Sólo puedo decir que me divertí muchísimo escribiendo esto, enserio, se supone que iba a hacer otra cosa y estaba tan entretenida que se me fue la hora.
Hetalia no me pertenece y jamás lo hará.
Después de eso había pasado un año, aunque el recuerdo aun era claro y doloroso. Esto había marcado la mente de Ludwig, normalmente cuando se distraía recordaba la fatídica noche, como si apenas hubiera pasado el día anterior.
Tras pasar un tranquilo día con su mejor amigo Italia, llego a su casa, por alguna razón no había luz, lo correcto seria revisar si es que algún fusible se había fundido. Solo que encontró algo que lo desconcertó, una carta en un sobre extraño, con la poca luz de la noche que había la leyó. No podía creer lo que veía, era imposible, ante tal locura solo reacciono en llamar a su amigo, pero cuando marco el número recibió la respuesta de la operadora de que ya no tenia servicio.
Estaba apunto de salir corriendo de la casa y hacer algo que quizás hubiera lamentado el resto de su vida, pero por suerte escucho algo fuera de lo normal proveniente de los cuartos de su casa. Su hermano estaba tirado en su estudio intentando respirar desesperadamente, además estaba más pálido de lo normal ¿Cómo era eso posible?
Todo lo que paso para Ludwig era casi como una cámara rápida en ese momento, sabe que llamo a los vecinos para que pidieran a una ambulancia, ya en el hospital los doctores trabajaron para mantener estable a Gilbert, y un par de horas después le estaban diagnosticando que su hermano tenía leucemia. Mucho tiempo después el alemán asociaría que el hecho de que su hermano tuviera buena salud hasta ahora era porque dependía directamente de Alemania, pero ahora que ya no tenían una conexión con los países su cuerpo había empezado a fallar, la misma razón por la que no se lo habían llevado y podían seguir viendo.
Con el deber de cuidar a su hermano y crear su nueva vida el tiempo paso muy rápido, hasta la actualidad. Ludwig tiene un buen puesto como ingeniero en una compañía de evaluación de empresas, se le hace fácil considerando que tenia que organizar el ejército de su país, además del de Italia.
El hombre no podía evitar sonreír cada vez que recordaba al italiano, aunque a veces también le preocupaba, ¨ ¿Tendrá trabajo?¿Extrañara a sus hermanos?¿Seguirá sonriendo como siempre?¨ eran las típicas preguntas que pasaban por su mente.
̶ ¿Señor Beilschmidt?─ Lo llamo su secretaria desde la puerta.
─ ¿Si?─Respondió cuando devolvió a la realidad, que era su oficina en un edificio ubicado en Berlín.
─ ¿Qué desea almorzar hoy? ¿Quizás wrust? ─La pregunta estaba por cortesía ya que el siempre pedía lo mismo.
─ No es necesario, hoy voy a salir a comer con mi hermano, aunque aun no se donde llevarlo ─ Comento.
─Escuche que abrieron un restaurante italiano por aquí cerca, si es que quiere probar algo nuevo ─ Sugirió la mujer, aunque no lo recordaba muy bien.
─ Me agrada la idea, gracias─
─ De nada, señor Beilschmidt ─
Hoy su hermano tenia una cita con el doctor, pero para hacer la tarde un poco mas alegre había decidido llevarlo a comer, era realmente triste que se tuviera que quedar constantemente encerrado en la casa, o en la clínica si es que se ponía peor.
─ ¿Comida italiana? Suena bien, aunque nunca va a ser mejor que la de el, Lud ─ El albino había perdido la costumbre de llamar West al otro, básicamente por que el otro se lo pidió, era mejor olvidar lo que más pudieran.
─ Lo se, pero hoy estaba pensando en el ─Recordaba perfectamente que el italiano hacia la mejor pasta del mundo, no importa a cuantos restaurantes fuera ninguno era igual.
─ ¿Cuándo no? ─ Dijo riéndose con su estrepitosa y singular risa, era una de las pocas cosas que aun mantenía.
El más alto se sonrojo levemente, era una verdad que lo hacia constantemente, pero no era el único, pensaba en toda esa gente que había conocido, pero que jamás volvería a ver ─ Entra ─ Fue su única respuesta.
─ Pero no te enojes ─ Seguía riéndose, no podía evitarlo.
Una vez adentro del lugar se sentaron en una de las mesas del fondo, el ambiente era muy agradable, con una decoración de cuadros y flores que combinaban perfectamente.
─ ¿Eso es Milán? ─ Pregunto el prusiano, que apuntaba al cuadro que estaba justo frente a su mesa.
─ Si lo es, señor ─ Le respondió un camarero, obviamente italiano por su acento ─ Es una ciudad muy bella ¿Usted ha ido? ─
─ Un par de veces con mi hermano ─ Otra cosa que no había perdido era su carisma ─ Aunque prefiero Roma ─
─ Son dos ciudades muy diferentes en muchos sentidos ─ Poso su mano en el hombro de Ludwig ─ ¿Y usted amigo que piensa? ─
El aludido lo pensó durante unos segundos ─ Me gusta más Venecia, siempre la he encontrado una ciudad muy hermosa ─
─ Ciertamente, ahora ¿Qué desean comer? ─Pregunto finalmente.
─Dos platos de pasta, por favor ─Finalmente dijo el alemán.
Luego de la comida, a la que ambos comentaron que jamás seria mejor a la de Italia, se fueron al hospital, era algo que tenían que hacer constantemente para asegurarse del que mayor se encontraba mejor. Su doctor era el mejor doctor que se podía conseguir en Alemania, de eso se aseguraba Ludwig, aunque a pesar de sus capacidades no habían progresado mucho.
─ Buenas tardes ─Lo saludaron los dos con cortesía.
El hombre se veía particularmente serio, no era un hombre alegre, pero ahora se le notaba especialmente ─ Buenos días ─
Se sentaron frente al escritorio del doctor, el hombre ni siquiera los miraba, ya que tenia los ojos fijos en unos papeles ─ Doctor podemos apurarnos ¿Quiero irme a mi casa? Realmente estoy muy cansado ─ Comento el albino.
─ Gilbert ─Lo amonesto el menor.
─De hecho esto será rápido, no me demorare mucho ─Les explico ─ Como ya sabrán Gilbert tiene LMA, leucemia mielogena aguda, una enfermad fácil de curar en niños, pero con adultos es otra historia, mientras mayor es la edad mas complicado se vuelve, durante todo este tiempo me he creído capas de curarla, pero me equivoque, tu cuerpo no reacciona correctamente a todos mis procedimientos, ya no se que es lo que tengo que hacer, esta fuera de mis alcances ─
─ ¿Qué vamos a hacer entonces? ─ Pregunto Ludwig desesperado.
─Lo mejor que les puedo recomendar es que viajen a Estados Unidos, estoy consiente de que ahí podrían encontrar una ayuda para usted, también puede quedarse acá, pero sinceramente si tu hermano vuelve a tener otra recaída dudo que podamos mantenerles vivo ─ Tomo el papel que había estado observando con atención, para luego entregárselos ─ Se que en este hospital de Nueva York hay muy buenos doctores, quizás ellos podrían ─
Se fueron a su casa muy desanimados, con una noticia así era lo normal, Gilbert por su lado se encerró en su cuarto sin decir nada, lo único que deseaba en ese momento era dormir hasta no poder más. Luego estaba Ludwig que se sentó en la sala a mirar el vacío, el realmente había pensado que su hermano se podía salvar, pero ahora lo estaba dudando, ya no sabia que hacer.
Miro el teléfono por unos segundos hasta que se decidió por marcar el numero donde trabajaba ─ Buenas tardes, señor Ludwig ─ Contestaron, por suerte seguían ahí.
─ Buenas tardes ─Respondió amablemente ─ Deseo que le informe al jefe que renuncio, lamento muchas las molestias de abandonar el proyecto ahora mismo, pero por un tema personal no me queda de otra, mañana pasare a buscar mis cosas ─ Finalmente colgó, ahora tendría que hacer mucho si quería irse lo más rápido posible.
Dicen que todo lo malo viene junto, pero también que la única manera de subir es estar abajo.
Hoy hice una importante investigación sobre la leucemia sólo por ustedes y porque no tenía idea que era.
Gracias por leer y hasta luego.
