¡PENÚLTIMO CAPÍTULO DEL OGRO DAMAS!
¡A LEER!
Capítulo 24
Liam, con su habitual halo de un triunfador, esta vez mucho más notorio que de costumbre, se dirigió en compañía de su hijo hasta su centro de operaciones. Su idea, como siempre, era no salir perjudicado después de todo, por eso, fue el Centro de Atención Especial Penitenciario Femenino, el lugar elegido, donde precisamente su esposa lo aguardaba.
Tenía todo muy bien planeado en su cabeza. Finalmente culparía a una Masen, como el patriarca de esa familia alguna vez lo hizo con él. Con entusiasmo, y como si se tratara de la organización de una fiesta, Liam le contaba con lujo de detalles a su hijo, cuáles eran sus pasos a seguir.
Tyler en tanto, iba a su lado, mirando la nuca del guardaespaldas que iba sentado de copiloto, mordiéndose la lengua con tal de no abrir la boca para decirle que se callara de una vez por todas. Debía impostar en su conducta, total impasibilidad frente a lo que ese hombre, su progenitor, iba diciendo, por mucho asco que eso a él le causaba. Además, la grabadora dentro del bolsillo de su americana seguía funcionando, tomando nota del plan que Liam traía entre manos.
―Todo parecerá obra de Elizabeth. Los hombres están listos para decir que ella y su abogado dieron la orden del rapto de la minusválida para presionar a su enemigo eterno y de paso joderle la vida a su nieto. Una mujer como ella no iba a quedarse de brazos cruzados después de lo que él le hiciera, ¿no? ―explicaba con ligereza, moviendo sus manos al aire mientras el coche salía de la autopista y se desviaba por un camino angosto―. Los documentos del traspaso que Damián debe firmar están listos. Será una venta ficticia de las acciones de su empresa para que todo parezca en orden. Las de Edward también pasarán a mí poder, es más que seguro que cederá para salvarle el pellejo a su hermana, aunque a él no se le conozca por ser tan noble. Claro, ellos harán esto sin siquiera verme la cara. Siempre habrá intermediarios, y no podrán culparme de nada, no les convendría.
― ¿Qué harás con Elizabeth, y con la niña?
―Con mi Elizabeth no lo sé, creo que la dejaré en este mundo un poco más de tiempo para que siga pagando ―meditó en voz alta, pasándose el dedo índice por el labio―. Con la chiquilla, honestamente tampoco lo sé. La pobre ya perdió sensibilidad de la cintura hacia abajo, creo que con eso y el susto que se debe haber llevado por ayudar en los negocios de su padre, es suficiente. Pero quizás me la quede hasta el límite de tiempo que la ley me lo permite antes de soltarla, para asegurarme que su papi no haga nada estúpido. Si lo hace, puedo volver a llegar rápidamente a la lisiada o a cualquiera de los suyos, a Edward por ejemplo. ¿Y qué sería del pobre Damián con una hija en silla de ruedas y otro hijo muerto?
― ¿No crees que Damián ya llamó para reportar la desaparición de su hija?
—Y tendrá que esperar las cuarenta y ocho horas que dicta la ley para que se dé por desaparecida y comience la búsqueda. Dentro de ese periodo de tiempo, él y yo tendremos todo arreglado. No involucrará a la ley, además no le conviene… se me puede salir un tiro del arma si me pongo nervioso ―agregó como si se tratara de un chiste.
Tyler apretó sus manos convirtiéndolas en dos puños y apretó los dientes. Sin duda, el tipo sentado a su lado con traje caro, estaba completamente demente.
― ¿Y cómo te pondrás en contacto con él? ¿Cuándo? ―preguntó Tyler cuando el auto se detuvo frente a una entrada alternativa y poco concurrida del centro médico, que escaseaba de seguridad, aunque al arquitecto no se le hacía raro. Es muy probable que Liam haya hecho que sus contactos quitaran toda clase de custodia que chafara sus planes.
Liam se bajó del coche antes de contestarle, mientras se quitaba las gafas y se abrochaba la chaqueta de su traje.
―Uhm... ―miró la hora en su reloj de pulsera― dentro de unos minutos, alguno de mis contactos le hará una llamada en donde le hará…
―Deja que yo me encargue.
La propuesta de su hijo dejó a Liam estupefacto. Detuvo su andar y se giró para mirarlo, con el semblante serio y sereno, una fiel copia suya, su heredero, su aliado. La sonrisa en su rostro dio a entender de lo dichoso que se encontraba con el ofrecimiento de su hijo, mientras este por dentro Tyler estaba que explotaba. Lo único que quería, era acabar con todo eso de una buena vez y cortar todo tipo de vínculo que lo uniera a ese hombre, que no había hecho más que arruinarle la vida.
Esa sería su venganza, en nombre de su madre que había sufrido por el abandono y el rechazo que él no demoró en demostrar ante ella cuando le dijo que tenía un hijo, el que jamás creyó como suyo. Por sus penurias, por todo lo que tuvo que trabajar para salir adelante, por oírla llorar por las noches, por toda esa seguidilla de sufrimientos, Liam Patterson pagaría.
Pagaría también por lo que le estaba haciendo a esa niña y a esa familia, y cuando supiera que todo ese tiempo, cuando él lo creyó un aliado, no era más que un espía del bando contrario, para colaborar en su caída, que estaba muy próxima.
― ¿Puedo preguntar por qué?
Tyler inspiró y evitó mirarlo a los ojos, porque sus impulsos de romperle la cara podrían ganar fuerza y salir de su escondite.
―Tengo un asunto pendiente con Edward ―carraspeó y miró sus zapatos, escondiendo sus verdaderos sentimientos―. Voy a solucionarlo ahora. ¿No es eso lo que quería, que Edward y su gente recibieran la estocada que lo tirara al suelo de una vez? Hoy habrá perdido su empresa y a su esposa.
― ¡Eso es estupendo! ―palmeó su espalda y lo invitó a seguir caminando por los pasillos húmedos y oscuros que era por donde uno de los hombres lo guiaba. En total eran siete u ocho hombres que resguardaban a Liam y pululaban alrededor. Tyler tomó nota mental de ello en el caso de ser necesario.
Un hombre de rostro duro y tan alto como el joven y atormentado arquitecto, custodiaba una puerta de hierro negro la que abrió de inmediato en cuanto Liam apareció frente a él. Desde la puerta, él y su hijo miraron la pequeña figura que se hallaba tendida sobre la cama, totalmente inconsciente. Tyler tuvo como primer impulso apartar a Liam de un empujón y acercarse a la pequeña primero para cerciorarse que estuviera respirando para sacarla de una vez de ese lugar, pero hacerlo echaría abajo sus planes. De cierto modo agradecía que la niña aún durmiera para no ser consciente de lo que ocurría. Solo esperaba que cuando despertará, lo hiciera alrededor de los suyos.
―Ahí tenemos a la más pequeña del clan –murmuró Liam, cruzándose de brazos y torciendo la cabeza mientras la observaba. Tyler lo miró de reojo cuando este suspiro contemplando la, como si se tratara de un padre viendo dormir a su hijo.
"Maldito demente" pensó para sí, antes de girarse e invitar implícitamente a Liam a salir de ahí. Tenía que moverse rápido.
—Bueno, creo que te presentaré a mi esposa en otro momento. Ahora te daré instrucciones de como debes ponerte en contacto con el clan de Edward Masen.
Camino de regreso por el pasillo hasta que el mismo Liam abrió la puerta de otro cuarto pequeño donde había apenas una mesa cuadrada y dos sillas, seguro, pensó a Tyler mientras se sentaba, Liam ya había recorrido y memorizado bien ese lugar y muy probable es que esa cuartucho de concreto frío lo usaría como sala de reuniones,
Liam se sentó frente a su hijo y descanso los brazos sobre la mesa, mientras Tyler cruzaba sus brazos sobre el pecho, como si se tratara de un escudo.
— ¿Estás seguro que quieres hacerlo? —Se apresuró en preguntar Liam, asegurándose de la De si ion de su hijo cuando este asintió secamente y en silencio espero sus instrucciones, habló—: Hay un par de hombres cercando la casa de Edward Masen. Se me dijo que ha habido mucho movimiento en las últimas horas, probablemente porque ya están enterados de que la niña salió a pasear sin avisar.
"La cuestión es que cuando llegues allí en compañía de mi chofer y mi guardaespaldas, solicites hablar con Damián. Cuando lo consigas, le dices que tienes noticias de Beatriz y que sabes cómo recuperarla. Uhm… ―puso un dedo sobre sus labios, pensando. Enseguida agregó—. Sería bueno que dijeras que oíste un diálogo entre Elizabeth y yo, donde ella me contaba lo del secuestro y lo que pedía por este, puedes decir que yo estaba tratando de persuadir la de dejarlo de que no estaba bien, y cosas como esas ya saben, que me hagan parecer una linda persona. Puedes aconsejarles que cedan en cuanto a lo que ella pide pues la oíste decidida a actuar."
"Es probable que él, quiera saber dónde está su hijita, y cuando eso pase, lo traes aquí, y ya mis hombres de confianza acaban de una vez con la negociación. ¿Me explico?"
Tyler inspiró y asintió secamente, otra vez. No podía hablar porque estaba mordiéndose la lengua. Liam era muy estúpido si pensaba que ese plan podría haber funcionado, pero estaba tan apresurado en cobrar su venganza y además de apropiarse de parte de la fortuna de Damián y Edward, que no estaba pensando con claridad. No dijo nada por supuesto, dejó que Liam siguiera creyendo que su plan era una maravilla y que él estaba de acuerdo.
― ¿Eso es todo?
―Adviérteles que nada de policías porque la chiquilla va a morir en el instante que las sirenas suene. Debes venir con Damián y Edward, los que te acompañarán en el coche. Este irá seguido por otro vehículo, por si se ofrece cualquier cosa.
―Está bien.
―Y advierte a Isabella que prepare sus cosas y las de su hija, porque a más tardar esta noche la quiero fuera de esa casa y lejos de Edward.
―Claro —volvió a conceder Tyler, poniéndose de pie para poner en marcha el inscribe plan de Liam.
―Ordena a tus hombres esperarme en las puertas de la casa, no es buena idea que entren conmigo ―concluyó rápidamente el arquitecto, pensando que necesitaría tiempo lejos de los oídos de esos hombres para hablar con Damián y el resto. Liam arrugó la frente, pues no estaba muy contento con aquella idea.
―No es seguro para ti.
―Deja que yo me encargue de eso, ellos no van a hacerme nada. Enviaré un menaje a Bella para que sea ella la que me deje entrar y no tener problemas —pensó y propuso, para usar esa instancia de enviarle un mensaje a Edward, explicándole a grandes rasgos como iba todo y que en breve estaría en su casa, como parte de la show de Liam… aunque más adelante sabría Liam que el show lo estuvo dando Tyler para él desde hace tiempo, cuando se unió a la familia Masen.
―Confío en ti, hijo mío. Después de esto haremos a grandes cosas juntos, estarás en el lugar que te corresponde con la gente con quienes me eres codearte. Ya verás.
―Es mejor que me ponga en marcha, el tiempo pasa rápido.
―Es cierto, es cierto.
Salieron a paso rápido por el pasillo hacia la misma puerta por donde entraron acercándose Liam a sus hombres a darles las instrucciones. Una vez se despidió de su hijo y le deseó suerte en la misión, regreso adentro y dejó a su hijo sentado en a la parte atrae era del coche. Allí, Tyler sacó su teléfono, detuvo la grabadora de voz y envío un rápido mensaje a Edward es llega que esperaba que ella te leyera
**oo**
Damián, sentado y con su espalda encorvada hacia adelante, sostenía su cabeza entre las manos, atormentándose y culpándose por haber relajado la seguridad de su hija justo en ese momento. Se sentía un mal padre pues no pensó que Liam pudiera atacarlo en uno de sus puntos más débiles. Siempre tuvo miedo que acudiera a amenazar a Edward, que era el más ligado a Elizabeth. Ni siquiera pensó que pudiera ir detrás de Alice y ni imaginó que pudiera usar a su hijita menor para provocarlo.
"Dios, qué estúpido soy"
Pero su esperanza estaba en Tyler, que aseguró se percataría personalmente que Beatriz estuviera bien. Pero desde ese mensaje habían pasado horas y nada de él se sabía, comenzando su desesperación a burbujear desde el centro de su pecho.
Apenas levantó su cabeza cuando sintió una mano femenina apretarle el brazo y luego sentarse a su lado, colocando su cabeza sobre su hombro. Agradecía la compañía de la mujer que amaba y que estuviera para él para apoyarlo, pero lo único que lo reconfortaría era tener noticias de su hija, no esa infusión caliente que Carmen dejó sobre la mesa de centro.
A lo lejos se oía hablar al resto de los hombres, entre ellos Edward que de tanto en tanto alzaba la voz y maldecía, prometiendo volarle la tapa de los sesos a Liam si algo le pasaba a su hermanita. Él apretaba los párpados con fuerza pues ni siquiera quería imaginarse en esa situación.
Su hija Alice y Bella estaban acompañando a Beatriz en su cuartito de juegos para que la niña no se percatara de las caras largas y el ambiente tenso que rondaba dentro de su casa.
― ¿Me dices cómo puedo ayudarte? ―preguntó bajito Carmen con su voz quebrajada, desesperada por no poder hacer nada.
―Es suficiente con que estés aquí ―alzó Damián la cabeza y la giró para darle un beso en la frente, volviendo a su posición inicial―. Ahora tenemos que esperar…
― ¿Y la policía no puede hacer nada más? ¿Qué pasa si ese demente se vuelve a escapar…?
― ¡No va a escapar! ¡No voy a dejar que eso pase!
―Dios, esto es tan espeluznante ―lloriqueó, limpiándose las lágrimas que no dejaban de caer por su rostro. Le dolía la desaparición de Beatriz, y no era para menos después de la conexión y el cariño mutuo que ambas sintieron― Bea es apenas una niña….
―Ven aquí ―movido por la voz en llanto de Carmen, Damián se reincorporó y la abrazó apretándola fuertemente, a ver si así el hielo que sentía dentro suyo retrocedía aunque fuera un poco.
― ¡Un mensaje de Tyler! ―gritó entonces Edward al cabo de unos segundos. Damián y Carmen automáticamente se levantaron y corrieron hasta él—. Dice que viene para acá montando un teatro. Hay que seguirle el juego porque viene con gente de Liam. Además dice que nada de policías visibles…
― ¡¿No dice nada sobre Beatriz?! ―preguntó Carmen, tomando la mano de su prometido fuertemente.
―Un momento… ―abrió Edward un segundo mensaje que respondía la pregunta de su padre. Lo leyó y soltó el aire de sus pulmones―. Dice que está bien, dormida al menos.
― ¿No te dice dónde está? ―quiso saber Jasper, que había llegado a acompañar a su esposa por supuesto, movido por la preocupación.
―Hay que esperar que llegue y nos dé más información ―respondió Edward, volviendo a leer los dos mensajes que el arquitecto había hecho llegar para él.
Carmen suspiró y escondió su rostro en el pecho de Damián, que la abrazó como si ella fuera la tabla que lo mantenía a flote. Rosalie tragó grueso y se abrazó a Emmett, que la besó en la frente, mientras Garrett, Jacob Y Jasper se miraban, tan ansioso como el resto de los asistentes. Aunque esa ansiedad estaba mezclada con otros sentimientos más fuertes y más escalofriantes, aunque nadie deseaba ponerse en el peor de los casos, todos estaban pensando en que las cosas saldrían bien.
― ¿Ya saben algo? ―preguntó Bella, apareciendo en la sala con el biberón vació de su hija, que luego de tomarlo había quedado profundamente dormida. Fue Rosalie la encargada de contestarle.
―Tyler viene para acá y trae noticias. Vio a Bea y dice que está dormida… al menos es mejor eso a que esté consciente de lo que pasa a su alrededor.
―Y sobre los policías visibles, ¿no hay autos policiales afuera…? ―preguntó Carmen, recordando esa parte del mensaje de Tyler.
―La única patrulla llegó en un auto civil ―aclaró Jacob― por lo que podría haber sido de cualquiera de notros. Nadie ronda la casa, todos están en el despacho bloqueando las líneas telefónicas.
Edward asintió y agregó algo del mensaje que a él al menos, no le gustó nada.
―El arquitecto pidió que… que mi mujer lo recibiera en la puerta y lo dejara entrar.
― ¿Bella? ¿Por qué? ―extrañado dijo Garrett, mirando primero a Edward y luego a Bella, siendo esta la que concluyó en voz alta:
―Probablemente aquí, frente a los ojos de Liam, soy la única que no tendría problema en recibirlo, verdad…
―Joder, no me gusta… ―gruñó el ogro, llevándose una mirada reprobatoria de su esposa.
―Es para traer de regreso a tu hermana, así que si estás pensando en truncar ese plan y encerrarme en mi habitación, no te resultará. ―Enderezó su espalda y arregló su falda plisada ―Ahora iré a la puerta a esperarlo, no creo que tarde.
Y dejando a todo el mundo mudo y sorprendido, la esposa del ogro caminó con paso ágil hacia la puerta principal, aun sosteniendo el biberón vació entre las manos. Después de un segundo, Garrett carraspeó y todos comentaron a moverse. Carmen y Rosalie decidieron ir a hacerle compañía a Alice, que también debía estar con los pelos de punta.
―Bueno, ya vemos quien manda en casa… ―murmuró Jacob, alejándose antes que el ogro saltara sobre él. Pero estaba con otras cosas más importantes en la cabeza, pero por supuesto que cuando todo eso pasara, iba a cobrarle a su demonio esa desfachatez.
― ¿Por qué crees que Liam lo habrá enviado a él?
―Para probar su fidelidad quizás ―meditó Damián a la pregunta de su Jasper―. No sé, aunque no me extraña que use incluso a su hijo para salir libre de culpa, para estar fuera de foco…
―Lo que el maldito no sabe es que todos los jodidos focos están apuntando a su fea cara.
Los dichos del ogro Masen tenían que ver sobre las pruebas más que suficientes que habían recabado, tanto en las cartas de Liam y sus cuadernos, como en las grabaciones de Tyler y los testimonios que él mismo escribió y firmó. Eran hechos que venían arrastrándose desde la juventud de este hombre, cuando estaba ligado al otrora empresario August Masen, pasando por asuntos legales y económicos poco claros, incluso hasta las declaraciones de Elizabeth Masen que lo inculpaban de una serie de hechos ilegales, solapados por altos mandos de diferentes entidades que recibieron fuertes sumas de dinero por ello.
Unos cinco minutos después, Tyler aparece por la entrada principal en compañía de Bella. El arquitecto denotaba en su rostro tensión y cansancio, no del físico sino de aquel cansancio mental que agota hasta al más fuerte. Está harto ya de esa situación y ha llegado hasta allí para acabar con todo de una vez. Pero debe hacerlo con cuidado porque la vida de una niña y la de un grupo de personas está en riesgo.
El guardaespaldas de Liam que lo acompaña, había recibido la orden de su jefe, quien modificó un poco la petición de su hijo, pidiéndole a su hombre de seguridad que entrara a la casa con él y se quedara en un lugar visible, pero que les diera privacidad a los caballeros cuando fueran a conversar. Por eso la tensión de Bella y Tyler mientras caminaban hacia la sala a reunirse con el resto, tensión que traspasó a los caballeros allí que miraron con extrañeza al hombre que le pisaba los talones al arquitecto.
―Necesito hablar con Damián y con Edward. Ahora. En privado.
― ¿Por qué? ―preguntó Edward, alzando el mentón, mirando al guardia en vez de a Tyler. Bella carraspeó y este desvió la vista de los ojos del escolta, mirando a su mujer―. ¿Tú lo dejaste entrar?
"Vaya, se le da bien este tipo de escenas" pensó Tyler, mirando de reojo a Bella, que apretaba la mamadera entre sus dedos con nerviosismo.
―Él dijo… Tyler dijo que debía hablar con ustedes urgentemente.
―Por favor, no puedo perder el tiempo ―insistió Tyler, mirando a Edward y a Damián, quien fuera finalmente el que accedió e indicó con un brazo hacia el sector del despacho de su hijo, donde tendrían la reunión "privada", rodeada de cuatro policías.
Tyler miró por sobre su espalda e hizo un movimiento de cabeza indicándole al guardia que se quedara en ese sitio. Entonces siguió a los caballeros que lo antecedieron, llegando al despacho y cerrando la puerta tras de este.
― ¡Dime por Dios, Tyler, cómo está mi hija! ―exclamó Liam, agarrando al joven desde las solapas de su chaqueta. El arquitecto tragó grueso cuando vio la desesperación en los ojos y en las palabras de ese padre que sufría por el desquiciado progenitor suyo.
Suspiró y asintió, hablando con mesura para tranquilizar a Damián y a Edward que lo miraba con parecida ansiedad que su padre.
―La vi antes de venir. Está bien, solo inconsciente por la droga que le administraron.
―Jodido Dios… ―exclamó el ogro, pasándose la mano por el cabello.
Un hombre con una placa policías pegada a la camisa se acercó a los recién llegados. Tyler no había reparado en que había más gente en el lugar, con teléfonos pegados al oído y laptops abiertas. Al parecer, contrario a lo que Liam pensaba, allí habían actuado rápidamente.
― ¿Tiene algo nuevo?
―Más que eso ―dijo Tyler a uno de los policías que se le acercó y que estaba siguiendo el caso en bajo perfil por petición de su viejo amigo Jacob, que fue quien lo contactó.
Tyler sacó entonces el teléfono y rebuscó en los archivos de audio el último diálogo que tuvo con Liam, muy revelador y determinante para el caso. Mientras lo oían en silencio, Damián sentía su estómago revolverse y Edward la furia crepitar en sus entrañas. Ese día estaría marcado en el calendario como la caída de un inepto que quiso pasarse de listo con su familia, un tipo tan poco inteligente que pensó que con el plancito ese podría haber dominado a los suyos. Incluso si aunque Tyler no hubiese intervenido para ayudar, ellos hubieran tirado abajo su plan poco sustentable.
―Bueno caballeros, hay que seguir con el show y darle a Liam la última parte del espectáculo. ―Dijo Edward con tono que no dejaba en duda la amenaza―. Iremos con Tyler como ese tipo lo pidió, y un equipo de policías puede ir hasta allá, cuando nosotros ya hayamos llegado.
―Podrían ingresar por la puerta principal sin levantar sospechas y continuar con el procedimiento —propuso Tyler, a lo que el oficial asintió de acuerdo con la idea del joven.
―Por favor, que los policías sean discretos ―intervino Damián, ahora algo más nervioso― si Liam sabe que nos siguen, puede vengarse con mi niña y…
―Tranquilo señor Brandon, confíe en nosotros.
Entonces Tyler recordó algo que Liam dijo y que salió en la grabación que ya les había dado a las autoridades:
―Recuerden que desde temprano Liam tiene un coche resguardando la casa, así que deben quedarse un par de policías aquí para resguardar la seguridad de quienes queden y evitar que alguien salga.
― ¡Maldito hijo de puta! ―gruñó Edward, dirigiéndose al armario desde donde abrió una caja muy bien resguardada, sacando de esta un revolver que escondió en la parte trasera de su pantalón. Nadie dijo nada, ni siquiera Damián su padre, pues él cargaba con uno muy similar en la cartera de su chaqueta.
―Bien, manos a la obra caballeros.
Con decisión, los tres caballeros salieron de del despacho, interponiéndose Bella en el camino de ellos.
― ¿Qué sucede?
―Tenemos noticias de Beatriz ―informó Edward en tono serio y cortante ―Debemos acompañar a Tyler si la queremos ver libre.
―Yo voy con ustedes ―se apresuró a decir ella, provocando la ira de su marido, que no le importó quien estuviera frente a ellos para expresarse.
― ¡Estás loca, mujer! ―la apuntó con su dedo índice amenazador―. Si sé que en mi ausencia has puesto la punta de la nariz allá afuera, te las verás conmigo, demonio. Así que no me tientes, ¿me oyes?
―Pero manténganos al tanto, por favor ―ella se mordió el labio y pestañeó rápido dejando caer dos lágrimas a través de su mejilla, las que su suegro se apresuró en limpiar, reconfortándola con su respuesta:
―Claro que lo haremos, hija. Ahora infórmales a los demás, y avísales que no se muevan de aquí.
Bella asintió y con los ojos llenos de lágrimas vio como estos tres hombres, custodiados por un guardia de Liam salían de su casa. Cuando la puerta se cerró, ella corrió al despacho y se encontró con los agentes haciendo llamadas telefónicas y rastreando una señal de GPS.
― ¿Qué ha pasado?
―En resumen, Liam Patterson envió a su hijo como intermediario para avisarles a Damián y a Edward quien tenía a su hija y lo que pedía a cambio de esta.
―Y quien se supone…
―Elizabeth, la esposa o lo que sea de ese hombre ―respondió el comisario―. Culpará a su senil esposa presa de esto y se quedará con lo que se supone le logre quitar a Damián, lo que dará él a cambio del rescate de su hija.
―Las acciones de la empresa.
―En efecto. Todo está aquí ―levantó el teléfono que Tyler les había dejado ―A más tardar esta noche, ese hombre estará tras las rejas. Todo esto habrá acabado.
― ¡Ay Dios mío, Dios lo quiera!
**oo**
Liam, mirando la hora en su reloj de pulsera, decidió matar el tiempo yendo a visitar a su esposa, la que estaba encerrada y maniatada en otro cuartucho junto donde se encontraba dormida la lisiada.
Aquella mañana, Elizabeth despertó sobresaltada y vio con horror el lugar donde se encontraba, que no era su dormitorio de siempre. Ahí la tuvieron encerrada todo el día, sin que nadie le dijera nada, aunque ella sabía lo que estaba pasando, no era en verdad necesario que nadie se lo explicara, por eso cuando vio aparecer a Liam detrás de la puerta no se le movió un pelo por la sorpresa.
― ¿No te alegras de verme, querida? ―sonrió con la socarronería de siempre, mirándola desde lo alto de su metro noventa de estatura.
Ella arrugó la nariz, lo miró de pies a cabeza y le respondió: ―Vete al carajo.
―No, tú eres la que se irá al carajo, directo a la celda más oscura de la cárcel de donde te saqué, con unos cuántos años más para pasar en ese lugar.
― ¿Y qué harás para provocarlo?
―Pondré en evidencia que decidiste vengarte de tu nieto traidor y de su padre a través de su hijita, la chiquilla de la silla de ruedas… ya que en pasado no pudiste conseguirlo… ―pasó un dedo sobre la silla de madera que había ahí. Torció la boca con asco cuando su dedo quedó lleno de polvo, usando un chaleco de Elizabeth que alguien había dejado sobre la cama para limpiarla―. Deja que te explique: Damián dará lo que se le pida por que suelten a su hijita, y lo que estamos pidiendo, o lo que estás pidiendo es que ceda las acciones de la empresa que alguna vez fue tuya, pero que por tu ineptitud dejaste ir.
―Si quieres adueñarte de esa empresa, tendrías que quitarles a todos los socios su parte. Damián no es…
―Ah, ah, ah… es ahí donde te equivocas. Damián, para resguardar la seguridad de su hijito Edward, se hizo acreedor del más alto porcentaje de acciones. Supongo que su instinto paterno lo hizo creer que tú o yo, caeríamos sobre el más poderoso, y no erró en su predicción. Ahora es el accionista mayoritario, y cayendo esas acciones en mi poder, sumadas a las que Edward entregará, podré hacer y deshacer en esa empresa. El resto será fácil.
Elizabeth arrugó la frente, como procesando la información y lentamente comenzó a negar con la cabeza. Incluso ella creía que ese plan estaba lleno de fisuras y que estaba completamente demente si creía que Edward o Damián iban a tragarse el cuento.
―Ahora entiendo por qué mi padre te desechó como la basura que eres…
―Cuida tus palabras Elizabeth.
―Eres un inepto. Un inepto con dinero, es muy gracioso.
― ¿Gracioso? Gracioso fue tu intento de enlodar mi nombre, de tratar de hacerme ver como el demonio en todo este juego, cuando lo que hice fue simplemente acudir a tu llamado de auxilio, cuando tu no pudiste acabar con ese imbécil…
―Al menos fui derecho a matarlo, que las cosas hayan fallado a último momento, cruzándoseme esa monja, no es mi problema. Tú estás haciendo todo este juego de roles, solapándote bajo el alero de otros… y así dices que fuiste formado por mi padre, él jamás hubiera hecho las cosas así.
― ¡No me compares con ese viejo que ahora es comida para gusanos!
―No te comparo, no podría. Mi padre era mil veces más inteligente que tú, nunca le descubrieron nada malo, nunca probaron nada en contra suya, siempre sostuvo su nombre intachable ―volvió a mirarlo de pies a cabeza― Sin duda haber entregado tu cabeza a las autoridades, fue lo mejor que pudo haber hecho, si no haces más que desastres, el tiempo no te ha enseñado nada, pedazo de imbécil.
― ¡Basta, vieja de mierda! ―gritó, levantándose de su silla y lanzándola lejos hasta que se golpeó con una de las murallas. Ni siquiera ero sobresaltó a Elizabeth, que más que susto, todo ese espectáculo le parecía gracioso.
―Eres un inepto… tanto como para creer que mi padre te haría parte de su familia, a un tipo como tú que no tenía donde caerse muerto…
―Tendrías que estar pidiéndome piedad Elizabeth Masen, y no echando fuera el resentimiento…
― ¿Piedad? ¡En tus sueños me tendrás pidiéndote piedad! Mi ganancia será verte tras las rejas, porque es allí donde acabaras… porque eres de los de mi especie, Liam Patterson, de esos que a toda costa quieren tener más que el resto, más de lo que incluso se merecen, sin mirar las consecuencias. Mi padre debe estar riéndose de ti y de tus intentos por ser como él… ¡Eres una triste copia de August Masen, eres un triste intento de parecerte a alguien de la familia Masen!
Y eso fue todo lo que Liam necesitó para que su provocación lo segara. Estaba dispuesto a hacer sufrir a Elizabeth en esta tierra las penas del infierno, pero hacerla desaparecer de una buena vez y reunirla con su padre, era una atractiva opción, opción que sopesó y que finalmente ganó.
Sacó del bolsillo interno de su chaqueta un revolver con silenciador y lentamente quitó el seguro, frente a los ojos de Elizabeth que finalmente guardó silencio, el que Liam interpretó como miedo, el que disfrutó por unos segundos, antes de apuntarle justo en la frente.
―Despídete de este mundo y prepárate para irte al infierno a reunirte con el viejo de tu padre, y para que tu cuerpo descanse en una fosa común a donde nadie irá a dejarte flores.
―Vete al carajo ―volvió a repetir, siendo estas las últimas palabras que Elizabeth Masen dijo, antes que una bala silenciosa le atravesara el cráneo y la matara instantáneamente.
Liam se la quedó mirando con morbo durante unos cuantos minutos: su cabeza colgando hacia un lado, sujeta apenas por las cuerdas que sus hombres usaron para sujetarla a la silla después de darle su almuerzo, viendo caer por el orificio que dejó el proyectil, un hilo de sangre que comenzó a hacerse más copioso, formando rápidamente un charco en el suelo. Hubiera deseado ver morir de igual forma al viejo August, pero iba a tener que conformarse con haber mandado al otro mundo a la estúpida de su hija, a quien en un pasado podría haberle dado todo, no importándole la diferencia de edad entre ambos.
Guardó el arma de fuego después de haberla asegurado, saliendo de la habitación y encontrándose afuera con tres hombres, listos para "limpiar el desastre" sin él pedírselos. Se movió rápido por el pasillo y se detuvo frente a una de las tantas puertas, donde sujetó la manilla y la hizo ceder para acceder al dormitorio.
Le habían informado que la pequeña hermanita de Edward había despertado, lanzando blasfemias y amenazándolos a todo allí. Era mejor que no lo provocara, pues la pistola dentro de su chaqueta estaba aún tibia y lista para usarse.
Cuando entró, el humo de Liam mejoró un poco al verla despierta, tendida inmóvil sobre la cama y mirando hacia el techo. Estaba pálida y despeinada y sus ojos grandes denotaban miedo, aunque ella trató de esconderlo cuando volteó su cabeza y lo vio cerrando la puerta detrás de él.
― ¡Ya ha despertado mi invitada! ¿Has dormido bien, querida?
―Cuando mi papá y mi hermano te encuentren, vas a tener que salir arrancando…
―Claro, claro... ―asintió, pensando que él iba a desaparecer apenas esos papeles estuvieran firmados. Pero no iba a explicárselo a esa chiquilla porque sería una pérdida de tiempo, mejor iba a dejarle algunas cosas claras a esa adolecente―. Hay una cosita que tengo que aclarar contigo: estoy aquí para ayudarte. No soy tu enemigo. ¿Conoces a la abuelita de Edward, Elizabeth?
―N-no… pero sé de quién se trata.
― ¡Estupendo! La historia es esta: ella planeó todo esto para… provocarle un dolor de cabeza a tu papito, pero yo negocié con ella para que no siguiera adelante con su plan.
―No te creo.
―La cosa es que deberás ser una niña agradecida conmigo ―dijo, ignorando las palabras de la niña, que respiraba pesado a la vez que sus ojos se llenaban de lágrimas― tu papi entregará algo a cambio de tu libertad. Dirás que los hombres de Elizabeth te trajeron aquí, incluso si a tu papito se le ocurre llevar el caso a la justicia, ¿me entiendes? Nadie va a creer cuando digas que yo… que yo te invité a dar un paseo extra escolar. Por eso y para evitarnos posteriores problemas, dirás siempre que los hombres actuaron por órdenes de esa mujer, que no deja de decir que era por venganza de Edward y de tu padre. Parece que ellos no eran muy buenos amigos.
La niña comenzó a sollozar, mordiendo su labio para evitar que el llanto fuera aún más escandaloso, haciendo que Liam torciera la boca y se acercara a ella, sentándose al filo de la cama y acariciándole el rostro, como si sintiera pena por todo.
―Shhh… no llores niñita.
―No me toque… ―gritó ella, apartando su cabeza lo que más pudo de las manos de Liam. Él puso cara de ofendido pero enseguida sonrió con malicia.
―Tranquila Beatriz, solo quiero que te quede claro quién era la persona detrás de todo esto, y aunque parezca increíble, yo solo estoy aquí para asegurarme que sigas viva, ¿lo entiendes? Eso dirás, incluso a tu padre, y culparás a Elizabeth de todo, de lo contrario usarás la cabeza de tu papá como balón de básquet…
― ¡No! ¡No digas eso! ―lloró y rogó la pequeña, dispuesta a hacer lo que ese hombre decía con tal de que nada le pasara a su papá o a alguien de su familia―. ¡No le haga nada a mi padre, yo diré lo que usted quiera, se lo juro!
―Mi niña, claro que lo harás ―sonrió y le acarició el mentón, poniéndose de pie―. ¿Ves que podemos ser amigos?
Entonces el dialogo con la niña fue interrumpido con uno de sus hombres, que tras golpear una vez, entró para informarle a su jefe que Tyler ya había regresado en compañía de las personas que él esperaba.
― ¡Oh, es estupendo! ―se giró hacia Beatriz, que seguía con su rostro bañado en lágrimas― ¡¿Oíste, Beatriz?! ¡Tu padre y tu hermano ya están aquí! Aunque no puedo asegurar que puedas reunirte enseguida con ellos… bueno quien sabe ―dijo, como pensando en voz alta antes de salir y dejar llorando desconsoladamente a una niña.
―Señor, su hijo solicitó hablar con usted antes.
― ¿Y dónde está? ―preguntó, arrugando su frente. El hombre enseguida contestó, levantando su mano por el pasillo hacia la derecha.
―En el cuarto al otro lado del corredor.
―Vamos allá entonces.
Caminó en compañía del hombre hasta el lugar que le indicó, ordenándole se quedara afuera mientras él y su hijo hablaban en privado. Le pediría al mismo Tyler llevara los documentos de la venta ficticia para que Damián los firmara, y por supuesto los de Edward también y al final de la tarde todo habría acabado. Él, su hijo y su futura esposa, Isabella, estarían subiéndose a un avión para desaparecer de allí por un buen rato.
Entró con esas ideas en la cabeza y encontró a Tyler de pie, afirmado contra la muralla, con sus manos metidas en los bolsillos y sus ojos fijos en la punta de sus zapatos. Le pareció rara esa actitud, quizás pensó, esto era nuevo para él, por eso tenía ese semblante serio y cansado.
― ¿Salió todo bien? ―le preguntó con cautela, pero ni aun así Tyler alzó la vista. Con su cabeza gacha respondió, oyéndose su voz ronca y poco entusiasta.
―Sí. Damián es capaz de dar todo lo que tiene por su hija…
―Estupendo.
―Aunque en esta ocasión eso no sucederá.
Eso encendió las alarmas en la cabeza de Liam, que miró extrañado a su hijo, que seguía evitando mirarle. Dio dos pasos hasta él y mirándolo con intensidad, le pidió que se explicara mejor.
― ¿Qué dices?
―Crecí sabiéndome un indeseado en la vida de mi progenitor. Me dolió enterarme que no le creías a mi madre que yo era tu hijo y que tuviste que acceder a una prueba de ADN para cerciorarte que ella no te estaba mintiendo.
― ¿A qué viene eso?
―Siempre fui consciente de tu abandono, y solo a veces me hiciste falta, porque siempre mi madre suplió las necesidades con mucho esfuerzo. No te necesitábamos, hasta que apareciste y se te ocurrió ser padre.
Liam tragó grueso, por primera vez sintiendo sobre sus hombros el peso de la culpa. Las palabras de su hijo estaban doliéndole más de lo que tenía presupuestado, aunque seguía sin comprender por qué sacaba a colación la historia justo en ese momento.
―Tyler, sabes que estoy remediándolo ahora, que las cosas serán diferentes…
―Cuando supe que estabas coludido con Elizabeth me enteré por intermedio de Edward ―interrumpió a Liam, el que arrugó la frente quedándose mudo, percibiendo que algo no marchaba bien―. No demoró en enterarse de los lazos que me unían a ti por el apellido, despidiéndome porque pensaba que era tu colaborador o tu informante, qué sé yo. Logré convencerlo de que no era verdad, que no tenía la relación contigo que él creía, y quizás porque nuestras historias son muy similares, me creyó. Y decidí ayudarlo, aliándome a él.
―De qué… ―ahora dio un paso atrás, como si las palabras de su hijo le hubieran pegado justo en el estómago― de qué hablas…
―Todo este tiempo he estado poniendo al tanto de tus actos a Edward y al resto de los suyos. Ninguno de tus movimientos los sorprendió, ni siquiera este… aunque pienso que ellos no te creían capaz de recurrir a raptar a una niña para conseguir llenarte aún más los bolsillos de dinero.
―No es posible… no es verdad lo que estás diciéndome.
Liam negaba con la cabeza, insistentemente, pareciéndole una broma de mal gusto lo que su hijo estaba diciéndole. Tanto así que lanzó una risa desprovista de gracia, imitando Tyler ese sonido, el que resonó dentro del húmedo y pequeño cuarto donde ambos se encontraban.
―Sí que lo es. Todo este tiempo he estado grabando nuestras conversaciones, desde el día que fuiste a mi oficina y viste a Bella allí. Por cierto, ella nunca ha sido mi amante y ni por asomo el hijo que espera es mío. Todo fue parte de un plan
― ¡Me traicionaste, maldita sea!
Ni los gritos ni el peligro hicieron que el arquitecto se sobresaltara. Digamos que en vez de eso, sentía que un gran trozo de concreto que sostuvo durante todo ese tiempo sobre sus hombros, caía y se hacía pedazos, liberándolo.
―Ahora, el edificio está rodeado de policías que seguro mientras he estado hablando, ya redujeron a los hombres que te acompañaban ―finalmente levantó la cabeza y miró a Liam, que lo miraba de regreso como si estuviera hablando locuras―. Vienen por ti, es el final de tus días fuera de la cárcel.
―Es imposible…
― ¿Cómo pudiste creer que te ayudaría en esto? ―apretó la boca y volvió a abrirla, gritándole con la indignación y el rencor que tuvo que tragarse durante todo el tiempo que estuvo pretendiendo ser su aliado―. Nunca he confiado en ti y después de saber tus planes por cobrarte venganza de no sé qué cosa contra los Masen, me quedó claro de qué la calaña que estás hecho.
― ¡No me hables así! ―gritó, imponiéndose frente al traidor que para su pesar, llevaba la misma sangre que él―. Si fueras otra persona, en este momento estaría atravesándote con una bala por tu traición.
―No me extrañaría que lo hicieras, y no tengo miedo. Si vas a hacerlo, hazlo ya. Yo dejaré este mundo con mi conciencia limpia.
Pero Liam seguía sin comprender lo que Tyler le estaba diciendo, seguía sin tomarle el peso a sus palabras. Para él, siempre iba a haber una salida, aunque los hechos demostraran lo contrario. Ni siquiera su hijo ni nadie, sabían el poder que él tenía.
Se oyeron unos ruidos afuera y claramente las pisadas de varias personas, que seguro cogieron al hombre que en solitario los esperaba al otro lado de la puerta. Abrió los ojos y miró hacia la puerta, aun cerrada, mirando de regreso a su hijo, que no se veía alterado, muy por el contrario de cómo él se sentía. ¿Era acaso su final? Los policías estaban a punto de entrar para encarcelarlo… ¿pero habría para él una salida? Tyler había dicho que todo lo había confesado, sus planes habían quedado registrados y quizás qué otras cosas había dicho para que lo apresaran. ¿Permitiría que lo metieran a la cárcel, dejaría que su nombre resonara en los labios de sus enemigos, burlándose de su final?
"Nunca" y si eso pasaba, él no iba a estar en este mundo para presenciarlo.
Se sobresaltó cuando la puerta se abrió de golpe y dos hombres con vestidos de negro, con chalecos antibalas, uno de ellos con una pistolas apuntándole.
―No se mueva, señor Patterson, traemos una orden de arresto en su contra…
―Nunca ―Y con la agilidad antes poco vista, sacó del bolsillo interno su pistola, quitándole de camino el seguro. Tyler abrió los ojos con desmesura cuando lo vio en cámara lenta ponerse el cañón en la sien, y antes de dispararse, dirigirle una mirada de perdón y súplica que él no comprendió en ese momento.
Un minuto más tarde y sin que los oficiales de policía alcanzaran a hacer algo, Liam se disparaba mirando a su hijo, dejando en nada la orden de arresto que los oficiales traían para él.
― ¡¿Qué mierda….?! ―Edward apareció en el umbral de la puerta cuando oyó el disparo, quedándose mudo de la impresión cuando vio el cuerpo sin vida de Liam sobre el piso, dirigiendo enseguida su atención a Tyler, que estaba de pie mirando el cuerpo, mientras los oficiales se inclinaban hacia él y llamaban a refuerzos por una radio―. ¡Ey, ¿estás bien?!
Pero Tyler no respondió. Estaba en estado de shock.
―Debemos que sacarte de aquí, los oficiales se encargaran de esto. ―y jalándolo por el brazo, obligó al arquitecto a caminar hacia la salida―. Llevaron a Damián con Bea…
― ¿Ella… ella está bien? ―murmuró el joven arquitecto.
―Mareada por lo que sea que le suministraron
―Me alegro… ―dijo apenas con un hilo de voz, temblando mientras caminaba hacia la salida.
Afuera, Edward lo convenció de meterse en el coche y esperar ahí mientras salía el resto, para irse de una vez de ese lugar. Una vez adentro, el joven y valiente arquitecto se permitió llorar por la muerte de un hombre, que en otras circunstancias hubiera amado incondicionalmente.
Miró por la ventana y la imagen de una niña saliendo cargada por su padre, abrazada a su cuello, le estrujó el corazón, y un dejo de envidia lo recorrió cuando vio a Edward acercarse a ellos y completar el cuadro. Un padre que era capaz de darlo todo por sus hijos, eso era lo que deseaba; un padre que hubiera sido capaz de dejarlo todo por amor a sus retoños, que era capaz de amar como Damián amaba a sus hijos, como Edward amaba a su hija. Pero él no tuvo esa suerte, muy por el contrario, creció sabiéndose indeseado por un padre que lo ignoró, como le hizo saber a Liam antes que este muriera.
Finalmente todo había acabado, aunque no de la manera en que él lo hubiera esperado, no sintiendo ese peso de una culpa de saber que alguien se había suicidado por su culpa. Al menos era eso lo que sentía.
Abrazando a su padre y a su valiente hermana, Edward pudo distinguir el semblante cabizbajo y atormentado de Tyler, que había temido que presenciar nada más terrible que el suicidio de alguien.
― ¿Sabes que Tyler nos ayudó a que ahora nos reuniéramos contigo? —le preguntó Edward a su hermana, pasándole una mano por su enmarañado cabello. Ella miró a su padre con asombro a lo que este le guiñó un ojo, asintiendo a lo que Edward decía.
― ¿De… de verdad? ¿Tu amigo guapo…?
―Si —Edward rodó los ojos y Damián se carcajeó— mi amigo guapo. Ahora está dentro del coche… no lo ha pasado muy bien y seguro si vas allá para agradecerle, le ayudaría a levantar su ánimo.
La adolecente asintió y automáticamente su padre comenzó a caminar hacia el vehículo junto a Edward quien abrió la puerta del coche, metiendo a Beatriz al asiento trasero, al lado de Tyler, quien al verla sonrió genuina mente alegre de verla sana y salva. Su garganta se contrajo cuando los ojos de la niña comenzaron a desbordase de lágrimas.
―Uhm… yo quiero… ejem… ―a Bea le estaba costando hablar, cosa poco habitual en la niña—Edward me dijo que me habías... Que nos habías ayudado a salir de todo esto, y quería agradecértelo.
―Linda Beatriz ―comentó Tyler, acariciando la mejilla bañada de lágrimas de la niña― nada tienes que agradecer.
Entonces la niña se impulsó hacia adelante y con un poco de dificultad rodeó el cuello de su salvador, quien sonrió con ternura y retribuyo de igual forma el gesto de su nueva amiga Beatriz, pensando que todo lo vivido, toda la confusión y el cansancio mental había valido la pena por ver a esta niña sana, salva y feliz en compañía de quienes la amaban.
Damián y su hijo Edward, fueron espectadores desde el exterior del coche, suspirando ambos al unísono cuando vieron la tierna escena.
―Hacemos un buen equipo, ¿no te parece? ―preguntó Damián, golpeando a Edward con el codo sobre el brazo. Edward lo miró y sonrió, volviendo su vista a la escena dentro del coche.
―Claro que sí. Por cierto, ¿no llevan mucho tiempo abrazados?
Damián miró a su hijo y se carcajeó con diversión como hacía tiempo no lo hacía.
Cuando llegaron a casa donde todos los esperaban, la algarabía estalló, sobre todo por el regreso de Beatriz, que era lo más importante. Sintieron consternación por cómo se dieron las cosas y pena por Tyler que había tenido que presenciar el suicidio nada menos que de su padre, que lo dejó muy choque a do, habiendo pasado de entrar a la casa, prefiriendo ir y refugiarse en la suya, en compañía de su madre y su novia. Necesitaba un poco de espacio y tiempo en privado con los suyos para pensar.
Después que la celebración decantó, varias horas más tarde y cuando cada quien se retiró a sus casas, Bella y Edward se refugiaron en el cuarto de su hija, contemplándola mientras dormía, sintiendo una especie de paz como hacía mucho no percibían.
―Jamás pensé que las cosas iban a terminar de este modo —admitió Bella en un susurro, sentada sobre las rodillas de su marido y abrazada a él por el cuello.
Edward inspiró profundo y escondió su cara en el cuello fragante de su mujer, pensando honestamente que él tampoco se imaginó que las cosas a acabaran de esa forma.
Después de sacar a Beatriz de ese lugar, llego hasta su casa el fiscal a cargo de una investigación interna sobre soborno dentro del recinto penitenciario, quien llegó hasta ahí para informarle que habían encontrado el cuerpo de Elizabeth Masen escondido dentro de una camioneta, listo para ser sacado de ahí y hacerlo desaparecer.
No pudo negarlo, la noticia le cayó como vale de agua fría, pues con todo lo sucedido se había olvidado completamente de ella. Ahora, tanto esa mujer como Liam estaban en el lugar que se merecían: quemándose en el infierno.
Ni pena, ni confusión, ni remordimiento ni ninguno de esos sentimientos se hizo presente cuando le notificaron de hecho, muy por el contrario, sintió una liberación tan profunda que lo hizo desear querer aplaudir, pero se contuvo. Esas personas, ni Elizabeth ni Liam se merecían ser celebrados de ninguna forma.
Con ambos muertos, el caso malversación y cualquier causal que los involucraba, quedaba cerrado, no así los sumarios internos de diferentes organismos que fueron ligados a Patterson.
―Finalmente demonio, vamos a poder vivir en paz. Voy a ver crecer a mis hijos sin la idea de que algún día alguien podrá hacerles daño. Ya eso quedó atrás.
―Nos merecíamos este final, esposo.
―Claro que sí, demonio. ―Dijo, para después mordisquear el cuello de su esposa, que lo apartó luego que recordara donde se encontraban.
―No estamos solos Edward.
―Esta niña no se despierta ni aunque pase una torva de rinocerontes junto a ella.
Bella se carcajeó muy de acuerdo con su esposo, pero aun así no se iba a dejar llevar por la pasión del momento, mucho menos en el cuarto de su hija. Eso sí, una vez solos en el dormitorio matrimonial….
― ¿Te contestó Tyler el teléfono?
―No, lo tenía apagado.
―No me gustaría saber que lo está pasando mal o que está arrepentido. Espero que no este evitándonos por eso….
―Creo que no se trata de eso, sino del impacto que debe ser para cualquier persona ver morir a otra, sobre todo en las circunstancias que lo rodeaban…. O nos rodeaban.
―Es probable —suspiró y apoyo su cabeza en el hombro de su marido― ¿podemos visitarlo mañana? No quiero dejar pasar más tiempo para agradecerle. Además, me gustaría ver a su madre y agradecerle a ella también.
―Mañana entonces iremos tú, la niña y yo a visitar a tu amigo arma casas….
― "Nuestro" amigo, Edward, ¿o vas a decirme que no te has encariñado con él?
―Oye, no es para tanto… ―prácticamente gruñó en respuesta haciéndola reír.
― ¿¡Ah, no?! —insistió ella, provocando al ogro, decidiendo este dejar hasta ahí la labor de guardián de sueños infantiles, y convertirse en estríper privado, dentro de su alcoba y para el deleite de su esposa, a quien si le iba a enseñar lo "encariñado" que estaba, pero de ella y de forma infinitamente exponencial.
La pequeña Clarisse ni siquiera se movió cuando su madre estalló en risa cuando Edward la tomó y la llevo cargada sobre su hombro hazte dormito donde la encerró la desistió y le hizo el amor durante varias, varias horas a modo de celebración por la época negra que había finalmente quedado a sus espadas.
Bueno damas! Estamos a punto de decirle adiós al ogro, esta vez para siempre. MAÑANA tendremos el desenlace de esta historia y la próxima semana estaremos estrenando lo nuevo, de lo que ya tendrán noticias en el grupo de Facebook. Así que atentas.
Como siempre, mi agradecimiento por acompañarme en esta historia, por sus comentarios siempre en buena onda y por su cariño hacia mi. ¡MUCHAS, MUCHAS GRACIAS!
A mi equipo, el que siempre me ha acompañado, también muchas gracias, ya saben todo lo que las quiero: Gaby Madriz, Maritza Maddox, Manu de Marte y Yenny Arias.
Nos reencontramos mañana! Besos a todas.
Cata!
Cata!
