Estoy muy feliz de volver al fandom despues de AÑOS (literalmente) de ausencia. La continuación de esta historia es algo que se los estaba debiendo.

Disclaimer: Bleach es de Kubo Tite. Duelo de dos es mío, my own, MY PRECIOUSSSSSS


Duelo de Dos

Capítulo 2

Alguien de quién depender

Parásito lamió su cara y sus manos, y cuando vio que ni con eso lograba la atención de su dueña empezó a impacientarse. Movía la cola, emitía pequeños quejidos y le empujaba las piernas con su cuerpo.

Rukia tenía la mirada perdida mientras su cerebro trabajaba a toda máquina.

Parásito empezó a ladrarle en la cara, pero ella siguió pensando sin darse cuenta de la realidad que la rodeaba... Hasta que escuchó golpes en la puerta y sintió cómo reverberaban en su espalda. Ahí volvió al mundo real y se levantó del suelo.

-Ya, Parásito. Callate un poco.

Abrió la puerta y se encontró con un sonriente muchacho de piel oscura.

-Disculpe, ¿es usted la señorita Kuchiki?

-Emm, sí, depende. Quiero decir, sí.

-Tenemos un envío para usted. Firme aquí y mis muchachos le subirán sus cosas.

"Ah, los regalos". Se había olvidado.

-Claro.

Firmó el papel que le puso enfrente el repartidor y luego, como en un desfile, cuatro o cinco hombres entraron a su humilde departamento depositando cajas, cajitas y bultos en el suelo. Todo estaba envuelto en mil papeles de colores. Luego de unos minutos de incómoda procesión -momento perfecto para recordar que no se había puesto corpiño-, por fin terminaron de traer todos los regalos del camión, estacionado cinco pisos abajo.

-Eso es todo, señorita.

-Muchas gracias.

Y con un suspiro de alivio cerró la puerta.

Alivio que le duró aproximadamente tres segundos.

-¿Parásito? -llamó, pero el departamento permaneció en silencio y quieto- ¡Hijo de...!

Se calzó unas botas encima del pantalón del pijama, agarró el primer abrigo que encontró (que resultó ser ese que tenía la gran mancha de salsa en la pechera) y salió corriendo del departamento.

-¡Parásito! -gritaba mientras bajaba los cinco pisos de escaleras a la velocidad de un rayo.

Pasó corriendo por la cabina del portero y volvió sobre sus pasos a la misma velocidad.

-¡Pichi-san! ¿Vio usted a Parásito? ¡Se escapó de nuevo! -dijo atropellando las palabras y sin aliento.

"Pichi-san" -un respetable hombre de sesenta años con un respetable trabajo y una respetable vida que no merece para nada un apodo tan poco respetable- negó con la cabeza lentamente, detrás de su periódico.

Rukia masculló algo en voz baja y salió corriendo por la puerta. El aire frío y seco de pleno invierno le golpeó en la cara y en el cuerpo desabrigado. Aún así lo ignoró y gritó el nombre de su perro. Su estúpido perro. Corrió por la vereda hasta la plaza y volvió a llamarlo. Nada. Volvió sobre sus pasos y recorrió más de seis cuadras gritando y llamando a Parásito a viva voz.

Su búsqueda duró aproximadamente una hora. El tiempo pasó volando y ni cuenta se dio de lo mucho que corrió y gritó, como tampoco reparó nunca en la cara con la que la miraban los transeúntes, algunos con una mirada desaprobatoria por sus gritos y otros asombrados por su cabello extremadamente revuelto y su pantalón estampado. El trafico era agitado, clásico de un dia de semana en pleno mediodía.

Cuando por fin lo encontró -que fue a quince cuadras de su casa, sí señor- el muy zalamero estaba jugueteando con los niños recién salidos de la escuela. En cuanto la vio, Parásito sintió que moriría. Su dueña lo casó del collar (no tenía la correa pues salió apurada) y desandaron las quince cuadras con la voz de Rukia retándolo y amenazándolo e incluso le llegó a decir que "era un perro malo y que no lo quería más". Parásito metió la cola entre las patas y volvió a su casa con la cabeza gacha.

Ambos subieron las escaleras del edificio con desgano, cansados y mojados por la poca nieve sucia del exterior. Llegaron al frente de la puerta del departamento 5E y Rukia se dio cuenta que no había traído las llaves. Maldición. No-tenía-las-malditas-llaves. Extremadamente enojada y cansada señaló con el dedo índice a Parásito.

-Todo esto es culpa suya, así que mejor se queda ahí quietecito mientras yo busco una solución. Perro malo -dijo con voz firme.

Parásito se acostó sobre sus patas delanteras con un quejido lleno de angustia.

Rukia, en el límite de su paciencia, bajó hasta planta baja y se encaró con Pichi-san.

-Se me quedaron las llaves adentro del apartamento -le dijo sin más.

El portero suspiró y agarró el teléfono para llamar al cerrajero otra vez.

-Mh -masculló Pichi-san-, necesito un cerrajero. -Gran pausa mientras escucha lo que le dicen al otro lado de la línea- Entiendo. Avenida Kaichô, complejo 506. Sí, no hay problema.

Colgó y miró a Rukia con esos ojos nublados tan característicos de él, ojos que parecen no querer expresar nada.

-La mayoría del personal está de vacaciones. Los únicos cerrajeros disponibles están hasta las cejas de trabajo, así que van a venir mañana a primera hora de la mañana.

Rukia sintió el tic en su párpado. Ese tic que le daba cuando estaba sumamente nerviosa.

-¿Mañana?

Pichi-san asintió.

-¿Y qué hago hasta mañana?

Pichi-san se encogió de hombros y volvió a meterse detrás del periódico.

-Por lo menos ¿puedo usar este teléfono?

Pichi-san negó.

-Es sólo para asuntos del edificio.

-¿Y yo no soy un asunto del edificio?

-Kuchiki-san, ya hice lo que podía por usted ¿necesita algo más?

La mirada del viejo le hizo entender que no conseguiría ayuda de él. Más cansada de lo que se había sentido nunca subió otra vez los cinco pisos de escalera hasta llegar a su planta, donde Parásito dormitaba frente a su puerta. Cuando la vio aparecer movió la cola, pero siguió prudentemente acostado: aún no se sentía perdonado.

Rukia se dejó caer hasta sentarse en el suelo, con la espalda contra su puerta cerrada. Parásito apoyó su cabeza en la pierna extendida de ella.

-Somos un desastre, Parásito. Pichi-san está cansado de ayudarnos con nuestros desastres.

Seguía pensando una solución a su problema, definitivamente no iba a dormir ahí en el pasillo esa noche. Era algo malo no saber hacer amigos, en ese momento necesitaba urgente de uno. En medio del silencio empezó a notar el suave golpe bajo de una percusión. Agudizó el oído y escuchó música, sonaba como AC/DC. Y venía de la puerta frente a ella.

¡Claro, cómo no lo había pensado antes! Podía, por lo menos, pedirle prestado su celular a Ichigo Kurosaki y contactar con Renji.

Animada por el nuevo plan, se incorporó y en cuatro pasos estuvo frente al 5A, tocando a su puerta. Los primeros golpecitos no se deben haber escuchado, por la música se dijo, pues nadie abrió y tuvo que golpear de nuevo, con mayor insistencia.

Cinco segundos después apareció el poco simpático Ichigo detrás de la puerta ahora abierta. Miró primero a la altura de sus ojos y luego los bajó hasta encontrarse con los de Rukia. Ella odió ese casi imperceptible movimiento, pues ponía en evidencia lo abajo que se estaba quedando. Él sonrió con esa sonrisa burlona que era ya casi característica.

-Miren quién vino a dar la bienvenida el nuevo vecino ¿traes una tarta o algo así?

Rukia no dijo nada solamente porque precisaba su ayuda y discutir no era buena idea. Se rió falsamente del "chiste" y eso hizo que él borrara su sonrisa del rostro.

-¿Qué quieres? -preguntó ahora con más rudeza.

Rukia tragó saliva. No sabía lo mucho que le costaría pedirle algo a ese hombre. Tuvo que repetirse mentalmente unas diez veces que lo que iba a pedir era una tontería, no era rebajarse.

-Mira, me quedé afuera de mi departamento, salí sin mis llaves. ¿Me prestas tu celular? -explicó rápidamente.

-¿Eh? ¿Y yo que tengo que ver? Hablá con el portero...

Y empezó a cerrar la puerta.

-¡Espera! -Rukia lo frenó sosteniéndola con toda su fuerza- ¡Ya le pedí ayuda pero el cerrajero viene recién mañana! Y Pichi-san no quiso prestarme el teléfono...

-¿Pichi-san? -Ichigo rió.- ¿Así se llama ese viejo?

-No, pero su nombre real es muy aburrido... Es tan aburrido que ya ni lo recuerdo.

Ichigo rió más. Rukia se molestó.

-Bueno, ¿lo harás o no? Es una llamada corta, después te la pago, si eso quieres.

-Ya, no exageres, Kuchiki. Una llamadita no se le niega a nadie -dijo él mientras se metía en el departamento a buscar el celular.

Rukia pudo vislumbrar en su interior varias cajas, la mayoría cerradas; el departamento de Tatsuki parecía otro, no como cuando ella vivía ahí, estaba vacío y sólo lo llenaba la música que salía de dos parlantes enchufados a... una hermosa Apple portátil. Era una notebook plateada que permanecía abierta arriba de la barra de la cocina -o desayunador-. Rukia la miró con los ojos brillantes, sentía una debilidad por esas cosas tecnológicas que se veían tan bellas y sofisticadas. Imaginó cuántos documentos de texto podrían llegar a entrar en esa preciosidad...

-Aquí está. Haz tu llamada.

Ichigo apareció de la nada y le tendió su celular. Un BlackBerry. Rukia lo atrapó y marcó el número de celular que mejor se sabía: el de Renji. Sonó el timbre una, dos, tres veces.

-¿Hola?

-Renji ¡soy yo! -dijo emocionada.

-¿Rukia? ¿De quién es este número?

-¡Sí! Eso no importa. Renji, necesito que me busques. Me quedé afuera del departamento con Parásito de nuevo y...

-Rukia, no estoy en la ciudad.

Pareció como si el suelo desapareciera bajo sus pies. Ichigo la miraba con seriedad, pareció notar su cambio de expresión porque hizo un gesto con la cabeza como queriendo decir ¿Qué pasó?

-¿Cómo que no? -siguió Rukia, tratando de conservar la esperanza. Había escuchado mal, sí, eso era.

-Te dije que hoy viajaba con tu hermano a China, por eso de las negociaciones con el gobierno. Te lo dije, Rukia -Renji sonaba algo enojado y preocupado.- Por dios, ¿qué vas a hacer ahora? Ni tu hermano ni yo estamos en la ciudad... ¿Tienes dinero?

-No -contestó en un hilo de voz. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan perdida.

Renji masculló algunas incoherencias del otro lado de la línea.

-Escucha, llamaré a... -pareció meditar- Diablos, no se me ocurre nadie. Aunque podría llamar a tu abuelo, Rukia...

-No. Prefiero dormir en el pasillo.

-Rukia, no seas así. A alguien contactaré, a quién sea, sólo no te muevas de ahí ¿de acuerdo?

-¿Y adónde voy a ir? -preguntó con resignación antes de colgar.

La estaba pagando con el pobre Renji, que no tenía la culpa de que ella fuera tan despistada e idiota.

-Bueno ¿qué sucedió? -preguntó Ichigo mientras Rukia le devolvía el teléfono.

-Nada. Gracias por la llamada -dijo con desgano.

Se giró para volver con Parásito, que la esperaba a tres metros de ahí, pero Ichigo la detuvo poniendo una mano en su hombro.

-¿Qué haces? ¿Viene alguien a buscarte o algo así?

Ella lo miró. Qué extraño, hasta parecía algo preocupado.

-Supongo que sí. Sólo tengo que esperar.

Su respuesta fue tan cortante que el joven no dijo nada y sólo la dejó irse hasta su puerta y sentarse al lado de su perro, quien dormía plácidamente ajeno a los problemas que había causado, mientras él entraba al departamento de Tatsuki.

El tiempo pasó y pasó mientras Rukia esperaba sentada en el rellano de la puerta. El vecino adolescente del 5B salió (como todas las tardes), le dirigió una mirada cargada de preguntas y se perdió por las escaleras. Parásito despertó después de un tiempo y por lo menos jugaron juntos y pasaron el rato. Rukia se sentía más agotada que nunca, había corrido por casi una hora buscando a Parásito y para colmo esa mañana se había levantado a una hora que sonaba a mala palabra, por culpa de su nuevo vecinito. Ichigo. Bueno, no era tan malo, por lo menos la había ayudado. Y hasta parecía preocupado por ella.

El cansancio hizo mella en ella y poco a poco se dejó caer hasta recostarse sobre el pelaje dorado y sucio de su perro. Se quedó dormida.

Sintió un brusco sacudón, pero decidió ignorarlo. Estaba tan cansada... le pesaba todo el cuerpo y parecía como si estuviera suspendida en el aire, como si flotara; disfrutó de aquella sensación tan relajante y se volvió a sumergir en el alivio del sueño.

Como siempre, la despertó la cálida y húmeda lengua de Parásito surcando su cara y manos.

-Mm, pará, Parásito... Que pares... Ya... TIENES UN ALIENTO HORRIBLE -se incorporó bruscamente, mientras Parásito correteaba alegremente a su alrededor y la molestaba con su cuerpo.- Por dios a veces eres tan...

Se detuvo bruscamente al notar que varias cosas no encajaban en la rutina de siempre. Para empezar no estaba en su cama, como suponía mientras dormía. Recordó súbitamente que se había quedado afuera de su departamento y toda la realidad volvió a ella como un baldazo de agua fría. ¿Dónde estaba? La cabeza le dolía muchísimo y sentía los ojos nublados. Entonces la vio. La hermosa Apple en el mismo lugar que antes. Rukia estaba incorporada sobre un sofá blanco de cuero que era donde dormía plácidamente hasta hace unos segundos. Paseó la vista por el departamento que, a pesar de ser parecido al de ella, estaba más vacío y limpio, con decenas de cajas desparramadas por el suelo y arriba de las mesadas de la cocina, que se veía desde el living. Una puerta de vidrio esmerilado y algo empañado llamó su atención pues desde dentro se escuchaba cómo corría el agua de la ducha. Estaba en el departamento de Ichigo.

Se había quedado dormida en el pasillo y el pobre hombre la debe haber visto en esa humillante tarea. Qué horror.

Los ventanales que daban a la avenida mostraban la noche cerrada. ¿Cuánto tiempo había dormido? Perdió la tarde entera… Rukia se miró y se dio cuenta, para empeorar un poco más la situación, que Ichigo debía haberle sacado el abrigo, porque no lo tenía puesto, y su remera de Chappy era de algodón y no disimulaba muy bien sus... Ejem, falta de corpiño. Estaba bien que las nenas eran chicas y todo eso, pero se notaban igual. Rukia entró en pánico. ¿Y si Ichigo se había dado cuenta?

La puerta del baño se abrió y Rukia sin pensárselo dos veces volvió a acostarse, se tapó hasta el cuello con el acolchado de plumas que al parecer la abrigaba mientras dormía y se hizo la dormida. Ichigo pasó hasta la cocina silbando bajito. Abrió la heladera y, oh Jesús no me hagas esto, bebió de una botella de agua helada. Parásito corrió hacia él, por supuesto relacionaba la heladera con comida.

-¿Qué quieres, amigo? ¿Eh? ¿Algo para comer? Yo también quiero algo... ¿qué puede ser? -hablaba bajito ("¿Será para no despertarme?") y Parásito movía la cola como un loco.

Ichigo sacó una bolsa que, al parecer, contenía un pollo frisado. Lo apoyó en la mesada, sacó una tabla y una cuchilla y empezó a trozarlo en piezas. Mientras masacraba al pobre pollo iba apartando los menudos y la piel para Parásito, quien esperaba pacientemente sentado al lado del chico.

Rukia trataba de ignorar el creciente dolor que sentía en la cabeza y en la piel y lo miraba todo el tiempo. Observaba cómo se tensaban sus brazos cuando hacía fuerza para romper algún hueso, cómo las gotitas de agua que caían de su pelo se escurrían por su espalda e incluso notó el vello casi transparente que crecía en sus piernas... o lo que podía ver de ellas que no cubría la precaria toalla.

De improviso Ichigo giró y la vio ahí, con los ojos abiertos y más despiertos que nunca. Sonrió con ese gesto lobuno que le daba un toque de malicia casi infantil a sus rasgos.

-Ah, la bella durmiente al fin volvió con nosotros.

-¿Que hago aquí?

Ichigo volvió a concentrarse en el pollo, esta vez le puso sal y lo distribuyó en una bandeja para horno, para luego hacer llover más especias sobre él.

-Al parecer, dormías -contestó al fin.

-Podría estar durmiendo en el pasillo o... -súbitamente lo recordó- ¡Quizá alguien ya vino a buscarme y yo no estaba ahí!

-No vino nadie a buscarte. Estuve atento -abrió la heladera y sacó diversos vegetales que lavó y empezó a cortar en finas láminas.

-Renji dijo que llamaría a alguien.

-Quizá. Pero nadie vino, así que me dio pena ver a este pobre angelito tirado en el pasillo y lo traje conmigo -Ichigo hablaba mirando a Parásito y haciéndole caritas al perro que ladraba y jugaba alrededor de él.- Y bueno, tampoco te podía dejar ahí. Hace un frío de muerte en las escaleras ¿puede ser que la calefacción del edificio funcione mal? -esta vez habló con voz normal y mirándola.

Rukia se encogió de hombros. Ichigo siguió cocinando. Metió las verduras en un bol y les puso sal y aceite de oliva, para luego mezclarlas bien y ponerlas a un lado.

-Gracias -masculló sorprendida de sí misma. A pesar de que el chico no le cayera un 100% bien, igual había hecho algo gordo por ella, y no era cuestión de ser desagradecida.

Él se giró y la estudió con la mirada.

-Que no se te haga costumbre, eh. Que tampoco es que quiera ser el santo patrono de las causas perdidas.

-¡Ataque, Parásito! ¡Ataque!

El perro, que indudablemente no estaba entrenado ni para hacer pipí afuera, se volvió hacia ella confundido, sin saber si mover la cola o no, o ladrar o no. Finalmente, se tiró frente a Ichigo panza arriba con la lengua afuera. "Haceme mimitos, juguemos, haceme mimitos", parecía decir. Ichigo se rió con una carcajada que llenó el ambiente.

-Perro traidor -musitó Rukia, mientras Ichigo seguía riendo y de fondo sonaba "Eye of the Tiger", de Survivor.

Ichigo le ofreció a Rukia darse una ducha "antes de comer".

-¿Es que huelo mal o algo?

-No no, solamente es porque pareces una huérfana abandonada en la calle, nada más.

-No tengo ropa, bestia.

-Te presto, enana genio. Algo me debe quedar de cuando iba a primer grado.

Ichigo se ganó un gruñido y una mirada poco amistosa, cortesía de la "huérfana" antes de que ésta desapareciera dentro del baño.

La ducha estaba calentita y no tardó en admitir que había sido una buena idea. Tenía el frío instalado en los huesos como si hubiera tomado demasiado, pero el agua caliente poco a poco bañó su cuerpo y descansó sus músculos agarrotados. El dolor de cabeza pareció amainar, pero su piel se sentía algo afiebrada, a pesar del frío que sentía antes. Cuando salió se secó, se volvió a poner la bombacha blanca y envolvió su cuerpo con la toalla. El pelo mojado esparcía gotitas por sus hombros cada vez que se movía.

Salió del baño y un delicioso aroma a pollo al horno inundó sus sentidos. Ichigo estaba sentado en el mismo sofá donde ella había dormido, ya estaba vestido de manera casual y digitaba en su celular con Parásito dormido a sus pies. Cuando la escuchó giró la cabeza, se levantó del sillón y se dirigió a la puerta cerrada que estaba junto al baño.

-Todavía queda algo de ropa de Tatsuki si buscas bien. Usa lo que quieras.

Rukia observó la habitación. La cama era de dos plazas y estaba tendida, pero una valija abierta y a medio desarmar reposaba sobre ella. Apartó la vista cuando se encontró mirando unos bóxer negros.

-Gracias -dijo en voz queda. Ichigo aún estaba en el marco de la puerta, la miró serio.

Rukia se sorprendió pensando que sus ojos eran bonitos.

-De nada. Ah, y por favor ponete algo... -El chico se señaló el pecho- No vayas dando pena por ahí.

Y cerró la puerta con una carcajada, justo cuando Rukia estaba a punto de tirarle con algo.

-Ese maldito... -¡y ella pensando que sus ojos eran bonitos! ¡No se merecía ni el esfuerzo!

Halló ropa de Tatsuki en el último cajón de una cómoda de madera oscura y, por suerte, había un corpiño deportivo ahí abandonado. Menos mal que compartía casi las mismas medidas con su antigua vecina. No había muchas opciones entre las que elegir, así que se decidió por un short de jean y una remera sencilla sobre la cual puso un grueso suéter de lana amarillo opaco. Las mangas le quedaban algo largas y el cuello era demasiado amplio, pero era abrigadito.

Salió de la habitación y fue recibida por un entusiasmado Parásito, que la había perdido de vista por mucho tiempo.

-Jooo, así que sigue teniendo ese suéter viejo -exclamó Ichigo, que ya estaba sentado en el desayunador sirviéndose ensalada.

A Rukia le costó acordarse que estaba enojada con él, ya que actuaba tan normal. Ichigo se levantó y sacó una botella de agua de la heladera, mientras tanto ella atravesó el living para ir a la cocina. Quizás fue sólo su imaginación, pero le pareció que el atrevido le miraba el trasero mientras iba pasando.

Sólo había dos sillas en la barra. Ichigo también había puesto plato, cubiertos y un vaso para ella. Se sintió conmovida. ¿Por qué la ayudaba?

Ambos tomaron asiento y se sirvieron.

-No seas tímida, sírvete la presa que quieras -dijo él, sentado a su lado-, excepto la pata, porque es mi favorita, y el muslo no, que es lo más rico... ¡Pero el alita es una delicia!

Rukia lo fulminó con la mirada y él al notarlo se rió.

-Era un chiste, ojitos. Los huérfanos pasan hambre, come tanto como quieras.

Aghhh. Una bromita detrás de otra. Le latían las sienes.

-No me digas ojitos. Suena tan despectivo.

-No es así. Es que tu cara es puro ojos así que es un apodo común, ¿no? Lo que no es común es que no te quejes de que te diga huérfana y sí del ojitos. Eres rara.

Se quedaron en silencio. Rukia no quería ni considerar dirigir la conversación hacia esos temas relacionados con su infancia.

El pollo estaba espectacular... O tenía mucha hambre.

-¿Y de dónde conoces a Tatsuki?

-Ya me preguntaste eso. De la secundaria.

-Ah, cierto.

Otra vez el silencio. Tomó un largo trago de agua. Parásito dormitaba en la alfombra del living, que quedaba justo frente a ellos.

-Mi mamá le regaló ese suéter -dijo Ichigo de repente, mirando con un gesto tierno (hasta ahora desconocido) la prenda que llevaba Rukia.

-Wow, ¿lo hizo ella? -Rukia miró el suéter amarillo con renovado interés. Incluso se notaba las partes donde la lana se había unido con unos nuditos hechos a mano.

-Sí, le gustaba mucho tejer, decía que la relajaba -Ichigo miraba su plato, concentrado en separar la carne del hueso con el cuchillo.

-¿Ya no teje?

-Nop.

-Qué lástima, lo hace bastante bien -dijo Rukia con sinceridad.- ¿Y usted, señor? ¿Es bueno en las tareas de la casa? Porque no creo que Tatsuki le confiase su departamento a cualquiera...

Ichigo se sorprendió por la pregunta, pero sonrió.

-Soy mucho mejor que Tatsuki haciendo las cosas de la casa, ojitos.

-Te creo, este pollo está increíble.

-Ahh, a estos huérfanos se los conforma con cualquier cosa.

Rukia le dio un codazo en las costillas y ambos rieron. Parásito apareció de repente, entusiasmado por las risas, y movió la cola hacia los dos jóvenes. Rukia (que al final había elegido una pata) acercó el hueso pelado al hocico del animal.

-¡No! ¿Estás loca? -la detuvo Ichigo.

-¿Qué?

-No se les puede dar huesos de pollo a los perros, ojitos.

Rukia ignoró el apodo otra vez.

-¿Por qué no?

-Porque son muy flexibles y se pueden llegar a abrir en la garganta del pobre animal y hacer que se ahogue.

Ichigo se apresuró a juntar los platos y tirar los huesitos sobrantes a la basura.

-Bah, eso es mentira -decía Rukia mientras lo miraba hacer-, yo desde siempre que le doy pollo o lo que sea y nunca le pasa nada.

El chico la miró con los ojos entrecerrados mientras negaba con la cabeza.

-Seguí haciéndolo si te quieres sorprender algún día -dejó los platos sucios en la piletita de la cocina y la señaló.- Te toca lavar los platos. Todavía no compré el detergente para el lavavajillas.

Rukia gimió antes de levantarse y lavar todo. Mientras tanto, Ichigo metió la comida sobrante en un tupper y la guardó en la heladera, bajo la atenta mirada de la morocha, que estaba algo atónita.

-No hace falta que me demuestres lo limpio y organizado que sos, naranjita, no le voy a contar a nadie si haces algo mal.

Ichigo la miró sorprendido y con una mueca maliciosa en los labios.

-¿Cómo me dijiste?

-Naranjita.

-Ahhh, ¿así que sos de las que se vengan?

-No no, es simplemente que como el color naranja en tu pelo es tan obvio pensé que era un apodo común -dijo antes de sacarle la lengua y concentrarse en lavar.

-Sí, lo que digas. Pero seguro que no secaste el baño.

Rukia lo miró con los ojos como platos y un asomo de sonrisa.

-¿Es un chiste? Nadie puede ser tan, tan...

-¿Asombroso?

-Buscaba algo como paranoico, pero lo que digas.

Ichigo se rió.

-Ahora entiendo por qué Tatsuki me advirtió sobre ti, ojitos.

-¿Qué te dijo Tatsuki de mí? -Rukia cerró el grifo y se secó las manos.

-Simplemente que eras un desastre...

El desastre se rió con indignación fingida.

-¿En serio? ¿Querés saber que me dijo de ti?

-Seguro que no me sorprende...

-Ni siquiera recuerdo qué es lo que dijo, la verdad. Pero cuando dijo "Ichigo es muy buena persona" estuve segura de que eras una hermosa joven con largo cabello y amistosa sonrisa.

Ichigo se rió a carcajadas.

-¿Creías que era una chica?

-Sip, hasta el último momento lo creí. A ver, ¿quién en su sano juicio le pondría Ichigo a su hijo varón?

El interpelado seguía riendo y ella sonreía. No la pasaban tan mal juntos ¿no? A pesar de todo, no podía soltarse completamente porque ese dolor de cabeza era una molestia constante.

-Sé que estoy abusando de tu hospitalidad pero, por casualidad, ¿no tendrás un analgésico? Me estoy muriendo del dolor de cabeza.

Ichigo la miró, dejando de reír y concentrándose en ella.

-¿Que parte te duele?

-¿Eh? -no se esperaba eso para nada- En realidad no distingo un lugar en especial, es como si toda mi cabeza estuviera abombada, no sé cómo explicarlo. Y me duele la piel también, ¿eso es raro?

-No, si tenés un resfrío no es raro.

-¡Pero si estoy de lo más sana!

-Parece que ya no, ojitos. Esperame un segundo.

Ichigo se metió en la habitación y Rukia pensó que por fin se acababan las preguntas sin sentido y le iba a traer una pastilla sin más. Pero se sorprendió cuando vio al joven acercarse con un estetoscopio colgado del cuello y una pequeña valijita negra. Le agarró la risa tonta.

-¡No me digas que no sólo administras un hospital sino que también sos médico!

-Por supuesto que soy médico. Y no administro un hospital, administro varios hospitales.

Rukia trató de ponerse seria pero no pudo, la situación le resultaba demasiado graciosa.

-Entonces ¿vamos a jugar a los doctores ahora? -y siguió riéndose.

-Ya quisieras, ojitos. A ver, sentate por allá y quedate quieta.

La paciente se tuvo que sentar en el sillón y respirar profundo. Ichigo, con un gesto de total seriedad en el rostro, escuchó su corazón y su abdomen; a Rukia le costó no reír con nerviosismo cuando el doctor levantó la remera y el suéter y posicionó el estetoscopio primero en su pecho y luego en su espalda.

"Está siendo completamente profesional", pensó ella, algo sorprendida. El Ichigo que se burlaba de ella a la más mínima oportunidad ahora revisaba su cuerpo con total seriedad y mucha concentración.

-Rukia, ponete esto por favor -wow, incluso la llamaba por el nombre, nada de "ojitos" con la paciente, eh- Así, muy bien, ahora dime cuando te apriete.

Le había colocado un tensiómetro, con el que midió su presión arterial. Luego de un examen corto se lo quitó y le revisó la boca y oídos.

-Parece ser un resfriado completamente normal, Rukia -le dijo aún serio.- Con antibióticos durante una semana cada ocho horas deberías estar bien. A menos que... -su expresión cambió.

Rukia se asustó, porque él parecía muy preocupado.

-Disculpa, permíteme un momento. Levanta los brazos.

"¿Que está pasando?". ¿Tendría una enfermedad de esas incurables como las que aparecían en Dr. House?

Ichigo levantó su remera y sostuvo su cintura con ambas manos, presionó levemente.

-¿Eso te duele?

-No.

Subió un poco más las manos, hasta la altura de las primeras costillas. La miró serio.

-¿Y ahí?

-No.

Rukia estaba sin aliento. Las manos enormes de Ichigo abarcaban la mayor parte de su torso y estaban frías contra su piel que ardía. Producto de la fiebre, seguramente. Ichigo negó con la cabeza, frunciendo aún más el ceño.

-Decime si sentís alguna molestia.

Rukia asintió, concentrada. Las manos hábiles de Ichigo subieron por sus costillas, avanzando un dedo a la vez por su piel, hasta llegar a la base del busto…

-Ah. ¿Y por qué te pones corpiño si no tenés pechos? –dijo cruelmente antes de soltarla muerto de risa, obviamente por el chiste para-nada-gracioso que le había hecho.

-¡Sos un pervertido! –dijo Rukia colorada hasta las cejas y muy indignada.

-Lo soy -dijo Ichigo mientras reía.- Pero lo que te dije antes es cierto, ojitos.

-¿Qué? ¿Que no tengo tetas?

Ichigo escondió la cara entre las manos mientras reía.

-¡No! Lo de que es un resfrío normal, pero tomátelo con calma. No abuses de los vestiditos de infarto que estamos en puro invierno.

-Ajá, si claro, doc –le contestó ella sin creerse capaz de volver a tomárselo en serio nunca más en la vida.

Rukia miró el reloj que colgaba de la pared verde manzana de la sala. Eran casi las nueve y media. Vaya que Ichigo cenaba temprano. Era la misma hora en la que cenaron el día anterior, en su cumpleaños.

-¿Porque fuiste a mi cumpleaños? -preguntó repentinamente Rukia. A veces hablaba sin pensar… Bueno, casi siempre.

Él al principio sonrió y dijo en tono de broma:

-¿Qué? ¿No puedo estar invitado a esas fiestitas elegantes?

-No me refiero a eso. Renji me contó acerca de tu relación con mi hermano, de la carta y de todo eso... –ya era tarde para considerar si ese asunto no era confidencial y se estaba yendo de boca.

Ichigo se puso serio también.

-Wow, tu noviecito habla hasta por los codos. Pero no, no fui por tu hermano. Y tampoco por ese tema. Fui para... hacer un favor.

-¿A quién? A mí seguro que no -dijo Rukia medio en broma, medio en serio.

-No, no era para ti. Bueno... en parte sí.

Ichigo apoyó los codos en las rodillas, quedando inclinado hacia adelante y reposando en sus piernas. Entrelazó los dedos y la miró desde aquella posición.

-Ni parecías tan chusma desde lejos.

Rukia, quien estaba sentada con las piernas sobre el sillón, lo pateó con suavidad. O lo que ella creía que era suavidad.

-Auch -se quejó él-, está bien. En realidad no es nada tan misterioso como lo que seguro imaginas. Resulta que Kaien…

-¿Kaien-dono? –Rukia sintió que se olvidaba de respirar.

-Sí, Kaien, quería enviarte un regalo, ya que es una edad importante los 21 y tal y tal. Pero como el señorito no está en la ciudad, bueno... me mandó a mí.

Rukia sintió como si las palabras de Ichigo abrieran esa partecita de su mente que contenía los recuerdos de otra época y otras circunstancias. La nostalgia se apoderó de ella y no pudo evitar ver en sus memorias a su querido profesor de Historia de la secundaria, aquel que le había enseñado mucho más que hechos históricos y la había cuidado cuando...

Sacudió la cabeza, como queriendo apartar esos recuerdos. No tenía sentido revivir los sentimientos del pasado. Lo mejor era concentrarse en el presente, tal como él le había enseñado.

-¿Y de dónde conoces a Kaien-dono? Si se puede saber.

-Somos primos.

Rukia quiso darse de cabeza contra la pared. ¡Claro! El parecido era enorme, ¿por qué no se había dado cuenta? No. Sí lo había hecho, pero había decidido ignorarlo y censurar esas ideas que creía producto de la paranoia.

-Wow, el mundo es un pañuelo.

-Algo así -Ichigo no la miraba, sino que parecía totalmente concentrado en sus dedos entrelazados.

-Entonces... -Rukia buscó su mirada, hasta que la encontró- ¿Cuál es el regalo?

-Ah, no sé. Lo dejé con los demás.

Rukia vislumbró con claridad decenas de paquetes y bultos de todos los tamaños. Detrás de la puerta cerrada de su departamento. Cielos, le parecía imposible esperar hasta mañana para abrirlos todos.

-Pero cuando bailábamos... Quiero decir, dijiste que me conocías, aunque no por persona... ¿y eso?

-Bueno, Kaien me mostró una foto para que pudiera reconocerte. Obviamente.

-No es tan obvio, genio, podrías haber dejado el regalo en la mesa correspondiente e irte sin más tardanza y ahorrarte... -se arrepintió de lo que iba a decir. Estaba por echarle en cara que bailara con Isane ¿en qué carajos estaba pensando? Ichigo no era de su propiedad, ni siquiera podía decirse que eran amigos...

Él parecía sorprendido por la frase sin acabar de Rukia.

-¿Y ahorrarme qué?

"Disimulá".

-Bueno... que te vean los de la empresa de mi hermano, tener que salir corriendo y todo eso.

Ichigo se rió y abandonó su anterior postura, para ahora apoyar su espalda contra sillón y apoyar el brazo derecho -el más próximo a Rukia- sobre el respaldo de éste.

-Confieso que me gusta que me persigan, de vez en cuando. Además no me hubiera perdido ese tango por nada del mundo -dijo mirandola intensamente, otra vez con esa sonrisa de depredador.

-Ay, por favor. Ni siquiera querías bailar conmigo. Por poco tuve que obligarte -no pudo evitar sonar resentida.

-No era que no quisiera, ojitos. Tenía negocios que hacer, no iba a desaprovechar esa oportunidad.

-¿Hacías negocios con Isane?

El chico la miró con las cejas levantadas.

-¿Qué pensabas? Isane Kotetsu era mi gerente de personal, a nivel global hablo, pero discordó con mi socio por una tontería y él la despidió. No quisiera comerme un juicio ni tener que entrenar a alguien nuevo, así que era más fácil negociar con ella y hacerla regresar.

Rukia tragó saliva. ¿Que le decía ahora? Había quedado como una tonta. Abrazó sus rodillas y apoyó la cabeza en el respaldo, cerrando los ojos.

-Bueno, disculpa. Puedes decirme que soy una chusma si quieres.

Pero Ichigo no dijo nada.

-Te traigo un analgésico -sentenció de repente, y se levantó del sillón.

Rukia se preguntó cómo se había dado cuenta de que se sentía peor que antes. Quizá estaba más pálida, si eso era humanamente posible. El joven doctor volvió al poco rato con un vaso de agua y una pastilla sobre la palma abierta.

-Aquí tienes. No te olvides de tomarte otra en ocho horas, o si no no hará efecto y sólo inmunizarás al bicho.

-Que término tan científico, doctor -se burló antes de tomar la pastilla y mandársela con el vaso completo de agua.- Ahh, gracias.

Volvió a su posición original y escuchó los ruidos suaves que hacía Ichigo al levantarse, dejar el vaso en el fregadero y decirle algo en voz baja a Parásito, mientras éste golpeaba el suelo de madera con la cola que no paraba de moverse.

Sin darse cuenta, así, con los ojos cerrados y sentada hecha un bollito, volvió a caer inmersa en las garras del sueño. No se despertó cuando su cuerpo cayó hacia un costado sobre el sillón y tampoco lo hizo cuando unas manos cálidas la taparon con un grueso acolchado. Ni siquiera cuando Parásito olió su cara con la nariz húmeda y una voz grave lo retó suavemente.

Súbitamente apareció Kaien-dono con su sonrisa y los brazos abiertos frente a ella, pero cada vez que se acercaba él se alejaba más... Hasta que su silueta desapareció como tragado por las sombras. Una puerta se abrió y supo que debía entrar, pero sólo había una cama destendida y gritos, muchos gritos. ¡Por dios que alguien callara a esa mujer! Las sábanas se movían y cuando quiso huir la puerta había desaparecido, y en su lugar había un profundo callejón sin final, volvió a mirar hacia atrás ya que sintió el frío congelando su espalda. Un perro le ladraba con fiereza, sus pupilas dilatadas y la saliva proyectándose en el suelo. Le mostraba los colmillos y le ladraba, y ella no podía escapar porque sabía que el callejón no tenía fin y no había nadie en todas esas casas vacías que pudiera ayudarla. Volvió a escuchar gritos mientras corría hacia el único lugar que le quedaba, hacia arriba. Pero el cuerpo le pesaba demasiado y sentía que alguien la sostenía, no podía escapar, no podía volar.

-¡Rukia! ¡Vamos, despierta ya!

Se sintió como si la noche estuviera hecha de barro negro que la tragaba cada vez que intentaba asomarse, pero lo logró con mucho esfuerzo y abrió los ojos. No era barro y sabía que no podía ser de noche porque el sol la miraba directo a los ojos.

-¡Rukia!

Por fin reconoció a Ichigo detrás de esos dos ojos brillantes y profundos como el mismo magma. Volvió a ser consciente de su cuerpo pero fue peor, sentía dolor y frío pinchando su carne y sus huesos. Pero al mismo tiempo estaba empapada en sudor. Ichigo estaba sosteniéndola con ambos brazos, arrodillado junto a ella, que al parecer había terminado en el suelo. Él reconoció sus ojos despiertos y dejó de zarandearla.

Dijo algo pero ella sólo pudo asentir, todo lo que él le decía parecía tener perfecto sentido pero al mismo tiempo no entendía ni una palabra. Apenas se percató de que Ichigo metía la mano por debajo del suéter y extraía un termómetro del pliegue de su axila. El joven lo dejó en el suelo mientras mascullaba algo con palabras que sonaban duras.

Rukia sintió que se elevaba del suelo y, como transportada por una nube, entraba a una habitación un poco más fresca que la anterior. Empezó a temblar y tuvo que asirse del brazo de Ichigo, quien la sostenía con fuerza, para no perderse de nuevo en aquel torbellino oscuro plagado de pesadillas.


Yyyyyy fue todo por hoy. A ver, fue muy ridículo? Fue irreal? De terror? Si no comentan, nunca podré saber.

Abrazo,

Abarai Ebril