— Por favor, ya no llores, Mai—susurró—Me cuesta trabajo verte así—estaba conmovido.

— ¡Tú no comprendes nada, Trunks!—esquivaba su mirada, conteniéndose.

— Él secó con el dedo pulgar aquellas lágrimas que se deslizaban en la blanca piel — Comprendo mejor de lo que crees— dijo, con voz rasposa. Y el par de ojos azules se conectaron en sus penas otra vez.

Pronto, podré apreciar la complejidad de tu hermosura, volveremos a reírnos con sólo mirarnos y caminaremos tomados de la mano como cuando éramos unos niños .Porque muy pronto, la energía que invierto en extrañarte podré utilizarla para amarte más.

Con aroma de café

En busca de plenitud

Capítulo

V

"Ningún café me quitará el sueño de volver a intentarlo contigo"

La oscura noche se mantenía sobre sus hombros junto con la intensa lluvia que no paraba.

— Ven, sígueme—sentenció, tan frío, tan seco, tan... dolido. Aun seguía consternado por la escena, en su mente había una mezcolanza de recuerdos. Se dio la espalda, decidido, soberbio, seguro de que su palabra se tenía que obedecer. Volteó de reojo hacia ella, lanzó una penetrante y fruncida mirada azul.

El joven caminó hacia la casa, sin más alternativas, Mai iba detrás de él a paso lento. Ella pudo distinguir en Trunks una expresión de disgusto, de resentimiento. Era muy lógico. Se fue sin decirle nada y después de dos meses de ausencia aparece nuevamente. Por si fuera poco intentaba huir. Qué escena tan vergonzosa. Él exigiría una explicación, Mai no sabia cómo pero se la daría «lo merece» tenía que salir la verdad de las cosas, hablar largo y tendido «pero no sé como hacerlo»

Dentro de la casa, ambos chicos caminaban por un largo pasillo frívolo decorado por luces blancas. Había miles de puertas por doquier de color rojo, las paredes eran de tonalidades claras había macetas en cada esquina del pasillo. Exactamente no había cambiado mucho, era tal cual como lo recordaba sólo que ahora con pequeños detalles diferentes.


Sigilosamente, Mai, Shu y Pilaf se movía por la mansión Brief de una habitación a otra.

— Rápido, no pierdan el tiempo ¡HAY QUE BUSCAR LAS ESFERAS DEL DRAGÓN!— exclamó el hombrecillo verde.

— ¡Pilaf-Sama por aquí!— dijo la niña Mai. Los tres se filtraron a una habitación, buscaron por doquier haciendo un gran desorden. Accidentalmente, una cápsula cayó al suelo, se activó y generó una gran explosión. Entre humo y escombros un yate apareció destruyendo media pared.

— ¡SI SIGUEN HACIENDO RUIDO NOS VAN A DESCUBRIR!— alzó la voz un histérico Pilaf.

Siguieron su recorrido en el lugar «ridículamente enorme» Se desplazaron entre los pasillos y encontraron después, la habitación con los espectaculares premios para el juego de bingo

— Estos malditos ricos presumidos ¡TOMEN TODO LO QUE PUEDAN!—ordenó el Gran Pilaf.

— ¡SÍ!— obedecieron Mai y Shu


Trunks a paso firme iba adelante, Mai temerosa le seguía por detrás, ambos iban dejando en el lujoso piso un caminito de agua que estilaba de sus prendas empapadas. Éste se detuvo en seco, lo mismo hizo Mai a distancia. Él con la mano derecha frotó su frente mientras agachaba la cabeza, tomó aire, exhaló por la boca. Quería calmarse, no debía de explotar. Pero inevitablemente en su mente pasó todo aquello que quería gritarle en ese instante:

"ERES... ¡ERES UNA TONTA! COMO TE ATREVES A IRTE SIN DECIRME NADA, ¡¿CREES QUE YO ESTABA JUGANDO?! ¡¿EN QUÉ MIERDA PENSABAS?! EN VERDAD FUI SINCERO Y TÚ... ¡TE VAS! ASÍ COMO ASÍ! NO ENTIENDES LO MUCHO QUE TE ECHÉ DE MENOS, ME PREOCUPÉ POR TI, PENSÉ QUE TE HABÍA PASADO ALGO, PENSÉ QUE NUNCA TE VOLVERÍA A VER... "

«Cálmate Trunks, cálmate, respira hondo… uno...dos...tres...»

Después de unos cuantos pasos, llegaron al límite de su recorrido. Unas puertas se deslizaban automáticamente de par en par al sentir la presencia del muchacho. Mai no sabía qué decir, cómo actuar, los nervios la angustiaban. La cabeza le daba vueltas, no se atrevía a mirarle, pero tenía que hacerlo tarde que temprano.

— Adelante, entra— expresó esa frívola voz varonil sin voltear.

— Acaso ¿será su habitación?— se preguntó a si misma.

Ella entró, apreció a simple vista el color azul, negro y gris que predominaban en dicho lugar; una amplia cama, sábanas azules, cojines negros, un televisor plasma enorme, cerca de éste un escritorio muy fino con una computadora, un sofá, cuadros decorativos de motocicletas, en una repisa una gran espada «¿será de él?» piso alfombrado y largos ventanales muy al estilo de la Capital del Oeste con persianas grises sobre esta. Mai después de observar el entorno, comprendió, que en efecto se trataba de la habitación de Trunks. Sin saber como actuar, tomó una actitud cabizbaja, agachó la miraba a sus pies, había olvidado que tan empapadas estaban sus botas militares. Todo se había salido de control a lo que eran sus planes «¿ahora qué hago?» se perdió en sus pensamientos y en las interrogantes que se plasmaban por su mente, pero volvió a la realidad, parpadeó un par de veces y frente a ella estaba él, extendiéndole el brazo para entregarle una toalla. Mai con sus delicadas manos la recibió esquivando su mirada, aún así mostró cierta gratitud.

— Gracias— secaba su rostro.


En algún remoto lugar.

— ¿En dónde diablos estamos? — se preguntó la chica de cabello negro al observar el fuego de una improvisada fogata en medio de un bosque—¿estará bien sin mi?— rodeó sus rodillas con los brazos, observó a sus compañeros de viaje « quien como ellos que pueden dormir con tanta tranquilidad» poco más de mes y medio había pasado desde que decidió marcharse pero algo le inquietaba, algo le quitaba el sueño ¿por qué no sentía ese adrenalina? ¿por qué esa falta de espíritu? «¿por ÉL?» pero él ya no estaba a su lado —suspiró—«eso es lo correcto, cada quien en el lugar donde pertenece» ¿entonces qué necesito?— seguía reflexionando sobre su sentir, sobre sus dudas y sentimientos. Su rostro que reposaba en sus rodillas era iluminado por una mezcla de colores entre amarillo y naranja que emitía el ardiente fuego frente a ella. Mai continuaba viendo la fogata, como si en las llamas buscara alguna respuesta. Con su mano tomó una pequeña rama seca que tenía a su lado, la arrojó al fuego que daba señal de querer extinguirse. Éste revivió, la rama crujió y salían pequeñas chispas al ser devorada. En pocos segundos el fuego brotó con intensidad. Nuevamente, colocó su vista en la fogata y después de unos minutos vio las respuestas que tanto anhelaba saber. Necesitaba de ese "algo" que sólo «ÉL» sabía transmitirle a su alma, sentirse viva otra vez, así como el fuego que revivió al recibir la rama seca. Ocupaba ese motor «ese fuego» que sólo Trunks le hacía sentir en su ser, en sus venas «necesito verte, niño, lo necesito, sólo un segundo, unos minutos, para ser de nuevo YO e inyectarme de ti y continuar en mi camino» se levantó, con otra rama escribió un mensaje en la tierra a sus dos amigos: "Volveré pronto, tengo algo importante que hacer, continúen sin mi" volteó a verlos —Shu, Pilaf, no se preocupen, volveré, lo prometo— una promesa quizás difícil de cumplir. Les dio la espalda y corrió forjando un nuevo horizonte protagonizado sólo por ella, entre trotes revoloteaba su larga cabellera y el excedente de la gabardina ¿cuanto tardaría en llegar a la Capital de Oeste? Ni ella misma lo sabía, días, semanas, quizás meses, pero de alguna forma llegaría a él.

«Por qué solo necesito verte para ser feliz»


Trunks después de una fría actitud, observaba a Mai con disimulo, sin decir palabra alguna «¿otra vez juntos?» Exactamente, no sabía qué sentir o hacer en ésta peculiar situación. ¿abrazarla? ¿besarla? preguntar «¿qué te trae por aquí?¿ cómo estás?» o ir directamente al grano «¿por qué me abandonaste?» ¿qué se supone que tenía que hacer? No la dejaría afuera de la casa bajo la lluvia. Tampoco la dejaría ir. El resentimiento en su interior poco a poco minoró. Porqué no sabía si estar realmente molesto ó feliz. Técnicamente, si se ponía a analizar la situación, ella regresó, lo buscó «o esa parecía» era una buena señal, un buen presagio. El joven salió de la habitación sin decir nada, tenía en mente buscar ropa para Mai. La dejó un momento a solas. Se dirigió a los clósets de las mujeres de la familia. Sabiendo lo delicada que era su madre con sus cosas personales, optó mejor por acudir al clóset de la abuela. Su abuela era tan distraída que probablemente no echaría de menos si le faltara alguna prenda. Abrió el clóset pero entre tanta ropa no se decía que escoger, así que tomó una pijama al azar «Mmm...¡ésta!» Como resultado traía con él una bata color blanca, vaporosa con encajes un tanto transparente pero nada atrevido por supuesto. Pronto regresó a la habitación donde ella lo esperaba. Y al fin habló, tenía que darle instrucciones.

— En aquella puerta está el baño, Mai—señaló— ten esta ropa, ve y toma una ducha antes de que pesques un resfriado—la chica volteó a verlo, tomó las prendas— te veo en unos minutos ¿de acuerdo?

Mai observó que él estaba empapado y lleno de lodo. La bata blanca estaba arruinada «era un desastre» Su cabello estaba un tanto plano, escurridizo, de color más oscuro de lo habitual, efecto quizás de la lluvia. Ella reconoció lo atractivo que se miraba sin importar su estado o lo estropeado que se encontrará, era excitantemente apuesto « lo es» El chico buscó algunas prendas para él en el clóset de su habitación y los ojos azul añil perforaban su espalda sin peder cada detalle de lo que hacia Trunks.

— Iré a ducharme en otro baño— su mirada regresó a ella— Vuelvo enseguida—dijo, Trunks sosteniendo las prendas limpias que utilizaría después de la ducha.

...

Desnudo bajo la regadera con los ojos cerrados estaba él, recibiendo relajadamente el agua tibia sobre su marcado cuerpo. Una discreta sonrisa se dibujó en sus labios, al mismo tiempo que retiraba el jabón de su cabello ¿Por qué la risa? «pues... por las simples coincidencias de la vida» Por el peculiar encuentro. «¿Será qué otra ves florezca algo?» quizás queden aún sentimientos de amor escondidos en su corazones. Eso le intrigaba «bastante». Había algo en común en todo. La situación era exactamente la misma que meses atrás, sólo que ahora a la inversa. En ese entonces Trunks era quien necesitaba de Mai, ahora Mai, es quien necesita de él. Salió del baño, secó su cuerpo, se vistió con aquel atuendo que usaba para dormir: playera negra sin mangas y pans color gris.

Regresó a la habitación.

En el cuello llevaba una toalla que caía sobre sus hombros absorbiendo las gotas de agua que se escurrían de su morada cabellera. En las manos llevaba dos tazas de café, las colocó en el buró del lado de la cama. Se sentó sobre la orilla de ésta, tomó la toalla que rodeaba sus hombros y secó con rebeldía su cabello. En ese preciso momento Mai salió del baño con aquella bata blanca que Trunks le dio. Su larga cabellera estaba húmeda, su bello rostro sin maquillaje. Al mirarse, ambos se sonrojaron—él se quedó a medias con la toalla en la cabeza y sus manos sobre ella— era normal sentir pena en el aspecto que nunca se habían apreciado de una manera tan relajada e intima. En pocas palabras "antes de dormir". Pero faltaba algo por hacer, no eran ellos, su comportamiento giraba como si fueran dos extraños. Trunks tenía que hacer algo al respecto, se levantó y fue a la puerta de la habitación. A un lado había un pequeño cuadro con números, presionó un código. La chica lo observaba extrañada mientras se metía a la cama.

— ¿Qué estás haciendo, Trunks?—preguntó nerviosa.

— Le pongo seguro a la puerta. Siempre lo hago, así podré dormir tranquilo sin que nadie entre—hizo una pausa—y sobre todo sin que nadie se «ESCAPE»— dijo, con un exquisito sarcasmo.

— Pero... ¿vas a dormir aquí? ¡¿CONMIGO?!—se exaltó de repente.

Mai estaba con el rostro colorado, sus manos apretaban fuertemente las sábanas. La astucia del joven estaba surgiendo efecto «de alguna forma te haré hablar» quería romper esa maldita barrera de hielo que se interponía entre ellos. Tratándose de la señorita anticuada, Trunks, tenía el clavo exacto para hacerla flaquear.

— ¡Pues claro!—se acercó a la cama— es mi habitación. Te recuerdo que estoy en mi casa, puedo dormir donde me plazca ¿cierto?—se le escapó una sonrisa— la cama es grande hay suficiente espacio para ambos. No quiero sonar grosero contigo sé que eres mi huésped, pero en verdad no duermo cómodo en otro lugar que no sea mi habitación—rascó su húmeda cabellera—lo mismo pasa con la cama— se arrojó sobre ésta descaradamente y se sumergió entre las sábanas con exageración — además estamos solos tú y yo ¿por qué no hacernos compañía? ¿verdad que es una genial idea?— le cerró un ojo con picardía.

Trunks disimuló perfectamente. Mientras se enterraba en las sábanas, buscaba una posición cómoda para dormir. Entre tanto movimiento indefinido se le pintó una sonrisa en los labios y más al ver el rostro fruncido de Mai. Su sonrisa desapareció, tenía que continuar con su genial actuación. Se acostó boca arriba con los brazos detrás del cuello, cerró los ojos— En unos minutos se apagarán las luces—advirtió—¿sabes? estoy increíblemente cansado, hoy fue un largo día.

Mai que no se acostaba por completo, vio como Trunks hablaba y hablaba sin parar, como si no pasara nada. «entonces Tama, entonces mi abuelo, el proyecto, la lluvia, las noticias» no se miraba presionado por el hecho de tener que dormir con ella, por lo contrario, estaba con buena actitud. Ella lo miraba y lo miraba, cuando de pronto algo se fijó en su mente. Recordó el último roce «intimo» que tuvieron. Aquel día cuando accidentalmente cayeron en el colchón «besos, caricias, gemidos, roces de sus cuerpos» Las imágenes venían a su mente una y otra vez, se sonrojó al recordase con las piernas abiertas « y él... ¡él arriba de miiiii!» agitó su cabeza, dio palmadas a sus mejillas, quería olvidarse de eso. Volteó hacia él, al verlo tan tranquilamente dormido, frunció el ceño y pensó:

«¡Maldito niño depravado! ¡eres un maldito! Te estás aprovechando de la situación sólo porque estoy en tus dominios, me haces pasar mal el rato ¡no puede seeeeer!»

— ¿Aún no te duermes, Mai?— preguntó Trunks con ojos cerrados, tan sereno, tan relajado.

— Estoy esperando que se apaguen las luces— fue lo mejor que se le ocurrió decir en ese instante, estaba furiosa ya no podía más—¡¿ Por qué no te vas al suelo a dormir?!— preguntó irritada.

Trunks al escuchar semejante pregunta soltó una carcajada.

— ja,ja,ja!—se incorporó, volteó hacia ella— ¿Qué acaso no me escuchaste? ¡trabajé todo el día! creo que merezco dormir bien. No seas maleducada, Mai— seguía riendo.

— Bueno pues en ese caso yo... ¡yo me iré a dormir al suelo!— sentenció— ésta se giró y a punto de levantarse Trunks tomó su brazo deteniéndola.

— Tú no irás a ninguna parte ¿entiendes? Te quedarás aquí, a mi lado— la regresó a la cama de un jalón— además, había olvidado darte esto, toma.

Le entregó con la mano aquella taza de café que reposaba en el buró «como en los viejos tiempos» Esa taza que para ellos representaba un gran vínculo, un gran intermediario, el desahogo de sus penas, de su sentir. Por un café platicaron por primera vez, rozaron miradas, charlaban por horas. Sus últimos besos precisamente tenían ese amargo sabor. Qué giros da la vida. En ese entonces era ella quién le ofrecía su presencia para escucharlo, ahora él la escucharía a ella «por favor Mai cuéntame tus penas, aquí estoy sólo para ti»

Mai tomó la taza de café que le ofreció Trunks. Después de varias horas de su nuevo reencuentro al fin rozaron miradas. Se perdieron en el mar azul de sus ojos. Vieron a través de sus almas. Aún existía amor mutuo; lo sentían, lo transmitían, lo reflejaban, lo sabían. Quizás aún existía una posibilidad más para ellos.

Se apagó la luz.

En la oscuridad tomaban el café a sorbos, ambos eran iluminados por la luz de Luna que entraba por la ventana. Era el momento de indicado para hablar y dejar el maldito orgullo por un lado. Al menos él lo haría, iba hablar con Mai.

Trunks terminó su café, colocó la taza en el buró. Recargó su espalda en la cabecera de la cama entrelazó sus manos y con la vista hacia abajo empezó hablar:

— Por favor discúlpame— volteó hacia ella—te hice sentir nerviosa bajo está situación. Por mi parte siéntete tranquila, sé que tu no eres cualquier mujer. No me atrevería a tocarte sin tu consentimiento. Te confieso que en un principio estuve muy molesto contigo. Esa noche que te fuiste bebí cerveza y fumé como un desquiciado tratando de buscar un "¿por qué? "a la situación. Pero los días pasaron, reflexioné, tal vez me estaba cuestionando cosas que a mi no me pertenecían solucionar— regresó la mirada a sus manos— No te negaré que me sentí triste, tal ves defraudado en el aspecto de no saber que te impulsó a marcharte. Dudé de todo, de mí, de ti. Pensé que Pilaf te había obligado a irte con él. Equivocadamente fui a reclamarle al anciano de la renta de la vieja casa pensando que te había corrido del lugar—rió—Le daba vueltas al asunto, indagué en mi interior miles de veces y no encontraba una respuesta.

»Conforme al tiempo lo tomé con más serenidad. Me costaba trabajo catalogar lo vivido como algo fugaz, pero, de algo estoy muy seguro Mai; fui plenamente sincero contigo. Nuestras charlas, convivencia, todo, lo sentí de verdad— tomó su mano, buscó sus ojos— Hasta los besos que nos dimos, los abrazos y caricias fueron empapados con verdaderos sentimientos hacia ti «porque te amo» No te juzgo en ningún momento, igual todos necesitamos nuestro espacio, un desliz en nuestro camino. Tal vez tenías algo que arreglar por ti misma— acariciaba con el dedo pulgar la mano blanca de la chica—cuando te vi bajo la lluvia no sabía exactamente qué hacer, qué decir, quería correr y abrazarte...—besó su mano— Yo haré lo que tú quieras ¿de acuerdo? Si quieres quedarte a mi lado o no, lo respetaré— sonrió con sinceridad— Ahora por favor trata descansa, se ve que estás cansada.

Ambos chicos se sumergieron en las sábanas tomando distancia, era muy tarde. Trunks estaba cansado, Mai también lo estaba. Él cerró sus ojos, pero ella no podía dormir. El insomnio la abordó. Ahora Trunks ya estaba durmiendo y ella NO LE DIJO NADA. La oportunidad de charlar en "los momentos del café" se le fue de las manos «soy una tonta, él me ofreció su mano, su oído y no me sinceré» Acostada de lado con una almohada entre sus brazos, contempló al muchacho por un rato. Vio su tranquilo respirar, su cabello despeinado, su postura para dormir: boca arriba con un brazo encima del estomago. Sintió la necesidad de acariciar su lacio cabello. Al verlo así, tan hermoso, tan bello, sintió seguridad para hablar.

— Perdóname—entrelazó sus dedos en el cabello de Trunks con caricias— Sé que fue penoso lo que hice, ahora es a mí quién se le cae la cara de vergüenza. El tiempo en el cual me visitabas en casa me hizo muy feliz «¡muy feliz!» Despertaste en mi interior una sensación de calor, de amor. Adoraba charlar contigo. Me acostumbre a tus besos, a tus abrazos y caricias. Sin embargo, hay tantas cosas que tú no sabes de mí, Trunks. Lo único que te puedo decir es que no soy tan perfecta como tú crees. También he cometido errores.

»Te abandoné porque tenía algo pendiente que hacer conmigo misma. Quería descubrir mi verdadera esencia y mi anhelo en la vida. Entonces regresé con mi Señor Pilaf. Me fui en busca de aventuras que llenaran mi espíritu, pero, para ser sincera no fue nada novedoso, lo mismo de siempre: buscar las esferas del dragón y conquistar al mundo. Si tuviera conmigo las siete esferas créeme que ya no supiera que pedir—hizo una pausa y continuó —¿Sabes niño? creo que equivoqué— su voz se quebró— pensé que si volvía a lo de antes me haría regresar a lo que «YO» era. Esa fría y calculadora persona llena de deseos y ambiciones, pero tristemente descubrí que de esa "Mai" del pasado quedaba muy poco o tal ves nada. Sé que todos conservamos cierta esencia natural que nos distingue, pero ya no es igual a lo de antes. Tal ves si tú nun...— hizo una pausa, dejó de acariciar su cabello.

Mai no terminó la frase cuando sus ojos se empaparon de lágrimas. Se levantó de la cama, abrazó una almohada y se fue hacia la ventana para apreciar la lluvia. Después de todo el cielo parecía triste, lloraba junto con ella.

El joven al escuchar sollozar un llanto, abrió los ojos al tiempo que arrojó un suspiro. Se incorporó de la cama. Había escuchado todo perfectamente. Caminó hacia ella sin hacer ruido y faltando un paso para llegar con Mai, el cielo emitió otro gran relámpago plateado. Provocando que en el cristal de la ventana se proyectara el reflejo de él. Como en un flashazo de cámara se plasmaron esos ojos azules con el ceño fruncido por pocos segundos. Ella se percató que él estaba detrás de ella. Asustada volteó con los ojos más abiertos y desorbitados que nunca.

— ¿Si yo nunca qué?— la tomó de los hombros, quería saber lo que esa frase decía sin interrupciones— ¡Dímelo!— alzó la voz. La apretaba con fuerza.

Truenos, relámpagos, rayos y oscuridad; eran testigos de tal escena.

Lagrimas se deslizaban en el rostro blanco. Mai apretaba sus puños con fuerza, su quijada estaba rígida, su cuerpo tenso. Agarró valor, lo encaró y gritó con toda su alma.

—¡SI TÚ NUNCA HUBIERAS APARECIDO YO SERIA LA MISMA DE ANTEEEEES! ¡TODO ES TU CULPA! ¡TU CULPA!—gritaba sin control—¡ES TU CULPA, TRUNKS!— al muchacho se le desencajó el semblante.

— ¡Maldita sea! ¿Por qué mi culpa? ¡DÍMELO!— exigió, Trunks con gritos, agitándola de los hombros— ¡MIERDA DÍMELO, MAI!— la chica le daba golpes en el pecho, él trataba de controlarla— ¡NO ERES LA ÚNICA PERSONA CON PROBLEMAS MAI, YO TAMBIÉN LOS TENGO, SIN EMBARGO NO TE RESPONSABILIZO DE ELLOS.

La escena era un tremendo caos: forcejeos, gritos, golpes de parte de ella, de él jamás, nunca se atrevería a tal cosa. Estaba frustrado, también sufría por la situación, gritó una vez más agitándola.

—¿¡POR QUÉ MI CULPA!?

Y la bomba explotó...

— ¡ PORQUÉ ME ENSEÑASTE A VER CON OTROS OJOS LAS COSAS DE LA VIDA!—seguía golpeándolo—¡Por esa maldita razón no pude regresar a lo que era antes!—exclamó histérica— Luché por ser de nueva cuenta la aventurera Mai, pero cada día se convirtió en un calvario. Me resistía a buscarte, tenía miedos, dudas, me daba vueltas la cabeza pensando que quizás ya tendrías a alguien más a tu lado— más lloraba y gritaba con intensidad.

»Por resistirme se pasaron rápidamente dos meses. Cada noche dormía en diferentes lugares, pero ni el hambre, ni el frío, ni el calor, hicieron que desaparecieras de mi mente. ¡Me hacías faltas NIÑO TONTO! En contra de mis planes te vine a buscar, sólo pedía volverte a ver por unos segundos, para continuar con mi desafortunado destino. Pensé que si te miraba me inyectarías aquellas ganas de seguir, de vivir. Pero todo se me escapó de las manos. Y aquí estoy contigo compartiendo la cama viéndote tranquilamente dormir. Te convertiste en algo vital para mí, Trunks ¡Y POR ESO TE ODIO! ¡PORQUE ME HICISTE A TU FORMA! Y ...

Trunks la abrazó impulsivamente.

—¡CÁLLATE! ¡CÁLLATE, TONTA!— la abrazaba con más fuerza y de sus ojos se escapaban lágrimas— ¿CREES QUE YO NO SUFRÍ POR TU PARTIDA? ¡Te extrañé mucho, me hiciste falta todos los malditos días! Fui sincero, quería algo serio contigo— Mai no pudo resistirse al chico y sus colgados brazos empezaron a tocar sutilmente los fuertes hombros.

Al llegar a su cuello se aferró a él con todas sus fuerzas y desató un descontrolado llanto. El ambiente pintado de oscuridad no dejaba distinguir sus cuerpos entrelazados. Sin embargo parecían un solo ser. El abrazo era perfecto. Pero al volver los relámpagos que iluminaban por cortos lapsos de tiempo la habitación; se miraba la realidad. Lo que en verdad eran: un hombre y una mujer aceptándose, amándose, perdonándose. El llanto de la chica se calmó, el abrazo se iba aflojando. Sus cuerpos se separaron en busca de sus rostros. Cuando sus ojos se encontraron, él restregó su rostro en el de ella con suavidad una y otra vez hasta llegar a su oreja para susurrarle unas palabras.

— ¡Te amo!—dijo, Trunks entre lágrimas— de eso estoy perfectamente seguro. Te amo como un maldito idiota— él escurrió sus labios en el cuello de la chica dándole besos— Mai quedó perpleja con la respiración agitada. Sus manos poco a poco se posesionaron de la cabellera lila estrujándola con fuerza.

— ¿Tú… tú me amas?— preguntó Mai, sonrojada por el tacto. Estaba desorbitada y lagrimas volvían a salir de sus ojos.

Al escuchar la pregunta Trunks buscó sus ojos, con sus manos tomó su rostro y respondió:

— Con toda mi alma mi amor.

Sus labios se acercaron lentamente hasta llegar al punto de su unión. Se besaron con intensidad, era el beso anhelado, deseado, quizás soñado durante las noches de dos meses transcurridos. Con la respiración agitada no podían separarse. Caricias sobraban de esa unión, se estrujaban, se apretaban con fuerza. Sus bocas se abrían y cerraban con magnitud, con fricción, con hermosa armonía.

Y así, quedó marcado un nuevo comienzo para ambos; no más errores, no más dudas, no más huidas: sólo ellos.

Ellos nada más…

Sus labios se separaron después de varios minutos. Ambos se miraron a los ojos, sonrieron y se estrecharon en un fuerte abrazo. Entre lágrimas secas, narices rojas por el llanto, se regalaron una sincera sonrisa.

...

Acostados sobre la cama se daban miles de caricias. Mai estaba sobre el pecho de Trunks, él acariciaba su cabello. Jugueteaban con sus dedos tocando sus rostros, sonreían y se volvían a besar por largos minutos. Al finalizar tan acaramelado beso la chica fijó su mirada en los ojos azules.

— ¿Pilaf, Shu, crees qué vayan a estar bien?— preguntó Mai— los dejé solos Trunks, me preocupa. No sé como lo tomarán, en especial Pilaf que siempre se muestra bajo un temperamento histérico. Sin embargo, no dejan de ser mi única familia—suspiró.

— Tranquila— dijo Trunks— no te preocupes, ellos van estar bien, te lo garantizo — acariciaba su mejilla dulcemente— cuando menos esperes estarán de regreso. Además Mai, prométeme algo— la chica observó con sorpresa— quiero que de ahora en adelante pienses en «TI» que seas fuerte y si Pilaf te insiste en mal aventurar otra ves, no flaquees. Dile «No quiero» porqué yo «quiero esto» o «aquello» haz estado toda tu vida complaciendo a los demás que te haz olvidado de ti— Mai volvió a suspirar

»Otra cosa más— besó su frente— quiero que me dejes ser parte de tu familia ¿si? Tú también sé parte de la mía—Mai sonrió con sentimiento lo cristalino de sus ojos la delataba. Ella dijo «sí» con un pequeño movimiento de cabeza. Regocijada de alegría se lanzó a sus brazos, giraron por la cama y la posición original se cambió. Ahora él estaba sobre ella mirándole a los ojos dulcemente.

— Me encantas— restregó su nariz en el rostro blanco. Al llegar a sus labios, la besó. Se sumergió en su frágil cuerpo.

Se acariciaron con dulzura, con amor. Después de un rato la naturaleza propia de los amantes empezó a brotar por los poros de la piel. La pasión iba subiendo poco a poco de tono: lento, sutil, exacto. Las manos de Mai se aferraban con fuerza de la nuca de Trunks, estrujando intensamente los cabellos lila, deslizándose después, por la torneada espalda. Bajo el efecto embriagante de la piel blanca, Trunks sentía enloquecer, sus manos viajaban por las hermosas piernas de la chica, iban y regresaban una y otra vez. El instinto de entrega los dominó. Se deseaban desde hacía tiempo atrás. Por mera inercia sus cuerpos se acomodaron adecuadamente. Ella abrió sus piernas y él sin dudarlo escabulló su cadera entre ellas. Trunks sujetó con un brazo las caderas de Mai buscando un mejor roce, la otra mano fue a dar a uno de los hombros blancos. Sin soltar sus labios se besaban con desesperación y ejecutaban una sincronizada fricción de caderas, un vaivén intenso, emitían gemidos entre besos y aliento. Él ya no podía más su entrepierna lo delataba, ella podía sentirlo con facilidad. Separaron sus labios, se miraron, estaban jadeantes, sonrojados y las palabras adecuadas salieron de su boca:

— Si quieres que me detenga—jadeaba—por favor dímelo en éste preciso instante porque después no podré hacerlo, ni aunque me supliques, no podré— expresó el muchacho viéndola fielmente a los ojos.

Mai en respuesta sujetó el rostro de Trunks y lo trajo de nuevo a sus labios. La respuesta fue «un SÍ» disfrazado en un beso pasional, quería entregarse a él. «quiero hacerlo contigo, niño» Ambos tenía que encontrar esa plenitud que tanto anhelaban, que tanto deseaban. No existía nada que los interrumpieran. Entre suspiros y gemidos el ambiente era armonizado con el sonido de las gotas de lluvia que rebotaban en el techo, en los vidrios de las ventanas y en el piso.

Empezaron a desvestirse.

Él se quitó la playera negra arrojándola sin rumbo. Sus manos curiosas exploraban de bajo de esa bata blanca. Retiró lentamente la pantaleta adornada con coquetos encajes. Acarició "esa" sensible zona, él jadeaba su respiración era acelerada, ella sonrojada erguía su espalda por el tacto. Trunks alzó la bata de la chica y besó en medio de sus pechos al paso de que ella levantaba sus brazos para librarse de la prenda. Debajo de él, se encontraba Mai completamente desnuda. Trunks estaba alucinado por su belleza. Finalmente, deslizó por sus piernas el pans gris cayendo al suelo. Cuerpo a cuerpo se fundieron entre las sábanas y almohadas.

Era el tiempo adecuado para reconocerse, para tocarse, para depositar confianza mutua. Exploraban con besos cada parte de su cuerpo: espalda, pecho, cintura. Una danza de caricias previas antes del acto. Como los pavos reales que en cada movimiento seducen a la pareja. Inyectando grandes dosis de pasión. Retomaron la postura anterior, había llegado el momento; él entraría en ella. Se introdujo con un poco de dificultad, sintiéndose extraño. El camino que recorría era bastante estrecho, causaba una ajustada fricción en sus miembros. Exactamente, no le quitaba lo placentero por lo contrario, lo era más. No muy convencido Trunks siguió avanzando con gemidos, jadeos y siseos en su voz. Pero su experiencia sexual había detectado un pequeño gran detalle.

Faltando un poco para alcanzar el límite máximo del vientre de su amada, soltó un grito de placer lanzando su cabeza hacia atrás. Inmediatamente abrió los ojos; lo descubrió. Estaba sumergido en un vientre inmaculado, jamás explorado. Eso explicaba la rigidez que ella mantenía durante su recorrido «qué estupido no le pregunté si ella era...» aunque era más que obvio solo que se dejó llevar por el momento y lo olvido.

Él examinó la situación, se sintió un poco preocupado y la vez estremecido. Besó su rostro ciento de veces, la estrechó en su pecho. Ella era de él «eres mía, al fin mía» y de nadie más lo seria. Su corazón latía fuertemente. Ahora en sus manos estaba en definir qué gratificante seria el acto para ambos. Porqué no sólo tenía que pensar en él como normalmente lo hacia con los otras chicas, buscando egoístamente saciarse solo él sin importar lo demás. En ésta ocasión no sería así; predominaría el amor mutuo. El estar enamorado era lo más distintivo entre sus antiguas experiencias y el ahora. El detalle de la virginidad de Mai lo dejó sin herramientas. Prácticamente quedó sin nada. Él siempre gozó de grandes experiencias sexuales pero jamás le había hecho el amor a ninguna mujer como tampoco había estado con una virgen.

Pero de alguna u otra forma lo haría. Si tendría que aprender hacer el amor con ella ¡lo haría! Algo tenía en común entonces, sería la primera vez de ambos, aunque obviamente en sus respectivas situaciones. Sus almas, sus deseos, su amor; formarían un solo ser único y perfecto. Un vaivén de caderas se mantuvo por un rato a un ritmo lento, era necesario para no causarle dolor a Mai. No había nada más importante en ese momento para él que ayudarla a sentir. No quería perderse detalles de ella, desde sus gestos, gemidos, movimientos, expresiones, quería ser testigo de la entrega.

Él aceleró el ritmo.

Y empezó la magia de todo.

Estaban absorbidos por el placer. Sus movimiento de pelvis, el vaivén de caderas eran más sincronizados, el dolor había desaparecido. Sus gemidos eran emitidos al mismo tiempo. Discretos los de ellas, más elevados los de él. Estaban sintiendo por igual, estaban locos, buscaban refugio en sus excitados rostros. Él balbucea palabras jadeantes en el oído de Mai «confía en mi, déjate llevar, siénteme» Se besaban arrebatadamente. Él tenía el reto de hacerla sentir satisfecha, encontrar el punto máximo para hacerla estallar, aceleró más el ritmo y en cuestión de minutos llegó lo anhelado. Mai sintió lo que jamás en su vida había experimentado, erguía su espalda, se retorcía. En medio de la cúspide con gemidos en su voz, Trunks la sació por unos minutos. Fue tan glorioso ese momento, tan inigualable, tan placentero que él no aguantó más quería unirse a ese instante junto a su amada. Quería terminar viendo ese majestuoso placer en el rostro de ella, su sentir llegó a lo más alto, su dientes se mostraron rígidos como si mordiera algo con fuerza, su quijada se ponía rígida, fruncía el ceño, había una excelente fricción y sus movimientos de caderas estaban desmedidos. Fue justamente ahí que su cuerpo ya no pudo más, gritó de placer echando la cabeza hacia atrás.

Deleitados, complacidos, encontraron la plenitud deseada. El cuerpo de Trunks cayó sobre el pecho de Mai. Sus cuerpos temblaban, sentía sus corazones acelerados, sus respiraciones forzadas pedían oxigeno. Se abrazaron. La chica buscó el rostro de Trunks con sus manos. Y acarició su afilada nariz, su amplia frente, sus labios delgados y sus dedos eran atrapados por él al besarlos. Ambos acariciaban sus cabellos, se besaban.

— ¿Te lastimé?— preguntó Trunks en medio de caricias— prometo que cada vez será mejor.

«En efecto así sería, porqué esto era el inicio de una pasión sin medida»

— Estoy bien, quizás a principio si dolió un poco, pero después ya no— besó su frente.

— Perdón— sonrió tiernamente— pero era necesario que pasaras por esto para "sentir" juró que ya no dolerá y cada ves lo disfrutarás mejor.

Con plenitud y satisfacción el sueño abordó a sus cansados cuerpos. Adoptaron una posición muy básica para dormir, uno tras del otro, acurrucados de manera que sus cuerpos estuvieran juntos. Los brazos de él rodeaban a ella, haciéndola sentir segura, protegida. Él acomodó su rostro detrás del cuello de Mai percibiendo así su aroma. Quedó dormido, estaba muy cansado. La noche había tenido miles de altibajos. Sin embargo, ella acariciaba sus manos que rodeaban su vientre. No lo podía creer, estaba soñada, feliz, alegre, por fin había experimentado lo que era ser amada en total plenitud. Ni hablar de Trunks que por primera vez formó un verdadero nicho de amor, algo en verdad íntimo. Nada de hacerlo con cualquier chica en un motel, en casas-cápsulas, en la aero-nave, apresurado sin disfrutar de la noche, sino en su propia habitación. Aquel lugar sagrado e íntimo para él donde se guardaban «y se guardarán» sus mejores secretos. La espera de siete meses en total «cinco de verse y dos de ausencia» había valido la pena. Sin duda... lo había valido.

6:00 am.

El Sol no tenía para cuando salir. Con terrible clima lluvioso continuaba un ambiente oscuro. Y cuando exista oscuridad, se encenderá la vela del amor las veces que sea necesario.

Sus cuerpos se buscaron despejándose de las sábanas que les cubrían. Hicieron el amor por segunda vez, pero de una forma muy lenta, pausada. Ella arriba de él. Sus brazos se aferraban al cabello lila, su larga cabellera cubría a ambos como si ésta se tratara de un manto sagrado resguardándolos del exterior. Las manos de él frotaban con caricias el cuerpo de Mai, empezaba por el cuello, espalda, glúteos, repitiendo el mismo recorrido ya memorizado una y otra vez. Sumergidos en su mundo, se amaron con los ojos cerrados, sin dejarse de besar, tan lento, tan despacio, sin prisa alguna. Sensación que nunca habían experimentado. Trunks. Sintió que volaba, jamás había hecho el amor tan entregado, tan pleno. No hubo necesidad de verse porque sus almas estaban conectadas, solo quedaba el goce. Al terminar tan linda entrega, salió de sus labios la frase «gracias, te debo tanto, mi amor»

Frase que con los años se dirían cada vez que se hicieran el amor «te debo tanto» tendrá un verdadero significado y gran peso en sus vidas.

Mai en su propósito de reencontrarse se había fijado dos opciones de vida. Sobre el pecho de Trunks a punto de cerrarse sus ojos, lo abrazó con intensidad, él adormilado respondió su gesto por inercia abrazándola de igual manera. Entre parpadeos, ella sonrió ¿por qué? Porqué la decisión de su vida estaba tomada y sus ojos cerraron.

«Quiero ser parte de tu vida, Trunks»

CONTINUARÁ ...


Querido lector, gracias por llegar hasta aquí ¡NOS LEEMOS!

Beta Reader: Mari Tourquiose

Con cariño:

Kuraudea.