, Sasuke-kun, parece que estás en todas partes.

-De hecho, lo estoy –contestó él con serenidad.

Una vez Suigetsu hubo salido del cuarto de Sakura, el Uchiha se volvió hacia ella y la miró intensamente. Entrecerró los ojos con su característico tic.

-Siempre tengo que estar sacándote las castañas del fuego –afirmó, más que preguntó.

Se volvió para marcharse, pero ella se puso en pie y atravesó con rapidez la habitación. Aquélla era una oportunidad de oro. Se abalanzó sobre Sasuke y le abrazó desde atrás mientras suplicaba dramáticamente:

-.¡No te vayas!

El chico se tensó como la cuerda de un arpa y se quedó tan quieto como le fue posible. O su imaginación se estaba desmadrando peligrosamente… o Sakura desconocía la existencia de ciertas prendas de ropa interior. Notó una ola de calor tan intensa en las mejillas que temió que le hubiera subido la fiebre, y aquello sería un problema, no porque las enfermedades le preocupasen, sino porque era precisamente la Haruno quien más idea de Medicina tenía en la guarida en aquellos instantes, y pasar tiempo a solas con ella en su situación era… bueno, como mínimo, indecoroso. Respiró hondo… muy despacio. Dos veces. Inspiró lentamente una vez más antes de decir:

-He de irme. Echa el pestillo cuando te vayas a dormir.

Ella desenlazó los brazos del torso del chico. Mejor, mucho mejor. Notó cómo empezaba a bajársele lentamente el rubor.

-Lástima –dejó caer ella-. Me apetecía charlar contigo un rato… Ya sabes, de los viejos tiempos.

Él se demoró unos segundos en responder:

-Tengo cosas que hacer.

-.¿Ah, sí? .¿Qué cosas? –Se interesó Sakura.

-…Cosas. No seas cotilla, lo odio.

-Odias tantas cosas que a veces algunas se me olvidan –la pelirrosa estaba al borde de la carcajada. Si tres años antes le hubiesen dicho que sería capaz de poner a Sasuke en una situación tan comprometida con tanta facilidad, no lo habría creído.

Seguía de espaldas a ella, con aire de tipo duro. Se desafió a sí misma a lograr que se girara y la mirara. Si era capaz de ver la cara que apostaba a que él tendría en aquel instante, se consideraría a sí misma la kunoichi más hábil del mundo.

-Bueno, me voy. Buenas noches.

Y dicho esto, se marchó caminando con rapidez. Sakura reprimió una sonrisa. Lástima, no había logrado que se diera la vuelta. Tendría que conformarse con ser la segunda mejor kunoichi del mundo, la que había excitado a Sasuke Uchiha de tal manera que la huida había terminado convirtiéndose en su mejor opción.

-.-.-.-.-.-

Los comercios comenzaban a abrir bajo la brillante luz del sol cuando el chico del traje naranja hizo acto de presencia a las puertas de la Villa Oculta de la Hoja. No había ni una sola nube en el límpido cielo que impidiera al astro rey arrancar destellos al cabello rubio del ninja más escandaloso de la Villa, que comenzó caminar a grandes zancadas en dirección al edificio prominente en que se ubicaban las oficinas de la Hokage, justo bajo las cabezas talladas en la roca de la montaña. A su alrededor pudo observar que la mayoría de los edificios estaban medio derruidos y la gente se afanaba por repararlos. Los comercios que habían tenido la suerte de salir más o menos ilesos estaban abiertos al público y sus dueños echaban una mano en la medida de lo posible. Como otras veces en el pasado, Konoha resurgía de sus cenizas cuando todos la creían muerta, dispuesta a resistir el paso de las centurias. No en vano se encontraba en el País del Fuego: los habitantes de la Villa eran los rescoldos que nunca permitían que la vida de la ciudad nunca se extinguiese.

El bullicio regía las calles, llenas de gente y actividad. Se respiraban esperanza y optimismo, y aquello gustaba tanto a Naruto Uzumaki que casi le hacía olvidar el dolor de ver devastada su Villa, aquélla de la que algún día sería Hokage. Nadie reparó en él, todo el mundo estaba demasiado ocupado. Él buscó con la mirada algún rostro conocido, pero en lo más profundo de su corazón prefería pasar desapercibido. Algo le decía que lo sucedido en Konoha tenía que ver con él, y odiaba sentirse culpable.

Al llegar a las oficinas del Gobierno de Konoha, no pudo aguantarse más: tiró su macuto al suelo y subió los escalones de tres en tres mientras gritaba:

-.¡Tsunade baa-chan! .¡Sakura-chan!

Nadie le respondió. Se cruzó con algunos funcionarios que no le prestaron demasiada atención. Aquello no le frenó. Siguió rugiendo por los pasillos:

-.¡Sakura-chan, he vuelto! .¡Tsunade baa-chan!

Entró en el despacho de la Godaime como un vendaval, abriendo las puertas dobles de un empujón. Sin esperar a ver la situación, anunció:

-.¡Soy tan fuerte como Jiraiya, Tsunade baa-chan!

-Naruto…

El chico miró al fin el interior del despacho. La Hokage se encontraba reunida en aquel instante con el Consejo de Ancianos, aquel corrillo de carcamales que le odiaban desde que tenía uso de razón. Frunció el ceño, a la espera de un reproche. Junto a Danzô se encontraba de pie Sai, que le miró de reojo y soltó una risita. El Uzumaki sintió ganas de darle un buen puñetazo en la nariz.

-.¡Naruto-kun, no puedes estar aquí! –Dijo una apurada Shizune, tratando de empujarle fuera del despacho.

-.¿Dónde está Sakura-chan? –Preguntó el jinchuuriki, desasiéndose de la ayudante de Tsunade, sin apartar la mirada de ésta.

-Hablaré contigo más tarde, Naruto –dijo la Godaime, bajando la mirada. Parecía cansada e incluso… mayor. Efectivamente, era mayor, pero hasta ese instante, no se lo había parecido-. ¿Por qué no te acercas al hospital a ver a Kakashi?

Naruto se tensó. Si Kakashi estaba en el hospital, es que las cosas iban peor de lo que inicialmente le había parecido.

-Eso haré –respondió, estupefacto y receloso.

-Vuelve por aquí en una media hora. Tienes muchas cosas que contarme.

Sin despedirse, el chico dio media vuelta y abandonó el despacho. Arrastraba los pies mientras desandaba el camino en dirección a la puerta de entrada, donde había dejado el escaso equipaje que se llevó en su viaje. Se cruzó con algunos ninjas tan silenciosos como sombras que le miraron de reojo al pasar, y tuvo la sensación de que todo el mundo sabía algo de lo que él no se había enterado todavía. Evitó mirar a cualquier persona en concreto, recogió su mochila y salió en hacia el hospital.

Fue en la habitación de Kakashi donde la Hokage halló a Naruto un rato después. La visión de su hábil maestro en estado comatoso, inmóvil sobre la impoluta camilla, había sido demasiado para el rubio jinchuuriki, que se había derrumbado en una de las sillas de la habitación, mesándose los cabellos mientras se preguntaba por qué estaba perdiendo de golpe a tantos seres queridos. Tanto Jiraiya como Kakashi le habían enseñado prácticamente todo cuanto sabía, y en su mente se encontraban ambos rodeados por un halo de inmortalidad que les hacía invencibles y eternos. Sin embargo, Jiraiya ya no estaba, y el incombustible ninja copia se encontraba debatiéndose entre la vida y la muerte, sin siquiera un amigo, un hijo o una amante que le acompañara en esos duros instantes. Naruto se sintió impotente e inútil. Para terminar de empeorar las cosas, la aparición de Tsunade sola abrió la veda a sus peores temores. Miró a la Godaime con los ojos muy abiertos y ordenó:

-Dime que Sakura no está muerta.

-Naruto…

-.¡Dímelo!

Tsunade suspiró.

-No está muerta.

-Gracias a los Budas…

-Está llevando a cabo una misión de vital importancia para la Villa.

El chico la miró con desconfianza.

-.¿Qué clase de misión?

Tsunade volvió a suspirar y entornó brevemente los ojos. Sabía que a Naruto no le gustaría lo que iba a contarle.

-Ha ido en busca de Sasuke para matarle.

El Uzumaki se puso en pie de un salto, pero contrariamente a lo que ella había esperado, no prorrumpió en gritos. Se quedó en silencio, mirándola con los ojos desencajados, como si fuera un terrible monstruo. La mujer adivinó sus pensamientos en el acto y trató de excusarse:

-Planea destruir Konoha, y eso no puedo permitirlo…

-.¿Y te puedes permitir que Sakura-chan asesine a alguien a quien ama? –Espetó Naruto.

-Ella es la única persona con la que puedo contar. Escucha… estoy teniendo muchos problemas con el Consejo de Ancianos, lo último que necesito es que me eches en cara que la he enviado a cumplir una misión poco agradable. Sé que está enamorada de él, o al menos lo estuvo… Por Buda, Naruto, .¿crees que puede una mujer, por estúpida que sea, estar enamorada eternamente de un bastardo? De hecho, cuando la envié a la misión, más que preocuparle cómo le mataría, le preocupó cómo le seducirí…

Se detuvo a la mitad de la palabra, pero el chico supo lo que iba a decir. Abrió los ojos como platos y preguntó:

-.¿Pretendes que le seduzca? .¿Quién te crees que es, vieja?

-Es una kunoichi, Naruto. Las mujeres hacemos esas cosas –respondió Tsunade, manteniendo la calma-. Es la mejor manera de mantener sujeto a un tío y que no se dé cuenta de que va a morir. Tal vez te parezca despiadado, pero es lo que tenemos.

-No lo acepto. Simplemente, no puedo aceptarlo –se encogió de hombros-. Escucha lo que te voy a decir, Tsunade baa-chan: voy a ir a buscarla, la sacaré donde se haya metido por culpa de tu maldita psicosis asesina y cuando la traiga de vuelta, pensaremos en algo. Si Sasuke tiene que morir, que así sea… pero no dejaré que a ella la destroces también.

-.¡Naru…!

La Godaime trató de detenerle, pero sus dedos se cerraron en torno al aire. Apenas había llegado y ya había vuelto a marcharse de la Villa. La mujer se frotó la nuca, rogando porque se equivocara del lugar donde empezar a buscar. Puede que él no lo comprendiera aún, pues no era más que un adolescente impulsivo e inexperto, pero aquella solución, además de ser la más radical, era la mejor.


Respuesta a los reviews de lectoras no registradas:

akane-chan: Sí, sólo tres capítulos. Prefiero un fanfic corto pero con contenido a uno largo y que no sea más que una sucesión de escenas de sexo y paridas... Entiéndeme, esas cosas están bien, pero sólo en su justa medida. Además, esta historia contiene ANGST, y tampoco soy una sádica que disfrute haciendo sufrir a los personajes...

K...: Como puedes leer, prosigue la revolución hormonal de Sasuke xD Me alegra que te guste mi estilo. Es una de mis mayores preocupaciones.

priscila: A ver, lo del principio es lo que sucede justo antes del encuentro de Sakura con Suigetsu, ya que el fragmento en que Tsunade encarga a Sakura la misión era un flashback. En cuanto a lo de que Sasuke quisiera matar a Sakura... es casi normal, viendo el cariz que está tomando el manga últimamente. Y el género del fic es ANGST...

annehtt, LoL y sabaku no lia: Gracias por vuestros reviews, espero que os guste el segundo capítulo.

Bien, eso eso todo. ¡Espero opiniones!