Tú, la cabello largo ¿cómo te llamas, jovencita? ¿qué edad tienes?—

— Mi nombre es Mai, su excelencia. Acabo de cumplir dieciséis años, mi señor—

— Eres muy joven, aunque se ve que tienes grandes actitudes. Necesito una persona como tú en mi equipo ¿quieres pertenecer a mi escuadrón personal?—

— Mi señor Pilaf, para mí sería todo un honor, es lo que he querido siempre en la vida— se arrodilló haciendo reverencia a su Excelencia—

"Nuestro mejor maestro, es nuestro último error. Y el peor error es mirar lo de ayer con los ojos de hoy. Un ancla aún se mantiene sobre mis hombros, la del pasado"

Con Aroma de Café

Verdadera Esencia

IV

"Cada sorbo de café sabe como a tus besos y se siente tan cálido como tu aliento"

Trunks y Mai sellaron su significativo pacto de amor durante el beso debajo de los juegos artificiales. Él siguió con sus constantes visitas nocturnas. Pero al abrirse y cerrarse la puerta de la casa vieja, ya no era igual que antes. Ahora, después del cordial saludo,se daban un tierno beso con aroma de café dejando una estela de sabor amarga y dulce en sus labios. Trunks fue quién tomó la iniciativa de está nueva forma de saludarse, le costó tanto convencer a la chica pero accedió al final, después de todo ya eran más que amigos. Sin embargo, Mai tenía sus costumbres «de mustia» muy arraigadas en su persona. A ella le faltaba mucho por aprender en el arte del amar, pero se esforzaba, pese a sus ideales se esforzaba por hacerlo.

(...)

Una noche.

— Él tomó de su mano— Ven, Mai— se puso de rodillas en el suelo— Ahora tu haz lo mismo arriba del colchón.

— ¿Y esto para qué niño?— preguntó confundida.

— ¡Ya lo verás! Anda, hazlo por favor— Mai hizo lo que Trunks le ordenó— Ahora bien, si te fijas estamos en igualdad de estatura— entrelazó sus manos colocándolas en su estómago, cerró los ojos y después de un suspiro, sentenció— BÉSAME...

— ¡¿QUÉ?! Pero ¡¿por qué?! «maldito depravado» — preguntó alterada.

— Verás, no te sientas ofendida Mai—entre abrió sus ojos—esto es muy normal, no esperes a que siempre te bese yo. Si tú tienes ganas de besarme ¡hazlo! no te reprimas por favor, si me quieres abrazar ¡hazlo! Y si quieres tocar de mi mano o simplemente acercarte a mí, te invito a que lo hagas sin pena, sin remordimiento. El arte del amor es mutuo, de dos, tiene que ser recíproco. Yo recibo, tú recibes. Con esto comenzamos ¿quieres que te enseñe a besar correctamente?— Mai movió su cabeza en señal de un SÍ con el rostro colorado— Pues entonces... bésame— volvió a cerrar sus ojos.

Ella con nervios colocó sus manos en los hombros de Trunks, se acercó a su rostro. Titubeo un par de veces retrocediendo cuando estaba próxima a unir sus labios a los de él. Pero finalmente, lo hizo. Lo besó de una forma muy sencilla, inexperta. Él la tomó de la cintura, brotó su experiencia en pocos segundos, sumergió a Mai con él en el beso más profundo abriendo con magnitud sus labios. Un beso lento pero exacto, precisó, él interrumpió sutilmente el beso.

— Bien, no está mal Mai— tocó sus mejillas— Sólo trata de no estar tan rígida, suéltate, déjate llevar ¿de acuerdo?.. Bueno... intentémoslo otra vez ¿sí?— y sus labios se volvieron a unir.

(...)

"El café de las mañana es tan placentero, como las noches que paso a tu lado"

Un día normal como cualquier otro en la Corporación Cápsula, el joven Trunks tomaba a sorbos una exquisita taza de café, era hora de la merienda. Ese sabor, ese aroma, le provocaba satisfacción porqué recordaba todo de ella: su cabello, su piel, sus torpes besos, su aliento, sus labios, su hermoso rostro. Ellos tenían un par de días sin verse, el motivo de su ausencia fue por exceso de trabajo. Estaban próximos los nuevos lanzamientos de la empresa así que requerían de arduos chequeos. De alguna forma Trunks quería hacerse presente con Mai, le mandaba mensajes al móvil que le había regalado. Se esmeraba tanto por escribirle y mandarle hermosos textos pero, terminaban en frustración por no ser contestados ninguno. La incertidumbre lo mataba, se preguntaba miles de veces porqué ella era así con él. Después de todo esa noche del Matsuri se confesó, tenían días besándose, moría por verla. En pocas palabras ya era novios «otra vez» aunque ya no de juego sino ahora de verdad.

Trunks estaba con la vista perdida en la taza de café, distraído, como en otro mundo. Su madre sorpresivamente con cautela lo pescó por la espalda abrazándolo fuertemente.

— ¡Querido!— le plantó un beso en la mejilla a su adorado hijo— ¿Qué tanto piensas, mi amor? Haz estado distraído últimamente, mmmm no sé qué te pase, pero, haz cambiado—sonrío.

— ¿A qué te refieres mamá?— preguntó el chico con serenidad en sus palabras— simplemente, soy yo otra vez.

— Sí, sí, pero, algo me inquieta de ti—dijo su madre con tono pensativo—Hasta tu padre se dio cuenta que haz estado diferente. A lo que me refiero es que ya no sales a divertirte, llegas temprano a casa, eres constante con tus entrenamientos. Además, llegas temprano al trabajo ¿en verdad estás bien, mi amor? Sigo pensando que hay algo que no me quieres contar ¿es una chica, verdad?—le guiñó un ojo.

— Mamá ¡¿otra vez?!—frotó su frente con la mano—no me trates como un niño— hizo un peculiar gesto de frustración en su rostro—Pero bueno, ya que lo mencionas... no hay nada de malo en madurar un poco.

Su madre soltó una carcajada que detuvo con su mano forrada de aquellos guantes que solía usar para trabajar ¡Su astucia, era impresionante! con tan poco descubrió a su hijo.

— ¡Es una chica, LO SABÍA!—su madre se aferró a él rozando su mejilla en el rostro del chico con amor—¡Mi querido Trunks esta enamorado! hijo no tienes que ser tan discreto. Imagino que es alguien especial ¿verdad? deberías de traerla a casa para conocerla.

— Sin más alternativas el chico cedió—Por favor mamá, no me atosigues de esa manera. Además no habrá falta presentártela— se sonrojó.

— Pero... ¿por qué no?— preguntó confundida Bulma.

— Porqué verás, ella—hizo una pausa—Ella es aquella novia que tuve cuando era niño, en tu fiesta de cumpleaños— se sonrojó aún más, su mirada se fue hacia el suelo.

— Con que se trata de aquella niña ¿un viejo amor, eh? ¡es muy linda!— sonrío con picardía—Desde niño fuiste un poco atrevido cariño, además te aislaste con ella arriba de las palmeras ¿crees qué no te vi?—Bulma no paraba de reír, sentía gusto por su hijo.

— ¡Bien, ahora ya lo sabes!—dijo resignado— Sólo espero que no me fastidies ¿de acuerdo? — se levantó de la silla—saldré un rato mamá.

— ¡Anda, anda! ve a verla— su madre continuaba riendo.

Trunks voló a dirección de casa de Mai, sin importar que fuera de día. Necesitaba abrazarla, besarla, platicar con ella. Llegó como de costumbre, tocó, la chica abrió la puerta. Ella se sorprendió al verlo, no sin antes darse un discreto y tímido beso. Él portaba bata blanca y lentes, se miraba muy atractivo.

— ¡Niño, qué sorpresa!— exclamó Mai—Anda, entra.

— Sí, lo sé— entró, cerraron la puerta—He tenido mucho trabajo últimamente, te escribí todos los días ¿por qué no me contestaste?

— Yo no soy blanda como tú, Trunks. Me cuesta trabajo asimilar todo esto e incluso responderte, pero aunque lo dudes leí todos tus mensajes— agachó la mirada apenada.

— ¿Por qué me haces sufrir de esa forma, eh?—la tomó de la mano, la abrazó meneándose de un lado a otro—Te extrañé, te extrañe mucho, tonta.

Mai con el rostro sonrojado correspondió el abrazo. De alguna forma estaba gustosa por escuchar que la extrañaban.

— ¿Por qué haz venido tan temprano? Siempre vienes en las noches— dijo durante la unión de sus cuerpos con el rostro en el pecho de Trunks.

— Tenía muchas ganas de verte—expresó con voz sincera acompañado después de un suspiro— sólo estaré un rato aún no termino con los proyectos. Pero haré todo lo posible por desocuparme rápido y venir en la noche.

— Entiendo— dijo la chica. Ambos chicos intensificaron el abrazo.

Era inevitable, sus labios inconscientemente pedían besarse una vez más . Asimismo fue, Mai levantó su rostro, se miraron por unos segundos, ella «atrevidamente» le quitó los lentes. Éste se estremeció por el acto. Con delicadeza le tomó de la barbilla y finalmente sus labios se juntaron otra ves. Sentían que el alma les corría por todo el cuerpo causando excitaciones. Sus pieles se erizaban.

Al ritmo del beso iban dando pequeños pasos, al no ser consientes tropezaron, cayeron sobre el colchón. Su entregado beso fue interrumpido por sus risas. Él quedó arriba de ella, le acarició el rostro, juguetearon un rato con sus dedos dibujando figuras en sus mejillas, rieron más. De un momento a otro las caricias pasaron a mayor grado, más por parte de él. Le besaba el cuello, la oreja y aquel lunar que se encontraba a un costado de su ojo izquierdo «un lunar bastante sexy» mientras tanto, una de sus manos exploraba sutilmente las piernas blancas forradas con medias. Alrededor de sus muslos había un ligero que las hacia detenerse. La situación se tornaban candente, los besos más arrebatados, a pesar de tener sus prendas puestas sentían sus cuerpos. Entre tanta pasión el deseo los invadió. De tener una postura recta encontraron la posición correcta «y yo inexplicablemente accedí» La chica por propia naturaleza femenina abrió sus piernas con lentitud, y él escabulló su cadera en medio de ellas. Empezaron a tener ligeros movimientos de la pelvis, un vaivén de sus caderas siendo causante de emitir algunos discretos gemidos. Se gustaban, se amaban, se deseaban, sólo había un paso por hacer, desvestirse y entregarse en plenitud.

Trunks sin dejar de besarla empezó a quitarse la bata blanca arrojándola sin rumbo, aflojaba su corbata, desabrochaba los primeros botones de su camisa con desesperación, se sumergió aún más en el cuerpo de ella, fue abriendo algunos botones de la gabardina verde militar. Seguían con el vaivén de sus caderas, pero ahora con más intensidad. Él no aguantaba más quería hacerlo, «quiero a hacértelo, Mai» entre tanta pasión y afloje de prendas algo los interrumpió... Una música que provenía de su móvil fue la causante de menguar el momento. Él aún con comprometedora posición estiró su mano, tomó el teléfono y revisó, era llamada de su casa, tenía que regresar al laboratorio «rayos» sin más, ambos desbarataron ese misionero improvisado. Por una parte, consideró bueno detenerse la amaba tanto que, su primer encuentro no quería que fuera rápido. Tendría que esperar otra oportunidad para hacerlo correctamente.

Pero... ¿por qué la deseaba tanto? Trunks estaba acostumbrado a tener noches pasionales con chicas. No le costaba nada de esfuerzo desvestirlas, tener sexo con ellas. Técnicamente como a todo joven llego a ser muy placentero, aunque sólo eso. Pero ese instante con ella era diferente, era descubrir algo prohibido. Debajo de esa gabardina verde no se miraba ni un gramo de piel. Probablemente eso le carcomía por dentro; la curiosidad de descubrir ese cuerpo.

— Creo que tengo que irme.— besó su frente, ayudó a Mai a levantarse.

— ¿Vendrás en la noche?— preguntaron los labios rojos, algo inflamados.

— Espero que si, sino te avisaré de todas formas— se dirigieron a la puerta, le dio un beso en los labios y se marchó.

La noche llegó y tristemente no pudo ir a verla. Le mando un mensaje a Mai para avisar que no iría. Así, fueron los siguientes días para él, con bastante trabajo. Aún así se escapaba por ratos para verse, aunque sea unos minutos para besarse, platicar, tomar una taza de café. Cada beso que se daban era como inyectarles energía. El chico estaba pleno en el amor. Pese a no tener ningún encuentro por el momento, estaban felices. Jamás habían experimentado el estar enamorados de verdad.

En una noche, tocaron la puerta de la casa de Mai, ansiosa fue pronto abrir pensando que se trataba de su novio. Pero la sorpresa fue: que no era Trunks.

— ¡Mi señor Pilaf, volvió!— dijo impresionada con los ojos más enormes que nunca.

— Cuanto tiempo sin vernos, Mai. Pasaremos la noche aquí, mañana partiremos. He venido por ti eres mi mano derecha, nos hiciste falta en éste último viaje. Tenemos que seguir buscando las esferas del dragón—afirmó el hombrecillo verde.

— Pero Su Excelencia quedamos en llevar un vida normal, dejar atrás esos viajes sin sentido. Aquí tenemos un techo, de alguna forma estamos bien— trató de explicarle sin tener éxito.

—¿Cómo ¡EL GRAN PILAF! se va conformar con una cotidiana vida de mediocre? ¡Yo soy alguien IMPORTANTE! Tengo que llegar a lo que era antes ¡¿lo entiendes?! Nosotros somos aventureros, la vida normal nos aburre no nos llena. Así hemos sido siempre y así será— sentenció.

El temperamento de Pilaf tan explosivo como siempre al borde de la histeria, tanto así, que en ocasiones se miraba bastante infantil. Ahora Mai se encontraba en una horrible paradoja. Se negaba irse y dejar a Trunks.

La hora de dormir se aproximó, Mai estaba acostada en el colchón en medio del perro Shu y Pilaf. Una celestial sonata de ronquidos armonizaba el ambiente, no era para menos no poder dormir.

El sueño se esfumó, reinó el insomnio y no necesariamente por los ronquidos de Su Excelencia, sino por pensar en Trunks «¿Ahora qué hago?» La cabeza le daba vueltas, no sabía hacían quién inclinarse. Por un lado estaba Pilaf, al que consideraba su única familia. Sentía por él un gran respeto y compromiso. Tantos años trabajando juntos, miles de aventuras, proyectos, aunque en su mayoría fallidos pero llenos de ambición. En su vida no existía algo más importante que complacer a su excelencia, con Pilaf no había miedo a lo desconocido porque sabía como actuar. Pero Mai por su gran capricho de ser alguien «normal» y vivir en el día a día como cualquier ser humano común, olvido sus raíces, sus objetivos, sus sueños y anhelos que deseaba en su otra juventud. En ese entonces por sus venas sólo corría un exquisito sabor de triunfo. Recordó que entre tantos soldados ella fue la especial: la elegida por el señor Pilaf. Su nombre era más que conocido entre sus compañeros porque Mai era la mano derecha del Su Excelencia; una gran espía, un gran piloto, un gran mecánico, un extraordinario francotirador, una mujer con agallas, que nunca le temía al peligro. Gracias a ella, en compañía de Shu y Pilaf, fueron los causantes de despertar al gran Piccolo Daimaku. No existía oportunidad para el romance y fantasías «eran tonterías». Esos sentimientos era ciertamente prohibidos en su andar. Porque en su alma lo único latente que existía era esa sed de conquista.

Cuando sucedió el accidente con el deseo de Sheng Long, la vida le había dado una segunda oportunidad para empezar de nuevo. Sin embargo, no fue tan diferente a lo de antes. Por un ligero descuido conoció por primera vez a Trunks. La razón muy característica de su clan, fue por saquear la Corporación Cápsula. Cuando el niño los sorprendió y les echó un grito, vio en él ternura, inocencia, placer por vivir. No olvidaba como coquetearon al final de la fiesta de su madre tomándose de las manos sobre la palmera y sus rostros iluminados por el claro de Luna. Cómo olvidar cuando él la tomó entre sus brazos para protegerla del gato morado «Bills-sama» En ese momento sintió que alguien se preocupaba por ella de verdad. Tristemente, la fiesta fue lo último grato que vivió. De ahí en fuera, todo giro a lo mismo sólo que en su versión más joven. Los años se dejaron venir, uno tras otro sin perdón. La idea de conquistar al mundo minoró. Tuvo momentos difíciles, soledad, angustias, hambre. La necesidad y las exigencias de su amado Pilaf la abrumaban, hizo que cometiera cosas terribles; asaltar a mano armada, robar por sobrevivir. Ella misma se preguntaba esa noche mientas miraba la Luna brillar por la ventana. —Entonces... ¿Quién soy? ¿qué espero y quiero de la vida?

Miles de dudas giraban en su cabeza, un enorme signo de interrogación se plasmaba en su frente. Tratándose de Trunks, era algo nuevo. No negó que lo quería y que sentía fuerte atracción por él aunque le costaba trabajo expresarlo. Nunca en la vida amó a nadie, si no hubiera sido por el deseo de Shen Long probablemente moriría de vieja sin saberlo. Sin embargo, el chico le enseñó a amar, besar, abrazar fuertemente. "Porque el sentimiento del amor no está prohibido para nadie" eso se lo repetía todos los días, ella tenía mucho por aprender en ese aspecto. Nunca imaginó, quizás, que de alguna forma tan extraña se enamoraría del hijo de su archienemiga «Bulma». Ese detalle le mostró que la vida es una completa locura, sin querer te pone con las personas que considera correctas. Entonces Trunks se convirtió en alguien muy especial. El cabellos lila en sus constantes citas nocturnas le rogó tanto para que viviera en su casa en la Capital de Oeste, él anhelaba que todo mundo se diera cuenta de su amor y así vivieran un romance normal. El joven había alcanzado cierta madurez ya no quería juegos absurdos, deseaba amor en su vida, amar de verdad y ser amado «¿pero yo deseo lo mismo?»

— ¿Qué es lo que quiero?—la interrogante seguía ahí, latente. Manifestándose una y otra vez. Dando espacio en su interior para que floreciera: el don de la duda.

Con pensamientos y sentires en su adolorido corazón, la chica tomó el móvil que ocultaba debajo de la almohada. Leyó en silencio cada mensaje que su amado novio le había mandado diariamente sin falta. Decían cosas tan dulces, tan tiernas, que la amaba, que no había un día en cual deseara besarla, le encantaba estar a su lado. Le agradecía siempre el haber aparecido en su vida en el momento adecuado. Inesperadamente suena el móvil, alertando en la pantalla que tenía un mensaje nuevo. Ella deslizó el botón para ver qué era, sin más, apareció una fotografía en la cual estaban él y ella de niños, arriba de la palmera tomados de la mano. Un texto venía en la parte superior de la imagen:

—" ¿Estas dormida? sabes, busqué algunas fotografías hace un tiempo mientras ayudaba a Bra con una tarea y me topé con ésta ¿lo recuerdas? ¿qué tal tu día hoy? otra vez te pido disculpas no pude ir a visitarte, pero te prometo que mañana sin falta iré. El trabajo ya está más relajado, así que tendré tiempo para nosotros. Tenemos una película pendiente ¿verdad? Esta vez te juro que no saldrán monos gigantes. Te quiero, te extraño mucho mi hermosa Mai" —

La chica sonrió, probablemente él sonreía desde su cama. Ella entre risas, lágrimas corrían en sus mejillas. Porque bien sabia que no habría un mañana, porque mañana ella ya no estaría y eso dolía bastante. Tenía que marcharse, ahora le tocaba a ella sincerarse, reflexionar, pensar. Sus opciones a elegir eran muy limitadas. Por esa razón tenía que marcharse, reencontrarse con la Mai del pasado y descubrir cuál era su verdadero camino en la vida. Así estaba dicho, así será, así fue...

Al día siguiente:

El joven Brief entusiasmado se dirigía a la casa de Mai, como era costumbre por la noche. Llegó, tocó la puerta con ilusión de ver el bello rostro de su amada. Al no contestar a su llamado, persistió pero fue inútil. Parecía que no había nadie en casa. Esperó sentado a un lado de la puerta, sacó el móvil para distraerse un rato, vio fotos, jugó, escuchó música. Así pasaron segundos, minutos, hasta una hora y media, pero algo le angustió. Se alarmó por un mal presentimiento, una corazonada le avisaba que algo no estaba bien. En ese momento se preocupó, se preguntó así mismo —¿Dónde estás Mai?— Se puso de pie, forzó la chapa de la puerta abriéndola con la mayor facilidad. Las pupilas de sus ojos azules se dilataron de la impresión. No había nada, el lugar estaba vacío, abandonado, sólo quedaba aquel colchón sobre el piso. El mundo parecía caerle encima. Por su mente paso aquella dolorosa frase que Mai repetía con constancia: "Yo no pertenezco a ningún lugar"

Caminó por los alrededores con la última esperanza de encontrarla. Estaba desesperado. Se elevó por el aire para tener una mejor visión. En su angustia divisó aquel señor de la renta, inmediatamente fue con él.

— Señor ¡¿Que no dejé en claro que si pasaba algo me lo haría saber?! ¡NO TENÍA PORQUE CORRERLA! yo me iba a ser responsable de los gastos o cualquier contratiempo— dijo enfurecido mientras tomaba al viejo de la camisa sacudiéndolo.

— ¡Joven, espere! No sé de que me esta hablando. En efecto, las cuotas están al corriente. Si mal no recuerdo la vi salir por la mañana en compañía de un sujeto verde y un perro .

— ¡Eh! ¿Qué dice?— soltó al señor—¡Pilaf, Shu!— se dijo a si mismo.

Se disculpó con el señor. De ahí, caminó sin rumbo por las calles pensando que hacer. Sólo le quedaba una ultima opción: mandarle un mensaje al móvil. Así mismo lo hizo.

— ¿Dónde estás? ¿por qué te haz ido?— tecleó con rapidez, envió el mensaje.

El mensaje fue contestado inmediatamente— Perdóname Trunks tenía que partir, en verdad lo siento mucho.

El chico sin más le marcó. Necesitaba una explicación, pero sus llamadas eran desviadas, señal de que Mai había apagado el móvil.

Fue entonces que comprendió que ella partió por mera decisión propia, porque así lo quiso; egoístamente, sin considerarlo, sin avisar, sin nada, sin pensar en él, ni en lo vivido «¡¿POR QUÉ, MAI?!» no lograba entenderlo.

Con el corazón destrozado golpeó y pateó todo a su paso: las paredes, postes, tambos de basura. Tenía un inmenso dolor, rabia, un gran coraje. Realmente estaba muy enamorado de ella. Fue sincero, un libro abierto, no se explicaba el porqué se había marchado. Dudó de su amor pensando que tal vez él fue causante de la separación «¿te atosigué?¿hice algo mal?» pero no, no era así. Él había puesto todo de su parte, enderezó su vida, corrigió aspectos en él, quería madurar. Su motivo de seguir adelante fue ella. Quería algo en serio, no tontos juegos. Luchó por demostrarle confianza; nunca la defraudaría, nunca la dañaría. Entonces... ¿Qué fue lo que pasó?

«No comprendo nada»

Sin más, sólo le quedó resignarse. Voló rumbo a las montañas Paoz, se dirigía a la casa de su amigo Goten. Él era el único que le prestaría atención. Llegó, evitó entrar por la puerta fue directo al balcón donde Milk acostumbraba a tender la ropa. Ahí era buen lugar para charlar. La Luna se miraba inmensamente enorme con luz deslumbrante. El aroma que desprendía la naturaleza del bosque relajaba. Trunks estaba sufriendo por culpa del mal de amores, fue abonando sin explicación alguna. De su chaleco amarillo sacó una cápsula, la hizo explotar. Mientras el humo se disipaba apareció un pequeño refrigerador con la famosa insignia de su familia. El chico se agachó, abrió la puerta del aparato: estaba repleto de cerveza. Del bolso del pantalón sacó una cajetilla de cigarros. Empezó a beber como loco, una lata tras otra, lo mismo con los cigarrillos.

Goten salió al balcón.

—Trunks perdona la tardanza, hablaba por teléfono con Pares y...—el joven Goten se quedó sin habla, observó minuciosamente el ambiente: cigarros, alcohol y ...Trunks.

— Perdón— se disculpó con amargura—no se me ocurrió otro lugar mejor para venir a beber que tu casa, Goten. Si mi padre me ve así probablemente me mataría—miraba hacia el bosque con la vista perdida sin dejar de fumar.

— ¡Vamos! No seas tan duro contigo, no esta mal beber de vez en cuando—mostró una amplia sonrisa al estilo Son—ya teníamos tiempo que no lo hacíamos— acompañó a su amigo con un bote de cerveza. Mientras le daba unos cuantos sorbos curioso preguntó —y ¿a qué se debe esto? me es un poco curioso porque es entre semana ¿por qué no esperar el sábado? Además ya no te interesaba esto ¿cierto?—finalmente fue al grano—¿qué pasó con Mai?

Ese nombre le carcomía el pecho como cuando se bebe aguardiente, sintiendo ardor en la garganta. El sólo hecho de escuchar el nombre lo alteraba, más crecían sus impulsos por seguir fumando. Trunks se recargó en la reja del balcón con brazos cruzados, uno de sus dedos sostenía el cigarro. Su vista aún continuaba perdida en los oscuros bosques de Paoz.

— ¿Quieres saber que pasó?—volteó a ver a su amigo— es muy simple mi estimado Son Goten—se le escapó una frustrante y a la ves cínica sonrisa—fui abandonado, como el maldito perro que soy.

»Creo que después de todo Mai me dio una probada de mi propia medicina—le daba sorbos a la cerveza para continuar—El sentir que quizás pasaron algunas de las chicas con las cuales salí y desinteresadamente abandoné, ahora sé lo que es. Sé lo que al fin se siente ilusionarse sin que te presten importancia. No entiendo, sabes, ¡NO ENTIENDO NADA! —rió con locura.

»En verdad me gustaba muchísimo, ella era especial, única. La primera vez que la vi me dolió bastante que me dijera que no me reconocía, que no era el mismo Trunks de antes. Sin embargo me esmeré en volver a ser yo de nuevo. Ella se convirtió sin querer en mi más grande anhelo y motivación por estos casi cinco meses. Pero ¿sabes cuál fue mi error?—prendió otro cigarrillo lo quitó de sus labios, exhaló el humo blanco y continuó —Me enamoré de verdad, y sabes ¿qué es lo peor, Goten?—el menor de los dos no parpadeaba atento al relato— Que ni siquiera pasó nada, sólo eran besos, abrazos, caricias, convivencia y ...¡MIRAME! estoy como un maldito demente bebiendo y fumando como un gran estúpido.

»Lamento tanto nunca haberle hecho el amor—expresó con resentimiento—Porque de ser así ella... se hubiera marchado impregnada de mí, con sabor a mí en sus labios, e incluso hubiera pensado con más cordura la situación. No se hubiera largado así como así, sin un maldito adiós. Entonces pretextos le sobrarían para quedarse a mi lado. Me faltó amarla más, te has de preguntar ¿Por qué nunca me acosté con ella? en verdad ganas nunca me faltaron, si hubiera sabido que me abandonaría se lo hubiera hecho todos los malditos días de todas las formas posibles. Pero no, no lo hice ¿por qué? Tal vez por idiota o porque por primera vez quería hacerlo bien, porque por primera vez una mujer me enseñó a respetarla, a ganarme su confianza, en besarla cuando me lo permitiera y tantas cosas más que la hacen tan única.

— Pero ¿no crees que hubiera sido peor?— preguntó Goten interrumpiendo a su amigo.

— ¿Qué quieres decir con eso?— secó unas pequeñas lagrimas de su rostro.

— ¡Trunks, mírate! Destrozado, borracho y por si fuera poco llorando— exclamó el joven Son— Por un inocente noviazgo de la infancia. Sin ser pesimista... ¿crees que hubiera sido bueno, acostarte con ella? Probablemente estuvieras muriendo peor de como estás en este instante. Debes de saber muy bien que de alguna forma esto pasaría, ella se iría, como lo hizo la primera vez en la fiesta. Qué mejor que fue así ¿no lo crees? Además ¡arriba esos ánimos! falta poco para el fin de semana, así estarás libre para otra hermosa chica. Podríamos salir a divertimos como antes, que te parece otra noche de hombres ¿eh? Puedo hablarle a los chicos y salir de nuevo, ahora que recuerdo dejaste una cita pendiente con "EL VERDUGO DEL AMOR— el cabello negro río a carcajadas.

— ¡Eres un tonto! Qué fácil es decirlo ¿quieres salir? Supongo que tu novia Pares le agradará mucho la idea. Tan sólo espera que conozca al agrio de Zerk ¿a dónde la llevarás? ¿a Ramsés a ver mujeres desnudas? — tiró la colilla del cigarrillo al suelo, lo pisó.

— ¡Ja,ja,ja! ya me las ingeniaré de alguna forma, confía en mi—Goten sonreía pícaramente frotando uno de sus dedos índice debajo de su nariz, típico ademán de su padre. Trunks igual sonrió un poco, trataba de animarse. Pero una pregunta final se plasmó en su mente:

«Entonces ¿éste es el final?»

Trunks siguió su vida normal como todo un joven adulto. Después de todo Mai le había dejado algo bueno: la responsabilidad y compromiso. Por un momento pensó que su partida seria buen pretexto para desviarse otra vez en el mundo bizarro de la noche y excesos. Pero no, no fue así. Él en cierta forma maduró. Comprendió que en ocasiones en el amor se pierde o a veces se gana como coloquialmente dice la gente. Sólo que en está ocasión le había tocado perder.

¿O no todavía?

Dos meses se habían cumplido desde entonces. Era de mañana y como de costumbre el chico trabajaba en el laboratorio al lado de su madre.

— Trunks cariño, se me había olvidado comentarte que iremos a Kame House por unos días. Lo tomaremos como unas pequeñas vacaciones después de tanto trabajo ¡las merecemos!—Bulma rió emocionada..

— ¿A Kame House?— preguntó el chico extrañado volteando a ver a si madre.

— Sí. Verás, el Maestro Roshi hará un convivio, nos invito a todos. Tenemos ya tiempo sin vernos, es una gran idea ¿no lo crees?— hizo un guiño—. Además la vieja tortuga reclamó que nunca más se le ha vuelto a celebrar su cumpleaños. Los últimos que le festejaron fueron: Gohan, Oolong, Ox Satan, Krilin y Milk. Ella misma preparó un delicioso pastel, la esposa de Goku es una excelente ama de casa y obviamente una gran cocinera sin duda. A la vieja tortuga los años la han hecho muy sentimental—madre e hijo rieron—El Maestro Roshi a veces olvida detalles como esos. Nosotros llevaremos casas cápsulas para estar cómodos ¡será divertido! Tus abuelos están entusiasmados tienen tantas ganas de ir con los muchachos pero parece que no podrán. Tu abuelo tiene un proyecto a medias le tomará tiempo revisarlo.

— Entiendo—se puso pensativo y una idea llegó a su mente— Mamá dile a mi abuelo que no se preocupe. Yo mismo—palmeó su pecho—puedo hacerme cargo de terminar la revisión de ese proyecto. Será un buen reto para mi, me servirá de práctica. En cuanto termine me reincorporo con ustedes en Kame House ¿qué te parece? — dijo el chico con singular alegría.

— ¿Lo dices en serio?—preguntó su madre conmovida.

— ¡Por supuesto!— tomó a la mujer de los hombros—Adelante, no te preocupes mamá. Tú y mi abuelo se merecen unos días de descanso, siempre son muy dedicados en el trabajo.

— Cariño ese es un hermoso gesto de tu parte— sus ojos se pusieron cristalinos— ¡Hijo!—exclamó—No hagas que tu madre se ponga sentimental— ambos rieron.

Los Briefs alistaron sus maletas. Con todo listo subieron a una gran nave que pilotearía Bulma. Despegaron. Trunks afuera de su casa alzó el brazo diciéndoles adiós. Su cabello y capa revoloteaban con el aire que desprendía la nave al elevarse.

— ¡Diviértanse! en unos días los alcanzaré —gritó gustoso.

Trunks quedó al frente de su casa y del proyecto. En el laboratorio revisaba a detalle enormes planos. Estaba rodeado de libros de física que hojeaba, hacía anotaciones, resolvía ecuaciones. De ahí se pasaba al escritorio para trabajar en la computadora. En su rostro y lentes se reflejaban letras de color verde como: algoritmos, ecuaciones, esquemas, gráficas bastante complejas. Al mismo tiempo sus manos tecleaban sin parar. Trunks era una persona bastante inteligente, tenía de quien heredarlo. Era miembro de una gran familia de científicos. Entre la bata blanca, lentes, cigarrillos y el gato Tama en su hombro era como ver la viva imagen de su abuelo en su versión más joven. La noche se asomó y él seguía trabajando. Prendió el televisor para sentirse en compañía. Después de un rato se anunció una cápsula de clima e informaban sobre posibles lluvias a partir de esa noche. Las regiones con mayor probabilidad eran la Capital del Oeste y las Costas del mar.

— ¡Rayos!—rascó su cabeza—Esto sí es mala suerte para los que están en Kame House ¿no lo crees, Tama?

— ¿¡Meow!?

El chico volteó hacia la ventana del laboratorio, claramente vio el vidrio llenarse de gotas. Éstas se escurrían formando unas largas piernas. Así como cuando los catadores de vino a través de una copa estudian las piernas de ésta sustancia embriagante para diagnosticar su densidad, aroma y antigüedad. Trunks estaba mirando perdidamente su reflejo en la ventana—suspiró, quitó sus lentes.—Con la mano frotó su frente y ojos, tenía la vista cansada. En la silla se inclinó hacia atrás, alzó sus brazos estirando su cuerpo que estaba entumido. De su boca se escapó un gran bostezo. Colocó sus brazos detrás del cuello y sus piernas fueron a dar al escritorio, en cuestión de unos minutos el sueño lo venció.

Lluvia, truenos, relámpagos, era el ambiente y la definición exacta de esa noche. Poderosos elementos naturales caían sin piedad sobre una gabardina verde militar, unas botas de charol negras daban pasos lentos para aproximarse a la Corporación Cápsula. Era un cuerpo tembloroso, empapado, con larga cabellera pegada en el rostro y cuello. Se cruzaba de brazos con puños apretados para ignorar el frío que sentía bajo la lluvia. Y ahí estaba «ella» afuera de tan prominente mansión. Necesitaba valor, perder el miedo, sentirse segura de la decisión que había tomado. No se atrevió a tocar el timbre. Como buena espía optó por otro método: escabullirse por ahí. Encontrar otra entrada. Tenía que verlo sin que él se diera cuenta, y así, aliviar a su dolido e inquieto corazón. Entre arbustos giró alrededor de la casa viendo sigilosamente por todas las ventanas. Hasta que llegó a la correcta, ahí estaba «él» dormido en la silla. Ella se emocionó tanto que su cuerpo explotó, sin tener que hacer ruido apretaba su boca mientras lágrimas brotaban de sus ojos azules. Pero bien dicen que cuando esa persona es para ti, todo conspira a favor.

Acobardada no se animó a más, giró su cuerpo para correr y marcharse. Pero la sabia madre naturaleza emitió un gran estruendo junto con un relámpago que iluminó todo el ambiente de color plata. Fue justamente ahí que empezó la magia.

...

Trunks despertó asustado ante tal sonido, rápidamente se incorporó de la silla. Tama estaba arriba de los planos y libros frente a la ventana. Cuando el relámpago surgió con efecto plateado el felino se esponjó gruñendo horrible. —¡MEOOOOOOW!—clavó su vista en algo que sobresalía en el exterior del cristal.

El joven al ver la reacción del gato volteó y en cámara lenta su vista se fijó en alguien que lo observaba, éste a su vez se giraba para emprender escape.

— ¡ALTO! ¡¿ Quién eres?!— gritó el chico alterado.

Rápidamente Trunks corrió hacia la puerta principal para ir detrás de ese extraño. Pensó que probablemente alguien quería saquear su casa. Por su puesto que no lo permitiría. El chico en el exterior empapado por la lluvia corrió desesperadamente, estaba a punto de alcanzar su objetivo. Pero ir tras del sujeto no era suficiente porque era sigiloso y rápido. Sin perder más tiempo extendió sus brazos al frente, colocó sus manos una arriba de otra y por el medio se formó una luz azul. Era un hecho, iba a lanzar un ataque «Mansenko» No sin antes advertir.

— ¡DETENTE! Si das un paso más, te atacaré ¡¿entiendes?!

La gabardina verde se paralizó, de reojo vio una gran bola de energía azul que emitía Trunks con sus manos. Era tan resplandeciente que apreció su propia sombra frente a ella. Conociéndolo bien tenía que parar, sabía y conocía los grandes poderes de Trunks. En cuestión de defenderse el chico nunca flaqueaba, era decidido, era un guerrero que no tenía compasión, llegaría a matar si fuese necesario. Nerviosa apretó sus puños, se resistía a voltear pero tenía que hacerlo, un paso en falso y le costaría la vida o en el mejor de los casos quedaría muy lesionada. Poco a poco la chica levantó sus brazos temblorosos en señal de que se rendía, de que no le hiciera daño.

— ¡Eso es! Parece que valoras tu vida, haz elegido bien.

El joven saiyajin no perdía la posición de ataque. Y la fuerte lluvia seguía encima de ambos cuerpos con violencia.

— ¡Ahora muéstrate! Dime ¿qué es lo que buscas? Si llegamos a un buen término te dejaré ir y fingiré que no paso nada, ¿de acuerdo?—le dijo gritando.

Una delicada y resfriada voz temblorosa le contestó antes de voltear.

— Yo... ¡Yo te busco a ti!

— ¿Eh? ¿a mi?— se sorprendió bastante.

En cámara lenta, la chica sin más opciones se giró lentamente hacia él con la vista hacia el suelo, la quijada rígida y los brazos alzados. En el mero proceso de identificación, Trunks empezó a reconocer esos movimientos. La posición de ataque fue cayendo mientras fijaba una expresión de asombro.

«Mai...»

Ambos estaban agitados bajo la lluvia tomando distancia uno del otro, sin decir palabras, sin emitir sonidos, sin nada.

— ¡Trunks, yo…!

Trunks consternado por descubrir que era Mai la observó por unos minutos en silencio. En su mente aún quedaban recuerdos de lo vivido, buenos y malos. Volvió en sí, frunció el ceño, estaba molesto, no por su regreso sino por la forma en la que se fue. Rompió el silencio y con voz seria expresó:

— Ven, sígueme...

CONTINUARÁ...

Gracias querido lector por llegar hasta aquí. Hasta el próximo capítulo ¡NOS LEEMOS!

Kuraudea.