¡EL OGRO HA VUELTO!
A LEER DAMAS
Capítulo 9
El día auguraba ser una mierda. Eso pensó Edward cuando salió de su coche aquella mañana, después de haber dormido mal, esto luego de una acalorada discusión con la terca esposa suya, a quien no le pareció "justo" las medidas que tomó con respecto al arquitecto, el señor musculitos.
― ¡¿Lo vas a defender, mujer?! ―Incrédulo le preguntó a su esposa, mientras se quitaba la corbata. Había llegado pasadas las nueve de la noche, después de una extensa reunión con su equipo, a quien le expuso la situación. Ella arrugó su cara, contrariada y cruzó sus brazos en señal de defensa, siempre manteniendo al menos dos metros de distancia entre ambos.
― ¡Sí que lo voy a defender!
El ogro gruñó, apretando sus manos a los costados, aferrando en una de ellas la pobre corbata italiana que estaba absorbiendo su ira.
―Voy a exponerlo con claridad para que entiendas ―le dijo él, muy lento, como si se tratara de un diálogo con una niña en vez de una mujer. Ella se tensó aún más y no dijo nada―. Ese tipo, es hijo de Liam Patterson. Liam Patterson está coludido con Elizabeth, y cualquier persona que tenga que ver con alguno de esos dos, tiene que estar fuera de mi área segura, ¿lo entiendes?
―Primero ―apuntó ella, lista para rebatir―, aún no sabes qué tipo de conexión hay entre ese Patterson y Elizabeth, y mucho menos el tipo de lazo que hay entre Tyler y su padre…
―Tu amiguito Tyler, no se apresuró por explicarme nada, ni convencerme de lo contrario. Si yo hubiera estado cometiendo una injusticia, como dices, me hubiera retenido hasta explicarme, pero no lo hizo. El silencio otorga, cariño…
― ¡Y una mierda!
―Mira, mujer ―la apuntó con el dedo índice acusador, con la corbata colgando de esa mano―, si no estás de acuerdo con mi accionar en mi jodida empresa, pues lo lamento. Estoy cubriendo no solo mi espalda, sino las de todos quienes están a mí alrededor, incluyéndote. Prefiero adelantarme a los hechos, antes que estos me pillen desprevenido, ¿lo entiendes?
― ¡No, no lo entiendo! ―Protestó ella, pateando el suelo. Él alzó las manos al aire, pasándoselas por el cabello a continuación.
― ¡Joder, demonio! ¡¿Qué sacas siendo tan terca?!
―Te vas a dar cuenta que estás actuando apresuradamente y…
―No voy a arrepentirme, mujer.
―Ya lo veremos.
Aquella noche sí se arrepintió de algo: de permitir que su demonio testarudo y furioso durmiera encerrado en el cuarto de invitados. Por más que él soltó amenazas con echar la puerta abajo, o meterse por la ventana, ella no hizo caso y lo mandó a la mierda, literalmente.
"Vete a la mierda" así le dijo, y fue lo que hizo. Entonces, después de dormir en aquel lugar tan poco saludable, se levantó con un ánimo del infierno, y en ese mismo estado salió de su casa, eso sí, dedicándole unos minutos a su hija, la única mujer en miniatura que esa mañana había logrado arrancarle una sonrisa.
Subió por el elevador y llegando a su piso, apenas saludó a sus secretarias, levantándose Victoria enseguida para preparar una jarra de té que sabía necesitaría, infusión con aroma a rosas como él lo había solicitado. No estaba de más decir todo lo que tuvo que recorrer para dar con el dichoso té, hasta que finalmente logró dar con él, nada más esperaba que surtiera efecto.
Ni dos minutos más tarde, apareció Garrett Anderson frente a las secretarias, con aspecto furibundo como pocas veces se le había visto.
― ¿Masen ya llegó?
―Acaba de… ―apuntando hacia la puerta alcanzó a responder Nadia , la asistente personal de Edward, cuando Garrett caminó directo al despacho, abriendo la puerta y cerrándola de un golpe seco, sobresaltando a Edward, quien acababa de colgar su americana negra en el perchero de la esquina. Se giró y lo único que alcanzó a ver fue un puño que aterrizó directo en su rostro, bajo su ojo derecho. Se tambaleó, golpeándose contra el ventanal que se sacudió por el impacto del cuerpo del ogro, el que se incorporó rápido y sobresaltado.
― ¡¿Qué mierda, Garrett?! ―gritó furibundo, poniendo su mano sobre la mejilla adolorida. Garrett parecía desquiciado, rojo de rabia, respirando pesado, a punto de lanzarse sobre Edward otra vez, porque ese primer golpe no le iba a parecer suficiente.
― ¡Qué mierda; eso es lo que me gustaría saber a mí! ―Le gritó, dando un paso hacia él―. ¡Eras mi jodido amigo, mi hermano, y me sales con una traición como esta! ¡Eres lo peor!
―Me puedes explicar qué cojones…
―Kate anoche habló conmigo. Pateó mi culo definitivamente, y cuando le pregunté si había alguien más, me habló de ti… ¡De ti! ―Le gritó, apuntándole con el dedo, entonces Edward lo entendió todo―. ¡TÚ Y ESA MUJER ROMPIERON MI JODIDO CORAZÓN!
El grito seco retumbó en toda la oficia, después del cual cayó un silencio pesado. Edward miró a su amigo dolido, quien cubría sus ojos con la palma de su mano, mientras sus hombros se movían como espasmos producto de su llanto silencioso, y Edward quiso entonces salir en busca de la rubia y hacerla que se enfrentara y repitiera delante de él lo que le había dicho a Garrett, que ahora lo culpaba de su separación.
―Oye, esa rubia está loca…
Garrett alzó la mirada hacia él y lo fulminó con esta, a pesar de tenerlos rojos y desbordados de lágrimas.
― ¿Cómo… cómo te atreviste? ―Preguntó con profundo dolor.
― ¡¿Qué cómo me atreví?! ―Preguntó con tono ofendido y sorprendido―. ¡¿Me puedes decir qué mierda te dijo?! ¿A caso inventó algún romance entre nosotros, te dijo que yo podría estar engañando a mi mujer, o a ti? ―Inquirió Edward, fríamente, tratando de hacerlo entrar en razón, pero Garrett seguía con su mirada llena de desconfianza hacia quién alguna vez consideró su amigo.
―No fue eso lo que dijo, simplemente reconoció que se había enamorado de ti…
― ¡Mierda! ¡¿Y eso es mi culpa?! ¡¿Crees que la alenté?!
―La mujer que amo me dejó porque se enamoró de ti, y por mi cabeza ahora mismo están pasando un sinfín de imágenes… ―sacudió la cabeza, como queriendo deshacerse de esas imágenes―. No sé qué pensar, no sé… simplemente quiero que sepas que si hiciste algo con ella a mis espaldas, me enteraré y ahí sí que vendré aquí y te romperé la cara…
― ¡No hice nada! ―Gritó Edward, alzando sus manos al aire. Garrett bufó y apretó el puente de su nariz.
Pero Garrett no entendía de razones, estaba cerrado y cegado por la rabia que bullía dentro de él, con la imagen de la mujer que amaba y de su mejor amigo en el centro de esta.
―Ni siquiera puedo mirarte a los ojos, porque lo único que conseguiría es mandarte al hospital con todos tus huesos rotos ―y tras decir eso, se giró sobre sus talones y desapareció de la oficina, dejando a Edward completamente pasmado, disgustado y con un sentimiento de injusticia, pues su amigo lo culpaba de algo sobre lo cual él no tenía culpa.
Tocó con la punta de sus dedos el lugar de su rostro que Garrett usó como puntería, siseando del dolor.
―Joder, mierda… ―levantó el auricular de su escritorio y le pidió a Nadia que llevara hielo para él. Y como su jodida cabeza era un lío, ordenó suspender sus actividades ese día, pues se marcharía a casa. Había dejado un "asuntito" pendiente allí, con su mujer y debía resolverlo. Además, estar en casa lo tranquilizaría, ya más tarde se haría el tiempo de hablar con el resto y resolver todo ese embrollo.
**oo**
―No puedo quedarme de brazos cruzados ―sentenció Bella, sentada frente a su escritorio, en donde durante todo el rato que llevaba allí, no había podido concentrarse en su trabajo, pues el altercado entre su esposo y Tyler la había dejado preocupada. Su terco marido no la había dejado explicarse sobre lo que ella sabía de esa relación padre e hijo, y lo que le pareció más raro, fue que Tyler no se haya defendido de ningún modo. Tenía que interceder, por eso decidió dejar en pausa su trabajo y disponerse a ir hasta la oficina del arquitecto para hablar con él, o donde sea que se encontrara para aclarar ciertos puntos. Estaba disponiendo a salir cuando la chica que trabajaba como su secretaria le avisó por el teléfono que tenía una visita, y cuando le dijo de quién se trataba, se tensó y no pudo hacer más que recibirla.
Kate entró a su oficina vestida con unos jeans ajustados y un blusón rojo sangre, y con su cabello atado en una alta cola de caballo. Bella trató de aparentar tranquilidad y seguridad, difícil tarea frente a la alta mujer, que parecía una modelo de pasarela en todo su esplendor… en cambio ella con su estatura media y su simple atuendo de pantalones oscuros, rectos y formales, con una blusa blanca de mangas largas y sus zapatos bajos, no podía hacerle el peso, debía reconocerlo.
―Necesito hablar contigo, Bella ―dijo Kate después que Bella la hubiera invitado a sentarse.
―Seguro, tú dirás. ―Puso sus manos sobre el escritorio y enderezó su espalda, lista para oír a su invitada.
―Yo… ―cerró los ojos y lanzó su confesión, sin preparar el camino― me enamoré de Edward.
Bella tragó grueso y apretó sus manos que estaban entrelazadas sobre la base de su mesa, sintiendo como esa declaración recorrió su cuerpo como si se tratara de agua fría, tensándola. Carraspeó y puso una mano sobre su pecho, como si tuviera miedo que de éste, su corazón pudiera arrancarse producto de sus atolondrados latidos. Uno de sus mayores miedos la estaba atormentando, el pavor que suponía para ella que Edward pensara siquiera en… abandonarla.
―Y… y qué quieres que te diga al respecto, Kate ―murmuró Bella en respuesta, tragándose las ganas de llorar.
―Ayer hablé con Edward… y se lo dije ― "Ay Dios" pensó Bella, cruzando los dedos de sus pies―, y la verdad es que lo hice con la intención de sacarme este sentimiento… aunque tú eres mujer, y debes entender que siempre hay una luz de esperanza…
Aquella ultima parte que la rubia agregó, lo hizo con el ánimo de sembrar la duda en Bella.
― ¿Esperanza por qué?
―Nunca había visto al Edward que ha sido durante estos últimos años ―Miró sus uñas rojas y sin dejar de contemplarlas, siguió hablando casi en susurro―. Antes, él simplemente se refrenaba a la idea de amar a alguien porque sus sentimientos y sus intenciones estaban volcados a vengarse de Elizabeth. Pero después Edward sanó y pude ver que él sí podía amar a alguien que correspondiera a su amor…
―Como lo hago yo ―respondió ella, rotundamente.
¿Por qué iba a subestimarse frente a esa mujer? Pese a que su esposo era a veces un tipo odioso, terco y gruñón, era suyo y ella no tenía por qué poner en duda el amor que ambos se tenían, que era fuerte, tanto que nadie rompería nunca. Por ello, tomando una gran bocanada de aire que llenó sus pulmones y expulsó cualquier tipo de duda o temor que la visita de Kate pudiera acarrear, expuso su punto:
―Has conocido a Edward desde que eran niños, han sido amigos durante todo este tiempo, y si me dices que recién ahora te das cuenta que él puede amar a alguien, es porque realmente no lo conoces bien ―enderezó su espalda, muy segura de sus palabras―. Yo no me ofrecí a él como seguro lo hacían el resto de las mujeres, simplemente lo que hubo entre nosotros surgió de manera natural, espontánea, y fue creciendo con el tiempo, tanto que ahora estamos unidos irrevocablemente.
―Nada es irrevocable en esta vida. Yo pensaba que amaba a Garrett de la misma manera, y mírame ahora, enamorada de alguien por quién estoy dispuesta a dejarlo todo… ―rebatió Kate, destilando ponzoña. Bella apretó las manos hundiendo sus uñas en la palma, pues intuía las intenciones de esa mujer, a la que no dejaría salir de allí con actitud triunfante.
― ¿Qué intentas diciéndome todo esto, Kate, que me ponga a llorar y que te deje el camino libre? ―Preguntó haciéndose hacia adelante―. Si es así, puedes levantarte de la silla e irte ahora, porque eso nunca lo haré. La única forma en que yo pueda apartarme de Edward sería si él mismo me lo pidiera, pero me ama y sé que nunca haría eso, ¿lo entiendes? Pongo mis manos al fuego por él.
―Podría dar la pelea ―desafió Kate, cruzando sus brazos contra el pecho, con su barbilla alzada―, y podría ganarte la partida.
―Inténtalo ―relajó Bella su postura, reposando su espalda en el sillón de cuero―. Hazlo. No te detengas por mí, porque de cualquier forma, yo sé cuál será el resultado de eso. Nunca podrás tener lo que él y yo tenemos, al menos no con Edward.
Kate se puso de pie, dejando ver su enojo. ¿A caso no esperaba esa reacción de Bella, que acababa de sacar sus uñas y dientes para defender lo que amaba, para proteger lo que amaba?
― ¿Ya te vas? ―Preguntó entonces Bella, destilando ironía, pensando en que su esposo se sentiría muy orgulloso de esa actitud―. Me parece bien, porque ahora mismo tengo que salir.
―Mira, Bella ―sacudió la cabeza― sé cuáles son las batallas que quiero librar, y creo que por el amor que comencé a sentir por Edward, valen la pena el intento. Me alegro que digas que estás tan segura de su amor… pero yo sé que esos sentimientos pueden cambiar. Lo humanos somos volubles y nuestras emociones son igual de inconstantes, por eso creo que tengo una pequeña esperanza de que Edward me mire de otra manera…
― ¿Puedes decirme qué te dijo Edward, cuando tú te le declaraste? ―Otro desafío por parte de Bella, que se sintió victoriosa cuando vio titubear a Kate, abriendo su boca como bacalao, sin decir nada. Las palabras de Edward habían sido esencialmente las mismas que Bella había dicho, incluso tan duras como las que ella usó:
"¡No tienes ni puta idea de cómo nos amamos ella y yo, ni siquiera puedes imaginarte la forma en que nos necesitamos para vivir, así que no vengas con esas teorías estúpidas de víbora ponzoñosa, Kate!"
―El silencio otorga, Kate ―usó la misma frase que su esposo esa misma mañana―. Con Edward somos un frente unido, nos conocemos tan bien que sé cuál fue su reacción, así que al menos conmigo no tienes nada más que hablar.
Kate, sin poder decir absolutamente nada, se giró sobre sus Jimmy Choo rojos, y apretando sus dientes salió de la oficina de Bella, dando un portazo. Entonces ella se sintió en libertad de soltar el aire y caer como peso muerto sobre el sillón. Cerró sus ojos e hizo girar su cuello intentando liberarlo de las tensiones de aquella última e indeseada visita.
― ¡Ay, Dios, qué mañana! ―Exclamó, masajeando la sien, pero tranquila y segura de lo que había hecho, segura de los sentimientos que el ogro esposo tenía hacia ella. Aunque igual sentía esa desazón de saber a otras mujeres detrás de su marido, sobre todo esa mujer que tanto conocía a su esposo y que era más hermosa e interesante que ella, y pensando en lo loco que era ver a un hombre como Edward Masen enamorado de ella. Quizás por eso Kate tenía ilusiones… ilusiones que ella no permitiría que alimentara, porque ese hombre era suyo, con todo su bagaje y su mal humor. Suyo.
Se quedó un rato mirando al vacío, pensando en todo lo que había sido su relación con el su huraño marido, incluso trayendo a colación la discusión de aquella mañana… trayendo a colación que ella había dejado algo importante pendiente para hacer.
Se puso en marcha primero hacia el edificio donde se encontraba el estudio de arquitectura, preguntando por Tyler. La secretaria, a la que Bella conocía como Linda, le dijo con tono triste, que Tyler no había llegado esa mañana a trabajar después de la visita del "Señor Masen" la tarde anterior, y que ahora se encontraba refugiado en su casa, pues había dicho que necesitaba pensar. Bella comentó lo mucho que le urgía hablar en persona con él, solicitándole a la chica que le diera la dirección de su casa, donde se dirigió después que Linda se la entregara.
Llevada por el chofer-gorila que su esposo dispuso para ella, llegó hasta un sector residencial de la ciudad. Un lugar sencillo, rodeado de áreas verdes que colindaban con las pequeñas cosas que se dejaban ver allí. Aquel sector no era nada ostentoso, era más bien un área donde se asentaban casas de tamaño normal, donde vivían familias de clase media trabajadora, pensando Bella en que Tyler había dicho la verdad cuando le habló sobre la relación que tenía con su padre, que en otras circunstancias, lo tendría a él y a su madre viviendo en algún sector más céntrico y acomodado de la ciudad.
―No es seguro que vaya sola, señora ―advirtió el chofer, girando la cabeza hacia Bella, cuando ella hizo además de salir del coche.
―No pasa nada. Mi visita aquí no será muy larga, así que no se preocupe, nada va a pasarme aquí.
―El jefe va a enojarse ―terció él―, déjeme acompañarla, por favor, así podré mantener mi trabajo.
Bella inspiró y suspiró, intuyendo a que si se negaba, el gorila ese no dejaría que bajara del coche, o llamaría a su marido advirtiéndole donde estaba. Por supuesto, ella no le escondería sobre esa visita, pero ahora necesitaba hablar calmadamente con Tyler.
―Está bien, pero se queda en la entrada de la casa, y si me oye gritar, usted entra, ¿está bien?
―Como ordene, señora.
Bella agradeció que el hombre de seguridad hubiera hecho esa concesión, aunque a algunos vecinos y a niños que jugaban en la calle les pareciera raro la llegada de ese hombre, como aquellos que personajes vestidos de negros con aire de misterio, como los de "Men in Black". Abrió la reja de la entrada a la casa sin dificultad, antes cerciorándose de que ese era el lugar correcto de la dirección que Linda le había dado, apresurándose hasta la puerta principal. Tocó el timbre una vez y esperó a que atendieran la puerta, recibiéndola en el umbral de ésta, un sorprendido Tyler, quien solo vestía unos pantalones de chándal negros, llevando su torso desnudo.
Bella tuvo que parpadear por la sorpresa de verlo… así. Y no pudo negarse a lo atractivo que ese hombre se veía. "¡Sería una ciega si no lo creyera así!" pensó.
― ¿Bella?
―Ho… hola, Tyler… yo… ejem… ―carraspeó, sintiéndose nerviosa― vengo a hablar contigo. No será muy largo, lo prometo.
―Sí, bueno… pasa, pasa por favor ―dijo, abriendo del todo la puerta para hacerla entrar, alcanzando a ver al hombre de perfil que se quedaba afuera, vigilando el entorno de su casa.
―Es mi guardaespaldas, chofer… o algo así ―aclaró Bella, alzándose de hombros— se quedará aquí, espero no te moleste.
―No, claro que no. ―Cerró la puerta una vez que ella estuvo adentro y haciéndola pasar por un corto y estrecho pasillo, la llevó hasta la sala de tonos celestes y blanco, con muebles de madera y sillones de cuero, además de una mesa de seis puestos arrinconada en una esquina, que ella supuso usaban solo para ocasiones especiales. Era una sala pequeña, pero bien adornada y muy funcional. No había desorden ni rastros de suciedad, como pensaría ella que viviría un hombre soltero en su casa, recordando luego que él compartía hogar con su madre todavía.
― ¿Estás solo?
―Sí. Mi madre salió con unas amigas. Yo estaba a punto de practicar un poco de artes marciales…
― ¿Artes marciales?
―Kobudo ―aclaró, agregando― se practica con un bastón…
―Ah…
―Oh, yo… ―Tyler se dio cuenta que su torso estaba desnudo― ¿me permites? Me pondré algo encima. ¿Quieres tomar algo?
―No, nada. Aquí te espero.
Ella se sentó en el sofá y contempló los retratos que había sobre la mesita de centro, donde se distinguía el rostro de una mujer relativamente joven, sonriéndole a la cámara, con su cabello ondulado suelto sobre los hombros. En otro, se veía a Tyler con su toca de graduación, luciendo orgulloso su diploma de arquitectura, y a su lado la mujer del otro retrato, que ella supuso era su madre.
― ¿Es tu madre? ―Le preguntó a Tyler, cuando este aparición con una camiseta negra, ajustada a su trabajado torso. Él sonrió con ternura a la mujer del retrato y se sentó junto a Bella.
―Sí, es mi madre.
―Es muy joven…
―Me tuvo joven ―develó él, confirmando las palabras de Bella―. Tiene cuarenta y nueve, pero se ve como de treinta, ¿verdad?
―Sí, se conserva muy bien ―pensativa, se quedó mirando la foto de la mujer sobre la mesita, pensando en la suerte de Tyler de tener a su madre y disfrutarla, aunque ella no podía ser desagradecida con la vida, pues tenía a su tía Carmen, que era su gran puntal.
―Pero me temo que no estás aquí para hablar sobre lo bien que se conserva mi madre.
Las palabras de Tyler sacaron a Bella de su ensoñación, recordando entonces lo que la había llevado hasta ese lugar.
―Lo primero… ejem… ―Bella mordió su labio― siento que te debo una disculpa, porque yo lo alerté de que tú y Liam Patterson podrían tener algún tipo de parentesco, por el apellido y por lo que me habías contado. No le dije nada sobre ello, porque no me dio tiempo…
Tyler suspiró, y bajó la cabeza, sintiendo la extraña necesidad de tener un saco de boxeo frente a él al cual aporrear, con el rostro de Liam impreso en este. Apretó los dientes y cerró los ojos inspirando profundo, recordando que no estaba solo y que la mujer apenada frente a él no tenía la culpa de nada, ni siquiera su esposo, y se lo hizo saber.
―De verdad, Bella, no me debes ninguna clase de disculpas ni mucho menos ―se dejó caer sobre el sofá, con la cabeza en el respaldo, mirando hacia el techo― de hecho, puedo apostar que Liam hizo algo para perjudicarme… siempre lo hace cuando reaparece en mi vida.
― ¡Pero tampoco es tu culpa! ―Exclamó Bella, en pos de la justicia―. ¿Por qué no trataste de hablar con Edward, decirle que tú y tu padre no tienen nada que ver?
―Edward parecía un toro salvaje cuando entró a mi oficina, Bella, apenas me dio tiempo de reaccionar cuando ya me estaba echando ―recordó Tyler el rostro descompuesto de ira de Edward Masen―. Además, apostaría a que tu esposo tiene motivos para estar actuando como lo está haciendo; el asunto es que no sé si quiero enterarme de lo que hizo Liam… me tiene cansado esta situación.
―Mira, ahora mismo no puedo explicarte la reacción de Edward ―a pesar de todo ella estaba intentando interceder por su esposo―, pero intentaré explicarle para que recuperes tu trabajo. No es justo que te haya sacado del proyecto.
—Ahora no tendría cabeza para trabajar, no después de saber que el tipo que se dice mi padre ha metido su nariz para perjudicarme.
― ¿Él sabe que estás trabajando con la empresa de Edward? ―preguntó Bella por pura curiosidad. Él asintió con desgano.
―Sí que lo sabe, incluso llegó al terreno de la obra donde estamos trabajando. Pero no entiendo qué puede haberle dicho a Edward que…
―No le dijo nada ―respondió ella sin pensarlo, y Tyler la miró arrugando sus cejas, confundido.
― ¿Pero si no le dijo nada… es porque tienen algún tipo de rencilla del pasado? ¿Son rivales en el mercado, o algo así? Si no es así, no lo entiendo…
"Ay Dios, qué complicado" pensó Bella, pasando la mano por su cabello, hábito que aprendió de su marido cuando estaba ansioso por algo.
―Tyler, no puedo apresurarme en contarte nada ahora mismo. Yo nada más espero hacer entender a Edward de tú situación con Liam, y si lo consigo, él mismo podría explicarte el por qué de su reacción. Pero te aseguro que tiene un motivo poderoso para reaccionar como lo hizo…
― ¿Debería ir y hablar con Liam entonces…?
― ¡No! Por favor, no hagas nada… no hasta que tengas noticias mías o de Edward… ―se apresuró en tomar las manos del arquitecto―. Por favor, Tyler. Solo espera… ten paciencia…
Una mueca se dejó ver en el atractivo rostro del arquitecto, quien finalmente se alzó de hombros antes de responder:
―No me queda de otra, ¿verdad?
―Gracias Tyler.
Salió un poco más tranquila de casa de Tyler, pero aun así, Bella sentía que necesitaba alejarse de todo por un rato, un tiempo a solas. Por eso tras entrar en el vehículo, le marcó a la casa, primero para preguntarle a las chicas que cuidaban a su hija sobre cómo estaba todo allí, y luego para avisarles dónde estaría y a la hora que regresaría a casa. Después de eso, colgó y le indicó al chofer el lugar donde debía llevarla, no poniendo él ninguna objeción.
**OO**
― ¿Al Haras?
―Eso les dijo a las chicas.
― ¿Y eso hace cuánto rato?
―Uhm… unos cuarenta y cinco minutos, quizás…
―Ya veo… ―se quedó mirando a su hija, a quien recién había tomado entre sus brazos y la que le mostraba la nueva ropa que las muchachas habían hecho para su muñeca favorita. Le besó la sien y se la entregó a su tía―. Iré ahora por ella, regresaremos para la cena.
―Seguro, ¿pero ya almorzaste?
―No tengo hambre.
―Ya veo… Uhm… ―Carmen carraspeó y de la nada se ruborizó. Entonces Edward la miró, esperando que se lo dijera. Cuando lo hizo, supo del porqué de su sonrojo―. Damián vendría a cenar esta noche.
―Cena en parejas, perfecto ―dijo como si nada, volviendo a besar el rostro de su hija, a la que le pidió que se comportara en lo que su madre y él regresaban.
―Por cierto, Edward, ¿qué te sucedió en la cara? ¿Te peleaste con alguien?
―Algo así, Carmen. Pero tranquila, mi integridad física está a salvo.
Había llegado a la casa con la intención de estar con su hija y relajarse de toda la mierda que había sido las horas que llevaba de día. La mierda de Elizabeth siempre rondando a su alrededor, sumando a esto la búsqueda de posibles "espías" en su entorno, y para colmo está el lío en el que Kate lo metió, y como guinda de la torta, su esposa que lo hizo dormir solo la noche anterior, ahora no le contestaba el teléfono.
―Joder con mi día ―disgustado y gruñendo como era habitual, lanzó el móvil al asiento del copiloto y puso en marcha su coche rumbo al Haras, donde su mujer solía refugiarse cuando algo andaba mal. Desde que la conoció, supo que el aire libre en conjunción al relinchar de los equinos la calmaba, esto porque le recordaba a sus padres que siempre la llevaban al club hípico. En un principio, a él le pareció extraña esa vía de escape, pero después de su tiempo recorrido junto a esa mujer, también él supo tomarle el gusto a disfrutar del aire libre. Eso, como tantas otras cosas era lo que su esposa le había enseñado.
―Por qué no me contestas, demonio ―sin darse por vencido, alargó la mano hasta el asiento contiguo y tomó el teléfono, volviendo a marcarle, pero nada. Entonces decidió llamarle al hombre que estaba a cargo de custodiar a su mujer.
―Señor Masen ―respondió el hombre con voz grave y formal.
― ¿Ha estado todo bien, alguna novedad?
―Ahora mismo su esposa me pidió dejarla en el Haras, que figuraba entre uno de los lugares que ella frecuentaba, de la lista que usted nos entregó ―informó el hombre, con profesionalismo―. Había pedido la dejara sola aquí, pero me negué, por supuesto.
― ¿Estás ahí todavía?
―Justo en la entrada, señor.
―Yo estoy en camino. Al llegar, podrás retirarte. ¿Algo más?
―Sí… uhm, llevé a su esposa a otro lugar justo antes de venir aquí.
― ¿Qué lugar es ese?
―Un sector discreto de la ciudad, residencial. Tyler se llamaba el dueño de casa ―apretó la mano alrededor del volante. "¡Por supuesto, demonio desobediente!"―. Estuvo no más de media hora señor. Si bien el sector no figuraba entre los que ella debería frecuentar, puedo decir que era un lugar tranquilo, donde no hubo problema alguno.
―Ya veo. De momento es todo ―y colgó sin despedirse.
Bufaba sonoro, imaginándose los tópicos de discusión que tendría con ella al llegar al Haras, donde seguro ella estaría encargándose de cepillar a su caballo, "Fuego", regalo que él le dio para el primer cumpleaños que pasaron juntos.
Con la ansiedad que llevaba, no demoró en sortear los kilómetros que lo separaban del Haras, en donde tan solo al atravesar la puerta principal, divisó el coche de su esposa apostado en uno de los lugares del estacionamiento. El chofer y guardia de su esposa lo saludó con un asentimiento de cabeza y tras Edward responderle de la misma forma, el chofer subió al coche y salió del lugar.
Edward ni siquiera tuvo que preguntar dónde podía encontrar a su mujer, enfilando seguro hacia el sector de las caballerizas, a un costado de un ruedo donde sacaban a los caballos a practicar. Justo ahí encontró a su mujer, cepillando muy concentrada la crin negra de Fuego, mientras le hablaba y sonreía. A lo lejos, uno de los hombres lo saludó alzando su mano, siguiendo Bella hacia donde el hombre había saludado, viendo entonces a su esposo y dedicándole una fría mirada para luego volver a ignorarlo para prestarle atenciones al equino.
El ogro, movido por la indiferencia de su esposa, rodeó el cerco de madera y entró a la medialuna acortando la distancia entre él y su mujer, quien ni siquiera lo miró cuando estuvo a su lado.
― ¿Qué diablos fuiste a hacer a la casa de ese tipo? ―Fue lo primero que demandó saber el ogro. Ella apenas lo miró de soslayo, siguiendo con su trabajo sobre la crin de su caballo.
―Dándole una disculpa.
― ¿Y estuviste casi media hora disculpándote con ese arma casas? ―Seguía con las preguntas, con sus dientes apretándose y peligrando que alguna pieza fuera a perderse por la presión.
― ¡¿Y qué crees que…?! ―Se giró para proseguir la discusión, pero su interpelación quedó suspendida en el aire cuando vio el golpe en la cara de su atractivo esposo―. ¡¿Qué fue lo que te ocurrió, Edward?!
―Yo soy el que está haciendo las preguntas, mujer.
―Ya te lo dije, estuve disculpándome por tu comportamiento tan… ―apretó los dientes, pensando en un buen adjetivo para el actuar de su marido, que la miraba con auténtica desaprobación― tan… irracional.
― ¡¿Irracional?! ―Inquirió, como si no pudiera creerlo―. ¡Y yo no te mandé a pedirle disculpas ni nada de parecido!
― ¡Es que si tan solo escucharas, Edward! ―Protestó, golpeando el suelo de tierra con su zapato poco adecuado para el lugar―. ¡No puedes dar por hecho que por llevar Tyler el mismo apellido que ese hombre, es su cómplice! Alguna vez lo hicieron contigo y con Elizabeth, y eso era injusto también, esto es lo mismo. Tyler no se merece lo que le hiciste…
― ¿"Tyler" no se merece lo que le estoy haciendo? ―Preguntó con ironía―. ¿Y qué se merece el buen Tyler?
― ¡Que lo escuches y que te explique! Pero no, ahí vas tú, actuando como toro descarrilado, dejándote llevar…
Edward aferró el brazo de su mujer y la acercó a su cuerpo, de tal manera que las narices de ambos estuvieron casi pegadas. Desde ahí, con sus ojos verdes refulgiendo de rabia, habló:
―Todavía no logras entender las implicancias que todo esto puede tener si no tomamos precauciones. Si tu amigo Tyler tiene que ver con Patterson, ya tiene mi desconfianza… ¡Es su hijo!
― ¡Es apenas su progenitor, no es su padre!
―Qué maldita cosa quieres decir, demonio…
―Quiero nada más que le des la oportunidad de escucharlo. Cuando fuiste a irrumpir en su oficina, no le diste tiempo…
― ¿A caso se quejó el pobre Tyler contigo por mi actitud? ―Preguntó mordaz, alzando unas de sus cejas, tonito que su esposa ignoró. "Musculitos llorón…"
―Si lo escucharas, sabrías que tú y él tienen más en común de lo que te imaginas ―decía ella con sus ojos irradiando seguridad―. Él está pagando con esta injusticia que tú has cometido, tan solo por llevar el apellido de ese hombre que apenas reconoce como padre y quien nunca se preocupó de él.
― ¿Y por qué sabes tú tanto de la vida de ese musculitos…?
― ¡Porque me di el tiempo de escucharlo! ―Exclamó con desesperación. Enseguida cerró sus ojos e inspiró profundo, cuando volvió a abrirlos, su esposo la miraba con el ceño fruncido, señal de que estaba procesando todo lo que ella acababa de decirle. Entonces supo que tenía que emplear su tono más sosegado, para terminar de convencerlo, por eso tomó la iniciativa de rodearlo por la cintura y descansar su cabeza sobre su pecho―. Por favor, Edward…
― ¿Tanto te importa? ―Preguntó él aun molesto, a pesar de que Bella había calmado su tono, cuestión que sabía lo hacía para persuadirlo.
―No me importa él… digo ―alzó sus hombros, esperando encontrar las palabras adecuadas― me importa que actúes de forma justa, como el hombre de valores que eres.
―Maldita sea, demonio, siempre termino haciendo lo que me dices ―la apretó, rodeándola con sus fuertes brazos, oliendo el aroma delicioso que manaba de su cabello, antes de apartarse apenas para tomarle el rostro y guiar su boca hacia la suya―. Por cierto, no vuelvas a dormir otra noche lejos de mí, ¿me oyes?
― ¿Entonces… vas a darle la oportunidad de hablar?
—Sí… ―"Maldita sea" pensó, sintiendo cómo esa menuda mujer lo dominaba.
―Gracias… ahora dime qué te ocurrió en el rostro ―pidió preocupada, pasando sus manos sobre el sector enrojecido de la mejilla de Edward―, ¿con quién te peleaste?
Edward suspiró y desvió su mirada de la de su esposa, pensando en que si se lo decía, sería un nuevo motivo para preocuparla, además tendría que contarle la sarta de estupideces que habló con Kate, cuestión que no quería ni recordar. ¿Pero qué iba a hacer? ¿Mentirle, escondérselo? Para él, esa no era una opción.
―Garrett me golpeó.
Bella pestañeó repetidas veces y en silencio, mientras que Edward evaluaba su reacción, viéndola suspirar después de unos instantes, y bajar su cara, escondiendo sus ojos de él y concentrándose en juguetear con el nudo de su corbata.
― ¿No me vas a preguntar nada al respecto, mujer? ―Preguntó él, extrañado, alzando con sus dedos el mentón de su esposa para que lo mirara. Vio entonces la mezcla de sentimientos en los ojos verde miel de su esposa, que lo alertó― ¿Qué sucede, Isabella?
―Esta mañana… ―mordió su labio― Kate fue a visitarme.
Edward cerró los ojos y maldijo para sus adentros.
― ¡¿Qué fue lo que te dijo esa víbora?!
―Lo que tú ya sabes… ―se alzó de hombros y volvió a desviar sus ojos de la mirada cruda de su marido― de sus… sentimientos por ti y…
― ¡¿Y?!
―Y que ella podría dar la pelea… ―entonces inspiró y alzó su mentón con orgullo, inspirando profundo―. Y yo le dije que lo intentara.
Edward estrechó sus ojos y pudo sentir el orgullo crepitar en su interior por ese arranque de seguridad en su mujer, seguridad acerca de los sentimientos de ambos que seguro la hizo desafiar a la rubia de pelear la batalla, batalla que Kate debía dar por perdida, sin lugar a dudas.
― ¡Ah, mi demonio guerrillero, qué valiente eres!
―Sé que ella es… como una modelo de pasarela y todo eso, pero yo sé lo que sentimos, a pesar de las discusiones y todo eso…
―Y todo eso… ―volvió a besarla, con su pecho lleno de orgullo―. Dejemos que la rubia pierda su tiempo intentando lo que sea que se esté proponiendo. Tu sabes que nada ni nadie hará cambiar lo que siento por ti, mujer.
―Lo sé… ―torció la boca con pesar, acariciando el rostro hermoso y algo magullado de su marido―. Lo que lamento es por todo lo que está haciendo pasar a Garrett, que ya imagino los motivos que tuvo para golpearte.
―Y hablas de que yo actúo por impulso… ―soltó el aire, recordando las recriminaciones de Garrett―. Está destrozado y lo entiendo. Yo me sentiría igual si tú alguna vez…
Recordó entonces sobre lo que Kate había dicho para seguro sembrar la duda en él: "Bella… ella es mucho menor que tú, puede que sus sentimientos cambien". Entonces ella se apresuró en rodearlo por los hombros y esconder su rostro en el hueco de su cuello, pensando en algo similar a lo que Edward estaba pensando en ese momento.
―Eso no va a pasar nunca… incluso muerta, mi espíritu seguiría amándote…
― ¡Basta de pensar tonterías, demonio! ―Intervino, dejando atrás esa conversación que no tenía razón de ser―. Estoy cansado y tengo hambre, además necesito pasar tiempo a solas contigo… para hacer las paces, ya sabes ―mordisqueó el cuello de su mujer, sobresaltándola.
―Uhm… hay algo más ―susurró Bella, apartándose para mirar a su marido. Torció su boca y volvió a bajar su mirada. Edward rodó los ojos y esperó oír lo siguiente, preparándose ― yo… esta mañana… bajó mi periodo.
―Ah, demonio ―sonrió pícaro― tengo mil maneras de hacer las paces contigo y disparar tu lívido.
―Claro… ―susurró ella, apenas con una con na sonrisa que no llegaba hasta sus ojos, cuestión que hizo dudar a Edward. Suspirando, volvió a tomar el rostro de su mujer para indagar sobre su estado.
―Qué sucede, mujer.
―Es solo que… si mi periodo bajó, significa que… ―y volvió a morder su labio, entendiendo Edward lo que ocurría. Se apresuró en abrazar a su mujer para arroparla entre sus brazos.
―Oh, nena… en cualquier momento vamos a recibir la noticia de que un hermano llegará para hacerle compañía a Clarisse.
― ¿Pero… y si no…?
― ¡No, demonio! ―La detuvo él―. No permito que te des por vencida con esto. Un hijo es lo que quieres… lo que queremos, y es lo que tendremos, además no vamos a dejar de intentarlo, ¿verdad, demonio?
**oo**
Apagó el motor de su coche y se quedó durante un rato contemplando la pequeña casa, pensando en la reunión de la noche anterior con su padre luego de la cena, donde este concordó con su esposa de que debía darle la oportunidad al chico, el "arquitecto musculitos", para que hablara, y quizás si Bella estaba en lo correcto respecto a la historia de ese tipo, incluso él podría servirle de ayuda.
―Sabrás si ese Tyler te miente, hijo ―le había dicho su padre―, solo dale la oportunidad y luego toma decisiones. No te apresures a actuar por querer ir un paso delante de Elizabeth, hay que pensar con la mente en frío y no al calor de la rabia.
Edward inspiró y sin más preámbulos salió del coche, mirando hacia un lado y hacia otro, para percatarse si alguien fuera de lugar circundaba el lugar, pero solo le veía a dueñas de casa barriendo la acera, o regando el antejardín, además de niños que jugaban en una esquina.
Abrió la puerta de la reja negra y caminó por el sendero hasta estar frente a la puerta de madera, a la que dio dos golpes secos y fuertes, esperando a que atendieran al llamado. Dos minutos después se oyó la voz de una mujer desde adentro, gritando "Ya voy", enderezándose Edward sobre su metro ochenta de estatura, listo para enfrentarse a lo que se le venía.
En eso, una menuda mujer cuyo rostro blanco estaba enmarcado por una brillante cabellera negra sonrió con cordialidad, y torciendo su cabeza, lo saludó:
―Buenos días, ¿qué necesita? ―saludó ella, dándole un rápido vistazo al hombre quien llevaba un impecable traje de vestir azul.
―Yo… necesito hablar con Tyler.
― ¿Mi Tyler? ―Preguntó ella, abriendo y luciendo sus grandes ojos azules―. ¿Y quién lo busca?
―Soy Edward Masen y…
― ¡Claro, su rostro se me hacía familiar! ―sin mediar aviso, lo tomó del brazo y lo empujó hacia la casa, cerrando la puerta luego que él estuvo adentro―. Mi chico salió hace un rato pero estará de regreso dentro de muy poco.
Sin darse cuenta, Edward estuvo sentado en el sillón grande de la sala, mirando asombrado a la mujer, que se movía de un lado a otro, explicándole quien era ella:
―Soy Gianna Jones, madre de Tyler ―se sentó en el sillón individual a un costado de donde Edward se encontraba―. Y me alegro mucho que haya venido, el trabajo de mi hijo ha despegado después que usted lo contratara, señor Masen.
―Puede decirme Edward, por favor.
―Claro… ¡Pero qué tonta, no le he ofrecido nada! ¿Quiere un té, un café…? ¡Quizás no tomó desayuno! ¿Le gustaría desayunar….?
―Señora, se lo agradezco, pero con un té es suficiente, muchas gracias.
La mujer se levantó de un salto y caminó por el pasillo hasta el final, donde seguro entró a la cocina. Desde allí ella seguía parloteando sobre lo contenta que estaba y diciéndole lo buen hijo que era su Tyler, provocando que Edward rodara los ojos, pero cuando al cabo de dos minutos regresó con la taza de té entre sus manos para el invitado, su rostro ya no era de la misma alegría con la que lo había recibido.
―Tyler me comentó que su padre metió su cola de diablo con usted, y que eso lo perjudicó.
Edward arrugó el entrecejo a la vez que inhalaba el aromático té que la madre del arquitecto había llevado para él.
―Pero Tyler es un buen chico, ¿sabes? ―se reacomodó, poniendo sus manos sobre sus piernas, hablándole con su mirada puesto en los ojos de Edward, para que este viera que ella era sincera―. Él no tiene la culpa de ser hijo de quién es, ni mucho menos de llevar su apellido. Quizás incluso la culpable sea yo… usted me entiende.
―Mejor de lo que usted cree, Gianna.
―Liam, desapareció de mi vida cuando supo que estaba embarazada ―explicó―, puso en duda su paternidad cuando yo se lo hice saber. Él había sido… el único hombre con quien yo había estado. Era una chica joven que trabajaba de camarera y que se vio deslumbrada por este hombre mayor, pero atractivo, que me dijo cosas lindas y que hicieron que yo me enamorara con rapidez de él.
¡Me tendió un cheque para que olvidara que él era el padre de la criatura, y yo no volviera a buscarlo! ¿Puede creerlo? Por supuesto, yo no recibí ese dinero y me olvidé de él, procurando la felicidad de mi hijo y proponiéndome que no sería necesaria la figura de un padre… hasta que tres años más tarde, él apareció en la puerta de un viejo apartamento donde vivíamos, con la idea de conocer a Tyler. Al principio me negué, pero recapacité y pensé que por el bien de mi hijo, que a esa edad ya preguntaba por su padre. Pero las cosas no salieron como yo esperaba… Liam más que un padre, fue un curioso hombre que pensaba que los afectos se demostraban a través de regalos costosos, hasta que probablemente esto de la paternidad le pasó la cuenta, y volvió a desaparecer.
Sola he sacado a mi hijo adelante, fui madre muy joven y mi familia simplemente me dio la espalda porque me convertí en la vergüenza de la familia al aparecer embarazada, sin un hombre a mi lado. Pero finalmente conseguí hacer de mi hijo un hombre de bien, y ahora es todo un profesional, cuyos logros ha conseguido por esfuerzo propio, y no porque su padre le haya labrado el camino previamente, todo lo contrario…
Edward tragó grueso y recordó las palabras de su mujer, la que insistía en conocer la historia de Tyler para saber que estaba actuando injustamente. ¿Pero qué si Tyler se había aliado con Liam para perjudicarlo, y la mujer ahora frente a él no sabía de eso?
―Usted se preguntara por qué le cuento todo esto, ¿no?
―Y yo estoy seguro que tiene una respuesta para eso ―admitió él, después de darle una bocarada a su té.
―Mi hijo no se le parece en nada a su padre, ni tiene ningún tipo de conexión con él, si es que fue eso lo que lo llevó a sacarlo de su proyecto. Si Liam le hizo algo a usted, mi Tyler nada tiene que ver, solo ha sido una triste coincidencia.
Edward se quedó pensando en los dichos de esa mujer, que durante su relato, en ningún momento había bajado sus ojos, los que resplandecían de sinceridad, siendo ahora las palabras de Damián las que recordó, cuando le dijo que él sabría intuir si la historia tras el parentesco entre Liam y Tyler era cierta, oyendo los gritos en su pecho que confirmaban que esa mujer, Gianna, hablaba con absoluta sinceridad.
Entonces un aroma proveniente de la cocina lo distrajo. Parpadeó, sintiendo como el aroma a guiso con especias abría su apetito, burlándose de su estómago vació, quien apenas había sido alimentado con dos tazas de café y el té con canela que tenía entre sus manos.
Gianna esperó la respuesta de Edward, cuando también sintió el aroma, levantándose de un salto del sofá.
― ¡Dios, mi guisado!
Justo en ese momento, la puerta de la casa se abrió para aparecer en el salón momentos después Tyler, vistiendo un sweater negro que se ajustaba bien a su torso trabajado y unos jeans gastados, que quedó con el saludo a su madre suspendido en los labios, cuando vio a Edward sentado en el sillón de su sala, el que dejó la taza sobre la mesa de centro y se levantó para quedar frente al arquitecto recién llegado.
― ¡Mira quién ha venido a verte, Tyler!
―Ya veo… ―comentó Tyler, mirando a Edward con desconfianza, moviendo la cabeza a modo de saludo, respondiendo Edward de la misma forma.
―Llegaste justo a tiempo, tengo un guisado en el horno que requiere mi atención ―miró a Edward y tomó uno de sus brazos antes de retirarse―. Me alegro haber sido de ayuda, Edward. Ahora si me disculpa…
―Gracias por el té, Gianna. Ha sido muy amable.
Gianna desapareció de la sala para dejar a los hombres a solas, no sin antes darle una mirada de advertencia a su hijo al pasar junto a él. "Compórtate con la visita, Tyler"
―Presumo que sabe que Bella estuvo ayer aquí… ―comentó Tyler, tomando asiento en el sofá que su madre desocupó, imitándolo Edward en su lugar.
―Lo sé, ella misma me lo dijo, y honestamente es por ella que estoy aquí.
―Entiendo…
―Soy un tipo desconfiado por naturaleza, Tyler, sobre todo cuando la integridad de mi familia está en juego. No transo respecto a eso. ―Hablaba con tranquilidad, con voz pausa y profunda.
― ¿Y cree que la integridad de los suyos peligra conmigo?
―No, contigo no, pero sí con tu padre…
―Liam ―lo corrigió Tyler con tono cortante―, ese tipo no es mi padre.
Entonces Edward se vio reflejado en ese arquitecto de treinta años, quien renegaba de la sangre paterna que corría por sus venas, como él renegaba de la sangre de Elizabeth Masen que corría por las suyas.
―Bella no quiso contarme por qué fui desligado del proyecto cuando supo de mi… parentesco con él, ¿puedo saberlo ahora?
―Puede y lo haré para darte un voto de confianza. Como te dije, soy desconfiado y hasta no demostrarme lo contrario, seguiré siguiéndote los pasos…
―Explíquese, por favor. ―Tyler dejó sus codos sobre sus rodillas dobladas y descansó sobre sus manos entrelazadas su mentón, mirando directamente a Edward, quien se acomodó en el sofá, poniendo una pierna sobre el muslo contrario y extendiendo su brazo a lo largo del respaldo del sofá.
―Voy a resumirlo para ti: Liam está viéndose relacionado con Elizabeth Masen. Ella está recluida cumpliendo condena por asesinato a una monja y otros delitos económicos…
― ¡¿Esa mujer mató a una monja?! ―Preguntó con espanto, como si no pudiera creerlo. Edward inspiró y asintió con lentitud.
― ¿Macabro, no? Y eso que no conoces la historia que hay detrás. El asunto es que esa mujer me odia y odia a todos los que están a mi alrededor, y que esté conectada con alguien tan poderoso como Liam, me hace pensar que está tramando algo en grande, por eso debo resguardarme la espalda y la de la gente que me rodea.
― ¿Piensas que soy una especie de espía suyo o algo así?
―Debo barajar todas las posibilidades ―admitió, respondiendo así la pregunta de Tyler, que se quedó pensando en algo que llamó su atención.
―Tengo una duda: esa mujer lleva tu apellido… ―apuntó Tyler, y Edward hizo una mueca y se removió en su sitio, mirando con ojos llenos de resentimiento.
―La historia que tu madre me contó respecto a tu relación con Liam, me es muy familiar, más de lo que te imaginas. Esa vieja es mi abuela, claro, nunca fue una abuela, pero es para que entiendas el parentesco entre ella y yo, parentesco que yo quisiera cortar de raíz y para siempre.
―Entiendo.
―Ella estaba hasta hace poco cumpliendo condena en el reclusorio femenino, pero acusando demencia senil, fue trasladada a una especie de hospital donde ahora pasas sus días, cómodamente. Me percaté personalmente que aquello de la demencia senil es una vil mentira, por lo que ya hubo tráfico de influencias, y para que eso sucediera, alguien poderoso tiene que haber intervenido.
―Ahí es donde juega Liam…
―Exacto. Lo que nos preguntamos es por qué, qué maldita cosa podría sacar Liam de todo esto, ayudando a una vieja con una condena sobre sus hombros, que no tiene nada…
― ¿Y por qué esa mujer querría hacer algo contra ti o contra los tuyos?
―Porque yo la metí a la cárcel y le quité todo el poder que ostentaba en el pasado.
―Venganza. ―Concluyó el arquitecto, ahora con todo más claro en su cabeza, incluso llevándole razón a la forma tan tajante en el actuar de Edward.
―Venganza, sí. Toda su vida, ella ha estado acostumbrada a decir la última palabra y obtener beneficios, por eso era lógico que no se quedara tranquila e intentaría dar vuelta las cosas a su favor.
―Por supuesto ―recostó su espalda en el respaldo del sillón y pasó las manos por su negro cabello―. ¡Dios, qué historia!
―Esa vieja no repara en gastos cuando se trata de salirse con la suya, y por lo que veo, los barrotes de la cárcel no supusieron un impedimento para seguir destilando su veneno.
―Si está tras las rejas por homicidio, muy difícilmente la dejen salir, aunque diga que lo hizo en un arranque sicótico o lo que sea.
―Eso espero.
Tyler se quedó pensando, recordando las últimas visitas que Liam le había hecho donde se le vio muy curioso respecto a su sociedad con la empresa de Edward, entonces meditó en que quizás Edward sí llevaba razón en pensar que Liam lo usaría para sacar información, aunque parecieran pesquitas sin importancia las que él pudiera darle. Recordó en ese momento la cita con la que tenía con ese hombre en un par de días y a la que había claudicado para que ese hombre que decía ser su orgulloso padre, lo dejara tranquilo.
―Mañana viernes quedé de almorzar con él ―explicó con la vista fija en la alfombra―, no porque lo deseara, sino para que me dejara tranquilo. Además dijo que me contaría algo importante, quizás algo de información que pueda ayudarte.
― ¿Harías eso? Digo, sonsacarle información… sería mejor sin él creyera que las cosas siguen igual, que tú nada sabes de esta historia que te he contado.
―Dalo por hecho, voy a ayudarte. ―La seguridad con la que Tyler respondió, hizo que los hombros de Edward se relajaran. Muy contrario a lo que él pensaba en un principio, la presencia de Tyler iba a significar de gran ayuda para él y no al contrario como él lo supuso.
―Debes saber que por cuidar de los míos, voy a hacer lo que sea por defenderlos, me importa un pepino contra quién.
―Estoy de tu lado, Edward.
―Bueno, está de más decir que puedes retomar tu puesto desde hoy mismo, actué por impulso, yo… ―carraspeó, esperando que su esposa se sintiera orgulloso cuando le contara lo que había hecho― ejem… yo creo que te debo una disculpa por aquello.
―No me la debes, entiendo tu postura, y creo que hubiera actuado igual que tú.
―Gracias.
En eso estaban los caballeros cuando Gianna hizo aparición con una bandeja con tazas, azucarero, una panera llena de pan recién salido del horno, además de otras delicias que olían muy bien. Otra vez el estómago de Edward se hizo presente.
―Supongo que no vas a dejar que Edward se vaya, sin haberle ofrecido algo de desayunar ―comentó Gianna, disponiendo las cosas de la bandeja sobre la mesa a un costado de la sala. Tyler pestañeó confundido.
―Creo… creo que es ya tarde para desayunar, ¿no? ―comentó, mirando la hora en su reloj de pulsera, la que marcaban las diez y media pasadas.
―Tú saliste sin desayunar, y Edward tampoco desayunó, lo puedo ver en sus ojos que miran la mesa con ansia de comida y por su estómago que no ha dejado de quejarse.
―Tiene usted razón, Gianna ―se puso de pie y se quitó la chaqueta azul de su traje, dejándola despreocupadamente sobre el respaldo del sillón, para después soltar el nudo de su corbata y arremangarse las mangas de su camisa―. Y claro que acepto desayunar, estoy muerto de hambre.
Tyler abrió su boca como si se tratara de un bacalao, totalmente sorprendido por esa familiaridad con la que su madre y su jefe interactuaban.
― ¡¿Qué esperas, Tyler?! ―Exclamó su madre desde la mesa―. Desde que estás saliendo con esa chica, estás con la cabeza en la luna.
Edward lo miró con una sonrisa burlona mientras disponía las tazas en sus puestos, atreviéndose a pellizcar un trozo de pan, el que estaba tibio y delicioso. Entonces el arquitecto sacudió la cabeza y se puso de pie para ir hasta ellos y ayudarles con la mesa para tomar ese tardío pero generoso desayuno.
A las que siguen fiel a este Ogro, mi total agradecimiento. Gracias por seguir leyendo, por sus comentarios y todo eso que me hace muy feliz.
A Gaby Madriz, mi fiel amiga y beta, a Manu de Marte por su ayuda y a mi Cuchu Maritza Maddox por su apoyo incondicional.
Y ya saben, estamos siempre en contacto a a través de nuestro grupo en facebook. Nos reencontramos el próximo miércoles. Un beso a todas.
Cata!
