CAPITULO 3*
—Así que, ¿que soñaste?—Dijo Emma en un intento de cortar la tensión que se había creado, producto de la incomoda situación.
—Bueno, soñé que estábamos en el parque, el mismo donde nos conocimos ahora, y que yo te daba una rosa y luego te besaba-Emma empezó a toser, se había ahogado con el café que había pedido.
Escucho como Killian soltó una risita entre dientes, pues intentaba disimularla.
—¿Disculpa?—Dijo Emma, entre furiosa y sorprendida.
—Lo siento, amor. ¿Estas bien?—La rubia dejo a un lado la sorpresa y se enfureció aun mas. Se debatió sobre irse, darle una bofetada al hombre o las dos.
—No me digas amor, mi nombre es Emma. ¿Entendido?—Él asintió, pero Emma supo que no le haría caso.
Sin embargo, mas tarde—y Emma lo noto—Killian decidió ser mas caballeroso con la rubia, no solo por su curiosidad por saber que significaban los sueños, sino también que no quería que lo alejara de ella.
—Bien, te he contestado. Ahora, ¿que haz soñado?—Emma lo miro. Ni de broma le hubiera dicho que había soñado lo mismo, pero sentía la curiosidad persiguiéndola y no quería permitirse mas noches en vela y mañanas llenas de café.
—Soñé lo mismo que tu—Confeso, Killian la miro.
La rubia no lo sabia, pero para Killian era una posibilidad—que aumento, junto con sus esperanzas-de que ambos algún día estuvieran juntos.
En la mirada azulina de el había un brillo y un sentimiento que Emma no supo descifrar, pero cualquiera que se haya enamorado lo hubiera descrito como ilusión y esperanza. Pero Emma no podría, ella era fría y se había cerrado hace mucho al amor. Las desilusiones la habían vuelto fácilmente una persona desconfiada.
Killian sinceramente, no recordaba haber sentido nada así desde hace años. Era algo extraño, tan solo con verla sentía que se le aceleraba el corazón. Y ni hablar de cuando se hundía en los hermosos ojos avellanas de la rubia, era como si el tiempo parase y lo único que quería hacer era besarla y abrazarla.
Ella inhalo profundamente antes de hablar.
—¿Investigaste algo al respecto?
—De hecho, no al principio. Creí que tal vez te había visto en algún lado y entonces soñé contigo o que era una casualidad, pero un mes después sin duda no lo era así que busque—Emma deseaba con todas sus fuerzas que hubiera descubierto porque soñaban eso o como detenerlo.
—Pero no dieron muchos resultados—Agrego el, estrellando a Emma de la realidad, que había estado imaginando con que dejaría de soñar con el y hasta nunca, adiós.
—También yo.
—Ya que sabes mi nombre, ¿tal vez sepas algo mas de mi?—Inquirió.
—Bueno, se que tienes un hermano y que eres de Irlanda.
—Es cierto. ¿Algo mas?
—Se que cuando eras pequeño jugabas a ser el capitán Garfio—Agrego ella, un tanto avergonzada por saber de su infancia.
-Yo se que tu padre se llama David, tu madre Mary Margaret y que tu mejor amiga es Ruby—Dijo señalando con el mentón a Rubí, que atendía otra mesa. ¿Tengo razón?—Dijo Killian, arqueando su ceja izquierda.
Emma advirtió que tenia razón, y que ese gesto le hacia aun mas guapo. Ella asintió con la cabeza.
La siguiente hora se la pasaron charlando, la mitad del tiempo de los sueños y de su vida personal, ademas la otra media hora se la pasaron charlando de cosas triviales como si fueran viejos amigos que hace mucho tiempo que no se ven.
Luego de un llamado por parte de Henry, debió despedirse, no sin antes recibir el numero de Killian.
Luego de irse a su departamento, tomo el papelito escrito con su numero y lo miro, sonriendo como una tonta adolescente.
Concéntrate, Emma. Lo importante es saber de los sueños
—Mamá... mamá—Dijo Henry pasando su mano de arriba a abajo frente a su vista. Habia entrado y ni siquiera lo había notado.
—Emma—Saludo, un tanto seca, Regina.—¿Podría quedarme hoy con Henry?
—Si, si Henry quiere.—Dijo ella, un tanto distraída.—¿Que harán?—Pregunto con curiosidad y desgano.
—Iremos al cine, luego a un parque de diversiones, comeremos helado y...—Henry se le adelanto a Regina, esta le dio una mirada cómplice.
—Bueno, sera mejor que nos vayamos. No queremos llegar tarde.—Dijo Regina, dando por cortada la charla.
—Claro. Adiós, mamá—Dijo Henry, la aludida le dio un beso en la frente, ambos salieron.
Emma se acostó en su cama, cerro los ojos, pensando nueva e inevitablemente en Killian.
El teléfono la saco de su ensoñación.
—¿Emma?
—¿Killian?—Pregunto con confusión.
—¿Como tienes mi numero?—Emma llego a pensar que tal vez si era un acosador.
—Se lo pedí a Ruby—Dijo su voz con tranquilidad.
Oh. Ruby la había traicionado. Pero Emma la conocía, así que lo mas probable era que ella creyera que le hacia un favor dándole su numero a un completo desconocido.
—¿Que quieres?
—Preguntarte si quieres salir a cenar.
¿Cenar? ¿Con él?
¿Era ella o eso le había sonado a cita? Agh, tal vez esta paranoica.
—Como dos...—Se detuvo, no podía decir "amigos". No eran amigos, ¡se habían conocido hoy! ¿Conocidos? ¿Por que seguía sonandole a cita?
—¿Como dos desconocidos que quieren conocerse?—Dijo la voz masculina, sin que Emma notara el sutil toque de decepción en su voz.
—Bien. ¿En media hora?
—Eh, si. Yo te paso a buscar—Respondió.
—¡Espera! ¿Sabes mi dirección?—Pregunto Emma, desconfiada.
—Eh, no. ¿Me la pasas?
—Mejor te veo en el allí. ¿Te parece en el Granny's?—Pregunto Emma, al no encontrar algún restaurante que mencionar.
Emma tan solo esperaba que el no supiera que viviera en los departamentos de la abuela de Ruby.
Se cambio, trato de vestirse no demasiado elaborado para no dar una impresión equivocada en Killian. Lo único que quería era saber porque tenían los mismo sueños y como detenerlo.
Bajo cinco minutos antes, para hacer que había llegado recién, pues no quería que él supiera donde vivía. Al menos, no por ahora.
Lo vio entrar cinco minutos después, mostrando sus blancos y perfectos dientes en una gran sonrisa.
—Hola, siento llegar tarde—Se disculpo. No era tarde, pero él no parecía saber que hora era. Se encogió de hombros y le sonrió, quitandole importancia.
Luego de pedir, se pusieron a charlar de cosas triviales, entre ellas detalles un tanto personales.
—Así que irlandés, ¿eh?—Él sonrió.—Y, ¿por que haz dejado Irlanda por un desconocido y pequeño pueblo en Maine?—Pregunto curiosa.
—Vine porque quise viajar un poco porque...—Se callo de repente. Emma estuvo a punto de decirle que si no quería hablar de ello no lo hiciera, pero él inspiro hondo y continuo-—vine tratando de olvidar a una persona y luego de instalarme aquí comencé a soñar contigo así que no me fui.—Agrego luego como si estuviera hablando del clima, la rubia dejo de sonreír, repentinamente incomoda.
Ella había notado la sutil indirecta de la atracción de Killian hacia ella, y eso la hacia sentir confusa e incomoda.
No había tenido, lo que podría decirse, buenas experiencias en el amor. Y el hecho de los sueños y la repentina aparición del ojiazul la ponía... cohibida. Si, esa era la palabra.
Ella cambio de tema, y él, lo noto pero prefirió dejarlo pasar.
Luego de terminar de cenar, siguieron hablando un rato mas. Después de que ella se fijara la hora, concluyo la charla y se dispuso a irse.
—Emma—Su voz la detuvo en seco—. Ven, quiero hablar contigo. No puedes evitarlo por siempre, debemos hablar de nuestros sueños. La casualidad no existe, si te conocí fue por algo.
Ella no se movió, en su mente se ideaban cientos de modos de huir, y una de ella era salir corriendo. Claro que tendría que buscar a donde irse—o el descubriría que vivía en el hostal de la abuelita— y probablemente el la seguiría.
Entonces ella susurro un débil adiós y presurosa salio del local.
No corrió realmente, pero camino lo mas rápido que pudo sin que realmente diera la impresión de estar huyendo, aunque así era. Y ni siquiera sabía a donde dirigirse.
Cuando solo había avanzado una cuadra, sintió un mano reteniendola.
—Emma...
—¡No!—Ella vio la frustración en su rostro—¿Por que no pudiste dejarlo solo así?
—¿Como? ¿Ignorando el hecho de que he soñado contigo desde hace mas de un mes? ¿Que me desvele pensando en ti y los sueños?
Emma lo miro dolida, tal vez había sido un poco brusco.
—Killian, simplemente...—Emma dejo la frase a medias, porque la mano de él se poso sobre su mejilla y con la otra aparto un mechón de cabello que le entorpecía la vista a sus ojos avellanas.
Ella no se movió y contuvo la respiración por el contacto. Pero se alejó rápidamente volviendo a levantar sus muros.
Emma entonces, susurro nuevamente un adiós y se fue, esta vez caminando normalmente, dejando atrás a un decepcionado Killian.
