¡EL OGRO HA REGRESADO!
¡A LEER!
Capítulo 22
Bella y Rebeca, la secretaria de la oficina diseño y marketing donde la esposa del ogro desempeñaba su profesión, se instalaron en la mesa redonda de la oficina para ponerse al día respecto a todo lo que había ocurrido en los días de ausencia de Bella en su trabajo. Tenía un alto de trabajo que atender y honestamente extrañaba poner en marcha su imaginación y crear, además, después de todo lo que había pasado en su vida, necesitaba una vía de escape, y su trabajo era una buena opción.
―Lo bueno es que tu marido está fuera de la cárcel y tu hija está sanita ―concluyó Rebeca, después de todo lo que habían conversado. La chica era la mano derecha de Bella y desde el principio formaron un buen equipo juntas.
Bella sonrió y asintió agradecida por las palabras de Rebecca, bebiéndose la última bocarada de café con leche que quedaba en su taza. Aquel día su embarazo había dado tregua con las náuseas, por lo que había aprovechado de comer todo lo que pudo.
―Sí, eso me tiene más tranquila ―respondió ella, sabiendo que si bien no significaba que las cosas alrededor de ella se fuera a tranquilizar, al mejor estaban mejorando y con su marido y su hija al lado, ella se sentía fuerte para afrontar cualquier cosa.
― ¿Y ya sabes el sexo de tu segundo hijo? ―muy entusiasmada preguntó Rebeca, poniéndose la mano en el pecho― ¡Debe ser increíble eso de la maternidad!
―Lo es ―respondió Bella, sonriendo con ternura a la vez que acariciaba su plano vientre―. Y no sabemos el sexo todavía, pero Edward siempre cuando se refiere al bebé, habla de un niño, y yo pienso lo mismo.
―O sea que tendrán la parejita
―Eso parece ―reconoció ella esperanzada, soltando una risita―. Ahora, sería mejor que me pusieras al día con asuntos de trabajo.
―Dentro de una hora hay una reunión con unos socios, o algo así… ―Rebeca revisó su agenda y alzó las cejas ―precisamente es donde trabaja un amigo tuyo.
― ¿Amigo mío?
―Sam Uley.
Bella rodó los ojos y suspiró. La última vez que Sam reapareció en su vida, su marido sin pelos en la lengua, le hizo saber que no era bienvenido, sobre todo por las "intenciones" que su ex amigo, y ex pareja, traía entre manos, según el ogro, claro.
―Él siempre que viene, pregunta por ti, y se le hace raro que te ausentes tanto. Bueno, no debería hacérsele raro, ¿verdad? Se supone que es tu amigo y se supone también que lee los periódicos…
― ¿Tú le has dicho algo?
―No, pero seguro él sabe, Bella. ―se disculpó la secretaria, alzándose de hombros― ¿Estarás en la reunión?
―No. Tengo un cliente al que le debo una visita, además un asunto privado muy importante que atender ―contestó, pensando en la idea que se le cruzó después de releer un par de cartas de Benjamín Town, abuelo de su marido. Despertó con una propuesta para hacerle a Tyler, y no dejaría pasar más el tiempo antes de ir personalmente a contarle de qué se trataba. Ella también quería ayudar a su marido, por lo que no se quedaría de brazos cruzados: aportaría con ideas aunque fuese lo único que pudiera hacer.
Las dos chicas siguieron adelante, poniéndose al día ahora con asuntos de trabajo cuando la puerta de Bella se abrió después de oír un par de golpes en esta. Probablemente bella no tendría que haberse sorprendido cuando vio el rostro de Sam asomarse, pero lo hizo. Él, con su sonrisa grande mostrando sus blancos dientes, entró a la oficina saludando primero a la secretaria y luego a Bella, rodeando el escritorio y obligándola a levantarse, para darle un abrazo. Después se apartó, sin soltarle las manos, y la miró de pies a cabeza, encantado de verla en aquel vestido azul de lunares blancos.
― ¡Pensé que no te volvería a ver!
—Sam… esto… ―escurrió sus manos del fuerte agarre del recién llegado, dando un paso atrás. Rebeca, que aún estaba sentada, observaba incrédula el encuentro entre Bella y Sam, preguntándose si este último había olvidado que Bella era casada.
―Te ves radiante, realmente…
―Uhm… yo… Bella, iré afuera a preparar los detalles de la reunión… ―comentó con voz incómoda la asistente, tomando su agenda y saliendo rápidamente de allí. Ya le molestaba que Sam siempre que fuera a la oficina preguntara insistentemente por Bella, y ahora era peor después de ver semejante muestra de afecto, muy fuera de lugar. "Pobre Bella…" pensó la chica, mientras cerraba la puerta del despacho.
Cuando ambos se quedaron solos, bella sonrió un poco incomoda y se sentó, resguardándose de Sam, a quien no le quedó de otra que sentarse en las sillas al otro lado del escritorio frente a ella. Se desabotonó la chaqueta azul marino y afirmó sus fuertes brazos sobre la mesa, tomándose su tiempo en contemplar a su vieja amiga.
― ¿Has estado bien? Pregunto, por el entuerto en el que está metido tú esposo…
―Sam, no te voy a permitir que hagas ese tipo de comentarios malintencionados respecto a lo que ha sucedido con Edward, porque no tienes idea de nada ―enderezó su espalda, dispuesta a recordarle lo que ella y su ogro y celoso marido le habían dicho―. Creí que después de la última visita que me hiciste, las cosas te habían quedado claras.
―Me es difícil apartarme cuando te tengo tan cerca… y pienso que tu forma de correrme de tu casa ese día, fue empujada por tu marido. Tu no actuarías de esa forma ―apuntó Sam alzando su mentón con seguridad.
Sencillamente, pensó Bella, Sam había perdido su tiempo entrando a su oficina, enfadada por la forma como él la miraba, evaluándola.
―Si piensas que mi esposo me domina al punto que me obliga a actuar contra mi voluntad, es porque no me conoces ―contraatacó enfadada, cruzando sus brazos―. No me tienes cerca, ni siquiera somos amigos.
―Bella, por favor… ―protestó Sam, pasándose la mano por su espesa cabellera.
―Bien, creo que tendré que repetírtelo ―se acomodó y se imaginó lo orgulloso que estaría su marido de escucharla―. Tú buscas que tengamos algo más, como lo tuvimos hace años atrás, pero eso no volverá a ocurrir porque mi vida es diferente que la de entonces. No puedo darte lo que quieres, no ahora que le pertenezco a alguien más en cuerpo y alma. Has cambiado, Sam, tampoco eres el mismo de entonces… y admito que tu presencia es incómoda para mí, no porque hagas aflorar viejos sentimientos, sino porque… tu actitud es diferente. No me gusta.
―Sabes lo que siento ―susurró dolido por las tan directas palabras de la mujer que estaba estrujando su corazón, en el mal sentido―. No puedo evitarlo.
―Pues si no puedes, lo siento.
―Seguiré rondando…
―Puedes rondar todo lo que quieras ―interrumpió con enfado, poniendo mala cara, decidiendo hablar fríamente― la vieja amistad que hubo entre ambos se ha disuelto, por lo que yo ya he terminado contigo, del todo.
Sam soltó un suspiro triste y con el mismo sentimiento hora reflejado en su rostro, miró a Bella, con quien pensó podría haber tenido una vida feliz y lejos de todo la carga que Masen la hacía padecer. Pero las cosas no habían sido así, él había perdido su oportunidad y otro había llegado a ocupar el corazón de Bella.
―Bueno, entonces es el momento de retirarme… de tu vida. No quiero provocarte problemas, solo quería intentar… ―torció la boca ante la seriedad con que Bella lo miraba y alzó los hombros en señal de disculpa―. Lo siento.
―Está bien ―Bella, carraspeó y miró la hora en su teléfono móvil―. Ahora, debo dejarte. Tengo que cumplir unos compromisos fuera de la oficina.
―Claro, entiendo. ―Sam se puso de pie y metió las manos en sus pantalones ―No te entretengo más. Solo espero no haber sido una molestia para ti, no causarte problemas con tu marido.
―Eso no pasará.
―Bien. Me esperan allá afuera para la reunión.
―Que te vaya bien, Sam. En todo.
―Igual a ti, Bella. Igual a ti ―después de eso, Sam se giró y caminó hacia la puerta por donde salió, haciendo que Bella se relajara sobre su silla cuando estuvo sola. Sentía que lo había hecho bien y se sintió tranquila. Ahora, tenía cosas más importantes que atender.
Tomó su portafolio, su bolso, su teléfono y salió de la oficina rumbo a la primera cita que debía tener con un cliente, con quien demoró al menos una hora. De camino hasta allí, le envió un mensaje a su marido informándole de su salida de la oficina, asegurándole que todo estaba muy bien con ella y que no debía preocuparse, pero al parecer su marido no hizo caso de eso y la llamó de igual forma para oírla y cerciorarse de ese modo que su esposa no le mentía para mantenerlo tranquilo. Ciertamente Bella escondió la visita que había tenido antes de salir de su trabajo y el lugar al que iría después, entendiendo que sería mejor tratar esos temas en vivo y en directo, no pensando en escondérselos pues de todos modos su ogro amante se enteraría.
Linda, la asistente de la oficina de arquitectos y pareja de Tyler, se levantó rápidamente de su silla cuando vio a Bella atravesar el umbral de modesto lobby, atreviéndose a abrazarla en señal de saludo. Bella se sintió un poco sorprendida por tal muestra, pero en ese abrazo sintió una profunda simpatía y agradecimiento, no sabe Bella bien por qué.
―Seas bienvenida, Bella ―saludó finalmente Linda, acercando a Bella hasta una silla para que se sentara―. Tyler no me dijo que vendrías a visitarlo, pero es todo un gusto tenerte aquí.
―Esto… gracias, Linda. Y Tyler no sabe que vendría. Uhm… ¿las cosas por aquí han estado bien?
―Bastante moviditas. Fuera de los proyectos de "Lux et umbra", hay un montón de otros trabajos que se deben cubrir. Desde que la oficina se asoció con ustedes, nos han catalogado muy bien, por eso la cartera de clientes se ha ampliado.
―Me alegro mucho, de verdad.
―Y personalmente… ―bajó la cabeza y entrelazó sus dedos nerviosamente. La hermosa secretaria parecía avergonzada, luchando con lo que tenía atragantado en la garganta. Carraspeó y habló más bajito―. Lamento mucho por todo lo que han tenido que pasar tu familia y tú… según lo que Tyler me ha contado, no se lo merecen. Por eso está tan decidido a ayudarlos… además de… claro, sentirse identificado con la historia de Edward. Él no quiere ser igual a su padre, ni si quiera tolera llevar su apellido, pero yo creo, y se lo he dicho, que el apellido es una cuestión en común que no nos hace iguales en esencia. Tyler ha demostrado ser mejor que su padre, y creo que quiere que todo el resto también lo note…
―No necesita hacer nada para demostrarlo. Tyler es diferente a Liam, y su nobleza refulge desde el interior. Es muy valiente de su parte que quiera ayudarnos para demostrarse y demostrarle al resto eso, poniéndose en peligro, ya sabes.
―Lo sé ―sonrió con ternura y torció la cabeza―. Yo estoy muy orgullo de él.
―Y muy enamorada por lo que puedo ver.
― ¡Pues sí! ―exclamó ella con su rostro pálido de improviso sonrojado.
― ¿Bella? ―Las dos mujeres que estaban soltando risitas nerviosas se sobresaltaron cuando oyeron la voz de Tyler desde sus espaldas. Ambas se pudieron de pie de un salto y el joven arquitecto las miró sorprendidos. Sus ojos se posaron por algo más de tiempo sobre el rostro sonrojado de su chica, haciéndolo arrugar su frente con curiosidad.
― ¿Estás bien, Linda?
― ¿Yo… yo? Pues sí ―asintió, abanicándose el rostro con la mano―. ¡Mira quien vino a visitarte!
―Ya veo ―respondió divertido, guiándole el ojo a Linda antes de prestarle atención a Bella, que sonreía feliz de saber a Tyler enamorado de alguien que correspondía de sus sentimientos, porque era cosa de ver al arquitecto y su asistente. ¿Será que Edward y ella se verían igual para el resto?
― ¿Por qué no pasan a la oficia? Pediré que envíen algo para ustedes mientras hablan ―propuso Linda, poniendo la mano sobre el brazo de Bella, quien le sonrió y asintió de acuerdo con la idea. Tyler la hizo pasar, no pasándole desapercibido a ella cómo Tyler alargó su mano hasta Linda y le acarició el rostro antes de acompañarla hasta la oficina, que a simple vista estaba convertida en un caos.
―Perdona el desorden. He estado haciéndome cargo de unos proyectos independientes… ―se excusó Tyler, haciendo a un lado los royos de papel esparcidos sobre la mesa ovalada.
―Pensé que era solo una fachada eso de que habías dejado el trabajo en la empresa.
―Y lo es. Pero me estoy haciendo cargo de asuntos burocráticos desde aquí, a los que cualquier arquitecto les haría el quite. Benjamín está feliz de hacer mi trabajo en la obra…
―Son un buen equipo todos aquí. Linda me contó que las cosas para ustedes han mejorado, que les han llegado muchos proyectos.
―Es cierto. Tuvimos que contratar más personal y rentar el piso de arriba de este edificio.
― ¡Eso es muy bueno! Los felicito.
―Gracias ―sonrió agradecido―. Por cierto, ¿ha pasado algo? Lo digo por tu visita…
―No, nada… todavía.
― ¿A qué te refieres?
Entonces tras dos golpecitos en la puerta, entró Linda con una bandeja con dos tazas humeantes, una de leche con chocolate y otra de café negro, además de trocitos de brownies que cuando Bella los vio, se le hizo agua la boca. Una de las cosas que odiaba del embarazo era eso de tener hambre a cada rato. Cuando Linda los dejó solos, Bella le contó lo que se le había ocurrido.
―Ya sabes que hemos estado leyendo los diarios y la correspondencia que el abuelo de Edward dejó.
―De donde sacaron la fotografía de Liam.
―Exacto. Hay varias fotografías donde él aparece junto a August, y por lo que dicen las cartas, él usaba a sus hombres para cometer sus ilícitos. Y yo pienso que Liam era uno de ellos…
―No lo he dudado nunca.
―Es una fuente de pruebas, pero no son más que palabras si Liam no reconoce que actuó en nombre de August. Es seguro que se escudará diciendo que recibió órdenes de alguien más para hacer lo que sea que haya hecho, pero aun así creo que eso podría ayudar a obtener pruebas para meterlo a la cárcel y…
―Podría ayudar a que me lo dijera, pero temo que ni dentro de la cárcel él vaya a detenerse. Tiene una amplia red de contactos, Bella. Ha hecho favores a personas importantes con tal de cobrarse de éstos en el momento adecuado, él mismo me lo dijo…
― ¡Pero tenemos que intentarlo! ―exclamó desesperada―. Tyler, quiero que mi hijo crezca en un ambiente de paz y tranquilidad, donde ni su vida ni la vida de sus padres ni de la gente que lo rodea se vea amenazada. ¿Lo entiendes, verdad?
―Claro que lo entiendo, Bella ―torció la boca en una sonrisa triste y extendió sus manos sobre la mesa para alcanzar las de Bella que descansaban a cada lado de la taza de leche que aun humeaba. Las tomó con afecto y respeto, y las apretó levemente―. Voy a averiguarlo y voy a sacarle toda la información que me sea posible para inmovilizarlo. Te lo prometo.
―Gracias, gracias Tyler, y perdona que te esté pidiendo todo esto pero… necesito saber que estoy ayudando en todo esto.
―Y claro que lo estás haciendo.
―Aunque Edward preferiría que me quedara en casa encerrada en mi recamara…
― ¿Él no sabe que has venido a pedirme esto?
―No todavía…
Entonces y de forma inesperada la puerta de la oficia se abrió y los dos quienes ocupaban la mesa ovalada, que se mantenían con las manos tomadas sobre la mesa miraron estupefactos la figura que se impuso en la entrada. Detrás de él Linda agitada seguro por el esfuerzo que puso para tratar de impedir la entrada del último visitante, también observaba un poco confundida la escena.
Enseguida Tyler quitó sus manos de las de Bella y se puso de pie, apretando su mandíbula fuertemente.
― ¿Por qué entras así a mi oficia?
―Yo… traté de impedirlo ―se oyó la disculpa de Linda desde la espalda del hombre, que miraba con complacencia a Bella y a Tyler alternadamente.
Y no era para menos, Liam Patterson estaba viendo en vivo y en directo las muestras de afecto entre su hijo y su futura mujer, que cargaba en sus entrañas a su primer nieto.
―Calma, niña ―dijo Liam por sobre su hombro hacia Linda― soy el padre de este muchacho y al él no le importa que haya entrado así, ¿verdad, hijo mío?
―Por supuesto que me importa.
―Oh, nada tienes que esconder de mi ―sonrió abiertamente hasta du hijo, dando finalmente un paso dentro de la oficina y cerrando la puerta en las narices de Linda.
Tyler cerró los ojos, apretando sus puños con fuerza por la ira, imaginándose a él con su bo entre las manos, listo para darle una lección al tipo ese que lo tenía harto.
Liam ignoró la postura tensa de su hijo, aludiendo que le había incomodado que lo interrumpieran, centrándose ahora en Bella, que se mantenía sentada en su silla, con sus ojos verde miel abiertos ampliamente.
―Es un verdadero placer volver a verte, querida ―caminó hacia ella y tomó una de sus engarrotadas manos, besando su dorso― tenía muchas ganas de acercarme, pero estás tan rodeada de seguridad que preferí no arruinar las cosas.
Que haya dicho eso significaba que él sabía de sus movimientos y seguro de la del resto de los suyos, lo que puso su piel de gallina, haciendo que la habitación comenzara a moverse levemente de un lado a otro.
―¿Te sientes bien? ―se apresuró a preguntar Tyler, haciendo a un lado a Liam de forma muy poco amable, preocupándose de Bella que repentinamente se había puesto verde. Ahora sí que Edward saltaría sobre su yugular por ponerla en peligro.
―Sí… sí, solo necesito un poco de agua.
Liam reaccionó y abrió la puerta de la oficina, dirigiéndose hacia Linda.
―¡Usted! Traiga agua para Isabella. ¡Ahora!
―¡Maldita sea, Liam! Como vuelvas a gritarle a Linda, te sacaré de aquí sin consideraciones ― Tyler alzó la voz sin poder aguantárselo.
Liam ni siquiera le hizo caso, cerrando de un portazo y dirigiéndose hacia la mujer, que parecía haber quedado muda.
―¿Mi futuro nieto te está dando problemas? ―preguntó con tono risueño, acuclillándose frente a ella. Ahora sí que bella tuvo ganas de perder la conciencia.
―¡Basta Liam! ¿Qué haces aquí?
―Tranquilo hijo mío. Simplemente pasaba por aquí y decidí visitarte. Tu secretaria me dijo que estabas ocupado, pero honestamente no le creí y simplemente entré. Si me hubiera dicho que estabas con Isabella, me hubiera comportado y les hubiera dado intimidad.
―Mierda… ―murmuró Tyler, inclinándose sobre Bella. Casi al oído le susurró―. Es mejor que te vayas. Le pediré a Linda que te acompañe a la sala contigua para que te repongas, no salgas en ese estado.
―Sí… gracias.
―¿Has venido con tu chofer? ―preguntó Tyler, ayudándola a ponerse de pie.
Bella asintió sin atreverse a levantar la cabeza. Pero Liam no iba a darse por vencido ni mucho menos dejaría que lo ignoraran, por eso volvió a intervenir:
―Lamento que te sintieras mal de improviso, querida Isabella. Hubiera deseado hablar largo y tendido contigo...
―¡Basta! ―exclamó Tyler, abriendo la puerta de su despacho encontrándose con Linda que llevaba un vaso de agua en sus temblorosas manos. Parece que a ella la presencia de Liam también la sobresaltaba―. Acompaña a Bella a la sala de estar y procura que no se vaya hasta que no se sienta bien, y no te separes de ella, por favor.
―Descuida, yo me hago cargo ―entonces Linda tomó del brazo a Bella, quien todavía sentía que todo a su alrededor giraba, haciéndola caminar como una anciana.
Tyler regresó a su oficina cerrando la puerta con más fuerza de lo habitual, enfrentándose a su jodido progenitor.
―Evita entrar a mi oficina sin ser invitado a pasar, y por sobre todo evita tratar a la gente con la que trabajo como tirano. No son tus empleados ni los míos, son mis colaboradores, ¿lo entiendes?
―Me disculparé con la criatura cuando me vaya ―ondeó su mano en el aire, sentándose en la silla que hasta hace un rato Isabella ocupaba. Mientras miraba el desorden a su alrededor, agregó― puedo darle un regalito, invitarla a salir… ellas se calman con ese tipo de cosas.
―Sobre mi cadáver… ―gruñó con la mandíbula apretada―. Mejor dime, qué quieres. Estoy ocupado.
―Supongo que Isabella y tú ya están planeando cómo darle aviso a Masen del divorcio y todo lo demás…
―¿Disculpa?
―Ella tendrá un hijo tuyo, ¿no fue lo que me dijiste? Y ciertamente un nieto mío no nacerá fuera del matrimonio, ni como producto de la pasión desenfadada de dos amantes secretos.
―Lo que quieres decir es que no permitirás que tu nieto nazca como sí dejaste que tu hijo lo hiciera… ―la ironía, la rabia y el rencor destilaron en esa oración de respuesta que Tyler no pudo guardarse.
Había vuelto a tomar su lugar en la silla frente a la mesa, y sus manos sujetaban con fuerza el travesaño que sujetaba la mesa. Ese hombre lo sacaba de quicio y espera que pronto desapareciera de su vida, ya estaba harto de aguantarlo.
En tanto Liam al comentario de su hijo, no pudo hacer otra cosa que alzarse de hombros, torciendo la boca, como si en verdad los dichos de su hijo lo afectaran, o lo avergonzaran.
―Eran tiempos diferentes, situaciones diferentes. Además, estoy pagando mi error y tratando de recompensarte por ello. Tu madre y yo éramos muy distintos… lo somos…
―Liam, dime has qué has venido ―harto de las excusas y la palabrería que Liam usaba, y dispuesto a no escuchar nada más sobre ese pasado, el arquitecto apuró las cosas― presumo que no lo hiciste para pillarme con las manos en la masa.
―¡Oh, claro que no! Cuando llegué vi el auto de Isabella y a su chofer aparcado en la entrada. Seguro que él no se dio cuenta que era yo quien iba llegando, además entré directo al estacionamiento subterráneo. Por eso no oí la advertencia de su secretaria y entré sin más. Sabía que estabas con ella.
―Ya veo. ¿Entonces?
―Bueno, hijo querido, se acerca el momento en que tendrás que despedirte de este lugar y tomar el mando en el lugar que te pondré en mis empresas.
―No me digas… ―entonces recordó la conversación que acababa de tener con Bella y decidió poner sus planes en marcha.
Metió su mano en el bolsillo mientras impostaba el rostro como si estuviera realmente interesado en lo que Liam decía, mientras sacaba su teléfono y de reojo miraba la pantalla, pulsando los botones de la pantalla táctil que lo llevaron hasta la opción de grabador de voz, apretando el botón rojo que comenzó a parpadear cuando empezó a registrar las palabras de Liam, que esperaba Tyler dijera algo importante que más tarde pudiera cazarlo.
**oo**
―¡¿Cómo que se siente mal?! ―preguntó el ogro con alarma, después que el chofer de su mujer lo llamara. Estaba sentado en su despacho, revisando con Victoria su agenda para el día siguiente.
―Salió de la oficina de arquitectos muy alterada…
―¿Oficina de arquitectos? ―preguntó, comenzando a verlo todo en rojo, como siempre que ocurría cuando su mujer insistía en hacerlo enojar. Además, ¿qué tenía ella que andarle haciendo visitas al musculitos ese? ¿A caso él hizo algo que la dejó así?
―Sí señor. Luego de visitar a un cliente me pidió que la trajera hasta aquí. Le pedí que me dejara avisarle a usted, pero me dijo que no lo hiciera, que ella misma se encargaría de decírselo.
―Demonio… ―gruñó, pasando los dedos sobre la frente―. ¿A dónde la llevas ahora?
―De regreso a la casa, jefe.
―¿Van en el coche aún?
―Sí señor. Estamos próximos a llegar a destino.
―Bien. Adviértele que tiene prohibida la salida hasta que yo regrese dentro de un rato, ¿me oyes? Y dile que si me desobedece, me verá enojado y pondré en marcha mi plan de atarla a la pata de la cama.
―Ejem… como ordene, señor.
Enseguida Edward colgó y se cubrió la frente con la fría palma de su mano, cerrando los ojos y lanzando juramentos. Tendría que haber obligado a la indisciplinada mujer que tenía por esposa, a quedarse encerrada en la casa. No había necesidad que saliera a trabajar, de plano ella no necesitaba cumplir un horario de trabajo formal. Pero claro, ella por su puesto, llevándole la contraria y sacándolo de quicio.
―¿Bella está bien? ―preguntó Victoria con curiosidad cuando su jefe no salía de sus blasfemias mentales.
―Está bien, pero esta vez el embarazo le está jugando malas pasadas… ¡y no es capaz de quedarse quieta, joder!
―¿Bella quieta? ¡No me hagas reír! ―se burló, cerrando la agenda y poniéndose de pie de un salto, alisándose el vestido negro con estampado floral que lucía esa mañana―. Por lo que veo, tendré que mover para mañana la cita con…
―No muevas nada. Voy a esperar que me baje el coraje mientras estoy en la reunión. Después iré a casa.
―Como ordene, jefe. La sala de juntas está lista. Te informaré cuando sea el momento. ―tomó el pomo de la puerta y la abrió para salir, pero antes de hacerlo agregó con tono divertido ― Ah, y te enviaré una infusión de alguna cosa para relajarte.
―Como si fuera a funcionar… ―gruñó cuando la colorina desapareció de su despacho. Rodó los ojos se pasó la mano por el cuello de su camisa, volviendo a mirar hacia la puerta ―No sé cómo James aguanta a esa mujer.
Sonó el teléfono móvil que había dejado sobre la mesa. Vio la pantalla y estrechó los ojos cuando vio el nombre de su flamante esposa en este. Contestó enseguida.
―¡Antes que comiences a regañarme, entérate que estoy bien! ―exclamó irritada su esposa, sin siquiera darle un saludo―. ¡¿Qué es eso de estarme mandando recados con el jodido chofer, Edward?! Además, creo que tengo absoluta autonomía para decidir cuando salgo y hacia dónde lo hago, ¡No necesito de tu jodido permiso!
―No digas palabrotas, demonio. Llevas a un hijo en el vientre que seguro ya puede oírte…
―Uhg… ―gruñó, mordiéndose él la lengua para no soltar carcajadas cuando la oyó maldecir del otro lado. Esa mujer era exasperante, tanto que en un momento lo tenía preso de la furia y al otro con ganas de agarrase el estómago por la risa. ―¡¿Me estás oyendo?!
―Perdona, demonio. Estaba pensando en otra cosa…
―¡¿En qué cosa?!
―Estaba recordando la manera en que gruñes cuando llegas al orgasmo…
―¡No me cambies… no me cambies el tema, Edward Masen!
―Está bien, está bien demonio. Ahora dime, por qué jodida razón el chofer te llevó en ese estado a la casa. ¡Habla mujer!
―Yo… ―repentinamente el tono guerrillero de su demonio bajó de decibeles, convirtiéndose en un susurro inseguro. ―¿Podríamos hablarlo en casa, cuando vengas?
―¡No! ¡Habla, ahora!
―Fui a ver a Tyler para hablar con él sobre algo que se me ocurrió, un plan, ya sabes…
―No lo sé, y quiero saberlo. Ahora. ―Exigió por segunda vez, no esperando que hubiera una segunda.
―Es largo de explicar. Todo iba bien… hasta que… ejem… llegó alguien más.
Las manos de Edward picaron cuando ella advirtió que alguien había llegado. Cerró los ojos para calmarse por enésima vez cuando sopesó quien podría haber llegado a la oficina del arma casas y alterar a su mujer de esa manera. Espera que estuviera equivocado.
Pero no lo estuvo.
―Liam llegó de improviso…
―¡Por una jodida mierda! ―gritó, golpeando con el puño la base de su mesa. Se puso de pie y como león enjaulado comenzó a dar vueltas―. ¡¿Por qué mierda hasta ahora me entero que esa alimaña estaba en el mismo edificio que tú?! ¡Tienen órdenes expresas…
―Entró con su coche hasta el estacionamiento subterráneo. David me esperaba en la puerta del edificio, por eso no lo vio ―dijo Bella, refiriéndose a su guardia y chofer. No quería que su marido soltara contra él su ira ―Ni siquiera lo sabe. No se lo dije.
―¡Maldita sea, mujer, deja ya de ponerte en riesgo!
―¡¿Crees que lo hago por gusto?! ¡Ese tipo llegó de improviso! Ni siquiera golpeó antes de entrar a la oficina de Tyler. Por supuesto, él no sabía que ese hombre llegaría, o si no me lo hubiese dicho para evitarme encontrar con él… yo…
La voz se le quebró y la línea quedó en silencio. El ogro detuvo su paseo furioso y su preocupación espontánea aplacó su rabia.
―¿Demonio? ¿Isabella, sigues allí? ¿Bella?
―Sí… sí... yo… ―al parecer estaba tratando de hacer ejercicios de respiración y Edward suspiró relajando sus músculos ―¡Dios, fue tan repugnante tenerlo cerca otra vez! Después de todo… apenas dijo dos frases, yo prácticamente no hablé, pero…
―¡Maldito hijo de puta!. Pero cuando sea mi momento, voy a vengarme de todo cuanto nos ha hecho, mujer. Te lo juro.
―Solo quiero que desaparezca y que nos deje en paz ―reconoció con voz estrujada. Edward se paró frente a la ventana que daba a la avenida principal, oyendo el lamento de su mujer.
―Pronto eso sucederá. Ahora dime, qué te llevó donde el arma casas ese…
―Tyler.
―Sí, sí, Tyler. Dime mujer.
―Le hablé de todo lo que hemos leído en los cuadernos y la correspondencia de tu abuelo, de donde hemos sacado información sobre Liam y su relación con todo lo que August hizo.
―Eso no se puede tomar como prueba para inculparlo.
―Lo sé, pero sería diferente si Liam afirmara que así fue. Eso fui a pedirle a Tyler, que le sacara información de ese periodo de su vida. Nada se pierde, ¿no crees?
―Eso espero. ¿Y qué te dijo?
―Que no dejaría pasar la oportunidad para intentarlo. Espero que resulte. ―
―Yo también mujer ―suspiró, volviendo de regreso a su escritorio, un poco más relajado― ¿algo más demonio?
―¿Qué… qué quieres decir con algo más? ―el titubeo en la pregunta de Bella hizo que Edward volviera a ponerse atento.
―Preguntó que si ha pasado algo más ―aclaró, poniendo en orden el retrato de su mujer que se había movido unos milímetros tras el golpe que le dio al escritorio. La oyó carraspear antes de responderle.
―Uhm... no, no, nada importante.
―¿Nada importante? Mujer, creo que estás escondiéndome información. Pero ya voy a llegar a casa y arreglaré contigo este asuntito en persona. ―Bella soltó una risa burlona y Edward rodó los ojos ―mejor dime, ¿te sientes mejor, comiste algo?
―Estoy mejor y sí comí algo… en realidad comí demasiado. Terminaré convertida en una ballena. Ahora me preparo para ver dibujos animados con Clary, ¿te nos unes?
―Iré a almorzar con ustedes, seguro para esa hora quedará un montón de dibujos que ver en la televisión, ¿no?
—Seguro, esposo.
Tras despedirse y volver a asegurarse que su mujer estaba bien, Edward salió de la oficina y se pudo manos a la obra con la reunión de negocios que tenía entre manos, dispuesto a acabarla pronto para poder reunirse con sus mujeres y divertirse viendo esas infames tiras cómicas para infantes que su hija lo obligaba a ver.
**oo**
Después de salir de la extraña reunión con su hijo Tyler, Liam decidió comenzar a moverse para poner en marcha su plan. Acabaría destruyendo el imperio Masen a punta de dolor para ellos y se convertiría en el dueño de esa empresa y sus filiales que tan buenos comentarios del sector económico e industrial había recibido.
Le indica a su chofer que lo lleve a la escuela donde estuvo haciendo la guardia hace un par de día, decidiéndose a moverse de una buena vez. Salió del coche y caminó hasta la entrada, que a diferencia de la vez anterior estaba solitaria pues los pequeños estaban ya en sus clases. Allí solicitó al conserje, de forma amable y convincente, lo dejara ingresar pues tenía una cuestión importante que hablar con la directora, que seguro no tendría problema en recibirlo.
Su poder de convencimiento resultó para el hombre, que abrió la puerta de entrada de par en par para él, dirigiéndole por los pasillos rodeados de ventanas y puertas hacia el sector principal donde se encontraban las oficinas.
Mientras el portero hablaba en murmullos con la secretaria de la directora, Liam repasaba su plan en la cabeza, mientras sugerente le sonreía a la joven que escuchaba al hombre que lo llevó hasta ahí. La chica, por supuesto atraída por la imposta de este señor, asintió y levantó el auricular para comunicarse con su jefa, advirtiéndole que un importante hombre necesitaba hablar con ella. La directora autorizó la entrada, aprovechando la joven secretaria de ponerse de pie y exponer su cuerpo esbelto ante el hombre que no disimuló su placer en ver semejante belleza rendida a sus pies.
―La directora lo espera ―ronroneó la morena, indicándole la puerta por donde debía entrar. Liam se puso de pie, abrochó su americana de diseñador negra y lustrosa, caminando hacia donde la mujer le había indicado, no sin antes darle las gracias y guiñare el ojo.
Adentro, una mujer con sobrepeso lo recibió con un apretón de manos, y lo invitó a sentarse, esperando que él se presentara y le contara a lo que había ido.
―Mi nombre es Christian LaVey y estoy buscando un colegio de calidad para inscribir a mi nietecito ―mintió Liam con descaro. La mujer asintió, invitándolo a seguir adelante―. Él tiene catorce años y hace poco llegó a la ciudad. Es un chico asustadizo, además… un niño especial.
―Todos los niños son especiales.
―Eso es verdad, pero en realidad me refiero a que después de una enfermedad, quedó postrado en una silla de ruedas y la verdad, estoy buscando una escuela que pueda suplir esas necesidades. Espero comprenda mi preocupación, pero como le digo, mi nietecito recién está llegando a la ciudad, no tiene amigos, y su estado lo hace ser más vergonzoso que el resto de los niños de su edad.
―Entiendo a lo que se refiere. En este colegio tenemos niños con discapacidades físicas que han logrado desenvolverse con total normalidad. Además el resto de los chicos es muy respetuoso respecto de ese tema.
―Es bueno oír eso.
La sonrisa agradecida que Liam impostó, hubiera sido envidiada por cualquier actor, pues estaba tan bien dibujada sobre su rostro que podía convencer a cualquiera. Ese hombre sabía mentir y lo peor es que lo hacía con soltura, como algo natural, no enterándose de eso la directora, que con su ceño fruncido tras esos grandes anteojos redondos, expresaba su interés.
―Además, mi niño es muy bueno en los deportes y lograba relajarse jugando balón sesto…
―¡No me diga! ―exclamó la directora―. Aquí tenemos un equipo de básquet paraolímpico que ha participado en varios torneos. Es mixto y creo que su nieto no tendría problema en integrarse.
―¡Eso es fabuloso! ¿Podría invitarme a recorrer la escuela, el gimnasio? Podríamos conversar de la disponibilidad que su colegio tiene para recibir a mi niño, además de cerciorarme que las dependencias estén con lo necesario para recibirlo.
―Me parece perfecto ―se levantó de su silla y caminó hacia la puerta con el futuro apoderado a sus espaldas―. Por cierto, el nombre de su nieto…
―Tyler.
Caminaron por los amplios pasillos de la escuela, mientras la directora le contaba de las ventajas del establecimiento, mientras unos chiquillos correteaban de un lado al otro. entonces llegaron hasta el patio del colegio en donde los niños se aprestaban a salir a su recreo cuando un timbre sonó, llenándose el lugar poco a poco de chiquillos, aprovechando Liam de pasear sus ojos por el lugar a fin de encontrar a la niña que él buscaba… hasta que dio con ella.
La chiquilla sentada en su silla de ruedas estaba rodeada de cinco o seis niños más, con quienes hablaba animadamente, en un sector del patio donde el sol refulgía con fuerza.
―Veo que está mirando a Beatriz ―comentó la directora, no pasándosele por alto que Liam, o Christian, la observaba fijamente.
Él sacudió su cabeza y se volvió a mirar a la directora con una sonrisa de disculpa en los labios.
―Me fue inevitable, ya sabe.
―Ella es una de las chicas que practica básquet con el grupo paraolímpico del que le hablé.
―¿Cree que pudiera hablar con ella?
―Uhm… supongo que sí.
Entonces los dos atravesaron el lugar, esquivando a los niños que corrían de un lado a otro, hasta que llegaron al grupo de chicos que los miraron con curiosidad. Les contó que él era abuelo de un chico que se integraría a clases dentro de poco, el que al igual que Beatriz, tenía la misma afición por el basquetbol y además sufría de la misma discapacidad de ella.
―¿Crees que puedas ayudar al nieto del señor LaVey a integrarse al equipo, Beatriz? ―Preguntó la directora a la chica, que miraba al hombre que no le dejaba de sonreírle. Parecía encantado con ella, aunque ella ignoraba el motivo verdadero de su encanto.
―Seguro ―respondió, alzándose de hombros.
Entonces, el mismo hombre que recibió a Liam en la puerta, apareció junto a ellos, buscando a la directora por un asunto importante que debía atender en su oficina.
―¿Cree que Beatriz pueda acompañarme hasta el gimnasio? Me gustaría hacer un donativo para la implementación y quisiera ver…
―¡claro, por supuesto! ―exclamó encantada la directora, cuyos ojos brillaron al momento que el hombre habló de donativo―. Beatriz, por favor, acompaña al señor al gimnasio y cuéntale de qué va el equipo.
―Está bien.
La chica miró a sus amigos con asombro antes de indicarle al señor hacia donde tenían que caminar. Él la llevó empujándola por detrás, mientras hacía preguntas sobre su vida privada, no porque la desconociera, sino para que la chica se relajara.
―La directora me contó que eras una de las mejores en la disciplina ―comentó, mientras miraba a un lado y a otro, como memorizando el lugar.
―Practico mucho y hago lo que puedo. ―dijo, indicándole que se dirigieran hacia un pasillo cubierto, donde encontrarían la entrada al gimnasio donde practicaba. Al acercarse, a Liam le llamó la atención una vieja puerta de madera que había a un costado, preguntando en voz alta hacia dónde llevaba esa puerta.
―¿Será acaso que los traslada a Narnia? ―bromeó él, esperando que ella riera, pero no lo hizo.
―No es un ropero… ―corrigió Bea, dando a entender que ella conocía la historia― es la entrada lateral, una vieja entrada que se mantiene clausurada. Nunca se abre sino para descargar cualquier cosa…
Al parecer, y por la forma en que la chiquilla respondió a su broma, estaba desconfiando y eso no era del todo bueno para él. Necesitaba que se relajara. Honestamente no quería llegar a lastimarla, no si no era necesario.
―Ya veo… ―detuvo el paso y rodeó la silla de ruedas, acuclillándose frente a Beatriz. Torció la cabeza y puso cara triste ―Quizás esto es extraño para ti, pero… estoy haciéndolo por el bien de mi niño. Es nuevo, no tiene amigos y como tú, el basquetbol es un deporte que adora desde siempre. Pensamos que después de lo que le ocurrió no seguiría practicándolo, pero es lo único que lo hace sonreír.
―Uhm… yo entiendo bien eso.
―¿Me ayudarás entonces?
Beatriz torció la boca y poco a poco una sonrisa comenzó a asomarse en sus labios. Ese fue el momento de triunfo de Liam.
―Sí, lo ayudaré.
―Es un trato entonces ―el hombre extendió su mano abierta hacia ella, de la misma forma que hacía con los empresarios cuando cerraba un trato.
Bea miró la mano del hombre y luego el rostro expectante, decidiendo devolverle el cierre de trato, volviendo a reírse por lo graciosos que a ella le parecía la situación.
―Mañana vendré a esta misma hora con mi niño, para que le conozcas y le muestres el lugar. ¿Te parece? ―propuso él, con sus planes echándose a correr dentro de su macabra cabeza.
―Seguro.
Entonces Liam se puso de pie y siguió empujando la silla hacia el gimnasio, mientras Bea, un poco más entusiasmada, le contaba de los torneos y los trofeos que ella y su equipo en la escuela habían ganado.
Lo que Beatriz no sabía, es que nada de lo que estaba planeando ese hombre era para reírse, ni menos que el trato que acababa de cerrar era como estar comprometiéndose con el mismo diablo.
Me atrasé un día, lo sé y espero me perdonen, pero mi trabajo me tenía de esclava y no me dio tiempo. Ahora vine rapidito a dejarles el capítulo, que espero hayan disfrutado... aunque no sé si es bueno decirlo así, pero ya saben a lo que me refiero.
Pero ya está, para quienes siguen la historia de este ogro, a quien le falta muy, muy poquito para poner la palabra fin a su historia. Gracias a quienes siguen leyendo, comentando y apoyándome, como siempre han sido un gran aliciente para mi.
A mi super beta Gaby Madriz por su apoyo, y al resto de las nenas, muchas gracias.
La próxima semana me tienen de regreso por aquí. Un besote bien grande para todas!
Cata!
