¡EL OGRO HA REGRESADO!
¡A LEER!
Capítulo 18
―Aún con el testimonio de la señorita Kate Anderson, las probabilidades de que Edward Masen se declare culpable por los delitos económicos, son muy bajas, señor Patterson.
Liam suspiró y se giró sobre su butaca de cuero de su escritorio hacia la ventana de vidrios polarizados que cubría casi por completo el muro detrás de él. Esto de ayudar a Elizabeth Masen le estaba costando varios dolores de cabeza e incluso poner en juego su nombre, y eso no podía suceder. Eran demasiados costos por hasta ahora nulos beneficios. Y honestamente, estaba cansado.
― ¿Señor?
―Una de mis informantes requiere reunirse conmigo para darme una información importante, y después cenaré con mi hijo. Mañana me reuniré con ustedes y les daré a conocer mi decisión.
― ¿Y qué hará con… su esposa?
―Eso ya lo veré. Pueden retirarse.
Los dos abogados se miraron, alzándose de hombros, y tras guardar sus documentos en sus respectivos portafolios, salieron de la oficina de Patterson que siguió dándoles la espalda y que no respondió al saludo de despedida que los señores le dieran antes de salir.
Pocos minutos después, la secretaria por el interfono, le dijo que una mujer vestida de enfermera lo esperaba. Él demandó hacerla pasar y que no lo molestara mientras la dama estuviera allí. Segundos más tarde entró ella mientras él se giraba de frente a su escritorio, donde la coqueta enfermera se sentó y cruzó sus piernas, las que él acarició sinuosamente sobre el muslo descubierto.
―Tengo algo que puede interesarle…
―Y yo te daré algo por eso. Dime, hermosa ―susurró insinuante, metiendo su mano más allá del borde del delantal blando que se había levantado. Ella sonrió, y se removió excitada por la mano curiosa del hombre que seguro iba a colgar de su cuello un lindo collar y le daría uno o dos orgasmos como Dios manda sobre la base de ese tan fino escritorio.
―Clarisse Masen fue dada de alta esta tarde, así que creo no podré ir más allá con lo que me pediste.
―No importa, preciosa. ¿Pero apenas esa información traes para mí?
―Oh, no. Escuché algo que puede interesarte: la madre de la niña pasó por la consulta de su ginecólogo. Yo a veces lo ayudo en algunos procedimientos, por lo que no me costó que me soltara a qué había ido ella a verlo, si tan solo por una consulta regular o… por otra cosa.
― ¿Otra cosa?
―Uhm… el ginecólogo me dijo que estaba embarazada.
― ¿Qué Bella Swan está embarazada? ¡No me digas, qué alegría! ―exclamó como si estuviera realmente alegre por la noticia, cuando en verdad en su cabeza estaban comenzando a formarse toda clase de ideas sobre lo cual sacarle provecho a esa situación. Porque, ¿qué cosas estaría dispuesto a hacer Edward Masen por salvar la vida de su esposa y su eventual retoño? ¿Ceder su porcentaje de la empresa que dirigía? Incluso él podría hacer acopio de su buen corazón y hacer que lo sacaran de la cárcel, por que no.
― ¿Son buenas noticias?
―Oh, cariño, no sabes cuánto… ―ronroneó, llegando a tocar con sus dedos el borde de sus braguitas de encaje. Ella apretó sus muslos y él sonrió encantado, suspirando y para frustración de la enfermera, sacando sus manos de debajo del atuendo de trabajo―. Pero ahora no puedo darte más que un cheque en recompensa. Si quieres algo más…
―Podemos juntarnos más tarde… o mañana… mi apartamento estaría bien. Vivo sola, con mi gata, así que…
―Bueno, tu gata y tú tendrán el placer de mi visita más tarde. Ahora necesito que bajes ese hermoso trasero de mi mesa, mi hijo está por llegar.
― ¿Es tan guapo como tú?
―Seguro lo es. Ha frecuentado el hospital y la familia de Bella, así que de seguro te lo has topado.
―Bueno ―dijo ella, saltando del escritorio. Tomó la Mont Blanc que Liam solía usar y en una hoja blanca anotó su dirección, que dejó para Liam justo frente a él― te espero entonces. Estaré ansiosa y desnuda.
―Más te vale, cariño ―respondió y la vio girarse y salir contorneando su dulce trasero, haciéndose él una idea de lo bien que iba a pasarlo entre las piernas de aquella chiquilla. Se reacomodó el pantalón que escondía su erección que se había hecho notar por la presencia de la mujer, fetiche de cualquier hombre con dos dedos de frente.
Se levantó y sacó su teléfono del bolsillo para marcarle a su hijo, con quien había quedado de reunirse esa noche como le había dicho a su visita anterior.
― ¿Hijo mío, dónde estás? ―preguntó Liam, mirándose la punta de sus zapatos italianos.
―Acabo de aparcar el coche. Ahora subo.
―Aquí te espero. ―colgó, informándole a continuación a su secretaria que hiciera ingresar la cena que había pedido.
Tres mujeres entraron con bandejas y acomodaron todo sobre una mesa redonda al otro lado de la lujosa oficina, mientras él revisaba algunas cosas en su ordenador. Fue entonces que Tyler asomó su cabeza por la puerta entre abierta, levantándose Liam para acercársele y recibirlo.
―Bienvenido, hijo mío ―palmeó su hombro y lo invitó a sentarse en el sofá mientras las mujeres acababan de arreglarlo todo―. ¿Te sirvo un trago? ¿Coñac, whisky…?
―Una copa de coñac estaría bien, gracias ―respondió Tyler, desabotonando su americana tras sentarse en el cómodo sillón de tres cuerpos.
― ¿Ha ido todo bien en tu trabajo? ―preguntó Liam en voz alta, sirviendo la copa de licor que su hijo había pedido, además de un vaso de whisky para él.
―Sí, todo en orden…―respondió Tyler, tratando de esconder su incomodidad que le suscitaba estar en ese lugar. Liam sonrió y llevó las copas, ofreciéndole una a su hijo, y sentándose junto a él para comenzar el diálogo intrascendente, mientras sus secretarias terminaban su trabajo. Cuando estuvieron solos, Liam se relajó con sus preguntas y se adentró en lo que él quería saber.
― ¿Alguna novedad sobre Masen?
―Creo que tú tienes más novedades que yo respecto a eso, ¿no?
―Puede… ―comentó misterioso, dándole un trago a su copa. Tyler, un poco harto de los jueguitos de Liam y queriendo tener un poco más de información que ayudara a Edward, soltó su frustración.
― ¿Alguna vez vas a decirme qué te traes? Siempre me haces preguntas y no me dices qué quieres en realidad.
― ¿Y qué puntualmente quieres saber, Tyler?
― ¿Vas a responderme?
―Pruébame.
"Allá voy" pensó Tyler antes de formular su primera pregunta:
― ¿Por qué accediste a ayudar a Elizabeth? ¿Qué es lo que le debes? Y no me salgas con eso de la vieja amistad, porque no te lo creo.
Liam sonrió y pensó que como todo estaba a punto de estallar, sería bueno tener a su hijo al tanto de su historia, o parte de esta. Después de todo, él estaba de su bando y se uniría como heredero de su imperio, y con los planes que tenía entre manos después de la información que le llevó la gentil enfermera y lo que él pudiera descubrir dentro del círculo de Edward Masen, sería un complemento perfecto.
―Es una vieja historia: cuando fui un adolecente trabajé para August Masen, padre de Elizabeth. Yo era un pobre diablo y él se encargó de emplearme en su empresa. Partí limpiando los pisos hasta que mi tenacidad me destacó y sobresalió de los demás, llamando la atención del viejo. Me gané la confianza del jefe que poco a poco me daba trabajos más importantes, demostrándole que podía confiar en mí de forma ciega si él lo quería. Digamos que parte de lo que tengo hoy se debe a que el viejo confió en mí y me pagó grandes cantidades por ello.
― ¿Qué tipo de trabajos?
―Trabajos… que iban más allá de ordenar archivos. Trabajos sucios con los que él no estaba dispuesto a mancharse las manos. ―recordó, quedando con su vista fija como rememorando ciertas imágenes.
―O sea que, sí te sientes en deuda con los Masen… ―comentó Tyler con algo más que simple curiosidad, porque lo que trataba de hacer era armar el rompecabezas que para él significaba toda esa historia.
―Uhm… ―volvió a beber de su vaso― algo así.
― ¿Y conocías a Elizabeth?
―Por supuesto, ¡Quién no conocía a la única heredera de August Masen! ―exclamó para enseguida quedarse pensativo, mientras recordaba la figura juvenil que aquel entonces la hija de gran empresario Masen lucía.
― ¿Entonces lo haces porque ese hombre te ayudó, porque en realidad se lo debes a él? ―volvió a preguntar Tyler, haciéndosele incomprensible que Liam pusiera tanto en juego por alguien que estaba muerto. Entonces vio la mirada del empresario, la oscuridad siniestra que hizo que el joven arquitecto se pudiera en guardia, esperando a oír finalmente las intenciones de Tyler.
―Yo a ese viejo no le debo nada ―escupió con asco, bebiéndose el resto del contenido del fuerte trago que restaba en su copa―. Muy por el contrario, es él quien dejó una deuda muy grande conmigo…
―Ahora menos te entiendo… ―insistió Tyler, sentándose casi en la punta de la silla, advirtiendo que Liam iba a soltar una gran bomba informativa, al menos para él.
―Por eso no quiero que seas un simple asalariado que dependa de alguien con el apellido Masen, ni de nadie, porque tú eres un Patterson que no le debe pleitesía a nadie.
Tyler se quedó un minuto en silencio contemplando a Liam, quien bufaba por la nariz mientras la mano que sostenía el vaso ahora vacío, se apretaba con fuerza a él, tanta o más fuerza como su mandíbula estaba siendo presionada, seguro donde rememoraba los momento más odiados de su existencia. Carraspeó entonces para hacerse notar y atrajo la atención de Liam, quien alzó las cejas y relajó su rictus. Sonrió tenso hacia su heredero y miró hacia la mesa ya dispuesta, donde los platos cubiertos esperaban por ser devorados.
Entonces se levantó, como si la declaración de hace un momento, teñida de resentimiento no hubiese existido, sonrió y extendió una mano hacia la elegante mesa.
― ¿No se te abrió el apetito? ―preguntó Liam, muy animado―. ¡Anda, no hagamos esperar más esta delicia que han pedido para nosotros!
A Tyler no le quedó de otra que seguir a Liam y ver la posibilidad de seguir adelante con la esclarecedora conversación. Algunas cosas en su cabeza estaban comenzando a tomar forma y hacía que su piel se erizara. O sea, pensaba Tyler mientras se sentaba a la mesa y ponía sobre su regazo la servilleta de lino, que la verdadera motivación de Liam todo este tiempo era la venganza contra los Masen y Elizabeth fuera de ser parte de su cometido, era su móvil.
― ¿Qué vas a hacer con los Masen?
―Primero, voy a terminar de hundir a Elizabeth y por ello su nieto me estará agradecido hasta más no poder ―hablaba con soltura mientras quitaba la cubierta plateada que cubría los platos de los cuales emanó una aroma refinado que Liam absorbió inhalando fuertemente por la nariz.
― ¿Y crees que Elizabeth se traga el cuento de que la estás ayudando…?
―Me da lo mismo lo que crea. Disfruto ilusionándola. Además, tiene tan metido entre ceja y ceja vengarse de Edward, que presiento está olvidándose de tomar providencias ―metió el tenedor en su plato de vieiras y llevó hasta su boca una buena porción de comida, cerrando los ojos al degustar el delicioso manjar, mientras Tyler miraba su plato sin un ápice de apetito después de que Liam develara sus reales intenciones.
―Te casaste con ella para hacerte cargo de los beneficios que pudieran resultar de la acusación contra Edward.
―En efecto.
―Pero es… difícil que ganen el caso… ―carraspeó deteniéndose antes de hablar más de la cuenta― eso se dice al menos. Entonces es difícil que puedas sacar provecho…
―Por las vías regulares, que son más lentas y nada seguras, es probable que no consiga nada… pero usando las tácticas adecuadas, presionando los botones correctos, moviendo a los contactos útiles, todo puede ser hijo mío, todo, incluso que yo mismo sea el accionista mayoritario de "Lux et Umbra".
―Joder... ―murmuró, pasándose los largos dedos por su cabello negro― ¿Has hecho esto antes, verdad? Conseguir lo que tienes por el lado fácil…
― ¿Y quién no lo ha hecho?
A Tyler se le revolvió el estómago al ver la soltura con la que su progenitor reconocía haber usado medios trásfugos para obtener lo que ahora no disimulaba en pavonear ante el resto. No le cabía en la cabeza como era que él podía llevar los genes y la sangre de un tipo como él. El simple hecho de saberlo le provocaba un profundo asco. Bebió un sorbo de vino y metió un poco de comida en su boca, cuando su progenitor dejó a un lado los cubiertos y se lo quedó mirando.
― ¿Qué crees que estaría dispuesto a darme Edward Masen por salvarle la cabeza a uno de sus hijos? ―preguntó Liam como si nada, haciendo que Tyler se atragantara con la comida, que aunque poca, se había llevado a la boca. El arquitecto lo quedó mirando como si en realidad no entendiera lo que acababa de decir, o como si de plano le pareciera una verdadera locura.
― ¿A qué… a qué te refieres? ―preguntó con el rostro ensombrecido de pavor, imaginándose en lo cruel que podía llegar a ser Liam.
―Edward es socio mayoritario de la compañía que se creó luego que liquidaran Masen & Co. El resto de los socios tiene una participación menor a la suya, y eso hace desear pagarme de todo lo que he hecho con parte de esa empresa, que dicho sea de paso y seguro tú concordarás conmigo, ha tenido increíbles resultados y una proyección internacional muy atractiva.
―¿Y qué tiene que ver eso con su hija? ¿Qué pretendes hacer?
―Un trato justo, eso pretendo. Oye esto: me he enterado de una fiable fuente que Edward Masen será padre por segunda vez, ¿qué te parece? ―preguntó como si estuvieran hablando de algún tema ligero y alegre, tono de jolgorio que quedó suspendido en el aire cuando Liam vio el rostro estupefacto de Tyler después que le contara la buena nueva. Entonces recordó que él intuía que algo pasaba entre la flamante esposa de Edward y su hijo. Si así era, ¿no sería una estupenda oportunidad para él y esa mujer? ―Lamento si son malas noticias para ti, hijo mío, pero…
― ¿Quieres… quieres hacerle daño al hijo que Bella espera… para presionar a Edward…. Por dinero?
―Uhm… eso suena feo ―arrugó el rostro pero enseguida sonrió burlón―. Quiero darle la oportunidad a esa criatura de crecer junto a su padre… si es que tú no me pides lo contrario. Ya tengo un plan en la cabeza que pretendo trabajar, pero…
―No hagas nada… ―susurró Tyler, mirando su plato casi intacto. Llevar la sangre de el desgraciado con el que estaba compartiendo la mesa en ese momento era una de las cosas peores que a él podía tocarle en esta vida. Verlo, en primer plano, regodearse en su poder que seguramente había obtenido a base de engaños y cosas que a él le daba asco siquiera pensar. ¡Dios! ¿Qué clase de hombre era ese?
― ¿Por qué me pides eso, hijo? ―preguntó en cambio Liam con verdadera curiosidad.
Entonces Tyler supo que tenía que poner en juego todo de sí para desviar la atención de Liam sobre Bella y su bebé. Debía salvar a la familia de Edward, sentía que se lo debía. ¿Pero cómo? ¿Cuál sería la única manera en que Liam diera un paso al costado? Ahora lo sabría, ahora sabría si eso de querer recuperar el tiempo perdido de padre a hijo era cierto o un simple discurso.
― ¿Me dices, hijo? ¿De qué tengo que enterarme? ―Insistió Liam. Entonces su mente del arquitecto se iluminó y se lanzó al vacío.
―El hijo… el hijo que ella espera… es mío.
El rostro de Liam fue un poema realmente. Absorto en la noticia, su cara quedó suspendida en el más profundo de los asombros, mientras contemplaba a su hijo quien esperaba su mentira no cayera a pique, pero por la reacción de Liam, parecía haber hecho un buen trabajo, pese a que aquello se le ocurrió en el momento y bajo presión.
Retorció los dedos en la servilleta que mantenía sobre sus muslos, evaluando el rostro del hombre frente a él cuando vio algo que lo hizo arrugar la frente con extrañeza. ¿Era idea suya o el rostro sorprendido que hace unos momentos dominaba el rostro de Liam, ahora parecía emocionado?
― ¿Me estás diciendo… me estás diciendo que tú y la esposa de Edward son amantes? ―preguntó casi susurrando, sin darle tiempo a su hijo de contestar― ¿Y que… de esa relación ella quedó embarazada… de mi primer nieto?
"Ay, Dios, no quiero saber lo que Edward sería capaz de hacerme cuando sepa lo que fui capaz de decir de su esposa".
―Algo así… ―susurró con vergüenza.
― ¡Ya sabía yo! ―exclamó, golpeando la mesa con profunda dicha, celebrando varios hechos a la vez: que su hijo no le hubiera importado nada y hubiera conseguido involucrarse con una mujer que para el mundo era prohibida, que para fortuna suya se trataba de la esposa de Edward Masen, heredero directo de todo el odio que él le tenía a la familia, y además de todo eso y lo más importante, era que lo haría abuelo… por primera vez.
—Cómo… cómo que sabías… ―quiso saber Tyler, un poco perdido.
― ¡Era lógico! La forma en la que hablabas de ella, de cómo siempre has estado a su alrededor, de tu hostilidad cuando hablas de Edward… ¡era obvio!
Tyler tragó grueso y no hizo más comentario. Lo que Liam había visto era algo que se había inventado, porque él no sentía ninguna clase de animadversión por Edward, muy por el contrario. Si había dado luces de no llevarse bien con Edward era precisamente para que Liam creyera que estaba de su parte y pudiera soltar sus planes, como lo había hecho hace poco. Y qué decir sobre lo que decía de sus sentimientos por Bella. Vale, al principio cuando se cruzó por primera vez con ella en el pasillo del baño le pareció una mujer atractiva, y de la que pensó que cualquier hombre con dos dedos de frente se enamoraría rápidamente de ella, con su belleza que refulgía de la hermosura en su interior. Claro, todo esto antes de saber que era la esposa de Edward, porque después de saberlo, dio un paso atrás. Además, ahora estaba con Linda, quien en ese momento debía estar a punto de tener un ataque de nervios.
―Bueno, bueno, entonces olvidémonos de hacerle daño a mi futura nuera ―se frotó las manos y miro con la dicha a su hijo―. ¡Dios, no sabes lo alegre que me has hecho con esta noticia!
―Puedo verlo… ―comentó contrariado y confundido por la reacción de Liam, que pese a todo parecía realmente contento de saber que sería abuelo, fueran cuales fueran las circunstancias. ―Solo espero que cumplas tu palabra de no hacerle daño…
―No les haré daño, pero me muero por ver destruirse a Edward cuando sepa la noticia.
―No harás nada, no le dirás nada sobre esto. Dejarás las cosas como están, yo soy quien debe encargarse de eso.
―No haré tal cosa, no te dejaré a la deriva frente a ese tipo. Quitaré a Edward de tu camino…
―Eso no es necesario…
― ¡¿No es lo que quieres?!
―Quiero… hacerlo a mi manera.
Liam inspiró y vio su propio orgullo reflejado en la mirada firme de su hijo, que en ese momento vio tan parecido a él, llenándolo orgullo y pensando en el brillante futuro que lo esperaba, que él le daría.
―No puedo meterme las manos en los bolsillos y esperar. Estoy con un asunto entre manos, que podría dejar en la cárcel a ese estúpido nieto de Elizabeth si me lo propongo, pero quiero más que eso.
― ¿Puedo saber por qué te ensañas con Edward si tu odio es contra el padre de Elizabeth…?
―Porque tuvo la desdicha de llevar el apellido que lleva. Pretendo hacer desaparecer a todo el sucio linaje Masen, partiendo por la vieja. Y lo haré, Tyler. ―sacudió la cabeza, sacudiendo también el semblante severo y feroz que lo dominaba cuando hablaba de la descendencia de August Masen. Pero ya se le ocurriría algo para sacar provecho y hundir a Edward.
Entonces sonriendo, sacó su teléfono móvil del bolsillo y le marcó a su asistente, pidiéndole que le hiciera llegar al instante la mejor botella de champaña, pues tenía algo que celebrar. Tyler inspiró y muy despacio dejó escapar el aire de sus pulmones. Después de escapar de esa especie de prisión en la que sentía se encontraba, tendría que ir donde Bella y decirle lo que había pasado. Luego a ella y al resto los pondría al día de las suculentas averiguaciones que había descubierto esa noche y los planes que Liam tenía contra los Masen.
*o*
A esa misma hora, los abogados y amigos de Edward estaban reunidos en su casa acompañando a Bella, la que estaba un poco más tranquila dentro de lo que se podía decir, después que las cosas con Clarisse ya se habían normalizado y la pequeña, ahora con algo más de ánimo, estaba cumpliendo su convalecencia en casa, cuidada y rodeada por la gente que la amaba y lejos de la pieza de hospital.
Según todos allí, era una soberana estupidez que el juzgado hubiese admitido la reapertura y posterior investigación del caso malversación de fondos, cuando todas y cada una de las pruebas reafirmaba la culpabilidad de la vieja urraca y dejaba libre de culpa a Edward. Lamentablemente, si al juez se le ocurría seguir hasta el final con esto, sería solo una pérdida de tiempo y una experiencia más que Edward tendría que sumar en sus treinta y cinco años de vida. Pero por más bien librado que fuera a salir de todo aquello, él no se quedaría tranquilo, arremetería contra Elizabeth… y eso
―Se ha llamado a declarar a varios testigos antes del próximo juicio como el síndico de quiebra, algunos de los empresarios que hicieron negocio con "Masen & Co", algunos de los que desistieron, incluso Garrett y Damián fueron "invitados" a dar testimonio para el caso. Los que hicieron trato directo con Edward en representación de la empresa, no tienen nada que decir, salvo lo transparente que fue Edward antes de cerrar los tratos. Algunos admiten que tuvieron reuniones con Elizabeth y desde ahí declinaron de asociarse a ella, por los detalles poco claros y que eran de beneficio unilateral hacia ella. De eso yo mismo puedo dar fe, cuando me reuní con ella como representante de la empresa de Damián ―comentó James, cruzando el talón derecho sobre la pierna izquierda, acomodándose sobre el sofá de felpa del sala de la casa de Bella y Edward.
Bella asentía, deseando sentirse más tranquila, pero algo dentro de ella le decía que no podían bajar la guardia, por muy confiados en ganar que estuvieran los abogados… aunque de ellos, la única mujer del equipo profesional, Rosalie, se mantenía con semblante pensativo, como si los engranajes de su cabeza estuvieran funcionando a toda velocidad.
―Ahora, tenemos que asegurarnos de que van a mandar de regreso a la sombra a la vieja, ―decía Emmett― sobre todo después que exijamos volver a realizar los análisis psicológicos, que claramente Patterson alteró para sacarla de la cárcel.
―Edward amenazó en llevarla él personalmente si la justicia no lo hacía… ―recordó Bella, aludiendo a las palabras de su ogro marido. Emmett la miró y sonrió.
―Por supuesto…
― ¡Dios! perdonen lo mal anfitriona que he sido, ¿les puedo ofrecer café, alguna bebida…?
―Tranquila Bella, y creo que una ronda de cervezas… y algo para picar, digo, si no es mucha molestia ―pidió Emmett, sobándose la barriga.
Bella sonrió y asintió, levantándose de su lugar, y girándose hacia Rosalie que estaba con la vista fija en una planta de interior que ya hace bastante rato había llamado su atención. Bella ocupó el pretexto de pedirle ayuda para traer los refrigerios a modo de poder sacar la información que Rosalie podía tener. La rubia sacudió su cabeza y asintió, levantándose para acompaña a Bella. Una vez en la cocina, la dueña de casa le lanzó sus inquietudes a la abogada:
― ¿Por qué has estado tan pensativa? ―preguntó, afirmándose sobre la encimera de granito negro― ¿Está pasando algo que no quieren decirme? ¿Algo malo?
―No, Bella ―respondió Rosalie, con su entrecejo arrugado por lo extraño que le parecían los cuestionamientos de Bella―. Lo que los muchachos dijeron es la verdad, y es seguro que Edward salga de la cárcel sin culpas. Patterson está pisando sobre una zona pantanosa y puede salir fácilmente perjudicado de todo esto. Además, con las investigaciones que tengo en curso…
― ¿Investigaciones? ¿Qué tipo de investigaciones?
Rosalie suspiró mientras Bella la miraba con sus ojos verde miel muy abiertos, expectantes. Entonces la abogada esposa de Emmett suspiró y relajó sus hombros, jugueteando con los mechones de su cabello rubio.
―Investigaciones que me han hecho descubrir cosas muy interesantes… ―se limitó a contestas con un dejo de misterio, mientras quitaba una pelusa imaginaria de la manga de su blusa rojo sangre.
― ¿Esos resultados van a sacar a Edward a la cárcel?
― ¡Claro que lo harán! Y no solo eso, sino que mandará a Elizabeth de regreso a la sombra y puede que a Damián lo envíe a pasar una temporada allí, con bombos y platillos, como un rockstar como él se lo merece ―guiñó el ojo y sonrió con picardía. Luego alzó los hombros y se dispuso a poner sobre una bandeja las copas para las cervezas―. Estoy investigando todavía, pero voy por buen camino y te aseguro que tu esposo estará libre más temprano que tarde. Incluso si sobre lo que estoy investigando no sirviera de mucho, Edward de todas formas saldría, por lo que le oíste decir a Emmett y James allí afuera.
―Quiero ayudarte, Rosalie, por favor… ―con vehemencia dijo la esposa de Edward, acercándose a Rose e interrumpiendo su trabajo con la bandeja―. Siento que he estado con las manos cruzadas y eso me hace sentir frustrada. Quisiera ayudar con algo más…
―No has estado de brazos cruzados, Bella, ¡Por Dios! ―protestó Rosalie―. Además, al ogro de tu marido no le gustaría saber que estas en medio de todo…
―No tiene por qué enterarse ―se apresuró en responder. Rosalie estrechó su verde mirada y enseguida sonrió con complacencia.
―Vale. Daremos de comer a los trogloditas allí afuera y te comentaré de qué va mi investigación.
―Gracias Rose.
Cuando las mujeres regresaron al salón, Emmett leía seriamente un mensaje en su teléfono móvil que le había llegado en ese momento, mientras James apretaba el puente de la nariz mientras oía lo que su colega leía en voz alta.
― ¿Sucedió algo? ―preguntó Rosalie, dejando una bandeja sobre la mesa de centro. Bella que había preparado sándwiches para acompañar la bebida y capear un poco el hambre de los varones, dejó también la charola con comida a un lado y puso atención a lo que Emmett diría. El estómago de la pobre esposa de Edward se revolvió cuando vio el rictus serio, o más bien molesto tanto de James como de Emmett.
―Un mensaje de Tyler. Está reunido con Liam todavía, pero advirtió que tiene algo importante que decirnos…
― ¿Eso es todo?
―Sí. Presumo que está enviando el mensaje a escondidas del viejo… pero no sé… de pronto estoy preocupada.
― ¿De qué? ―preguntó Rosalie, poniéndole la mano sobre el hombro a su marido, mientras este volvía a leer el mensaje en voz alta:
―Dice: "Necesito urgente una reunión. He descubierto asuntos importantes de trascendencia que quizás puedan ayudarnos. Pero necesito hablar de un asunto serio con Bella. Saliendo de aquí te llamo para coordinar" ―suspiró y bloqueó el teléfono, mirando a Bella que cruzada de manos, mordía su labio y arrugaba su frente, preguntándose qué sería aquello que Tyler averiguó y sobre qué iba aquello de hablar con ella.
― ¿Bella, te sientes bien?
― ¿Uhm? ¿Yo?... si, creo que sí, ¿por qué lo dices?
―Estás pálida, y tienes ojeras. Si la próxima vez que tu marido te vea te encuentra así, hará caer las penas del infierno sobre nosotros. Prometimos cuidarte.
―Ustedes ya han hecho demasiado. No sé cómo… pagarles.
―Los amigos no cobran por los servicios, Bella. Simplemente están, siempre, en las buenas y en las malas, como nosotros.
― ¡Anda Bella! ―Rosalie caminó hasta la esposa de Edward, ahora emocionada y agradecida, a quien tomó del brazo y la acomodó en el sofá, entre ella y James, sacando un vaso de té helado para ella y uno de los sándwiches de atún que habían preparado para ellas―. Comamos y relajémonos un momento.
―Está bien ―inspiró y sonrió a los tres abogados, quienes habían comenzado a comentar algún tema relajado, para aligerar el ambiente y ayudarla a ella a calmarse.
Una hora más tarde, Tyler apareció en casa de Bella y Edward, pareciendo cansado, con semblante de quien ha debido atravesar una odisea para llegar allí. Su cabello negro estaba revuelto y su rostro era pálido, incluso preocupado, cuestión que disparó la ansiedad de Bella, que fue quien lo recibió en casa.
― ¿Tyler?
―Yo… ―Tyler cerró los ojos y al volver a abrirlos, no pudo aguantarse, acercándose a ella y abrazándola, mientras le pedía disculpas. ―Perdóname, Bella, pero debía hacerlo…
― ¿Qué tienes, Tyler? ¿Por qué me estás pidiendo perdón? ―susurró ella, asuntada, aun envuelta en los brazos fuertes de Tyler― ¿Me dices que ocurre, Tyler?
Entonces él se apartó y declinó entrar a la casa, donde sabía el resto lo esperaba, pero como le dijo a Emmett en el mensaje, debía hablar con Bella primero. Entonces, alzando la mano hacia un asiento de metal que había en el jardín delantero de la casa, aceptando Bella la implícita invitación.
A pesar que era de noche, pasadas las diez, no hacía frío, más bien el aire estaba cálido, apto al menos para una charla a la luz de la luna. Los rosales en flor del jardín expelían un aroma delicado y relajante, que poco efecto hacía entre Tyler y Bella, que ya estaban instalados en el banco.
―Yo… vengo de una cena con Liam.
― ¿Pasó algo? ¿Supo que nos estás ayudando?
―No, no… no se trata de eso.
―¡Dios, Tyler, si no me dices qué ocurre…!
―Liam sabe que estás embarazada. ―Bella, pestañeó lento y por instinto puso sus manos sobre su barriga plana, mientras Tyler seguía adelante con la explicación―. Alguien, alguna de las enfermeras seguro, estaba pasándole información, no sé quién. Yo… ejem, yo también lo sabía, pero no porque alguien me lo hubiese contado, sino que por casualidad oí cuando lo hablabas con tu tía.
―Que tú te enteraras no importa, Tyler ―tragó grueso antes de continuar―, lo que me asusta es que Liam lo sepa…
―Él no te hará nada, yo se lo pedí. Quiere congraciarse conmigo y siento que haría cualquier cosa que le pidiera.
― ¿Entonces… por qué me pides perdón?
―Por lo que le dije para que no… para que se olvidara de ti y del hijo que esperas ―la miró unos segundos con ojos arrepentidos, volviendo su vista a algún punto del oscuro suelo―. Le dije lo primero que se me ocurrió, algo que efectivamente lo alejara de querer tenerte como móvil de coacción. Le dije que el hijo que esperabas, es... mío
― ¡¿Qué tú qué cosa?! Pero… pero Tyler, tu y yo nunca…
―Eso lo sé, Bella, lo sé ―exclamó con frustración, golpeando sus muslos―. Edward va a querer partirme la cara en pedacitos cuando sepa, pero fue lo primero que se ocurrió.
―Dios mío… ―gimió Bella y se cubrió el rostro con ambas manos, inclinándose hacia adelante. Tyler la miró y ni siquiera se atrevió a levantar una mano para golpear su hombro, ni siquiera se atrevía a mirarla, por lo que giró la cara de lado contrario hacia donde ella se encontraba
―Qué vergüenza, Bella… ―en tono más que apenado susurró pensando que el pesar de ella era por la infame mentira que había lanzado, por ello siguió explicándose―. Dios… tendría que haberlo pensado mejor, pero… ¡Maldición! Imagino cómo debes sentirte por que él crea eso, sobretodo conmigo…
―Tyler ―el joven arquitecto tensó sus músculos cuando sintió el ligero toque de la mano de Bella sobre su antebrazo. Había dicho todo ese discurso con el rostro vuelto hacia el otro lado, por lo que el toque aquel lo sobresaltó. Lentamente giró su cabeza y se encontró con los ojos acuosos de Bella, mirándole con algo que distaba mucho de parecer un reproche―. ¿Crees que estoy enfadada contigo? ¿Cómo podría después de todo lo que has hecho por nosotros, incluso ponerte en peligro? Lo que dijiste lo hiciste para resguardarme, y es algo que Edward hubiera hecho o que hubiera exigido que hicieran.
Yo no siento sino agradecimiento por tu ayuda en todo esto ―agregó ella, tomándole las manos al arquitecto, a quien súbitamente se le cerró la garganta― Lo que me preocupa es lo que ese hombre puede llegar a hacer… y estoy confundida, no entiendo qué motivo tiene él para hacer todo esto, no puede ser que lo haga solo por ayudar a Elizabeth…
―No Bella, no es solo por eso.
― ¿Has descubierto algo más? ¿Por eso pediste hablar con Emmett?
—Sí, pero antes de decirles lo que pude averiguar, era necesario hablar contigo, no sé si ellos están enterados de tu embarazo…
―Ni siquiera Edward lo sabe ―admitió con mucha pena, alzando la vista hacia la luna redonda que refulgía en el cielo― hubiera deseado que esta vez las cosas fueran de otro modo, normal, ¿sabes?
Bella recordaba el momento que supo que estaba esperando a Clarisse, cuando Edward se negaba a tener hijos y ella por un error de cálculo en la medicación anticonceptiva, quedó embarazada. La tensión alrededor de ella no era menos que en aquel momento, por eso hubiera deseado que las cosas fueran diferentes ahora, pero no lo eran.
― ¿Quieres omitir el embarazo ante el resto?
― ¿Uhm? No… seguramente querrán poner en aviso a Edward también.
―Bueno, pues, es mejor que vayamos adentro y hable con los demás. Seguro están ansioso por oír lo que tengo que decirles.
Al entrar ambos a la sala donde Rosalie, Emmett y James aguardaban, apenas Tyler tuvo tiempo de tomar asiento cuando Rose ya estaba exigiendo que hablara. Tyler, con lujo de detalle reprodujo la aclaratoria cena con Liam, soltando desde el origen del deseo de venganza de Liam Patterson. Los abogados oyeron con silencio y una exclamación colectiva se oyó cuando agregó sobre los planes del viejo sobre presionar a Edward a través de su esposa, Bella, y el hijo que ella esperaba. Los abogados miraron a Bella, pidiendo confirmación, la que no demoró en aparecer a través de unos asentimientos de cabeza por parte de ella. Por cierto, atónitos los dejó la intervención de Tyler para proteger a Bella y su bebé, asumiendo la presunta paternidad y admitiendo una relación con Bella.
―Estoy armando el rompecabezas ―comentó Emmett luego que Tyler acabara de hablar―, Liam hará creer a la urraca que está haciendo todo para ayudarla a darle su merecido a Edward para cobrarse venganza… pero en realidad no lo está haciendo.
―Y cuando Elizabeth sienta que está saboreando la venganza, Liam arrojará la decepción a la cara de la vieja, la reenviará a la cárcel, enlodará aún más su nombre si es que se puede ―Añadió Rosalie, agregando―. ¿Pero lo está haciendo simplemente por una gratificación moral?
―No. Él se está vengando contra la familia Masen, y como sea Edward es un Masen, por lo que le toca su ración ―explicó Tyler con toda la claridad que le fue posible―. Además, quiere poder poseer lo que tiene, me habló de la empresa en la que él es socio mayoritario, por eso estaba dispuesto a usar a Bella a cambio de darle lo que quiere.
― ¡Pero es una sociedad! Garrett, Jacob, Damián y Edward son los dueños, incluso yo tengo una participación ―dijo Emmett, sin llegar a encontrarle el sentido― tendría que…
Todos se miraron al dejar Emmett la frase en el aire. A Bella se le pudo la piel de gallina, mientras los abogados se miraron unos a otros. Siempre lo habían sabido, pero tener la constatación del hecho que Liam podía usar artimañas sucias para sacar provecho económico de todo eso, los ponía en riesgo, a todos.
―Habrá que redoblar la seguridad y seguir trabajando en esta línea. Se acerca el segundo juicio donde esperamos cerrar el caso malversación y sacar a Edward de la cárcel. Con lo que tenemos, tendrán que fallar a nuestro favor.
―Al menos vamos un paso delante de Liam ―comentó James, mirando enseguida a Tyler― por cierto, gracias.
―Ahora, lo mejor sería que mañana a primera hora fuéramos a ver a Edward y lo pusiéramos al tanto de todo ―miró a Bella, dando a entender que tanto él como ella tenían cosas importantes que decirle, a lo que Bella asintió estando de acuerdo.
Y eso fue lo que hicieron. Emmett salió muy temprano al recinto donde seguía Edward encerrado, una celda un poco más decente de la que estuvo antes de caer al hospital con su colapso nervioso. Al menos esta celda era blanca, y tenía una ventana que daba al patio interior del recinto. La cama era un poco menos dura pero igual de pequeña, y lo mejor era que los barrotes habían desaparecido, ahora se trataba de una especie de cuarto, con muros y una puerta de acceso, la que se encontraba siempre cerrada. Su traslado después del hospital hasta ese lugar fue gracias a que tanto James como él habían logrado asustar a las autoridades del recinto, a quienes exigieron ubicar a su defendido en un lugar más confortable. Edward estaba en prisión preventiva, no era un presidiario declarado culpable, además había sufrido un problema de salud grave, que podría haber sido evitada si él pudiera haber tomado su medicación diaria como era debido.
―Usted pone a mi cliente en un lugar decente, o lo haré famoso. Su rostro saldrá en cada canal de televisión de este país cuando la noticia de que el recinto penitenciario que usted dirige, señor usía, cometió una gran falta contra uno de sus usuarios, un hombre con el peso económico y social tan potente que hará caer sobre usted una demanda tan grande que incluso usted podría tomar su lugar en esa celda si no hace algo, así que…
Fue todo lo que Emmett necesitó decir para que el director del recinto lo reubicara hasta que sacara a Edward de la cárcel. Por supuesto, entre otros privilegios, Edward podría recibir la visita de sus abogados y de sus más cercanos, como su padre y su esposa, la que en ese momento lo acompañaba. Ella dejó que Emmett hablara con él primero, dejando que el abogado se dirigiera a la sala de visita donde lo vería ella unos momentos más tarde, y donde le daría la noticia que esperaron recibir ambos ya hace algún tiempo: la llegada de su segundo hijo.
―Te ves mucho mejor, Edward ―exclamó Emmett cuando el ogro ingresó a la pequeña sala celeste en cuyo interior apenas había una mesa cuadrada y cuatro sillas, iluminada por una potente luz de alógeno. Por supuesto el ogro gruñó al comentario de su amigo y se dejó caer sobre la silla de madera, cruzando sus brazos. Llevaba puesta una camiseta negra de mangas largas y unos jeans del mismo color, ropa que Bella había hecho llegar para él. Incluso un libro le hizo llegar, pero él no estaba para leer extrañas historias de amor… aunque cuando hojeó el libro, no pudo evitar añorar la presencia de su mujer cuando seguro ella misma había subrayado parajes románticos o citas melosas que a su pesar, lo hacían suspirar.
―Joder, Emmett, dime que traes buenas noticias… ¡estoy harto de estar en este lugar! ―exclamó Edward, afirmando sus codos sobre la mesa mientras sus dedos se perdían en su cabellera, ahora más larga de como habitualmente la usaba. Ni de rasurarse había tenido ganas, por lo que parecía un verdadero naufrago.
―Te traigo de todo un poco. ―Emmett pasó la mano por la solapa de su traje de tres piezas negro mientras hablaba―. Tyler ayer tuvo una esclarecedora reunión con Liam…
― ¿Averiguó algo más?
―No solo eso, averiguó cuál es la motivación de Patterson, y en resumen, ese hombre le tiene un odio profundo a tu familia… me refiero a los Masen, partiendo desde el patriarca, August.
Edward arrugó la frente. Poco sabía de ese hombre, pero por lo que había averiguado alguna vez, el maldito fue un verdadero tirano, cuestión que no le pareció extraña en absoluto.
―Que todo esto lo está haciendo por conseguir algún beneficio económico no es novedad para nadie ―meditó Edward en voz alta― aunque es poco probable, incluso si llegó a quedar como cómplice y se me haga pagar una indemnización, eso apenas sería algo a lo que ese tipejo desearía. Presumo que soy parte de su lista negra por llevar su apellido, pero con la vieja…
―La está ilusionando, Edward, contigo aquí adentro, con su nombre en periódicos que la hacen ver como una blanca paloma… para después volver a hacer llenar los periódicos con titulares que la dejen peor de cómo estaba. La hizo aparecer ante todos como loca, la hizo dejar que alguien más tomara el control.
― ¿Y crees que Elizabeth es estúpida?
―Bueno, sí…
―Me refiero a que no me trago eso de que está dejándolo todo ciegamente en manos de ese hombre… ―meditó Edward, rascándose la barbilla. Él podía asegurar a pie junto que la urraca de Elizabeth tenía también un plan entre manos, por si a Liam se le ocurría traicionarla.
―A quien ella buscó porque sabía que la fortuna de ese hombre nació gracias a la ayuda que August Masen le dio. Ella cree que Liam se siente un poco en deuda, lo que no sabe es que lo que él quiere es vengarse… y tomar todo lo que esté a su alcance. Le hizo saber a Tyler que tiene los modos de hacerlo, así como consiguió reabrir el caso y meterte aquí.
―Maldita alimaña, hijo de la gran puta…
―Hicimos redoblar la seguridad allá afuera, incluso solicitamos que alguien en cubierto siguiera los pasos de Tyler.
―¿Por qué redoblaste la seguridad? ¿Pasó algo?
―Liam pretende quedarse con lo que más pueda, y tiene a "Lux et Umbra" entre ceja y ceja ―explicó el abogado, con toda la calma que fue capaz.
―Es una sociedad cerrada, las acciones no están a la venta…
― ¿Crees que ese tipo va a querer adquirir una partecita de la empresa a través de las vías legales y normales?
― ¡Mierda!
―Ahora, voy a contarte algo, pero debes tener en cuenta que todo está bajo control, ¿lo entiendes? ―expuso el abogado amigo del ogro en forma de advertencia. Edward arrugó el entrecejo, preocupado, porque Emmett siempre que se daba tantas vueltas, era porque algo preocupante estaba ocurriendo.
―De qué se trata… ¡Habla de una vez, Emmett!
―Ejem… ―Emmett pasó la mano por el cuello abierto de su camisa blanca, que de repente sentía comenzaba a apretarle―. Liam había pensado en presionarte a que le dieras… lo que tienes…a cambio… ejem… a cambio de tu esposa…
Edward torció la cabeza y los músculos de todo su cuerpo se tensaron. Cerró sus ojos y sintió el miedo correr como agua helada por sus venas. Su temor, la más cruel de sus pesadillas estaba a portas de acabar con él, con su cordura con su vida. El miedo de que les pudieran poner las manos encima a su mujer y su hija, que era todo lo más valioso que él tenía, el motor de su vida… y él en ese lugar sin poder ponerse en frente para defenderlas.
―No por Dios… no por Dios… ―se lamentaba Edward bajando la cabeza hasta que su frente quedó pegada sobre la mesa. Emmett, preocupado, extendió su brazo y tocó el hombro de su amigo.
― ¡Ey amigo, cálmate! ¿Recuerdas lo que te dije al principio, que estaba todo controlado?
― ¡Pues no me digas! ¡Me has dejado de lo más tranquilo! ―exclamó con ironía, enseguida se puso de pie y estalló, sacando a relucir al ogro en el peor de sus estado ― ¡Me dices que mi mujer está en peligro porque ese hijo de puta…! ¡Dios, ni siquiera puedo decirlo…!
― ¡¿Me oyes, Edward, por favor?! ―exclamó ahora Emmett levantando la voz y moviendo la cabeza hacia la silla desde donde el ogro se levantó, no quedándole de otra que volver a sentarse, cruzarse de brazos y con ojos ardiendo en rabia, mirar a su amigo que le dijera lo que sea que iba a decirle.
―Mierda, mierda…
―Te dije que estaba bajo control, porque Tyler se encargó de eso ―habló con calma para hacer que Edward se relajara, pero el ogro nada que cedía, por lo que el abogado continuó―. Liam quiere congraciarse con su hijo y haría cualquier cosa que él le pidiera. Bueno, Tyler le pidió que no hiciera nada contra de Bella… porque le dio a entender… ―"Ay diosito, que la divina providencia nos proteja" rogaba Emmett, temiéndole más a la reacción de ese hecho que al pequeño estallido de hace un rato―, Tyler le dio a entender que… o sea, se lo dijo para ayudar, ya sabes…
―Emmett ―interrumpió Edward― deja las vueltecitas y dime de una puta vez que le dijo el arma casas al hijo de puta ese…
―Bien, allá voy: Tyler le pidió a Liam que no le hiciera nada a Bella, porque le dio a entender que ellos dos… que ellos dos tenían algo…
― ¿Algo? ¿Algo como qué?
― ¡Dios, Edward, eres jodidamente, obtuso! ¡Le dio a entender que eran amantes!
Los brazos de Edward se descruzaron muy lentamente, a la vez que su espalda tocó el respaldo de la silla, sin que sus ojos dejaran los de Emmett, quien lo evaluaba y esperaba la reacción. Esperaba que se levantara y comenzara a desquitarse con la silla quizás, mientras lanzaba contra Tyler las maldiciones del infierno, pasando por alto que el arquitecto lo había dicho por ayudar. Por eso, para Emmett fue sorpresivo, e incluso chocante oír cómo las carcajadas de Edward comenzaron a brotar de su pecho, como si él le hubiera contado un muy buen chiste.
Emmett se rascó la cabeza, mientras Edward se reía, hasta que las carcajadas cedieron. Cuando eso sucedió, Edward negó la cabeza con aun el sus labios resquicios de sonrisas.
―Qué imaginación tiene ese arma casa… ¡Ay Dios! ―se restregó los ojos y en un segundo volvió a poner el rostro serio y osco, para Edward tan normal―. Dile al arquitecto ese que agradezca que esté encerrado, o no hubiera demorado en ir a partirle la cara por estar difamando a mi mujer, porque ni siquiera en sus tristes sueños ellos podrían tener algo. Dale ese recado, Emmett.
―Lo haré, ¿pero entiendes que él lo hizo por ayudar? Liam se tragó el cuento entero y se puso feliz. Y Tyler está tranquilo porque gracias a eso Bella y tu hijo están…―cubrió rápidamente la boca con su mano, dándose de palos mentales por ser tan bocaza. Había prometido a Bella dejar que ella le diera la noticia, pero él había dicho algo y Edward lo notó enseguida.
― ¿Mi hijo? ¿Se refiere a Clarisse? ¿Está ella bien?
―Mira, confórmate con saber que tu esposa está resguardada, que no me extrañaría que incluso Liam le diera aviso a su gente sobre no tocarle un pelo…
― ¿Emmett?
―Pero el resto sigue con resguardo, no vamos a dejar puntos ciegos― continuó, ignorando el rostro expectante de Edward, que lo siguió con la mirada cuando el abogado se puso de pie, dispuesto a salir―. Y está todo casi listo para sacarte de aquí. Lo haremos seguro en el próximo juicio, así que tranquilo…
― ¡Emmett, maldita sea!
―No quiero echarme encima toda la hora de visita, o la siguiente persona no podrá pasar a saludar…
― ¿La siguiente persona?
―Regreso en cuanto tenga algo ―hizo un saludo militar de despedida y golpeó la puerta, la que fue abierta por los custodios, que volvieron a cerrarla, dejando dentro del cuarto a Edward, que estaba a punto de comenzar a subirse por las paredes, hasta que Bella atravesó el umbral y le regaló una tímida sonrisa en saludo.
Su mujer, su hermoso demonio, apareció con un vestido azul de manga tres cuartos, que llegaba hasta la rodilla y que iba atado a su cintura con un delicado cinturón negro de charol, como sus zapatos. Su cabello iba suelto y muy bien peinado cayendo tras sus hombros. Su maquillaje era ligero, como solía usarlo y apenas entrar el ogro pudo sentir el aroma de su perfume de rosas inundar la pequeña habitación.
El ogro se levantó de un salto y en cuestión de un segundo la tuvo envuelta entre sus brazos, hundiendo su rostro en su cabello y absorbiendo su aroma, el aroma que lo calmaba y que lo hacía olvidarse de todo lo demás, aunque fuera por unos segundos.
Ella en tanto dejó escapar un largo suspiro y abrazó fuerte a su marido, dejándose envolver por él. Era tonto decirlo, pero pese a estar en una sala de visita en un recinto penitenciario con su marido privado de libertad, ella estaba feliz. Feliz de estar con él.
―Dios, mujer, estoy harto de dormir solo… ―murmuró el ogro con su rostro aun escondido en el cabello de su esposa―. No sabes cómo te extraño.
―También yo ―admitió ella, apartándose de su marido, deteniéndose en observar su rostro detrás de esa barba que crecía con rapidez, pero que no hacía menguar su atractivo―. Pero los muchachos dicen que falta poco para sacarte de aquí. Hablaron de patearles el culo a los otros, ya sabes.
―Más les vale hacerlo con estilo… ―murmuró él, pegando sus labios a los de ella, dejándose llevar por la candidez de esa boca tan bien conocida, la única que iba a besar por el resto de su vida. Eso lo hizo recordar una cosa―. Ya supe lo que dijo Tyler… ¡¿Qué demonios se cree, eh?! ¡¿No se le pudo ocurrir nada mejor, algo más creíble para "protegerte"?!
― ¿A caso tu no hubieras hecho lo mismo… cualquier cosa para protegernos?
Edward suspiró y admitió que tenía razón. Le debía varias a Tyler, que había demostrado ser de confianza para él. Entonces recordó una cosa que Emmett dijo, antes de salir arrancando.
― ¿La niña está bien? Me dijiste la vez pasada que ya estaba en casa, recuperándose, ¿ha pasado algo? Emmett dijo que Tyler había hecho eso para protegerte, y proteger a mi hijo… ¿se refería a Clarisse?
―No, no se refería a ella…
― ¿Entonces?
Bella, un poco nerviosa, pegó sus manos a los pectorales de su marido y lo miró mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas. Sin decir nada Edward lo entendió todo, supo lo que los ojos emocionados de su mujer estaban tratando de decirle, y una emoción similar a la de ella inundó su pecho.
― ¿Ya? ―susurró Edward con las palabras apenas saliendo desde su garganta. Ella mordió su labio y asintió ahora sonriendo. Entonces él cerró los ojos y volvió a atrapar a su mujer entre sus brazos, absorbiendo esa dicha de la que era parte. Su familia se estaba agrandando y él estaría allí para procurar velar por la seguridad de los suyos, de los que amaba.
Bella se sentó con él frente a la mesa y le contó cómo se había enterado. Lo oyó gruñir cuando ella le contó lo del desmayo, pero ella pasó eso por alto prometiéndole que se estaba alimentando bien, ahora que la niña estaba mucho mejor. También le dijo lo que había hablado con Tyler el día anterior y cómo él se había enterado, advirtiéndole a Edward que antes de ponerse a criticar lo que el arquitecto hizo, debía agradecer la manera en que estaba interviniendo para ayudarlos.
―Liam se tragó el cuento de que… el hijo que esperas en realidad es de… el arma casas ese… ―murmuró, jalándose el cabello para controlarse. ¡¿Cómo se atrevía ese arma casas?!
―Edward…
―Y por eso Liam dio un paso atrás de ir contra tuya para agarrarme.
—Así es ―asintió ella, continuando con su relato y pasar por alto los gruñidos de su marido.
Le contó también, sin querer, sobre su charla con Rosalie y la idea de ayudarla con las investigaciones. Eso ciertamente no alegró al ogro:
―Tú no harás eso, mujer ―explotó el ogro, otra vez―. Te quedarás en casa a cuidarte y cuidar a nuestros hijos, a Clarisse y al que ahora llevas allí adentro, y no harás estupideces…
―No son estupideces y no me pondré en peligro ―contradijo ella, poniéndose firma en su lugar.
― ¡Joder, demonio!
―Escúchame, solo seguiremos una línea de investigación que Rosalie ha trazado ―Edward mordió el carrillo de la boca para esconder su sonrisa, pero no pudo. Bella se cruzó de brazos y alzó una de sus cejas―. ¿Y ahora qué te causa tanta risa?
― ¿Oyes cómo estás hablando? "Línea investigativa…" ―y soltó una carcajada llevándose de regreso la mirada entornada de su esposa.
―Voy a hacerlo, no voy a quedarme de brazos cruzado sin hacer nada ―declamó alzando su barbilla con orgullo. A Edward no le quedó de otra suspirar y mantenerse callado, sabiendo y creyendo en la palabra de su esposa que no se pondría en peligro por nada.
―Bien, ¿y puedes decirme cual es la famosa "línea investigativa"?
―A Rosalie se le metió entre ceja y ceja cómo y porqué hicieron desaparecer a tu abuelo. Habló de una corazonada, y con lo que Tyler dijo ayer sobre presuntos trabajos sucios que Liam había realizado para August Masen, iremos hacia allá.
―Con mucho cuidado.
― ¿Recuerdas si hay algún familiar lejano de tu abuelo, alguien que pudiera ayudarnos?
—Recuerdo una mujer que llegó a su funeral, que dijo ser su sobrina. Ella era profesora de preparatoria y dijo vivir en un pueblo pequeño en las afueras de la ciudad. No fue mucho lo que hablé con ella… ―se disculpó el ogro, alzando sus hombros.
― ¿Recuerdas su nombre?
―Cuando se acercó a darme el pésame, dijo llamarse Lara, no recuerdo su apellido, pero su madre era hermana de mi abuelo.
―Empezaremos por ahí.
―Con cuidado Bella, por favor. Y en cuanto tengan novedades sobre eso, vienes de inmediato, si en necesario traes a esa mujer para hablar conmigo, si es que yo sigo aquí adentro…
―Saldrás pronto mi amor ―susurró ella, alzando la mano hasta llegar a acariciar el rostro de su marido, que sintió un profundo orgullo por la mujer de quien se había enamorado. Su demonio.
Bueno, pondremos a los santos de cabeza para poder sacar a Edward pronto de la cárcel...
Mis niñas, como siempre, todo mi amor para cada una de ustedes que sigue los pasos del ogro Masen en esta historia, a la que prontito le pondremos la palabra fin. Gracias, gracias, gracias por sus lecturas, por sus comentarios y por su compañía para conmigo. Les quiero mucho.
Y a quienes también quiero mucho son a mis nenas que me ayudan con este ogro que a veces se pone difícil: Gaby Madriz, Maritza Maddox y Manu de Marte. Gracias nenas!
Y ya saben, nos encontramos el próximo miércoles. Besotes a todas!
Cata!
