—Lo tenías todo planeado, ¿verdad, Trunks?
—Algo así—rió—tenía que traerte aquí de alguna manera.
—¿Y por qué no me lo dijiste? —frunció las cejas.
—Porque te conozco, tonta. Si yo te decía algo de mis planes tú ibas a relinchar como yegua, te ibas a poner como loca sin razón —soltó una risita—y no iba a poder convencerte.
—Al menos lo hubieras intentado, niño. ¿Qué tal si hubiera dicho que «si»?
—¡Basta, basta! Mejor preparemos una linda pose—sugirió—faltan pocos segundos para que se acabe el temporizador de la cámara. Así que prepárate—sentenció.
—¡¿Eh?! La cámara ...—Trunks abordó su cintura e inesperadamente la besó. Múltiple flashes incandescente les iluminaban de pies a cabeza con descaro.
"De ahora en adelante, cada vez que tome una taza de café, quiero hacerlo siempre a tu lado. He comprendido que nosotros somos como el café; funcionamos juntos más no por separado. Seremos tan agrios y dulces como la vida nos vaya dictando; pero juntos, juntos por siempre. Hay que diluirnos uno con el otro homogéneamente como el agua y el café. Hay que crear algo exquisito, sublime, delicioso y vital para nuestra existencia. Eso quiero de ti, porque eso somos: la combinación perfecta. Y cada beso que te dé por las mañanas quiero que sea Con aroma de café"
Con aroma de Café
Capítulo
IX
Por siempre a tu lado
Los malos entendidos entre los jóvenes se aclararon. Aunque siempre salían reproches por parte de Mai, era obvio. «No sabía que te gustaban las pelirrojas, Trunks Brief» pese a estar felices le encantaba hacerlo fastidiar por lo sucedido en Dionisio. Siempre por lo general era Trunks el de las bromas pesadas pero ahora que la chica tenía el as bajo la manga, le sabia a gloria «¿otra vez con lo mismo, Mai?»
Un mes con exactitud se había cumplido desde entonces. Y los chicos continuaban teniendo roces entre los pasillos de la Capsule Corp. Cuando no era en las juntas, era por celebrar los cumpleaños de los miembros de trabajo. Los festejos eran sencillos, solo pastel, café, bocadillos y sodas. Sin embargo, era una convivencia muy grata. Al jefe Trunks no se le escapaba celebrar a sus empleados, era muy detallista en ese aspecto. Tal vez, ese era el motivo por el cual le apreciaban tanto, porque no sólo ere un buen jefe, alguien inteligente y tenaz. Sino pese a su gran rango y gran poder adquisitivo; él era una persona muy sencilla. La calidez humana era lo que adornaba a su persona y a su prominente apellido. Eso eran los Briefs: caritativos de corazón. Así lo eran, así era el Dr. Brief con sus empleados, así era Bulma. Por consecuencia Trunks heredó esa parte llena de empatía. Claro que tenía su lado «oscuro» como todo humano. Pero nada que se sobrepasara.
Semanas pasaron y la secretaria personal de Trunks había pegado sobre el periódico mural la relación de las próximas vacaciones. La información estaba desglosada por días, nombre, mes, duración y obviamente el área al que pertenecía cada trabajador. Poco tardó la joven secretaria en pegar las hojas, cuando un barullo de personal fue a ver. El mural era típico que siempre se ubicara en el área de recursos humanos, «el área chismosa» como Trunks le decía de broma. Aunque tenía su verdad, si algo querías saber, en recursos humanos era el lugar indicado para enterarte de TODO. Y literalmente de todo «quién sale con quien, que dijo uno, que dijo el otro, mitotes, intrigas y hasta cosas que quizás nadie se imaginaba saber»
Mai caminaba sobre los pasillos de la empresa. Accedió al elevador, marcó su destino; ascendió. Con su atuendo típico de bata blanca y zapatillas de alto tacón, se dirigía a sacar unas copias de unos planos al área de recursos humanos. Llegó, poco después se percató que había mucho barullo, no entendía el porqué. Finalmente estaba justo en la ventanilla del saca copias Giorgi. Tocó «toc toc».
—Señorita Mai, ¿qué le trae por aquí?—preguntó el afeminado bigotón después de deslizar la ventanilla.
—Toma, Giorgi—le aventó unas hojas—saca dos juegos de esto por favor.
—¡Sí,sí! Lo que usted diga, señorita Mai—contestó con su afeminada voz.
Sin embargo, a Mai le llamaba mucho la atención el barullo que había, principalmente que varios empleados estaban pegados al periódico mural sacando conclusiones.
—¿Tú sabes que está pasando, Giorgi?—preguntó extrañada.
Si de información se trataba, que mejor que preguntarle a Giorgi, él TODO lo sabía. Ya que en el pequeño despacho del saca copias era el mero corazón de chisme. Ahí se mantenía «el lleva y trae» de la Capsule Corp.
—Señorita Mai, resulta—hacia ademanes con su manos—que Rita, la secretaria de Señor Brief pegó esta mañana la bitácora con la relación de las vacaciones.
—¿A sí...? Con que de eso se trata—no dejaba de voltear hacia el mural.
—¡AJAM!—movía con singular particularidad el bigote—me enteré por ahí que el próximo en salir de vacaciones es el Señor Brief.
—¡¿Trunks?! —se retractó—quise decir ¿El señor Brief?
—¡Si! Así como lo oye, señorita Mai.
—Ya veo.
—Además—le entregaba las copias por la ventanilla—creo que no solo pidió un mes sino ¡DOS MESES!, tal vez quiere viajar y tener una aventura con alguna chica en Hawaii—rió con picardía, mientras cubría su boca con los cuatros dedos.—¡Ji,ji,ji!.
«¿Qué rayos estás tramando mocoso del mal? ¿Por qué no me habías comentado NADA?!»
—Gracias, Giorgi—tomó las copias.
Y cerró la ventanilla con todas sus fuerzas que por poco arremangaba los dedos del bigotón.
«Con que de eso se trata, te quieres de vacaciones sin miiii ¿Cómo te atreves Trunks Brief?»
Iba sacando conclusiones mientras se dirigía hacia el elevador.
Giorgi abrió nuevamente la ventanilla, sacó la cabeza volteando hacia todas partes.
—¡Oh! —se exaltó de repente—olvidé decirle a la Señorita Mai que ella también estaba programada para salir de vacaciones los mismo días que el Señor Brief—frunció sus pequeños ojos, movió el bigote y...—¡¿AY, PERO QUE COINCIDENCIA?!—hizo una pausa— ¡ESTO LO TIENEN QUE SABER LAS CHICAS!—salió corriendo hacia el baño de mujeres.
Por lo pronto Mai había abordado el elevador. Con brazos cruzados se mantenía recargada en una de las paredes de éste, fruncía el ceño. Ella quería una explicación, quería saber qué tramaba Trunks. Obviamente se dirigía a su oficina pero, antes de llegar, el elevador se detuvo. Motivo quizás, que alguien quería ir hacia los últimos pisos de la Capsule Corp. Las puertas se abrieron y un joven trajeado con buen aroma saludo:
—Señorita, Mai—dijo con asombro—qué grata sorpresa encontrármela aquí—abordó.
—¡Trunks!—dejó sus hipótesis de momento para caer en su realidad.
—¿Va para mi oficina?—estaba risueño.
Y el respeto fingido se rompió al cerrarse la puerta.
—¡ESCÚCHAME MALDITO MOCOSO!—estaba furiosa—¡Ya me dijeron que te vas a ir a Hawaii con una chica por dos meses!—y él reía al compás que rascaba su frente sin entender nada.
—¡¿Hawaii?!—reía—creo que no tengo gustos tan tropicales, Mai.
—¡Por eso seguramente no me habías dicho NADA! ¡Porque te quieres ir sin MIII!—se señala ella misma y para su sorpresa Trunks reía más. ¡¿QUÉ ES LO GRACIOSO?!—estaba agitada por tanto gritar.
—Yo...yo pensé que ibas a estar feliz ¿No entiendo?—suspiró al terminar su risa—¿No haz visto el calendario de vacaciones, verdad?
—¿Eh?—se cruzó de brazos y parpadeaba sin entender nada—¿Ca-calendario de vacaciones?
—Si, así es.
—¿A qué te refieres, Trunks? ¡Explícame!—se irritó.
—¿Qué se supone que te tendría que explicar de una malditas vacaciones?—contestó con fastidio.
—¡Claro! Ahora de seguro me dirás que irás conmigo ¿verdad? ¡Qué coincidencia!—respingó cruzándose de brazos.
Faltaba un piso para llegar a la oficina de Trunks.
—¿Coincidencia? Señorita Mai—volvió a la formalidad— las coincidencias no existen porque son producto de las acciones del hombre—justo antes de abrirse la puerta del elevador le dio una nalgada que las hizo sonrojar—yo que usted, fuera a revisar la bitácora de las vacaciones—Trunks salió del elevador, Mai quedó perpleja por el acto. Sin más, él volteó, metió la mano y presionó un botón—ahora, regrese al departamento de recursos humanos a corroborar—sentenció con maldad—te veo en un rato, linda—hizo la mueca de un beso, seguido de un guiño.
—¿Eh?—Mai reaccionó—¡No Trunks, espera!—las puertas se cerraron y descendió.
Mai estaba justo al frente del periódico mural corroborando exactamente lo que Trunks le había dicho en el elevador. Su dedo índice se deslizaba por la hoja. En efecto comparó que los mismo días de vacaciones que tenía Trunks, tenía también ella.
«¿De vacaciones juntos?»
Mientras tanto en una esquina estaba Giorgi echando el mitote con otras secretarías.
—El Señor Brief va salir de vacaciones ¡Por DOS MESES, chicas! ¡¿pueden creerlo?!—mordía una galleta de jengibre.
—¿En serio?—preguntaron sorprendidas las otras secretarías.
—Dicen las malas lenguas que se va ir con una chica ¡A Hawaii! ¿Cómo ven, eh?—su bigote estaba espolvoreado por migajas de galletas —¡Ay no, no! El jefe Trunks es ¡TRE-MEN-DO!—soltó una risita— siempre se ha dicho que él anda con la señorita Mai del área de electrónica. Yo a veces lo dudo o díganme chicas ¿cuándo hemos visto que se den un beso?.
—Es verdad, Giorgi. Cuanta razón tienes, nunca se les ha visto algo.
—Ven, chicas. El buen Giorgi nunca se equivoca, ¡ji,ji,ji!
Mai estaba enfurecida, había escuchado TODO.
«¿Cómo se atreven ese maldito afeminado hablar de mi relación con Trunks? ¿Por qué inventa semejante COSA? ¿Por qué nos pone en tela de juicio frente a los demás empleados?» apretaba los puños refunfuñaba. Volteó hacia ellos; gritó a distancia.
—¡HEY, vuelvan a sus puestos «MUJERES» dejen el chisme para el rato! ¡Le diré a Señor Brief que no están trabajando!—la bolita del chisme se desintegro en un santiamén.
—Al rato continuamos con nuestra plática, chicas—sentenció Giorgi antes de correr a su oficina.
...
Oficina de Trunks.
Como era costumbre, Mai pasaba el rato libre en la oficia del Señor Brief. La pareja de novios habían encargado comida china, comieron, también bebieron dos tazas exquisitas de café. Ahora solo se mantenían recostados sobre el sillón. El chico se había quitado los zapatos, el saco, abrió los botones de su camisa; finalmente su cabeza se encontraba descansando sobre un esponjoso cojín. Para esto, le había comunicado a su secretaria que por ningún motivo NADIE lo molestara. Por lo tanto Mai estaba recostada sobre el cuerpo del chico, de igual manera se quitó las zapatillas, la capa blanca, y también aflojó un poco sus prendas.
Entre sutiles caricias charlaba.
—Amor, ya te dije que no puedo despedir a Giorgi—acariciaba los mechones de cabello negro mientras dormitaba.
—¿Por qué no, Trunks?
—No hay razón, linda. ¿por qué lo correría? ¿por sacar mal una copia?—soltó una risa.
—Es conflictivo, inventa cosas. Esa es una buena razón, ¿no?
—En el área de recursos humanos es normal. Es la cuna del chisme, lo que no saben lo inventa. No es para preocuparse. Además, Giorgi es casi una reliquia en la Corporación, tiene añales trabajando aquí.
—Me cae mal que hable de nosotros, que invente cosas tuyas sobre chicas. Además, pone en duda nuestra relación delante de todos. Él lo asegura porque nunca nos han visto besarnos.
—¿En serio dice eso?—abrió lo ojos.
—Sí.
—Bueno, sonará contradictorio pero yo lo hago por la razón de cuidarnos, precisamente para evitar habladurías—suspiró—a partir de mañana te besaré enfrente de todos—la chica le dio un puñetazo en el pecho—¡está bien, está bien, no!—rió.
Él la tomó de la cintura elevándola al nivel de su rostro.
—¿Qué haces, Trunks?
—No preguntes, tú sólo bésame—dijo con desfachatez— ¡anda dame un beso, Mai!. Hay que desmontarle a ese afeminado que nos besamos muy bien—ambos rieron.
—Eres un maldito depravado ¿lo sabías?—él simplemente asintió al compás que buscaba prenderse de sus labios rojos.
El beso se estaba formando pero entre risas era inevitable ejecutarlo bien, hasta de que un momento a otro de tanto insistir, se dio.
Cuando separaron sus labios, el chico sugirió:
—¿Hay que dormí un rato, si? Me siento un poco cansado—Mai asintió para después acurrucarse en el pecho de Trunks, él la abrazó.
Con el detalle de las vacaciones aclaradas, Mai se sintió con mayor tranquilidad. Aunque aún tenía esa espinita que le carcomía; originándole dudas «¿Qué tramas, niño?» Con el paso de los días le dio menos importancia, puesto que miraba que el muchacho estaba sumamente sereno ante todo. Así que decidió por un momento dejar que las cosas fluyeran por sí mismas. Ya tendría tiempo para pensar que hacer. Pero conociendo a Trunks sabía que era muy necio, así luchara por saber qué tramaba, no lograría sacarle ni una sola palabra. «eres especial Trunks Brief»
Firmas, juntas, supervisión de las nuevas líneas de la «CC» convenios, autorizaciones, etc. Era el día a día de los jóvenes empresarios. Sin embargo, ahora más que nunca estaban muy impacientes. El motivo era que se acercaban cada vez más sus vacaciones. Y los labios se les entumían por decir: ¡Adiós trabajo!. Con gloriosa satisfacción le darían la bienvenida algo muy preciado para ellos: la libertad. ¿Eran responsables? Sí, lo eran. Aunque les salía del alma ese innata rebeldía. Trunks era rebelde, desde muy joven lo fue. Quizás por haber tenido TODO. Pero llegó un momento en su vida que deseó no tener absolutamente nada y ser tan ordinario como cualquier ser humano. Mai a su inversa era rebelde por naturaleza, quizás por haber tenido grandes logros y luego NADA. Se incrementó más esa parte llena de sed de conquista desde su antigua juventud.
Era un mal congénito, un síndrome que a pese a estar oculto bajo la imagen formal del traje y saco; brotaba. Porque la verdadera esencia de las personas no se puede ocultar. ¿Cómo ocultar parte de nosotros? ¿Cómo? Si eso pertenece a nuestra forma de ser. Es algo latente que está presente en el instinto natural. Pero al paso de los días, de los meses y quizás de los años; exigirá ser alimentado. Ser inyectado otra vez para surgir como el fénix entre la cenizas, ser revivido por el fuego de la adrenalina.
Eso no significaba que no fueran del todo felices dentro de sus roles, dentro de su relación. De alguna forma eran «todo en sus vidas» cada uno era soporte del otro. Se mantenían de pie «tomados de la mano» a la par; un hombre y una mujer a la misma altura, no uno adelante del otro sino en el mismo margen de igualdad. Sufrían, lloraban, reían; existían miedos y debilidades compartidas. Había secretos que solamente entre los dos pares de orbes azules se podían destilar, apreciar en su totalidad. En pocas palabras todo parecía perfecto; eran ella y él. Él feliz por el amor que hacía algunos años conquistó. Y ella por el amor que una vez anhelo tener. La vida se le fue en suspiró con sabor a egoísmo, por la complacencia hacia los otros, pero fue bendecida por el milagro de volver a vivir y por fortuna lo tenía a «él». Ambos fueron bendecidos en los aspectos que más necesitaban.
De alguna forma pese a lo ajetreado de sus vidas, buscaban un espacio para estar juntos. No verse por causa de sus labores significaba un enorme sacrificio. Sin embargo eran responsables y cumplían con sus deberes. Esto era reacción muy normal para dos jóvenes adultos que estaban enamorados; se necesitaban por el simple hecho de que se amaban en demencia. Pero un problema estaba surgiendo con uno de los orbes azules: quería más. Y al decir «quiero más de ti, mi amor» era una frase que con dificultad podría definirse en algo concreto y precisar exactamente en qué. Era un «TODO». Bajo la simple vista de las personas era una palabra muy sencilla, pero dándole peso abarcaba grandes horizontes. Un todo que quizás rebasara el amor ordinario, un todo donde un beso robe el aliento y arranque la piel a mordidas.
Cada día era más difícil estar separados «¿por qué?» No lo sabía con certeza, pero en su corazón había nacido una nueva necesidad de estar cada vez más unidos, de desearse más, de sentirse más. Pero esa sensación en su mayoría era frustrada debido a las obligaciones que tenían a diario, y era cansado. «¿Será que solamente YO siento esto?» La salvación eran los fines de semanas donde descargaban todas sus ganas. Deseosos se hacían el amor con intensidad soltando TODAS sus necesidades; explotaba uno sobre el otro. Pero eso ya no era suficiente «esto ya no me basta» llegó un punto en el también se estaba convirtiendo difícil solo convivir los fines de semanas. Sí, era lindo, pero era difícil tener que despedirse, darse ánimos y con un poco de suerte convivir un rato en la oficina o encontrarse entre los pasillos de la Capsule Corp.
«¿Entonces qué me está pasando?»
Si hace un par de años atrás todo era fiesta, cerveza, sexo y diversión. Todo conspiraba al rededor de sus amigos y las famosas "Noche de Hombres" con finales felices en las casas cápsulas o cualquier motel de paso. En ese entonces el valor que le adjudicaba a los fines de semana era muy diferente al ahora. ¡Quien lo diría! Se había convertido en todo un hombre tomado de la mano de quien menos llegó a pensar en esa época de «Loca Juventud». Y tanto que se negaba a madurar, y tanto que se quejaba por crecer, y tanto que le fastidiaba ser Trunks Brief. Ahora para ambos ya tenía todo cierta lógica. Porque por cada sorbo de café, iban cambiando rasgos importantes en su vida.
Esa ansiedad le nació después de aquella noche de baile en la sala de su departamento. Justo cuando en la alfombra se habían hecho el amor entre cojines y frazadas; extasiado la miraba dormir mientras fumaba unos cigarrillos del lado de la ventana al compás que su mente maquillaba miles de reflexiones. Tal vez la experiencia que pasó en Dionisio le hizo pensar bastante cosas al respecto «¿pero que tal si ella se hubiera ido? ¿Y si no me hubiera perdonado? o ¿si la pierdo para siempre?» técnicamente su relación era firme, mas no segura. Quizás todo podía pasar, ¿había un vínculo entre ellos? Si lo había, y no solo eso sino existía muchas cosas más, además de cierto respeto como pareja. Pero a veces hace falta evolucionar, dar pie a cosas nuevas. Porque sino lo hacía iba a morir en desesperación, se estancaría su relación. Es que ya no podía estar sin ELLA. E inconscientemente «Ella» sin saber nada al respecto «o quizás si» respondía a todas sus acciones.
Se había convertido en una necesidad muy grande, todo el día pensaba en eso que no lo dejaba tranquilo. Algo tenía que hacer para menguar su sentir. ¿Pero qué? ¿cual era la llave o clave para satisfacer esta necesidad?
(...)
Un lunes por la noche.
—No amor, no te vayas aún—suplicó mientras se aferraba a la desnudez de su amada—por favor. Quédate a dormir aquí ¿si?.
Logró convencerla por un instante volviéndola a sumergir entre sus brazos, incitando amarse una vez más.
Cuando sus labios se separaron ella explicó:
—Es que Trunks—contestó jadeante—tengo que darle vueltas a mi casa. Desde el viernes que está sola. Ya llevo cuatro días en tu departamento.
—Yo puedo llevarte mañana ¿Qué dices, eh?—insistió mientras le daba muchos besos en su rostro.
—Pero...—reía por el ataque—tal vez Pilaf y Shu estén en casa. No recuerdo haber dejado comida en la nevera ¿qué tal si tienen hambre?
—Es inevitable, tu siempre preocupándote por esos dos ¿verdad?.—frotaban sus narices—¿No podrían cocinarse ellos mismo?
—¡Trunks!—exclamó.
—¿Qué?—preguntó entre risa—pueden hacerlo amor, te lo garantizo.
—Como si tú supieras cocinar—se burlaba.
—Bueno, no es mi fuerte—rió—aunque a veces me esfuerzo. Pero que importa, si yo Trunks Brief—palmeaba su pecho—tengo a la mejor cocinera del mundo y me hace sentir muy afortunado por tenerla justamente en mi cama.
—¿Ah, sí?
—Sí—sé sonrojo la chica—Amo tu comida, Mai. Y me encanta tu cabello, esto quizás no vine al caso pero tenía que decirlo—rozaba los mechones negros mientras reía —así que aunque me pidas que te deje ir, no lo haré—sentenció.
—¡¿Pero por qué...?!—el muchacho negó con la cabeza.
—Ya te dije que NO. Además si te quieres ir, —hizo una pausa—¡tendrás que escapar de mi ataque!¡AARRGG!—se colocó de rodillas sobre la cama, con ambas manos alzó la sábana y se lanzó sobre el cuerpo de la chica. Ésta empezó a gritar siguiendo su juego.
—¡Auxilio, auxilio!—exclamaba entre risas—¡Un mono gigante me quiere comeeeer!
Y la Doncella Mai luchaba por su vida contra los ataques del mono gigante Brief.
(...)
Faltando un poco más de media hora para terminar labores, la señorita Mai seguía trabajando en el laboratorio «¡estoy muerta!» alzó sus brazos y dejó escapar un gran bostezo que luego cubrió con la palma de la mano. Volvió a sus labores. Revisaba los planos de unos motores de las nuevas naves que saldrían al mercado muy pronto. A un lado, se mantenía humeante una cafetera desprendiendo un exquisito Aroma de Café; necesitaba de ese líquido oscuro para tomar energías y continuar. De momento sonó el teléfono de base interrumpiéndola, contestó:
—Departamento de Electrónica—uso su usual saludo—¿diga?
—Me encanta que me hables así. Ya vez que nada te cuesta, así luces muy dulce—se escuchó una risa desde el otro lado del teléfono.
«¿Eh?»
Después de un silencio de 5 segundos reaccionó.
—¡AAAY MALDITO MOCOSO ERES TÚ!—se irritó de momento.
—¡Ja,ja,ja!
—¡!¿Qué quieres?!
—Tranquila, quiero hacerte una propuesta.
—¿Una propuesta ...?
—Si
—¿Y qué es?—preguntó con sorpresa.
—Bien, primero que nada deja ese maldito trabajo ya. Sal de tu oficina, ve a casa, toma una ducha y alístate. Viste algo bonito—sugirió al final.
—Pero...
—Pero nada—la interrumpió—te veo en punto de las 9:00 pm en La Bella Italia, hice una reservación.—colgó.
—¡Oye tú...! —cuando se dio cuenta que colgó frotó su frente con fastidio—¿hasta cuándo se te quitará lo travieso, niño?
Llegó a su casa a la velocidad de la luz, tomó una ducha rápida.
Mientras vestía, sus dos pequeños amigos estaban embobados sobre la cama comiendo frituras y viendo la telenovela de la noche.
«No se pierdan nuestro próximo capítulo—la novela finalizó con los créditos y apareció su acostumbrada canción».
Apagaron el televisor.
—¿Mai, vas a salir?—preguntó Shu, observándola con el control del televisor en mano.
—Si—contestó mientras terminaba de maquillarse.
—¿Con Trunks?—cuestionó Pilaf.
—¡Ajá!—volteó hacia ellos—Bien, basta de preguntas. Ahora, díganme—tenía un vestido en cada mano—¿Verde o rojo?
—¡VERDE!—exclamaron a la vez.
—Esta bien.
Se terminó de vestir. Del pequeño perchero tomó su bolso, antes de salir buscó en una cajonera la cápsula de su nave «¡listo, ésta es!». La guardó en su bolso, abrió la puerta. Se disponía a marcharse no sin antes despedirse de sus amigos.
—¡Nos vemos, chicos! No me esperen, probablemente me quede en el departamento de Trunks—se cerró la puerta.
En línea de calle activó la Cápsula. Después de disiparse el humo, se iba distinguiendo una nave un poco modesta color gris pero muy útil. Esa aeronave se la había regalo Trunks a Mai, como condición de que ella lo dejara quedarse los fines de semana en su pequeña casa mientras terminaban sus últimos estudios. Qué recuerdos, que rápido había pasado el tiempo. Ya un poco más de 3 años juntos. « Y han sido lindos»
En su trayecto mientras piloteaba la nave no dejaba de pensar en esa inesperada invitación «me sigues sorprendiendo, niño» Y si, cada día le salía con cosas nuevas, estaba muy acostumbrada a él. Pese a que se molestaba con sus bromas infantiles, le encantaba. Trunks era muy importante en su vida, realmente lo era. Puesto que por él aprendió a vivir tantas cosas. Le transmitía tanto, una jovialidad única, calidez, una sonrisa en los labios. Él era TODO en su vida.
Llegó al elegante restaurante La bella Italia, accedió a la recepción.
—Buenas noches, señorita. ¿puedo ayudarla?—añadió un fino mesero de traje negro.
—Si, por favor. Mire tengo una reservación a nombre del señor Trunks Brief.
—De acuerdo, permítame un segundo—revisaba el registro de reservaciones en el computador.
—Si, gracias.
Mai aguardó un segundo en lo que recibía respuesta. Por lo pronto se dedicó a observar el lugar. El piso era de mármol color beige, las paredes eran blancas y una que otra era bañada de color oro; cuadros de considerables tamaños estaban incrustados sobres las paredes con obras clásicas: La mona Lisa, Don Quijote, Venus, La Creación, La Torre de Pisa, entre otros.
—Señorita—Mai volteó—en efecto tiene una reservación. De hecho el señor Brief ya aguarda ahí. Va tomar este pasillo después doblará a mano izquierda, ¿quiere que le acompañe?
—No, no hace falta. Muchas gracias es usted muy amable—agradeció.
La chica caminó por el largo pasillo, éste era adornado con una alfombra roja sobre el piso. Todo era iluminado por una luz tenue amarillenta, resaltado así el color oro de las paredes; hermosos candelabros colgaba del techo con cristales tornasoles y estructuras metálicas en color dorado. Era un bello lugar, sus oídos se engalanaban con la dulce melodía del violín. Simplemente todo era maravilloso, tenía un toque fino y cultural muy cautivador.
Antes de doblar a su izquierda se vio reflejada en un enorme espejo, se detuvo de momento para observarse. Arregló un poco su fleco; en ésta ocasión su cabello no lo llevaba suelto, sino enrollado por una trenza floja, algo sencillo y moderno muy acorde a la ocasión. Después le dio un vistazo a su vestido verde olivo que pese a ser sencillo mostraba elegancia, era un poco suelto por el tipo de tela. Las mangas eran de tul un tanto transparentes, notándose así la piel de sus hombros. Perlas negras adornaban sus orejas y cuello, era exactamente el mismo color de sus altas zapatillas de tiras y del bolso de mano.
Suspiró, no sabía de momento porque se sentía tan nerviosa. Pero lo estaba,«¿por qué?» no la sabia con exactitud, tal vez era por lo fino del lugar, quizás por la invitación inesperada y así se le venían miles de pretexto a la mente con el afán de echarle la culpa a algo. «¡Bien,adelante!» continuó en el trayecto.
Cuando llegó al lugar indicado, levantó una tela transparente bordaba con hilos dorados; se introdujo. Frente a ella estaba una mesa adornada con un mantel vaporoso, sobre ésta se encontraba una fina vajilla de plata, porta velas, vinos y jarrones de porcelana con rosas blancas. Había de ellas en todas partes e incluso en el techo colgaban como enredaderas entrelazadas con pequeñas luces blancas que parpadeaban; sumamente precioso. Más delante de la mesa se encontraba un hermoso ventanal que tenía acceso a un balcón; atreves de los cristales se podía observar la hermosa Luna. Se acercó a la mesa sosteniendo con ambas manos su bolso, estaba un poco temerosa. Por lo que había recordado el amable mesero le afirmó que Trunks ya estaba en el lugar, sin embargo no le miraba por ninguna parte. Hasta que de pronto su cintura se vio rodeada por unos varoniles brazos forrados por un saco gris.
—Al fin llegaste—le plantó un beso en la mejilla.
—¡Trunks, aquí estás!—volteó con sorpresa.
—Amor... te ves preciosa—suspiró, la tomó de los hombros volteándola hacia él. La abrazó con todas sus fuerzas.
—Tú... también te ves bien—añadió con su rostro sonrojado en el pecho del muchacho.
Y no mentía.
No por el hecho de ser su pareja se dejaba engañar, Trunks era apuesto. Ella estaba consciente de esa belleza exótica que él representaba bajo las pupilas de las personas. Como no se le iba acelerar el corazón, si en conjunto era un ser divino. Cuando el abrazo se aflojó pudo distinguirlo mejor: vestía un traje de hechura jovial algo muy diferente a lo de diario, era de color gris, debajo del saco llevaba una camisa negra con algunos botones desabrochados. Su cabello se apreciaba húmedo y peinado como actualmente acostumbraba, ya no tan hacia el frente. Entonces, de esa manera su rostro era iluminado por la luz tenue; sus ojos eran el corazón del océano. Porque su miraba era profunda, seductora, noble y quizás hasta oscura. Era él su delirio, el pecado de sus fantasías. Pero había más, ella lo sabía. Ahora en sus orbes azules se apreciaba algo más. Es que había algo en esa forma de mirar que le decía TODO y NADA. Lo conocía, lo conocía mejor que nadie.
El hechizo entre los zafiros se vio interrumpido de momento, Mai volvió a su hermosa realidad rodeada con pétalos blancos; sus oídos se acaramelaban por el sonido del violín que ejecutaba una bella melodía.
...
Con majestuoso sonata se preguntó entonces ¿cuándo había sido tan feliz en sus dos vidas? Y la respuesta caía en lo mismo de siempre, era «ÉL» su felicidad, así volviera a nacer; siempre sería él. Bajo la seductora mirada del joven la piel se le erizó. Y así, descubrió un poco de lo que sus ojos gritaban. Sin embargo no podía descifrarlo con exactitud «¿qué será?»«Trunks dímelo» los nervios no cesaban.
—Tomamos asiento—la conexión del par de orbes azules se perdió.
—Sí, sí—carraspeó—por supuesto.
En la mesa, ambos de cada extremo y con la carta de menú en mano se observaban. Nunca habían estado tan callados «¿será que el también está nervioso?» hasta que de un momento a otro se rompió el silencio.
—¿Te gustó el lugar?—mostró media sonrisa.
—Sí, es... es hermoso, Trunks. No debiste traerme aquí, debe ser costoso.
—Eso no importa, despreocúpate.
—¿Entonces a qué se debe esto?—preguntó inquieta dejando la carta del menú sobre la mesa—digo, en verdad me sorprendiste.
—Lo sé, el lugar es divino. Además el servicio es de primera—la miró a los ojos—Bueno, pues siempre hay un motivo para celebrar, Mai. Creo que había quedado contigo en recompensar el mal sabor de boca de Dionisio. Ahora si quieres otros motivos pues —descorchaba la botella de vino—en primera sería salir de la rutina, en segunda es la que más me entusiasmó: nuestras próximas vacaciones. Y por último ¿tiene algo de malo invitar a mi pareja a cenar a un lindo lugar?—el tapón de corcho salió disparado, él soltó una risita.
—¡No,no, para nada!—se avergonzó—es... es un lindo detalle—bajo la vista.
Trunks sirvió vino en dos copas.
—Pues entonces brindemos—sugirió el muchacho alzando su copa.
—¿Por? —imitó el gesto.
—Por TODO, por nosotros, por estar aquí, por lo que conocemos, por lo que nos hace falta y... por lo que queremos descubrir.
Y esa era clave de todo «descubrir que más anhelaban sus ojos azules»
—¡Salud!
—¡Salud, Trunks!—las copas se estrecharon.
El ambiente se relajó, platicaron de todo un poco, se mostraron tal cual como eran ellos. Dentro de un rato ordenaron la cena: langosta. Cenaron exquisitamente delicioso, de postre fueron una crepas rellenas de frutas, por un ladito le acompañaba una bola de helado de fresas, la favorita de Mai «¡Está delicioso!»
Cuando estaban con el postre la chica le preguntó:
—Por cierto, Trunks ¿qué harás en tus vacaciones?
—Tal vez muchas cosas, amor. Pero en primer instante lo que quiero es DORMIR COMO OSO por un par de días—soltó una carcajada.
—Es comprensible, haz trabajado muy duro así que te lo mereces.
—Igual tú, en serio haz trabajado excelente también. Estoy admirado, yo sabía que tenías actitudes.
—Y después que harás, Trunks ¿te irás Hawaii con esa chica pelirroja? —metía cizaña mientras bebía un poco de vino.
—Déjate de esa cosas, Mai. ¡Por kami! ¿Por qué meter al afeminado de Giorgi en esta linda velada?—rió.
—Yo solo decía—contestó con burla.
—Bueno, bueno, si tanto tienes dudas, te diré que aún no lo sé.
...
Eran cerca de las 11:30 de la noche. Ya era tiempo adecuado para retirarse. Mai miró su reloj de mano.
—Es hora de irnos, Trunks. Sino mañana no podremos levantarnos—se le escapó un ligero bostezo.
—Dame un minuto, solo fumaré un cigarrillo—salió al balcón y la chica fue tras de él.
Trunks sacó de su bolsillo la cajetilla de cigarros, llevó directo uno de ellos a sus labios. Lo encendió dando inicio a su vicio. «El vicio maldito» como lo nombraba Mai. Ambos recargados en la reja del balcón contemplaban la Luna. Y él de reojo observaba a su mujer como era iluminada por el el claro de la misma. Se miraba bellísima, tanto así que de un momento a otro le faltó el aire, y no precisamente por el cigarrillo sino por lo hermosura que Mai le representaba. Regresó la vista a la esfera plateada, exhaló humo y dio pie a una pequeña platica.
—¿Sabes, Mai? —seguía fumando—llevamos tres años juntos y en un momento me he preguntado ¿qué tan feliz eres a mi lado?—volteó hacia ella.
—¿Qué? —no entendía.
—No me mal entiendas, tal vez no me estoy explicando bien. No es nada contra ti ni mucho menos. Yo soy muy feliz a tu lado, lo digo en serio mi amor. Pero ¿y tú?, quiero estar libre de culpas, hace un tiempo pensé que quizás te arrastré a un mundo al que tú no querías del todo. Siento que lo hice egoístamente para no sentirme solo, te traje conmigo al trabajo excesivo y a la poca libertad; te vuelvo a preguntar ¿quieres esta vida, Mai?—tiró la colilla del cigarro por el balcón.
—No deberías de cuestionarte este tipo de cosas, sabes. Yo estoy aquí por mi propia voluntad, no porque me obligaras. Yo quise tomar este reto a tu lado. ¿Y si me preguntas si soy feliz contigo?... créeme en verdad lo soy. Lo soy como nunca lo había sido en mi vida ¿lo entiendes, Trunks? ¡¿Lo entiendes?!
Ella se acercó a Trunks que aún se mantenía en la reja del balcón recargándose en sus brazos cruzados. Mai decidida le tomó del cuello, volteó hacia él e insistió:
—¿Lo entiendes, Trunks?—se estremeció, el corazón le latió fuerte porque las palabras de Mai eran verdaderas.
—Lo sé, mi amor. Y por eso te amo demasiado–restregaron sus rostros por un rato—perdón, por salir con ésta tontería.
—No, no, está bien. Lo entiendo en verdad.
—¿En serio?
—Si, Trunks—sus labios se acercaron dando hincapié a un pequeño beso escurridizo.
—Volvamos a casa, ¿sí?—dijo Mai en susurros.
—Sí—afirmó plantándole otro beso, tomó de su mano—hay que ir a pagar a la recepción.
...
Cuando iban en el trayecto se mantuvo un silencio constante en ambos. Motivo quizás de la cena, de la charla o quizás de lo que querían descubrir y probablemente ambos se abstenían de sincerarse con ellos mismo.
Él volteó hacia ella mientras conducía—Ven, acércate—sugirió—no muerdo—ella soltó una risa y obedeció un poco avergonzada.
Con su pareja de lado, Trunks colocó su mano en las piernas blancas mientras que con la otra conducía—ayúdame a meter los cambios, ¿sí?—Y así mismo fue. A excepción de que en cada semáforo en rojo lo destinaban para besarse. Acción que les causó gracia porque ya no eran unos adolescentes sino unos adultos bien formados. En uno de esos ratos con semáforo en rojo, se habían excedido con un beso largo, ni siquiera se habían dado cuenta que el rojo se había cambiado por el verde, de no ser por un auto que estaba detrás de ellos echándoles maldiciones al son del claxon «¡muévete hijo de puta!» ellos ni en cuenta. Al percatarse, él aceleró con prisa. Mai no para de reír pero lo hacía con más discreción, en cambio Trunks rió a carcajadas hasta que se quedó sin aliento.
...
Al llegar al departamento habían tomando una ducha con agua tibia. Bajo el agua de la regadera la cabellera de Mai lucia más larga de lo que verdaderamente era, en cambio la de Trunks cambiaba a un lila más oscuro, efecto de la humedad. En conjunta armonía, tallaban sus cuerpos ya conocidos; el bronceado y la blancura combinados en la hora de la ducha entre espuma, jabón y amor.
...
Con ropas sueltas se sumergieron entre las sábanas. De lado, mirándose fijamente a los ojos suspiraban. Que felicidad estar así juntos. ¿Por qué no todos los días podían ser así? Era lo que más les llenaba, inconscientemente eso era lo que su nueva etapa les exigía. Él lo supo desde hacía tiempo, tal vez ella también. Solo era cuestión de ser valientes y animarse.
—Buenas noches, niño—éste se acercó para recibir un beso en los labios.
—Descansa hermosa, mañana nos espera un gran día.
Mai cerró los ojos, se acurrucaba buscando una cómoda posición para dormir, él hacía lo mismo mas no le quitaba la vista de encima «cómo te amo»
Fue así, al verla tan divinamente dormida que se dijo a sí mismo.
»Tengo que hacer algo al respecto.
Días después.
—¡Buenos días, Señor Brief!—saludos su secretaria.
—Buenos días, Rita.
—Señor Brief, ¿podría firmarme estos documentos?—los colocó sobre el escritorio—son los memorándum de lo empleados que saldrán de vacaciones. Entre ellas está usted y creo que también el de la señorita Mai de Electrónica—el joven hojeaba los documentos y firmaba.
—¿Qué hará en sus vacaciones, señor?
—Probablemente dormir mucho, hibernar como un oso—rió—quiero desaparecer del mundo por un rato, me hace falta descansar bastante.
—Me parece bien, merece descansar. Así que disfrute de sus vacaciones—terminó sonriente su frase.
—Gracias—le entregó los documentos—¿Es todo, Rita?—añadió.
—Si,señor. Con permiso—salió de la oficina.
¡Al fin era libre!
Después de tan duro trabajo al fin iba a descansar como se lo merecía. Pero algo entre cejas se traía
En la primera semana de vacaciones ambos chicos la pasaron descansando en sus respectivas casas; Trunks quería dormir hasta hartarse y Mai quería hacer limpieza general en casa. Hablaban por ratos por teléfono para mantenerse en contacto como cualquier pareja ordinaria. En la segunda semana, Trunks se dio la oportunidad de visitar a su familia, después de todo tenía meses que no los miraba. Lo recibieron con gusto «¡Hijo, que bueno es tenerte en casa!» pero nunca faltaba la pregunta incómoda «¿Y... cómo va tu noviazgo?» sin faltar tampoco la típica advertencia «Cuídate de los medios» fuera de eso la pasó bien. Convivió con su hermana, entrenó con su padre, tomó el té con los abuelos, y charló con su madre por horas, cosa que disfrutaba bastante hacer.
—¿Así que todo esta muy bien, mi amor?—preguntó Bulma mientras le daba de sorbos a un té. Ambos estaban sobre un juego sillas de mimbre en el amplio balcón de su casa.
—Si,mamá.
—La Corporación Cápsula la haz dirigido bien, eso me hace sentir muy orgullosa de ti—le guiñó un ojo.
—Gracias—hizo un silencio—eh... mamá yo puedo hacerte una pregunta—se mostró inquieto.
—¿Una pregunta?—parpadeó—algo me decía que estabas un poco raro el día de hoy. Es inevitable te conozco bastante bien, Trunks. Recuerda que soy tu madre, puede confiar en mí—aseguró.
—Bueno, verás... ¿Cuando fue que decidiste estar por siempre con mi padre?—se sonrojó.
—¿Eh?—abrió la boca con asombro, después la cubrió con sus manos forradas con guantes negros. Sabía exactamente a qué se refería—mi relación con tu padre como bien sabes fue un poco inusual, fuera de lo común. Sin embargo, no puedo definirte o explicarte cuando fue que pasó. Solo sé Trunks, que lo sentí en mi interior un día cualquiera, sin límite de tiempo, sin fechas. Solo surgió.
—Entiendo—bajó la mirada a sus manos seguido de un suspiro.
Bulma se levantó de la silla, palmeó el hombro de su hijo con afecto maternal.
—Haz lo que tú consideres correcto hacer, lo que tus exigencias te pidan. No hay tiempo exacto, hijo. Guíate por tu SENTIR por TODO lo que tú desees.—el chico volteó con su madre lanzando una mirada llena de empatía—¿quieres un rico postre de la abuela?—él asintió—entonces sígueme a la cocina.
...
Mai por lo tanto le dedicó tiempo a su pequeña «familia»: Shu y Pilaf. Cocinaban juntos, miraban la telenovela juntos, jugaban juegos de cartas y demás. No salían, por general se mantenían dentro de la pequeña casa, pero de alguna u otra forma la pasaban bien; se entretenían. Pese a tener diferencias llegaban a un acuerdo y hacían que su compañía fuera grata en los días que ellos tenían hospedaje en la casa de Mai, porque sin importar el tiempo, ellos seguían con la absurda idea de «¡Conquistar al mundo!». Y para que engañarse, ellos mantenían un amor apache en base de trilladas, alegatos y tonterías, pero así se querían, se querían mucho.
—Mi Señor Pilaf, no deberían de comer tantas golosinas, igual para ti Shu. Cuando están en casa no hacen otra cosa más que comer y ver televisión.
—Después de tanto viajar no los merecemos ¿no crees?—externó el hombrecillo verde con su chillante voz.
—Ya va dar inicio la novela, guarden silencio—expresó Shu con control remoto en mano subiéndole al volumen.
Los tres inseparables amigos se encontraban sobre la cama. Mai comía nieve de fresas, su rostro era cubierto por una mascarilla verde mientras que su cabello era envuelto por una toalla. De vestir traía un blusón blanco un tanto flojo que le hacía estar cómoda. De la misma manera sus compañeros estaban en pijama disfrutando de las vacaciones.
—¿Y no piensas ir a ver a Trunks, Mai?—preguntó Pilaf observando a su compañera.
—Está descansando, necesita de su tiempo. Además fue visitar a su familia—le daba más probadas a la nieve.
—Yo que tú, fuera—insistía.
—¡Ya te dije que NO!
—¡COMO TE ATREVES HABLARME ASÍ!—se exaltó—¡Soy el gran Pilaf!, además... Trunks se había fijado primero en mi.
—¡¿EH?!
—Verás, le invité a mi amigo que tú eras mi novia—dijo el niño con vergüenza rascándose la nuca.
—Les dijiste que yo era...— Pilaf colocó sus manos sobres las mejillas sonrojadas.
—¡TÚ NO, TONTO!
—Solo que se arrepintió muy rápido—refunfuñaba—ese canalla ...
—No diga tonterías, Señor Pilaf—estaba con el rostro desencajado—se nota que le afectado mucho el andar viajando.
—¡Di lo que quieras!—frunció el ceño—yo estoy seguro de lo que él dijo ese día.
—¡Quieren callarse! No me dejan escuchar la novela.—los interrumpió el perro Shu.
...
Antes de cumplirse las dos semanas, el joven empresario salió a un bar de clase media con sus amigos para beber un rato. El lugar se decidió para que de alguna forma Trunks se sintiera cómodo, es decir, que estuviera fuera de miradas o escándalos. Fuera de «verdugos del amor» y todo que le ocasionara algún tipo de problema.
El pequeño bar fue engalanando por la presencia de los cinco chicos. ¿Iba a ser una noche de hombres?
«¡No, no quiero problemas por Kami!»
—Maldita pocilga—manifestó Zerk—ya vez Brief, todo lo que hacemos por ti—le dio un trago a la cerveza.
—Agradezco que me consientan tanto, chicos—contestó Trunks en broma.
El bar era tipo rústico, sencillo, no tan rimbombante. Contaba con cavas de vino y grandes cantidades de barriles de cerveza. En sí, el lugar era adornado en su mayoría por madera, el olor a cedro era fácil de olfatearse . La cerveza era servida en unos peculiares mini barriles un tanto encantadores. Esa noche para su suerte era «barra libre» así que por lo tanto podían rellenar su bebida cuantas veces quisieran. Las paredes en su mayoría eran forradas por ladrillos y estaban incrustadas televisiones plasmas transmitiendo videoclips de «clásicos del Rock»
Los chicos estaban sentados sobre una mesa redonda. Y la platica fluyó:
«Que si vieron el partido de fútbol, que si cuantas anotaciones hicieron el equipo de «Las Estrellas Naranjas» la maldición de chicas pelirrojas, no más verdugo de amor, otra vez el secreto en la montaña Paoz, mi Pares es muy hermosa, ¿ya vieron la nueva línea de condones con aroma a chicle?»
—¿Y eso, a quien mierda le importa? Hay de muchos sabores, Toya—interrumpió Zerk.
«Añoraba estar de vacaciones, oye Trunks, tu mamá cada vez se pone mejor, deja ese teléfono Goten, créeme hermano no morirá si no le contestas a tiempo, ¿dónde está Yohei?, seguramente en el baño ya saben que sufre del mal de la vejiga débil, dos meses para dormir a mis anchas ¿no es genial?, en este lugar no pescaremos nada bueno, ¿y cómo va el negocio familiar?, yo solo sé que son unos hijos de puta, entonces cuando jale mi caña de pescar saqué un pez enorme, ¿te reconciliaste con Mai?, te haz vuelto muy sensible Brief, ¡Bah, tonterías soy el mismo de siempre! ¿Zerk traes cigarros?, chicos hay que rellenar nuestros barriles, ¡esa canción es la onda!»
Fue una noche genial de hombres, risas carcajadas, anécdota y cerveza. Realmente necesitaban reunirse para soltar todo ese estrés acumulado. Que mejor que los amigos para pasar un buen rato.
—Disculpe—Goten, llamó a un mesero—¿Podría tomarnos una foto, por favor?—éste accedió amablemente y Son le entregó su móvil.
—Venga, sonrían—expresó alegre Toya—¡Digan TEQUILA!
Los cinco chicos se entrelazaron con sus brazos haciendo la mejor de sus poses.
—¡TEQUILA!—se escucharon las cincos voces.
Y el flash captó la alegría de sus rostros: una foto, dos fotos, tres fotos, sin darse cuenta perdieron la cuenta de las capturas. Amigos desde la Estrella Naranja, quien diría que después de tantas aventuras ahora eran todos unos responsables jóvenes de oficio, con sueños, ambiciones, enamorados del amor y de la vida. Ciertamente, hasta las amistades evolucionan, cambian atreves de los años; maduran. Otros maduran por diversas situaciones de la vida, con risas y aliento a alcohol, otros sin embargo lo hicieron por amor en compañía de sorbos de café.
«Todo debe de tener una evolución. El trascender es necesario en la vida del ser humano»
...
La reunión había sido todo un existo.
Trunks repartió a cada uno de sus amigos en sus respectivos hogares, hasta a Goten lo llevó a Paoz. Cuando el chico de cabello negro bajo del auto, por la ventanilla se despidió.
—¡Hey, príncipe! Te ves bien, eh—sonrió ampliamente—creo que tus vacaciones te sentaron muy bien. Ya las necesitabas.
—Ni lo digas—mostró media sonrisa.
—Por cierto, te noto diferente.
—¿Diferente?
—Si, tú mirada te delata—el azul soltó una risa—¡Bah, como sea! No comentas una tontería y si lo haces cuéntame ¡ja,ja,ja!—se dio la espalda—nos vemos, Principe.
—Adiós...—se despidió de igual forma moviendo la palma de su manos. Partió a casa.
...
Había llegado a su departamento, se dirigió sin apuro a su habitación. Al entrar, comenzó a quitarse la ropa, se acostó sobre la cama en ropa interior; miraba al techo y meditaba al respecto «¿qué debo de hacer? ¿Acaso será buena idea si ...?» volteó hacia un lado y sobre e buró vio una fotografía de ellos dos: él aferrado de la cintura de Mai y ésta sonrojada como tomate. De momento se le escapó una risa, se convenció de sí mismo «¡Lo haré!»«¡de alguna forma lo haré»
Tercer semana de vacaciones
Lunes 5:30 am.
Mai había despertado temprano por motivo de despedir a sus dos compañeros de vida. Emprenderían nuevamente otro viaje y ella les había ayudado a empacar sus cosas, les preparó una cantidad generosa de comida para que no sufrieran de hambre. El motivo que seguía impulsando a sus pequeños amigos: era buscar Las Esferas de Dragón. Eran tercos, obstinados, pero de alguna forma así les gustaba vivir, eran felices a su forma.
A veces en la felicidad hay muchas variantes, lo que le hace feliz a uno tal vez al otro no, quizás las personas somos un tanto complicadas de entender. Por lo tanto Mai, desde hacía años cortó esos lazos aventureros por seguir al amor de su vida ¿pero qué pasaba con ese instinto? ¿Se puede negar siempre? «No, no del todo»
Con pereza regresó a la comodidad de su cama. Se cubrió entre sábanas y durmió por un rato. No sabía exactamente qué planes tenía para hoy. Tal vez ir al supermercado más cercano no era mala idea, tenía que hacer compras para surtir su despensa, alzar la casa, hablar con Trunks por el móvil e invitarlo a comer en medio día. Pero bueno, eso lo planearía en unas horas más. Ahora por lo pronto era más importante dormir, aún era temprano.
Eran en punto de los 8:00 de la mañana y la chica de cabello negro continuaba durmiendo cómodamente. Al paso de unos minutos el sonido de un claxon le aturdía la cabeza, tomó la almohada y enterró la cabeza para menguar el maldito ruido proveniente de afuera. Pero no cesaba el escándalo, tanto así que ya se estaba poniendo de mal humor «¿pero qué pretende esa gente que no deja dormir?» de repente el sonido se calmó y siguió ahora el timbre de su celular. Sin embargo se negó a contestar porque era un número extraño «¿y si es llamada del trabajo?» no ¡al carajo! eran sus vacaciones, que buscaran la forma de arreglárselas sin ella.
El timbre del celular cesó, al fin un poco de paz, o al menos eso creía. Posteriormente pensó que el mundo conspiraba en contra de su descanso porque de un momento a otro empezaron a tocar la puerta.«¡No puede seeeer!» se movía de lado a otro con la almohada en la cabeza enloquecida. El sonido de la puerta continuó. Sin embargo, entró en razón por un instante y ese «toc, toc» era muy particular. Abrió lo ojos, se reincorporó de la cama con su clásica bata de dormir rosa transparente; fue hacia la puerta de madera. Tras de ésta aguardó por un momento, no estaba segura si se trataba de «quién sospechaba» hasta que decidió abrir, no sin antes asegurando la puerta con la cadena para que no abría del todo, por en caso de ser un extraño. Finalmente abrió, surgió el mágico momento de antaño que representaba ese acto. Era el azul de su vida tan guapo y sonriente de otro lado de la madera.
—Trunks ...—lo nombró con sorpresa.
—Buenos días, bella durmiente—sonrió— Hasta que despertaste—inquirió—hice de todo Mai, use el claxon de mi motocicleta, te llamé al móvil y ¡nada!. No tuve otra opción más que venir a tocar.
—¡Eras tú, niño!—exclamó—tal vez si me hubieras avisado yo estaría al pendiente—quitó la cadena de la puerta—ven entra—él negó.
—No hay tiempo, Mai.
—¿A qué refieres es temprano?
—Lo sé, lo sé.—suspiró al compás que su vista recorría el cuerpo de la chica— estás exquisita, han pasado dos semanas desde la ultima vez que estuvimos juntos. En serio que si entro te haré el amor como un loco y no hay tiempo—besó sus labios—empaca tus cosas, tenemos que irnos.
—¡¿IRNOS?!—se exaltó—¡Pero qué cosas estás diciendo, Trunks!—el chico se dio la espalda.
—Te esperaré aquí afuera—se recargó en la motocicleta.
Todo indicaba que hablaba en serio, a distancia Mai observó que su atuendo no era algo común: una chamarra, un pantalón de cuero y una ilusión se proyectaba en su mirada.
Tomó una ducha rápida, se vistió muy al estilo de él: pantalón de cuero, chamarra de mezclilla verde militar y labios rojos. Empacó sus cosas, las guardó en una cápsula.
Rápido se dirigió a la pequeña cocina, puso aguar a hervir y en termos desechables preparó café. Salió, no sin antes dejar el foco de afuera encendido. Le dio un café a Trunks.
—Ten toma esto, niño.
Mientras bebían se mostró inquieta.
—¿Qué pretendes, Trunks?—le daba sorbos a la bebida.
—Tranquila, nada en especial. Solo andar por ahí—terminó el café—anda, sube—encendió la motocicleta y le aventó un casco a la chica.
Ella sin comprender accedió. Por una extraña razón no refunfuño. Se subió a la moto y se aferró a la cintura de Trunks dejándose llevar por el instinto de aventura. Éste arrancó.
Ahora lo importante era salir de la Capital de Oeste para tomar carretera libre. Hicieron al rededor de media hora para salir de la ciudad. En poco tiempo y sobre ruedas se encontraban emprendiendo su viaje. ¿En verdad estaban viajando? Todo indicaba que sí, si solo bastaba mirar al rededor: pasto, árboles, vegetaciones exóticas «¡sí, estamos viajando!» y con más fuerzas se aferraba a la cintura masculina.
Avanzaron unas cuantas millas y sobre el oído del muchacho, Mai alzó la voz:
—¡¿Qué diablos se supone que es esto, Trunks?!—le gritaba.
—¡Es un viaje al estilo Trunks Brief!—le contestó de igual forma sonriente.
«¿Un viaje? ¡Estás loco, niño!»
Probablemente sí lo estaba: su alma, su corazón y mente desde hacía tiempo se lo exigían. ¿Cómo no hacerle caso al instinto natural? Sin embargo Mai, conforme miraba los paisajes, sentía que el pecho le ardía. Esa sensación no era nada nueva en sí, con anterioridad había sentido ese fuego ardiente en su interior. Estaba excitada por lo desconocido ¿a dónde iban? era la interrogante que la partía en dos. Y así, con más fuerzas se aferraba del muchacho mientras que el motor de la motocicleta se aceleraba con más potencia. Ese gran sonido que erizaba las pieles hasta de las personas más frígidas del planeta Tierra «¿A dónde vamos, Trunks?» su respiración se aceleraba sobre el cuello bronceado y él lo percibía.
Él de alguna forma tan obvia al percibir la excitación de su mujer, le brotó por sus venas saiyajin esa adrenalina excesiva; esto había sido lo mejor decisión, ocupaban gritarle al mundo como lo hacían en el risco, pero ahora con más efusión. Necesitaban que sus corazones distinguieran otra forma diferente de vivir e incluso de amar. Era el tiempo adecuado para descargar todo ese SENTIR, para curarse del entorno al que estaban sin remedio sentenciados, era ahora de trascender, de evolucionar, de desnudar aún más el azul de sus ojos y llegar a las profundidades de ese océano infinito sin importar que se ahogaran. Asfixiarse las gargantas con gritos, jadeos y gemidos; robarse el aliento hasta quedar con la voz en un hilo. Y así, tan expuestas sus virtudes, sus anhelos y sus nuevos deseos, regresarían a su realidad tomados de la manos sin afligirse. Porque esa parte que les grita en su interior ya estaría completa.
«Podríamos andar por ahí Mai, y tomarnos de las manos ¿qué dices, lo aceptarías?»
Trunks bajo la excitación que le transmitió el amor de su vida, volteó de reojo con ella y ordenó:
—Quítate el casco, Mai—él lo hizo primero. Con rebeldía lo tiró en el camino.
—¿Eh? ¿Qué tal si nos multan o causamos un accidente, Trunks?—expresó jadeante.
Mientras tanto los mechones lilas ya eran víctimas del viento. Éstos mismos le acariciaba el rostro. Sus pulmones se saciaban del aire más puro. Era simplemente cautivador.
—¡Hazlo!—le alzó la voz.
Con nervios, poco a poco retiró el casco mirándose en primer instante sus labios rojos, de ahí su nariz y por último su cabello salió del encerramiento. El casco fue a dar al asfalto y ella con su cabellera revoloteándose en el aire como medusas; se sintió libre. Era más libre que nunca siendo cautivada por el agresivo viento al compás que los mechones lilas le acariciaban las mejillas. Las cabelleras se unificaron formándose una combinación exótica.
Era todo un sueño, una bomba que faltaba poco para que explotara.
Trunks repentinamente frenó sin previo aviso maniobrando con experiencia en un lugar seguro. Mai no tuvo otra alternativa más que aferrarse con todas sus fuerzas de él mientras soltaba unos gritos eufóricos.
Se detuvo.
—¡¿Por qué haces eso sin AVISARMEEE?!—él con decisión la tomó de las piernas, la condujo hacia adelante sentándola en su pelvis. Pecho con pecho, rostro con rostro, agitados por tanta adrenalina. Se miraron a los por unos segundos. Las manos blancas alzaron las gafas de sol que cubrían los ojos de Trunks colocándolas después sobre su nuca.
Los orbes azules estaban expuestos con pupilas dilatadas.
Poco menos de diez segundos fue el tiempo necesario para que sus labios se juntaran. Llevaron acabo el beso más compulsivo de sus vidas. Abriendo y cerrando con gran magnitud sus labios, estrujándose las cabelleras con desespero, se besaban como jamás lo habían hecho, llenos de adrenalina pura. Cuando el beso culminó sin abrir los ojos se susurraban en los labios.
—¿Qué es todo esto, Trunks?—preguntó jadeante sobre los labios del muchacho.
—Yo...—jadeaba al ritmo de ella—solo sé que esto es TODO, mi amor.
—¿A dónde me llevas?— sus labios se juntaron.
—A buscar lo que necesitamos, lo que nos hace falta.
—¿Pero a dónde?
—Con certeza no lo sé, pero—hidrataba sus labios con la lengua—creo ir en el camino correcto.
Después de darse otro profundo beso solo que éste con más conciencia: partieron. Volvieron a su ruta, a la aventura, al camino, y a la búsqueda del TODO.
En el camino reían, cantaban y gritaban a todo pulmón sin importarles nada. —¡AAAAHHH!— eran libres. Llevaban horas en camino y el paisaje frondoso se suplía por sol arena y mar. Era fácil de saberlo puesto que el aire había cambiado de olor, además de que sus labios se impregnaban con sabor a sal.
De un momento a otro la chica con uno de sus brazos se sostuvo del cuello de Trunks, él miró sobre su hombro y asintió sonriente como si le diera permiso de hacer algo «¡adelante hazlo, Mai!» Y lo hizo. Se alzó estirando su brazo libre, dirigió su rostro al cielo celeste que poco después fue remplazado por grupos de gaviotas. Sentía que volaba como cuando andaba por cielos junto a Trunks. Que sensación tan maravillosa. «Niño, ¿cuál es el nombre de tu improvisada ruta?» sus oídos fueron cautivados por el ruido de las olas que reventaban «El nombre de mi ruta es ...¡ah, lo tengo! Se llama ruta a la libertad»
La motocicleta se detuvo un instante por petición de Mai que con prisa corrió hacia la arena, con asombro cayó de rodillas. Su vista se humedecía de alegría ¿cuánto tiempo hacía que no miraba el mar azul? Era bello, salvaje y espumoso. «Es precioso» se agachó un poco y con ambas manos tomó una cantidad de arena que por causa de no juntar bien sus palmas se le escapaba por el medio un hilo de la misma, como cuan reloj de arena contaba los minutos hasta vaciarse por completo. Al regresar su vista a las olas descubrió cómo se formaban estelas en el mar.
Tras de ella estaba él de pie observándola. Al verla tan conmovida preguntó con su dulce voz:
—¿Estás bien? ¿Quieres continuar, mi amor?
Al voltearse descubrió unos ojos exactamente iguales al mar que tenía en enfrente. Las olas le cantaron al oído: ¡sigue tu camino, ve con él porque aún falta un poco más! Y el añil se incorporó.
—Sí, Trunks hay que continuar—secó sus lágrimas.
—Perfecto— sonrió extendiéndole la mano.
Continuaron su trayecto por unas cuantas horas más. La noche sin piedad les cayó sobre los hombros. Así que acamparon en una modesta casa-cápsula; se ducharon, platicaron, prepararon cena y descansaron. Ambos dormían abrazados, estaban muy cansados. Mai quedó dormida sobre el pecho desnudo de su novio, mientras tanto Trunks estaba con un poco de insomnio. Masajeaba su nuca por un rato mientras su vista se enfocaba al tragaluz del techo.
Contempló la oscura anochecer con destellos brillantes que custodiaban a su patriarca Lunar. Bien sabía que existía el Dios guardián de la Tierra pero, si analizaba un poco La Luna también era una guardiana protectora, iluminaba desde el primer día de vida del ser humano hasta su lamentable descenso. Sin embargo, era testigo de muchas cosas: logros, triunfos, fracasos, etc. Sonrió bajo su trillada hipótesis; le confesó a la esfera plateada que le diera suerte, que faltaba poco para llegar al lugar clave y que cuando estuviera ahí lo bendeciría; Trunks durmió.
La noche respondió a sus súplicas materializadas de alguna forma en sus sueños «descuida, todo saldrá bien»
...
Al día siguiente continuaron su viaje en moto, por alguna extraña razón se destilaba más amor en ellos: se besaban, se acariciaban con frecuencia. Mientras él manejaba la motocicleta la chica le abrazaba por la cintura y recargaba su rostro sobre el musculoso hombro, posición perfecta para que él le robara todos los besos que quisiera durante el trayecto.
Qué ironía, quien pensaría que ayer habían empezado un viaje de la nada, con vasos desechables de café en las manos, pantalones de cuero, sonrisas, ilusiones y su ruta hacia la libertad en busca del TODO. Con su moto decidieron batirse un duelo con la carretera y viajar sin fronteras hacia dónde su intuición los llevara. Y precisamente ahí iban.
Una semana llevaban viajando sin parar siendo testigos de diferentes floras y faunas que adornaban con pintorescos colores el entorno conforme más kilómetros avanzaban. Acamparon por diferentes lugares como todos unos aventureros. Dejando de lado su objetivo principal, la pasaban bien, como si estuviesen en su departamento o en el propio trabajo. Ellos sabían que desde aquel día del diamante, un hechizo había caído sobre ellos para estar predestinados. Y cuando fuese el momento indicado estando carentes de tantas cosas en sus vidas, se volvieran a reencontrar para curarse mutuamente y no caer en el hoyo profundo de la soledad.
El clima a comparación de las anteriores partes se estaban convirtiendo en algo árido, seco, con vegetaciones desérticas un cuanto raras. Y el momento se estaba acercando. Trunks por causa del cansancio decidió desviarse y buscar un lugar donde descansar por un rato. Bajaron de la moto, activaron la casa-cápsula, comieron y vagaron por ahí.
—Que espantoso calor hace aquí—expresó irritada la chica—parece como si estuviéramos cerca del desierto.
—Si, eso parece—contestó el muchacho—de cualquier forma no te confíes ha de tener un clima muy extremo, verás que en la noche refrescará.—ella asintió.—sabes, quiero tomar una ducha. Pero antes ¿por qué no juegas conmigo?.
—¿Jugar? —preguntó extrañada, éste asintió.
—Cuando Goten y yo éramos niños nos encantaba jugar con pistolas de agua. En una ocasión mientras estábamos todos de viaje en un crucero de placeres, por accidente mojamos a Bills. Nos dio tanto miedo que salimos corriendo gritando «¡lo sentimos, perdónenos!»—sacó una cápsula de su bolsillo, la activó. De ahí le arrojó a la chica una de pistola turbo 3000—soltó una carcajada—ya está cargada—le hizo un guiño—Aprovechemos este horrendo clima para refrescarnos un rato antes de asearnos, ¿sí?.
»Sabes, ahora se me están viniendo varias cosas en mente, hubo más aparte de la palmera en la fiesta de cumpleaños de mi madre ¿recuerdas? Eras muy buena con las armas ¿verdad?, hasta incluso en esa ocasión me acorralaste para dispararme—Mai, se sonrojó—¿cómo pude olvidarme de eso?, si fue bastante cómico, bueno no tan cómico como el baile de mi padre.
»Insisto que en esa ocasión al perro y al mono verde les faltó más corazón en su actuación—rió—estoy seguro que nos hubiera salido perfecta esa escena del rehén.
—Recuerdo que por la impresión de los ataques del gato morado, me desmayé—dijo mientras se acomodaba la pistola en los brazos.
—Y yo recuerdo que tomé entre mis brazos. Te pregunté «¿Mai, estás bien?»—arreglaba también su equipo de ataque—y me contestaste sin aliento «¡sí...!—soltó una carcajada.
—¡NO TE BURLES!—le lanzó un chorro de agua que fácilmente esquivó.
—De ahí, te llevé a un lugar seguro y dije «no te muevas de aquí, ahora vuelvo» me fui a fusionar con Goten para pelear. Cuando regresé habías desaparecido. Rompiste mi corazón, Mai—dijo burlón.
—Basta de hablar de estas cosas—respingó—en ese entonces tenía mis razones, tú no comprenderías.—se cruzó de brazos—Pero bien, en éste juego estoy en desventaja. Tienes poderes, eres rápido no podré darte nunca.
—No haré trampa, lo prometo.
La batalla de las pistolas de agua dio inicio, ambos eran hábiles, tenían destreza. Se refugiaban entre las ramas o detrás de los troncos de los árboles. Se arrastraban por la tierra como buenos soldados. «¡Ah, te atrapé!»; chorros de agua había por doquier, estaban totalmente empapados y sucios «¡Aaah te di niño, SIII!» Reían como infantes, como cuando eran unos niños. Por la inusual coincidencia con las esferas y el diamante el día de la fiesta, tuvieron la fortuna de conocerse en su faceta más inocente; la niñez. Entonces comprendieron que ocasiones no hay nada de malo en consentir al niño interior que se lleva dentro, esa parte quizás es olvidada por responsabilidades de la vida diaria. Sin embargo, debe de consentirse de vez en cuando sin importar la madurez.
—¡Si, gané!—exclamó radiante y empapado el joven empresario alzando su pistola.
—Era más que obvio, Trunks. —se encorvó agitada de tanto reír colocando sus manos sobres la rodillas —no eres un humano cualquiera, niño.
—Para que veas mi generosidad, te cumpliré un capricho—mostró media sonrisa al tiempo que se quitaba de encima los cilindros de agua que le colgaban por la espalda—¡anda, tú solo pídeme lo que quieras!
—Bueno yo ...—meditaba, no había muchas opciones ¿qué pedir si estaba en medio del desierto? Después de darle varias vueltas al asunto algo se le vino en mente— ¿Cuánto tiempo tienes que no te transforma en un Súper Saiyajin?
—¿Eh?—se sorprendió por la pregunta—bueno tal vez desde la visita de Bills a la Tierra. Desde hace muchos años no hubo necesidad de hacerlo salvo cuando entrenaba con mi padre en la cámara de gravedad o algunas veces lo hacía jugando con Goten y Gohan en Paoz.
—Nunca me ha tocado apreciarte en ese estado de cerca ¿puedes hacerlo para mí?
—¿Quieres que lo haga?—preguntó con decisión.
—Sí.
—Bien, lo haré. Toma distancia—Mai se refugió detrás de un árbol, Trunks quitó su chamarra de cuero quedando solo con una camiseta negra sin mangas—solo que será por un instante ¿de acuerdo? No quiero alertar a nadie con mi ki.
El aire cambió, se tornó denso. La poca vegetación árida se movía de un lado al otro siendo manipulada por el poder que emitía el saiyajin. Trunks apretaba los puños y sus músculos se engrandecían teniendo una apariencia tensa. Las cejas las fruncía con fuerza, apretaba la quijada mostrando sus dientes. De un momento a otro su cuerpo pareció tomar peso porque sus pies se hundían unos centímetros en la tierra. Un aura de corto circuitos de colores dorados y azules le rodeaba. Cuando acumuló el poder necesario desató un grito —¡AAAHHH!—seguido de una explosión dorada. Mai no puedo distinguir porque la luz le encandiló a la vista, eran tan agresivas las ráfagas de vientos que se vio obligada a sostenerse con fuerza del tronco. Cuando todo menguó, abrió los ojos y lo vio. Estaba un poco anonadada, realmente era increíble apreciarlo de esa manera. Caminó hacia él con temor, como si se tratara de una persona ajena. El muchacho que le daba la espalda volteó de reojo hacia atrás y sobre su hombro vio a su novia, sonrió—no me tengas miedo—después de un suspiro volvió a su estado natural.
—Es... es increíble—estaba sorprendida—tu apariencia cambia totalmente, debo de decirte que te vez un poco vil—llegó frente a él.
—Espero estés complacida, Mai—la tomó de los hombros y le plantó un beso en la mejilla—Vamos, hay que regresar a tomar un baño.—encapsularon las pistolas de agua, se tomaron de las manos y regresaron a la casa.
Revisaron sus provisiones, Mai cocinó algo sencillo: arroz al vapor y trozos de pescados fritos con salsa de soya «¡Me encanta tu comida, mi amor!» como todo un saiyajin devoró toda la comida no sin antes dar las gracias por los alimentos. Se dirigieron a tomar una ducha pero a causa de ser muy chico el espacio se tuvieron que bañar por separado. Mientras Mai recogía y lavaba trastes, Trunks se fue el primero en entrar, salió y la chica entró. Con ropa más cómoda: pantalón suelto negro y una playera manga larga del mismo color tocó la puerta del baño.
—Linda, iré a dar un recorrido por aquí cerca. Ten cuidado no le abras a nadie ¿de acuerdo?
—Esta bien, no te preocupes.
Salió al exterior.
Bien, ahora tenía que investigar un poco en cuanto al lugar. Quería cerciorarse que había llegado al lugar correcto, así que se impulsó hacia el cielo para mantener una mejor visión de los alrededores «¡Lo sabía!» con satisfacción vio el objetivo. Sonrió y pronto fue volando hacia éste. Por lo tanto Mai, salió de la ducha, vistió con bata rayada algo sencillo. Se peinó, se maquilló muy poco, solo delineado sus ojos y pintó sus labios de rojo puesto que ya era de noche y supuso quizás que no tardaban en ir a la cama así que no tenía caso cargarse de cosméticos. Se sentó un rato en la orilla de la cama mientras hojeaba una revista de espectáculos. Unos 40 minutos se habían cumplido pero Trunks no volvía, se estaba impacientando «¿Dónde estarás, niño?».
Sin hacer caso salió de la casa-cápsula, el instinto natural le llamaba y no pudo contra él. Desde que llegaron al lugar una corazonada la mantuvo con pendiente. Pero con exactitud no sabía en sí de que se trataba, solo sentía un poco nervios.
El aroma, la vegetación con extraños árboles gigantes de forma de setas; era peculiar. Y quizás le hacía recordar algo de antaño «¿pero qué?» Caminó esquivando ramas y para su favor la Luna iluminaba con luz plateada en las penumbras. Esa noche en particular lucia más enorme que nunca, era grande, redonda y demasiado bella. Al paso de media hora Trunks la encontró.
—Con que aquí estás.—la abrazó por detrás y besó su nuca—creo haberte dicho que te quedaras en casa, está muy desolado este lugar. Qué tal si te hubiera atacado algún animal nocturno.
—Lo sé, lo sé—bajó su vista—pero es que me impacienté porque no llegabas.
—Está bien ¿quieres seguir caminando un poco antes de regresar a dormir?—la chica asintió— bien, pues sigamos—tomó de su mano.
Después de unos minutos.
—Esta haciendo fresco—frotaba sus brazos y titiritaba.
—Si, te lo dije—la abrazó por la espalda enrollando sus brazos con los de ella para generarle calor. Y así abrazados seguían avanzando en cortos pasos. Él restregaba su rostro, le respiraba en su oreja, cosa que le erizaba la piel.
Su camino se vio bloqueado por unas ramas secas entrelazadas en los troncos de las setas gigantes. Justo cuando Mai estiró su brazo para de un jalón arrancar las hojas, Trunks la detuvo:
—¡Mai, espera!
—¿Eh?—buscó su rostro—¿pero por qué?—le pareció extraño.
—Yo ...quería preguntarte algo— la chica aún envuelta en los brazos del muchacho se giró por complemento hacia él, luego apretó sus puños en la playera negra.
—¿Sí...?—le miró a los ojos.
—Bueno, llevamos una semanas viajando en mi motocicleta y quería saber ¿cómo te sientes?
—¡Oh vaya! Con que de eso se trata—apretó sus labios antes de contestar—estoy bien, creo que me esperaba otro tipo de pregunta—él sonrió con gusto al escuchar eso—en verdad esto ha sido fabuloso Trunks, nos hacía falta desconectarnos de todo y salir aventurarnos. Desde que estamos juntos no había tenido una aventura.
—Entonces continuemos, Mai—ambos chicos con sus manos agarraron las ramas —¿estas lista?—preguntó antes de jalar.
—Sí.
—De acuerdo, a la cuenta de tres jalamos.
«Uno...dos...tres...» Arrancaron el manojo de ramas secas.
Cuando el camino se vio despejado, Mai quedó atómica ante el paisaje.
—Esto... esto es ...—cubría su boca de la impresión. Sus ojos se humedecían y lágrimas brotaban sobre sus blancas mejillas. Mordía sus labios reprimiéndose de soltar un llanto—es ... es el Castillo de Pilaf—volteó con el muchacho que estaba tras de ella.
—Sí, así es—suspiró—es parte de lo que queda. En su mayoría son ruinas salvos aquellos ventanales—señalaba—una amplia terraza y tal vez un par de habitaciones.
La sensación del pecho se vio liberada. Ella lo sabía, ella sentía que estaba en un lugar familiar.
—¿Por qué, Trunks?—él se acercó, la abrazó mientras ella sollozaba en sobre pecho.
—Tranquila, mi amor—le daba ánimos para que cesara su llanto porque bien sabía él que tan importante era para Mai esas ruinas de lo que antes era un poderoso Castillo. Un lugar lleno de historias, anécdotas y probablemente impregnado de la esencia de su bella acompañante, era su antiguo hogar.
—¿Por qué, Trunks?—insistió nuevamente al mirarlo con ojos llorosos.
—Porque no iba a permitir que tu fuego interior se extinguiera, Mai. Quiero todo, TODO contigo. Quiero que estés llena, satisfecha, VIVA para mí. Tengo que acariciar esa esencia tuya, aceptarla. Y amar como un idiota ambas vidas que te conforman, porque sabes, eso me llena a mí también, me excita, me enloquece tener a alguien como tú que me hace arder. No quiero que te hartes de mí por reprimir esta parte oculta tuya—secaba sus lágrimas.
Realmente no mentía, ella sabía que sus ojos gritaban la verdad pero sabía que hacía falta algo más.
—¿Quieres continuar?
—Sí, sí quiero.
Se acercaron al castillo, subieron por las largas escaleras que no habían sufrido daño alguno desde el ataque del mono gigante. Todo era un caos, las ruinas eran cubiertas por vegetación y pequeñas setas. Se filtraron por un largo pasillo que conducía quizás a la terraza principal. Por lo visto unas cuantas habitaciones que se mantenían en pie.
Su mente jugó con sus recuerdos. Inesperadamente, de un momento a otro se vio un lado del trono de Su Excelencia, y éste sentado con capa roja. En su cabeza portaba una corona roja con incrustaciones de oro en forma de cúpula. Y en frente había miles de soldados haciendo reverencia al Gran Pilaf. «¡Oh, larga vida al Gran Pilaf!»
Después de unos minutos volvió en sí.
—¿Trunks...?—había desaparecido—¿Trunks dónde estás...?—más delante se percató que había una luz. Sintió curiosidad y se fue acercando a ella. Esa luz se emitía desde una de las recámaras que aún que estaban en pie.
La puerta estaba emparejada, la empujó un poco pero sin darse cuenta sus pies había chocado con una pequeña vela blanca en forma de rosa . Y más delante le seguía otra, y otra, dibujándose así un camino de velas aromáticas que desprendían fragancia a Jazmín e iluminaban cálidamente la vieja habitación con luz tenue. Cuando su vista se filtró hacia enfrente vio sobre una silla de madera un vestido blanco, una tiara, cosméticos y accesorios de fina plata. Por un lado había un espejo ovalado con base de madera de tamaño considerable. No entendía, no entendía nada o quizás sí pero «¿qué significa todo esto?» se acercó a la silla y en el espejo estaba una pequeña carta. Con los nervios a flor de piel la abrió y leyó:
«Quiero llegar al TODO contigo. Vístete, te estaré esperando del lado de la terraza»
Sentía que le faltaba el aire. Es que como era posible que ella...«¡No,no,no,quizás sea todo un sueño!» se resistía en creer, se daba de palmadas en las mejillas, se pellizcaba ¡y nada! Seguía ahí en la misma habitación con las velas, el atuendo y mirándose frente al espejo. Con delicadeza colocó encima de su cuerpo el blanco vestido, era sencillo, liso, sin mangas. Se miraba que era de tela muy fina. Y su conciencia le decía «hazlo, Mai» ella reflexionaba mirándose al espejo «¿lo hago?» y su propio reflejo le respondía «¡Hazlo!». Con decisión deslizó el vestido de rayas hasta llegar al suelo. Se vistió con el elegante vestido blanco, maquilló con más detalle su rostro, uso los accesorios de plata. Y finalmente colocó sobre su cabeza la tiara de rosas blancas. Con ambas mano tomó un pequeño ramo que contenía las misma rosas igual que su tiara; blancas. Los tallos eran enrollados con tul y listones.
Se vio en el espejo por última vez, sus orbes se humedecieron porque apreció lo que jamas en su vida llegó a pensar ser: una novia.
«Soy una novia»
Salió de la habitación. Continuó con el largo pasillo rocoso con olor a hierba y humedad. Cada vez parecía divisar la luz del final del túnel. Cuando llegó a la terraza estudió su entorno; había una mesa con manteles blancos, veladoras, vino, vajilla, copas y dos sillas. A un lado estaba una mesa de servicio que probablemente contenía platillos con deliciosa comida. A un costado, se mantenía una cámara fotográfica sobre una base con largas piernas, ajustada a una buena altura, también había un modesto equipo de música con la insignia de CC y por último; estaba él al ras de la terraza.
El joven se mantenía dando la espalda en su espera, como tratándose de una capilla cristiana donde el novio espera a la novia sin voltear a verla. Trunks elegantemente vestía un traje blanco. Y frente al él estaba La Luna majestuosamente plateada.
Faltando un poco para que Mai llegara, él no se pudo resistir, volteó quedando anonadado. Tragó saliva ante tal belleza, extendió la palma de mano por cortesía, Mai accedió al gesto. Frente a frente se mantuvieron. Ella con sus manos en el ramo y él con las suyas sobre la cintura de la chica. Azul con azul con prendas blancas.
—Te vez hermosa, amor—ésta se avergonzó, sin embargo contestó al cumplido.
—Gracias... tú también te ves bien.
Después de un mortal silencio la frase más anhelada endulzó los oídos de la chica.
—Cásate conmigo, Mai—ella mordió sus labios conteniéndose de llorar. Y bajo ese gesto asintió.
—Sí, sí quiero casarme contigo, Trunks.
Se abrazaron con todas sus fuerzas.
—¡Gracias, gracias! Te amo, te amo como un maldito idiota. Te quiero para mí, te quiero en mi diario, en mis locuras en mi... en mi TODO.
—Si tan solo me hubieras dicho tus verdaderas intenciones desde el principio. Créeme que te hubiera dicho que sí.
—Lo sé, lo noté. Pero créeme que era necesario llegar hasta aquí, aventurarnos—suspiró—escogí este lugar para nuestra unión porque representa mucho para ti, Mai.
»Además, no creo en la burocracia del matrimonio, en tantos papeles y rituales sin sentido. Cuando hay amor no se necesita tanta faramalla, créelo, solo se necesita amor. Por eso haremos nuestra propia ceremonia porque tenemos al mejor testigo para nuestro juramento, la que siempre no haz cuidado y protegido desde hacía tiempo; La Luna. La misma que nos predestinó aquella noche de infancia sobre la palmera. Y delante de ella—tomó su mano—te prometo amarte por el resto de mi vida.
»Escogimos juntar nuestras vidas en esta forma tan única e inusual—volvió a suspirar y la vio a los ojos ahogándose en el azul.
»Yo Trunks Brief, me entrego a ti por completo, sabiendo que la magia de nuestro amor consiste en caminar por siempre de la mano; en las buenas, en las malas, en lo laboral, en nuestras locuras y bajo cualquier adversidad. Yo quiero ser tu TODO, tu compañero de siempre y no solo por ratos en las oficina o los fines de semana sino paran toda la vida hasta mi último aliento ¿Aceptas ser mi esposa?
Mai estaba agitada, con un nudo en la garganta. Sollozaba con discreción.
—Mi vida se ha convertido en el centro de la tuya, Trunks, eso lo sabes. Yo... yo te acepto como mi esposo.—sonrió pese a las lágrimas—gracias por esa hermosa oportunidad.
Se dieron un cálido abrazo después acariciaron sus rostros y se esposaron con anillos de fina plata.
—Ahora así le gritaré al mundo mi amor por ti. Ese será mi nuevo reto a tu lado. No importan que se enteren los medios o quien sea—sonrió.
—Niño—lo interrumpió—¿ves aquel cuarto en ruinas?—el volteó.
—Sí, sí lo veo ¿Por qué?—preguntó.
—En ese cuarto de cristal tenía presa a tu madre y a tus amigos—mostró media sonrisa.
—¿Eh?—se sonrojó.
La noche se celebró con una cena para dos, caviar, vino blanco y un pequeño pastel en el cual ambos le soplaban a las velas «¡una, dos, tres!» bajo el sonido de equipo de música bailaban una cálida melodía con el mejor de paisajes: ruinas, vegetación y Luna. Y un aire con estela de aventura.
—Lo tenías todo planeado, ¿verdad Trunks?
—Algo así—rió—tenía que traerte aquí de alguna manera.
—¿Y por qué no me lo dijiste? —frunció las cejas.
—Porque te conozco, tonta. Si yo te decía algo de mis planes tú ibas a relinchar como yegua, te ibas a poner como loca sin razón —soltó una risita—y no iba a poder convencerte.
—Al menos lo hubieras intentado, niño. ¿Qué tal si hubiera dicho que «sí»?
—¡Basta, basta! Mejor preparemos una linda pose—sugirió—faltan pocos segundos para que se acabe el temporizador de la cámara. Así que prepárate—sentenció.
—¡¿Eh?! La cámara ...—Trunks abordó su cintura e inesperadamente la besó. Múltiple flashes incandescente les iluminaban de pies a cabeza con descaro.
Aprovechando lo auténtico del paisaje se tomaron cientos de fotografías para posteriormente guardarlas en un su primer álbum fotográfico.
Risas se plasmaban en sus joviales rostros. Pero hacía falta algo más para llegar al TODO por completo. De manera infraganti Trunks cargó a Mai —¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO TRUNKS?!— entre sus brazos regresó al pasillo.
Con la espalda empujó una de las puertas de las habitaciones y entraron. Puso a la chica de pie. El cuarto era penumbras, solo había un poco de luz que se filtraba por la ventana iluminando justamente un colchón sobre el suelo, con almohadas y frazadas. La vista de ambos se acostumbró a la oscuridad pudiendo así distinguir sus rostros. En esta ocasión las riquezas sobraban, no hacía estar en un famoso cuarto de hotel, no hacían falta lujos; sólo necesitaban su amor aventurero. Y con eso el amor brillaría, transformándose en cualquier lugar.
Él se acercó a ella con decisión emanando una embriagante seducción. Con sus manos desabrochaba el vestido de la chica dejándola solo con las prendas de interior. De manera rápida él mismo se quitó el saco, la camisa, lo zapatos y con el pantalón como última prenda, tomó a Mai en sus brazos sumergiéndola en el colchón. Bajo la desnudez de dos cuerpos en excitación; se besaron haciéndose después de palabras «Te amo tanto, mi amor» «Te debo tanto, eres mi vida, mi mundo, mi ...TODO» Ya sabían qué hacer, cómo hacerlo. Sin embargo, se hicieron el amor tan parecido a su primera vez; balbuceando palabras lindas en sus oídos, mirándose a los ojos ahogándose vilmente en el profundo océano del azul, e irónicamente entre gemidos y jadeos se regalaban sonrisas; acostados, sentados, sobre la pared, tan violento o amoroso como ellos deseaban; encontraron con gran satisfacción el TODO.
...
Una sensación de sed cubrió su garganta, Mai se sentó sobre el colchón y alcanzó una botella de agua que estaba a corta distancia. Bebió, calmó su sed e hidrato sus labios secos. Al voltear, a su espalda estaba él profundamente dormido, verlo así le transmitía la mayor paz y comprendía que era una bendición estar a su lado. Era privilegiada porque solo ella conocía la cara más sincera del famoso empresario Trunks Brief. Se levantó del colchón, enrolló su cuerpo con una sábana y caminó entre los pasillos del castillo. Se fue directo a los ventanales en donde en su otra juventud apreciaba la Luna.
En esta ocasión sus ojos miraban hacia el horizonte esperando con ansias la alborada, que marcaría una diferencia abismal entre el ayer y el ahora. Los primeros rayos de sol brotaron iluminándole al rostro, la maravilla de la naturaleza que pocos aprecian y que por desgracia ofrece tanto a los seres humanos. Sin embargo, en su sentir no estuvo sola, porque él estaba ahí, adherido a su piel entre las sábanas buscando sus labios para darle le primer beso de su nueva vida.
—Buenos días, Señora Brief—dijo susurrante al oído mientras restregaba su rostro en el ella. Con el torso desnudó y sus cabellos despeinados, delataron con descaro lo de la noche anterior.
—Buenos días—mostró media sonrisa.
Lo mejor que te puede suceder en la vida es encontrar con quien reír, con quien llorar, con quien hablar; saber que una persona se preocupa por tu felicidad.
Y así se regalaron un rayo de luz para iluminar sus vidas. Este amor rebasó límites, edades, dimensiones y fronteras, no quedó en puntos suspensivos. Demostró que pese a cualquier adversidad, se pueden llevar acabo el más innato amor; el madurar, el crecer no es malo si se hace de la manera correcta y con la compañía adecuada. En la vida se dejan unos placeres para que el tiempo te gratifique con otro mejores. Hay que arriesgar, renovarse cada día con Aroma de Café en los labios.
Mientras miraban el horizontes, seguros de sí mismos, pensaron:
«Es tiempo de regresar ...»
¿FIN ...?
CONTINUARÁ...
¡NOS LEEMOS EN EL EPILOGO FINAL! :D
Conozcamos un poco de la vida marital de estos chicos ¿qué sorpresas nos traerán? ¿serán felices en su matrimonio? Eso y más lo sabremos en el capítulo 10
Beta Reader: Mi querida Tour, mil gracias linda.
Muchas gracias a todos. Por los rw que me dejan, a los lectores silencios (espero que algún día se manifiesten) a mi pequeño club de Fans:
-Breen, mi querida che.
-Cereza de pastel mi gemela maligna
-Lector Shenlong
-Jimena
-Anais
-Karol
-A la comudidad Trumai de la pagina "Trunks & Mai page".
Gracias por darme la oportunidad, en verdad gracias.
Así que ¡NOS LEEMOS PRONTO!
Con Cariño:
Kuraudea Rorena.
