Cuanto tiempo, volví, lo lamento, a mi tampoco me gusta que no terminen los fics, pero bueno al menos no volví.

Hetalia no me pertenece y jamas lo hará


El sabor de la comida aún estaba en la mente del alemán, aunque sabía que podía ser sólo una coincidencia. De todos modos investigaría, si era el italiano en realidad sería una buena noticia.

Solo que ahora no podía encargarse de eso, ya que se encontraba en una importante reunión con los inversionistas de la compañía, sólo, porque Alfred se había escapado de la reunión con un joven desconocido. Por lo que Ludwig no tuvo de otra que ser su representante, no por decisión propia, sino porque el otro lo dejo explícito en los papeles para la reunión.
Si bien se encontraba un poco distraído mantenía anotaciones de todo lo que se estaba diciendo para luego informarle de lo que había ocurrido, claramente tras regañarlo.
—El señor Jones tiene bastante confianza en usted—Comento uno de los socios, tan sólo al verlo recordó que poseía un 5% del empresa, Alfred mantenía el 60 para sí mismo—Lo dejo a cargo de todo, un hombre como usted entenderá que esta situación nos alarma—.
—Comprendo perfectamente, sin embargo yo estaba tan sorprendido como ustedes al recibir esa información—.
—Lo notamos, pero queríamos preguntarle si usted sabía la razón de esto—Comento el hombre que poseía el 10% de la compañía.
No deseaba decir la razón, pues para cualquiera es bastante frustrante que los demás crean que está ahí gracias a sus contactos—La verdad es que conocí al señor Jones hace unos años atrás—.
—Eso tiene mucho sentido—Dijo el mismo hombre—No me tranquiliza demasiado, pero si el señor Jones confía en usted, tendremos que poner un voto de confianza, espero que no nos decepcione señor Beilschmidt—.
En ese mismo momento el celular del alemán comenzó a sonar, lo cual creo un ambiente incómodo. Las únicas dos personas que poseían su número no lo llamarían, uno porque se encontraba con su doctor y el otro no lo haría cuando sabía que estaba en una reunión que el mismo debería estar presente.
—Discúlpenme— Dijo el rubio justo antes de dirigirse a la salida.
—Decepcionante— Murmuro uno de los presentes.
Ludwig desconocía el número que lo llamaba, pero había aprendido a contestar de todos modos, nunca sabía quién podía ser.
—Buenas tardes—Contesto él.
—Buenas tardes—Le respondió una mujer que el alemán jamás había escuchado—¿Ludwig Beilschmidt?
—El mismo—.
—Debo informarle que su hermano, Gilbert Beilschmidt, fue internado en la clínica internacional de Nueva York debido a una recaída—.
—Entendido, estaré lo más rápido posible ahí, muchas gracias—.
—De nada, le recuerdo que sus signos vitales están correctamente, por lo que no es necesario que tome ningún riesgo al venir aquí— Tras eso colgó.
Era evidente que los socios estaban molestos por su rápida partida, sin embargo no le importó, su hermano era la prioridad, otro trabajo se podía conseguir.
Aún no estaba acostumbrado a Nueva York por lo que no sabía moverse en lugar, no le quedaba de otra que pedir un taxi, se tardaría más que si usara el transporte público.
El tiempo se le hizo eterno, sentía que el auto frenaba cada cinco segundos, además de que todos los semáforos se ponían en rojo cuando les tocaba cruzar a ellos. Al llegar, contra sus principios, prácticamente le lanzó el dinero al chofer para salir corriendo hasta la clínica.
Tras pregunta apresuradamente por la habitación de su hermano se dirigió a esta tan rápido como pudo y entonces vio lo que siempre le rompía el corazón.
Odiaba profundamente tener que ver a su hermano conectado a las máquinas, mientras Gilbert lo veía con un rostro cansado y triste, que encajaba tan poco en él. Era como si el hermano mayor que recordaba desde pequeño hubiera desaparecido completamente de la faz de la tierra. El alemán deseaba poder darle su fuerza como antes, aunque el mismo perdiera su vitalidad, tan sólo para darle un poco de libertad a su vida en los años que le quedaba. La vida de un humano era corta, la de alguien que sufría leucemia aún más corta.
Se sentó a un lado de la cama, mientras intentaba no mostrar su preocupación, no deseaba hacer que su hermano se sintiera peor de lo que ya estaba— ¿Cómo te sientes?—Le pregunto.
—Estoy bien, es lo mismo de siempre—Dijo el mayor con una sonrisa forzada—En unos días estaré bien como siempre—.
—Lo importante es que te sientas bien ahora—.
—Claro, lo que ocurre es que me sorprendí un poco, pero no una buena sorpresa, sino una muy mala—.
El alemán en realidad no estaba entendiendo a que se refería el otro.
—Ya lo entenderás después—Murmuro el albino— Y estoy casi seguro que a ti tampoco te gustará—.
—Quizá sería bueno que durmieras un poco Gilbert, mientras hablo con tu doctor—Mientras decía eso le arreglaba las sábanas que tenía sobre él.
—Me siento como un niño pequeño, siento que siempre me estas mandando a dormir, a menos que sea yo mismo que se queda dormido sin darse cuenta—.
—Gilbert, sólo es para que te mejores rápido y puedas volver rápidamente a casa, en realidad me vas a hacer falta—.
—Ahora tu eres el pequeño—Se rio el prusiano con un poco más de fuerza—Pero no me sorprende que vayas a extrañar a tu genial hermano mayor—. Ver un poco de vitalidad en su hermano hacía sentir un poco mejor al rubio— Iré a buscar a tu doctor así que duerme— Se levantó del asiento tras decir eso.
—Tienes suerte de que en realidad tenga sueño ahora—Le respondió con algo de frustración.
Ludwig se retiró de la sala con la esperanza de que su hermano descansara un poco, tras verlo se sentía un poco más tranquilo, sin embargo en realidad deseaba hablar con el doctor para estar completamente seguro que no había riesgo de que ocurriera algo peor.
Mientras estaba sumido en sus pensamientos un hombre más alto que él se acercó— ¿Señor Beilschmidt?—Pregunto, aunque este ya sabía la respuesta.
El rubio lo miro al rostro y se dio cuenta rápidamente de quien era—Una mala sorpresa—Murmuro para sí mismo, recordando lo había dicho Gilbert, para luego responderle al hombre—Si ¿Y usted es?—
—Ivan Braginski, el doctor de su hermano—Le respondió el ruso con una de sus sonrisas, aparentemente inocente—Usted debe ser su hermano—.
—Está en lo correcto—.
—Deberíamos hablar del estado de su hermano, como sabrá ahora mismo no se encuentra en riesgo, pero prefiero mantenerlo internado para mantener un control de su estado—Le explico el más alto, sin importar que relación hubieran mantenido antes, ahora quería mantener su fachada en uno de los mejores doctores del mundo— ¿Me acompaña hasta mi oficina?—.
El alemán le siguió sin dudarlo, sin embargo le llamaba la atención que el otro no hiciera ningún comentario respecto a lo que habían pasado y la situación que vivían, aunque supuso que ya había pasado por esto con su hermano.
Al llegar se sentó en la silla de los pacientes, mientras aguardaba a que el doctor dijera algo.
—Voy a ser directo contigo, pero esta es una información que sólo manejamos tu y yo, como avanza su enfermedad el terminara muriendo—.
—Pero hay algo que se pueda hacer—Al decir esto el rubio levantó la voz.
—Naturalmente, y eso vamos a hacer—Saco unos papeles de su escritorio para comenzar a escribir en ellos—No sólo vamos a comenzar un nuevo tratamiento, voy a hacer que vuelva a hacer como era antes—.
— ¿Enserio?—Pregunto incrédulo.
—Si es mi paciente si, ya que tu hermano parecía un poco reacio a la idea—.
—Me refiero, a curarlo—.
—Es algo difícil, podría hacer que su calidad de vida mejorara notable, pero si deseas que se curé podríamos probar con algunos tratamientos, sólo que con eso no puedo prometerte nada—.
—Muchas gracias— Estaba siendo muy sincero, si podía salvarlo iba ser el hombre más agradecido del mundo.
—Empezaremos el tratamiento lo más rápido posible, en uno o dos días para estar seguro de que se encuentra estable—Le entrego un papel en donde se explicaba todo—Estos tratamientos lo dejarán aún más cansado que antes, en un principio, pero si las cosas salen bien podríamos llegar a ver una mejoría, sin embargo para estar seguro va a tener que estar vigilado constantemente—.
La verdad es que el alemán no disponía de tiempo para cuidar a su hermano todo el tiempo, por lo que eso le creaba un gran problema.
—Podrías contratar a alguien—Sugirió Ivan al ver su cara—Hay una gran disponibilidad de asistentes, estos saben cómo manejar cualquier situación, en caso de que tu hermano tuviera algún problema—.
—Ya veo—.
—Estoy seguro que en recepción podrían darte una lista con la gente que está autorizada, además de sus anteriores referencias—.
—Gracias—Se le hacía raro tener que comportarse así con el otro, las cosas habían cambiado mucho— ¿Podría hacerte una pregunta?—.
—Da—.
─ ¿Por qué eres doctor ?—.
—Sentí simpatía por los doctores, tras—Hizo una pausa antes de continuar, estaba buscando la manera correcta de decirlo—El incidente ¿Por casualidad tú te enfermaste?—.
—No, por lo menos no que recuerde—.
—Pues a mí me bajaron las defensas rápidamente, provocándome una sería pulmonía, por suerte me encontraba en el ciudad y me atendieron rápidamente, supongo que tras esa experiencia me pareció una buena opción de vida, después de todo a los doctores ganan bastante ¿A qué te dedicas tu Ludwig?—
—Soy ingeniero—.
—Oh ¿Enserio?—.
—Si ¿Por qué?—.
—Es que me imaginaba que te dedicabas a otra cosa, pero no tiene importancia—.
—Ivan ¿Te has encontrado con los otros?—No pudo evitar preguntar, después de todo era un tema que le interesaba, aunque no sabía hasta qué punto era correcto que hablar de esto estaba bien. Encontrarse era una cosa, pero preguntar por los demás era diferente.
—Muy pocos, conocí a Yao, un chino bastante extrovertido, en el aeropuerto y para mi sorpresa el mismo me pidió mantener contacto—Mostró una sonrisa al de ir esto.
— ¿Busca a sus hermanos?—.
–Sí, pero no ha tenido suerte, también vi a un griego, pero no recuerdo su nombre, y un australiano—Se tomó unos segundos para continuar—Eres el único que está con su hermano ¿Será porque Gilbert es diferente?—.
—No veo otra razón—.
El ruso anoto otra cosa en un papel y se lo entrego al otro, era un número de teléfono— Si bien creo que nos veremos bastante me gustaría que lo tuvieras—.
Se sorprendió bastante, después de su última alianza no había mantenido una relación particularmente amistosa— ¿Por qué?—.
— ¿Sabes que me dijo Yao cuando le pregunte eso? Que me extrañaba, que era cierto que nos peleábamos entre todos, que no nos aguantábamos ni ver la cara, que nos habría encantado poder hacer otra guerra, pero que cuando ya no estuvimos se dio cuenta lo mucho que todos le hacíamos falta, estábamos solos en el mundo y que no teníamos idea de cómo ser una persona, la verdad es yo también extraño eso, aunque no volverá es difícil no añorarlo, ojala todos estuviéramos juntos─.
Claro que extrañaba a los otros pero jamás se había parado a pensar en ello, no había tenido tiempo para eso, tenía que centrarse en cuidar a su hermano, pero no pudo evitar preguntarse si este habría sentido algo así.
Tras hablar con el ruso fue a despedirse de su hermano, pero este seguía durmiendo, por lo que prefirió dejarlo dormir. Antes de irse al departamento también le consulto a la recepcionista por lo que Ivan había mencionado, pues deseaba que hubiera alguien disponible apenas su Gilbert volviera a casa.

En cuanto llego se recostó en el sofá, pensando en que podría preparar para cenar, sin embargo mientras más lo pensaba más se sentía cansado, hasta que finalmente se quedó dormido ahí mismo. Había sido un día demasiado largo para él y temía que el día siguiente fuera igual.

Era su amigo, su mejor amigo, una de las personas que más apreciaba en el mundo, podría tener miles de defectos, pero seguía siendo su amigo donde sea que estuviera ¿Estaría solo? ¿Habría sabido cómo cuidarse? ¿Tendría trabajo? ¿Estaría con su hermano? ¿Lo extrañaría?
Con una vida tan larga no es raro que el rostro de la gente se empiece a difuminar en tu mente, había tenido demasiados jefes en su vida, y había conocido aún más gente de su propia nación, pero ahora los países que empezaban a perder colores en su mente ¿Llegaría el día en que se cruzara por la calle con alguien importante y no fuera capaz de verlo?
Solo que aun lo recordaba, aún era capaz de sentir lo cálido que era dormir a su lado, como sus abrazos parecían traer alegría, como se asustaba cuando debía regañarlo, lo mucho que le gustaban los gatos, lo muy cobarde que era, que aun así intentara ayudarlo, lo poco comunes, pero bellos que eran sus ojos, sus pinturas, su comida, su todo, lo difícil que fue separarse cuando la guerra acabo, lo mucho que lo extraño, lo pacifico que fue estar en un mundo sin guerra y tantas cosas como esas, no podía olvidar ningún detalle que había aprendido, jamás.
La verdad es que el mismo dejo de existir cuando dejo de ser Alemania, no había sido la culpa de su hermano, mejor dicho esta fue la razón porque debía seguir viviendo cada día, porque él era un país perfectamente funcional, uno que guiaba a otros para mantener su economía y política a flote. Él se sentía orgulloso cumpliendo su rol como era debido y en ningún momento de su vida añoro haber sido otra cosa ¿Por qué? Si en su mundo todo funcionaba correctamente.
Quizá si enfermo en un principio, sin embargo era algo tan banal, en su vida como país se había sentido peor, y eso no había podido acabar con él, por lo que continuo con su vida, consiguió un trabajo bien remunerado para poder pagar lo que necesitara, lo decidió en tan solo unos minutos en base a cuales eran sus habilidades y que demandaba el mercado durante estos años.
Cuando Gilbert enfermaba se sentía muy solo, era como si este se llenara de un silencio total, el cual podría volverse eterno, todo pendía de un hilo, pero no podía centrarse en eso, ya que no podría mantener su calidad de vida si es que perdía su trabajo. Mientras menos tiempo tenía el silencio menos importancia tenia, llenaba su propia mente con problemas simples, una compañía no manejaba la misma cantidad de dinero que un país del primer mundo, por lo menos esa no.
Pero al caer la noche ni el más duro de los proyectos podía ocultar la verdad, al dormir solo podía pasar tiempo consigo mismo, con lo que ocultaba en la parte más interna de su mente, esa que la había pasado mal. Tan solo tenía que abrir los ojos para poder escapar de esa pesadilla, esa que le estaría esperando en las noches siguientes, pero no importaba, porque durante el día era Ludwig Beilschmidt un ingeniero muy bien pagado cuyo único problema era enfrentar la dura enfermedad por la que estaba pasando su hermano.

Despertar a la mañana siguiente fue muy doloroso, tanto la espalda como el cuello le molestaban, pero era un efecto de haberse quedado dormido en el sillón de la sala, por muy cómodo que fuera no era el lugar correcto para dormir. Esto no evito que siguiera con su rutina diaria, sólo lo hacía un poco más lento.
También deseaba llamar a su hermano, sin embargo decidió posponerlo pues a estas horas podría seguir durmiendo, ya sabría de el a una hora más adecuada.
Lo siguiente en su lista de pensamientos era su trabajo, y una vaga esperanza de que Alfred se encontrará en este. De todos modos se encargaría de todo, aunque el estadounidense se encontrará en la oficina, era exactamente igual que en la ONU.
Se formó una sonrisa en sus labios, no duro por demasiado tiempo, pero hasta el mismo se dio cuenta como le hacían sentir esas cosas.
Sin embargo había otras cosas en que pensar, como la asistentes, hoy durante su descanso se encargaría de eso.


Espero que le haya buscado, y si que aun no hay señal de italiano, pero prometo que volverá, como prometo subir en un lapso menor a un año.

Gracias leer, nos vemos