—Todos, todos te observan.
—¿Y eso es malo, Mai?
—No, pero ...
—Ah, entiendo. Estas celosa ¿verdad?.
—¡Claro que no, niño! —él rió.
—¿Entonces?
—Es solo que ...
—Yo que tú—interrumpió—ni siquiera le tomara tanta importancia.
—¿Por qué? Sí que eres soberbio, Trunks.
—¡No, para nada! Creo que no comprendes.
—¿Comprender?
—Así es. Tú dices que todo mundo me observa pero ¿yo los observo a ellos?
—Eso no lo sé.
—Y nunca lo sabrás porque yo solo tengo ojos para ti, tonta ¡¿qué no comprendes?!
—¿Lo dices... lo dices en serio?
—No lo dudes, claro que sí—la chica se sonrojó.
Y sus cuerpos con lentitud se balanceaban plenamente de un lado a otro, disfrutando de una pieza musical en la intimidad de su departamento.
"El insomnio llegó a mi vida a través de tus ojos azules. A veces el amor es frío, caliente, ligero o espeso; tan parecido al café. Entonces comprendí que el amor debe de disfrutarse en compañía de esa humeante sustancia; por cada sorbo, un suspiro saldrá inspirado en ti"
Con aroma de café
Capítulo VIII
Ser todo en tu vida
La vida laboral no tenía perdón sobre los chicos. Las semanas pasaban y no eran conscientes del tiempo; días, minutos, segundos, se convertían en cosa de nada. El día terminaba sin que ellos lo percibieran como naturalmente lo hacía la gente ordinaria. Empezaban labores con el resplandeciente Sol, pero al salir, la Luna les saludaba con su luz plateada. Hasta ese entonces comprendían que su jornada había terminado y que mañana otra vez tenían que volver a empezar. Cargar reloj de mano fue algo que con anterioridad se negaron hacer, era una pésima idea, si de por sí el trabajo era extenso y estresante, más lo sería si fijaban su vista a las manecillas del reloj con su desesperante sonido de «tic, toc» que seguramente les provocaría una segura ansiedad y peor aun, el tiempo correría más lento.
Sin embargo, seguían juntos en su camino. Pese a todo eran buenos en sus ramas: inteligentes y desafiantes. Cada uno con su respectivo carácter bien definido. Trunks era noble, e incluso más noble que Mai, pero dentro del rol de «presidente» de la Capsule Corp; se convertía en otra persona completamente diferente. No era malo, ni vil, aunque si bastante exigente. De vez en cuando explotaba y pobre para el que le tocaba estar en ese instante con él. Tal vez Trunks tenía cierto carácter fuerte que salía a flote muy a lo largo, era lógico teniendo sangre saiyajin, aunque con su lado humano se equilibraba manteniendo un margen neutral en su persona. Viéndolo desde otro punto de vista, era el par más adecuado para Mai. Entre chismes de pasillos se hablaba mucho de ellos en cuanto a su relación. Los mismos empleados los catalogaban como una pareja paralela, pero bajo la ignorancia de los demás eran el Ying y el Yang en su máxima expresión. Fuera de eso, todos querían y respetaban bastante al presidente Trunks que siempre se le miraba tan radiante.
¿Era observado? Si, técnicamente. Y no solo por los medios de comunicación sino por sus mismos empleados. Era tan cansado tener que andar entre pasillos y que murmuraran de él. Tres años tenía como presidente actual y ¿qué acaso no se acostumbraban a verlo? Sacaba suspiros de las trabajadoras hasta e incluso del afeminado bigotón de Giorgi, que su única ocupación "útil " era ser el saca copias.
No llegaba al borde de ser un «Estrella» pero su nombre era de importancia y la fama de la Capsule Corp era inmensa. La insignia de la «CC» era parte de la vida de muchas familias en diversas partes del mundo. A estas alturas solo faltaba que golosinas tuvieran la insignia en la bolsita del empaque. En cuanto a las revistas de espectáculos, las odiaba, por cualquier cosa insignificante que publicaran le hacían disgustar, obviamente en su mayoría eran artículos con información falsa. Pero por otro lado, cuando su nombre aparecía en revistas de rama empresarial o tecnológicas, no le molestaba del todo. Que le reconocieran esa parte de él le parecía buen elogio porque al final de cuentas eso era: un empresario. Tan humano como cualquiera de sus consumidores.
El área de mecánica y electrónica se ubicada a una considerable distancia de la oficina de Trunks. Ese lugar era el recinto laboral de Mai de todos los días. La chica era encargada de esa área en especial, igualmente tenía gente a su cargo. Su labor también se podía catalogar como compleja, aunque no tanto como la de Trunks que abarca conocimientos en todas las áreas en general.
En sus ratos libres, que eran pocos, el chico invitaba a Mai a comer en su oficina. Siempre tomaban una taza de café humeante y al terminar de beberla, mutuamente se daban masajes en la espalda, cuello y hombros. En esa intimidad aflojaban un poco sus prendas, se quitaban los zapatos para sentirse relajados. En otras ocasiones el descanso de media hora la pasaban única y exclusivamente besándose, como si sus labios fuera el alimento que necesitaban para mantenerse fuertes. Algunas veces, Trunks se daba el lujo de dormir en aquel sofá que estaba en su oficina, mientras Mai se sentaba en uno de los extremos, el chico tomaba sus muslos como almohada, dormitaba por un rato siendo vilmente contemplado por el azul añil que acariciaba su cabello.
Qué grata compañía era tener a Mai como pareja. En un momento el joven llegó a concluir que el destino le había mandado a la mujer correcta. ¿Tenía temperamento fuerte? Sí, bastante. Era muy irreverente. Sin embargo, él sabía cómo manejar a la chica perfectamente. De alguna forma, los saiyajin se sentían atraídos por mujeres de carácter fuerte, al menos eso era lo que Vegeta siempre le decía a Trunks «nos sentimos atraídos por mujeres rudas porque así eran las de Vegetasei».
Quien como Mai que estaba a su nivel intelectual y laboral, que comprendía perfectamente lo ajetreado de su profesión, que conocía sus más íntimos secretos. Cualquier otra chica no le hubiera aguantado el paso, se hubieran cansado con facilidad y quizás estuviera solo con amoríos de a ratos. Pero afortunadamente no era el caso, tenía a su complemento perfecto: su indomable Mai.
El exceso de trabajo los distanció un poco. Cuando Trunks salía temprano, Mai salía tarde y viceversa. La chica por mera empatía, saliendo del trabajo se iba directo a la vieja casa, pensó quizás, que su pareja tenía que descansar lo suficiente en su departamento para estar al cien. Trunks comprendía, sin embargo extrañaba dormir con ella. Así se mantuvo el ritmo alrededor de tres semanas. Era el mismo lapso de tiempo que no intimaban y «alguien» estaba un «poco» impaciente por ello. Si se encontraban por casualidad entre los pasillos, se daban un discreto beso en los labios. Obviamente cuidando que nadie los mirara, así se daban ánimos para continuar su jornada.
Al paso de unos días.
En la sala de juntas todos los encargados de cada departamento se habían reunido para entablar ciertos puntos de importancia. Esa junta por lo general se realizaba dos veces por año. El lugar no era nada del otro mundo. Había una mesa ovalada muy larga, paredes blancas, un proyector y sillas de vinil café con amplios respaldos. En una pequeña mesa con mantel blanco, había aperitivos: galletas, sodas, café, etc. Cada jefe tenía una copia del tema a tratar en la junta: Psicología Laboral.
A un ladito de cada encargado, estaba depositado un pequeño garrafón de agua con la etiqueta de la «CC». La junta dio inicio a las 7:30 de la noche. Por consecuencia, en los alrededores de la empresa ya no se encontraban la mayoría de los empleados, solo unos cuantos. Trunks tomó el asiento del final, asiento que justamente comenzaba con el óvalo y que para variar quedaba enfrente del proyector. Tres asientos hacia su lado izquierdo estaba su amada Mai revisando el engargolado. No podía quitarle la vista de encima. «¡Es que es tan hermosa!» y la junta se fue al carajo porque él solo se perdía en ella, fingía poner atención aunque no era nada del otro mundo, era el mismo tema de todos los malditos años que hasta ya se lo sabía de memoria.
¿Por qué mejor no perder el tiempo con algo más grato? La extrañaba tanto y la deseaba ¡la deseaba bastante! De momento, Mai se levantó del asiento, se disculpó diciendo que tenía trabajo que hacer, además, ciertamente la junta no convergía del todo con su área. Trunks asintió dejándola ir, la chica dio un par de pasos. Era tan hermosa, tan sexy, tan fina y elegantemente bella, que el chico quedó completamente anonadado por la atracción sexual que sintió. Antes de abrir la puerta, Mai volteó de reojo con Trunks lanzándole una mirada tan seductora con media sonrisa en sus labios rojos. Esa fue la señal. Lo incitó, él lo supo, sin embargo ella abrió la puerta y salió.
¿Y ahora cómo salir de la maldita junta? La sangre le hervía. Necesitaba a su mujer, la necesitaba ahora, ¡la necesitaba ya!.
Y Trunks perdido en su mundo no prestaba atención a nada.
«¡Al carajo todo!»
—¿Usted qué opina, señor Brief? —preguntó uno de sus empleados, mientras el «Señor Brief» en sus pensamientos desnudaba a su mujer—¿Señor Brief...?—insistió el hombre, hasta que exclamó de repente —¡SEÑOR BRIEF!— el chico dio un ligero brinco.
—¡Ah, sí, sí, me parece bien! —contestó sin saber de qué se trataba, agitó ligeramente su cabeza y se disculpó—perdón, es que estoy un poco cansado—retiró sus lentes, después con la mano frotó su frente—por favor, prosiga—añadió.
—Si, señor Brief. Como usted ordene.
«En el periodo del anterior ciclo laboral se diagnosticó una baja en el rendimiento del empleado ... bla...bla...bla...bla...BLA»
Todo lo que parecía un lenguaje entendible, se convirtió en una horrenda voz distorsionada en cámara lenta, como si el sujeto estuviese hablando con pesadez en su lengua y en idioma bastante extraño.
«Bla...bla...bla»
—Tengo que librarme de esto—pensó para sí mismo.
¿Cómo salir de aquí? ¿Qué pretexto poner? ¿Agua? Pero si en la mesa había botellas de a montón, ¿CAFÉ?, por desgracia a un lado estaba la cafetera humeando...¿ir al baño? En acaso de ir al baño, solo sería cosa de unos cuantos minutos y él ocupaba de más tiempo. Finalmente, no se le vino nada en mente. Un momento... ¡¿por qué dar tantas explicaciones?! ¡Era el Presidente! si se quería ir, solo era cuestión hacerlo y ya.
—Discúlpenme, olvide que tengo un contratiempo—se levantó de la silla—si es necesario la información envíenmela a mi correo electrónico.—dio unos cuantos pasos y salió por la puerta.
Al fin era libre.
Se sintió como un chiquillo al mentir de tal forma. Caminando entre los pasillos a paso firme, iba soltando pequeñas risas. Tomó el ascensor, descendió y finalmente llegó justo al lugar deseado: el departamento de electrónica.
Caminó un poco más y a través de unos cubículos cristalinos, vio a su amada sentada sobre una silla, revisaba unos planos mientras tomaba una taza de café. Con cautela el chico la sorprendió con un beso en la mejilla. Mai dio un ligero brinco, se había asustado puesto que en el área ya no había nadie más que ella.
—¿Trunks...?—hizo una pausa—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —se puso de pie para encararlo—¿Y la junta?
Él le abordó su cintura, sin permiso pegó el cuerpo de la chica al suyo. Con desfachatez contestó:
—A la mierda la junta...—sin pensarlo demasiado se prendió de los labios rojos.
Mai forcejeaba, intentaba zafarse. Le daba puñetazos en el pecho. Quería saber qué pasaba.
«¡¿A ti qué rayos te pasa, mocoso?!»
Pero su lucha fue en vano. Cedió. Se entregó a la majestuosidad de los finos labios de Trunks que con pasión la besaban, se unio al vaivén de las manos que subían y bajaban. Él la tocaba, y ella lo permitía sin poner obstáculos.
«Me encantas, por eso te odio tanto, niño»
...
Minutos después...
Los amortiguadores junto con la suspensión trasera de una camioneta Jeep que parecía estar en reparación, se movía víctima de dos cuerpos semidesnudos que con descaro y prisa se estrujaban armoniosamente. Por lo angosto del vehículo, tuvieron que «hacerlo» sentados, aunque se les facilitó bastante porque no había la necesidad de desvestirse del todo. Trunks se quitó la corbata, el saco y desabotonó su camisa blanca que deslizó a media espalda, el resto de ella quedó atrapada en las muñequeras que no desabrochó.
Pero que más daba, así estaba bien. Tenía buena libertad en los brazos para ejecutar bien «el acto». Por otra parte el pantalón junto con la prenda de interior llegó a deslizarse a media pierna. Con eso era suficiente, en caso de que alguien se infiltrara sería más fácil vestirse. Sin embargo, Mai estaba sentada sobre Trunks con las piernas flexionadas a cada lado de la cadera masculina. El usar falda fue una verdadera maravilla porque solo la levantó hasta su cintura, las manos de tes bronceada retiraron la pantaleta que lucían coquetos encajes, no conforme, abrió la camisa de la chica y de alguna forma alzó el sostén dándole libertad a los pechos blancos que besaba idiotizado.
Al entrar en ella, fue necesario en primer instante externar un gemido mutuo por sentirse unidos. Cuan deseoso estaba el joven Brief por poseer a su pareja. Embestidas siguieron a un ritmo medio, él se apoderó de las caderas de la chica y sumergió su rostro en los pechos jadeando en ellos. Su frente brillaba gracias al sudor. Las manos de Mai se aferraban en la cabellera lila estrujándola con fuerza, mientras la mitad de su rostro descansaba en la nuca del joven.
Y el ritmo se aceleró.
Trunks siseaba apretando sus dientes, reprimiéndose de gemir con fuerzas ¿Qué tal si alguien los escuchaba? Un delicado jadeo femenino indicó que estaba en el punto máximo del sentir y el chico aceleró con fuerza: más embestidas, más potencia, e inevitablemente el final llegó para ambos. No pudo evitar externar un fuerte gemido, era imposible no hacerlo. Sus cuerpos temblorosos se recargaron sobre el respaldo del asiento. Aún bajo la misma posición buscaron sus rostros, se miraron a los ojos y con pequeños jadeos ayudaban a estabilizar su respiración. Finalmente, un beso tierno se suscitó en ambos.
Con mayor tranquilidad y acariciando sentidamente sus cuerpos, se hicieron de palabras:
—Eres un depravado—acariciaba los mechones lilas—¿lo sabías?—preguntó, Mai.
El chico externó una risa.
—Lo soy, aunque tú tampoco te quedas atrás, linda. Mira que fue ingenioso hacerlo aquí en el taller de reparación en donde solo tú tienes acceso.—besó su mejilla—¡Eres brillante, eh!—provocó sonrojar a la chica.
—No me dejaste otra opción—se justificó cruzándose de brazos— si no te hubiera traído para acá, lo ibas hacer sobre mi escritorio. ¿En qué rayos pensabas, Trunks?
—Tu tuviste la culpa, me lanzaste esa mirada seductora y no pude controlarme. Además, no haz de saber que llevamos cerca de tres semana sin hacerlo, me estaba volviendo loco—rió.
—¡Pervertido!—respingó.
—Venga, no me lo tomes a mal. ¿Por qué todo lo tomas así? —sonrió—soy sincero, lo sabes. E incluso en estos actos pervertidos, lo soy—la chica no evitó soltar una risa—aparte vendré más seguido a visitarte, así podría ayudarte en la reparación de naves ¿Qué dices? — obviamente su propuesta no era nada seria, habló en doble sentido.
—¿Tú vas ayudarme? ¿En verdad jefe Trunks?—se burlaba.
—No me subestimes solo por el hecho de estar en la oficina. Soy un Brief, recuérdalo. Es más —miró a la chica con determinación—puedo decirte justamente que le hace faltaba a éste jeep—Mai se sorprendió.
—¿De verdad...?
—Aja.
—A ver dime...
—En primer instante puedo diagnosticar que a esta cosa le hacen falta unos buenos amortiguadores—soltó una carcajada— es que rechinó tanto.
—¡Eres un tonto, Trunks!—golpeó su pecho—creí que hablabas en serio.
—¡Claro que hablo en serio! — dijo entre risas —bueno, bueno, ya fuera broma cuando ocupes algo solo dímelo, en verdad sé de todo esto. Lo juro.
—No tienes remedio, niño.
Bajaron del jeep, arreglaron sus prendas poniendo todo en su lugar. El chico subió su pantalón, fajó su camisa, se colocó la corbata, el saco y por último buscó su reflejo en la ventana del vehículo para peinarse con la ayuda de sus dedos.
—¡Vaya, si que me despeinaste!.
—Si que por poco arruinas mi sostén—contraatacó mientras se vestía y el chico se sonrojó.
Después de tan improvisado encuentro, Trunks invitó a Mai a quedarse en su departamento.
...
Semanas siguieron, pero el ritmo laboral no cesaba. Tuvieron la oportunidad de escaparse e ir a visitar el risco en dos ocasiones más. Y le gritaron al mundo ampliamente entre risas toda su frustración con sonoros ecos que repetían sus frases.
Definitivamente ocupaban despejarse «¡necesitamos unas vacaciones!» fue lo pensó Trunks cuando almorzaba con Mai en su oficina. Pero por desgracia la agenda de ambos estaban bastante apretada. Entonces, el chico recordó aquella propuesta que su desvergonzado amigo Zerk le hizo semanas atrás.
«¡Hay que salir a divertimos, Trunks!»
Y sí.
De momento pareció una genial idea. Obviamente no sería como cuando él salía solo con los chicos, no «¡Eso jamás!» Porque esta vez iría Mai con él, aunque no tenía por que ser aburrido, igual se la pasarían bien.
En el lapso de la semana todo se organizó. Trunks, le marcó a Zerk y ambos se pusieron de acuerdo, contactaron al resto de los chicos para informarles de sus planes.
El lugar en el que pasarían una genial noche de sábado, sería en el antro popular llamado "Dionisio" solo que en su área VIP para que Trunks se sintiera cómodo.
«Miércoles, Jueves, Viernes»
El sábado se dejó venir rápido. Aunque para los atareados chicos trabajadores de la Capsule Corp, se le hizo una eternidad.
Mai por motivos de que su amado Pilaf y Shu se encontraban aún en la vieja casa, optó, por quedarse en el departamento de Trunks desde el jueves por la noche. Como ya sabía los planes para el fin de semana, había traído consigo la ropa que utilizaría en la reunión. Ella siempre tan precavida.
La noche del Sábado.
Frente al espejo del tocador de la habitación del joven Brief, la chica se maquillaba el rostro. Delineó de negro sus ojos con una línea pronunciada, puso rímel en sus pestaña, le dio vida a sus labios con su acostumbrado labial rojo y después que los pintó, los apretó para unificar el color en ellos. Era algo inconsciente pero en la "hora del maquillaje" una mujer suele hacer sin fin de muecas. ¿Habrá necesidad de eso? ¡quién sabe!, pero bueno, típico ademán femenino. Después de que terminó su maquillaje, procedió a quitar unos tubos que estaban enrollados en las puntas de su cabellera negra, quería lucir un poco diferente a lo de diario, si de por sí su cabello era por naturaleza lacio, ahora quería un poco de volumen. Su flequillo lo peinó como solía hacerlo desde hacía tres años: de lado.
Con un coqueto coordinado de ropa interior, se levantó de la silla. Procedió después, en deslizar por sus piernas unas medias con ligeros de color piel. Sobre la cama estaba un vestido color negro. Lo tomó con sus manos, bajó el cierre e introdujo sus piernas en éste, enseguida lo subió al nivel del pecho. El vestido llegaba justo arriba de su rodilla, era liso, sin mangas, hacia lucir perfectamente sus hombros. Decidió adornar su cuello con un discreto collar de plata, ¡y listo! Ahora solo faltaba que «alguien» le ayudara a subir el cierre del vestido. Y ese «alguien» estaba saliendo del baño enrollado por una toalla blanca que se aferraba a su cintura , mientras que otra se mantenía sobre sus hombros absorbiendo las gotas de agua que colgaban de su mechones lilas.
El joven Trunks con sus manos tomó la toalla y secó con rebeldía su cabello, un tanto exagerado. Cuando su vista se fijó en un entallado vestido negro, soltó un silbido alargador.
—¡Fiuuu! ¡Por todos los cielos,estás preciosa!—expresó cautivado.
La chica que estaba de pie a un lado de la cama, agradeció sonrojada.
—Gracias.—frotaba sus brazos con pena— Trunks... ¿podrías ayudarme a subir el cierre de mi vestido?—se dio la espalda.
—¡Claro!
El chico se acercó,tomó el cierre y con sus manos varoniles lo subió.
—¡Listo!–inevitablemente no pudo resistirse y mordió uno de los hombros de la chica.
—¡QUÉ ESTÁS HACIENDO!—él chico soltó una ligera risa—¡no ves que si me dejas un chupete lo van a VER! —se cruzó de brazos—deberías de apúrate a cambiarte o llegaremos tarde—refunfuñaba.
—¡Lo sé, lo sé!—fue a dirección del closet—no te apures, créeme que en 10 minutos estoy listo.
Trunks tomó del closet un traje negro, era liso por completo. Trajo con él todo lo que necesitaba para alistarse y aventó las prendas en la cama. Se acercó al borde de ésta y con la mayor naturalidad retiró la toalla que le cubría. Con su desnudez expuesta, empezó a vestirse dándole la espalda a su bella acompañante. Mientras tanto Mai, pese a ya conocerlo, aún no dejaba de impactarle e incluso seguía sonrojándose. Fingía no voltear, pero sus ojos azules con cautela perforaban la espalda del muchacho. Él deslizó por sus piernas el bóxer, de ahí, la camisa de interior cubrió su pecho «¿Y cómo pretendo niño maldito, que nadie te observe?» prosiguió con el pantalón; metió una pierna, otra pierna y lo subió a su cintura pero antes de abrocharlo, fajó su camisa blanca manga larga. Nuevamente se sentó en la cama, siguió con las calcetas y los zapatos «¡Es que ni yo puedo dejar de mirarte!» continuó con el saco, roció perfume y con un poco de gel entre los dedos peinó rápidamente su cabello.
—¡Listo linda, vámonos!—le extendió la mano.
«Me encantas, maldito niño»
Era imposible no manifestar «Celos» si Trunks era bastante atractivo, ¿cómo no sentirlos?. Cuando se iba a imaginar que ese niño de overol de mezclilla se convirtiera en un apuesto hombre, y peor aún, en su pareja actual. Por un momento se llegó a preguntar si sería fácil lidiar con la popularidad de Trunks. No es que fuera una novia paranóica, ni mucho menos. Si no que sencillamente como a toda a mujer, no es del todo grato que observen a tu pareja, que le arrojen miradas y no simples miradas. A él prácticamente lo devoraban. «¿Le gustará ser observado?» Tal vez Trunks no era muy dado a hablar de eso, la chica supuso que le disgustaba un poco. O eso era la impresión que mostraba.
Mai tomó de su mano. Juntos salieron del departamento dejando solo la luz de la sala prendida. Llegaron al estacionamiento, abordaron el convertible plateado y partieron hacia Dionisio.
Durante el trayecto, la Capital del Oeste brillaba con miles de luces que le adornaban mágicamente. Hacia tantísimo tiempo que no eran testigos de la vida nocturna, había autos por todas partes, ebrios, parejas, música excesiva por doquier, proveniente de estrafalarios lugares. Todos las personas a simple vista se miraban con buenos atuendos, pues era sábado, y muchos continuaban con su «Loca Juventud» Así como el propio Trunks, que hacía 3 años atrás en compañía de su gran amigo Goten, se iban a enfiestarse todo el maldito fin de semana. Pero su racha loca había terminado justo a tiempo. Ahora, no hacía falta esa vida nocturna. Aunque víctimas de la monotonía, se valía de vez en cuando darse un respiro, obviamente todo sería diferente en el aspecto de que se divertirían en «pareja» eso marcaba muchísimo entre el ayer y el ahora.
Llegaron a Dionisio.
Bajaron del convertible plateado, lo regresaron a su forma original de Cápsula; entraron al lugar.
Dionisio era un lugar cubierto del color plateado y paredes blancas. Contaba con desniveles en el piso. La pista, estaba en mero centro del lugar y para acudir a ella, era necesario bajar un par de escalones. A un lado de la entrada estaba el servicio de bar, más delante los baños, y en una pequeña esquina había una escalera de caracol que comunicaba a un segundo piso que estaba aislando del resto del lugar. Ésta área contaba con servicio de bar incluido; ahí era la zona VIP. Justo donde el empresario Trunks Brief debía de llegar.
Ambos chicos tomados de las manos atravesaron casi por todo el lugar, había gente a reventar. Música electrónica del DJ del momento, luces de neón entre tonalidades verdes y azules, haciendo lucir todo muy moderno. Atravesaron la pista de baile, entre tanta gente apenas y se podía caminar, pero eso sí, nunca se soltaron de sus manos. Mai estaba maravillada y abrumada por el lugar; puesto que a ella nunca le había tocado visitar algo así, ni en su nueva o vieja juventud se le había presentado una oportunidad de ese margen. Una cosa era que en su momento había trabajado de chofer nocturno, pudiendo así, apreciar estos lugares solo por fuera. Pero al fin pudo ver a ciencia cierta en que consistía esa "diversión nocturna"
Subieron las escaleras de caracol y llegaron al lugar reservado. Las mesas eran de patas largas, las sillas también eran altas con cortos respaldos, ambas de color blancas con incrustaciones metálicas.
La forma de la mesa era rectangular. Y todos los chicos ya estaban presentes: guapos, radiantes y bien vestidos. Primero estaban Goten y Pares, de ahí el buen Yohei, Toya y por último Zerk.
—¡Hola!—saludó sonriente, el famoso empresario—cuánto tiempo.
—HOLA—respondieron los presentes en una sola voz. Trunks estrechó su mano para saludarles con gusto, después saludó con un coqueto beso a Pares en la mejilla, tomaron asiento y presentó.
—Chicos, ella es Mai—la azul añil con pena asintió con la cabeza y con una discreta sonrisa saludó a los chicos.
—Es un placer—mostró modales.
Medio segundo pasó cuando la castaña Pares con un coqueto vestido amarillo y botas altas del mismo color, llegó con Mai para saludarle.
—¡Hola, linda! —tomó de sus manos—¿eres novia de Trunks?
—...sí,sí, eso parece—sonrió un poco nerviosa—mucho gusto.
—Eres una chica muy linda, que ojos tan hermosos y que cabello— Pares frotaba sus dedos en los mechones negros.
—...Gracias— estaba un poco estresada, nunca había venido a un lugar así. Sin embargo tenía que poner de su parte, por ella y sobre todo por Trunks que anheló tanto esta reunión.
«Divierte Mai, déjate llevar» se decía a sí misma.
Mientras tanto los chicos había decidido tomar un poco de alcohol.
—¿Qué tal tequila?— dijo Yohei mientras le hacía señas a la chica del bar para solicitar una botella.
Una coqueta pelirroja de muy buen ver, se acercó a la mesa para tomar la orden.
—Linda, no vas a traer una botella de tequila, unos bocadillos—ordenaba Zerk y la chica anotaba—¿a alguien más se le ofrece algo? ¿Trunks...? ¿Toya...?
—El tequila está bien para empezar—contestó Toya con singular alegría.
—Solo anexen una cajetilla de cigarros por favor, es que olvide los míos en casa.—agregó Trunks.
—¡Buen punto, Brief! No se escapa ninguna—ambos rieron.
—¿Algo más?—añadió la mesera.
—Pares, mi amor ¿quieres otra cosa para beber?—preguntó Goten a distancia, mientras su novia platicaba con Mai.
—¡Una piña colada! Y una para ella también—refiriéndose a Mai.
—Pero, pero ...¡Yo no estoy acostumbrada a beber alcohol!.
—¡Vamos, vamos! No pasa nada Mai—reía alegremente la castaña.
—Y claro que no pasa nada—inquirió Trunks que estaba al lado de la chica.—descuida, trata de relajarte, aquí estoy yo para cuidar de ti—le guiñó un ojo.
Las chicas se aislaron para platicar de cosas de mujeres. Ambas de pie sostenían con una mano la bebida y con la otra se agarraban de la reja del balcón. Observaban desde las alturas todo el lugar: humo, gente bailando, luces de neón, etc.
La castaña acercó sus labios a la oreja de Mai con discreción, debido al fuerte volumen de la música.
—¿Cuánto llevas saliendo con Trunks?—le preguntó al oído.
—Un poco más de tres años.
—Se ven lindos juntos. Y dime ¿besa bien?
—¡¿Por qué de repente me preguntas esa cosas?!—se sonrojó al máximo.
—Tranquila, ni que fuera escucharte—sonrió pícaramente tapando su boca. Ambas voltearon a sus espaldas, y los chicos estaban riendo a carcajadas, quizás efecto de los tequilas ya ingeridos. Trunks se percató que su chica lo observaba y al terminar una de sus carcajadas, le sonrió honestamente arrojando un suspiro. Las chicas regresaron su vista al balcón y prosiguieron con su platica.
—Sabes, Goten es muy tierno. Aunque tiene su lado pervertido—Pares volteó otra vez hacia atrás y Goten le sonrió ampliamente extendiéndole la mano. Ignorando que hablaban de él—es ...es muy fogoso.
—¿Se ve que no tienes filtros, verdad?—Pares rió.
—No hay porque avergonzarnos de las cosas naturales de la vida. Dime Mai, ¿Trunks es bueno en la cama?
—¡¿Quééé?! —se alteró.
—Linda, tan solo míralo. Él es un joven codiciado por muchas mujeres. Es observado por todos. Sin embargo, por algún motivo te escogió a ti—Mai ponía atención a las palabras de la castaña.—supongo que en verdad le importas.
—¿Trunks, de donde conociste a esa lindura?—preguntó Yohei.
—Chicos, lo que ustedes no saben es que Mai es un amor de infancia ¿Verdad, Trunks? —interrumpió Goten a Yohei.
—¡Basta, basta! —expresó el empresario al terminar de fumar su cigarrillo—ella es muy especial.
—¡Y vaya que lo creo, Brief!—afirmó Zerk al ritmo que continuaba fumando su vicio—el chico "Fin de Semana" ahora hecho un hombre de bien. Supongo que debe de tener su carácter. Se ve de cartas a tomar.
—¡Basta de preguntas! No insistan.—contestaba Trunks.
—No seas maldito, anda dinos—susurraba Toya acercando su rostro a los demás chicos—¿Es linda? Tú sabes a qué me refiero ... digo, desde aquí puedo ver que tiene sus atributos—volteó hacia las chicas.
—Primero muerto antes de que yo te diga «cómo es mi novia» —le exhaló el humo del cigarrillo en el rostro haciéndolo toser—¡Y deja de mirarla!
Zerk y Goten reventaron en risas.
—Cuidas lo que es tuyo ¿Verdad, Brief? —preguntó Zerk burlón.
—¡Por supuesto! Es lo menos que puedo hacer.
—¡De acuerdo, de acuerdo!—expresó Yohei— basta de pleitos sin sentidos. Hay una mesa de billar aquí ¿Jugamos una ronda?
La idea resultó ser bastante buena. Los cinco chico se levantaron de sus sillas, dieron unos cuantos pasos para llegar a la mesa de billar, agarraron cada quien un «taco» de madera, pulían la punta de ésta con el gis. La ronda comenzó con gran entusiasmo junto con cubetas de cerveza que empezaron a beber. Los equipos fueron de dos: Trunks y Zerk contra Goten y Toya. El más joven de los chicos: Yohei, sería el arbitro.
—¡Están fritos, idiotas!—expresó Zerk y a Trunks se le escapó una risita.
—¡¿AH SÍ?!—contraatacó Goten—el equipo Paoz será el victorioso ¡insolentes!¡SIIII!—se daba ánimos.
Ronda 1
—Entonces cuando Goten se pone así, no hay poder humano que lo controle—reía Pares.
—¡Oh! ... entiendo—la chica ya no sabía que decir o cómo evitar que Pares siguiera hablando de esa manera. Estaba que sudaba la gota fría.
Mai estaba anonadada. En menos de una hora tuvo una gran, pero una gran cátedra sexual. Hablar de sexo le hacía sentir bochornos, ni con el propio Trunks lo hacía, siendo que prácticamente él había sido su mentor en el arte del amor.
Empalagadas de ver el mismo panorama, voltearon ahora hacia los chicos recargándose de la reja para apreciar la partida de billar. Mientras unos hacían berrinches otros festejaban, sus risas iban al ritmo de la música y de los tragos de cerveza.
Trunks estaba sonriente, relajado, feliz. Hacia tiempo que la propia Mai no le miraba así. Puesto que todo su mundo giraba entorno al trabajo, era algo muy estresante. Sin embargo, hoy su semblante era diferente. Le hizo recordar al niño Trunks que hacía sin fin de travesuras. Los orbes azul añil, cayeron bajo cierta hipnosis al ver tanta alegría que emanaba su rostro. Observaba únicamente a «él» al «maldito mocoso» todo conspiraba en sus movimientos, en sus gestos, en sus risas. Llegó el punto donde la chica compartió su alegría y reía con él a distancia.
—¿Se ve que la están pasando bien, verdad?—preguntó, Pares.— Mai simplemente asintió con una sonrisa.
—¡BAH! Tramposooooos— renegaba Goten.
La pelirroja exuberante se acercó a la partida para ofrecer más bebidas a los chicos. Se lanzó hacia Trunks.
—¿Van a querer más cerveza, joven?—ofreció la chica.
Prácticamente no era fea. Bajo el criterio de un hombre, la chica tenía un cuerpo deseable. Ojos azules, cabellos como el fuego y unos labios rojos carnosos. Era bastante atractiva.
—Si, por favor. Tráiganos otra cubeta de cerveza.
—¿Algo más, guapo?— su mirada era insistente.
—Por el momento es todo.
—¡Bien, iré por ella!—la pelirroja volvió a la barra.
—"¿Algo más, guapo?" — dijo el árbitro Yohei— Trunks, lleva más de una hora observándote. Por si fuera poco se cuchichea con su compañera. Es una lástima que esta noche no viniste a ligar.
—¿Eh?—alzó una de sus cejas—créeme que en verdad no había puesto atención.—torció lo labios.
—¡Todos te observan, Príncipe!— rió ampliamente Goten.
—¡Bah, tonterías!
—Mai, querida. ¿Me acompañas al baño?
—Si, de acuerdo.
—¡Goten, mi amor!—el chico volteó tras el llamado de su novia—ahora volvemos.
—¡De acuerdo chicas!—gritó, Goten a distancia.—tengan cuidado.
Mai y Pares se dirigieron al baño. Bajaron las escaleras de caracol, caminaron un pequeño techo, enseguida entraron al baño.
—¿Tú entrarás, Mai?
—No, yo te esperaré aquí.
—De acuerdo.
En lo que Pares hacia sus necesidades, Mai lavaba sus manos mirándose al espejo. Vio sus ojos, su rostro y un suspiro se le escapó. En el fondo estaba disgusto con algo, no sabía exactamente qué, pero tenía cargando un mal presentimiento desde hacía rato..
—Aquí está la cubeta, joven— dijo la pelirroja y la colocó sobre un banco.
—Gracias—sonrió por amabilidad— chicos aquí llegó la cerveza—les ofreció a sus amigos.
—Sabes—lo interrumpió de momento— ahora estás más guapo que cuando te vi por última vez—añadió la pelirroja.
—¿Cómo dices ...?— volteó sorprendido—no comprendo—sonrió con desfachatez—creo que te estás equivocado de persona—los cuatro chicos estaban atentos.
—¿Equivocada...?—rió la chica—no, no creo. En verdad los recuerdo a todos, en especial a ti, guapo.
—Linda, tomémonos una foto ¿si?—Mai accedió sin remedio. Frente a un gran espejo que se ubicaba en la salida del baño, ambas chicas se tomaron fotografías con el celular de Pares.—¡SONRÍE!
—¿Por qué nunca me llamaste? ¡Ah, ya sé! —rió coqueta—creo que no me conoces si no traigo la capucha puesta ¿verdad?—lo tomó del saco— ¿ella es tu esposa?—estaba intrigada— Por favor dime que no, es que yo te quiero solo para mí.
—Veras yo...
—Yo deposité una tarjeta en tu saco aquella noche—recreó la escena con su mano— te esperé en la salida—irradiaba sensualidad— Pero tú jamás me buscaste, ¿por qué guapo?—se acercaba más y más a su rostro.
«¿Qué es esto? ¿Acaso ...? No, no puede ser, no puede ser es... es...»
Y un rayo hizo corto circuito en la mente de los cinco chicos:
«¡EL VERDUGO DEL AMOOOOR!»
En cuanto los chicos comprendieron de que quien se trataba, ésta se prendió de los labios de Trunks con fuerza. Le dio un improvisado beso que duró al rededor de milésimas de segundos, pero, fue demasiado tarde.
—¡Alto!—la apartó de él. La chica sonrió con un toque de maldad mientras miraba sobre el hombro del muchacho.
—Como quieras, guapo—se dio la espalda—vaya que has cambiado.
Todos estaban atónitos. De verdad que el beso se dio en un pésimo momento. Y Trunks lo supo al ver la expresión de sus amigos. Volteó hacia atrás y Mai estaba sobre las escaleras de caracol, agitada, anonadada, furiosa con el ceño fruncido y una lágrima se escurría por su mejilla.
—No... no mi amor—estaba preocupadisimo— esto no es lo que tú crees, de verdad. Yo...
Los chicos trataban menguar el asunto:
«Linda, Trunks te está diciendo la verdad. No es lo que tú crees, escúchalo»
Pero no lo hizo.
No hizo caso a nada de lo que le decía, porque en su mente quedó latente esa imagen del beso.
Quitó las manos de Pares que sostenían sus hombros, se dio la espalda y furiosa emprendió escape.
«No, no puede ser»
— ¡MAI!—el chico se fue tras de ella.
Rápido bajo las escaleras de caracol, pero la chica le tomaba delantera sumergiéndose en la pista de baile. Entre tanto empuje, un chico por accidente que bailaba con una cerveza en mano, salpicó a Mai «¡discúlpame, cuanto lo siento!» sin importar estar bañaba en alcohol, ella siguió. Trunks le gritaba que se detuviera, que le iba a explicar exactamente lo que había pasado, pero no le hizo caso. Además que el sonido de la música se interponía entre su suplica.
—¡Mai, detente!
Afuera del lugar la chica buscaba donde podía coger un taxi. Pero los sitios estaban vacíos, tal parecía que estaban entregando gente y quizás tardarían en volver. Como no quería encontrarse con el «infeliz» de Trunks, agarró rumbo a la derecha. Sin importar lo alto de sus tacones corrió con esa rebeldía que le caracteriza.
Trunks llegó al exterior del lugar, volteó para todas partes con desespero, hasta que de momento divisó a la chica —¡Mai, espera!— fue rumbo a ella.
Corrieron por bastante rato, aunque fácilmente el chico la alcanzó. Se detuvieron sobre un pequeño puente. La chica se sostuvo de un poste de luz, agachó medio cuerpo, una de sus manos sostenía su estómago la otra se aferraba a su rodilla. Trunks estaba si acaso a medio metro de distancia a ella, no sabía qué tan conveniente era acercarse.
—Mai, por todos los cielos. ¡Escúchame por favor! En verdad no hay razón para que te pongas así, esto ...esto es una estupidez ¡en serio!
—¡¿NO LA HAY?!—volteó con él con ira— me voy por cinco minutos al baño y cuando regresó esa tipa vulgar te está besuqueando ¡¿Y NO PASA NADA!? ¡Eres un idiota, Trunks!.—secó una lágrima—yo cambié todo mi mundo por ti. Vine a este loco lugar por verte satisfecho, alegre. A mí estos sitios ni siquiera me importan, solo me importas TÚ. ¡TODO MUNDO TE OBSERVA Y ESO ES FRUSTRANTE!—alzó la voz.
—¡Lo sé!..lo sé—suspiró— Dame una oportunidad de explicarte, ¡ESCÚCHAME!.
Las luces de neón de un taxi se acercaba. La chica extendió su brazo e hizo la parada. Abrió la puerta y antes de abordar, Trunks suplicó una vez más:
—No, no mi amor. Por favor no te vayas así.— pero sin importar la súplica, subió al taxi y se fue—¡No espera!—el vehículo arrancó.—¡MALDITA SEA!
Maldijo todo a su paso. Estaba furioso, triste, enojado ¿cómo iba a arreglar esto? Si Mai era muy terca ¿y si decidía irse de nuevo?—¡No!— Sin ella el mundo se le iba a desmoronar, nada tendría sentido porque ella era su complemento, su vitalidad, el amor de su vida. —Tengo que hacer algo–.
A los lejos se escuchaba que gritaban su nombre:
—¡TRUNKSSS!—eran los cuatros chicos junta con la castaña.
—¿Qué fue lo que pasó, Trunks?—preguntó Goten angustiando.
—Se fue—todos estaban apenados por la situación e incluso hasta el desastroso de Zerk—no me dejó explicarle nada.
—Señorita, ¿se encuentra usted bien? — preguntó el taxista preocupado al verla llorar desde el retrovisor.
—Estoy bien. Muchas gracias.
—¿Segura? Puedo llevarla a un hospital si se siente mal. Dígamelo con confianza—insistió.
—Es usted muy amable, estoy bien señor. Se lo agradezco—limpiaba sus lágrimas.
—Bueno, en ese caso ¿a dónde la llevo señorita?
—Vamos hacia a las afueras de la Capital, por favor.
—¡De acuerdo!
Iba rumbo a la vieja casa. A su hogar.
Bajó del taxi, entró a la casa por dinero y salió nuevamente para pagarle al señor.
Dentro, y con la frustración a más no poder, quiso prepararse una taza de café para menguar el mal sabor de boca que pasó en Dionisio. En lo que el agua hervía, decidió tomar una ducha rápida. Por un momento no se había percatado que sus dos amigos ya no se encontraban en casa.«seguramente estos dos ya se fueron de viaje». Con su cabello húmedo y un blusón como prenda, se sentó al borde de la cama, prendió el televisor y le daba sorbos el café. Pero para que engañarse, no dejaba de pensar en Trunks. Era inevitable, puesto que el propio aroma de café se lo recordaba.
«¿Será que exageré? ¿Y si él decía la verdad? ¡Pero es que esa tipa ...!»
Meditaba sobre lo sucedido, ni siquiera ponía atención al televisor. Cuando menos pensó, ya se había terminado la taza de café. Se levantó, dejó la taza en la tarja, fue al baño para lavar sus dientes y regresó a sumergirse en la suavidad de su cama. Su vista se centró en la ventana, la cortina se revoloteaba siendo manipulada al ritmo del viento. Vio la luna y poco después su vista se fijó en una repisa, sobre ella, había un singular muñeco de peluche «Yoyo»
—Eres un tonto, Trunks— sus ojos se humedecieron por el recuerdo.
(...)
Departamento de Trunks
— Un poco más ya casi llegamos—Trunks caminaba detrás de Mai, tapándole los ojos. Un paso daba la zapatilla de tacón y el zapato de vestir la alcanzaban en seguida— ¿Estás lista?—destapó sus ojos—¡FELIZ SAN VALENTÍN!— y frente a ella estaba «YOYO».
—¡¿UN MONO GIGANTE?!—preguntó con asombro.
— ¡Pues claro!—soltó una carcajada— ¿no crees qué es simpático, Mai? ¡Mira! tiene una banana en su mano— agitaba la mano del peluche— además, es hora que vayas haciendo las pases con esta especie, son casi como mis parientes. ¡Así que, fuera traumas!—se carcajeó aún más—
—¡Hasta cuándo! ¡¿HASTA CUANDO TRUNKS, VAS A SEGUIR BURLÁNDOTE DE MI?!— se cruzó de brazos irritada. Él regresó con ella, la abrazó.
—Mmmm... déjame pensarlo. Tal vez hasta el último aliento de mi vida ¿te parece justa mi oferta?—suspiró— ¡sabes que te amo, tonta!— en los labios rojo se dibujó una sonrisa.
El motivo real aparte de la celebración, era recordar por siempre aquella legendaria escena cuando vieron la película del "Hombre lobo" Durante el trance de Mai, aparte de decir un mundo de disparates que con el paso de los años cobraron lógica. Se trabó con una curiosa frase: «yoyoyoyo» Fue así que a Trunks le pareció correcto nombrarle "YOYO" al peluche. Ella odió a Trunks por días, quizás semanas, pero finalmente terminó aceptándolo. Tanto así que a YOYO ya le tenía un tanto de aprecio.
(...)
La chica entre lágrimas y risas quedó dormida ante recordar todos los buenos recuerdos que tenían vínculo con Trunks. Era un hecho, su mundo y felicidad conspiraba en él.
Pero... ¿Tendrá arreglo ese malentendido?
Domingo.
Ya era medio día. A Mai por ningún motivo se le ocurrió salir de casa. Un short, un blusón y una trenza, fue el atuendo que decidió usar para estar cómoda en casa. En su pequeña cocina preparaba sus alimento, había puesto a cocer arroz mientras tanto en un sartén guisaba vegetales con trozos de carne y salsa de soya. No hacía ni 10 minutos que había revisado por pura casualidad su móvil y era de esperarse, tenía una gran cantidad de llamadas perdidas de Trunks. Ella lo sabía, era obvio que le marcaría para disculparse. Pero ¿ por qué ella no contestaba a sus llamados? Fácil, por simple orgullo. Tomó asiento, junto sus manos agradeciendo por los alimentos y empezó a comer mientras miraba el televisor que le regaló Trunks. Y aquí iba de nuevo. Como sacarlo de su mente si en cada rincón de la pequeña casa, estaba plasmado un recuerdo de él: cuando se bañaban juntos, cuando dormían juntos, cuando cocinaban juntos y cuando en cada rincón se amaron juntos. Parecía tarea difícil.
Cuando terminó de comer, alzó la mesa y lavó los platos, se fue directo a la cama para ver un rato la televisión. En un lapso de media hora repentinamente se escuchó el «toc toc» de la puerta. Alguien llamaba ¿Será Trunks? Se preguntó a sí misma. Con nervios e intriga se acercó a la puerta, abrió. Pero no había nadie, hasta que de momento unos brazos femeninos empujaron con fuerza y de la nada Goten apareció riendo nervioso rascándose la nuca.
—¡Hola, Mai! —reía de nervios.
A su espalda apreció Pares.
—Hola, linda—sonrió.
—...Goten, Pares, ... ¡¿Qué hacen aquí?!—preguntó sorprendida la chica sosteniendo la puerta.
—Vinimos a visitarte—respondió la castaña—¿Verdad, querido?—le dio un codazo al chico para que respondiera.
—Sí, sí, claro. ¡je,je,je! ¿Podemos pasar, Mai?— la chica sacó un poco su cabeza volteando para todos lados. No vaya ser que Trunks se quisiera filtrar a la casa aprovechándose de las visitas.
—Claro, adelante— les cedió el paso.
La pareja estaba en la mesa. Mai por cortesía les ofreció una taza de café. Después ella también tomó asiento.
—¿Y bien, a que se debe su visita? —preguntó la de cabello negro un poco apática.
Mientras tanto Pares le lanzaba una mirada asesina a su novio «¡más vale que le expliques, Goten!»
—Bueno verás, Mai... yo...yo quiero explicarte a detalle lo que pasó ayer en la noche, además de contarte a raíz el asunto. Sé que haz de pensar que Trunks nos mandó, pero te juro que no es así.
—¡Así es! Vinimos porque no nos gusta que estén así—añadió Pares.
—Verás... él ahorita está un poco desanimado, triste para ser exacto. Le duele mucho que pienses cosas que no son. En verdad teme perderte por semejante tontería—suspiró—si quieres una opinión, yo fielmente te diré que te ama demasiado, eso me consta.—Mai agachó la mirada—pero bien, te contaré. Todo este mal entendido sucedió cuando salimos una noche al centro nocturno Ramsés.
Goten comenzó con su cátedra «fue una noche de hombres entonces las verdugos, entonces bailaron, entonces bebimos demasiado, entonces la tarjeta roja»
—...y eso fue lo que pasó. No hubo nada entre ellos, nunca se vieron, nunca nada. En cuanto a lo de ayer, fue algo inesperado, un acto de maldad quizás, venganza, no lo sé. Él no le correspondió en lo absoluto. Pero por desgracia tú ya habías visto la escena. —le dio un sorbo al café y Pares se recargó sobre su hombro—¿Por qué no te alistas y vas a verle? Yo traigo mi nave podría dejarte de paso.
—Sería bueno que hablaras con él, linda— expresó finalmente Pares.—¡Hazlo!
Sin dar una respuesta aún, Mai invitó a los chicos a comer mientras ella tomaba una ducha. Goten y Pares al ver la acción de la chica, supieron que pese a no que lo expresó, seguramente fue un SÍ camuflado entre su silencio.
Bajo la regadera tallaba con fuerza su rostro, tocaba su pecho; el corazón le latía a mil por hora porque iría a verlo. Sentía un poco de vergüenza por haber actuado como una tonta, pero supuso que cualquier mujer al ver esa escena en acción se pondría furiosa. Pero a quién rayos engañaba: lo quería, lo extrañaba, lo necesitaba,lo ...amaba.
Se alistó. Se vistió con pantalón negro, zapatos del mismo color sin tacón y una blusa color verde militar de cuello ancho, mostrando así, uno de sus hombros blancos. Sus labios los pintó de rojo y su cabello lo dejó suelto puesto que aún se mantenía con humedad.
Los tres chicos salieron de la casa, abordaron la aero-nave de Goten. Eran cerca de las seis de la tarde, el sol lanzaba matices anunciando la pronta anochecer. El trayecto bajo los nervios de la chica lucio corto en comparación de otras ocasiones.
Llegaron al lujoso edificio.
Goten se estacionó justamente donde estaba la caseta del vigilante. Mai bajó del auto.
—Muchas gracias por sus consejos, también por venir a mi casa y aclarar ésta situación.— les decía desde la ventana.
—¡Todo saldrá bien linda!—le guiñó un ojo Pares.
—¡ÁNIMO! ...Nos vemos.
Mai dio media vuelta, caminó hacia la caseta y Goten arrancó. Al avanzar, Pares abrazó con fuerza al muchacho, le llenaba de besos su rostro.
—¡Eres un encanto, mi amor!. Que lindo detalle fue lo quiero hiciste hoy.
Semáforo en rojo.
Goten le robó un beso a la chica— es lo menos que puedo hacer por mi mejor amigo—sonrió.
—Hola, buenas tardes. Señor, podría abrir la reja por favor—preguntó con timidez.
—¡Señorita Mai! Le avisaré al joven Brief que está aquí.—el anciano tomó el teléfono.
—¡No,no,no!—se alteró— no es necesario, yo misma iré, gracias.
—¿Segura?
—Sí, por su puesto.
Presionó el sensor para quitar el seguro de la reja y Mai se filtró.
—¡Muchas gracias!—agradeció desde el otro lado.
Caminó por un rato, abordó el elevador. Tecleó su destino. Sin más, ascendió hasta el departamento de Trunks.
Al saber el número de seguridad de la puerta, lo presionó accediendo al lugar. El agua de la regadera se escuchaba «¿Se estará bañando?» todo indicaba que si. Minutos después la llave se cerró. Trunks salió en toalla dirigiéndose a la sala, de la mesa de centro tomó su móvil, marcó unos números y por cosas de la vida el teléfono de Mai sonó. El chico volteó a dirección de la entrada con asombro.
—¡¿Mai?!—aventó el móvil al sillón, enseguida fue hacia ella— amor yo... tengo que explicarte lo que pasó. —la chica negó con la cabeza—¿no? —preguntó extrañado.
—No.
—¿Por qué? —le tomó de los hombros.
—Ya me explicaron todo, Trunks. Goten fue a mi casa esta tarde—su mirada estaba fija al suelo—yo no me puede controlar, cuando vi eso ¡exploté!—subió la voz.
—Estas en tu derecho. Estudié la situación desde otra perspectiva y es vergonzoso. En verdad si yo hubiera visto algo de la misma similitud estuviera furioso. —suspiró—me dolió verte así, me dolió que te fueras, que no me escucharas.
—Fui muy poco tolerante, discúlpame.
—No hay nada que perdonar, lo entiendo. En ese entonces, discúlpame tú a mí por el mal rato que te causé. Y yo que quería pasarla bien contigo. Tal vez nunca debí de apartarme de tu lado, mejor te hubiera tomando de la mano para llevarte a la pista de baile—rió—aunque no soy muy bueno para bailar, pero, podría haber hecho el esfuerzo.—a Mai se le dibujó una sonrisa.
Él con su mano levantó su barbilla, le plantó un pequeño beso en los labios.
—Perdóname mí amor, ¿sí?—la chica asintió y se dieron otro pequeño beso—espérame en la sala, iré a vestirme. Mientras, piensa en que quieres cenar— le besó su nuca— en seguida vuelvo.
Al paso de cinco minutos el chico llegó a la sala. Vestía unos pantalones sueltos junto con playera blanca, caminaba descalzo. Igual el departamento era alfombrado, no incomodaba estar sin calzado. Se hincó frente a la chica que permanecía sentada. La abrazó con fuerza, su rostro quedó al nivel de su pecho, se restregaba en él como si fuera un gatito. Sus caricias eran amorosas más no incitadoras. Elevó su vista hacia ella.
—Si por esta estupidez te hubiera perdido, créeme que moriría. Yo no puedo estar sin ti. Eres perfecta en mi mundo. Si yo me quedara solo perdería mi camino y no sabría qué hacer —más se intensificaba el abrazo. Los orbes azules se enlazaron y las manos albinas de la chica, peinaban por mera inercia los mechones húmedos—¿Lo entiendes, Mai? te necesito, te necesito a mi lado—imploró.
Un beso sincero con sabor a verdad se originó. Iba impregnado de arrepentimiento y buenos deseos.
Separaron sus labios.
—Te recompensaré, ¡lo prometo!—sonrieron, restregaban sus narices.
—Me hiciste falta, niño.
—Y tú a mí, preciosa—se levantó. Tomó asiento al lado de Mai—¿Ya pensaste que quieres cenar?—mostró una sonrisa.
—No aún no—negó con la cabeza—creo que no tengo mucha hambre todavía—sonrió.
Él alzó el flequillo negro. Después le plantó un beso en la frente.
—Hay que divertirnos un poco, ven—invitó— Sirve que borramos ese mal momento y así piensas en que quieres cenar—agarró la mano de Mai llevándola al centro de la sala.
Con más confianza, la chica se quitó sus zapatos. Pese a que el departamento era de Trunks, había detalles de Mai por doquier, entre ellas frazadas que siempre estaban en la sala para cuando dormían ahí o cuando simplemente les daba frío. Plantas, adornos, revistas etc.
—¿Qué pretendes, niño?—no comprendía sus intenciones.
—¡Shhhh!, te encanta arruinar las sorpresas ¿Verdad?
Trunks reguló la intensidad de la luz, dejándola a un nivel tenue, amarillenta, como si el entorno fuera alumbrado por cálidas velas. Antes de volver con la chica trajo consigo el control del equipo de música. Llegó con Mai, la abrazó y sentenció:
—¡Baila conmigo!—a la chica se le desfiguró el rostro.
—¡¿Pero, por qué?!
—Pues porque nunca lo hemos hecho. Sería divertido ¿no crees? ¡Anda no seas a amargada!
Después de insistirle por buen rato, aceptó.
—Esta bien, está bien. ¿Y qué canción pondrás?
—Cualquiera que salga al azar ¿te parece?
—¿Y si resulta salir una de rock pesado?
—Brincaremos, sacaremos las lenguas y nos daremos de golpes con los cojines hasta morir.
—¡Eres un tonto, sabes! —dijo entre risas.
Presionó los botones del control, señalando el equipo de música. En segundos comenzó una pista que al parecer era una lenta y sutil balada.
—¡Tienes suerte, eh!—rió. Después aventó el control al mueble para tener sus manos libres.
Con decisión tomó a la chica de su cintura, ésta colocó sus manos sobre los hombros masculinos. Ligeramente los delicados pies de Mai se pusieron de puntitas, puesto a que no traía tacones y Trunks era alto, aunque ella no era de baja estatura tampoco. Se mecían con lentitud de un lado hacia otro. Sus cuerpos estaban juntos, unificados. Y uno, dos, a la derecha con seducción, y uno, dos, a la izquierda de la misma manera.
La melodía manifestó sensuales sonidos de instrumentos, entre ellos resaltaba el seductor saxofón. Siendo el instrumento que por categoría musical, es el que irradia más sensualidad al hombre.
—No lo haces tan mal, niño—expresó la chica.
—No me creas tan ignorante en el baile, Mai—ambos rieron.
Y continuaban meciéndose de un lado a otro.
—Todos te observan, Trunks.—acariciaba su rostro.—¿Por qué?
—Lo sé. Y créeme que no es algo que me agrade. Sin embargo, tengo que aprender a vivir con ello.
—A veces siento un poco de celos cuando una mujer te observa—agachó la mirada por pena ante su confesión.
—Yo que tú, no le diera tanta importancia—suspiró con fastidio.
Se hacían pequeñas caricias con las manos al son del saxofón.
—Se ve que aún no comprendes nada.—suspiró.
—¿Comprender?
—Ajá.
—Tú dices que todos me observan. Quizás sea verdad, pero ahora te pregunto ¿Y yo, a quién observó?
—Bueno yo...
—Yo solo tengo ojos para verte a TI—la interrumpió —¡ ¿no lo comprendes?! No me interesa nada que no se trate de ti, todo lo tuyo me importa demasiado.
El abrazo se intensificó con mayor fuerza. Algo asfixiante pero con mucho amor. Causando así, respiraciones agitadas y grandes suspiros desde lo más hondo de sus almas, se escapaban. Todo era deseo puro. Todo era más que amor; era locura.
—...Trunks—estaba aferrada a su cuello, acariciaba su nuca.
Sus delgados labios le susurraron al oído:
—Es que... te amo tanto, Mai—la piel de la chica se erizó, se llenó de bochornos.
—Yo... yo también a ti.
Al finalizar la canción sus rostros se buscaron, sus orbes se conectaron sumergiéndose en el intenso mar azul; sus labios exigieron la unión.
Cada uno de ellos quería SER TODO EN SUS VIDAS. Como explicar esa sensación que los conectaba en todo momento. Querían ser todo en ellos; ser su vitalidad, su desayuno, su complemento, su fortaleza. Ambos querían velar sus sueños, ser la sábana que cubriera sus pieles del frío, ser los protagonistas de sus fantasías, de sus deseos. Imaginarse uno al lado del otro de la mano e irónicamente pedirse muchas cosas más hasta explotar.
—Yo siempre quiero más de ti. Me encantas.
Él incitó a hincarse junto con ella en la alfombra. Y a la par de sus ojos, la voz varonil imploró colocando las manos de la chica sobre su pecho.
—Desvísteme.
»Hay que amarnos, Mai. Asfixiarnos, conectarnos, agradecernos uno vez más. Yo te debo tanto, mi amor.
Por primera vez, no sintió miedo, no renegó, no se exaltó.«¿Por qué?» ni siquiera ella lo supo. Pero inexplicablemente lo hizo. Estaba segura de su amor, de él. Y más segura estaba que esta forma tan rara y loca de amar, era lo correcto. Lo correcto en su vida, el premio y la recompensa que por muchos años anhelo tener.
Retiró la playera de Trunks con sus manos temblorosas pero deseosas en fin. Con la desnudez de su pecho expuesta, él también la desvestía. Sus prendas se destilaron poco a poco sobre la alfombra con sutileza. Con la igualdad necesaria entre un hombre y una mujer. No a un lado, no atrás uno del otro, sino frente a frente viéndose a los rostros iluminados por el amarillo, en busca de la luz de sus ojos, para recontarse con toda su verdadera esencia oculta.
Alcanzó con su manos varoniles unos cuantos cojines junto con las frazadas que se encontraban ahí cerca. Él se sumergió sobre el delicado cuerpo con ternura, con amor, con decisión. Durante su entrega, ella miraba a su acompañante jadeante, bañado en sudor y plenamente desbaratándose por sentirla en cada una de sus embestidas, mientras que sus piernas se aferraban al vaivén de sus caderas con fuerza. En esos momentos todo parecía estar permitido, cobraba todo cierta lógica, se activaba una magia mutua que eso solo ellos en conjunto podrían lograr. Como dos adolescentes no podrían dejar de mirarse a los ojos. Tan azules pero en diferentes tonalidades, sin embargo con los mismo deseos de amor. Porque así desnudaban sus almas que se colgaban del hilo de un péndulo, miraban lo que en verdad eran: un hombre y una mujer exigiéndose cada vez más. Se ventilaban todos sus más íntimos secretos, sus cosas buenas, sus cosas prohibidas y liberadas. Hay que dar para recibir en el placer de amor. Pedir correctamente el amor de una mujer es un arte.
...
La noche se consumió sobre la alfombra cubierta de esponjosos cojines. Sus cuerpos desnudos se daban calor en compañía de la frazadas que les cuidaba del frío.
Eran exactamente las 3:00 am. Los zafiros, fueron invadidos por el insomnio. Se levantó con cuidado sin despertar a su amada, se vistió solo con el pantalón que encontró a un lado de él. Fue hacia la ventana, en la mano, llevaba el encendedor junto con la cajetilla de cigarros. Fumó, exhaló el humo por la ventana para no impregnar el lugar con el aroma. Después de todo a Mai no le gustaba mucho ese olor. Tiró la colilla a la nada, sin rumbo fijo. Al girarse, vio a distancia al amor de su vida dormida sobre cientos de cojines. La frazada cubría su pecho y caderas, más no su espalda que se mantenía desnuda al igual que sus piernas blancas. Al verla en ese estado tan natural una pregunta se plasmó en su mente.
¿Era suficiente solo tenerla los fines de semanas?
Se deslizó sobre la pared, cayó en el suelo con las piernas flexionadas. Colocó los brazos sobre sus rodillas. E inevitablemente prendió otro cigarrillo. Mientras fumaba no le quitaba la vista de encima.
La amaba demasiado. Si tan solo pudiera externar todo su sentir. Él sólo quería besarla por siempre mientras ella durmiera entre sus brazos, verla sonreír a su lado cada amanecer. Impregnarse de su piel blanca como cuando el sol se filtra por la ventana alumbrando todo a su paso. Porqué ella era el amor que alimentaba a su corazón, era su fuerza, su sueño, su amor y su eterna fantasía.
Se acercó, se desnudó nuevamente. Se sumergió sobre su cuerpo con vehemencia, y al ver cómo sus bellos ojos se abrían por causa de sentirlo cerca, supo la respuesta.
—Quiero más de ti, Mai.
»Porqué nunca tendré suficiente de tu amor.
»Yo ... yo quiero ser todo en tu vida.
»TODO.
CONTINUARÁ...
Muchas gracias querido lector por llegar hasta aquí :D ¡Nos leemos!
Beta Reader: Mari Tourquiose. Mil gracias linda.
Nota del final:
Muchas gracias todos por sus rw y por darme la oportunidad. Estamos a punto de finalizar, me queda el próximo capítulo y el Epílogo, ósea que serían 10 capítulos en total. Me cuesta demasiado pero hay que saber cuándo es correcto concluir y el tiempo de Con aroma de Café está llegando a su final. Como les dije hay proyectos nuevos del Trumai que muero por estrenar, quiero mostrarles que con Trunks y Mai se pueden crear historias muy lindas, obviamente entrando como UA. Ésta pareja tiene mucho potencial, créanlo.
¿Se dieron cuenta del msj subliminal que puse de San Valentín? XD
¡Feliz San Valentin chicos!
Este capítulo, me costó mucho hacerlo, tenía miles problemas encima, que aún están pero ya se perciben con más ligereza. Así que espero les guste mucho, espero sus rw con ansias. Por un momento creí que el capítulo era malísimo, se los juro, tal vez los nervios me traicionan. Creo que ya me lo leí como 20 veces antes de subirlo. Y pues bueno esto fue lo que se pudo plasmar.
Saludos especiales para:
Servicios especiales de pintura "La che" aaaah XD no te creas Brenn, gracias por soportar mis locuras y ya vi pillina que me estás publicando en los poetas xD gracias por tu amistad. A la linda Cereza de Pastel ya quiero leer otro capítulo n.n linda. Al Troll que se infiltró por ahí llenándonos de sabiduría jaja, ¡ya ven pues! Estos "Trolles pre- adolescentes mutantes" XD ¡en fin! Más saludos: lector Sheng Long gracias por agregarme a tus favoritos, Anais Vera, karol, Eunice, pura comunidad trumai "ea ea ea" XD jimena gracias por aparecer n.n gracias linda. También un gran saludo para los lectores silenciosos, ojalá algún día se animen a dejar su rw.
Sin más, nos vemos en el capítulo 9
Con Cariño:
Kuraudea.
