So Wrong, It's Right
Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo pertenece a Stephenie Meyer.
Lean y comenten: Dirty Sexy James: 4081501 (Harry Potter)
Someone to Save You: 4247900 (Twilight)
You call it Madness, I call it Love: 4190620 (Twilight)
º0º0º0º0º
Capítulo Dos: Paranoia.
Bella POV.
Mi primer día en el instituto de Forks había sido un día normal. Varios chicos se me habían acercado y yo no había tenido que esforzarme mucho por sociabilizar. Cosa que no me era muy fácil. Al parecer, todo el mundo sabía que venía y todos estaban ansiosos por conocerme más a fondo. Ugh, ni que fuese famosa. Pensé cuando el doceavo chico me saludaba y me decía que conocía a mi papá. Después de tantas presentaciones, un grupo de chicos me había invitado a almorzar con ellos. Estábamos en eso cuando lo vi…de nuevo. Estaba sentado en la mesa más apartada del resto de la cafetería junto a –los que supuse que eran- sus hermanos. Todos se parecían mucho, pero al mismo tiempo, sentía que no tenían ni un tipo de parentesco. Una chica que estaba sentada a mi lado, me pilló mirando hacia su mesa.
-¿A quién miras, Bella?
-¿Son los Cullen, cierto?-pregunté apuntándolos.
-Así es.-dijo la chica.
-¿Son todos hermanos?
-El doctor Cullen y su esposa adoptaron a tres; Edward, Alice y Emmett. Los dos rubios son sobrinos de la esposa del doctor Cullen; Rosalie y Jasper.
-A Jessica le encanta Edward.-bromeó uno de los chicos.
-¡No es cierto!
Jessica, así se llamaba la chica que me estaba hablando de los Cullen. Me costaba recordar los nombres de todos. Pero creía que lo estaba haciendo bien para ser mi primer día. Miré de reojo a los Cullen. Los cinco estaban sentados en silencio, sin mirarse ni hacerse ningún gesto. Las bandejas de comida estaban frente a ellos, pero estaban intactas.
-¿Por qué los miras tanto, Bella?-me preguntó otra chica.
-Es que me llaman mucho la atención. Los conocí el otro día y…
-¿¡Los conociste!?-chilló Jessica.
Edward Cullen volteó y miró con dirección a nuestra mesa. El tiempo se detuvo. Sentí como mis mejillas comenzaban a arder. Bajé la mirada y me concentré en mirar fijamente mi plato de comida. ¿Seguiría mirando hacia acá? Levanté por un segundo mi mirada y me encontré con sus ojos oscuros mirándome fijamente. Edward no me miraba con normalidad, sino que me miraba con una mirada perturbada, como si le estuviese molestando. Traté de cortar el contacto visual, pero no pude. Sus ojos me tenían atrapada. El contacto visual duró hasta que él volteó a mirar a su hermana Alice.
-¿Cómo los conociste?
-¿Qué?-pregunté desconcertada.
-Jessica te acaba de preguntar cómo los conociste.-me dijo un chico que -si no me equivocaba- se llamaba Mike.
-Los conocí en el hospital.
-¿Por qué? ¿Qué le pasó a Edward?
-Eh…yo nunca dije que le había pasado algo a él.
-¿Ah, no?
-No, Jessica.
-Oh, debí confundirme.
-…
Esa chica sí que era extraña. Al parecer, estaba obsesionada con Edward Cullen. Nos quedamos todos en silencio un momento. Hasta que una chica –llamada Angela- me volvió a preguntar sobre los Cullen. Todos parecían muy interesados en mi historia.
-Al parecer encontraron a unos bebés abandonados y los llevaron al hospital para que los revisaran. Charlie, digo, mi padre, le pidió a los Cullen que los cuidaran por mientras él habría una investigación.
-¿Bebés?-preguntó Jessica.- ¡Que tierno se vería Edward Cullen cuidando a un bebé!
Miré hacia la mesa donde los Cullen estaban sentados. Edward estaba diciéndoles algo a sus hermanos. Luego, todos se pusieron a reír a carcajadas. Al parecer, escuchar a los Cullen reír no era algo muy común. Ya que todo el mundo volteó para mirarlos. Ellos seguían riéndose, como si no se dieran cuenta de que todo el mundo los estaba mirando.
-¿Por qué todo el mundo los está mirando?
-Porque es muy raro ver a los Cullen reír.-me dijo Angela.
-Ya veo. ¿Siempre se sientan juntos?-pregunté con curiosidad.
-Siempre.-me dijo Angela.- Y siempre tratan de evitar el contacto con otras personas que no sean de su familia.
-Que extraños.-comenté.
-Lo sabemos.-dijo Jessica.- Pero eso no quita el hecho de que todos sean extremadamente guapos…en especial Edward.
Todos en la mesa rieron por el comentario de Jessica, todos menos yo. No lograba entender porque nadie se sentía tan atraídos a ellos como yo. Era la hora de volver a clases. Todos en la mesa salieron rápidamente del comedor, dejándome sola. Me levanté con tranquilidad. Y caminé calmadamente hacia el salón que me tocaba. Iba pensando en las compras que tenía que hacer, cuando alguien me tocó en hombro. Di un salto y volteé a ver quién había sido. Era una joven de cabello castaño y corto. Tenía los ojos de un extraño color dorado y tenía una gran sonrisa en el rostro.
-¿Si?-le pregunté.
-Soy Alice Cullen. Tenía muchas ganas de conocerte. He escuchado mucho sobre ti.
-¿Ah?-estaba muy desconcertada.
-Edward y mi madre –Esme- me contaron sobre ti.
-¿Ah, sí?-balbuceé.
Miré hacia todas partes. Un par de alumnos que pasaban a mi lado quedaron boquiabiertos al verme hablar con Alice Cullen. Cuando comenzaron a alejarse de nosotras, se pusieron a cuchichear. Y no quería tener ese tipo de fama. Es más, prefería pasar desapercibida. Alice Cullen sonreía de oreja a oreja.
-¡Así es! Eres más bonita de lo que te describieron.
-Eh…yo…
-Nos vemos.
Me guiñó un ojo y se marchó. Me quedé inmóvil. No sabía qué hacer con eso. ¿Cómo debía reaccionar cuando uno de los Cullen se me acercaba? Sacudí mi cabeza, tratando de olvidar lo que había pasado. Caminé como zombi hasta mi salón. Me tocaba biología. Todos los asientos estaban ocupados, todos menos uno…el que estaba al lado del que Edward Cullen estaba usando. Inhalé y exhalé varias veces antes de sentarme. No quería mirarlo a los ojos, ya que sentía que –cuando me miraba- podía saber lo que pasaba por mi mente. Sonaba estúpido, lo sabía. Pero aún así había algo en Edward Cullen que me molestaba. Me senté e inmediatamente se apartó un poco de mí.
-Lo siento, ¿Te molesto?-le pregunté consideradamente.
Sus ojos oscuros se clavaron en mí. Me sentí atontada y deslumbrada al mismo tiempo. ¿Qué diablos tenía Edward Cullen que lo hacía tan atractivo?
-No.-me dijo tajante.- Soy yo, no tú.
Al decirme eso, recogió sus cosas y se marchó del salón. Me quedé boquiabierta, mirando cómo se marchaba. Todos en el salón voltearon a verme y las chicas comenzaron a cuchichear. Ugh, momento incómodo. A partir de ese momento, la clase fue muy normal. El profesor hablaba y yo no lo escuchaba. Todavía estaba pensando en las palabras de Edward. "Soy yo, no tú" ¿Qué habrá querido decir con eso? La clase terminó y Jessica se me acercó rápidamente para cuchichear conmigo.
-¿Qué le dijiste a Edward para que se marchara?
-Yo no le dije nada.
-Entonces, ¿Por qué se fue?
-No tengo idea.-me encogí de hombros y salí del salón.
Jessica y los demás salieron detrás de mí. Pude escuchar como la chica llamada Lauren y Jessica cuchicheaban sobre lo que había pasado durante la clase. Obviamente, las dos me echaban la culpa por lo que había pasado. Puse los ojos en blanco y bufé. Eran tan infantiles. No tenía ganas de tener más clases, así que me subí a mi Monovolumen y conduje hasta casa. Hoy tenía que ir de compras, así que necesitaba saber que había y que no había en el refrigerador de Charlie. Entré a mi casa y subí directo a mi habitación. Prendí el ordenador y me tiré sobre mi cama.
Suspiré. Hoy había sido un día bastante extraño. Y había algo de esos Cullen que hacía que me dieran escalofríos. Eran extraños. Eso todo el mundo lo sabía. Pero había algo más. Algo que me hacía sentir atraída a ellos. En especial a Edward. Me sentía indefensa cuando estaba junto a él. Me paré de mi cama y me acerqué a mi ventana. Vi como una sombra –que estaba parada al lado del tronco de un árbol- desaparecía. Fruncí el ceño y pegué mi rostro a la ventana. ¿Estaba viendo bien? Fregué mis ojos con mi puño y volví a mirar. No había señal de que hubiese algo allí. Ya estaba viendo cosas...
Me metí a mi e-mail y pude ver que Renée me había llenado de correos. Se los respondí todos. Y muy superficialmente. No tenía ganas de contarle sobre lo que me estaba pasando en la escuela. Y mucho menos contarle sobe los Cullen. Después de responderle, bajé a la cocina e hice una lista con todo lo que faltaba. La lista era bastante larga. Y si quería llegar a cocinar antes de que Charlie llegase, debía marcharme ahora. Me subí a mi Monovolumen y conduje hasta la tienda. Fui pasillo por pasillo buscando las cosas de la lista. Estaba en eso cuando choqué con alguien.
-Lo siento.-me disculpé.- No lo vi.
-¿No eres Isabella, la hija del jefe Swan?
Esa voz la conocía. Me fijé bien en la persona con la cual había chocado. Era la esposa del doctor Cullen. Mi corazón comenzó a acelerarse. ¿Significaba eso que Edward también estaba por acá? Miré hacia todas partes por si lo veía aparecer.
-Hola señora Cullen.-la saludé.
-Me puedes decir Esme.-sonrió.
-Está bien, Esme.
-¿Estás comprando las cosas para la semana?-me preguntó dulcemente.
-Eh…es que Charlie, digo, mi papá, no tenía nada en el refrigerador.
-Ah, ya veo.
-¿Está usted comprando las cosas para la semana?
-Así es. Y ahora es mucho más por los bebés.
Noté que en sus brazos llevaba a una bebita. Iba vestida completamente de rosado e iba chupando su chupete.
-Esta es Elizabeth. Es la menor de los tres.
-Es hermosa.
-Hace tiempo que no tenía bebés en casa. Me costó mucho acostumbrarme de nuevo a levantarme temprano, ya que ellos se despiertan muy temprano…
Hablaba como si yo no supiera nada sobre bebés. Eso era extraño. Al parecer, la extrañeza era de familia.
-Bueno, así son los bebés.-comenté.
-Lo sé. Pero mis chicos nunca me dieron problemas.
Iba a decirle algo, cuando apareció Alice a la vuelta del pasillo. Sonrió de oreja a oreja cuando me vio. No lograba comprenderla. Ella tenía a otro de los bebés en sus brazos. Se acercó a mí y me abrazó. Mi cuerpo se tensó al sentir su piel fría.
-¡Isabella!
-Es Bella.-le corregí.
-Que coincidencia que nos encontremos aquí. ¿Verdad, Bella?
-Supongo.
-Henry, ¿piensas tú que fue coincidencia encontrarnos con la tía Bella aquí?
El bebé me miró y se avergonzó. Escondió su cara en el pecho de Alice. Ella le dio un beso en la cabeza y me sonrió.
-Le gustas.
-¿De verdad?
-Así es.-me dijo.- No se avergüenza con cualquiera.
-Que tierno es.
-Esme, se me ocurrió una idea.
-¿Qué sería, Alice?
-¿Por qué no invitamos a Bella y a su papá a cenar el viernes? Sería una gran oportunidad para que el padre de Bella vea en qué ambiente están los niños.
-Me has convencido, Alice.- Alice le sonrió a Esme con complicidad.- Bella, ¿te gustaría venir con tu padre a cenar el viernes? Sería un honor que vinieran.-me dijo Esme.
-Yo…tendría que preguntarle a mi papá.
-Pregúntale hoy y le cuentas a Alice mañana.
-Está bien.
En ese momento apareció Rosalie junto al tercer y último bebé.
-Esme, Alice.-dijo Rosalie sin notar mi presencia.- Tengo todo lo que necesitamos.
-¿Segura?-le preguntó Alice divertida.
Rosalie arqueó una ceja y la miró seriamente.
-¿Qué me falta?
-Los biberones para Elizabeth.
-¡Rayos! Tú siempre lo sabes todo.
Rosalie se marchó y yo me quedé mirándolas –a Alice y a Esme- en silencio.
-Eh, bueno…yo me tengo que ir.
-Nos vemos, Bella.-me dijo Esme.
-Adiós.
Di una media vuelta y comencé a caminar lo más rápido posible, sin que se notara que estaba tratando de escapar de allí. Terminé de hacer mis comprar y volví a mi casa. Charlie todavía no llegaba. Ordené las cosas y me puse a cocinar enseguida. El único sonido que se escuchaba, era el sonido de mi respiración mientras cocinaba. De vez en cuando tarareaba para no sentirme tan sola en la casa. Charlie todavía no llegaba y ya estaba comenzando a asustarme. De repente, escuché un ruido extraño en la sala. Mi respiración se detuvo y mi corazón comenzó a latir rápidamente.
Tomé un cuchillo que había sobre la mesa. Mi mano temblaba levemente mientras sostenía el cuchillo delante de mí. La sala estaba oscura. Entré a la sala e iba a prender la luz cuando escuché el sonido de nuevo, pero esta vez a mi espalda. Me sobresalté y volteé para ver quién estaba detrás de mí. Pero ahí no había nadie. Prendí la luz y no había nada en la sala. Comencé a recorrerla para cerciorarme mejor, cuando -de la nada- sonó el teléfono. Y yo grité lo más alto posible.
-¡AAAAHHHH!-chillé.
En ese momento alguien me tocó el hombro y chillé aún más fuerte. Me di vuelta y levanté el cuchillo contra la persona que me había tocado el hombro.
-¡¡Bella, Bella, cálmate!!
Charlie estaba parado frente a mí. Tenía sus manos en alto y me miraba extrañado. Mi corazón latía con gran velocidad por la adrenalina que estaba sintiendo. Charlie me quitó el cuchillo de las manos y me sentó en una silla.
-Voy a contestar el teléfono y vuelvo.-me dijo.
Ah, claro. El teléfono. Se me había olvidado por completo que estaba sonando. Charlie lo contestó y yo traté de calmarme. Escuché a lo lejos como Charlie conversaba con alguien. No le presté mucha atención. Él colgó y se sentó a mi lado.
-Era Billy.
-¿Qué Billy?-le pregunté.
-Billy, Billy Black.
-Oh, ya lo recuerdo. ¿Qué quería?
-Invitarnos a almorzar el sábado.
-Hablando de eso…-recordé de repente-...hoy me encontré a la señora Cullen, mientras hacía las compras.
-¿Ah, sí?
-Así es.
-¿Hablaste con ella?
-Sí.
-¿Qué te contaba?
-Me preguntó si queríamos ir a cenar con ellos el viernes.
-Me parece una muy buena idea. ¿A ti no, Bella?
-Pienso lo mismo que tú.
-¿Cómo le confirmaremos? ¿Debo llamarlos?
-No te preocupes. Mañana hablaré con Alice.
-Está bien. Entonces iremos el viernes a la casa de los Cullen y el sábado a la casa de Billy.
-Me parece genial.
-Que bueno. Y ¿Qué tienes pensado para la cena?
¡Diablos, la cena! Me paré rápidamente y corrí a la cocina. Pude salvar la cena a último momento. Se la serví a Charlie, luego me serví un poco a mí. Me senté junto a él y cené en silencio. Él me contó con lujo y detalle sobre su día. Yo hice como si lo estuviera escuchando atentamente. Pero tenía otras cosas dando vuelta en mi cabeza. Mañana tendría que hablar con Alice Cullen. Y estaba segura que todo el instituto estaría hablando sobre eso. Después de la cena, Charlie se sentó frente al televisor y comenzó a ver las noticias.
Yo –en cambio- subí a mi habitación. Tomé el pomo de la puerta y escuché pasos dentro de mi habitación. Mi cuerpo se tensó y mi ritmo cardiaco se aceleró. ¿Qué debía hacer? Analicé rápidamente la situación y se me ocurrieron dos opciones. Uno: llamaba a Charlie para que atrapara a la persona que estaba en mi habitación. Dos: todo esto era producto de mi imaginación y no había nadie en mi habitación. Giré lentamente el pomo de la puerta y entré. No había nadie. Revisé muy bien mi habitación. Todo estaba igual que antes. Me tiré sobre la cama y cubrí mi rostro con la almohada.
-Ya te estás poniendo paranoica Bella Swan.-me dije en voz alta.
-Soy yo, no tú.-escuché la voz de Edward decir.
Inmediatamente me quité la almohada. Obviamente no había nadie en mi habitación. Estaba comenzando a creer que tenía un severo caso de alucinaciones. Esto era grave…muy grave. ¿Escuchar la voz de Edward Cullen? Esto era demasiado. Decidí darme una ducha y tratar de olvidarme de todo. Pero no podía. Sentía que alguien me estaba observando muy de cerca. Y eso me ponía nerviosa. Me puse mi pijama y me metí a mi cama.
Cuando me desperté a la mañana siguiente, Charlie ya se había ido a trabajar. La investigación sobre los bebés abandonados que habían encontrado los Cullen le estaba consumiendo todo su tiempo en la estación de la policía. Me preparé el desayuno mientras me vestía. Comí rápidamente y salí apresuradamente de mi casa. No quería llegar a tarde. Estacioné mi Monovolumen en el primer estacionamiento libre que encontré. Estaba arreglando mis cosas antes de bajar, cuando alguien tocó a mi ventana. Lo que –obviamente- provocó que chillara y diera un salto.
-¡Lo siento, Bella!-me dijo Mike Newton.
Bajé la ventana y le sonreí.
-No te preocupes, Mike. Lo que pasa es que he estado algo paranoica.
-¿Te molestaría contármelo mientras caminamos a clases?
¿Clases? Claro…así que te traes algo entre manos. Ja.
-Obvio.-le dije.
Cerré la ventana y me bajé del Monovolumen. Cerré bien la puerta, ya que no quería que me lo robaran. Y luego comencé a caminar junto a Mike. Le conté sobre lo que estaba pasando. Él me escuchó atentamente –o fingió hacerlo- durante todo el rato que yo hablé. Durante ese trayecto deseé poder leerle la mente. Así sabría que intenciones tenía conmigo. Sería un don muy interesante, en el caso de poseerlo. Dimos vuelta en una esquina y de la nada, apareció Alice Cullen.
-¡Hola Bella!-me saludó con una sonrisa- ¡Hola compañero de Bella que no conozco!
-Hola Alice.-la saludé yo.
-¿Y? ¿Hablaste con Charlie?
-Así es.
-¿Y qué te dijo?-me preguntó emocionada.
-Que sí.
-¡Genial! Entonces nos vemos en viernes a las siete de la tarde. ¿Está bien esa hora?
-Eh, no lo sé. Charlie ha estado muy ocupado…
-Presiento que si podrá. Pero igual pregúntale.
-Ok.
-Nos vemos. No quiero llegar tarde a clases.
Me dio un abrazo y se marchó. Miré a Mike y no me sorprendió al verlo boquiabierto. Al parecer, tendría que acostumbrarme a producirles eso a todos en el instituto.
-Nos conocimos un par de días antes de entrar.-le aclaré.
-Eso ya lo sabía.
-Entonces, ¿Por qué estás tan sorprendido?
-Es que nunca había escuchado a uno de los Cullen hablarle a otra persona que no sea uno de ellos. Y mucho menos invitarlo a cenar a su casa.
-Oh, no tenía idea.-me encogí de hombros.
Comencé a caminar hacia el salón. Mike me siguió un par de pasos detrás de mí. Al parecer, todavía no podía digerir por completo la noticia. Estaba en estado de shock. Y había una pequeña vocecilla en mi cabeza que me decía que Mike no sería el único en reaccionar de esa forma. A la hora de almuerzo, todo el mundo lo sabía. Por ende, todo el mundo se me acercaba a preguntar si era cierto o era un rumor de pasillo que alguien había inventado. Después de muchos interrogatorios, me senté tranquilamente a la mesa donde me había sentado antes. Iba a comenzar a almorzar cuando Lauren, Jessica y Angela se sentaron a mi lado. Quise tratar de no escucharlas, pero me era imposible.
-¡Bella!-me dijo Angela exaltada.
-¿Qué pasa?-pregunté de mal humor.
-¡Los Cullen te están mirando!
Levanté la mirada y me enfrenté a cinco pares de ojos mirándome fijamente. Esto no era normal. No te están mirando. Traté de convencerme. No te están mirando a ti, Bella. Pero era imposible convencerme cuando cinco personas me estaban mirando sin pestañar. Aclaré mi garganta y los cinco Cullen dejaron de mirarme.
-Bueno, eso fue incómodo.-dije.
Nadie me respondió. Miré a las chicas y ellas me miraban boquiabiertas. De reojo miré a los demás alumnos que estaban en el comedor. Muchos me miraban, otros me apuntaban y otros cuchicheaban sobre mí y me apuntaban al mismo tiempo. Suspiré resignada.
-Genial.-mascullé.
-¿Bella?-me preguntó Angela.
-¿Qué?-les pregunté.
-¿Qué hiciste para que te miren así?-me preguntó Jessica.
-Lo mismo me pregunto yo.-les respondí.
-Conocerás su casa.-me dijo Lauren.
-¿Es que nadie sabe nada de los Cullen?-pregunté molesta.- ¡Todo el mundo se sorprende al ver que ellos se me acercan!
-Bueno…es algo totalmente nuevo.-dijo Angela.- Ellos no suelen sociabilizar. Son como un grupo cerrado. Nadie entra y nadie sale.
-Vaya, que especiales.-comenté.
-¿Por qué presiento que todo esto no te agrada mucho?-me preguntó Jessica.
-Porque no me agrada para nada.-me paré de la mesa.
-¿A dónde vas?-me preguntó Lauren.
-A dar una vuelta.-susurré.
Salí del comedor y muchas miradas me siguieron. Caminé por el instituto sin saber a dónde ir. Caminé hasta encontrar una banca. Me senté y cerré los ojos. Tenía ganas de ver el sol, así que comencé a imaginarme en una playa. Estaba yo sola y solamente se escuchaba el sonido de las gaviotas y de las olas romper. La arena era blanca y el agua era cristalina. Sonreí. Que rico se sentía estar allí. Escuché a alguien aclarándose la garganta. Abrí los ojos rápidamente. Alice Cullen estaba parada frente a mí. Sonrió con dulzura y me extendió su mano con una manzana en ella.
-¿Para mí?-pregunté sorprendida.
-Noté que no habías podido almorzar.
-Oh, gracias.-tomé la manzana de sus manos.- Que considerado de tu parte.
Escuché un bufido detrás de Alice y noté que había dos personas detrás de ella; Rosalie y Jasper Hale. Les sonreí tímidamente.
-Disfruta.-me dijo Alice.
-Gracias.-dije de nuevo.
Los tres se marcharon. Pero noté como Rosalie me miraba extraño. Mordí la manzana y me sorprendí de lo dulce que estaba. Estaba deliciosa. Me comí la manzana completa en pocos minutos. Mientras comía, observaba a la gente pasar. Muchos me miraban de reojo para luego cuchichear sobre mí. Ugh, ¿es que no puedo pasar desapercibida? Me pregunté molesta. No quería esta fama. Lo llamativo no iba conmigo, ya que si llamaba la atención, todo el mundo se daría cuenta de lo torpe que era.
Me paré de la banca y comencé a caminar hacia un basurero. Pero durante el trayecto me pisé uno de los cordones de mis zapatillas y perdí el equilibrio. Cerré los ojos instintivamente y pensé que todo estaba perdido. Después de este golpe, todos me recordarían como Bella "la que se tropieza siempre" o simplemente "Bella la torpe". Pero en vez de sentir el golpe, sentí una mano agarrar la mía y evitar que me golpeara contra el suelo. Abrí los ojos y Edward Cullen estaba allí junto a su hermano Emmett.
-¿Estás bien?-me preguntó Emmett.
Edward no movió los labios. Sólo me miraba. Su mano tenía agarrada la mía con cuidado y –de alguna forma- con dulzura. El tacto con su piel no me molestó. Asentí para responderle a Emmett. Él sonrió. Edward me dio un tirón y me subió. Quedé parada a escasos centímetros de él. Y él ni se inmutó. Nuestras manos estaban juntas todavía. Bajé la mirada a éstas y Edward me soltó.
-Cuida por dónde vas.-me dijo Emmett.
Los dos se marcharon y me dejaron sola. No sabía que decir. Toda la situación era muy extraña. Miré hacia todas partes. No había nadie en el pasillo, así que nadie había visto a Edward Cullen salvarme de un terrible golpe. Volví a mirarme la mano que él había tomado. Me ruboricé intensamente. Volteé a ver el pasillo por el cual él se había ido. Todavía lo podía ver. Emmett y él estaban conversando.
-Edward…-susurré.
Él volteó mecánicamente a verme, lo que provocó que mis mejillas se ruborizaran aún más. Dios… ¿Qué me estaba pasando? Me di media vuelta y comencé a caminar hacia el salón que me tocaba, sin dejar de pensar en él.
º0º0º0º0º
R&R
Surfer Babe 69
