CAPITULO 4*

Emma despertó.

Y nuevamente había soñado con Killian. Y esta vez si se besaban.

Anoche se había ido luego de sentir esa atracción hacia Killian, de no haberlo hecho, ¿quien sabe lo que hubiera pasado? Bueno, el problema era que ella sabia que pasaría y lo deseaba tanto que le daba miedo permitir que pasase.

Mientras desayunaba con Henry, reviso su celular al oír que sonaba. Killian debía ser la única persona en sus contactos que no tenia una canción para sus mensajes pero de todos modos Emma no tenia demasiados contactos. Era un mensaje.

De: Killian.

Oye Emma, me preguntaba si quisieras tomar algo de chocolatada caliente en algún lado e investigar acerca de... bueno, ya sabes.

De: Emma.

Killian, no se si seria bueno.

De: Killian.

Emma, vamos, olvida lo de anoche si es por lo que no quieres. Pero ven, por favor, ambos necesitamos saber lo que pasa con los sueños.

De: Emma.

Bien, en tu casa a las cinco hasta las seis. Hoy tengo día libre y quisiera pasarla con mi hijo.

De: Killian.

De acuerdo.

A las cinco en punto Emma ya estaba frente a la puerta de Killian, algo raro considerando que no era muy puntual. Al tocar él abrió rápidamente y la invito a pasar.

—Bueno, este es mi apartamento—Anuncio Killian al tiempo que cerraba la puerta detrás de mi.

Observe todo a mi alrededor con suma atención. Era un departamento ni muy grande, ni muy chico de paredes celestes cielo. Cerca de una ventana con una hermosa vista al mar había un cuadro muy bonito de un enorme barco que extrañamente se me hacia familiar.

Me acerque al cuadro y lo observe detalladamente.

—¿Bonito, cierto?—Dijo Killian parándose a mi lado.

—Mucho. Este cuadro... se me hace familiar—Él sonrió.

—A mi también.

Luego vi que en un mueble de madera oscura había varios cuadros con fotos y algunos recuerdos de viajes, la mayoría relacionados con el mar como pequeños barcos. Una de las fotografías tenia a un bebe sentado en el piso de alfombra y reía mientras sostenía un auto azul de juguete. Tenia el cabello negro y hermosos y grande ojos azules. Era Killian, sin dudas Emma lo habría apostado.

Tomo una foto, tuvo que reprimir un sonrisa porque sentía la mirada de Killian sobre ella. En la fotografía se podía observar a Killian y a su hermano sonriendo frente a una torta. Los ojos de ambos eran del mismo mar azul pero no le daban la misma sensación de tranquilidad e intensidad que los de Killian.

Me senté en un sillón color beige y Killian se sentó junto a ella. Traía su computadora portátil.

Su mano rozo accidentalmente la de ella enviando pequeñas corrientes de electricidad a todo su cuerpo.

Estuvieron largo rato investigando, anotando información que creían que seria útil y leyendo.

—Esto es inútil.

—Lo averiguaremos.

Emma estaba a punto de replicar cuando sonó su teléfono.

—¿Hola?

—¿Mama? Regina quería saber si podría dejarme en casa hoy, estará ocupada.

—Claro, por supuesto. Te veo en casa en diez minutos.

—¿No estas ahí?

—No, estoy en casa de un amigo. Adiós, te veo allí.

—Adiós, mama.

—Adiós—Colgó antes de que pudiera contestarle.

—¿Amigo?

—No creo que decirle a mi hijo por teléfono que conocí al hombre con quien comparto sueños sea lo mejor.

—Buen punto. ¿Tienes que irte?

—Si, Regina estará ocupada y no puedo dejar solo a Henry.

Killian la acompaño hasta la puerta y allí Emma le dio la mano antes de que él pudiera acercarse demasiado para un beso en la mejilla o un abrazo, o como sea que quisiera despedirse. Él estrecho la mano de la rubia sin disimular su decepción.

Que intentara acercarse a ella y se alejara mas era desesperante, era un hombre paciente pero realmente no sabia los motivos de Emma para alejarse, mejor dicho los sabia pero no sabia porque no confiaba en él.

Acercarse a Emma era como destruir un muro, daba trabajo, pero también era como si ella se sentara y empezara a construirlos nuevamente, haciendo que todo sus intentos sean para nada.

—¡Swan!—La llamo cuando estaba alejándose. La aludida se volteo pero no regreso a su lado.

—Sal conmigo, una cita.

—Killian, ya te había dicho que...

—El sábado, te recogeré a las ocho y media.—Dijo sonriendo y luego hizo algo que la rubia no podía creer: se metió a su casa rápidamente sin esperar la respuesta.

Emma negó mientras se quedo estancada en medio de la calle por unos segundos mas hasta que reacciono y se subió al auto.

De todos modos no vendrá a casa a las ocho pensó