Capítulo 14
―Dios… nada de esto debería estar pasando ―se lamentó Damian, a la mañana siguiente cuando a primer hora desayunó con Carmen antes que ella entrara a su trabajo. Ella le comentó lo de la tarde anterior, primero cuando Edward llegó a casa y se encontró con Sam, un ex de Bella que de la nada llegó a visitarla y así arruinar un poco más el humor de Edward. Y después lo del arquitecto, que no sabia a ciencia cierta sobre lo que habian hablado, pero intuía que era algo grave por la reaccion que tuvo Edward, ese arranque de ira de los que ella solo había oido hablar. Pero el corazón de Damian se partió en dos cuando su amada Carmen le comentó lo sucedido con Clarisse, de como la niña se había espantado y había desconocido a su propio padre a quien vio justo en ese momento, siendo para ella un completo desconocido.
―La hubieras visto… demoró para que se durmiera. Estaba muy cavisbaja, igual que su padre, que esta mañana parecía alma en pena. Salió de la casa sin comer nada…
―Ha sido suficiente ya, para mi hijo ―afirmó los codos sobre la mesa redonda del restaurante, cubriendo la cara con sus manos. Carmen torció su cabeza, conmovida y estiró una mano hasta la nuca de Damian, acariciandole despacio.
―Nunca lo había visto así. Desde que reapareció esa mujer, todo se ha torcido para mal.
―Lo sé querida ―se incorpora, tomando la mano de Camen para llevarsela a la boca, mientras su cabeza se pone a correr a toda velocidad. Sus recuerdos viajan hasta el pasado de forma rauda, y recuerda cómo esa vieja arruinó la vida de Clarisse, la madre de sus hijos, por quien no tuvo un ápice de compasion. Y si no tuvo humanidad con su propia hija, mucho menos con sus nietos, sobre todo con Edward, a quien no logró domar ni moldear según su image y semejanza.
Entonces lo supo. Supo que había tomado una posicion pasia frente a toda esa locura, y que debía cambiar aquello. Era el momento de ir y encarar a Elizabeth Masen.
Después de dejar a su amada Carmen en la puerta de su trabajo y prometer visita esa tarde, dirigió el coche rumbo al centro médico donde se hayaba internada la vieja esa. Tuvo que hacer una llamada rápida a James para disculparse por una reunión de negcios matutina a la que iba a ausentarse por hacer esa visita. Cuando James le preguntó por los motivos, Damian con voz de ultratumba le dijo que iba a decender al infierno.
― ¡Dios, Damián! Estás hablando como Edward…
—Será porque me estoy poniendo en sus zapatos ―reconoció con los dientes apretados, mirando el frontis de aque cómodo hospital, donde Elizabeth Masen se encotraba recluida, atendiendose supuestamente esa fea enfermedad mental que ella se inventó, seguro sugerencia de alguien más, alguien como Liam Patterson. Carmen no se lo alcanzó a decir, ni Edward lo había llamado para contarle las novedades que Tyler había levado para él, las que suponía no habian sido las mejores por la reaccion de su hijo.
Y tal como le sucedió a Edward algun tiempo antes, Damian no tuvo muchas travas para pasar, previo a un control de identidad, y visitar a la pobre anciana, que apenas recibía visitas, como le dijo la enfermera cuando lo recibió en la entrada, y lo guió hacia el segundo piso de la casona, justo hacia la sala de visita, muy iluminada y llena de mesas redondas listas para recibir a los visitantes, que parecian inexistententes en ese lugar lleno de personas realmente enfermas, procesadas por algun delito y olvidadas.
Damian se sentó en una de las sillas alrededor de la mesa, esperando que trajeran a la mujer, sin ninguna pisca de nervios, ni mucho menos miedo. Estaba extrañamente tranquilo, muy seguro de lo que iba a suceder. Seguro iba a provocar a esa mujer si es que insistía ella en mantener el teatrito delante suyo, pues si bien era cierto, él fue quien le quitó todo, e indirectamente por su culpa estaba ahí, ya que por intentar matarlo a él estaba en ese lugar.
Entonces una puerta se abrió y sobre una silla de ruedas empujada por la enfermera que lo recibió, apareció Elizabeth Masen, que venía estoica sobre su silla, muy erguida, con su cabello bien peinado y su rostro arrugado carente de maquillaje, con un atuendo simple de algún material nada lujoso como ella solía usar en su mejor momento. Seguro y le provocaba picazon, pensó Damian con una sonrisa irónica en los labios mirando a aquella mujer, quien no disimuló el disgusto en su mirada cuando lo vio.
―Cualquier cosa, y estoy al otro lado de esa puerta ―indicó la enfermera, indicanco una puerta de madera a un costado de la sala. Entonces se retiró, dejando a la enferma y su visita a solas. Damian se cruzó de brazos y con su nueva adquirida sonrisa hecha para molestarla, la miró de pies a cabeza, asintiendo despacio.
―Estás más vieja, y más acabada, Elizabeth. ―Ella apretó sus dientes y sus manos se hicieron puños sobre su falda. Entonces no tuvo ni ganas ni mucho menos sabia que era necesario fingir frente a ese tipo, por lo que simplemente se alistó para contraatacar.
―Y ese traje a simple vista tan caro, no cubre tu escencia méndiga de panadero de antaño. ―Él rió como si hubiera sido una buena broma, pero Elizabeth lo ignoró y siguió adelante, sin poder detenerse― ¿A qué has venido? ¿A rogarme que me haga un lado? ¡no me digas que los tomó por sorpresa la contrademanda que…
―Cierra la boca, vieja demente ―escupió Damian, no dispuesto a seguir dandole espacio para sus palabras―. Ya se me hacía raro que estuvieras dos años en silencio. ¡Y esa contrademanda estúpida! No haces más que provocar perder nuestro tiempo, porque sabe que no podrás culpar a Edward de la mierda que dejaste atrás. ¿Qué crees, que vas a salir de aquí porque estás haciendote pasar por enferma mental? Déjame adivinar: vas a decir que no estabas en tus cinco sentidos cuando cometiste los ilícitos… ¡Por Dios, Elizabeth! ¿Tan ingenua eres?
―Tengo cartas bajo la manga…
―¡Cierto! ―Exclamó con diversión. Se sentía valiente y confiado, por eso respondía con irreverencia a la vieja, que parecía una tetera hirviendo―. Patterson… ¿es su apellido, no? ¿dónde te lo conseguiste, eh? ¿Y qué le vas a dar a cambio, si no tienes nada?
―Damian, si estoy haciendo esto es porque voy a recuperar todo lo que ese demente hijo tuyo, me quitó.
―¡No me digas! ―Dejó a un lado el tono de jolgorio e inclinandose hacia adelante, con sus manos sobre la mesa, le habló con suficiente frialdad―. Sobre mi cadaver vas a quitarle a mi hijo lo que él ha construido.
―Sobre tu cadaver… ―ahora fue la vieja quien sonrió―. Eso es muy tentador si recordamos que una vez lo intenté…
―Y terminaste en prisión, y ni siquiera esta demanda ni que hayas conseguido que reabrieran el caso por delitos económicos, hará que salgas de este lugar, o de la cárcel que es donde te vamos a mandar de regreso, vieja de mierda. Vamos a tirar a tierra toda la treta que has montado con ese tipo, y volverás a ser el hazmereir del país, de la alcurnia con la que alguna vez te codeaste y que sabe que están encarcelada por matar a una inocente. Así que preparate, mujer, y que se prepare ese tipo, porque por más lleno que tenga los bolsillos de dinero para coimar jueces o falsear pruebas, no le tenemos miedo.
Damian se levantó, abrochó su chaqueta y rodeó la mesa para salir de ese infierno, cuando oyó la voz de la vieja a sus espaldas:
―¡Saludame a tu hijita, Damian, y dile que estoy ansiosa por conocerla…!
Damian se giró para mirar a la vieja sonrirle mientras levantaba su mano en señal de despedida, y sintió entocnes como muy pocas veces, la sangre hervirle en sus venas. Esa mujer se atrevía a sacar a su hija para amenazarlo indirectamente, cuando ya le estaba haciendo la vida imposible a uno de ellos, y eso no lo permitiría, esa vieja no volvería a meterse con sus hijos, con ninguno de ellos, nunca más.
Se mordió la lengua antes de cometer homicidio que sería del todo justificado, y retomó su camino a la salida, no dispuesto a darle en el gusto a la vieja esa, que se quedó carcajaenado se a sus espaldas. En la planta, y después de dejar su tarjeta de visita y recuperar sus documentos y el teléfono movil que le habian retenido, salió del lugar, metiendose en el coche y conduciendo por al carretera con sus manos fuertemente agarradas al volante. Esa mujer en alianza con ese tipo, no iban a arrunarle la vida, ni la de sus hijos. Eso se lo había jurado a ella y mantendría su palabra aunque tuviera que convertirse en un asesino para evitarlo.
Elizabeth en tanto se quedó sola, pensando en que si bien la postura de Damian era segura y amenazante, sabía que el entorno del demente de su nieto se estaba removiendose y que al menos estaba causando estragos en su vida. Entonces pensó que podría desviar la atencion de ese grupo de infames hacia otro lado, debilitándolos. Pensó en aquella niñata, esposa de Edward, y qué daría el imbécil de Edward por salvarla, o salvar a su hija. O lo que daría Damian por su hija minusbálida…
―Uhm… interesante… ―pensó, mientras un par de estrategias comenzaban a fraguarse en su cabeza, listas para encomendarselas a su esposo cuando la visitara aquel día.
**oo**
Bella dejó la casa cerca de las diez de la mañana con la preocuoacion a cuestas. Dejó a su hija a cargo de las chicas, la que había despertado malhumorada despues de costarle mucho conciliar el sueño la noche anterior. Mientras iba siendo conducida por el chofer designado hacia el lugar donde le indicó, recordó la ultima charla que tuvo la noche anterior con su marido, que le partió el alma en dos.
Edward estaba profundamente herido por cómo la niña había reaccionado al verlo y como había evitado siquiera que la tocara, despues de verlo… de la forma descontrolada en que lo vio. Lo notó apesadumbrado, mucho más que otras veces, pues había ocurrido algo que él deseaba nunca ocurriera, y por supuesto ella tampoco lo hubiese deseado.
―Clarisse se merece un mejor padre… ―susurró derrotado, mirandose sus dedos entrelazados, la noche anterior cuando la niña finalmente se durmió y Bella pudo ir tras él para encontrarlo a oscuras sentado en el patio trasero de la casa. Entonces se le acercó y con fiereza lo agarró por el rostro, obligandolo a mirarla. Cuando tuvo su atencion, y con la misma fiereza, aclaró:
―Clarisse tiene el padre que se merece, un padre que puede ser la envidia de cualquier hijo, un padre que la ama y que es capaz de cambiar por el amor que siente hacia su retoño. Ese eres tú, Edward Masen. Ella te adora como tú la adoras a ella y hace un instante solo era una niña asustada, pero te ama, y lo sabes, y ella también sabe cuánto la amas, ¿lo entiendes?
Edward simplemente la miró y con sus cristalinos y tristes ojos dio a engtender a su esposa que aquello era algo en lo que querí acreer, pero si su hija estaba asustada, él lo estaba y por partida doble. Despues de ese corto dialogo no se dijeron nada más, simplemente se abrazaron con fuerza, uno sostendiendose en el otro, para despues ir a la cama cuando el frio de la interperie nocturna les comenzó a pasar la cuentas, regresando a la alcoba donde intentarpn dormir pegados uno al otro.
Aquella mañana, él se había ido sin desayunar, apenas dejandole un beso en la sien, comentandole que llegaría tarde en la noche, pues tenia muchos asuntos que atender. Entonces fue cuando su tía Carmen advirtió que Edward quizás necesitaba "ayuda profesional", recordando ella al doctor Vulturi, quien ya tendria que estar de regreso en la ciudad.
―Verá, no tengo cita con el doctor, pero quisiera ver la posibilidad de hablar un momento con él —le explicó a la joven secretaria. Ellla suspiró y mirando la agenda del médico dio un asentimiento de cabeza.
―Justo ahora tiene diez minuto. ¿Me dice su nombre?
―Isabella Swan… Masen ―rectificó rapidamente―. Isabella Masen.
Entonces la chica se comunicó con el profesional, haciendo pasar a la esposa del ogro al despacho del amable psiquiatra, quien la recibió con un apretón de manos, invitandola a sentarse. Aro entonces la miró, y le estrechó sus ojos, prediciendo el motivo de la visita de Isabella.
―Dios, Bella, tu rostro es pura preocupacion… ¿pasó algo con Edward?
―Más o menos, doctor. ¿No ha visto los periódicos?
―No soy asiduo lector de ellos, ¿pero qué tiene que ver…?
Entonces Bella hizo un rápido resumen para el doctyor, recordando que estaba contra el tiempo, mientras el doctor se iba armando una idea en su cabeza. aprovechó ella de comentar cómo es que lo veía, con ese estado de ánimo tan alicaido que ella temía más que sus arranques de rabia, que eran mucho más caracateristicos en él, incluso que eran ya algo normal de su temperamento.
―Bueno, lo primero es que quiero que recuerdes el estado crónico de Edward ―recordó Vulturi, expliclando a continuación―. Él vive y vivirá con el trastorno bipolar, que es multifactorial, lo que significa que tanto factores genéticos como ambientales, internos y externos, originan que este trastorno se descontrole, que es lo que presumo, está pasando ahora, y la alteración de su trastorno puede ser un estallido de su temperamento o un bajón de su ánimo, como creo le está pasando ahora. Edward siempre estará propenso a sufrir de depresión, pero es tratable y mejorable.
―Yo… entiendo eso… ―carraspeó,queriendo liberrase del nudo que apretaba su garganta― pero es que ahora mismo me siento atada de manos, y no sé cómo ayudarlo. Sé que me dirá que es suficiente con lo que he hecho hasta ahora, pero…. No sé…
―Y lo es, Bella. La seguridad que le da tener una familia lo ha ayudado a hacer una vida perfectamente normal. Él inconcientemente busca y buscará apoyo en ti y en su pequeña hija, que es lo más valioso que tiene, lo que más le importa.
―¡Pero hay algo más que yo pueda hacer! ―Exclamó, cubriendose la cara, sintiendo como sus mejillas iban cubienrdose de lágrimas de puro dolor y frustración. Entonces Aro, conmovido por ella, se levantó de la silla de su escritorio y rodeó la mesa para sentarse junto a ella. llevó una de sus grandes manos al hombro de Bella y lo apretó levemente, como instandola a descubrir su rostro. Cuando ella lo hizo, él la miraba con una sonrisa calida en su rostro bonachón.
―Estás pasando por alto tu propio estrés para apoyarlo. Se te ve cansada con todo esto, y no es para menos…
―A veces quisiera hacerme humo…
―Y eso es lo que tienes que evitar. Si quieres ayudar a Edward, mantente siempre presente para él recorandole con detalles pequeños lo mucho que lo amas y lo incondicional que es ese amor, tal y como lo has hecho hasta ahora, ¿está bien? Y no te afligas más de lo necesario, tu marido saldrá adelante tal y como lo ha hecho las otras veces. Nos encargaremos de ello.
―Gracias, gracias doctor.
―Y para tú tranquilidad, lo llamaré y le diré que estoy de regreso para retomar nuestras sesiones. También deseo ayudarlo.
Bella sonrió agradecida, pensando en que quiás ella también debería tener sesiones con el psiquiatra para calmar su ansiedad y su inestable estado de ánimo. Y lo haría, si eso ayudaba, porspupuesto que lo haría. Entonces salió de la consulta del doctor, mucho más tranquila de cmo había llegado, sabiendo perfectamnte dónde debía dirigirse ahora y con quién.
**oo**
―Joder, qué asco… ―esa fue la reacción de Emmett cuando oyó, junto a Rosalie, Jacob, James y Damian el notición que el ogro soltó manteniendo monótona su voz, como si saliera de ultratumba, y es que era así como se sentía.
―Tenemos que ponernos a investigar sobre cómo, cuándo y bajo qué condiciones se realizó ese matrimonio, para ir y encarar a ese tipo de una vez y… ―estaba decidiendo Jacob, cuando Edward lo detuvo, alzando su mano hacia él.
―Se investigará pero sin que nadie se entere ―terció James, tomando la iniciativa―. Él cree que nos tiene en las sombras respecto a eso y así como lo seguirá creyendo. Cuando él quiera sorprendernos, seremos nosotros quienes lo sorprenderemos.
―Además, cuidaremos de no poner en evidencia a Tyler ―acotó Damian, un poco menos tenso después de la visita secreta que hizo aquella mañana. Y en tanto los abogados lanzaban teorías y delineaban el modus operandi respecto a aquello, él se detuvo a mirar a su hijo, a quien vio deprimido como muy pocas veces, sabiendo Damian el por qué de ese estado. Estaba callado, con su rostro impasible mirando por la ventana hacia ningún lado en particular, más pálido que de costumbre y con aquellas ojeras marcadas que daban cuenta de su falta de sueño. Entonces quiso hacer cambio de roles, permitirse absorber el dolor de su hijo con tal de que él no lo sufriera, ¿no es lo que desearía hacer cualquier padre?
La asistente del ogro ingresó entonces a la oficina e indicó que en la sala de juntas los esperaban la plana general y ejecutivos de las diferentes filiales que abarcaba "Lux et umbra" para una reunión extraordinaria para plantearles con total claridad sobre lo que ellos ya sabían mediante los periódicos.
― ¿Estás listo, Edward? ―Preguntó la única mujer del grupo acercándose a Edward, que sacudió la cabeza cuando oyó la voz de la rubia esposa de Emmett. El resto de los caballeros ya había hecho abandono de la oficina y solo quedaban ellos.
―Jacob va a tomar la dirección de la reunión y yo voy a exponer punto cuando sea el momento…
―Entonces vamos…
― ¡Edward! ―Exclamó ahora la otra secretaria del ogro, Victoria, entrando a la oficina antes que los últimos ocupantes se retiraran. Edward la miró mientras se reacomodaba su corbata negra, tan negra como su estado de ánimo.
―Voy a entrar a la reunión, Victoria.
―Sí… pero antes, hay alguien que quiere hablar contigo...
―Victoria, después de la reunión…
―Es Garrett.
Edward parpadeó y miró a Rosalie que estaba junto a la puerta esperándolo y que había oído lo que Victoria infirmó, alzando sus delineadas cejas rubias, sorprendida.
―Edward, es mejor que lo atiendas antes de ir a la reunión. Yo le aviso al resto…
―El resto ya lo vio, está justo afuera esperando que lo haga pasar.
―No se hable más. Hazlo pasar Victoria ―ordenó la abogada a la colorina secretaria, que asintió. Cuando pasó por su lado, Rosalie la tomó por el brazo y le susurro―: Y por favor, atenta por si se desata la tercera guerra aquí adentro.
―Pediré refuerzos si lo creo necesario ―cuchicheó la colorina antes de salir, pero no sin antes oír al ogro refunfuñar.
―Las escuché, maldita sea ―gruñó el ogro, colocándose la chaqueta que había dejado colgada en la percha.
―Suerte, Edward ―se despidió Rosalie finalmente, dejándolo solo. Pocos minutos después, apareció Garrett por la puerta, vestido de traje gris claro, corbata oscura y su cabello oscuro bien peinado. Se veía tranquilo, más bien pacífico, por lo que Edward vio salvaguarda su integridad física, al menos eso parecía.
―Garrett.
El aludido asintió con la cabeza, caminando directo a la ventana, inspirando fuertemente mientras contemplaba el centro financiero de la ciudad. Edward soltó el aire de sus cansados pulmones y se preparó para escucharlo, quedándose de pie tras su escritorio, esperando que Garrett diera la primera palabra.
―He estado al pendiente de todo lo que ha estado ocurriendo contigo y con el caso de Elizabeth ―dijo, sin apartar su vista del exterior.
―Y presumo que quieres dar un paso al costado, cuestión por la que no te culparía. ―Acotó Edward, poniendo la palma de sus manos sobre su mesa, cargando el peso de su cuerpo sobre estas. Garrett apenas desvió sus ojos hacia él, pero volvió su mirada hacia afuera.
― ¿Por qué crees que haría eso?
― ¿No sería lo lógico? ―Preguntó retórico, volviendo a enderezarse, metiendo las manos dentro de los bolsillos. Estaba inquieto, ansioso, por la visita de su amigo… o ex amigo―. Y si yo supiera que podría salir salpicado de mierda con todo esto de la demanda y la reapertura del caso, yo mismo te haría a un lado, o a cualquiera que pudiera salir perjudicado.
― ¿Perjudicado por qué, si tú eres malditamente inocente? ―Rebatió Garrett, enojado, volviéndose hacia Edward, que lo miraba con sus ojos entornados―. Mira, había pensado tomar distancia después de… lo ocurrido, ya sabes… pero no es el momento, lo sé.
―A qué te refieres…
―Primero, Emmett ha hablado conmigo y me dijo que lo más probable es que me llamaran a declarar para los próximos juicios y estoy listo para eso ―se acomodó el cuello de su camisa blanca y desvió sus ojos de Edward, que ahora había enderezado su espalda y miraba a Garrett expectante ―Estoy listo para apoyarte, Edward. Esta ha sido nuestra pelea contra esa vieja…
―No es nuestra, es mía, y nadie más tiene que pagar por eso… no te sientas obligado a nada, mucho menos cuando tu trasero podría estar en riesgo, menos aún cuando… me crees traidor. No quiero que te sientas obligado a nada.
― ¡Maldita sea, Edward! ―Exclamó Garrett, pasándose las manos por el cabello. Iba a sacar afuera todo lo que no lo dejaba dormir por las noches e iba a hacer más liviana su carga―. ¡Cómo puede decir que es solo tu pelea! Hemos estado contigo durante todos estos años, y si piensas que vamos a dejarte solo cuando las cosas se ponen mal, pues estás equivocado…
― ¿Tú me estás hablando de no abandonarme cuando las cosas se ponen feas, Garrett?
― ¡Ponte en mi lugar! ¡Mierda! ―Apretó Garrett el puente de su nariz con sus manos, cerrando los ojos con fuerza. El recuerdo de la rubia mujer que le rompió el corazón seguía latente y aquella herida estaba tan abierta que quemaba del dolor. Solo hablar el tema en voz alta le revolvía las entrañas, pero tenía que sacarlo fuera―. La mujer que he amado desde… ¡Joder! Desde que tengo uso de razón, me sale de un día para otro con que no me ama, pero que en cambio sí se dio cuenta que estaba enamorada de mi mejor amigo, ¡de mi jodido hermano! ¡No sabía cómo reaccionar, ni con ella, ni contigo, ni sabía qué debía hacer conmigo mismo…! ¡Dios! ¡No sabía lo que hacía!
Caminó tambaleándose un poco hasta el sofá y se dejó caer, cubriéndose la cara con las manos, restregándose el rostro para ver si así alejaba los recuerdos. En ese momento Edward olvidó sus preocupaciones, que no eran menores, y dejando escapar el aire de sus pulmones por enésima vez, caminó hasta Garrett y se sentó junto a él. Iba a tomarse el tiempo de oírlo, porque eso percibió el ogro, que su hermano quería desahogarse, y él estaba ahí para eso.
―Háblame, Garrett…
―Esa mujer me ha hecho llorar más veces que ninguna otra… no pensé que fuera tan doloroso. Por eso cuando supe que los sentimientos que ella tenía hacia ti eran otros, o diferentes a la forma en que un par de amigos se quieren, vi todo negro.
―Pero yo no tuve la jodida culpa, Garrett ―recordó suavemente, afirmando los codos sobre las rodillas y mirándose la punta de sus zapatos de cuero italiano negro. Garrett imitando su postura, asintió levemente, antes de reconocer:
―Lo sé Edward, lo sé. Por eso estoy aquí… ―giró su cabeza y lo miró―. ¿Qué harías si Bella saliera de la noche a la mañana con el cuento de que ya no te ama, pero que se ha dado cuenta que me ama a mí…?
―No... ―el ogro sacudió la cabeza, espantando siquiera la idea― ni quieres saber lo que haría.
― ¿Lo entiendes? ―Juntó sus manos y jugueteó haciendo girar sus pulgares―. Ahora, después que ha pasado el tiempo, sé que actué injustamente contigo, que no tuviste la culpa. Eres un hombre que está enamorado de su mujer y que nunca, ni siquiera antes de conocer a Bella, le dio indicios a Kate de querer algo más.
― Que bueno que lo entiendas, Garrett.
―La vi el día del primer juicio, cuando ella se te acercó y la rechazaste.
― ¿Estabas ahí? ―Preguntó Edward, sorprendido. Garrett lo miró y encogió sus hombros como si nada.
―Quería oír de primera fuente la sarta de estupideces con las que están escudando la demanda. También me compete, soy socio mayoritario de esta compañía.
―Lo sé…
Ambos socios y amigos se quedaron un momento en silencio. Garrett se sentía un poco más liviano y Edward a decir verdad también. Entre ellos no iba a haber un reencuentro de abrazos y llanto pidiéndose perdón, porque no era el estilo de ninguno de los empresarios. Además, sabían que ninguno debía perdonar al otro respecto de nada. Pero Edward sabía que ahora se debían poner manos a la obra con lo que se venía encima, entonces quiso poner al día a su amigo sobre algunos asuntos que él ignoraba. Fue así que soltó la bomba que a él lo noqueó el día anterior:
―Liam Patterson y Elizabeth se casaron.
Garrett arrugó la frente y giró su cabeza hacia Edward, mirándolo como si no hubiera captado del todo bien o como si le hubiera dicho aquello en un idioma que él no conocía.
― ¿Cómo dices?
―La vieja y el buitre ese se casaron. Tyler me lo dijo.
― ¡Jodida mierda! ―Garrett se enderezó tras soltar aquella exclamación tan acorde con la situación―. ¿Y por qué ese tipo se querría casar con una vieja, que encima está en la cárcel y no tiene ningún peso?
―Según Tyler, él conoce a la vieja desde su juventud, y salió con que le debía un favor. Por supuesto, como Elizabeth se hace pasar por enferma y en su demencia cree que voy a permitir que se vuelva a llenar los bolsillos de dinero. Entonces como ella no podrá administrarlo, necesita de alguien que sí lo haga por ella, ahí es donde aparece Patterson y su buen corazón…
―Un empresario como él no haría jugadas sin estar seguro. Es un jodido sabueso, lo he investigado. Su empresa de activos financiero lo tiene en la cima, ¿por qué querría mezclarse con alguien como Elizabeth? ¡Es improbable que ella gane esta demanda!
― ¿Y si no lo es, Garrett, y si ese tipo tiene sus propias razones por hacer lo que está haciendo? Logró que sacaran a la vieja del reclusorio, logró hacerla pasar por enferma, todo con una espesa manta de dinero. Además, le hizo creer a Tyler que prácticamente estaba actuando empujado por la caridad, pero eso es una vil mentira. Ese tipo quiere algo más, y para conseguirlo es capaz de mover su jodido dedo y cagarme la vida para sacar no sé qué beneficios, ¿lo comprendes?
―Esto es una mierda, Edward…
―Y estoy justo en medio de esa mierda, Garrett… ―cerró los ojos y recordó una vez más los ojos asustados de su hija, su llanto y su rechazo hacia él―. Anoche, cuando Tyler me lo dijo yo… tuve uno de mis episodios… ya sabes…
―Oh Dios, ¿estás bien? ―preocupado, Garrett puso una mano sobre el hombro de su amigo. Edward apenas asintió, pero después negó con la cabeza.
―No, no lo estoy… pero lo peor de todo fue… que mi niña me vio así… ―cubrió el rostro con sus manos y apretó los dientes, obligándose a no llorar como deseaba hacerlo. Deseaba ir hasta la azotea del edificio y ponerse a gritar y llorar para desahogar su pena, pero nada conseguiría. Además, se sentía tan cansado… cada mañana era una odisea levantarse de la cama y enfrentar el día. Si no fuera por su mujer y su hija, a él todo le daría lo mismo. Pero su hija lo rechazaba y no sabía cuánto tiempo demoraría en hacer desaparecer el recuerdo de lo que vio.
―Oye, amigo, esa niña adora el suelo que pisas. Seguro lo olvidará y las cosas volverán a ser como antes…
― ¿Y si alguna vez no llego a controlarme y ella vuelve a estar cerca? ―se dejó caer en el respaldo del sofá―. Estoy tan cansado de todo esto… tan malditamente cansado… yo quisiera… acabar con todo esto de una vez por todas. Lo único que quería era estar tranquilo y ser feliz con mi familia, pero… esa vieja de mierda insiste en provocarme, es eso lo que quiere, que no viva tranquilo…
―No te rindas ahora, Edward. Recuerda todo lo que hemos peleado, recuerda a tu madre, a la hermana Gabriela, recuérdalas a ellas y lo que les tocó pasar por culpa de esa mujer. Pero recuerda a tus mujeres, Edward, ellas están contigo en esto…
―No quiero que estén en medio de esto…―dijo con voz cansada, mirando el techo de su oficina. Garrett torció su boca y se acomodó de costado, afirmando su cabeza con la mano del brazo que se sostenía al respaldo del sofá.
―Nadie te abandonará, Edward ―dijo con suavidad― y por otro lado tu hija te necesita junto a ella. No te dejes vencer cuando podemos volver a patearle el culo a la vieja y al arrugado marido que tiene.
―Joder… ―gruñó con dolor, cerrando los ojos y sintiendo como si todo el peso del mundo llevara a cuestas sobre sus hombros.
Entonces una vocecita milagrosa lo puso alerta, y provocó que su piel se erizara, sacándolo de su tan deplorable estado de ánimo.
― ¿Papi? ―Junto a la puerta abierta, una pequeña niña vestida de azul y balerianas blancas, miraba hacia los hombres, sosteniendo en una de sus manos su oso de peluche, Toddy, que su abuelo le regaló y con el que dormía cada noche para espantar los monstruos y la hacían sentir a salvo cuando su papá no estaba cerca, papá que en aquel momento lentamente se reincorporó, mirando a la niña, como si se tratara de un sueño. ―Papi, no estés tiste…
Entonces Edward, obligándose una vez más a tragarse las lágrimas ―esta vez de pura emoción―, abrió sus brazos en una clara invitación que su hija entendió perfectamente, echándose a correr a sus brazos donde aterrizó encantada de la vida. Lo rodeó por el cuello y le dijo, en su idioma de niña pequeña, que lo quería y que si tenia miedo, ella le había llevado a Toddy para que lo cuidara.
Edward no podía con esos sentimientos tan fuertes, con ese amor tan incondicional que sentían mutuamente el uno por el otro y que nadie más entendería.
―Dios… mi pequeña niña… ¿sabes cuánto te amo? ―le susurró a su hija, y ella entendiendo perfectamente esas palabras, lo apretó más fuerte entre sus bracitos. Estaba dichosa y había olvidado el episodio de la noche anterior, cuando alguien hizo enojar mucho a su papi, como su mami se lo explicó.
Garrett, que se sentía un intruso ante aquella escena tan encantadora, se puso de pie y se acercó hasta la puerta abierta, donde estaba Bella, visiblemente emocionada, contemplando también aquella imagen. Ella se sorprendió y se alegró mucho de ver a Garrett, a quien simplemente abrazó en agradecimiento.
―Yo… supuse que a Edward le haría bien ver a Clarisse… él anoche… ―iba a explicarle al Garrett, cuando él la detuvo y evitara que siguiera explicándose.
―Me lo contó, y no pudiste haber llegado en mejor momento. Sabes perfectamente lo que ese hombre necesita, Bella. Eres la mejor.
―Quisiera ser de mucha más ayuda… ―susurró, mirándose las manos entrelazadas. Entonces Garrett sonrió y con respeto acarició su espalda en señal de contención.
―Eres de mucha ayuda, ¿acaso no te das cuenta? Ese tipo se mantiene arriba por ustedes, que son sus alicientes.
― ¿Crees que todo esto se arregle? ―Susurró, mordiéndose el labio. Él le regaló una sonrisa llena de confianza antes de responder con total seguridad.
―Claro que sí. Ya verás.
―Ustedes dos, qué tanto cuchichean allí… ―Edward se había levantado con la niña en brazos y comenzaba a caminar hacia ellos, acercándosele a su mujer, a quien besó suavemente en los labios.
―Nos estábamos poniendo el día, ya sabes… ―respondió Garrett, guiñándole el ojo a la niña y acariciándole la barbilla, mientras Bella se explicaba sobre su visita:
―Solo vinimos de pasaditas. Victoria me dijo que los esperaban en una reunión. ¿Va todo bien?
―Estamos trabajando para eso ―respondió el ogro, inhalando el aroma del cabello de su hija.
―Todo mejora, y así seguirá siendo, Bella, ya verás ―cuando Garrett dijo eso, le hizo cosquillas a Clarisse, carcajeándose la pequeña, mientras Bella sonreía y Edward agradecía el apoyo que regresaba con Garrett. Quizás el regreso de su amigo significaba una buena señal de que las cosas se arreglarían, ¿no? ¿Por qué no creer en ello?
Edward dejó a su hijita en los brazos de su esposa, prometiéndoles que esa noche harían pastas para la cena e invitarían a tío Garrett para que los acompañara, alegrándose Clarisse de ese plan. Entonces, y tras despedirse de sus mujeres, salió de su oficina con aires renovados, muy seguro de sí mismo, seguro de lo que tenía.
Entró a la reunión en compañía de Garrett y con Toddy en una de sus manos. Había prometido a su hija que el valioso peluche lo acompañaría durante su jornada de trabajo, y ciertamente al ogro no le importó la cara de poema que pusieron los ejecutivos cuando vieron al ogro presidir la reunión con el peluche entre sus manos. Emmett podría rápidamente haber soltado una larga lista de bromas hacia Edward, pero no era el momento, pero lo más importante era ver a Garrett de regreso. Ahora podía decir que el equipo estaba completo.
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En su totalidad, la plana ejecutiva de "Lux et Umbra" y sus filiales, apoyaba ciegamente a Edward, encontrando realmente fuera de lugar la acusación que ahora caía en su contra, para hacerlo ver culpable de lo que Elizabeth había hecho. Tenía el respaldo de todos ellos, quienes por cierto se ofrecieron como testigos, pue varios de los presentes en la reunión, sabían de la reputación de Elizabeth Masen. Además, varios de los socios que inicialmente cerraron trato con Garrett Anderson, habían desistido de asociarse con ella por irregularidades y cláusulas poco claras. En suma, todo estaba a favor del grupo que respaldaba a Edward, pero de todos modos, él no quería alzar su brazo en señal de triunfo, pues sería precipitado. Además, la intuición de que algo más venía a caer sobre sus hombros con intención de tirarlo a tierra, seguía inquietándolo.
Pero ahí estaba, respirando un poco más tranquilo, después de un día lleno de reuniones, pero con la sensación de alivio por haber hecho las paces con su hija, a quien tenía sentada en la encimera de la mesa, mientras Garrett le enseñaba a Bella a hacer no sabe qué cosa con las pastas. Miraba a Clarisse mientras la niña le enseñaba como peinar correctamente a la colorina muñeca que tenía entre sus manitos, explicándole muy a su estilo cómo pasar el peine y levantando sus ojitos claros hacia él, preguntándole si había entendido.
―Despacio, desde la raíz hasta las puntas ―repetía Edward, asintiendo como buen alumno. Fue cuando Garrett se les acercó y dejó una cerveza helada sobre la mesa, riéndose por lo bajo.
― ¿Nuevo pasatiempo? ―Preguntó, moviéndola la cabeza hacia la muñeca, que seguía en manos de su pequeña dueña. Edward lo miró de reojo, tragándose un buen improperio por respeto a su hija.
―Estamos peinando a Lina ―respondió Edward en voz baja, provocando que Clary alzara la vista cuando oyera en voz de su padre el nombre de su muñeca, lo que significaba para ella que sí le estaba prestando atención. Y la niña a su corta edad, tenía toda la razón, y mucho más de lo que ella creía, porque solo con el tiempo, ella podría percatarse de lo vital y transcendental que ella significaba para Edward.
Suspiró el ogro, peinando el cabello rizado de su hija con suavidad, pensativo sobre las muchas cosa que él anhelaba decirle a su hija.
― ¿Qué traes, Edward? ―Susurró Garrett a quien Edward había olvidado que estaba junto a él. Tras volver a suspirar y sin dejar de mirar a su hija, respondió:
―Quisiera… explicarle tantas cosas… pedirle perdón por lo que vio anoche y ponerla en contexto…
―Oye, esta niña te perdonó, ¿no te das cuenta?
―Soy capaz de volarme la tapa de los sesos antes de hacerle daño… ―dijo de la nada, pensando en lo que sería de su vida si alguna vez, en aquellos ataques de ira, dañaba a su hija sin querer, mismo miedo que tenía cuando pensaba en su mujer cuando había estado cerca justo cuando el diablo se apoderaba de él.
―Deja de hablar estupideces. Has estado sometido bajo una presión que a cualquier sacaría de sus casillas, no es para menos. A nadie vas a hacer daño, todos quienes te rodeamos vamos a contenerte, Edward, sabemos lo que eres y no capaz de hacer.
―Debes jurarme algo, Garrett ―de pronto se giró y se puso frente a su viejo amigo y hermano, con quien hacía pocas horas había hecho las paces. El aludido arrugó la frente y lo miró con preocupación y curiosidad―. Si yo por alguna razón llego a desaparecer, si por alguna razón no puedo estar cerca…
―Joder, Edward, qué estás diciendo ―regañó Garrett, mirando a la niña que para su alivio se encontraba abstraída realizándole un novedoso peinado a Lina.
― ¡Sólo escúchame y comprométete conmigo!
Bella, varios metros lejos pero en el mismo lugar, logró oír la exclamación de su marido, levantando sus ojos de su labor culinaria. Edward supo los ojos de su mujer sobre él y la miró por unos segundos con gesto tranquilizador, antes de devolver su vista hacia Garrett.
―Estas dos mujeres son lo más valioso que tengo y necesito saber que estarán protegidas si yo…
―Si tú qué, Edward…
―Si yo simplemente no puedo estar cerca para protegerlas. ―afirmó su mano sobre la encimera a un lado de donde su hija estaba sentada, apuñándola fuertemente. Garrett lo miró sin terminar de comprender el juramento tan críptico que le exigió Edward, como si supiera que algo iba a ocurrir que lo tendría lejos.
―Antes de prometértelo como esperas, te exigió que me digas por qué estás diciendo eso. ―contra exigió Garrett, cruzándose de brazos en una postura a simple vista firme, segura. A esas alturas, Bella había dejado del todo a un lado su trabajo con las pastas, y contemplaba el diálogo entre los caballeros, aferrando fuertemente un mantel de cocina entre sus manos, con un naciente deseo de echarse a llorar. ¿Por qué su marido estaba diciendo esas cosas? ¿A caso había algo que él sabía y que le estaba escondiendo?
Edward, otra vez sabiendo que la atención de su esposa estaba sobre el dialogo que mantenía con Garrett, se mantuvo firme, enfrentando a su amigo, que pedía saber algo que era lógico.
―Simplemente porque no puedo estar confiado respecto a todo lo que está pasando. Si me tengo que ausentar… por lo que sea y por el tiempo que sea, ¿serás capaz de velar por mi familia?
La respuesta de Edward había sido ambigua y tajante, por lo que Garrett supo que no obtendría más que eso, así que no le quedó de otra que responderle como su amigo esperaba que lo hiciera, y no porque Edward se lo hubiera exigido, sino porque para él no sería de otra manera.
―Te lo juro Edward.
Bella se mordió el labio furiosa cuando Edward, conforme con la respuesta de su amigo, desvió sus ojos hacia ella y la contempló con el anhelo de siempre, prometiéndole a través de su fiera mirada que por su vida, nada ni nadie le pondría un dedo encima ni a ella ni a su pequeña hija, la que en ese momentos exigió su atención.
― ¡Papi, bracito! ―exclamó, extendiéndole los brazos para que su padre se apresurara en alzarla y apretarla en su pecho. Garrett pestañeó y tomó su botella de cerveza a la que le dio un trago para desaparecer el nudo en su garganta, antes de volver hacia Bella y dispersar el ambiente raro que por momentos se cernió sobre la cocina.
― ¡Cómo va la pasta, cocinera! La pareja del año está por llegar, debemos apurarnos ―dijo él, abriendo la tapa de la cacerola. Bella sacudió la cabeza y se puso manos a la obra, cortando verduras sobre la tabla de madera.
― ¿La pareja del año? ¡La pareja del año ya vive aquí! ―añadió con diversión, haciendo alusión a ella y a su marido, y no a la compuesta por su tía y su suegro a la que Garrett hacia mención.
―Como sea, como sea… dejemos que los estilistas acaben de peinar a Lina y nosotros preocupémonos de cosas más importantes.
Bella sonrió, mientras Edward ahora era exhortado por su hija para ir hasta el cuarto de juegos y buscar entre la inmensa caja de muñecas a una buena acompañante para Lina y la cena de esa noche donde su abuelito y su tío Garrett estaban invitados. Edward rodó los ojos y llevó a su pequeña hija donde ella demandó.
―No puedo creer que aquí me tengas, comiendo de tu mano ―le dijo, atravesando el pasillo con la niña en brazos, que seguía hablando algo respecto a sus muñecas que tendrían en honor de acompañarlas ese día en la cena.
Estaba listo el ogro Edward Masen para afrontar lo que fuera que la vida, el destino o Dios le pusieran por delante. Tenía la lealtad de sus amigos, el cariño de su familia y el amor incondicional de sus mujeres que lo hacían fuerte y seguro.
La bruma oscura finalmente debía desvanecerse, costara lo que costara, para dejar brillar la luz con la que un día se reencontró y que ahora era eclipsada. Pero no duraría para siempre, de eso estaba seguro y podía jurarlo como que se llamaba Edward Masen, costara lo que costara salir de la oscuridad que ahora contratacaba.
●●●Comunicado para las lectoras●●●
Estimadas damas lectoras: me es difícil hacer esto, porque nunca antes me había visto en la obligación de hacerlo. Este capítulo que acaba de leer, es la tecla "Pausa" de esta historia. Hubiera deseado que los capítulos fluyeran sin dificultad para subirlos cada semana como lo hago regularmente con todas mis historias, pero algo me pasa con este ogro. Me está costando un montón terminar los capítulos y de cierta manera siento que los estoy forzando y por nada quiero que eso así sea. Honestamente, no sé cuánto me demore en actualizar, pues puede salir en un par de días o demorar semanas.
Y bueno, no quiero seguir dando excusas, pues mi padre dice que la excusa agrava la falta y yo ya me siento mal por hacer esto. No significa que vaya a desaparecer de FF o deje a un lado esta vía de escape, no. Seguiré tecleando historias, coqueteando con algunas que se están formando en mi cabeza y que espero pronto vean la luz. Yo simplemente espero me disculpen y no se enojen conmigo. La aprecio y es por eso que creo les debo una explicación.
Gracias infinitas a mi equipo de amigas que está ayudándome con estas locuras que salen de mi cabeza: Gaby Madriz, Manu de Marte y Maritza Maddox, de quienes no he recibido otra cosa que apoyo, contención y comprensión. Y a las nenas del grupo de Facebook y Whatsapp a quienes adoro, así como a quienes siguen mis historias, leen en silencio y a quienes se dejan siempre el tiempito de comentarlas, mostrándome que están aquí conmigo. Muchas, muchas gracias nenas.
Espero nos reencontramos pronto con este ogro… con quien espero reconciliarme más temprano que tarde.
Un beso.
