— ¿Puedo besarte?—
— ¿Qué dices? Siempre supuse que eras un niño depravado.—
— ¿Entonces, eso es un SÍ?—
Este tiempo que pasamos separados, me sirvió para valorar mucho más lo que tenemos, porque es único. Nunca he visto una pareja más disfuncional y perfecta que nosotros dos. Y ahora comprendo, que de no habernos conocido en esta vida, lo haríamos en otra, o en la siguiente. Aunque peleemos, ambos sabemos que somos hechos exactamente a la medida.
Con aroma de café
Besos amargos
Capítulo
III
"Es tan irónico que un beso amargo te endulce la vida"
Las visitas con Mai fueron más constantes, por lo general en las noches. Hablar con ella le hacía muy bien. Le encantaba pasar ratos a su lado, salir de la monotonía, de su entorno laboral. Normalmente permanecían en la vieja casa, no salían, siempre y cuando fuera necesario. Sus encuentros eran acompañados por una exquisita taza de café, impregnado sus labios de esa sustancia amarga y a la vez dulce. Trunks sentía que estaba rodeado por sencillez y confianza. Sus pláticas, cada vez era más fluidas. El carácter de la Mai comenzó a cambiar ya no era sólo silencio, misterio, tristeza, sino en su rostro se pintaban sonrisas. Sin darse cuenta le empezó a tomar cariño.
Trunks estaba consiente de la extraña belleza de Mai. Ellos comenzaron a tener roces de miradas. Cada visita al momento de abrirse la puerta y verse, sentían emoción. Eran abordados por mariposas en el estómago que los hacía estremecer en lo más profundo de sus almas, predominando el sonido de sus acelerados corazones. No evitaban sentir vergüenza y de alguna forma trataban de disimularlo, fingir que no pasaba nada. El par de ojos azules se conectaban siempre en ese instante del saludo. Sus rostros ligeramente se sonrojaban por igual. No lo reconocían, pero ciertamente había un tanto de química entre ellos. Él llevaba tiempo que no sentía algo similar. Con la vida tan vacía que llevaba junto con aquellos amores superficiales que se encontraba cada fin de semana, olvidó lo que era sentir. Pero, esto era algo especial«¿Por qué?» Eso mismo quería descubrir. De él nació un instinto protector hacia ella. Quería complacerla, ayudarla en todo, aunque ésta se opusiera con arrogancia y berrinches infantiles, muy típico de Mai. A Trunks no le importaba, sólo deseaba que no se sintiera sola. Porqué él estaría a su lado siempre pese a cualquier circunstancia: siempre.
Dos meses después.
En una de sus visitas nocturnas el joven trajo consigo una cápsula. Cuando la hizo estallar y el humo se disipó, se mostró un televisor con equipo de teatro en casa. Esa noche tenían planeado ver una película. Mai había seleccionado una con el trama un tanto trillado «Una persona que se transformaba en bestia al ver la luna llena» Con el equipo instalado y con la película dentro del reproductor, pronto se sentaron a la orilla del colchón que se encontraba sobre el suelo. Se cubrieron con sábanas formando una especie de capucha sobre sus cabezas. Nunca habían estado tan juntos. Con sus manos llevaban a la boca palomitas de maíz que aguardaban en un recipiente de plástico en medio de los dos y sodas de naranja a sus lados. Así mismo dio inicio la función. El ambiente era grandioso, tenebroso, frío. Estaban como dos adolescentes teniendo su primera cita. Qué contrariedad, a sus veinticuatro años y comportándose como críos. En otros ayeres Trunks no se hubiera prestado a esa situación tan infantil y lo primero que se le viniera en mente es tener sexo con Mai a como diera lugar. Pero no, esta vez no. Era un hecho que sentía cierto deseo por ella, naturalmente. Sin embargo, quería darse la oportunidad de experimentar lo que en verdad implicaba el proceso de enamoramiento o en su defecto el saber lo que era salir «bien» con una chica, sin excesos, sin alocados impulsos y sobre todo dentro de sus cabales.
Durante la película:
Los chicos sin parpadear estaban atentos a los sucesos. Una voz escalofriante comenzó con el relato de la historia.
"En una ciudad no muy lejana, existía una pareja de novios que se amaban con locura; Matt y Stacy. Eran unos chicos ordinarios de diecisiete años de edad. Cursaban la preparatoria, eran la pareja más popular entre los jóvenes de su grado. Ambos soñaban porque llegara la noche del baile de fin de cursos... ¿Pero llegarían a esa noche con tranquilidad?—Auuuuuu"
— ¡BAH! Esto es tan predecible ¿no pudiste escoger algo mejor, Mai? — expresó un amargado Trunks alzando una de sus cejas, retorcía los labios.
— ¡Eres un niño tonto! Apenas va empezando y ¿no te gustó? Ni siquiera le haz dado una oportunidad— contestó Mai bajo su capucha masticando palomitas— se pondrá interesante ¡ya lo verás!—rió un tanto aniñada.
— Una burlesca y discreta sonrisa se escapó de él—¡pff! en verdad espero qué así sea, Mai— dijo con los cachetes inflados por las palomitas de maíz que comía impulsivamente. La actitud saiyajin, presente ante cualquier circunstancia, más tratándose de comida. Después de todo ya había un poquito de confianza.
Los encapuchados voltearon a verse unos segundos. Él aún con los cachetes inflados y ella con la lata de soda en sus manos. Sin más, devolvieron sus miradas al enorme televisor plasma que iluminaba sus rostros por la luz incandescente que emitía.
"Cuenta la leyenda que en el poblado de Tarrytown aparece un lobo acechando por las calles, interrumpiendo la paz de los habitantes. Una noche, Matt, caminaba a altas horas de la noche por la banqueta. El chico sintió que algo lo seguía, nervioso, asustado, aceleró su paso."
— ¡Oh no!— exclamó Mai—Ese lobo va morder a Matt. Entonces… entonces ... cuando este en el baile con Stacy él… él… se transformará en ¡bestia! ¡y se la va a comer!—expresó nerviosa con sus manos en las mejillas, histérica.
— ¡Vamos! No seas exagerada. En esa caso seria lo mejor de la película, no te adelantes— soltó una carcajada— Él a ver a Mai tan asustada pensó— Las mujeres son pésimas para ver esta clase de películas. No me explico el porqué Mai, siente miedo con semejante cosa tan ridícula. En especial cuando se trata de la bestia.
En los momentos más emocionantes ella cubría sus ojos con las manos.
Un rato después:
"Stacy, por favor no me mires, aléjate de mi, ¡VETEE!— ¡NO! Como voy a dejarte aquí, Matt, no te ves bien, tenemos que regresar al baile, es nuestra noche ¿no lo entiendes? Tú y yo somos los reyes del baile... ¿Matt, qué te pasa cariño? — ¡arggg! ¡Stacy vete! corre ¡arggg!—¿ ¡qué le pasa a tu piel!?—¡arggg!— Matt cariño, por favor respóndeme, dime algo, tus ojos... tus ojos... ¡ESTÁN ROJOS!
— ¡Vaya! Hasta que se pone interesante— dijo Trunks con singular alegría— esperé siglos por algo emocionante.
" ¡AAAAHH! Matt cariño, reacciona por favor, reacciona, reacciona. Soy yo, Stacy. ¡No puede ser! ¡NOOO! tú, tú, tú... —¡arggg!—¡ERES LA BESTIA!— Auuuuuuu"
Mai quedó perpleja ante la escena de la transformación de "La bestia" sin habla, sin aliento, su expresión desencajada, respiración agitada y sus manos tensas.
En una simple cuenta del uno al tres, todo cambio.
Uno, los recuerdos traicionan su mente. Dos, sus ojos ven otra realidad. Tres, su cuerpo tiembla del pánico. Y finalmente, fue sumergida en aquella catastrófica escena de su antigua juventud.
— Mai ¿te encuentras bien?— preguntó preocupado Trunks al ver la expresión de pánico en su rostro— ¿Me escuchas?
«No, no lo hacía»
— "El. ..mono… gigante"— susurró, en pleno trance con voz temblorosa poco entendible.
— ¡¿Qué dices?! ¡¿el mono gigante?!— Trunks volteó al televisor pensado que quizás se había perdido de algún detalle importante de la película. Pero no, no había ni un maldito mono gigante en la pantalla— ¡¿de qué mierda estás hablando?!— la tomó de los hombros agitándola— ¿Mai, me escuchas?— la interrogante se convirtió en un eco sin final.
«Me escuchas, me escuchas, me escuchas, me escuchas»
Castillo de Pilaf
— El plan resultó ser todo un éxito, su excelencia. Goku, Bulma, Krillin, Yamcha, Oolong y Puar, están encerrados en el cuarto de cristal. Ni como escapen de ahí. Mi señor Pilaf puede ir a descansar sin pendientes— dijo Mai, haciendo reverencia.
— Está bien, me adelantaré. Shu, Mai, ustedes también descansen. Fue un largo día, tenemos las esferas del dragón. Mañana nuestros esfuerzos al fin darán frutos ¡SERÉ EL AMO DEL UNIVERSO!— afirmó el hombrecillo verde.
Eran altas horas de la noche. Mai caminaba por los pasillos del castillo con una bata de dormir rosa vaporosa y un oso de felpa entre sus brazos. Ella se dirigía a la habitación a descansar, lugar donde se encontraban Shu y Pilaf. De momento, hizo una pausa, se asomó por una de las tantas ventanas del castillo y quedó deslumbrada. La Luna era enorme, brillante, más hermosa que nunca. Pero un mal presentimiento le invadió en el pecho, su vista se colocó hacia el cuarto de cristal, todo parecía estar en orden, ahí estaban «ellos» sentados, cabizbajos. Aparentemente todo normal.
En la cama aferrada a su osito se durmió. Aunque muy a la fuerza no con total tranquilidad. Ella siendo mujer tenía una gloriosa intuición, temía que algo pasará.
Una hora después.
— ¡AAARRGG!— se escuchó un poderoso rugido y un gran estruendo.
—¡¿Qué es ese ruido?!— preguntó Shu.
— Parece que viene de afuera— afirmó Mai temerosa.
En segundos, un mono gigante destruyó la habitación donde estaba ella. Vio esos ojos rojos, tan temiblemente ROJOS. Era la bestia más espeluznante y enorme que había visto en su vida. Temblando rodeada entre escombros y con el osito de felpa en la mano tuvo que correr por su vida.
— ¡NOOOOOO! El mono gigante ¡CORRAAAAN!— Gritó enloquecida.
— ¡NOOO! ¡El mono gigante! Está destruyendo el castillo ¡CORRAN! ¡No quiero moriiiiiiir! ¡Suéltame, suéltame!
— ¡Mai, tranquilízate por favor! ¡ESCÚCHAME!— exclamó el chico alterado sosteniéndola de los hombros.
— ¡NO,NO, NO! ¡ME VA A COMER! ¡NO QUIERO MORIR!— no entraba en razón.
— Tranquila ¡NO PASA NADA! Por favor mírame, yo estoy aquí contigo, no pasa nada ¿de acuerdo?— Trunks al fin la calmó.
Mientras tanto, Mai volvía «en sí» de ese trance. La imagen del mono gigante se esfumaba. Sus ojos fueron distinguiendo un par de ojos azules, un cabello lacio lila, un atractivo rostro de tez morena; era Trunks, era él y sólo él.
Ciertamente entre el mono y Trunks; no existía mucha diferencia. Lo que Mai ignoraba, es que en esos ojos azules había descendencia de lo qué más le temía en la vida: EL MONO GIGANTE. Con el tiempo ataría cabos respecto a eso.
Después de un mar de pasión, serenamente acariciaban sus cuerpos desnudos. Las manos de Mai justamente acariciaban la espalda de él.
— Trunks, siempre he querido preguntarte algo ¿puedo hacerlo?
— Adelante amor— besó su frente—pregunta lo que quieras ¿sí?— sonrío.
— ¿Por qué tienes una cicatriz justo en tu espalda baja?
— Él buscó su mirada— ¿qué nunca te lo conté?
— T...r...u...n...k...s— respondió desconcertada.
— ¡Eso es! sí, soy yo ¿ya estás bien?— la abrazó, estaban de rodillas en el suelo con las capuchas —Ahora dime ¿de qué me perdí?— sin más estalló en risas —¡POR KAMI! ¿qué mierda fue eso? De verdad me diste un tremendo susto, no sabia si llevarte con un doctor ó llamar a un exorcista ¡ja,ja,ja! Había olvidado lo graciosa que eras, cambiaste todo lo de la película, Mai ¿por qué?— no paraba de reír.
— ¡ERES UN NIÑO TONTO! Tú... tú no sabes lo feo que es encontrarte con un mono gigante y correr por tu vida— exclamó alterada con sus mejillas sonrojadas dando de golpes en el pecho del chico.
— ¡Ja,ja,ja! ¿Y me supongo que tú sí? De modo, que encontrarse con un mono gigante en las calles es algo ¡tan normal! —lo dijo con burla.
— ¡Ya basta, Trunks!— se sentó nuevamente a la orilla del colchón, él hizo lo mismo.
Ella recargó la cabeza en el hombro de él, aún estaba avergonzada por tremenda escena que protagonizó. No paraba de temblar. Sus manos se aferraban a la sábana con fuerza. Trunks sin intención de burlarse más cambió su expresión para darle ánimos.
— Ya falta poco para que termine la película, soporta un rato más ¿sí?—sonrió tiernamente.
Así paso media hora. Y Mai no vio el resto de la película. En los momentos más cruciales cerraba los ojos aferrándose a él. En esos instantes Trunks sintió mucha ternura. Le gustaba ser abrazado por ella y percibir su aroma. El joven se convenció de que hay cosas tan hermosas que puedes experimentar con una mujer. Dejando lo sexual por un lado hay detalles que alimentan el corazón. Como la compañía de alguien especial.
La película junto con la histeria de Mai había finalizado.
— ¡Listo! por fin terminó, Mai. Para la próxima veremos otra cosa ¿Qué te parece?—No respondía—¿Mai...?
Levantó con los dedos la sábana que cubría su rostro. La sorpresa fue: que estaba dormida. Un mal movimiento de su hombro la hizo caer en el colchón. Él con sus reflejos la tomó de la cintura, y sus brazos quedaron atrapados en ella.
Se sonrojó, la observó por unos minutos. Cuidadosamente sacó uno de sus brazos que estaba sumergido en el cuerpo de Mai. La tenía tan cerca de él que no soportó más. Con la mano acarició su nariz, frente y boca, finalizando por el cabello. La luz de luna que entraba por la ventana iluminaba su rostro, la hacia lucir más hermosa. Éste tipo de escenas para él no eran novedad, ya había vivido algo similar con otras chicas. Pero esto era diferente. Por primera vez no sentía esos impulsos locos. El viejo Trunks no hubiera perdiendo el tiempo y buscaría la forma de escabullirse entre las piernas de la chica. Pero no, no quería hacerlo, no aún. A lo que no pudo resistirse fue a sus labios rojos. En verdad quería besarla. Se acercó y faltando poco para la union de sus labios, tocaron la puerta.
En seguida se levantó dirigiéndose a la puerta. — Qué raro que alguien toque de esa forma y para colmo tan tarde—Sin más alternativas abrió.
— ¡Buenas noches joven! ¿se encuentra, Mai? En verdad me da mucha pena decir esto, pero, necesito que para mañana desocupe la casa a primera hora. Va atrasada en sus pagos, me dijo que pronto buscaría trabajo, qué se pondría al corriente. Pero no veo nada de su parte aún— dijo un señor de complexión robusta, algo mayor.
— Entiendo señor. Mire, ella está durmiendo en estos instantes. Si me lo permite yo puedo hacerme cargo de éste problema. Deme un segundo por favor— sacó del pantalón su billetera y le dio dinero al anciano—¿Cree qué con esto es suficiente?—su mano sostenía una gran cantidad de billetes de las denominadas más grandes.
El anciano observó en las prendas de Trunks la insignia de la Corporación Cápsula—¿La Corporación Cápsula? ¿trabaja ahí joven?— preguntó asombrado.
— Si, así es. Tomé el dinero y ésta tarjeta. Cualquier cosa de ahora en adelante comuníquese conmigo—El viejo se impresionó al ver que la tarjeta de presentación decía «Trunks Brief» no lo podía creer. El heredero de la compañía más rica del mundo ante sus ojos, recargándose en el marco de la puerta de la vieja casa.
Impactado el señor y con una risa nerviosa se dio la vuelta. Se marchó con singular alegría. Después de todo, ya tendría dinero del alquiler de la casa seguro durante un largo período.
Trunks cerró la puerta. Regresó con Mai, le quitó aquellas botas militares que parecían gustarle mucho. La cubrió con una de las sábanas. A un lado del colchón dejó su teléfono y dinero. En casa buscaría un nuevo móvil para él.
— ¿Mai, ya te vas? pero ni siquiera me haz dado tu número de teléfono.
— Yo soy pobre ¡no tengo dinero para esas cosas!— intentó huir la niña durante el juego de bingo.
En cuanto al dinero tenía aún una parte de la mesada que su padre le entregaba y de los trabajos que hacia en el laboratorio. A decir verdad, el dinero no lo necesitaba. Hizo conciencia que la primera vez que vio a Mai en el centro de la capital, había terminado su contrato laboral. Aparte, todo éste tiempo que estuvo en su casa no le dio oportunidad de buscar nada. Probablemente sus recursos ya estaban por agotarse. De alguna manera quería agradecerle.
Recordó que una ocasión Mai le dijo que era de espíritu indomable «ando de un lugar a otro niño, sin rumbos» Trunks no quería que la presión del dinero fuera un motivo exacto para que «ella» desapareciera otra vez. Ya no podría, no soportaría estar sin ella, no otra vez. Él se recostó a un lado de la chica, rostro con rostro. Uno de ellos adornado con bellas pestañas y un pronunciado delineado negro y sobre éste una ligera sombra de color rojo, tan rojo, como el color de sus labios que parecían ser una deliciosa e hipnotizante cereza en almíbar.
El rostro de él estaba más perplejo que nunca. Con esa mirada azul que le distinguía, tan intensamente azul con pupilas dilatadas. Tragaba a cada segundo saliva por los profundos deseos que luchaba por controlar.
Cada visita era una un disfrute y a la vez una agonía. Así mismo, fue creciendo poco a poco un sincero deseo por ella. Cada risa, cada mirada, cada plática, inyectaban su alma. Esa potencia, ese deseo por lo inmaculado, por lo difícil, por lo prohibido, por lo que algún día anhelaba tener y merecer con creces lo estaban matando. Era un hecho, quería esos labios, quería ese cuerpo, quería todo de ella. Agitó su cabeza moviéndose con discreción su lacia cabellera lila, parpadeó e inmediatamente se incorporó. De no ser así quién sabe lo que hubiera ocurrido. Besó su frente y se marchó.
«Me gustas, te quiero, Mai»
A la noche siguiente:
Sin falta fue a verla. La chica abrió la puerta con la vista hacia abajo estaba avergonzada pero aun así le cedió el paso. Dentro de la casa, olía exquisitamente, aquel rico aroma se desprendía de aquella improvisada cocina. Y ahí estaba ella, dándole la espalda con su cabello recogido con una coleta. Un mandil se sujetaba de su cuello y de su cintura. Tenía una actitud decidida, concentrada en lo que estaba haciendo. Su actividad no interrumpió su hablar.
— No tenias que hacerlo, niño. Yo estaba a punto de buscar un trabajo. Te lo pagaré, lo prometo — dijo mientras cortaba unas verduras para su guiso.
— Mai no te preocupes «esto es poco a comparación de lo mucho que hiciste por mi» Mira, tenemos tiempo de frecuentarnos, tenme confianza. Lo hice de buena fe « en verdad me importa que estés bien» Además, si de trabajo se trata ¿por qué no trabajas para mí? Me atrevo a decir que sé de tu gran habilidad en lo eléctrico, aparte tienes grandes actitudes en la mecánica. Tan sólo me bastó ver como tú misma arreglabas aparatos de tu casa. ¿Qué hay de la "Mai-Machine"que construiste? ¿el radar del dragón? Tú y yo seriamos una pareja de trabajo que llegaríamos muy lejos. Eso podría garantizarlo.
— La chica de ojos azules volteó de reojo hacia él— lo pensaré— dijo con seriedad—Trunks,ya sabes mis impulsos estoy acostumbrada a ser libre. Sólo hazme un favor, no me tengas lástima, niño— seguía con la preparación de la cena.
— Él se acercó a ella por detrás. La tomó por la cintura, su rostro rozó su mejilla y al oído le susurró —Ya te lo dije, lo hice porqué quise ayudarte ¡en serio!—dijo con bondad—Ahora dime ¿A qué se debe está deliciosa comida que estás preparando? acaso ¿es para mí? Después de todo tienes muestras de gratitud ¿cierto?— se le pintó una sensual sonrisa en los labios. Con sus dedos tomó una tira de zanahoria que crujió entre sus diente al masticarla.
Mai se sonrojó, sus brazos se pusieron tensos, perdió sincronía de sus movimientos. La voz de Trunks en su oído, la paralizó, la estremeció, la hizo llegar a un punto meramente excitante, su piel se erizó. Algo que le costaría horrores reconocerlo «¿excitada yo? ¿por él?» El joven no se apartó de su cintura su objetivo de ahora en adelante eran: sus labios rojos.
...
A lo lejos se escuchó un estruendo. Hizo que ambos se vieran a los ojos.
—¡¿ Qué es eso? ¡— dijeron al mismo tiempo el par de ojos azules y fueron asomarse por la ventana. El cielo era pintado por hermosas explosiones de fuegos artificiales.
— ¡Aaah, ya comprendo! ¡Ya empezó el festejo!— exclamó Mai. Trunks la miraba sin comprender—Verás, un chico de ciudad como tú, no tiene idea de nada— sonrío— a unos kilómetros más hacia adelante hay otros pequeños poblados. Hoy están de fiesta, hacen celebraciones tipo Matsuri. Hay vendimias, comidas, desfiles. Todos se visten con kimonos japoneses. La gente que vive a fueras de la Capital de Oeste aún conservan ciertas tradiciones, además son más relajados y alegres.
— Entiendo, con que de eso se trata ¿Por qué no echamos un vistazo?— preguntó Trunks— Sería divertido nunca salimos. Qué dices ¿si?— preguntó animado.
— Pero de aquí que lleguemos al lugar ya habría acabado el festejo, niño— lo miró cruzándose de brazos.
— ¿Acaso se te olvido una de mis grandes cualidades, Mai?
— ¿Qué dices?— se sorprendió.
— Anda deja eso... ¡Vamos!— se dirigieron a la puerta.
Ella se quitó el mandil, soltó su cabello. Él la tomó de la mano. Salieron de la casa, corrieron para obtener impulso— ¡Toma fuerte mi mano, Mai!—Y Trunks voló junto con ella.
— ¡DETENTE! ¡DETENTE TRUNKS!—Gritaba la chica histérica— pero al ver la preciosidad de la Luna, las estrellas y el cielo de mil colores le pareció magnifico. Dejó de gritar, se entregó al vuelo, al vértigo, a la emoción. Confiaba en esos ojos azules, en el calor de su mano.
— ¡ji,ji,ji!— risa aniñada de Mai — él niño Trunks me toma de la mano, qué cálida es. Está avergonzado. Pero ¿por qué no voltea a verme? El señor Pilaf... el señor Pilaf ¡nos vio! ¡qué pena!— pensó la niña.
— ¡Listo, llegamos! —Trunks se estabilizó en el aire. Después impulsó a la chica hacia él, quedado abrazados frente a frente. Ella se aferraba al chaleco del chico. Él tomó su espalda y cintura forrada con esa gabardina verde.
— ¡Caray! había olvidado lo que era esto de volar—dijo entre risas, Mai.
— ¡Niño! ¡¿qué haces?!— el pequeño Trunks la tomó de los brazos y se elevó— puede ser peligroso— dijo asustadiza, la niña.
— Tranquila, Mai—sonrío— subiremos a esas palmeras. Hay que ver las estrellas ¿sí? ¡son hermosas!
— ¡Mira, Mai! Tienes razón es un festival hay un pequeño desfile. ¿Quieres bajar? — preguntó el joven con cortesía manteniendo el timbre de su voz cerca de ella.
— Pero... entre tanta gente es mejor verlo aquí ¿no crees? Mmmm ¿qué te parece sobre el techo de aquella casa?— sugirió mientas señalaba con su mano.
— Sí, me parece perfecto— se dirigió hacia allá.
Con la mejor de las vistas disfrutaron del momento. Vieron comparsas, disfraces. Había tanta alegría en el lugar que rieron mucho. Los juegos artificiales deslumbraban con preciosos colores el cielo majestuosamente. Al terminar una de sus tantas risas Trunks miró a Mai. En el techo no había necesidad de estar abrazados aunque permanecieron así con grata naturalidad. Él se percató de ese detalle, su risa se esfumó. Mai tímidamente llevaba rato observándolo disimuladamente. Después de un rato, sus miradas se conectaron. El palpitar de su corazones se hizo presente. La piel blanca de la chica con su timidez contrastaba con la piel bronceada de él. El mundo desapareció, solo eran ella y él. Sus rostros se pintaban de todos colores: rosa, verde, blanco por la pirotecnia. Él se perdió en los ojos azules de ella y vio en sus orbes aquella escena de la infancia:
— Verás… quise impresionar mi amigo y le inventé que tú eras mi novia.
— Y ¿por qué tendría que ser novia de un niño como tú?
— Porqué eres una niña ¿no?
— ¡Ay, es cierto!
— ¿Entonces qué dices? ¿fingirás ser mi novia?
— Pero si finjo ser tu novia ¿qué se supone que tendría que hacer?
— Podríamos pasear por ahí o tomarnos de las manos.
— ¡¿QUEEE?!
«Estos niños de ahora son una completos depravados»
Volvió de ese vago recuerdo. Y frente a él estaba el rostro más precioso que había visto en su vida. El silencio se hizo presente. Sus corazones latían fuertemente, paladeaban saliva, estaban nerviosos. Sin más el chico rompió el silencio, ya no podía soportarlo, si no actuaba se quemaría por dentro.
— ¿Y si finges ser mi novia?—preguntó, mientras acercaba su labios hacia los de ella. Aun manteniéndose abrazados.
Mai estaba nerviosa, sonrojada, pero muy atraída por él. Entonces retomó aquella escena diciéndole:
— Y si quieres qué finja ser tu novia ¿Qué tendría que hacer?— preguntó con sus labios temblorosos.
— Tal vez—hizo un silencio—abrazarnos más fuerte o ...besarnos.
Ese fue el último diálogo. Sus labios se juntaron como imanes. Cómo si éstos hubiesen sido diseñados para encajar a la perfección. Al compás de su unión se abrían y se cerraban con fricción mientras sus inquietas lenguas exploraban. Sintieron sus corazones, su respiración. Suspiros salían de lo más profundo de sus almas, separarse parecía imposible. Se besaban apasionadamente como si no existiera un nuevo amanecer. Trunks con mucho esfuerzo separó sus labios. Sin abrir los ojos besó su nariz y frente. Tenía que decirlo antes de besarla otra vez.
— ¡Me encantas! No sé qué hiciste pero en verdad me gustas mucho—
— Pero... pero...— sin dejar que terminara de hablar él la besó de nuevo con todas sus fuerzas.
Él entregó parte de su ser en ese beso. Mostró de lo que en verdad estaba hecho; un humano lleno de amor, miedos, debilidades, virtudes, que moría por amar y ser amado de verdad. Ambos chicos se necesitaban uno al otro.
Éste amor irá a grandes escalas. No quedará en un tonto juego de la infancia, va a sobrepasar fronteras. Él sabía que cuando probara sus labios, todo cobraría sentido. De ahora en adelante siempre la besará hasta quedarse sin respiración. Sabrá esperar el momento exacto para unirse a ella y formar un solo ser. Porque el amor que se tienen es tan grande que no puede quedar en puntos suspensivos. Ese amor tiene que continuar y continuará de alguna u otra forma por mucho tiempo más.
CONTINUARÁ...
Muchas gracias querido lector por llegar hasta aquí. Hasta el próximo capítulo ¡NOS LEEMOS!
Beta Reader: Mari Tourquiose
Con Cariño:
Kuraudea.
