—¿Estás bien?—

—¿Qué te preocupa, niño?—

—No quiero lastimarte. Es eso—

"Esa noche fue mágica. Ver tu cuerpo desnudo fue como ver la más sublime belleza alterando mi locura. Sentía un estruendo en mi interior. Hacerte el amor es tan indescriptible que lo único que puedo pedirte es hacerlo muchas veces más."

—Me encantas, Mai—

Con aroma de café

VI

Decisiones

"Sueño con mis mañanas llenas de ti, de tu amor que huele a café"

La lluviosa madrugada se consumió bajo las pieles de los amantes. Las sábanas se impregnaron de pasión, de locura, de amor. Las paredes, fueron testigos de su entrega. El día se asomó con resplandecientes reflejos tornasoles que se filtraban por el vidrio de la ventana. Aquella luz multicolor, se centró en el delicado rostro de Mai haciéndola despertar. La chica con pereza, despeinada, abrió los ojos. Levantó la cabeza, estudió su entorno: almohadas, colchas, ropa de él y de ella tiradas sobre el alfombrado. Recapacitó, pronto, recordó lo sucedido. Sus ojos se abrieron con exageración, las manos presionaron sus mejillas dándose ligeras palmadas. Su rostro estaba rojo a más no poder. Se levantó de la cama, enrollo su cuerpo con una sábana, tomó una ducha y a falta de ropa uso una bata de baño para vestir. Con exactitud no sabia que hacer, estaba sola sin Trunks. Temerosa se acercó a la puerta y éstas se abrieron de par en par al sentir su presencia. Ella juraría que Trunks, le pondría el código de seguridad a la puerta para que no saliera de la habitación. Pero no, no fue así. Le dejó libre albedrío por toda la mansión «¿Por qué? »La rebelde idea de huir desapareció por su mente indomable, más después de haber pasado lo de anoche «gracias...te debo tanto mi amor» Pensó quizás, que los ojos azules le habían depositado confianza, sabiendo perfectamente que no cometería alguna imprudencia. No lo defraudaría. El veredicto final ya había sentenciado «quiero ser parte de tu vida, Trunks»

...

Trunks despertó mucho más temprano que Mai. Al tiempo que sus ojos se abrían lentamente, iba distinguiendo a una hermosa mujer que le daba la espalda. Su cabellera negra reposaba en su cuello, dejando a la vista la desnudez de su blanca espalda. Sus manos se aferraban a la poca sábana que cubría sus pechos y parte de sus caderas. En cambio, sus torneadas piernas, estaban cruzadas una arriba de otra, ligeramente flexionarlas. Era hermosa, esa imagen los hizo suspirar. Él volteó su cuerpo boca arriba, cerró los ojos. Con su mano acariciaba su frente, aun tenía sueño, quería dormir y quedarse a su lado, pero el deber lo llamaba «la valuación del proyecto del abuelo» Aflojerado con pesadez en su cuerpo se incorporó de la cama. Caminó desnudo por la habitación rumbo al baño. Se duchó, eso realmente lo hizo despertar. Con bata de baño azul marino y una toalla corta sobre sus hombros regresó a la habitación. Tomó ropa limpia y todo lo que necesitaría para alistarse. No hizo ruido, no quería despertarla. Se acercó a ella con cuidado y sin pensarlo le plantó un beso en la mejilla. Salió de la habitación.

Caminó descalzo por los largos pasillos de la mansión, se dirigía a la cocina. En el trayecto, iba secando su húmeda cabellera al ritmo de sus pasos. Antes de llegar se desvió a la entrada principal de la casa. Bajo la puerta estaba el acostumbrado periódico que dejaban todos los días junto con una serie de revistas de suscripción «el mundo científico» « ¿Sabías qué?» «Empresario exitoso» «La Princesa Sisi» ese último estaba casi seguro que era encargo de Bra.

...

En la cocina dejó sobre la barra su ropa, el periódico y aquellas revistas de suscripción. Se preparó un humeante café, tan exquisito, tan cálido, tan concentrado para hacerlo «volver» del todo, antes de empezar a trabajar. Tomó asiento. Al tiempo que le daba sorbos al café mordía un pan tostado. Y para hacer más grato el momento abrió el periódico. Se dispuso a leer. Los orbes azules se movían de un lado a otro, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha. Más sorbos al café, más mordidas al pan y se giraba otra pagina del periódico.

"La municipalidad de la Capital invita a participar en la jornada de la feria artesanal y científica en la plaza Hayori Towa, en la zona Oeste de la ciudad. El evento será engalanado por la presencia de Mr. Satán: el hombre más fuerte del Universo. Habrá juego de bingo en beneficio de la asociación "Amigos de Satán" para niños de escasos recursos que practican artes marciales"

Leía y leía sin parar.

Un poco de sociales, finanzas, entretenimiento, deportes, etc. Le gustaba documentarse de todo un poco para mantenerse al margen en cultura general.

Pero entre tantos textos y columnas su mente se desvió y en las hojas del periódico vio plasmarse aquellas dulces palabras «Gracias... te debo tanto mi amor» Se sonrojó, soltó el periódico, tosió con fuerza y carraspeó. Era difícil sacar de su mente lo de anoche. Para suavizar su irritada garganta tomó de un sorbo el restante del café. Colocó los codos sobre la barra de la cocina, estrechó sus manos. Y fue ahí, que empezó su análisis « ¿qué fue lo de ayer? ¿qué me pasó? nunca me había pasado...ese SENTIR, ese "ALGO" ..fue... fue increíble» —sonrió.

Sin más, se levantó del asiento. Dio dos pasos y entre sus piernas se restregaba el pequeño Tama.

—¡Hey, amigo! ¿tienes hambre, eh?

—¡Meoooow!—maullaba el gato negro— se restregaba una y otra vez en las piernas de Trunks al compás de sus ronroneos—prrrrrrrrrr.

—Está bien, está bien. Ven, te daré alimento.

Trunks se agachó, sirvió comida en los platitos del felino. Le acarició el lomo unos segundos— ¡eres un glotón!— se levantó.

Fue a unas de las habitaciones para vestirse, no sin antes tomar su móvil y marcarle a su madre. Quería saber como les había ido con las lluvias y qué tal se la estaban pasando en Kame-House.

«Sonaba el timbre del móvil»

—¿Sí?— contestó Bulma.

—¡Hola! ¿cómo están?—preguntó con alegría el muchacho sentado al borde de la cama.

—¡Hola, mi amor! estamos bien. Qué bueno que marcas ¿cómo está todo en casa? ¿cómo vas con el proyecto? Te extrañamos, todos han preguntado por ti —había un poco de interferencia la voz de su madre no era tan clara. Al fondo se escuchaban risas y bastante barullo.

—Todo esta bien mamá, sólo lluvia por aquí—dijo, Trunks.

—El clima no estuvo a nuestro favor ¿cierto?—el chico rió desde el otro lado del teléfono— De todas formas nos divertimos dentro de la casa ¿Cuándo vienes a Kame-House, mi amor? el cielo ya se ve despejado.

—No lo sé, mamá. Tal vez me lleve más tiempo revisar el proyecto de lo que esperaba «mentía» —el chico necesitaba de un pretexto para estar en casa con Mai. Si de la revisión del proyecto se trataba, bien sabia que hoy por la tarde lo terminaría— ... Por cierto ¿cuándo regresan?— con su pregunta dio a entender que no iría.

—Tal vez en unos dos días, Trunks. Haz lo posible por venir, hijo. Espera... alguien quiere hablar contigo ...—ruido de interferencia—

—¡Hey, Príncipe!— exclamó alegremente Goten— ¿Por qué mierda no viniste? ¡traje a los chicos para pasarla GENIAL! También traje a Pares conmigo— al fondo se escuchaban; Zerk, Yohei y Toya:

«¡Eres un maldito! estamos en una isla en medio de la NADA y sólo por verte! ¿Y nos dejas plantados? ¡No tienes perdón, DESGRACIADO!»— Trunks se carcajeó—

—Además—Goten, volvió al móvil —te perderás "mi show de la diversión" lo he estado ensayando con Yamcha y Puar ¡NO ME HAGAS ESTO!—dijo con exageración.

—Será una verdadera lástima— rió—Pero bien sabia que ese "show de la diversión de Goten y Yamcha" era de lo mejor— verás... estoy ocupado con «algo» — dijo muy irónico.

Goten reconoció en él esa forma de expresión, la conocía, ¡claro qué la conocía! Trunks le ocultaba algo no había duda. Subió al segundo piso de Kame-House aislándose del resto.

— A mi no me engañas ¿cómo que algo?— estaba intrigado.

—Si, «algo»— se les escapó una sonrisita burlona.

—¡Por Kami!—gritó. Y segundos después tapó su boca con la palma de su mano, alguien lo podía escuchar —¡¿Estás con una chica?!— dijo en susurros un tanto emocionado.

—"¡Ay no, me descubriste!"— exclamó haciendo el sorprendido.

—¡Ja,ja,ja! ¡LO SABÍA!—¿quién es? dime, ¡dime Trunks!—insistía el chico, quería saber.

—Bueno...verás, esto no estaba en mis planes solo pasó, entonces... ella llegó y..

—No me digas que...que ...¡¿es Mai?!

—...Sí.

—¡Vaya, eso si es sorpresa! ¿¡regresó a buscarte!?

—Algo así, Goten.

—¡Increíble!—dijo emocionado—yo sabia que algo importante además del dichoso proyecto no te dejaba venir—sonrió— ¿no vendrás, verdad?

—No, no iré. Sólo necesitaba de un pretexto para estar en casa con ella. Quiero disfrutar estos días a su lado.

—¡Entiendo! no te preocupes. No diré nada, pero con una condición.

—¿Una condición?— preguntó Trunks, confundido.

—¡TENDRÁS QUÉ CONTARME TODO CON LUJO DE DETALLES! ¿entendiste?— rió pícaramente.

—¡BAH! no fastidies—retorció sus labios, alzó una de sus ceja y colgó.

Goten soltó una carcajada.

— Creo que estás enamorado, príncipe— de la planta baja de Kame-House gritaron—¡Goten, te estamos esperando! —Él contestó en un grito—¡Voy para allá,chicos!— y con singular alegría muy típica de él se incorporó con los demás.

Trunks se vistió con pantalón negro, camisa blanca manga larga y corbata azul de rayas. Peinó con los dedos su lacia cabellera frente a un espejo incrustado en pared. Se roció su acostumbrado perfume de marca carísima. Finalmente, salió de la habitación. Fue rumbo al laboratorio. Cuando entró, tomó del perchero una de las batas blancas. Con ella puesta prendió la cafetera eléctrica, deseaba otro café «sí, uno más» encendió el televisor. Se sentó y del cajón del escritorio sacó una cajetilla de cigarrillos. Se dispuso a trabajar acompañado de una taza café al tiempo que fumaba un cigarrillo, combinación perfecta para un Brief « ¡A trabajar!»

...

Mai se desplazó por largos pasillos de la Corporación Cápsula. A paso lento, sigiloso, preventivo, como toda buena espía. Pronto llegó a un área donde se percibía el sonido de la televisión que informaba el estado del clima. «El clima para la Capital de Oeste para éstos próximos días será...» Sobresalía también el ruido de una cafetera que humeaba al tirar agua caliente, seguramente mezclada con ese liquido oscuro. Era fácil saberlo, se desprendía ese aroma de café que tanto le gustaba e inmediatamente impregnó todo el ambiente—suspiró— Estaba segura que Trunks se encontraba ahí. Supuso que era el laboratorio donde él trabajaba. Aquel lugar del que tanto le hablaba cuando le visitaba en la vieja casa. Pero, adelante había más. Un largo pasillo aún continuaba. La curiosidad de explorar le ganó, siguió caminando. Conforme a su paso, las paredes desaparecían se iban convirtiendo en grandes ventanales. A través de ellos se apreciaban, plantas, árboles, flores, animales. Era un hermoso jardín. Con brazos cruzados volteó al lado derecho, distinguió algo que parecía un invernadero. Su mente viajó, recordó que alguna vez en su nueva infancia había jugando ahí mismo con Trunks durante la fiesta de cumpleaños de Bulma. Recordó también que los abuelos Briefs, eran amantes de la naturaleza. Qué contrariedad de los abuelos, tendiendo toda la tecnología de punta a su alcance y preferían la naturaleza. Eso hablaba muy bien de ellos. Pese a sus lujos tenían algo muy importante en su persona: la sencillez.

Llegó al final del largo pasillo. Nuevamente ante su presencia las puertas se deslizaron de par en par. Sus ojos se sorprendieron. El lugar al que había ingresado le transmitía mucha pasión. Era un paraíso mecánico. Se trataba del área de mecánica y reparación de aéreo-naves. La emoción corrió por sus venas. Recorrió el lugar de par en par. Al fondo divisó unos casilleros, se acercó a ellos, abrió una de las puertas y encontró trajes de uso rudo de los mecánicos que trabajaban ahí: botas, cintos, guantes y demás. No dudo ni un instante en ponerse un traje. Lo tomó con sus manos, deslizó una pierna luego la otra. Un brazo y después el otro. La bata de baño fue directo a dar al suelo. Su mano cerró el cierre que empezaba de bajo del ombligo finalizando en el cuello, botas, guantes. ¡Y listo! Recogió con un pañuelo su larga cabellera haciéndose una coleta.

Estaba lista para empezar.

Se acercó a las naves que en su mayoría mantenía el cofre hacia arriba. Se adentró a un motor. Examinaba todo fríamente. Cuando terminó con su evaluación, se incorporó, agarró herramientas que se encontraban por ahí regadas « ¡manos a la obra!» Mai se introdujo otra vez en lo más profundo del motor. Movía aquí, movía allá, conectaba y desconectaba cables. Sudor corría por debajo del flequillo negro, pero ésta seguía y seguía sin parar. Cuando terminó entró a la nave, presionaba los botones de encendido con insistencia.

—¡Vamos, prende, prende!

Seguía insistiendo con el ceño fruncido, mordía su labio inferior. Su rostro era adornado por manchas de grasa. Hasta que de un momento a otro, prendió.

—¡SIII, PRENDIÓ, PRENDIÓ! ¡VIVA!

Salió de la nave súper emocionada con los ojos cristalinos, las manos entrelazadas al nivel del pecho, agitaba su cuerpo de un lado al otro y daba ligeros brincos. Era un derroche de frenesí. Lo había logrado, porqué ella era LA GRAN MAI «siiiii»

Sin embargo, una penetrante mirada azul fue testigo de tal acto. Estaba impresionado al ver el talento de Mai a flote. Él lo sabía, ella tenía un gran potencial para lo mecánico. Con toda la intención carraspeó fuerte tapando su boca, por motivo de que la chica se percatara de su presencia.

—¡Buenos días!— dijo con singular alegría.

Mai volteó petrificada. Al ver esa mirada azul se le vino en mente: los besos, abrazos, caricias, desnudez, jadeos, gemidos, respiración, lluvia y todo lo que tuviera relación con su primer noche de amor. Se sonrojó al máximo «te debo tanto mi amor»

—¡Tru– Trunks! Buenos días— saludó nerviosas con la vista hacia abajo.

—¡Hasta que te encontré!— exclamó sonriente con brazos cruzados y su típico atuendo laboral de capa blanca.

Mai estaba sin palabras.

—Ven, sígueme Mai. Tienes que desayunar algo— le cerró un ojo— la chica sin más le siguió.

Llegaron a la cocina.

—Bueno, no soy el gran chef pero me las ingenié en preparar algo delicioso. Vamos toma asiento— le señaló con su mano.

En la barra de la gran cocina de los Brief, había dos platos que contenían pan tostado, huevo, tocino. A un lado en una canasta había deliciosos panes, mantequilla, miel, mermelada y por su puesto unas tazas que desprendían un exquisito aroma de café. Ambos sentados frente a frente empezaron a desayunar. Mai comía lentamente, con pena, con la vista hacia abajo sin poder mirar a su acompañante. Trunks no le quitaba la vista de encima. Estaba extrañado, dudoso y muy curioso por la actitud de ella. Tomó un pan tostado, le dio una mordida, recargó su brazo en la barra y...

—¿No vas a dirigirme ni una sola palabra?—preguntó al tiempo que masticaba—Sé que te perturba un poco lo de anoche. Pero en fin, ¡lo hicimos! Créeme fue sincero, algo hermoso y en común acuerdo. No tienes porque sentir vergüenza al día siguiente ¿de acuerdo? — otra mordida al pan— así que, disfruta tu estadía, de mi compañía. ¿Tienes dudas, cierto? Yo también tengo muchas cosas por preguntar en cuando a lo de anoche. Pero no, no en el desayuno lo dejaremos para después ¿te parece? Además, te garantizo que lo que pasó anoche se volverá a repetir muchas veces más— el chico soltó una ligera risita picara antes de darle un sorbo al café.

Mai al escuchar la última frase por fin volteó hacia él con las mejillas rojas.

—¡ERES UN PERVERTIDO! ¿Lo sabes? ¡Siempre dices cosas que me AVERGÜENZAN!— dijo alterada.

Él soltó una carcajada.

— Es que apenas así logro captar tu atención.

Terminaron de desayunar y recogieron los platos. Trunks llevó a Mai al laboratorio.

—¡Ven, entra!— le cedió el paso.

La chica observó un escritorio larguísimo lleno de grandes planos, había muchas computadoras, asientos con ruedas y altos respaldos. Un televisor, herramientas, libros y demás utensilios. Tomó asiento a un lado de él. Con más confianza empezó a indagar sin penas.

—¿Qué es todo esto, Trunks?— preguntó curiosa.

—Son planos de un proyecto que estoy revisando. Le estoy ayudando a mi abuelo a evaluarlo— contestó el de ojos azules.

—Entiendo. Ahora que lo mencionas ¿dónde está tu familia?

—Salieron a Kame-House por unos días. Se dieron un pequeño descanso. Yo me quedé para que mi abuelo pudiera ir.

—¿Es casa del viejo maestro Roshi verdad?

—Si, así es. ¿Lo conoces?

—¡No, no! solo he oído de él — fingió demencia.

—Mmmm... entiendo. El maestro Roshi es un tanto conocido.

—Pero... ¿con éste clima lluvioso no la han de estar pasando del todo bien, verdad?

El chico rió.

— Sí, tienes razón qué mala suerte. Entonces que bueno que decidí quedarme.

—¿Por qué lo dices, niño? ¿no querías ir?

—Trunks sin voltear a verla por revisar el proyecto le contestó.

—Por ti, qué bueno que no fui porqué de no estar aquí, no hubiéramos coincidido en éste encuentro.

La chica se estremeció. No lo expresó pero se sintió alagada.

—Por cierto. Tal vez para la noche calme la lluvia ¿Quieres salir a pasear conmigo? no sé a cualquier lugar por ahí. ¿qué dices?

—Una... ¿cita?— dijo sorprendida.

—Si, algo así. — le miró a los ojos— Te conseguiré ropa. Después de las 6pm partiremos a pasear un rato.

Mai no dijo nada, aunque su mirada dijo mucho. Estaba ilusionada.

...

La tarde llegó.

Ya faltaba poco más de media hora para su «cita». Trunks entró a su habitación, dejó ropa para Mai sobre la cama. Mientras la chica tomaba una ducha le echó un grito.

—¡Mai aquí sobre la cama deje ropa para ti! Iré alistarme en otro baño. Te esperaré en la entrada de la casa. ¿de acuerdo?

—¡Está bien! te veo en un momento.

Ella.

Bajo el agua de la regadera lavó perfectamente su cuerpo, rostro y cabello. Con la mano tocaba su pecho. Su corazón palpitaba rápidamente, sonreía. Estaba emocionada. Ella tenía mucho que aprender del amor en sí y de la vida moderna. Después de todo estaba un poco obsoleta en modales, en noviazgos y otros aspectos de la vida cotidiana. Salió de la ducha, entró a la recamara. Sobre la cama, estaba las prendas que Trunks le dejó. Se trababa de un vestido color verde oscuro manga larga, ni corto ni largo quedaba justo arriba de la rodilla, parecía entallado. El color le gusto mucho. De calzado unas botas sin tacón color rojas. Mai pronto se vistió.

—Ahora ¿A quién le robarías ropa, niño?— se preguntó a si misma riendo.

Él.

Se duchaba en otro baño de la casa. Estaba feliz, pleno, satisfecho. Insistió en salir porque quería platicar largo y tendido con Mai. Despejar dudas de todo lo que se le viniera en mente. Cerró la llave, procedió a secarse con una toalla. Se vistió con un pantalón negro, una camisa manga larga gris y encima de ella una chamarra negra.

Listo él y listo ella.

Trunks fue el primero en llegar a la entrada.

Para hacer tiempo revisaba un estuche de cápsulas para elegir en que nave partirían. Unas botas rojas bajaban poco a poco por las escaleras. Él se percató de los pasos, volteó con una sonrisa y quedó maravillado por la chica. Se miraba hermosa.

— ¡Qué linda te ves! — dijo mientras agitaba su cabellera húmeda con una mano— ¡Ven, vámonos!

Fuera de la casa activó una cápsula y la arrojó al suelo. Ésta estalló. Cuando el humo se disipó apareció un convertible color plateado por su puesto con la insignia de la Corporación a un costado. Trunks le abrió la puerta a Mai, ella entró, se sentó. Él dio la vuelta, abrió su puerta y se introdujo al auto. Lo encendió metió cambios y partieron.

La ciudad estaba iluminaba con hermosas luces. Le hacían honor a la moderna Capital de Oeste. Mai miraba por su ventana todo el recorrido. No hubo roce de palabras durante el trayecto.

Ella con discreción observaba como Trunks metía los cambios de velocidad al convertible. Mai no era cualquier chica, tenía su lado rudo. No había cosa que le gustara más que los vehículos. Adoraba el ruido del motor. Y más adoraba el entender en qué consistía toda esa magia de la mecánica.

—¿Te gustan los autos standard, verdad?— preguntó, curiosa la chica.

—Si, me gustan mucho—sonrió— se siente genial meter los cambios. Es algo emocionante el acelerar y manipular el auto a tu antojo. No tengo nada en contra de los vehículos automáticos. Pero prefiero éste tipo transmisión.

Semáforo en rojo.

—No eres el único, Trunks. También los prefiero así.

Se miraron a los ojos, sonrieron.

—Y bien, cambiando de tema... ¿te apetece ir a un lugar en especial?—continuó manejando.

—No tengo idea, niño. Tú eres el experto en esto de las salidas ¿qué no?

—Ese es el maldito detalle— soltó una ligera risa.

—¿Por qué lo dices? no entiendo.— preguntó confundida.

—Me estacionaré. Caminemos un rato y de ahí decidimos a qué lugar ir ¿te parece?

Bajaron del auto. Él presionó unos botones y después de un gran estallido el vehículo volvió a su forma original de Cápsula. La guardó en una de las bolsas de su chamarra. Subieron a la banqueta. Éste le extendió la mano a la chica con decisión.

—¡¿QUIERES QUE TOME TU MANO?!— dijo nerviosa, un tanto rígida.

—¡VAMOS! no me salgas con que te da pena. — se acercó a ella y le susurró— merezco un poco de afecto delante de la gente. ¿no lo crees? No seas injusta conmigo. Además, pese a que te fuiste nunca dejamos de ser novios ¿verdad, linda? — tomó su mano y empujó a Mai hacia él.—¡Eso es! ¡lo ves! no es nada del otro mundo—sonrió.

Mai sonrojada caminó de la mano con él. Recordó viejos tiempos como cuando eran unos niños. Pasaron por varios lugares, plazas, tiendas, restaurantes.

—¿Por qué manejaste, Trunks? Tú puedes volar. Así hubiéramos llegado más rápido.

—Si, lo sé, pero aunque no lo creas me encanta manejar.

—¿Entonces es por eso? Bueno, yo puedo acostumbrarme a volar por la cielos a tu lado, aunque me es difícil pero lo haría o ¿es por algo más?

—Verás... mi madre se enfurece bastante cuando nos comportamos como unos salvajes —sonrió— Por lo tanto siempre a mi padre y a mí nos exige comportarnos lo más humano posible dentro de la sociedad.

Seguían caminando de la mano.

—Eres complicado, niño. Pero dime ¿cómo rayos no sabes a que lugar ir? Eres de la Capital de Oeste, ¡fuera el colmo!

Ahora el sonrojado era él.

—Aunque suene raro es verdad. Es la primera vez que salgo en pareja. ¿curioso verdad? ¡Bah! Ni yo me lo creo—soltó una carcajada—Desde que cumplí la mayoría de edad sólo buscaba bares, antros, otro tipo de diversión. Eso te consta, tú me viste salir de aquellos lugares alguna vez. Pero el estar así de la mano contigo en busca de un lugar tranquilo es raro para mí porque nunca lo hice con otra chica.

»Nunca he tenido una novia digamos «formal». Ahora que mi libertad está a punto de acabarse tengo que aprovecharte al máximo. Faltará poco menos de un año y medio para empezar a trabajar en la Corporación Cápsula. Así que se me abrirán unas puertas pero a la vez se me cerraran otras— la miró— Por eso estoy muy agradecido que hayas vuelto a mi lado. En verdad te extrañé, lo juro. — besó su frente— Pero luego platicaremos de eso con más detalle. Ahora dime ¿Qué quieres comer? ¿Sushi? ¿Dangos? ¿Oniguiris? ¿Pizzas? ¿Ramen?

La chica lo miró con ternura. Después de todo tenían muchísimo en común. Ambos ignorantes de tantas cosas de la vida.

—Muero de hambre, Trunks. ¿Qué te parece Ramen?

—¡De acuerdo! ¡Ramen será!

Al seguir caminando se encontraron con un pequeño restaurant de comida japonesa. Éste contaba con mesas y sillas al exterior del establecimiento. Tomaron un lugar, se sentaron y pidieron la orden. En poco menos de 20 minutos fue servida por el mesero.

—¡BUEN PROVECHO!—exclamaron ambos juntando las palmas de sus manos.

Empezaron a comer.

—¡Waaaa! ¡Está delicioso, Trunks!— dijo, la chica maravillada—¡mmmm moría de hambre!

—Me alegra mucho, que te este gustando.

Se miraron, sonrieron y continuaron comiendo.

—Sabes, no lo logro entender las cosas que me cuentas, Trunks. Lo único que te puedo decir es que eres afortunado.

—¿Ah, si? ¿por qué lo crees?— preguntó mientras seguía comiendo.

—Bueno, nuestras vidas han sido muy distintas pero comprendí que tenemos muchas cosas en común. Solo hay una cosa que yo no tengo y tú si.

—¿Y qué es?— preguntó con dudas.

—¡Familia, Trunks! Nadie pensaría que un niño rico como tú tuviera una vida ajetreada y sufrida. Pero, pese a eso, tienes un padre, una madre, una hermana, abuelos. Un núcleo familiar muy hermoso. Yo ni siquiera recuerdo el rostro de ni madre. Desde muy pequeña fui inscrita en un internado. Ahí crecí y viví por muchos años. Los demás niños junto con las maestras eran mi única familia. Cuando cumplí quince años decidí especializarme como soldado e ingresé a una Escuela Militar. Me enseñaron de todo; armas, pilotear, manejar, autodefensa básica, espionaje, mecánica y electrónica. El señor Pilaf un día fue a seleccionar soldados para su escolta personal. Y al verme entrenar me escogió a mí, solo a mí. Él fue mi segunda familia por mucho tiempo al igual que Shu. Ahora no encajamos muy bien por diferentes razones. Probablemente me ha de estar maldiciendo en este instante por abandonarlo.

—Trunks dejó de comer, miró fijamente a Mai. Sujetó sus manos.

—No necesitas a ese tal Pilaf de nuevo. Ahora me tienes a mí. Recuerda lo que te dije anoche. Piensa en ti, en lo que tú quieres y deseas. Te protegeré, te apoyaré. Daré lo mejor de mí. Lo prometo, Mai— la chica le sonrió.

De momento, mientras estrechaban sus manos y sonreía. Algo distrajo a la chica. Desvío disimuladamente su mirada y la centró en una pareja de novios que se besaban en plena calle recargados a un poste de luz. Trunks se percató de lo que ella observaba. Llamó al mesero, pagó la cuenta, tomó la mano a su novia y — ¡Vámonos!—exclamó.

Caminaron por un rato. Llegaron a un pequeño parque algo oscuro pero era lindo. Se sentaron en una banca.

Él la abrazó.

—¡¿Qué estás HACIENDO?! Alguien nos puede ver.

—¿Crees que no me di cuenta que observabas a esa pareja besarse? No tiene nada de malo—la abrazó con más intensidad—es normal que los novios se demuestren afecto ¡no seas tan recatada! Curiosamente tampoco he hecho algo así por las calles. Así que tranquila, también será la primera vez de ambos. ¿Sabes algo? tenía pensado llevarte al cine —soltó una carcajada— aunque creo que ya estamos grandes para eso. Además, no sé si alcancemos alguna función. No me programé, lo siento.

—¿Al cine? Tengo muchos años que no veo una película. La única que vi fue en el internado. Todos los sábados por la noche antes de dormir las maestras ponían un proyector y mirábamos películas. Aunque siempre era la misma. Era la de aquel científico loco y su mounstro Frankistain.

—¡¿QUÉ?! ¡¿ES EN SERIO?! — dijo, al borde de la risa.

Y si. Se carcajeó como un loco. No paraba de reír. Lagrimas salieron de su rostro que secó inmediatamente.

—¡NO PUEDO CREERLO!—reía— ¡DEBES DE ESTAR BROMEANDO —y más se carcajeaba—Al menos si hubiera sido la película de King Kong explicaría esa rara conducta de tus visiones del mono gigante — más risa—

—¡¿ACASO TODAVIA TE BURLARAS DE AQUELLA VEZ?! quise contarte cosas mías y tú ¡te burlas!— se cruzó de brazos molesta, le dio la espalda.

—¡En serio te lo agradesco, linda! — continuaba riendo— ¿sabes algo? había olvidado lo graciosa que eras. ¿Recuerdas aquel momento en donde me acorralaste con una pistola intentando matarme? ó ¿cuando le dijiste a mí mamá que tenias 41 años?


Mai.. Mai tengo algo que decirte

—¡Cállate, rehén!

—...Creo que siento tu pecho.

—¡Oooh!—se puso histérica la niña.


Trunks paró de reír. La abrazó.

—¡Vamos Mai! No te molestes conmigo. — besó su mejilla— En verdad me hiciste la noche. ¡Anda! Quita esa cara.

La chica resignada giro hacia él. Aún con el ceño fruncido y la vista hacia abajo. Él tomó su barbilla con la mano para alzar su rostro. Se vieron por unos segundos a los ojos. Trunks estaba con una expresión de felicidad, respiraba agitado de tanto reír. Ella fijó su mirada en los ojos azules y por causa su rostro se pintó de colores. Se querían, en verdad se amaban. Después de unos segundos sus labios se acercaron; se besaron. Lento y profundo. Como un par de locos sin importarles el ambiente o que los mirara la gente. Duraron largos minutos besándose, realmente disfrutaban de la unión de sus labios. Sin embargo, la madre naturaleza para bien o mal, hizo de las suyas. En el rostro de Trunks cayeron un par de gotas de lluvia, éste detuvo el beso y abrió los ojos.

—¿Qué pasa Trunks? —susurró, la chica en los labios de su novio.

—Creo que debemos irnos. Parece que empezará a llover otra vez. Vamos a comprar algún postre y regresemos a casa ¿sí? — besó sus labios rápidamente sin dejarla contestar.

Se levantaron de la banca, caminaron un rato para llegar a línea de calle. Él, hizo aparecer su convertible al activar la cápsula. Subieron, fueron a comprar unos ricos pastelillos en aquel lugar donde la abuela Brief era cliente frecuente «pastelería El buen sabor». Después de su compra partieron rumbo a la Corporación Cápsula. En cuanto llegaron a casa se soltó una fuerte lluvia. Otra vez con truenos y relámpagos.

—¡Vaya! Por suerte llegamos bien. ¡Qué clima tan más irreverente! El verano se está despidiendo con ganas.

—Si, eso creo. ¿Qué haremos ahora, Trunks?

—Mmmm... déjame pensar... ¡ah ya sé!

Tomó la mano a la chica y la llevó a una sala "de estar". El piso se cubría con una gran alfombra, había grandes cojines por todas partes. Una enorme televisión pantalla plana decoraba la estancia. Era el mismo lugar donde años atrás los Briefs en compañía de los Guerreros Z habían presenciado el anuncio del torneo de Cell.

—Espérame aquí. Ahora vuelvo— dijo, el muchacho.

Trunks llevó los pastelillos a la cocina. Fue a su habitación. Cambió sus prendas por algo más cómodo; unos shorts al nivel de sus rodillas color gris y una playera suelta color blanca. Al salir trajo consigo sábanas y una playera extra que le prestaría a su novia.

Regresó a la estancia.

—Te traje esto Mai, toma—le entregó la playera—En aquella puerta hay un medio baño— señaló con su mano la dirección— puedes cambiarte de ropa ahí. Yo mientras buscaré algo en la televisión.

La chica tomó la playera. Fue al baño, se quitó el vestido verde y se vistió con aquella enorme playera de Trunks. Fácilmente le quedaba como vestido. Ésta al nivel del pecho tenía la insignia de la Corporación Cápsula. Salió del baño. Todas las luces estaban apagadas. Sólo la gran pantalla de la televisión emitía cierta luz incandescente. Ahí estaba él, acostado entre sábanas y almohadas esperándola. Trunks volteó, le sonrió, con su brazo levantó la sábana. Era señal de que la quería justo a su lado.

Ella llegó y sin más opciones se sumergió a un lado de él con un grado de vergüenza infinita. Después de un rato de revisar canal tras canal sin encontrar algo interesante, sus corazones empezaron a palpitar por causa de sentirse tan cerca. El ambiente se tornó un poco tenso, tragaban saliva en repetidas ocasiones. Buscar algo en la televisión se convirtió en mero pretexto para estar juntos. Sus cuerpos empezaron aclamarse, sus respiraciones eran forzadas, casi asfixiantes. Tenían que amarse una vez más. Eso era la realidad escondida entre tanta faramalla. «amarnos una ves más» Trunks se colocó de lado, volteó hacia con Mai mientras se apoyaba del antebrazo. La chica un tanto nerviosa intentó fingir que no pasaba nada, miraba la televisión acostada boca arriba. Sin cuestionar, el muchacho apagó la « maldita» televisión. El control lo arrojó sin rumbos.

Él comenzó hacerle caricias en el rostro y cuello con majestuosa lentitud. Frotó su nariz con la de ella. Sus labios quedaron atrapados en un tierno beso escurridizo. Mai temblaba, apretaba los ojos, se sentía asfixiada aunque se dejaba llevar por la situación siendo un manojo de nervios «una ves más, Trunks» Sin imaginarlo, sus cuerpos se adaptaron a una mejor posición. Él sin permiso ni titubeos se colocó arriba, se sumergió entre sus piernas y vientre. Su acción fue recíproca por parte de ella quien abrió sus piernas por propia naturaleza femenina. Se besaban con más entrega, profundo, lento. Exploraba de bajo de sus flojas prendas, se tocaban con sutileza y detalle. Eran consientes de lo que estaban haciendo, también de lo que estaba a punto de pasar. Una danza de caderas chocaban con fricción y sincronía. Con voz agitada y besos arrebatados llegó la pregunta esperada:

— ¿Puedo amarte?

Después de mirarse unos segundos que parecían una eternidad la chica contestó.

—Sí, sí puedes— su piel estaba abochornada.

Trunks atrapó sus labios. Se besaban con intensidad, entre la fricción de sus labios se escuchaban gemidos. Ambos se ayudaron a desnudarse impulsivamente. Quien pensaría que alguna vez le haría el amor a una chica en casa de sus padres. El hecho de sonar riesgoso y prohibido incrementaba la pasión. Era meramente excitante. Él colocó sus brazos a los lados del rostro de Mai, un necesario movimiento de pelvis hizo que entrara en ella. Tenía que ser dulce, tierno. Recordó lo estrecho de su novia y con más razón tenía que ser muy, muy sutil. El Amor empezó otra ves, querían buscar aquella plenitud como la de su primer encuentro. Nuevamente la lluvia, truenos y relámpagos formaron una orquesta infinita para los amantes. Rodaron por la alfombra cambiando de posición. Ahora ella estaba arriba de él. Poco antes de llegar a la cúspide de su entrega, Mai habló con voz jadeante a su pareja y éste gemía de placer ejecutando el acto tomándola de las caderas.

—Trun...Trunks.

—¿Pasa algo? ¡ah!— contestó entre gemidos— ¿te estoy lastimando?.

—¡No, no! estoy...bien. Solo quiero que me contestes algo.— Tomó la mano de Trunks y la colocó en su pecho. Por el tacto el chico sintió el corazón de Mai muy acelerado.

—¡¿Qué cosa?!—no comprendía. Seguían ejecutando el acto con un goce infinito.

Antes de hacerle la pregunta llegaron al punto máximo del acto, gimieron, gritaron, se retorcieron. Qué bendición terminar junto con el ser amado. Mai cayó en el pecho de Trunks. Él acarició su espalda. Estaban jadeantes. La chica levantó su rostro y fijó su vista en él.

—Esto... ¿esto es...lo que se sienten al hacerlo? ¿de esto me he perdido todo este tiempo?—respiraba con dificultad.

Trunks sonrió jadeante mientras frotaba su frente. De lo más profundo de su alma se escapó un gran suspiro, contesto:

—Me temo que sí, pero si permaneces a mi lado te puedo enseñar muchas cosas y podré hacértelo muchas veces ¡las que quieras! — la miró con sinceridad.

—Para mi esto es nuevo, lo sabes— dejó la timidez a un lado. Besó el rostro de Trunks, el cuello, lo incitaba a continuar — hay que hacerlo otra vez ¿sí?

—¡¿OTRA VEZ!? ¡Dame un respiro, linda!—rió— Nosotros los hombres ocupamos descansar por un rato.

—Entonces… ¿Puedo preguntarte otra cosa?

—Adelante, hazlo. Andas con muchas inquietudes.

—Tú... ¿Tú sientes lo mismo con cualquier mujer?

El chico más que listo sabía a donde quería llegar con esa dolorosa pregunta. La abrazó con fuerza, ésta se acostó de nuevo en su pecho. Mientras tanto Trunks observaba el techo.

—Como explicártelo. Verás, el acto en sí es lo mismo. Es meramente placentero si lo vemos con frialdad. Pero, ¿si crees que uno como hombre se involucra de la misma manera con cualquier mujer? Déjame decirte que estás muy equivocada. Tal vez dudes de mí en ese aspecto, pero te aclaro que no es lo mismo hacerlo con alguien que amas. Así que no seas tonta, no dudes, disfruto intimar contigo.

« Te garantizó que lo mejor está por empezar»

La chica se sonrojó. Sabia que su respuesta era sincera por escuchar los latidos acelerados de su corazón.

Se mantuvieron ambos acariciando sus cabellos.

—Te imaginas que tu familia nos encuentre así—rió.

—¡Ni me lo digas! De seguro me matarían. Mi padre me encerraría en la cámara de gravedad y me daría la paliza de mi vida — acompañó a Mai con su risa. — ¿tomamos una ducha, linda?—besó su cabello. Ella aceptó, feliz.

Recogieron sus prendas y envueltos con las sábanas se dirigieron al baño de la habitación del muchacho. Bajo el agua de la regadera, estaban los dos tallando sus cuerpos y cabelleras con abundante espuma. En ese momento no pudieron faltar caricias. Trunks al ver la blanca piel de Mai no resistió, mordió uno de sus hombros. Por su puesto que la chica se molestó, le gritó enfurecida «!¿pero qué haces?!» él simplemente sonrió. Era un momento especial. Después de todo sirvió que unos días estuvieran solos conviviendo para así fortalecer aún más sus sentimientos. Terminando la ducha se secaron el uno al otro con las toallas. Se pusieron batas de baño, tomados de la mano se dirigieron a la cocina.

Entraron.

—Siéntate Mai. Tenemos pendientes los pastelillos que compramos.

La chica obedeció, se sentó. Observaba como Trunks preparaba dos tazas de café bien cargadas. Y ella seguía observándolo en su estado más natural: con bata. Además, su cabellera estaba escurridiza por la humedad y por causa, un tanto plana. Él le extendió la mano entregándole una taza de café. Ella la sujetó, se le pintó una sonrisa en el rostro, puesto el acto de invitarse un café era símbolo característico de ellos antes de empezar a charlar como pareja.

Abrieron la caja de los pastelillos, los probaron, estaban deliciosos. Una buena combinación para acompañarse con café, además de una excelente compañía. Ellos y nadie más que ellos. Rozaron miradas, compartían sonrisas; eran perfectos, se amaban, en verdad se amaban.

Mai al darle sorbos al café empezó con la charla.

—Trunks ¿Qué pasará con nosotros? digo, tus padres están a punto de llegar y no creo prudente estar aquí.

—No te preocupes. Ya te dije que te puedes quedar aquí por el tiempo que quieras. Estamos en confianza. Si te hace falta algo solo pídemelo. Pídeme lo que quieras—insistió.

—Pero no es correcto que estemos juntos en tu habitación. ¡Qué pena que sepan qué dormimos juntos!—le daba sorbos al café.

—Entonces ¿qué sugieres? Te puedo conseguir un departamento. O aquí mismo hay habitaciones de sobra, podrías instalarte en una de ellas. Obviamente te daría la más cercana a mi habitación. Para darte visitas nocturnas— le cerró un ojo.

—¡No digas esas cosas, niño!— se sonrojó — ¿sabes? pensé en aquello que me dijiste sobre trabajar aquí contigo. Reflexionando sobre eso, no creo que sea mala idea. Solo te pido que sea en el área de mecánica o electrónica. Y otra cosa más, por lo pronto quisiera vivir en otro lugar.

El chico abrió un cajón de la cocina. Sacó una cajetilla de cigarros. Colocó uno en sus labios y lo encendió. Miraba a su novia, tan linda, tan relajada, tan de cabello húmedo. Exhaló humo blanco por la boca para proseguir con la plática.

—¿Dónde quieres vivir, Mai? — preguntó con el cigarro en sus dedos.

La chica no respondió. Sólo le miró a los ojos e intercambiaron miradas. El azul y el añil se conectaron una ves más.

Y él supo la respuesta.

—¿En serio? ¿La vieja casa?— apagó el cigarro presionándolo contra el cenicero mientras exhalaba su última bocanada de humo blanco.

—Si, así es. Te haz de preguntar ¿por qué esa casa? La respuesta es fácil, Trunks. Esa casa con los pocos muebles que tiene fue gracias a mi esfuerzo. No menosprecio tu ayuda. Por lo contrario, me siento agradecida. Pero ese lugar es especial, a pesar de carecer tanto ahí fue la primera vez que platicamos, que nos vimos. Podría ir y venir todos los días. Ganar dinero al trabajar aquí, valerme por mi misma en lo que nuestra relación madura. ¿qué dices? Puedes tratarme como cualquier subordinado del taller.

Volvió a prender un cigarro.

—Eso me será un poco difícil, querida. No te podré tratar como los otros mecánicos porque para empezar te ves bastante sexy arreglando las aéreo-naves — sonrió— En cuanto a la casa, esta bien. Volveremos a nuestro recinto de haces meses. Apreció esa casa quizás por las mismas razones que tú, o tal vez hasta por más. Por irte a visitar todas las noches transformaste mi mundo. Además, seria mi escapatoria de la rutina. Acepto siempre y cuando me dejes quedarme los fines de semana contigo ¿está bien?.

—...está bien— dijo, no muy convencida— De todas formas si te digo que NO ahí te tendré, niño.

—Entonces, trato hecho—estrecharon sus manos como novios y buenos socios.

—No deberías de fumar, Trunks. Odio el cigarro.

—Lo sé, pero después de oler tantos años nicotina me hice adicto. ¿Por qué no te unes a mí vicio? Fumar en pareja seria romántico—rieron.

—No estoy loca, niño—se cruzó de brazos.

—Entonces mañana volaremos para llevarte a la vieja casa. Buscaremos otra vez al señor. Haremos compras, te regalaré una de mis naves y te ayudaré a instalarte. También hablaré con mi madre de ti y sobre tu interés de querer trabajar con nosotros. ¡Ah! otro detalle importante, un nuevo móvil para ti. Después de todo ya no tendré el mismo tiempo de antes. Las tonterías se acabaron para mí. Así que quiero estar al pendiente de ti.

—¡Espera, no entiendo! desde que estuvimos en la calle no dejas de decirme eso. ¡Eres raro! No sé de que hablas. ¿Qué quieres decir con eso? ¡Explícame!

—Mai, yo no soy cualquier joven. Soy un Briefs. Y tú lo sabes. Mi abuelo está a punto de retirase de la Presidencia de la Corporación. Seré su sucesor, tal vez también ejerza en el laboratorio, no lo sé aún. Pero a lo que voy es que estaré preparándome para ese día. Te estarás preguntado ¿Y eso qué? Pues bueno, estaré a la vista de todo mundo, en periódicos, revistas. Por lo tanto no podré salir con frecuencia. Al menos que lo haga a escondidas o con cuidado. Seré el presidente más joven de tan prominente compañía mundial. Es algo que me aterra, lo confieso. No esperaba que fuera tan rápido. A lo que me refiero es que no podré hacer "cosas normales". Por eso quise tener una cita contigo para saber lo que es andar de la mano sin estar bajo el ojo del huracán. Por eso te besé en el parque para no generar reproches por lo próximo que se avecina. De no se por ti no tendría ni tiempo de buscar una novia. Caería en el mismo vacío nocturno, una noche con cualquier mujer y listo. Quizás eso explica mis alocados impulsos, estaba compitiendo contra el tiempo pero éste me alcanzó. Y ahora es mi turno de ceder al compromiso. Mi gran temor siempre ha sido quedarme en completa so...

—...Soledad— la chica terminó la frase.

Se miraron fijamente a los ojos.

Cuan parecidos eran. Era los mismos miedos, bajo diferentes enfoques. Diferentes vidas, diferentes cuerpos aunque con el mismo objetivo. Pasara lo que pasara nunca estar en soledad. Eso era un arma letal para ambos.

—No tengas miedo, Trunks. Sé que no soy la indicada para decirte esto. Pero en verdad estoy a tu lado. Tal vez me cueste trabajo expresarlo pero lo que siento por ti es verdadero. Mi vida también fue difícil. Pero ¿sabes? si regresé a buscarte fue porque quería cerciorarme de algo. Ayer mientras dormíamos y me abrazabas, mis dudas se vieron despejadas, se iluminó mi mente y la respuesta de todo fue: quedarme a tu lado. Pese a toda adversidad pero a tu lado siempre. Porqué contigo supe el verdadero motivo de mi existir.

Trunks quedó sorprendido antes tales palabras. El corazón le palpitaba a mil por hora. Ignoró el cigarro que estaba fumando, se levantó de la silla para ir hacia ella. Hizo que se levantará y la abrazó con todas sus fuerzas, con todo su amor, con el más sincero sentir de su alma.

—Te necesito. ¡Te necesito a mi lado! Porqué me motivas, me alientas, me inyectas vitalidad. Éste gran reto que me espera quiero empezarlo a tu lado. Soy sincero contigo, nunca te defraudaré mi amor. Ahora por favor veme a los ojos, quiero preguntarte algo.

Mai volteo hacia él. Éste tomó sus mejillas y con sus pulgares les hacía caricias.

—¿Me amas?— preguntó con ojos llorosos sin parpadear. Sumergiéndose en azul añil.

Mai quedó perpleja por la pregunta. Sin voz, sin aliento. Estaba con el corazón al borde de la explosión. Pero pese a todo su sentir, contestó:

Sí— afirmó, al compás de su cabeza que se movía de arriba abajo con lentitud. Con una susurrante y pausada voz terminó la frase — Te amo, Trunks.

Uno, dos, tres.

Trunks la besó como un demente. Con la respiración agitada, con emoción, con alegría.

«Te amo, te amo, te amo»

—Yo también te amo.

Él tomó de su mano, con prisa la llevó a la habitación. Entraron, e inmediatamente presionó el código de seguridad de la puerta. Reían como dos adolescentes. Ésta sería su penúltima noche juntos, no quería interrupciones. Porque cuando se asomara la luz del día ellos tendrían mucho por hacer, por planear en su nueva etapa juntos. La recostó sobre la cama, se quitaron las batas. Él se colocó sobre el cuerpo de ella. Y se empezaron amar: con pasión, con lentitud, con frenesí. Gimieron, gozaron en su máxima expresión. Él le susurraba al oído esa frase que los conectaba.

«Te debo tanto mi amor, te amo ».

Cambiaron de postura; ella arriba de él. Trunks soltó las caderas de Mai. Colocó los brazos a los lados. La dejó inventar, se dejó llevar por la inexperiencia. Quería ser nuevamente sumergido por ese SENTIR, llegar al péndulo de sus anhelos. Desnudar el alma.

«¿Qué tenía ella? ¿Por me qué hace sentir "eso" Me sumerge en su inexperiencia, pero hay más. Hay algo más allá en esos orbes azul añil, lo veo, lo siento, lo presiento. Con ella puedo entregarme con majestuosa plenitud, cerrar mis ojos, flotar, ser víctima del goce, de ese sentir que me enloquece. El placer es infinito que es desmedido, desvergonzado y a la vez sensato, respetuoso, maduro, exacto. Es como de esos amores a la antigua... Qué secretos guardas, Mai»

Él era de ella. Así estaba dicho, así sería por siempre. Se amaron más y la lluvia no cesaba, sus cuerpos sudaban, una melodía de jadeos, gemidos adornaba el acto erizando hasta las más pequeñas partículas de la piel. Se impregnaron de ellos. Con cada beso que se daban sellaban su poderoso pacto de amor. Se sumergieron entre sábanas y abrazados se quedaron dormidos.

...

Un nuevo día se asomó por la ventana. Mai despertó, estiró sus brazos y bostezó. Volteó hacia el lado derecho de la cama, Trunks estaba ahí serenamente dormido, boca arriba con un brazo sobre el estomago, transmitía tanta paz. Ella se sintió afortunada porque era la única persona que lo conocía en su estado más natural. Los ojos del muchacho se abrieron lentamente, volteó hacia ella, sonrió.

—Buenos días, amor.

—Buenos días— contestó la chica.

...

"El insomnio llegó a mi vida al beber un café y después al mirar a tus ojos"

CONTINUARÁ...


Gracias querido lector por llegar hasta aquí. ¡Nos leemos!.

Mil disculpas por demorarme con el capítulo. Se atravesaron fechas navideñas y ustedes saben, son días ajetreados. Pero aquí estamos con mucho cariño. Ojala que haya sido de su agrado.

Como siempre espero su RW,.

Beta Reader: Mari Tourquiose. ¡Gracias linda!

Feliz Navidad y un Próspero año 2016 ¡Bendiciones!

Con Cariño:

Kuraudea.